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“Un idioma está condenado a muerte si pierde el tren digital”. Noticias de Gipuzkoa

Fuente original: “Un idioma está condenado a muerte si pierde el tren digital”. Noticias de Gipuzkoa

Andras Kornai Lingüista computacional.

El matemático y lingüista computacional húngaro Andras Kornai lleva años investigando un fenómeno que define como “la muerte digital de los idiomas”

Una entrevista de Idoia Alonso Fotografía Pablo Viñas – Viernes, 9 de Noviembre de 2018.

Como matemático, Andras Kornai “solo” conocía una docena de idiomas, sin contar el lenguaje formal y el computacional, pero la lectura de The World’s Mayor Languages (1990), de Bernard Comrie, supuso una revelación porque tomó conciencia que existen más de 7.000 lenguas en el mundo.

Como estudiante de Lingüística se acercó a cientos y cientos de idiomas pero solo fue consciente periféricamente de que muchos ellos estaban en peligro de extinción. Y como lingüista computacional, Kornai regresó a la casilla de salida. Desde entonces, este húngaro estudia lo que ha llamado “muerte digital de los idiomas”. Años después, se ha convertido en una referencia mundial en lo que concerniente a la vitalidad digital de las lenguas. El pasado miércoles su ponencia abrió la décima edición de las jornadas de la Sociolingüística Vasca organizadas por Soziolinguistika Klusterra.

¿El entorno digital es una amenaza o una oportunidad para las lenguas minoritarias?

-Creo que es una gran oportunidad. En el entorno digital hay conocimientos como las matemáticas, la medicina, la historia, la ciencia que son internacionales… Los únicos saberes que realmente tienen una dimensión nacional son la lengua, la cultura o las artes porque dependen de la lengua, la cultura y las artes de un lugar concreto. Por tanto, el entorno digital es una oportunidad para ellas. Para las computadoras todos somos diferentes y te dan una nueva perspectiva ya que cuando observan las lenguas ven unas similitudes entre ellas que el ojo humano no puede ver. Analizar las lenguas desde la lingüística computacional te da una perspectiva global que el análisis humano no alcanzaría.

¿Cómo definiría el estado de salud del euskera en este entorno digital?

-La situación del euskera es muy buena porque indicadores como la presencia del euskera en Wikipedia, el tráfico de datos en Internet, traductores digitales, etc. lo sitúan a la par de idiomas como el húngaro, aunque tiene diez veces más hablantes. Me parece que los agentes que están trabajando en este entorno con el euskera van en la buena dirección.

¿Los gobiernos entienden la importancia de apoyar las lenguas propias en la era digital?

-Creo que ciertos gobiernos tienen una actitud anticiencia, muchas veces solo miran al pasado, al origen de las lenguas. El húngaro está relacionado con la familia ugrofinesa, con el turco… pero eso no es lo importante porque eso es el pasado, hay que mirar al futuro y el futuro es digital.

¿Cuáles son los factores que contribuyen a la supervivencia de un idioma en la era de Internet?

-Lo más importante es que en la educación superior se pueda estudiar toda la carrera en euskera. Y luego está el inglés, que es la lengua de la ciencia. Quiero decir que es vital que a nivel universitario se pueda hacer en euskera todo lo que se hace en castellano. Es importante formar a gente buena en lenguaje y tecnología computacional. Es importante enviar a los mejores estudiantes de doctorado a las universidades de prestigio y grandes centros de lenguaje computacional como Stanford, Jhons Hopkins, Edimburgo u otros grandes programas que se desarrollan en Estados Unidos y Europa para que se sigan formando y luego retornen para transferir lo que han aprendido y lo apliquen aquí con el euskera. Hay que dar a los jóvenes la oportunidad de salir para luego regresar y ayudar.

¿Una lengua está sentenciada a muerte si no está en Wikipedia?

-Sí, básicamente sí. Si una lengua no está en Wikipedia significa su muerte digital, aunque hay algunas lenguas que están en Wikipedia y que no hay nada detrás porque no tienen una comunidad viva que la alimente. Pero por lo que he visto la situación del euskera es buena.

Afirma que el 95% de las 8.000 lenguas y dialectos que existen en el mundo no han dado el paso digital ni probablemente estén en condiciones de hacerlo a corto plazo. ¿Estamos a las puertas de un apocalipsis cultural?

-No solo cultural, sino también biológica. Dentro de un siglo muchas de las especies estarán muertas, habrá una pérdida de diversidad impresionante y a nivel de las lenguas será trágico. Solo sobrevivirán unos 200 idiomas en la próxima centuria;el euskera entre ellos, afortunadamente. Siendo optimistas, solo sobrevivirán entre 150-200 idiomas y es un horizonte trágico. No sé si la palabra adecuada de lo que está sucediendo es apocalipsis o más bien una pérdida de diversidad dramática que nos conduce inexorablemente a la monoculturalidad.

¿Los síntomas de la muerte de un idioma guardan relación con los síntomas de su muerte digital?

-El futuro es digital y, si se pierde ese tren, ese idioma está condenado a muerte. Hay varias señales que indican la muerte inminente de una lengua. En primer lugar, la falta de función. Cuando los idiomas no son útiles para comunicarse, para el comercio, la educación… La falta de prestigio se ve reflejada por las generaciones más jóvenes que dicen: Eso es cosa de viejos;o la falta de competencia de los semihablantes que tienden a simplificar la gramática, por lo que hay que seguir con la educación. Por otro lado, está la reducción de la comunidad lingüística y su progresivo envejecimiento. Y por último está la función identitaria. Esto es algo que pasa, por ejemplo, con la comunidad griega en Estados Unidos: jóvenes de tercera, cuarta y quinta generación que se sienten muy griegos pero que solo hablan inglés.

¿Cuáles son las claves para que una lengua sobreviva en la era digital?

-Es muy difícil ser sintético porque cada lengua necesita unas medidas. El Join the digital language project, en el que participa Elhuyar entre otras organizaciones europeas, clasifica las lenguas por su situación y da recomendaciones para cada una. El euskera ya ha desarrollado algunas de esas recomendaciones como la estandarización de la ortografía, traducir a los clásicos, la gramática… Pero ahora estamos en el punto que estamos y, por ejemplo, os toca a vosotros desarrollar en euskera asistentes digitales como Siri (Apple) o Alexa (Amazon) porque a los gigantes de la red no les interesa económicamente una comunidad lingüística tan pequeña como la vasca.

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“La próxima revolución política será por el control de los algoritmos”

Fuente original: “La próxima revolución política será por el control de los algoritmos”

Palabra de dios. Por mandato real. Es la economía, estúpido. La historia ofrece constantemente ejemplos de cómo las personas recurrimos al mito de la autoridad superior para revestir de una supuesta justicia objetiva nuestras decisiones. Para Cathy O’Neil, los algoritmos son el siguiente mito en esa lista.

O’Neil, matemática doctorada en Harvard, posdoctorada en el MIT, fue una de las primeras en señalar que nuestro nuevo emperador también está desnudo. Un algoritmo (o la celebrada Inteligencia Artificial, que “no es más que un término de marketing para nombrar a los algoritmos”) es tan machista, racista o discriminador como aquel que lo diseña. Mal programados, pueden llegar a ser Armas de Destrucción Matemática (Capitán Swing), como detalla en su libro sobre el peligro que representan para la democracia.

Defiende que existe una diferencia entre lo que la gente piensa que es un algoritmo y lo que realmente es un algoritmo. ¿Cuál es?

La gente piensa que un algoritmo es un método para tratar de llegar a una verdad objetiva. Hemos desarrollado una fe ciega en ellos porque pensamos que hay una autoridad científica detrás.

En realidad un algoritmo es algo tonto, básicamente un sistema de perfiles demográficos generado a partir del big data. Averigua si eres un cliente que paga o cuáles son tus posibilidades para comprar una casa en base a pistas que has ido dejando, como cuál es tu clase social, tu riqueza, tu raza o tu etnia.

¿Qué es un arma de destrucción matemática?

Es un algoritmo importante, secreto y destructivo. Injusto para los individuos que evalúa.

Normalmente son un sistema de puntuación. Si tienes una puntuación lo suficientemente elevada se te da una opción, pero si no la consigues se te deniega. Puede ser un puesto de trabajo o la admisión en la universidad, una tarjeta de crédito o una póliza de seguros. El algoritmo te asigna una puntuación de manera secreta, no puedes entenderla, no puedes plantear un recurso. Utiliza un método de decisión injusto.

Sin embargo, no solo es algo injusto para el individuo, sino que normalmente este sistema de decisión es algo destructivo también para la sociedad. Con los algoritmos estamos tratando de trascender el prejuicio humano, estamos tratando de poner en marcha una herramienta científica. Si fracasan, provocan que la sociedad entre un bucle destructivo, porque aumentan la desigualdad progresivamente.

Pero también puede ser algo más preciso. Puede ser un algoritmo para decidir quién accede a la libertad condicional racista, uno que determina qué barrios sufren una mayor presión policial en función de la presencia de minorías…

¿A quién le pedimos cuentas cuando un algoritmo es injusto?

Es una buena pregunta. La semana pasada salió a la luz que luz que Amazon tenía un algoritmo de selección de personal sexista. Cada vez que ocurre algo así, las empresas se muestran sorprendidas, toda la comunidad tecnológica se muestra sorprendida. En realidad es una reacción fingida, hay ejemplos de algoritmos discriminatorios por todas partes.

Si admitieran que los algoritmos son imperfectos y que potencialmente pueden ser racistas o sexistas, ilegales, entonces tendrían que abordar este problema para todos los algoritmos que están utilizando. Si hacen como si nadie supiera nada pueden seguir promulgando esta fe ciega en los algoritmos, que ellos en realidad no tienen, pero que saben que el resto del público tiene.

Por eso escribí el libro, para que la gente deje de estar intimidada por los modelos matemáticos. No hay que abandonar la automatización ni dejar de confiar en los algoritmos, pero sí exigir que rindan cuentas. Sobre todo cuando actúan en un campo en el que no hay una definición clara de qué es “éxito”. Ese es el tipo de algoritmo que me preocupa. Quien controle el algoritmo controla la definición de éxito. Los algoritmos siempre funcionan bien para la gente que los diseña, pero no sabemos si funcionan bien para la gente objetivo de esos algoritmos. Pueden ser tremendamente injustos para ellos.

¿La próxima revolución política será por el control de los algoritmos?

En cierto sentido, sí. Creo que los algoritmos reemplazarán todos los procesos burocráticos humanos porque son más baratos, más fáciles de mantener y mucho más fáciles de controlar. Así que, sí: la cuestión sobre quién tiene el control está relacionada con quién despliega ese algoritmo. Espero que nosotros tengamos un control con rendición de cuentas sobre ellos.

Pero si nos fijamos en un lugar como China, donde  hay sistemas de puntuaciones sociales que son intentos explícitos de controlar a los ciudadanos, no tengo tanta esperanza sobre que los ciudadanos chinos puedan ser los propietarios de esos algoritmos. En estos casos estamos hablando de una distopía, una sociedad de vigilancia en la que el Gobierno controla a los ciudadanos con los algoritmos, como una amenaza real. Es algo que puede pasar.

De momento el poder político no ha hecho mucho por mejorar la transparencia de los algoritmos. 

Sí, es un problema real. Los políticos piensan que desde su posición tendrán en su mano controlar los algoritmos, así que no quieren renunciar a este poder, aunque sea malo para la democracia.

Es una consideración muy seria. Como digo en el libro, Obama fue adorado por la izquierda por su uso del big data para aumentar las donaciones o mejorar la segmentación de mensajes. Pero eso fue un precedente muy peligroso: en las últimas elecciones hemos visto como la campaña de Trump logró suprimir el voto de los afroamericanos gracias a esa misma segmentación de mensajes a través de los algoritmos de Facebook.

Publicó su libro en 2016. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

Cuando escribí el libro yo no conocía a nadie preocupado por este tema. Eso sí ha cambiado. Vengo de Barcelona, donde he visto a 300 personas, mayoritariamente jóvenes, preocupadas por este tema. Es un fenómeno emergente a nivel mundial, la gente está empezando a ver el daño, el mal que hay aquí. La mayor parte de este daño algorítmico no se ve, no es visible. Que la gente sea más consciente hace que podamos esperar que haya una demanda para que los algoritmos rindan cuentas. Espero que eso ocurra.

¿Por qué no existe una lengua de signos universal?  – Anuario de Glotopolítica

Fuente original: ¿Por qué no existe una lengua de signos universal?  – Anuario de Glotopolítica

En el mundo hay más de 300 lenguas de signos, según datos de la Federación Mundial de Personas Sordas. Comparado con las casi 7.000 lenguas orales que existen, esta cifra es relativamente pequeña. Sin embargo, a menudo surge la pregunta: ¿por qué no hay una lengua de signos universal?

En primer lugar, “no existe una lengua de signos por cada lengua oral, ya que han ido evolucionando de forma natural a través del contacto entre personas, no necesariamente de forma paralela a la lengua hablada”, recuerdan desde la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE). En el caso de España, están reconocidas de forma oficial la lengua española y la catalana.

“Las lenguas forman parte de una cultura, por tanto es lógico que haya diversidad”, comenta Alejandra Mariño Pérez, intérprete de la lengua de signos y técnico pedagoga en Menorca (Islas Baleares).

Las lenguas de signos, de la misma forma que las orales, han ido evolucionando de acuerdo con las necesidades de cada cultura: “No será el mismo signo para definir ‘comida’ si estás en China y usas palillos, que si estás en España y comes con tenedor”, añade la intérprete.

La lengua materna de Alejandra Mariño, nacida en Galicia, es la signada, pues tanto su madre como su padre eran sordos. “Mi padre, José Mariño, con 18 años se recorrió pueblo por pueblo todo Vigo en busca de personas sordas, así contribuyó a crear la Asociación de Sordos de Vigo, de la que fue presidente durante 21 años”.

La educadora recuerda cómo han cambiado las cosas desde que era pequeña: “Cuando mi madre, Francisca, quería hablar con su amiga, también sorda, yo era la que tenía que llamar por teléfono a la madre de esta para dar el recado. Yo era una niña pequeña hablando con una señora mayor para establecer una comunicación entre dos mujeres adultas”. Ahora, con las nuevas aplicaciones de mensajería instantánea y de videollamada la comunicación se ha simplificado enormemente.

Orales o signantes

Mariño es una gran defensora de la lengua signada y se queja de una creciente comunidad pro oralista. Esta hace hincapié en que el niño sordo aprenda a leer los labios, relegando el papel de la lengua de signos a un lugar secundario o directamente excluyéndola de la educación.

“Los padres buscan la mejor solución para sus hijos y tienen miedo de que si se les enseña la lengua de signos, no quieran aprender a hablar”. Mariño afirma que hoy en día, con el “aprendizaje multidisciplinar” esto no ocurre, ya que los niños también aprenden la lengua oral.

“La lengua de signos forma parte de la identidad de la personas sordas. Las no signantes no tienen un punto de referencia, pierden una seña de identidad”, agrega.

Desde la Asociación de Padres y Amigos del Sordo (Aspas) existe una mayor orientación hacia el aprendizaje oral, aunque desde Aspas Madrid reconocen que a veces son los propios niños que “con 12 años piden aprender la lengua de signos”.

Mireia Moncho y Gonzalo Martín, ambos con sordera, son partidarios de ambas, aunque reconocen las limitaciones de la lengua oral para situaciones con mucha gente o lenguaje más técnico. “En las reuniones me pierdo la mayoría de la información y luego le tengo que preguntar a mis compañeros, pero claro, me lo explican de forma muy breve y resumida”, comenta él.

“La lectura labial depende de la dicción de las personas. La puedes seguir de tú a tú, a distancias cortas y en un contexto coloquial. En conferencias, con una gran distancia o con contraluces, la lectura se hace más difícil”, confirma Mariño.

“Mucho por recorrer”

Según los últimos datos del INE, hay más de un millón de personas sordas en España. Aunque se trata de información del 2008. Desde el CNSE apuntan que “son datos que se extraen, por lo general, de encuestas telefónicas, inaccesibles para las personas sordas”.

También es difícil saber qué porcentaje son signantes. La Confederación calcula que más de 70.000 personas con sordera usan la lengua de signos en España, haciendo un cálculo proporcional de las estimaciones europeas, que establece la cifra en un 0,15% de la población europea.

Las lenguas de signos española y catalana están reconocidas por ley desde el año 2007. “Ambas deberían estar presentes en la oferta educativa, pero casi once años después de su aprobación, la ley no ha respondido a las expectativas. El colectivo continúa estando en una situación de especial debilidad, donde pocas familias y personas sordas pueden elegir una educación que cuente con lengua de signos”, se quejan.

También Gonzalo y Mireia hacen mucho hincapié en la necesidad de más intérpretes para atender a reuniones, cursos o llevar a cabo otro tipo de gestiones y actividades de ocio.

“Carecemos de una red de centros bilingües que garanticen el uso y el estudio de la lengua de signos, cada vez son más las alumnas y alumnos sordos y los padres y madres que denuncian la escasez o ausencia de intérpretes en los centros”, añade la Confederación. Sandra Mariño coincide con este diagnóstico: “En España hay mucho por recorrer, porque la ley todavía no se implanta correctamente”.

El tuiteador que lo justifica todo – Socompa

Fuente original: El tuiteador que lo justifica todo – Socompa

Vida y opiniones del caballero Yamil Santoro.

El tuiteador que lo justifica todo

Salió a defender la bala que mató a Ismael Ramírez en el Chaco. Ya había hecho algo parecido cuando el caso Maldonado. Es algo así como el Fernando Iglesias de YouTube, un desaforado que vive la represión con una sonrisa.

La experiencia macrista permitió corroborar que la derecha gobernante tiene quien la corra hacia extremos más conservadores aún. Lo cual a veces significa que la crítica por presunta tibieza la esgriman quienes ofician de voceros del pensamiento más retrógrado, aquellos que exponen ideas que no sería dable escuchar de labios de funcionarios más o menos correctos. Es el caso de Yamil Santoro.

En su cuenta de Twitter se presenta como abogado y liberal, fundador de un partido llamado Mejorar, que se integró a Cambiemos. Es, además, profesor en la UBA y en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), un think-tank neoliberal nacido durante la dictadura. Hasta fines de mayo de este año, Santoro se desempeñó como asesor del gobierno porteño, pero optó por dejar su cargo para dedicarse a la defensa de Uber, la aplicación que salió a competir con los taxistas y cuyos choferes se exponen a la violencia de los émulos de Rolando Rivas que admiran a Baby Etchecopar. Antes fue secretario de la juventud del PRO, o sea, la cabeza de la gloriosa JM, si es que así se puede hablar de Juventud Macrista. Se desconoce si la rama juvenil tiene destinado un cántico sobre algún aborrecido político estatista con cuyos huesos hacer una escalera de la cual bajará María Julia antiplanera.

Santoro vendría ser como un Fernando Iglesias sin banca de diputado, pero con capacidad argumentativa similar, y sin tanta presencia mediática. Si el Gobierno precisa una defensa mediática desembozada, que apele a recursos que superan los límites de una respuesta institucional para satisfacer los oídos del núcleo duro de votantes de Cambiemos, allí están Iglesias y Santoro. El primero, se sabe, aun no se percató que es legislador nacional y sigue con una prédica que no se condice con su rol. El segundo es un producto de Internet. Allí está su canal de YouTube para probarlo.

En los videos de ese canal, Santoro realiza propuestas que lo asemejan a Omar Obaca, el candidato presidencial apócrifo de la campaña de 2015.  Los videos de Santoro hacen dudar: no se sabe si son verdaderos o una ficción como la de Obaca. Por caso, Santoro propuso eliminar los feriados para producir más. Se presenta como “Youtuber político” y responde de camisa y corbata, con tiradores, con más pinta de broker que de otra cosa. Sólo le falta un habano en la mano. En uno de esos videos propone reformar el artículo 97 de la Ley de Educación Nacional, que no permite divulgar los datos de cada institución educativa. Santoro quiere saber “si la guita de nuestros impuestos está generando resultados” y habla de “cepo informativo” respecto de las escuelas. Propone que “los padres sepan adónde están mandando sus hijos” y que esto “no es estigmatizante”. Pero propuesto del modo en que lo hace suena al “¿Sabe usted dónde están sus hijos en este momento?” de los militares. Los extremos se tocarían, pues, en el caso de un amante de la libertad individual y una dictadura.

El canal de Santoro permite ver sus intervenciones en varios de los más serios programas de debate político de la TV, como Intratables y El diario de Mariana. Pero, como hombre de Internet, su lugar en el mundo on line es Twitter.  Y allí dejó esta pieza antológica, el martes 4 de septiembre, tras conocerse la muerte por arma de fuego del menor Ismael Ramírez en el Chaco:

“Desde ya es lamentable cualquier muerte en cualquier contexto. Pero una persona abatida mientras trata de robarle a otro sea de forma individual o en banda, en la calle en un atraco o en un saqueo, es alcanzada por la cobertura de la legítima defensa. El Derecho banca al defensor”.

Cuando se afirma que hay voceros oficiosos que dicen lo que los funcionarios no se animan o no pueden para no romper cierto equilibrio, es factible citar esta afirmación de Santoro como ejemplo.  El caso Maldonado es otro antecedente. El 8 de agosto de 2017, una semana después de la desaparición del joven de 28 años, Santoro tuiteó algo digno de la derecha que pedía sangre en 1975: “Si los terroristas del sur del país mantienen su posición beligerante es deber de la Democracia ponerlos en su lugar y a Derecho”.

El balazo que mató a Ismael Ramírez puede soslayarse, según Santoro, porque se violó el derecho de propiedad, y la legítima defensa permitiría responder con la máxima dureza.  Le llovieron las críticas y quiso salir a aclarar en una nota en Perfil, en la que afirmó que “la legítima defensa lejos está de justificar una muerte sino que define si el accionar de quien se defiende está dentro o fuera de la ley”. Todo indica que el chico asesinado pasaba por el lugar al momento de los disturbios, por lo tanto, no haría falta considerar la legítima defensa ni su exceso, sino el delito de homicidio, doloso o culposo.

En el fragor de la polémica le recodaron que, en aras de defender el emprendedurismo, él había contado cómo utilizaba la web para bajar música y vender CDs made in home sweet home. Ergo, violentaba la propiedad intelectual y era pasible que, arma en mano, lo fueran a buscar de alguna discográfica.

Los esfuerzos de Santoro por tratar de aclarar que no dijo lo que la mayoría interpretó tiene su corolario en la nueva aventura política que encara. Va de suplente de Alejandro Fargosi en las elecciones al Consejo de la Magistratura, en representación de los abogados. Fargosi, ex consejero, suele dar sus puntos de vista en Twitter, como su suplente y es uno de los más enconados defensores del policía Luis Chocobar, que se abusó de la legítima defensa al matar a un ladrón, en un fallo que ya tuvo confirmación en instancias de apelación y va camino de juicio. No se puede afirmar que haya divergencias ideológicas profundas en esa lista.

Deceived by design – Engañado por diseño

Fuente original (en inglés): https://cryptome.org//2018/07/deceived-by-design.pdf

Un documento de investigación científica nos revela cómo las compañías de tecnología usan patrones oscuros para desalentarnos de ejercer nuestros derechos a la privacidad.

En este informe, analizamos una muestra de la configuración de Facebook, Google y Windows 10, y mostramos cómo la configuración predeterminada y los patrones oscuros, las técnicas y las características del diseño de la interfaz destinadas a manipular a los usuarios, se utilizan para empujar a los usuarios hacia las opciones intrusivas de privacidad. Los hallazgos incluyen la configuración predeterminada de privacidad intrusiva, la redacción engañosa, dar a los usuarios una ilusión de control, ocultar las opciones que favorecen la privacidad, las opciones que se toman o se dejan y las arquitecturas de elección en las que la elección de la opción que favorece la privacidad requiere más esfuerzo por parte de los usuarios.

Facebook y Google tienen valores predeterminados intrusivos de privacidad, en los que los usuarios que desean la opción de privacidad amigable tienen que pasar por un proceso significativamente más largo. Incluso oscurecen algunos de estos ajustes para que el usuario no pueda saber que la opción más intrusiva de privacidad fue preseleccionada.

Las ventanas emergentes de Facebook, Google y Windows 10 tienen un diseño, símbolos y palabras que alejan a los usuarios de las opciones de privacidad. Las opciones están redactadas para obligar a los usuarios a tomar ciertas decisiones, mientras que la información clave es omitida o minimizada. Ninguno de ellos permite al usuario posponer libremente las decisiones.

Además, Facebook y Google amenazan a los usuarios con la pérdida de funcionalidad o la eliminación de la cuenta de usuario si el usuario no elige la opción intrusiva de privacidad. Los ajustes de GDPR de Facebook, Google y Windows 10 proporcionan a los usuarios opciones granulares con respecto a la recopilación y uso de datos personales. Al mismo tiempo, encontramos que los proveedores de servicios emplean numerosas tácticas para empujar o empujar a los consumidores a compartir la mayor cantidad de datos posible.

El 4º Poder en Red » Soberanía tecnológica para combatir al capitalismo digital

Fuente original: El 4º Poder en Red » Soberanía tecnológica para combatir al capitalismo digital

19 Abr 2018

Integrante de la Comunidad CCCD y ex alumno del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales. Periodista e investigador de la URJC en el proyecto Dietética Digital. Editor del blog de Público Dietética Digital.

Uno de los capítulos del último ensayo del Comité Invisible, titulado ‘Ahora’, termina con la siguiente frase: ‘la única medida del estado de crisis del capital es el grado de organización de las fuerzas que pretenden destruirlo’. Así, la denominada crisis financiera de 2008 quizás no lo fue tanto. El 15M, precisamente una de esas fuerzas, resumió con mucha lucidez en una de sus máximas esta idea con el famoso ‘no es una crisis, es una estafa’. Desde luego lo fue para la ciudadanía, a la vista del aumento de la desigualdad que se ha generado diez años después. Para la élite fue momento de recambio. El sistema experimentó un cambio de forma. El capitalismo financiero daba paso al capitalismo digital, con la consecuente sustitución de una élite dominante por otra. Desde la década de los ’90 venía desarrollándose un tipo de capitalismo en Internet que ha pasado por diversas fases de gestación como la burbuja de las puntocom o la web 2.0. y que dio sus primeros pasos en los ámbitos de la publicidad online y el comercio electrónico.

La mutación del capitalismo se puede observar en cómo ha cambiado el ranking de las mayores empresas del mundo por capitalización bursátil. Donde antes había compañías petroleras y automovilísticas, ahora hay plataformas tecnológicas digitales. Estas empresas son a las que Eugeny Morozov* denomina plataformas Big-Tech, refiriéndose a las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), principalmente, aunque también destacando algunas potencias tecnológicas emergentes en China, como Alibaba. Silicon Valley, la Meca de las GAFAM, ha sustituido a Wall Street como centro neurálgico del capital. Es el lugar desde el que se propaga al resto del mundo -occidental, al menos- la doctrina hegemónica actual, el tecnoutopismo. Es a lo que Morozov llama ‘solucionismo tecnológico’, es decir, la creencia de que las tecnologías digitales son y serán capaces de ofrecernos soluciones a todos los problemas del mundo y, por tanto, debemos depositar nuestra fe ciega en ellas, y en los nuevos amos que las dominan.

Estas empresas han alcanzado tal posición de poder, y la mantienen, mediante dos factores elementales. La extracción y acumulación masiva de datos generados por los usuarios, el Big Data; y la posesión de las infraestructuras que median, cada vez más, nuestras relaciones sociales, políticas y económicas. La venta de estos datos para insertar publicidad micro-segmentada -Google y Facebook-, la venta de software y hardware -Apple y Microsoft- y el abaratamiento de costes en el comercio electrónico -Amazon- son los más obvios. Sin embargo, los modelos de negocio de la economía digital han ido evolucionando y diversificándose más allá de la publicidad y el comercio online. Con ellos, las implicaciones del capitalismo digital han ido mucho más allá de cuestiones como la privacidad y la vigilancia masiva -como demostraron las filtraciones de Edward Snowden- y la micro-segmentación, ya no solo comercial si no electoral, como ejemplifica el caso de Cambridge Analytica.

Capitalismo digital expandido

Los algoritmos que hacen de motor de la economía digital toman muchas más decisiones de las que nos imaginamos. Cada vez más, son responsables de decidir si una persona recibe un crédito en un banco, si puede contratar un seguro, si tiene acceso a una universidad, o si es contratada por una empresa. Con el objetivo de reducir costes y maximizar la eficiencia, se emplean algoritmos capaces de procesar mucha más información que un ser humano, con la ventaja añadida de que no precisa de un salario -ni se va a quejar por ello- y otorga un aura de neutralidad e imparcialidad a la toma de decisiones. Esto último es un mito que es necesario rebatir, pues este modelo de toma de decisiones ‘objetivo’ responde a los sesgos introducidos por los humanos que los programaron. Además, la falta de transparencia alrededor de su funcionamiento evita que se pueda revisar ese proceso para evaluar si se hace correctamente. Así, los algoritmos se convierten en generadores de desigualdad, lo que la matemática Cathy O’Neill llama ‘Armas de Destrucción Matemática’.

En la expansión de la utilización de algoritmos en amplios sectores de la sociedad encontramos el modelo de negocio del futuro (y ya del presente) para las plataformas Big-Tech, el de la Inteligencia Artificial (IA). El Big Data es utilizado para alimentar estos algoritmos, desarrollando así la rama de la IA denominada ‘aprendizaje automático’. De este modo, las corporaciones que ya controlan gran parte de las infraestructuras que hacen posible el entorno digital pueden colonizar el mundo físico. Con un sistema público enormemente degradado, especialmente con las políticas de austeridad impuestas durante la última década, la IA se presenta como la mejor solución para optimizar los -escasos- recursos, mediante la predicción de patrones de comportamiento en ámbitos como la educación y la sanidad, entre muchos otros.

Como estas empresas son, por el momento, las únicas con capacidad para extraer masivas cantidades de datos de los usuarios y de utilizar su trabajo voluntario para alimentar a sus máquinas predictivas, la competencia para ellas es prácticamente inexistente, dándose la formación de ‘monopolios naturales’. Así, van progresivamente copando y centralizando todas las infraestructuras y servicios generando una extrema dependencia de ellas por parte, no solo de la ciudadanía, sino de otras empresas y de los estados.

¿Qué hacer?

Ahora bien, ¿que podemos hacer ante este, ya no futuro, si no presente distópico en el que nos encontramos? Las propuestas de Morozov pasan por el cambio de propiedad y estatus legal de los datos, y por la creación de infraestructuras públicas -no necesariamente estatales- que sean capaces de ofrecer una alternativa a las corporaciones privadas digitales.

Partiendo de la base de que la propiedad de los datos pase a ser de las personas que los producen es un elemento fundamental para revertir la actual situación, de este escenario surgen dos caminos bien distintos. Resumidamente, o tratar a los datos como una mercancía o como un bien común. La primera opción, la que propugnan personas como Steve Bannon (jefe de campaña de Trump y uno de los fundadores de Cambridge Analytica), desembocaría en un capitalismo digital aún más salvaje y ni siquiera lograría que los datos revirtiesen en beneficios para la gente, pues es en su agregación donde tienen más valor. La segunda opción eliminaría la posibilidad de hacer negocio con los datos para, en lugar de eso, darles usos que no busquen el lucro privado sino el beneficio comunitario. Para ello, es imprescindible la construcción de infraestructuras que estén sometidas un control democrático de la ciudadanía. Es aquí donde movimientos sociales, organizaciones civiles y partidos políticos que verdaderamente aspiren a la emancipación tienen que empezar a generar discursos y acciones para llevarlo a cabo, pues es donde el capitalismo se encuentra en mejor estado de forma.

Este es un planteamiento de macropolítica, certero e inspirador, pero también lejano y utópico si no somos capaces de pensar en qué podemos hacer aquí y ahora, en la micropolítica que está a nuestro alcance y nos acerca a ese horizonte. Lo que pretende este artículo es proponer un camino que complemente a las propuestas de Morozov. Podemos comenzar por adoptar la filosofía/ética hacker. La figura del hacker es la de la persona curiosa, crítica, activa, que se preocupa por conocer cómo funcionan las tecnologías digitales mediante las que nos dominan, y compartir ese conocimiento.

Frente al discurso religioso del tecnoutopismo, la figura del hacker es la del hereje (significa ‘el que elige’) que se atreve a pensar por sí mismo/a y con los demás, a cuestionar la fe en la tecnología para convertirlo en conocimiento crítico y a dejar de tratar a las tecnologías digitales como objetos sagrados para desmontarlos y reprogramarlos. Sin necesidad de grandes cambios legislativos ni multimillonarios desembolsos de dinero, todos/as podemos empezar ya -a nivel individual y/o colectivo- a recuperar el control sobre nuestros datos, a subvertir las infraestructuras actuales, o crear otras nuevas. Las comunidades de (auto) aprendizaje, los centros sociales y los hacklabs son los lugares y el software libre la herramienta para ello.

Estas prácticas y conocimientos son las que pueden comenzar a proporcionarnos la soberanía tecnológica que, transformada en soberanía política, eventualmente puede desembocar en cambios a gran escala que nos permitan recuperar la propiedad de nuestros datos, cambiar su estatus legal y construir infraestructuras tecnológicas públicas y democráticas que nos liberen de las plataformas Big-Tech. Así, en último término, podremos organizar colectivamente una fuerza que ponga en crisis al capital, sea cual sea su forma.

*Este autor estuvo recientemente en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía para inaugurar el ciclo ‘Seis contradicciones y el fin del presente‘ con una conferencia y un taller bajo el título de ‘El Capitalismo digital y sus descontentos’ en el que se debatieron las cuestiones que recoge este artículo.

López Obrador fue investigado por la Inteligencia de EE.UU. desde 2006: WikiLeaks – RT

Fuente original: López Obrador fue investigado por la Inteligencia de EE.UU. desde 2006: WikiLeaks – RT

Publicado: 13 jul 2018

Los cables revelan que el Gobierno estadounidense solicitó información sobre el hoy presidente electo. Una relación de dudas que dará hoy un giro con la visita del secretario de Estado, Mike Pompeo, a las oficinas del presidente electo de México.

Una serie de cables diplomáticos clasificados, dados a conocer por WikiLeaks, revelaron que el hoy presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, fue investigado por el Gobierno de Estados Unidos desde 2006.

Un asunto que se vuelve relevante a unas horas de que López Obrador reciba en sus oficinas a Mike Pompeo, secretario de Estado de EE.UU., lo cual marcará un giro en la fría relación que había tenido AMLO frente al Gobierno estadounidense.

La organización fundada por Julian Assange recordó este episodio en una serie de tuits publicados tras el triunfo de López Obrador en las elecciones presidenciales mexicanas, en los cuales, se detalla el tipo de información solicitada por el Gobierno norteamericano, incluyendo a la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

La división de la izquierda

En el cable PRD/MEXICAN LEFT (C-AL9-02542), la administración del entonces presidente Barack Obama requirió en diciembre de 2009 información sobre qué tan profunda era la división de los partidos de izquierda de cara a las elecciones presidenciales de 2012.

Esto luego de que López Obrador rompiera con Jesús Ortega, líder de Los Chuchos, corriente al interior del PRD que provocó la salida de López Obrador del partido. El cable también pregunta por la relación de AMLO con el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, y otros políticos como el hoy senador Alejandro Encinas y Juan Ramón de la Fuente, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“¿Cuál es la relación entre los miembros del PRD, Andres Manuel López Obrador (AMLO), Marcelo Ebrard, Jesús Ortega, Alejandro Encinas y Juan Ramon De La Fuente?”, señala el documento.

“¿En qué medida están funcionando estos individuos juntos o entre otros? ¿Cuánto apoyo tienen ellos dentro del PRD y entre los pequeños partidos de izquierda (PT y Convergencia)? ¿Cuál es la percepción entre los miembros de ‘rank-and-file’ [ordena y archiva, término militar utilizado para clasificar información] de AMLO y Ebrard? ¿Qué otros grupos –sindicatos, movimientos sociales, etcétera– consideran entre sus partidarios?”, añade la solicitud de información realizada desde Washington.

Pero este es tan sólo un ejemplo del seguimiento que el Gobierno de EE.UU. dio a López Obrador con el paso de los años, ya que en las búsquedas de WikiLeaks, el nombre de presidente electo mexicano aparece en al menos 181 cables de la Inteligencia estadounidense y 4.658 correos internos de la agencia de Inteligencia Stratfor, desde 2006.

AMLO, el “presidente sombra”

En otro de ellos, titulado THE MAKING OF THE SHADOW PRESIDENT? (¿La fabricación de un presidente sombra?), la Inteligencia estadounidense analiza la personalidad de López Obrador y sus intenciones de declararse como “presidente legítimo” tras desconocer las elecciones presidenciales de 2006 y acusar un fraude electoral en la controvertida victoria de Felipe Calderón.

“Varios importantes observadores políticos mexicanos estuvieron de acuerdo en que la evolución del estancamiento político actual continuaría, en buena medida, en función de la personalidad de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Creían que su manera de pensar era tan rígida y autocomplaciente, que nunca sería capaz de admitir la derrota”, señala el documento.

“Al mismo tiempo, su poderoso carisma aseguraba que no le faltaría un núcleo de seguidores dispuestos a seguirlo ‘hasta las últimas consecuencias’. Sospechaban –y recientes informes de prensa corroboran cada vez más– que planeaba institucionalizar su movimiento de protesta luego de que el Tribunal Electoral validara a Felipe Calderón como presidente, tal vez estableciendo un ‘gobierno en la sombra’ que buscaría instigar a Calderón en todo momento. La importancia de este movimiento bien puede depender de cómo el PRD responda al desafío planteado por las tácticas de AMLO y si prevalecen los pragmáticos o los partidarios de AMLO”, añade el documento.

El viernes 13 de julio de 2018, López Obrador se reunirá por primera vez con altos funcionarios del Gobierno de EE.UU. tras haber obtenido un contundente triunfo en las elecciones presidenciales de México.

Manuel Hernández Borbolla

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