El profesor rebelde que convirtió a Salta en el semillero del Instituto Balseiro | Página12

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Daniel Córdoba, un docente que armó un taller de física en la clandestinidad.
El curso se llama “Física al alcance de todos” y nació sin aprobación oficial. Ahora es un taller exitoso, de concurrencia masiva y muy popular.

Daniel Córdoba nació en Jujuy pero es conocido como “Daniel Salta”. Tiene 55 años, riega su pasión por la física en tierras norteñas, donde asegura que se cocinan las empanadas más ricas del mundo. Sus amigos lo suelen catalogar con una frase típica: “Es muy duro para las blandas y muy blando para las duras” y él, por su parte, responde como siempre, en silencio y con una sonrisa a media asta. “A diferencia de los físicos que son de pocas palabras, yo charlo hasta por los codos”, suelta relajado. Está acostumbrado a pasearse por los límites, a galopar las fronteras; disfruta de las oscuridades, educa desde los bordes. Desde siempre corrió en forma paralela al sistema educativo hasta que un buen día consiguió “hackearlo” como usualmente hacen los jóvenes para acceder a los films, videojuegos y otros contenidos en las profundidades de la web. Rebelde y sin pedir permiso, se burló del tiempo y de las formalidades. Solo se divierte con los pibes, pero mientras tanto todos aprenden y… vaya que aprenden.

“Alumnos salteños ganaron las primeras olimpiadas en Física”; “Primer joven salteño al mundial de Física 2010”; “Los salteños arrasaron con el medallero de Física”; “No somos unos genios, somos pibes comunes que logramos apasionarnos”; “Los salteños copan el Balseiro”; rezaban los titulares de los diarios locales hace poco menos de una década. “Física al alcance de todos” es el título que lleva el taller, devenido en orgullo provincial. Fue bautizado de ese modo gracias a la ocurrencia de un amigo de Daniel tras advertir que, al poco tiempo de iniciado, no solo asistían aquellos estudiantes que buscaban participar de las olimpiadas sino también los que tenían dificultades con la materia. “El nombre viene de los soviets, donde circulaban libros del estilo: ‘Cocina al alcance de todos’; ‘Química al alcance de todos’. Había uno que me llamó la atención particularmente ‘Colisiones al alcance de todos’… parecía un chiste. ¿Quién entiende así, de un modo tan sencillo, qué es una colisión atómica?”, señala con un dejo de ironía. Y apunta encendido: “Ese es el problema de la divulgación actual. Nuestros referentes hacen parecer que la ciencia es muy fácil, pero en ningún momento le cuentan a los pibes lo difícil que es estudiar y aprender, el esfuerzo que hay que poner, las veces que hay que convivir con la frustración. Las vocaciones científicas no se capturan con espejitos de colores”.

Aunque hoy es un taller exitoso, de concurrencia masiva y muy popular, los inicios no fueron tan auspiciosos. A principios de los ’90 nació del riñón del colegio que depende de la Universidad Nacional de Salta (UNSa). “Como no había surgido por iniciativa de la propia institución lo practicábamos de manera clandestina. Venían chicos a los cuales les costaba la física, entonces, trataba de enseñarla de un modo distinto al que se hacía habitualmente”, dice. Y continúa: “Siempre me interesó comenzar mis clases a partir de una historia. A los chicos les gusta porque festejemos las metidas de patas y los errores; solo las equivocaciones nos recuerdan nuestra humanidad”, reflexiona.

Así, de contrabando, cuando los pibes descuidan la retaguardia, Daniel incrusta de lleno una fórmula, como si de una estocada al centro del cerebro se tratara. “Antes que nada los pibes tienen que entender los fenómenos, por qué ocurren las cosas, la historia de los problemas, las ideas, los fracasos, las controversias. Recién después vienen los cálculos y las ecuaciones”. ¿La clave? A diferencia de lo que sucede con las instituciones de enseñanza formales, en el taller los ritmos no están prestablecidos. “El tiempo escolar no coincide con el tiempo de aprendizaje. Nunca tuve que rendir cuentas a nadie, esa fue la principal ventaja. Los docentes, en general, somos presas de un famoso triángulo: debemos cumplir con el libro de temas, revisar la carpeta de los alumnos y la planificación y todo ello junto aplaca la curiosidad de los alumnos”, asegura. Del primer grupo, que no eran los típicos “bochos” o “nerd”, salieron los primeros pibes que participaron de las Olimpiadas de Física. En la actualidad, uno es investigador del Conicet, otro es neurocientífico y trabaja en Canadá y el restante es médico. En 1995, la Universidad comenzó a utilizar internet y, un tiempo después, a través del famoso buscador AltaVista Daniel extrajo múltiples ejemplos de ejercicios. “Se logró tal ingeniería, tal ida y vuelta, que a mediados de 1990 ingresó nuestro primer estudiante al Instituto Balseiro. El objetivo nunca había sido formar físicos de primer nivel, las competencias por los ingresos a lugares de elite era una excusa para que todos los que asistieran pudieran conocer la ciencia”, describe. Sin embargo, con el primer resultado positivo y las mieles de la recompensa por el esfuerzo refrendado vino la mala noticia.

“Como el taller no estaba institucionalizado nos debimos trasladar, me desplazaron del colegio y empecé a trabajar directamente en la Universidad con solo dos o tres alumnos. Me decían que era elitista, cuando en realidad participaban todos”, admite. La voz se fue corriendo y, pronto, muchas personas empezaron a asistir cada sábado al curso. Primero empezaron en un aula chiquita, luego necesitaron una más grande y, por último, fue tal la cantidad que solo cupieron en el anfiteatro. “Había dos guardias que me conocían, jugaba a la pelota con ellos. Sabían que era docente y cuando iba los sábados me daban la llave. No sabían, por supuesto, que no tenía permiso en la UNSa, de hecho, me habían impedido dar este taller paralelo. No tenía sueldo; con mis ayudantes, los pibes más grandes, teníamos un acuerdo tácito: ellos me ayudaban con los chicos más pequeños y yo los preparaba aparte para ingresar al Balseiro”, comenta.

Con el tiempo, el 23% de los postulantes que ingresaban al prestigioso Instituto eran salteños, “¡1 de cada 4!, ¡Una locura”, exclama de alegría. “Observábamos los gráficos de ingresos y veíamos que Salta estaba al tope con pibes de la UBA, la UNLP, la UNC, es decir, de instituciones donde relativamente hay dinero. Parecíamos la mosca en la leche. Nosotros tenemos barrios carenciados por todos lados, nuestros pibes pasan hambre y nadie puede entender cómo califican en los mejores lugares. Acá vienen de todos los sectores sociales y ello genera un aprendizaje muy lindo para todos”, plantea. Un día, uno de los jóvenes había ingresado al Balseiro y le agradeció muy conmovido. Daniel pensó que era por su apoyo y la preparación para el examen, pero el adolescente le dejó una enseñanza: “Te agradezco mucho porque gracias a vos le perdí el miedo a la gente”. Vivía en un country y, desde “la burbuja”, no tenía la más pálida idea acerca de cómo eran las otras realidades de sus compañeros. No obstante, la anécdota bisagra vino más adelante. En otra ocasión, el profesor se encontró en la calle a uno de sus alumnos, era vendedor ambulante. “No puedo ir más a clase porque no me alcanza el dinero para viajar desde mi casa a la Universidad, pero me encanta la física”, le dijo. Entonces, Daniel le ofreció hacerse cargo del transporte ($5 en ese momento) con tal de que no abandonase el curso. Después de unos años, aquel estudiante representó a Argentina en dos mundiales de Física.

Desde hace unos años, Física al alcance de todos dejó la clandestinidad. Las autoridades universitarias descubrieron el curso porque los diarios salteños reflejaban que un montón de pibes ingresaban al Balseiro y a otros institutos de primer nivel y nadie sabía cómo. “Algo se olfateaba porque los viernes me llevaba un montón de tizas e instrumentos de geometría y nadie entendía muy bien porqué”, confiesa. Ahora que es oficial, cada cuatrimestre, las inscripciones se completan en tan solo dos horas. “Si bien antes no tenía un mango, porque al no ser oficial nadie me pagaba, solo me preocupaba por enseñar física. Ahora que es legítimo hay dinero que nos ayuda para seguir adelante, pero también hay trabas. A veces paso más tiempo en reuniones que en las aulas y a mí me apasiona lo segundo. Es donde más cómodo me siento”, comenta Daniel.

El taller fue distinguido por el Ministerio de Educación de la Nación, la Cámara de Diputados de la Provincia, el Senado de la Nación y el Concejo Deliberante de Salta. Recibió reconocimientos de centros educativos y fundaciones de todos los colores aunque recién este año obtuvo el más importante, el Doctor Honoris Causa de la UNSa. De hecho, está en marcha una tesis doctoral que analiza el fenómeno de la divulgación científica a partir del ejemplo de su trabajo. Así, Daniel se convirtió en objeto de estudio y la libretita en la que acostumbraba a anotar todas las emociones que veía en los pibes y le permitía reconocerlos en la clase siguiente con facilidad, devino en bibliografía obligatoria. Recientemente, a un alumno que hoy se destaca por una gran carrera científica en el exterior le preguntaron: ‘¿Entendiste física a la primera clase?’ ‘No’. ‘¿Y a la segunda?’ ‘¡Menos!’ ‘¿Y a la décima?’ ‘¡Tampoco!’ ‘Entonces, ¿por qué te quedaste?’ ‘Porque necesitaba saber por qué no entendía. Si el profesor explicaba con tanta pasión, me estaba perdiendo algo que evidentemente valía la pena”. Y su testimonio llenó de emoción al profe: “Si no los engancho, el sábado siguiente no vuelven al taller. Tengo que ser capaz de venderle hielo a los esquimales”.

El enigma final: ¿habrá más Danieles en Argentina? Córdoba está convencido de que las autoridades se reúnen para cambiar los planes de estudio pero que nadie se pregunta por lo más importante, el cómo se enseña. Afirma, en este sentido, que lo fundamental para los docentes es saber transmitir emociones: “Los chicos están necesitando una proyección, volver a pensar en futuros posibles, sentir que pueden”, concluye.

poesteban@gmail.com

Ideología reversa | Página12

Fuente original: Ideología reversa | Página12

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Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (algunas de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).

Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.

Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.

Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.

Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.

Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.

Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.

Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.

Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.

Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.

Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.

El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años…

‘Happycracia’, la angustia provocada por la autopresión de buscar la felicidad que cada vez sufren más personas | ANTENA 3 TV – NOTICIAS

Fuente original: ‘Happycracia’, la angustia provocada por la autopresión de buscar la felicidad que cada vez sufren más personas | ANTENA 3 TV – NOTICIAS

28/04/2019
Las nuevas tendencias que ensalzan la felicidad constante acaban por provocar cuadros de ansiedad e ‘hipocondriacos emocionales’ por no ser capaces de alcanzar un bienestar emocional cada vez mayor tras recurrir a todo tipo de fórmulas de autoayuda. La ‘industria de la felicidad’ se ha aprovechado de este fenómeno en auge.

La búsqueda de la felicidad es algo intrínseco a los seres humanos, pero puede convertirse en una obsesión. Como explica Edgar Cabanas, psicólogo y autor de ‘Happycracia’, cada vez hay más ‘hipocondriacos emocionales’, personas obsesionadas con los estados de ánimo y las propias emociones. Así, la ‘happycracia’ es entendida como el control que hace la búsqueda de la felicidad sobre nuestras vidas y tiene el apoyo de la ‘industria de la felicidad’, compuesta por libros de autoayuda, talleres de felicidad, coach emocionales y objetos motivadores. De hecho, hay hasta aplicaciones de móvil para medir nuestra sonrisa.

Estas son manifestaciones de la psicología positiva que defiende que la felicidad depende, sobre todo, de uno mismo. Sin embargo, Cabanas destaca que esto no es así porque “si la felicidad es una elección, el sufrimiento también se convierte en una cuestión de elección”. Esto se puede convertir en un mensaje perverso, sobre todo, cuando se dirige a enfermos graves: “Parece decir que si no estás siendo positivo, de alguna manera te estás enfermando tu mismo o te estás empeorando”.

Exhibir felicidad y buscarla están de moda, pero no hay elixires inocentes y fáciles de conseguir.

La historia de las brutalidades de Gran Bretaña en Chagos | Página12

Fuente original: La historia de las brutalidades de Gran Bretaña en … | Página12

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Los habitantes fueron arrancados de la isla y condenados al destierro
La historia de las brutalidades de Gran Bretaña en Chagos

El caso de Diego García, la isla del archipiélago de Chagos de la cual Naciones Unidas le ordenó retirarse a Gran Bretaña , guarda llamativas similitudes con las islas Malvinas. Sus habitantes fueron arrancados de allí sin que nadie tuviera en cuenta su opinión y fueron condenados al destierro.

Diego García es un atolón (una isla de coral en forma de anillo) de apenas 44 kilómetros cuadrados, el único habitado en el archipiélago de Chagos, en el Oceáno Indico, a una distancia de unos dos mil kilómetros del sur de India y un poco más lejos de la costa oeste de Africa.

La isla fue descubierta por un marinero andaluz que la descubrió en el siglo XVI y le puso su nombre. Pasó por manos portuguesas y francesas hasta que luego de las Guerras Napoleónicas quedó bajo dominio británico. Gran Bretaña la utilizó como lugar de recarga de carbón para los buques que navegaban entre Europa y Australia.

En 1966 los británicos acordaron alquilarle la isla a Estados Unidos por 50 años, hasta 2016, para que instale una base militar en plena Guerra Fría. Pero luego del 11-S la CIA aprovechó su ubicación estratégica para armar allí también una prisión secreta al estilo Guantánamo, donde puede hacer de las suyas fuera de todo control en su particular lucha contra el terrorismo. Un paraíso natural de aguas transparentes y mágicos corales luminosos terminó convertido en un pantano de tortura y horror.

A los dos mil habitantes de Diego García (los “chagosianos”, ya que viven en Chagos) los echaron sin miramientos. Lo hicieron de diversas maneras. Por ejemplo, con el bloqueo al ingreso de alimentos, por lo que algunos no aguantaron y se trasladaron a villas miseria de la vecina isla Mauricio, donde aún sobreviven como pueden en casillas de chapa. Hubo también embarcados a la fuerza y otros que fueron engañados con anzuelos tales como vacaciones gratis en el exterior para después impedirle el regreso. Se recuerdan casos emblemáticos como el de María Aimee, quien en 1969 llevó a sus hijos a Port Louis, en Mauricio, para un tratamiento médico y luego no le dejaron subir al barco para la vuelta. Recién se pudo reencontrar con su marido dos años más tarde.

Cuentan que muchos de los pobladores no soportaron el destierro. Hubo suicidios y casos de alcoholismo. En una nota de The Times, de Londres, en 2007, una isleña recuerda: “Era el paraíso, éramos como aves libres, y ahora estamos igual que en una prisión”.

En 1998, los chagosianos y sus descendientes resolvieron acudir a la Justicia. Para todos los especialistas, en su caso se había producido una flagrante violación al derecho internacional. Dos años después, en efecto, el Tribunal Supremo británico dictaminó que la expulsión había sido ilegal y que los habitantes debían regresar. En 2004, el fallo fue confirmado en la Corte de Apelaciones. Los sucesivos gobiernos británicos ignoraron la sentencia y el Foreign Office continuó apelando hasta que, en 2008, la Cámara de los Lores –última instancia del particular sistema legal inglés– falló a favor del gobierno por un ajustado tres a dos. El argumento esgrimido por los lores fue que el gobierno contaba con títulos suficientes para legislar sobre una de sus colonias en función de la seguridad de los intereses del Reino Unido. Estados Unidos ya había advertido que la vuelta de los habitantes significaría un “riesgo inaceptable” para su base.

Obstinados en recuperar su paraíso, los isleños acudieron a la Corte Europea de Derechos Humanos. Entonces, en 2010, el gobierno inglés sacó un increíble argumento de la manga. El canciller David Miliband anunció que crearía la mayor reserva natural oceánica del mundo alrededor del archipiélago, que componen unas 55 minúsculas islas, en función de las 220 especies de corales y las más de mil de peces que se encuentran en sus aguas. Para preservar el área virgen, obviamente, resultaba imprescindible que no esté habitada por los depredadores agricultores chagosianos. Al parecer, los peces no tenían problemas con las naves norteamericanas que salían a bombardear Afganistán o Irak. Tampoco con los militares que viven allí, ni los empleados civiles. Tan triste todo, que un cable difundido por Wikileaks reveló el obvio trasfondo de la maniobra.

La novelista Philippa Gregory describió el caso de Diego García en un artículo de junio pasado en The Times titulado elocuentemente “Las Falklands secretas que siguen en conflicto”. “He leído los papeles del Foreign Office desde 1960 intentando entender la historia de Chagos: es una lacrimógena experiencia sobre el engaño y la arrogancia”, escribió.

Entre genocidios y riquezas | Página12

Fuente original: Entre genocidios y riquezas | Página12

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Imaginemos si los argentinos hablásemos más de catorce lenguas indígenas.

Cuesta imaginarlo, ¿no? Pero esa es la realidad. En Argentina se ha invisibilizado la pluralidad etnolingüística. Según la publicación del Inadi realizada por Ana Carolina Hecht, en la “actualidad nos definimos como un país multilingüe poseedor de una enorme diversidad sociolingüística y sociocultural, donde además del español y las lenguas de migración, existen catorce lenguas indígenas con muy diferentes grados de vitalidad”.

Sin embargo, estas lenguas fueron y son negadas. Esto genera consecuencias, porque cuando se impone una forma de comunicarse, se impone una forma de ver el mundo. Las palabras reflejan miradas y sentidos. Como sostiene el libro Propuesta para un Kvme Felem, un solo concepto en Mapuzugun encierra toda una frase que refleja nuestra cosmovisión y nuestro Kume Felem.

Este ocultamiento es consecuencia de que los pueblos indígenas vivieron un genocidio del cual hoy padecen sus consecuencias. Muchos negaron sus raíces y su identidad para sobrevivir. Escondieron ceremonias, saberes, conocimiento e incluso su idioma. Es oportuno recordar que el 60 por ciento de la población actual desciende de pueblos indígenas.

Recientemente, el presidente Mauricio Macri en el Congreso Internacional de la Lengua Española negaba la diversidad de culturas que conviven en el territorio afirmando: “Imaginemos si acá los argentinos hablásemos argentino y los peruanos, peruano, y los bolivianos, boliviano, y necesitásemos traductores para hablar con los uruguayos”.

Acá no se habla argentino, se habla quechua, guaraní, qom l’aqtaqa, wichí, nivaclé, chorote, áonek, mapuzugun, español, entre otras muchas lenguas. Sin embargo, hay una mirada dominante que se impone y un genocidio que se perpetúa simbólicamente negando nuestras raíces.

Según la antropóloga Diana Lenton, “venimos sosteniendo que las campañas del desierto significaron un genocidio para los pueblos originarios, también sostenemos que es un genocidio que todavía continúa, en el sentido de que no hubo un corte, no hubo ninguna gestión de gobierno que haya tenido la voluntad política de cortar con ese genocidio, sino que sigue existiendo un proceso genocida”. En el contexto actual “estamos en la instancia de realización simbólica del genocidio en el sentido que perduran las condiciones, que son estas condiciones discursivas”.

La perpetuación del genocidio sufrido por los pueblos indígenas tiene entre sus pilares a los medios de comunicación que ocupan posiciones dominantes, quienes realizan un doble juego de invisibilización y estigmatización. Según el informe de la Defensoría del Público “de 17.197 noticias analizadas durante 2016 en el Monitoreo de los programas noticiosos de los canales de aire de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sólo 0,1 por ciento refiere a pueblos originarios y campesinos”. Asimismo, el Inadi sostiene que los Pueblos Originarios son muchas veces retratados como extraños u opuestos a la cultura argentina o los “intereses nacionales” y se desconocen aspectos sociales, culturales y políticos más amplios en las coberturas.

Claramente, hay que exigir políticas de Estado que cuestionen la realización simbólica del genocidio.  Para generar las condiciones de esas políticas públicas, como comunicadores y comunicadoras podemos poner en tensión los discursos hegemónicos que reflejan la discriminación y el colonialismo cultural dominante. Podemos reflejar la riqueza multicultural, pluriétnico y multilingüe del país que somos.

* Licenciado en Comunicación social UNLZ. Docente de la UNRN

Los cercos del algoritmo | Medios y comunicación | Página12

Fuente original: Los cercos del algoritmo | Medios y comunicación | Página12

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Roberto Samar y Javier Cantarini explican cómo Facebook y Google segmentan las opiniones que se ven en los muros y en las búsquedas de acuerdo con la ideología del titular de las cuentas. Los riesgos de un mundo de guetos.

Hace tiempo que en tu cuenta de Facebook no aparece ninguna publicación de contactos con los que supiste compartir algún tramo de tu vida. Entonces lo buscas por su nombre y te das cuenta que sus publicaciones distan mucho de tus ideas y gustos. Un fuerte impulso por ver que apoya todas las expresiones que de alguna manera crees que son perjudiciales para la sociedad te hace dar gracias a la red social más consumida en Argentina por haberlo ocultado.

Pero si hacemos el ejercicio de ver más allá de nuestras narices y gustos podemos darnos cuenta que nos vamos construyendo un cerco social y comunicacional. O que, en verdad, nos construye el algoritmo que usa Facebook de acuerdo a nuestros clics.

Un cerco que también se fortalece con los servicios de noticias a los que estamos suscriptos que dirigen la información de acuerdos a nuestras preferencias. Si simpatizas con Cambiemos te llegará una catarata de noticias vinculadas al discurso de la mano dura o de estigmatización de la pobreza, pero seguramente no te enteres del aumento de la violencia institucional que denuncia la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional.

Una situación similar se da en la industria del entretenimiento como Netflix que te satura con un contenido siempre idéntico, dificultando que puedas encontrar títulos alternativos que pueden poner en tensión tu mirada motivando así el ejercicio del pensamiento crítico. O el buscador de internet más utilizado, Google, que desde 2009 arroja distintos resultados a pesar que las personas busquen la misma palabra.

El integrante de MoveOn, Eli Pariser, ejemplifica en su texto el Filtro Burbuja que, con la personalización de Google, “la consulta ‘células madre’ puede producir resultados diametralmente opuestos en el caso de que los usuarios sean científicos que apoyen la investigación o activistas que se opongan. En otras palabras, ya no existe un Google estándar”.

En los consumos culturales y de noticias, siempre existió lo que se denominó una “exposición selectiva”. Es decir, que tendemos a exponernos a contenidos que nos son afines. La particularidad del momento actual, es que los discursos y contenidos que no coinciden con nuestros puntos de vista se nos vuelven invisibles por los filtros que producen las nuevas tecnologías.

Pariser afirma que “la nueva generación de filtros de internet observa las cosas que parecen gustarte”. Y que de esta manera “tu pantalla de ordenador es cada vez más una especie de espejo unidireccional que refleja tus propios intereses, mientras los analistas de los algoritmos observan todo lo que clicas”. En un mundo globalizado y en el que internet y las redes sociales se presentaron como la democratización de la información a gran escala ¿Qué sentido tiene que los mismos contenidos circulen entre las mismas personas?

“La era de una conexión cívica con la que tanto soñaba no ha llegado. La democracia precisa de ciudadanos que vean las cosas desde el punto de vista de otros, pero en vez de eso cada vez estamos más encerrados en nuestras burbujas”, sintetiza Parisir.

Todo hace pensar que estas nuevas estructuras comunicacionales podrían profundizar las grietas ideológicas. Ahora, el desafío que se nos presenta es construir puentes, espacios de diálogo que tal vez incomoden, pero que sí puedan poner en tensión esas burbujas, especialmente a las que sostienen y alimentan discursos anti-políticos, machistas, xenófobos y estigmatizantes que nos retrotraen a los momentos más oscuros y tristes de nuestra historia.

Roberto Samar es especialista en Comunicación y culturas UNCO. Docente de la UNRN

Javier Cantarini es Periodista. Integrante de la RED PAR. Diplomado en Comunicación con Perspectiva de Género y Derechos Humanos.

Richard Stallman: Facebook es un monstruo de vigilancia que se alimenta de nuestros datos

En una entrevista en el canal de noticias RT con Richard Stallman, programador, activista de software libre e instigador del proyecto GNU en 1983, sugirió que “Facebook es un monstruo de vigilancia” que se alimenta nuestros datos personales.

Según Richard Stallman, no hay duda al respecto. Facebook es un gran “motor de monitoreo” al que temer, porque la compañía tiene una gran cantidad de datos sobre cada persona que interactúa con sus plataformas, incluso si solo fue una vez.

La recopilación de datos personales es hoy en día la principal actividad de las redes sociales, ya que les permite categorizar a sus usuarios y ofrecerles los servicios que puedan necesitar.

Facebook solo debe servir para conectar a las personas una sola vez

En los últimos años, se han expresado preocupaciones sobre la seguridad de estos datos y la privacidad de los usuarios cuando la cantidad de escándalos a los que están vinculados los nombres de estas empresas ha aumentado significativamente, incluido Facebook. .

Para Stallman, la cosa está muy clara, una plataforma como Facebook no debería existir, porque no es muy útil para el mundo, sino que se convierte en una amenaza diaria para la seguridad de aquellos que usarlo.

Richard Stallman ha analizado los servicios ofrecidos por Facebook y dijo en la entrevista que lo único que él cree puede ser un poco útil en la plataforma es que puede ponerse en contacto con muchas personas, aparte de eso, el resto no importa, dice.

Desde el punto de vista de Richard, este tipo de plataformas deberían, en tiempos normales, simplemente servir para conectarse con las personas que lo deseen y una vez hecho esto “no debe seguir usándolas para comunicarse con su destinatario”.

Ya que esto lo puede hacer a través de otro sistema de comunicación de su elección, en este caso más seguro.

Habló sobre el hecho de que cuanto más tiempo permaneces en Facebook, más se te alienta a proporcionar más y más datos sobre ti mismo y más acabas siendo la mercancía que Facebook y su gente venden.

“Usted ve, el modelo de negocio de Facebook es presionar a las personas para que continúen comunicándose a través de Facebook y le den información personal a Facebook.

Eso es lo que hace de Facebook un monstruo de vigilancia. Facebook no tiene usuarios, pero de hecho, Facebook usa personas.

Yo no soy uno de ellos. Nunca he tenido una cuenta de Facebook y nunca lo haré. Facebook incluso está espiando a personas que no tienen una cuenta “, dijo.

La recopilación y venta de datos ya esta fuera de control

¿Por qué debería preocuparse la gente por los datos que las redes sociales recopilan sobre ellos?

Cuando RT le hizo esta pregunta, Stallman respondió que:

“Facebook personaliza a las personas y esta información se utiliza para manipularlos y para saber exactamente lo que quieren saber o no”.

Stallman fue un paso más allá al afirmar que gracias a este dominio sobre los datos, Facebook se utiliza para cometer discriminación racial en las ofertas de empleo y vivienda, y por lo tanto puede dañar a la población de muchas maneras.

Además, continúa, el gobierno de los EE. UU, a su discreción, puede decidir recopilar todos estos datos en cualquier momento y aprender mucho más sobre las personas.

Lo que él ha tratado de explicar es que ahora hay “intermediarios de datos”, ya que existen corredores de bolsa en Wall Street para animar las operaciones del mercado de valores.

Por ejemplo, las grandes compañías de datos como Google y Facebook, cada una con una gran cantidad de datos sobre personas, las venden a través de intermediarios de datos. Este proceso permite a los corredores estudiar los datos que poseen para conocer las identidades reales de las personas.

Cuando estas entidades toman posesión de estos datos, dice, están al tanto de sus actividades en Facebook, en Google y en Twitter, su registro de viaje de Uber, etc.

Y finalmente, juntan todo para sacar conclusiones.

Para Stallman, la situación ha llegado a un punto crítico y es probable que las cosas no mejoren, porque se supone que los que compran estos datos no conocen esa información sobre las personas.

Fuente y entrevista completa: https://www.rt.com

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