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La batalla por México – ¡Ahí vienen los rusos! Mitología de la ‘intervención rusa’ en México

¡Ahí vienen los rusos! Por favor, señores, les pido un poco de seriedad.

La Guerra Fría terminó hace tres décadas, Vladímir Putin es uno de los líderes más capitalistas del mundo y a mí nadie me dice qué decir u opinar.

Andan muy asustados los periodistas del régimen.

Después de tantos años de ser los únicos que dictan la agenda del debate nacional… de recibir tantos millones de dólares de gobiernos corruptos… de manipular y torcer las noticias a favor del poder y el dinero… ven que ya se les está acabando el negocio.

Imagínate… un humilde profesor de la UNAM con una videocolumna semanal de dos minutitos, ¡que ni siquiera sale en la televisión!, hoy hace temblar a Televisa, a Radio Fórmula y a todos los medios del sistema.

No es ninguna coincidencia que quienes más promueven la mitología de la supuesta ‘intervención rusa’ en México son precisamente empleados de Televisa, el brazo de propaganda y de manipulación mediática del Gobierno mexicano.

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El poder de Google y Facebook. | Página12

Inteligencia colectiva y la “economía de la atención”
El poder de Google y Facebook.
Estas dos empresas globales que no existían hace dos décadas se cuentan hoy entre las más ricas y poderosas del mundo. La industria de los datos generaría una facturación cercana a los 250 mil millones de dólares en 2018.
Por Esteban Magnani

Es ya célebre la referencia de Karl Marx a la acumulación originaria, el período histórico que habría permitido reunir el capital inicial que, según algunas interpretaciones, echaría a rodar el capitalismo en su forma normal. El filósofo desarrolló particularmente cómo se cercaron campos antes comunales por parte de algunos pocos terratenientes, pero también menciona otras formas como el esclavismo o lo que hoy llamaríamos “extractivismo” de las colonias. Numerosos autores señalan que estos fenómenos en los que unos pocos se apropian de un recurso que antes era de todos lejos de ser una rareza, son más bien parte de los mecanismos habituales del sistema. Al aplicar esta mirada sobre la economía, los ejemplos son numerosos: apropiación de saberes medicinales ancestrales ahora patentados, sobreexplotación de los suelos que genera riquezas en el corto plazo y desertificación en el mediano, privatización de las mejores playas por cadenas hoteleras que disminuyen el interés por posadas cercanas.

Hay quienes ven una mecanismo más sutil y ligeramente diferente en el ámbito digital. Vínculos que antes funcionaban en el mundo analógico como la amistad o las preferencias musicales, al pasar al reino digital se transforman en datos, los cuáles, a su vez, se vuelven “monetizables”. Lo hacen de distintas maneras: por ejemplo, al conocer los vínculos e intereses de las personas, las redes sociales pueden vender publicidad dirigida. En lo que habitualmente se llama la “economía de la atención”, resulta fundamental la producción de contenidos que realizamos para mantener el interés de otros en las redes sociales, lo cuál, a su vez, les permite venderla a quienes pagan por colocar publicidad.

También se podría decir que todos trabajamos para Google al hacer búsquedas ya que de esta manera se acumula lo que algunos definen como “inteligencia colectiva” que permite ordenar el (casi) infinito material disponible en la red y jerarquizarlo de acuerdo a su relevancia. En un texto llamado El algoritmo PageRank de Google, el filósofo Matteo Pasquinelli, explica cómo esta fórmula matemática (de más de dos mil millones de líneas de código) es capaz de registrar las búsquedas que se hacen, segmentarlas, registrarlas y de esa manera aprovechar la inteligencia colectiva para una tarea titánica. El trabajo automatizado que hacían los buscadores anteriores resultaba tosco sin la colaboración (inconsciente en general) de los seres humanos. Según Pasquinelli, “Google es un aparato parasitario de captura de valor producido por la inteligencia social general” que luego se transforma en dinero por medio de la publicidad.

Son tan brutalmente eficientes estos nuevos mecanismos que empresas como Facebook y Google que no existían hace dos décadas se cuentan entre las más ricas y poderosas del mundo. Al registrar valores como la amistad o nuestros intereses, estas empresas transforman datos en dinero. Según pensadores como David Harvey, esta economía del conocimiento solo es posible gracias a la inversión en educación realizada por el Estado de Bienestar, el mismo que se recorta sistemáticamente en el mundo neoliberal.

En este contexto, ¿no deberían estas empresas invertir en mantener esa inteligencia colectiva que los nutre?
Impuesto al dato

En sus declaraciones de ingresos, Facebook calcula que un usuario de América del Norte reditúa unos 70 dólares anuales a la empresa, unas cinco veces lo que vale uno del tercer mundo, aunque ambas cifras vienen creciendo gracias al control cada vez mayor que, junto con Google, tienen sobre la publicidad online (si bien la torta publicitaria en el mundo crece, estas empresas están comiéndose una parte que antes llegaba a los medios locales). En un reciente artículo del New York Times “Es hora de gravar a las empresas por usar nuestros datos personales” de Saadia Madsbjerg, directora de la Rockefeller Foundation, se calculaba que la industria de los datos generaría facturaciones cercanas a los 250.000 millones de dólares en 2018; un impuesto de 0,8 por ciento generaría cerca de 2000 millones de dólares anuales. Según el artículo, paradójicamente, ese dinero podría usarse para mejorar la privacidad de los datos.

No se trata de un caso aislado. El creciente poder de los grandes jugadores de internet no solo en el mercado, sino también como herramientas políticas (no siempre controlables), levanta cada vez más voces para ejercer algún tipo de control. Google controla cinco de las más importantes plataformas de la web: búsqueda, video, mapas, navegador y sistema operativo de celulares. Hace algunos años, empresas como AT&T o Microsoft eran obligadas a dividirse o permitir mayor competencia; justamente estas intervenciones permitieron surgir a Google y Facebook. Por lo pronto, estas empresas invierten cada vez más en lobby y hay quienes ya las consideran incontrolables para el poder político.

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Sobre fuga de datos, ciberguerra y manipulación. | Página12

Dos autores franceses echan luz sobre los famosos “leaks” en el libro Armas de desestabilización masiva.
Sobre fuga de datos, ciberguerra y manipulación.
Los mails de Hillary Clinton, los Panama Papers, Assange o WikiLeaks, MacronLeaks: qué hay detrás de estas revelaciones.
WikiLeaks difundió los correos electrónicos de Hillary Clinton en plena campaña para las presidenciales.

WikiLeaks difundió los correos electrónicos de Hillary Clinton en plena campaña para las presidenciales. 


Imagen: AFP

PáginaI12 En Francia
Desde París

“Las mejores fuentes son las personas que están convencidas de que actúan por el bien y aquellas que sirven a nuestros intereses creyendo que están sirviendo a los suyos propios”. La impecable cita de un responsable de la CIA extraída del libro Armas de desestabilización masiva cabe perfectamente como prólogo para introducirse en el turbio mundo de la constante publicación de los famosos “leaks”. Desde el año 2009, estos documentos confidenciales aparecen regularmente, tanto y con tanto impacto que dos periodistas franceses, Pierre Gastineau y Philippe Vasset, se preguntaron ¿quién estaba realmente detrás de estas revelaciones?. La respuesta es mucho menos inocente o militante de lo que la opinión pública y los periodistas suponen. Los cómo y por qué están rigurosa y acabadamente narrados en un libro de investigación cuyo título es ya un programa: Armas de desestabilización masiva: Investigación sobre el negocio de la fuga de datos” (Armes de déstabilisation massive: enquête sur le business des fuites de données, Fayard). El pinchazo a los mails de Hillary Clinton, los Panamá Papers, los Paradise Papers, los Malta Papers, Assange o WikiLeaks, Football Leaks, Macron Leaks, nada escapa a la sagacidad de esta investigación que corre el telón de un escenario en cuyo patio trasero se deslizan las sombras de los Estados como la India o Israel, cofradías de hackers generosamente remunerados por estos u otros Estados, servicios secretos, agentes dobles y triples, instructores, gabinetes de abogados, periodistas, bancos y multinacionales.

Si los leaks fueron una creación de honestos filtradores de información que querían hacer el bien denunciando la podredumbre interna de los sistemas, hoy ya se han convertido en un arma manipulada de una gran eficacia.

Desde 2009, no menos de 50 escándalos planetarios estallaron gracias a la publicación de los leaks. En estos años, hubo tres hits absolutos cuya legitimidad nadie interrogó: en 2010, WikiLeaks divulgó 251.287 telegramas diplomáticos norteamericanos, en 2013 Edward Snowden filtró decenas de miles de documentos secretos de la NSA norteamericana y en 2016 el informador anónimo John Doe entregó 11,5 millones de documentos del gabinete panameño Mossack Fonseca donde figuraban argucias fiscales que involucraban desde el presidente ruso Vladimir Putin hasta el argentino Mauricio Macri. Casi no hubo país o gremio que no saliera prendido: actores, directores de cine, jefes de Estado, escritores, etc, etc. Sin embargo, sólo después de las presidenciales de Estados Unidos y Francia las redacciones empezaron a interrogarse sobre quién mueve los hilos de todo esto. En el primer caso, el 22 de julio de 2016, salieron a la plaza pública 22.000 emails internos del Partido Demócrata. En el segundo, el seis de mayo de 2017, un fichero con las mensajerías de varios consejeros del actual presidente francés, Emmanuel Macron, fueron colgados en el foro 4achan, justo dos días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Pierre Gastineau y Philippe Vasset escriben que ambos hechos “llevaron a que se tomara conciencia de que la fuga masiva de datos no respondía únicamente a iniciativas desinteresadas de valientes filtradores de información sino, también, a técnicas de manipulación”. En el libro, los periodistas responden a estos interrogantes: “por qué se asiste a una generalización de las fugas masivas desde hace 10 años. ¿Cómo son los entretelones de estas manipulaciones?. ¿Quién maniobra y, sobre todo, a quiénes benefician?”. Lo primero que constatan los autores es que, al principio, “los espías se vieron sobrepasados por el fenómeno, pero hoy van hasta encargar el robo de datos”. Gracias a esos leaks, los “Estados y los intereses privados pueden llevar a cabo “ataques nucleares de información instantáneos con un arma que no cuesta gran cosa”, explica Pierre Gastineau. Un ejemplo imperdible es el pirateo mortal de los mails del equipo de campaña de la ex candidata demócrata Hillary Clinton. Según los dos periodistas, los rusos se convencieron de que los Panamá Papers eran “la obra” de la administración Obama. Ello “generó una paranoia en el seno del aparato del Estado ruso y Moscú decidió hacer lo mismo”. Muchos se preguntarán ¿ por qué Rusia acumula victoria tras victoria en esta ciber guerra donde parece tener un adelanto considerable frente a occidente?. Philippe Vasset acota que “la ventaja estratégica de este país radica en que es uno de los pocos Estados en el mundo que conservó una suerte de filial muy activa de capacitación en manipulación de información y propaganda. La guerra de la información empezó a ocupar un lugar preponderante en la doctrina rusa a partir de 2010 y se acelera entre 2012 y 2013. Otro aspecto importante es el hecho de que mientras la mayoría de los países reducía sus presupuestos de espionaje e información al final de la Guerra Fría, Rusia mantuvo intacto el suyo”. En el libro aparece justamente el testimonio de un espía ruso que confiesa que en la academia donde se capacitan los agentes, “las técnicas de manipulación e influencia constituyen los cursos a los cuales se les da más valor”.

El resto lo hizo la misma actualidad y, en ella, dos símbolos: el ex soldado Bradley Manning y el ex consultor de la Agencia de Seguridad norteamericana (NSA), Edward Snowden. Cuando Moscú vio el daño que los leaks le habían hecho al imperio “entendió rápidamente que disponía de un arma de un altísimo grado de desestabilización”. Pero los rusos, desde luego, no son los únicos actores de estas guerrillas digitales. Otro ejemplo reciente es la ruptura de las relaciones diplomáticas entre los países del Golfo Pérsico y Qatar a raíz de unas declaraciones del emir de Qatar a través de la agencia oficial qatarí. Según esa fuente, el emir dijo que Irán era un “socio” honorable y que el movimiento palestino Hamas era el “único representante de la Autoridad Palestina”. Sólo que nada de ello fue verdad. La declaración “fue introducida por un hacker en el hilo de la agencia oficial”, cuenta Vasset. Pero… ¿quién y por que la introdujo?. Aquí la razón: “hoy sabemos que fueron los Emiratos Árabes Unidos quienes contrataron y pagaron a los piratas que introdujeron la falsa información. Y lo hicieron para vengarse del hackeo del email de su Embajador en Washington, del cual responsabilizaron a Qatar”.

Esto lleva a los autores de Armas de Desestabilización masiva a corroborar que se trata ahora “de una nueva guerra clandestina donde un Estado o una empresa pueden ser puestos de rodillas sin que el golpe se vea venir. Es una suerte de Guerra Fría en donde los conflictos entre las grandes potencias se desarrollan en el ciberespacio a través de actores como los hackers, los cuales, a su vez, se ven atrapados en lógicas que los sobrepasan y cuyos objetivos sirven para el arreglo de cuentas entre Estados, empresas y otros actores poderosos”. Este antagonismo desestabilizador converge en la siguiente lógica: “la batalla de las redes no es sino una guerra de posición, un enfrentamiento entre personas interpuestas que ponen en juego la ambición, el orgullo, el lado cupido de unos y otros”. En esta rueda digital de la fortuna o el infortunio, Rusia no es, desde luego, el único demonio que hace tambalear el sistema. Ni muchos menos. Cuando se interroga a Vasset y Gastineau acerca de los amos del trabajo clandestino, la respuesta es contundente: India e Israel. Philippe Vasset resume su investigación: “Israel y la India optaron por desarrollar plataformas informáticas muy ofensivas y, por consiguiente, capacitar a hackers para luego integrarlos a sus servicios secretos. Pero en vez de retenerlos, los dejaron que fueran a otras partes a vender sus técnicas…sin perder jamás la relación con ellos para que no actúen contra su propio país. Rusos y ucranianos son también muy activos. Sin embargo, si se mira más de cerca, mucho  se reduce a India e Israel. Los hackers suelen ser ex miembros de los servicios del inteligencia que crearon empresas privadas, start-up, con ayudas del Estado, el cual, a su vez, es el primer cliente de las empresas de ciberinformación. El Mossad acaba de crear Liberad, un fondo especial consagrado a esas empresas”. Otras dos constantes aparecen también en esta mega investigación. La primera de ellas es que, ante las fugas y sus consecuencias, los europeos y los norteamericanos se quedaron “desnudos”, congelados en una suerte de “estrategia defensiva. Invirtieron enormemente en complejos aparatos para tratar de frenar las fugas de información en vez de servirse de ellas”. La segunda evidencia radica en que los intereses de los Estados y las empresas, o sea, las ciberguerras cruzadas, empezaron a ser defendidas o montadas con los instrumentos que antaño empleaban los activistas de la sociedad civil: “en apenas una década, esas técnicas de los activistas se volvieron las técnicas de los poderosos, alega Vasset”. Otra incógnita interesante : ¿para quién trabaja realmente Julian Assange, el fundador de WikiLeaks refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres ?. Como difundió en WikiLeaks los mails de Clinton y jamás ha atacado a Rusia con otros leaks, muchos creen que es un agente de Vladimir Putin. Según Pierre Gastineau y Philippe Vasset, la respuesta es más compleja, en primer lugar porque “la enorme sed de celebridad que tiene Assange es un excelente motor de reclutamiento”. Para los dos investigadores, “no existe ningún elemento tangible” que permita afirmar con “certeza que Assange es un agente pagado por Rusia. Más bien, se trataría de un idiota muy útil para el régimen de Vladimir Putin”. Los leaks, en suma, plantean muchos problemas, y el del anonimato de la fuente es uno de ellos. El Consorcio internacional de periodistas de investigación, (ICIJ), jamás reveló la fuente de los Panamá Papers o los 13 millones de documentos correspondientes a los Paradise Papers. Por ello, Pierre Gastineau y Philippe Vasset admiten que “los periodistas no siempre fueron lo suficientemente atentos a las motivaciones de las fugas masivas que ellos mismos contribuyeron a difundir. Con lo cual, a veces se hicieron cómplices de operaciones cuyos intereses estaban mucho más allá de las informaciones que se publicaban”. En este mar de guerras asimétricas, espías, hackers, mentiras robotizadas y espionaje masivo, los dos periodistas franceses sólo tienen una recomendación destinada a la sociedad civil o a los grandes poderes: “verifiquen sus conexiones en la red y cambien sus contraseñas: bienvenidos al mundo de las cibertrincheras”.

efebbro@pagina12.com.ar

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Activismo Digital de Lenguas Indígenas » Vikipetã, Wikipedia en guaraní

Esta página corresponde a un resumen del estudio de caso: Vikipetã, Wikipedia en guaraní. Si desea ver el informe completo pulse aquí. Comentarios, observaciones o sugerencias sobre el contenido lo invitamos a emitir su opinión en la página de discusión.

Página de inicio de Vikipetã, la versión de Wikipedia en guaraní

Vikipetã es una versión de la enciclopedia Wikipedia en guaraní y es una de las 291 versiones en diferentes idiomas disponibles en la web. Esta versión de la enciclopedia inició en 2005 y actualmente cuenta con 3091 artículos sobre la cultura guaraní y otros temas de amplio interés.

El guaraní (en guaraní: avañe’ẽ) es una lengua de la familia tupí-guaraní hablada por aproximadamente ocho millones de personas en el Cono Sur de América. Es uno de los dos idiomas oficiales en Paraguay a partir de la Constitución de 1992. También es hablado en parte de los territorios de los países vecinos, como el noreste de Argentina y Bolivia.

Es la lengua nativa del pueblo guaraní, denominación de pueblos originarios de la zona, pero en su variante moderna, cuyo estándar es representado por el guaraní paraguayo, posee un amplio uso entre no indígenas.

Historia de la Vikipetã

La versión guaraní de Wikipedia fue creada oficialmente el 13 de noviembre de 2005 por un usuario anónimo (con una dirección IP procedente del Reino Unido). Esto ocurrió antes de que la Fundación Wikimedia pusiera en marcha nuevas políticas que establecieron condiciones para poder crear una nueva versión lingüística como un proyecto de incubadora (prueba) o proyecto oficial.

Vikipetã en números:

Ape

Fecha de creación: 13 noviembre 2005
Artículos: 3,186
Editores activos: 19
Usuarios registrados: 9,693
Páginas totales: 8,498
Archivos locales: 7,492
Visitas por mes: 217,533
Ediciones por mes: 97
Nuevos artículos por día: 1
Fuente: Estadísticas de la Wikipedia en guaraní, 30 mayo de 2017.

Sin embargo, no fue hasta diciembre de 2007, cuando se hicieron adiciones significativas al sitio, muchas de las cuales fueron posibles gracias a la colaboración entre David Galeano Olivera en Paraguay y Šarūnas Simkusun, editor de Wikipedia radicado en Lituania. Galeano Olivera es profesor, escritor, lingüista y presidente-fundador del Centro de Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní [1]. Esta organización sin ánimo de lucro fue fundada en 1985 con el objetivo de promover y compartir la lengua y la cultura guaraní. Sus actividades principales incluyen la investigación, la formación y las publicaciones.

Vikipetâ en sus inicios, fue alimentado prácticamente por Sarunas Simkus (quien en ese entonces tenía 17 años), quien alojó los textos que Galeano le iba pasando. Actualmente Vikipetâ ya cuenta con otros editores.

Suelo asignar trabajos de lectura o de investigación acerca de biografías de personalidades destacadas paraguayas o extranjeras, o bien sobre temas de literatura, historia o geografía y el resultado es altamente positivo pues los estudiantes, con Vikipetâ, tienen la información a mano y con un acceso rápido pero lo más importante es que está íntegramente en guaraní. Otro hecho significativo que vale la pena destacar es el asombro de algunos estudiantes al descubrir que Wikipedia tiene una versión en Idioma Guarani. David Galeano.

Galeano se ha concentrado en artículos relacionados con la cultura guaraní, y poco a poco ha diversificado los contenidos que ahora incluyen otros temas de interés para el público. Aunque hay contenido sobre temas populares de entretenimiento o deportes en otros idiomas, como español, los artículos sobre la cultura guaraní y Paraguay son los que tienen más información agregada.

A través de Activismo Digital de Lenguas Indígenas » Vikipetã, Wikipedia en guaraní

YouTube para niños genera polémica por sus problemas de vulnerabilidad.

JANINA MARCANO FERMÍN
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Videos sexuales y violentos que se detectaron hace unas semanas en YouTube Kids dejaron al descubierto que las empresas tecnológicas no pueden controlar totalmente el contenido que ofrecen.

Spider-Man orina sobre Blancanieves; Elsa, personaje principal de la película Frozen, baila en un tubo de pole dance, y Mickey Mouse llora acostado sobre su sangre después de ser atropellado por un auto.

Escenas como las anteriores son las que aparecieron en cientos de videos que estuvieron disponibles en YouTube Kids, la aplicación de contenido infantil de YouTube, y que ahora tienen a la empresa envuelta en una polémica por visualización de imágenes sexuales y violentas.

A través del hashtag #Elsagate, en alusión al personaje de Frozen, las denuncias por la aparición de estos videos que recreaban historias para adultos con personajes infantiles -que sumaban millones de reproducciones-, se empezaron a agrupar y hasta ayer seguían sumando comentarios en Twitter.

Ya sea por error o debido a una situación intencionada de hackers , el incidente expuso lo delicado de confiar en los algoritmos que validan los contenidos en estas plataformas.

El ingeniero electrónico y académico de la U. Andrés Bello (UNAB), Miguel Gutiérrez, explica que, muchas veces, los videos son filtrados según el texto que contengan, por lo que aquellos que estén etiquetados con nombres de personajes de Disney, por ejemplo, podrían subirse automáticamente, ya que el sistema los considera de tipo infantil.

“No existen algoritmos perfectos. Seguramente una aplicación podría reconocer imágenes de contenido sexual explícito. El problema es que al ser dibujos animados, quizá no está dentro de los patrones de reconocimiento que ellos manejan como pornografía”, explica Gutiérrez.

La académica de la U. de Chile e investigadora del Núcleo Milenio de la Web Semántica, Bárbara Poblete, opina que siempre habrá formas de atacar los algoritmos. Por eso, dice, no tiene permitido a sus hijos acceder a YouTube Kids mientras estén solos. “El sistema trabaja a través de machine learning, por lo que el algoritmo aprende ciertas características, pero una vez que las personas descubren cómo funciona, agregan esas características a sus propios videos”, explica. Aunque Google, empresa dueña de YouTube, eliminó todo el contenido denunciado, que vuelvan a aparecer, dice Poblete, es solo una cosa de tiempo. “Para esto no hay solución. La única forma de controlar por completo el contenido sería a través de miles de editores humanos que fiscalicen las imágenes, pero para una plataforma tan grande sería muy difícil”.

YouTube Kids está disponible en el país desde 2015. Aunque Google Chile no maneja cifras de los usuarios a nivel nacional, Alejandra Bonati, gerenta de Comunicaciones de la empresa, indica que la aplicación tiene 11 millones de usuarios activos semanalmente en el mundo y que Latinoamérica es la segunda región con más televidentes.

Según explica, los videos sí pasan por un proceso de revisión humana, además de la combinación del filtrado algorítmico y feedback del usuario, quienes pueden denunciar contenido inapropiado.

“Hay ocasiones en que los videos que se suben hacen un uso indebido de contenido, ya sea por ser inapropiado para un público amplio o por el uso de material que no le pertenece al creador. Nosotros trabajamos constantemente para regular este contenido y hacer de la plataforma un lugar seguro”, acota sobre el incidente.

Conocer quiénes están detrás de estos videos es difícil. Todo dependerá, opina Gutiérrez, de qué tan débil sea el algoritmo de YouTube Kids. De allí, explica, se podría definir si se trata de hackers que estudian el modelo de categorización de la aplicación para luego corromperlo o si se trata de usuarios comunes que, debido a un algoritmo con filtros poco potentes, abren canales y suben contenido inapropiado que no es detectado como tal.

Origen: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=419260

“Las redes no tienen ninguna credibilidad” | Página12

–Las redes logran que las noticias circulen casi en simultáneo a los hechos. ¿Los periódicos tendrán que ser más analíticos o cualitativos porque la carrera por la información la pierden con las redes sociales?

–Puede ser… de todas maneras los reporteros son fundamentales en un periódico. Luego puede venir todo el análisis que quieras, pero el que trae la liebre es el reportero y ese es el trabajo base. Lo digital es más rápido, como antes lo eran las agencias. Ahora abres a la mañana tu teléfono y tienes todas esas notas. ¿De qué te sirve? Nada más para enterarte, pero la gente no lee nada más para enterarse. Quiere saber qué son las cosas, quiere los antecedentes y lo que hay alrededor de ese hecho. Si está bien hecho, el periodismo es literatura bajo presión. También en lo digital tienes que tener una edición, porque no es posible que se alienten las cosas mal escritas, como en la mayor parte de lo digital. La rapidez no necesariamente da calidad; es muy difícil conseguir que todo sea perfecto y rápido. Yo sé que tenemos que tener lo digital porque eso lo piden los tiempos y el público. En nuestro caso tenemos un público muy grande y una buena parte de ese público es del periódico impreso.

–Y es un público que sigue relacionándose de manera fuerte con el periodismo en papel.

–A mí no me dan la misma confianza ni Facebook ni Twitter. El problema con las redes es que no tienen ninguna credibilidad. El hecho de que tuitees lo que se antoje no te hace reportero: requiere de más rigor y de más trabajo del que uno imagina. Dicen que si ya tuitearon tal cosa la noticia está regada. No sé… ahí se cuelan interpretaciones que confunden mucho a la gente, con notas sesgadas. No hay rigor. Es un poco el desorden. En las redes no hay el rigor que exige el medio impreso. No quiere decir que en los impresos no se cometan errores, claro que sí. Una cosa que queda escrita, cuidado, porque no solo te pueden desmentir si no que te pueden llevar a juicio.

–¿Por qué las redes generan la ilusión de que pueden parecer periodistas?

–¿Tú te dejas abrir el estómago por alguien que no tiene el título de médico? La verdad es que no. Cómo es posible que seamos tan descuidados con la información, con el análisis; es como la educación: lo que bien se aprende jamás se olvida. No aprendas mal porque lo repites toda tu vida. Es un problema porque eso se queda. Yo he visto campañas verdaderamente horripilantes en redes sociales, campañas políticas de mi país muy distorsionadas. En el caso concreto de América Latina, he visto campañas terribles contra el gobierno de Venezuela y contra los gobiernos de (Luiz Inácio) Lula (da Silva) y de Dilma (Rousseff), y ha sido muy difícil para ellos contrarrestar todo eso porque todo el mundo dice lo que se le antoja. Lo terrible de las redes sociales es que no hay rigor.

–Las redes sociales parecen ser el territorio de una palabra de moda: la posverdad, porque no importan tanto los hechos como los sentimientos y las emociones. ¿El ejercicio periodístico está jaqueado por la posverdad?

–Es probable. El problema es que no es importante la verdad, sino lo que tú sientes. Esto se presta mucho a la manipulación. Los buenos reporteros son historiadores; es muy importante que las historias estén bien contadas, donde lo cuentes. La posverdad es peligrosa para el periodismo. Nosotros tenemos que contar los hechos; en el momento en que deformamos los hechos, somos malos periodistas. Aunque los demás periódicos tengan más público, lo que tenemos en La Jornada es que somos número uno en credibilidad y en contenido. Yo no permito jamás que un reportero del periódico o un escritor le conteste autoritariamente a un lector que manda una queja o un comentario, porque el señor viene a hacer uso de su derecho a replicar. Eso hay que respetarlo mucho. Esto tiene que ver con ética del medio.

A través de “Las redes no tienen ninguna credibilidad” | Entrev… | Página12

Ejércitos de zombis, caminantes blancos y guerras en El País: el bulo de la “injerencia rusa” – RT

No queremos aburrirles, pero hoy les vamos a hablar de un tema muy serio, y lo sentimos, pero no va a ser el típico artículo dinámico y divertido de consumo fácil para Internet: esto va a ser largo y farragoso. Y va a ser así, porque se trata de nuestra credibilidad como medio de comunicación. Del trabajo que desempeñan los cientos de profesionales de RT en todo el mundo. De su seriedad, de su profesionalidad y de su ética.

En los últimos dos meses, uno de los diarios de mayor alcance en España, El País, ha dedicado decenas de artículos a desprestigiar nuestra labor, la mayoría, firmados por el subdirector de este medio, David Alandete. Siempre refiriéndose a nosotros con términos como la “maquinaria de injerencia” o “propaganda del Kremlin”, nos han acusado de tramar la desestabilización de España y de la Unión Europea (UE) difundiendo noticias falsas sobre Cataluña, todas a favor del independentismo. Nos han acusado de emplear para ello herramientas desleales, como ‘bots’ y hasta ‘hackers’ (términos que ellos mismos parecen no tener muy claros).

A El País le han seguido, con menor insistencia pero con la misma imprecisión, algunos medios de comunicación y el propio Gobierno español. Las razones por las cuáles se está llevando a cabo esta campaña de desprestigio en España y en otros países, no las conocemos. No haremos como ellos y no especularemos sobre esas razones con afirmaciones rotundas sin ningún fundamento.

Pero sí sabemos una cosa: no están diciendo la verdad. Y no están siendo rigurosos en lo más mínimo en su trabajo.

A través de Ejércitos de zombis, caminantes blancos y guerras en El País: el bulo de la “injerencia rusa” – RT

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