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Ciencia ciudadana en la web 3.0 | Noticias de Ciencia ciudadana en Heraldo.es

Fuente original: Ciencia ciudadana en la web 3.0 | Noticias de Ciencia ciudadana en Heraldo.es

La ciencia ciudadana necesita de la web semántica para hacer visibles e indexar correctamente los mil y un proyectos que surgen constantemente.

Francisco Sanz García  10/05/2018 a las 05:00
 ¿Cómo evitar que miles de proyectos queden en el olvido o perdidos en internet?

La ciencia ciudadana tiene cada vez más impacto; es un hecho objetivo. Son numerosos los proyectos de todo tipo que cada día surgen en todo el planeta. Esta heterogeneidad se hace palpable no solo en la rama de investigación en la que los proyectos son desarrollados, sino también en metodología, duración, número de participantes, rango de actuación, nivel de documentación, grado de consecución, etc. Es ahí, en esta heterogeneidad, donde radica uno de los puntos fuertes de la ciencia ciudadana, esta se convierte en una actuación rápida y directa que surge al detectarse un problema, una pregunta, etc.

Sin embargo, aunque resulte paradójico, esta es también una de las debilidades de la ciencia ciudadana. Millares de proyectos y de conocimientos pueden quedarse en el olvido, o perdidos en la world wide web, simplemente por carecer de una herramienta potente y flexible que los haga visibles y los indexe de forma correcta.

Este problema, desde luego, no es exclusivo de la ciencia ciudadana. Atañe y es uno de los problemas intrínsecos debidos a la naturaleza de la www, y es, sin duda, uno de los retos a resolver en los siguientes años.

La W3C (World Wide Web Consortium) está impulsando la web semántica, una extensión de la world wide web. Pretende ser un estándar -denominado web 3.0- de formatos e intercambio de datos en la web. Este concepto fue concebido por Tim Berners-Lee, el padre de la www.

Con esta extensión – adoptada en 2013 por más de 4 millones de dominios, es posible indicar, de forma que los robots buscadores puedan entender, de qué estamos hablando en cada momento. Un ejemplo: podríamos indicar en una web de un proyecto de ciencia ciudadana su duración, número de participantes, rama de investigación, etc. De forma que, con una simple búsqueda, podríamos ver todos los proyectos de ciencia ciudadana que se ejecutaron en 2016 en Austria o Italia y que involucraron a entre 100 y 150 participantes.

La tarea, sin embargo, no es sencilla, ya que en primer lugar habría que definir la ontología con la que hacer el marcado de los proyectos de ciencia ciudadana. Esta ontología debería cumplir los estándares definidos en schema.org, siendo compatibles con otros que ya se están definiendo, como openscience. Además, las páginas web de proyectos de ciencia ciudadana deberían adoptar esta extensión, incluyéndola en su código.

Más aún, Google, basándose en estos estándares, está implementando los Fact Check – Verificaciones de datos. Añadiendo Claim Review – definido en schema.org – podremos verificar datos/hechos de otras páginas. Con esto queremos decir que no estamos simplemente hablando de identificar items, sino que también podremos establecer relaciones entre ellos.

Resumiendo, la web 3.0 encuentra en los proyectos de ciencia ciudadana el lugar natural donde ser implementada, y la ciencia ciudadana necesita de la web semántica para poner en ella un orden (descentralizado). Es una ardua tarea, que, sin duda, merece la pena.

Francisco Sanz García Instituto de Biocomputación Físca de los Sistemas Complejos (Universidad de Zaragoza)

Esta sección se realiza en colaboración con el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis

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Experto en nuevas tecnologías: “El capitalismo digital es una privatización por la puerta de atrás” – RT

Fuente original: Experto en nuevas tecnologías: “El capitalismo digital es una privatización por la puerta de atrás” – RT

 El investigador y escritor Evgeny Morozov denuncia que las políticas de austeridad de los gobiernos llevadas a cabo durante la crisis han hecho que las empresas tecnológicas hayan logrado penetrar allí donde antes no habían podido.
Evgeny Morozov, investigador y experto en las implicaciones sociales y políticas de las nuevas tecnologías y uno de los mayores críticos sobre Cambridge Analytica, advierte de la nueva ola privatizadora que está suponiendo el capitalismo digital.

Para Morozov, la tecnología no cambia en muchos casos las dinámicas básicas sobre las que se asienta el orden social, sino que las hace mucho más complejas. Lo que podemos hacer, según su punto de vista, es replantearnos el modo en el que usamos la tecnología para no ser usados por aquellos de quienes dependen las plataformas tecnológicas.

El investigador desecha la visión optimista del capitalismo digital que dice que el futuro depende de nosotros y que el uso de las nuevas tecnologías puede ayudar a defendernos un poco mejor. Y desgrana cuál ha sido el desarrollo de las compañías tecnológicas en las últimas dos décadas desde la aparición de servicios gratuitos financiados por la publicidad de las empresas. Esa práctica poco a poco ha ido generando una gran cantidad de datos de aquellas personas que utilizan estos servicios, sobre todo en las redes sociales, lo que ha ido creando una customización de la publicidad a la que estamos expuestos.

Pero este modelo, afirma, también ha tenido consecuencias negativas, como se ha visto recientemente con las manipulaciones políticas del escándalo de Cambridge Analytica. En su opinión, las plataformas tecnológicas se están convirtiendo en extractoras de nuestros datos, que es como funcionan compañías como Google. Lo que ha ocurrido, relata, es que las mismas compañías que han estado recopilando estos datos están comenzando a utilizarlos de una forma diferente para manipularnos.

Así, nos pone un ejemplo: las verificaciones de Google para descartarnos como robots. Antes tenías que leer y teclear unas letras, y ahora te pide que reconozcas imágenes. Esas respuestas de todos los usuarios son utilizadas por Google para desarrollar tecnología de reconocimiento de imágenes y objetos, logrando que la gente haga ese trabajo para ellos, pero gratis.

Introduciéndose en lo que queda del Estado del Bienestar

Poco a poco, estas empresas están adquiriendo la posibilidad de entrar en terrenos donde antes no tenían la posibilidad de acceder. Pone otro ejemplo, el del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido, donde Google ha tenido acceso a todos los historiales de los pacientes, lo que le ha permitido analizarlos para desarrollar sistemas de predicción. Así, ahora tienen acceso a unos datos que aumentan su valor como empresa a la hora de ofrecer otros productos.

Este tipo de servicio es ofrecido tan solo por unas pocas compañías de EE.UU. y China, que te venden que incorporando todos tus datos a sus servicios puedes funcionar de una forma mucho más eficiente. Pero en realidad lo que están haciendo es recopilando toda la información sobre ti.

Lo que se ha producido durante la última década en la que han tenido lugar los recortes presupuestarios por la crisis económica internacional, es que las Administraciones Públicas para poder ofrecer un sistema básico de servicios han sido y son proclives a utilizar los servicios de estas empresas, que consideran más eficientes, aunque les hayan tenido que entregar nuestros datos.

Otro caso más expuesto por Morozov es la protección contra ‘hackers’ que Google y otras empresas proponen, creando y ofreciendo sus propios productos para vendernos que nos deben proteger de los fallos de sus otros productos. “La centralización del acceso a la inteligencia artificial en manos de estas compañías está creando una situación nada alentadora (…) Es una privatización por la puerta de atrás”, concluye.

Así, una de las consecuencias del capitalismo digital es que en lo que quedaba del Estado del Bienestar también está penetrando el capitalismo. “Está entrando en áreas muy importantes”, subraya. 

Un sector de la economía que sigue creciendo

Morozov afirma que hay un sector de la economía que sigue creciendo, tanto en tamaño como en capitalización de mercado: el de la industria tecnológica, que es precisamente la que fomenta el uso de los datos.

Relata que Amazon, Google, Apple, Microsoft y Facebook han crecido en el último año cerca de 1,3 billones de dólares. Y podemos ver lo mismo en China.

Hay empresas que ni siquiera cotizan, como Uber, Airbnb o Volunteer. Pero cada una de ellas tiene un valor de entre 20.000 y 60.000 millones de dólares. El capital de estas empresas proviene de fondos de pensiones, entre otros de este tipo, que piensan que estas compañías pueden ser muy lucrativas. De esta manera, según explica el investigador, construyen un modelo y lo escalan a 200 países y, mientras, destruyen las empresas locales. Es precisamente lo que hace Uber con los taxis en países como España. El modelo es muy sencillo.

“Para que Uber consiga retorno para sus inversores (inversores como el Gobierno de Arabia Saudí o Goldman & Sachs) debe asegurarse de que pueda destruir a la competencia local”, afirma. Y han tenido bastante éxito y tienen unas técnicas “bastante ruines”, dice el investigador. Se pueden permitir perder dinero hasta que acaben con la competencia. Pueden hacerlo porque atraen capital de esos grandes inversores institucionales.

Otro ejemplo es el de la empresa japonesa SoftBank, un gran fondo que aumentó gracias al dinero barato durante la crisis económica, que involucra a otras empresas en la financiación de sus compras. SoftBank tiene una deuda enorme, según cuenta Morozov. Toma dinero, lo gasta y vuelve a tomar dinero prestado, debido al bajo interés del mercado, y así llega a dominar la industria, acaba con sus competidores y domina el mercado. Después puede recuperar lo perdido.

Con el alquiler ha sucedido lo mismo. Hemos asistido a cómo barrios enteros han subido de precio y cómo aumentan los alquileres de corta estancia. Se trata del fenómeno Airbnb. Esta compañía está financiada por fondos soberanos, como los de China y Singapur, descubre Morozov, que más o menos es cómo funcionan los fondos de pensiones.

Más allá de Silicon Valley

Por otro lado, explica que para entender esta financiarización tecnológica hay que seguir el dinero más allá de Silicon Valley. “Se está creando una burbuja que hasta que estalle va a seguir creciendo y creciendo”, vaticina el escritor.

La ausencia de crítica a lo que está sucediendo lo asocia a la paradoja del desprecio europeo hacia Donald Trump, ya que la mayor parte de los políticos europeos creen que estas empresas, mayoritariamente estadounidenses, son aliadas y pueden resolver el problema del desempleo o de los cuidados. Hay muchos políticos que fomentan la idea de que la asociación con ellas es la elección natural en nuestras sociedades, como Macron o Renzi, que son “los mejores amigos de las empresas tecnológicas”, opina.

Sin embargo, el hecho de que la ciudadanía no lo perciba así, como una crisis, le perturba muchísimo: “Tenemos que tomar esta crisis y utilizarla como una oportunidad de ofrecer los servicios del Estado del Bienestar de una forma mucho más descentralizada”, aconseja. De esta manera, se trataría de aprovechar algunas de las estructuras que han aparecido con plataformas como Uber o Airbnb y darles la vuelta para que beneficie a los ciudadanos y no solo a los inversores.

Europa deberá elegir entre tecnología de EE.UU. o de China

El gigante asiático también está en la carrera de las empresas tecnológicas. Morozov pone el ejemplo de la empresa china Alibaba, que ha comprometido 10.000 millones de dólares en los próximos años para desarrollar inteligencia artificial. China tiene comprometidos 125.000 millones de dólares para el sector hasta 2030.

Además, el investigador afirma que tenemos dos grandes gigantes tecnológicos, que son EE.UU. y China. Esta última es casi autosuficiente en términos tecnológicos y tiene muchos más datos que los norteamericanos, mientras que Europa casi no aparece en este mapa. “En los próximos años Europa tendrá que elegir entre tecnología estadounidense o china”, afirma.

Por otro lado, opina que este tema tiene que ser politizado por los partidos políticos. Deben trabajar sobre cómo se financia la infraestructura y sobre cómo tener una estrategia nacional sobre inteligencia artificial. “¿Qué tipo de régimen de propiedad de datos quieren?”, se pregunta.

La alternativa: democratización del acceso a datos

Evgeny Morozov apuesta por que nuestros datos no solo puedan ser propiedad de empresas como Facebook, Google o Amazon. Una alternativa sería que pudieran ser de propiedad colectiva y que esas empresas tuvieran que pagar por ellos como hacemos los ciudadanos como individuos.

El experto piensa que una solución puede ser la democratización del acceso a los datos. “Si no lo hacemos, podemos dañar la confianza que las personas tienen en las Administraciones Públicas”, explica. En caso contrario, ¿cómo sería la política en un mundo en que un pequeño número de empresas controlan todos los servicios?, se pregunta.

También cree que tenemos un “capitalismo superelevado”, que hay cierto consumo, ciertas libertades… pero que si no realizamos ningún cambio drástico, en el sentido de descentralizar las estructuras clave, “vamos a tener problemas”. Sin embargo, deja claro que no se refiere a la renacionalización de estos servicios, asegurando que ese concepto hoy en día no se puede barajar.

Según el escritor, se está delegando poder en las empresas y deberíamos ser capaces de conectar lo digital con lo político. En este sentido, considera que el espacio clave para la libertad política a partir de ahora debe reconsiderar la versión tecnocrática. “Estamos viendo una gestión puramente tecnocrática de las fuerzas políticas”, explica Morozov, que insta a ir más allá de la pura crítica moralista humanitaria. ¿Quién las financia? ¿Para qué? ¿Desde dónde?, deberían ser, en su opinión, algunas de las preguntas imprescindibles.

El investigador no considera que el problema sea ahora la protección de nuestros datos personales, sino encontrar “dinero, ganas y esfuerzo” para hacer algo con toda esa información. “Deben ser útiles para construir un proyecto común, que se puedan aprovechar no solo por las empresas para su propio beneficio”, sostiene. Así, el escritor plantea utilizar esos datos para que tengan un servicio público sin comprometer la privacidad de las personas.

¿Quién es Evgeny Morozov?

La aparición en la escena internacional del bielorruso Evgeny Morozov supuso un soplo de aire fresco en un campo que desde hace mucho tiempo se ha caracterizado por una falta de autocrítica y una autoconcepción un tanto ‘naif’. Conocido por su punto de vista escéptico sobre la idea de que Internet está ayudando a democratizar regímenes autoritarios, afirma que igualmente se puede utilizar para aumentar la represión y la vigilancia de los disidentes.

Nacido en 1984, este investigador y escritor estudia las implicaciones políticas y sociales de la tecnología. Su primer libro ‘Net desilusion. The dark side of the Internet freedom’ (‘El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red’, en español), de 2011, supuso una revolución en la forma en que se percibía el fenómeno de Internet. En 2013 volvió a sorprender con su segundo libro: ‘To save everything, click here’ (‘La locura del solucionismo tecnológico’ en español), donde rompía con el mito de que había algo inherentemente liberador en las nuevas tecnologías.

***Las declaraciones recogidas en este artículo han sido realizadas en una conferencia llamada ‘Capitalismo digital y sus descontentos’ enmarcada en una serie de conferencias organizada por el Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid que lleva el título de ‘Seis contradicciones y el fin del presente’.

Nuria López

La tentación del control absoluto | Medios y comuni… | Página12

Carlos Valle asegura que vivimos una inusitada concentración de poder que está determinando ciertas estructuras de la sociedad que limitan el desarrollo de una sociedad plural.

La sociedad tecnológica despersonaliza no porque exija sino porque ofrece dar exactamente aquellas cosas que tornan superfluas la creatividad humana.
Paul Tillich

Según Ignacio Ramonet, “el problema no está en decir que la televisión nos manipula; el problema está en saber cómo manipula; y esto no es tan evidente”. ¿Cuál es la gravitación que los medios de comunicación tienen en la vida de la sociedad y en las personas?

Vivimos una inusitada concentración de poder que está determinando ciertas estructuras de la sociedad que limitan el desarrollo de una sociedad plural. Esta concentración es una combinación de poder económico y de medios de comunicación. Así establecen, por ejemplo, sus propias reglas de juego sobre el llamado “libre flujo de la información”. Se ha dicho que la libertad de información requiere tres condiciones: la oportunidad de acceso a todo tipo de información, una diversidad de fuentes a las cuales acceder y un sistema que provea acceso a los medios para todos aquellos que deseen o necesiten comunicarse. Se da por sentado que una democracia goza, al menos, de la primera de las tres condiciones. Pero esto bien puede ser una ilusión. Porque esta primera condición está limitada por las restricciones que las grandes compañías imponen sobre las otras dos. Cada vez más los poderes económicos se van adueñando de medios de comunicación para controlar el entretenimiento y la información.  La constante que mueve a estos gigantes es obtener el máximo beneficio. Para lograrlo, todo lo demás se subordina a ese objetivo. Por lo tanto, lo mejor es no dejar ningún eslabón de la cadena suelto. De manera que el círculo de la producción de entretenimiento e información se sujete al objetivo económico que debe estar controlado en todas sus facetas.

El auge tecnológico ha permitido, además, el desarrollo de un sistema global de vigilancia, que ha llegado a ser uno de los temas claves de la comunicación internacional. Sus orígenes se remontan a los primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y hoy, gracias al enorme desarrollo de la tecnología, una nueva teoría de la seguridad se ha puesto en marcha, del que nuestro país está asumiendo sin críticas. Es cierto que las fronteras geopolíticas han perdido su importancia para la seguridad nacional. Por ese motivo la noción de seguridad nacional se ha extendido del ámbito militar al comercial y penal, eliminando, peligrosamente, los ámbitos público y privado.

¿Cómo está afectado el libre compartir de la información, la soberanía de los países, el contacto directo entre diversos grupos de base en diferentes partes del mundo? ¿Quién se arrogará el derecho a entrometerse en el ámbito local, nacional y regional, y manejar la información a su antojo? ¿Cómo atenta contra los derechos humanos y la democracia participativa? Hay que indagar sobre el lugar que los seres humanos juegan en todo el desarrollo de la comunicación global. Porque, en última instancia, son las personas quienes resultan afectadas por las decisiones tomadas por países hegemónicos o grupos de poder en el ámbito global. Al mismo tiempo deberá tenerse en cuenta cómo las regulaciones en el ámbito internacional pueden afectar las posibilidades de una comunicación creativa y saludable. La mayoría de las estructuras comunicativas de muchas de nuestras sociedades responden a los grandes conglomerados económicos, ya sea porque son sus propietarios o sus sostenedores. De manera que los criterios de la información que proveen están sustentados en la preservación de la propiedad de esos medios y sus beneficios. ¿Cómo es posible entonces que el pueblo encuentre un lugar para expresar su voz en el nuevo escenario de la comunicación?

Para responder a estas preguntas habrá que pensar cómo se debería trabajar para estructurar una sociedad cuya autoridad esté al servicio de la gente y el poder se redistribuya a fin de que una verdadera participación dé lugar a una auténtica comunicación.

* Comunicador social. Ex presidente de la Asoc. Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

A través de La tentación del control absoluto | Medios y comuni… | Página12

Web semántica: el resurgir de una vieja y brillante idea

La tecnología y el universo online están constantemente reinventándose. El terremoto digital se revoluciona a sí mismo varias veces al año. Sin embargo, las raíces de este mundo online e hiper-comunicado están en el pasado; y una serie de ideas recurrentes se repiten desde entonces. La web semántica es una de ellas. Así es como está ayudando a la inteligencia artificial y a los sistemas de control por voz.

El lenguaje, lo más natural posible

“La voz es natural, es nuestra forma de comunicarnos. La llevamos utilizando durante cientos de miles de años. Y ahora la estamos usando para cambiar la forma con la que intercambiamos información con las máquinas”.

Para Max Amordeluso, lead evangelist de Amazon, el futuro de la conversación con las máquinas pasa por conversar con ellas igual que lo hacemos con el resto de seres humanos. Es cierto que el producto más revolucionario de Amazon, Alexa, combina voz e inteligencia artificial para intentar (re) evolucionar la forma en que conversamos con nuestros dispositivos. Pero eso no le resta importancia a la afirmación de Amordeluso.

“El gran problema – continúa el ejecutivo de Amazon en una charla durante el 4YFN 2018 en Barcelona – es que a las máquinas no se les da bien la desambiguación”. Desde pequeños, los seres humanos (hispanohablantes) aprendemos que, si nuestros padres nos piden que compremos una barra, probablemente no se refieran a la del bar. O si nos dicen que le demos de comer al gato, lo más seguro es que no quieran que busquemos nada en el garaje (ni alimentemos a un madrileño). Usamos el contexto para concretar el significado de las palabras y no nos cuesta apenas esfuerzo.

Para las máquinas, sin embargo, es una tarea complicada. Si los sistemas de reconocimiento por voz tienen que aprender a comprender el llamado lenguaje natural, y, de hecho, ya lo están haciendo, necesitan procesar mucha más información que el significado de la palabra en el diccionario. Aquí es donde una ambiciosa idea caída en desuso está echándoles un cable a desarrolladores y programadores.

La web 3.0 que nunca llegó (o sí)

Corría el año 2001 cuando el padre de Internet, Tim Berners-Lee, junto a James Hendler y Ora Lassilla, bautizaba en la revista Scientific American la web semántica. Le ponía nombre así a una idea que llevaba años rondando por el mundo informático, tan antigua como las primeras propuestas de hipertextos desarrolladas en los años 40 del siglo XX, durante la segunda Guerra Mundial.

La web semántica, también conocida como web 3.0, reúne una serie de tecnologías para publicar datos legibles por aplicaciones informáticas, por máquinas. Estos datos incluyen datos semánticos y ontológicos que describen el contexto, el contenido y la relación entre los propios datos. El problema principal de esta idea es que, hoy por hoy, es imposible adaptar todo el contenido de Internet para que sea semántico. Además, el volumen de datos que se genera por cada documento online se dispara.

Así, la web semántica no terminó de ser todo lo disruptiva que se pretendía. Su nombre se perdió en las nieblas de la revolución digital. Y, sin embargo, las tecnologías semánticas están a la orden del día en los principales buscadores como Google, Bing o Baidu, las redes sociales, los sistemas de inteligencia artificial y análisis de datos como Watson (IBM) o, como hemos visto, las plataformas de control por voz, como Alexa, Cortana (Microsoft) o Siri (Apple).

El renacimiento de la web semántica

“Las buenas noticias son que hoy existen evidencias de que la web semántica está emergiendo de forma acelerada. Lejos de la idea ambiciosa de un principio, pero a través de pequeñas versiones de sí misma y de los asistentes inteligentes”, explica Peter Sweeney, fundador de la compañía de inteligencia artificial Primal, en un artículo publicado en Medium.

La clave está en la necesidad de que las máquinas entiendan el lenguaje natural. Es decir, que entiendan nuestras órdenes, aunque estén llenas de ambigüedades y estructuras coloquiales. Para ello es esencial el concepto de linked data o datos enlazados, una evolución más asequible de la web semántica. Esta tecnología se centra en crear bases de datos abiertas, distribuidas y descentralizadas interconectadas entre sí.

“Los datos enlazados abren la puerta a que las máquinas combinen información de formas muy complejas”, continúa Sweeney. A más información compleja, más contexto, más matices y mejor comprensión. Y así es como una idea caída en desuso ha impregnado la revolución de la inteligencia artificial y ha reforzado nuestra comunicación con las máquinas, ayudando a que estas entiendan, cada vez mejor, nuestro lenguaje imperfecto y ambiguo.

Hablando con la cafetera

Más y más personas conectadas y conversando a través de Internet y miles de millones de objetos haciendo lo mismo. Este es el presente de la red. En el futuro cercano, los números parece que no van a dejar de crecer. En este mundo de cantidades inimaginables de datos, la inteligencia artificial se hará cada vez más inteligente. Cuanta más información reciban las máquinas y sus algoritmos, más eficientes se volverán.

La web semántica o, mejor, las tecnologías derivadas de este concepto y las bases de datos enlazados ganarán fuerza. El volumen de linked data no ha dejado de aumentar en los últimos años: gigantes como Google o Facebook apuestan por las bases de datos semánticas para mejorar sus productos; y los asistentes inteligentes como Cortana, Siri, Google Now o Alexa han asumido los principios de la web semántica para aprender el lenguaje humano.

Además, parece que no hay vuelta a atrás. “Pensemos una cosa. Hoy por hoy, tenemos ya una generación completa de gente joven que está haciéndose mayor asumiendo que siempre van a poder hablar con sus dispositivos, hablar con su casa”, reflexiona Max Amoderluso, de Amazon. Quién sabe si llegará un día en que quien mejor nos sepa escuchar sea nuestra cafetera. ¿Nos acordaremos entonces de la web semántica?

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El poder de Google y Facebook. | Página12

Inteligencia colectiva y la “economía de la atención”
El poder de Google y Facebook.
Estas dos empresas globales que no existían hace dos décadas se cuentan hoy entre las más ricas y poderosas del mundo. La industria de los datos generaría una facturación cercana a los 250 mil millones de dólares en 2018.
Por Esteban Magnani

Es ya célebre la referencia de Karl Marx a la acumulación originaria, el período histórico que habría permitido reunir el capital inicial que, según algunas interpretaciones, echaría a rodar el capitalismo en su forma normal. El filósofo desarrolló particularmente cómo se cercaron campos antes comunales por parte de algunos pocos terratenientes, pero también menciona otras formas como el esclavismo o lo que hoy llamaríamos “extractivismo” de las colonias. Numerosos autores señalan que estos fenómenos en los que unos pocos se apropian de un recurso que antes era de todos lejos de ser una rareza, son más bien parte de los mecanismos habituales del sistema. Al aplicar esta mirada sobre la economía, los ejemplos son numerosos: apropiación de saberes medicinales ancestrales ahora patentados, sobreexplotación de los suelos que genera riquezas en el corto plazo y desertificación en el mediano, privatización de las mejores playas por cadenas hoteleras que disminuyen el interés por posadas cercanas.

Hay quienes ven una mecanismo más sutil y ligeramente diferente en el ámbito digital. Vínculos que antes funcionaban en el mundo analógico como la amistad o las preferencias musicales, al pasar al reino digital se transforman en datos, los cuáles, a su vez, se vuelven “monetizables”. Lo hacen de distintas maneras: por ejemplo, al conocer los vínculos e intereses de las personas, las redes sociales pueden vender publicidad dirigida. En lo que habitualmente se llama la “economía de la atención”, resulta fundamental la producción de contenidos que realizamos para mantener el interés de otros en las redes sociales, lo cuál, a su vez, les permite venderla a quienes pagan por colocar publicidad.

También se podría decir que todos trabajamos para Google al hacer búsquedas ya que de esta manera se acumula lo que algunos definen como “inteligencia colectiva” que permite ordenar el (casi) infinito material disponible en la red y jerarquizarlo de acuerdo a su relevancia. En un texto llamado El algoritmo PageRank de Google, el filósofo Matteo Pasquinelli, explica cómo esta fórmula matemática (de más de dos mil millones de líneas de código) es capaz de registrar las búsquedas que se hacen, segmentarlas, registrarlas y de esa manera aprovechar la inteligencia colectiva para una tarea titánica. El trabajo automatizado que hacían los buscadores anteriores resultaba tosco sin la colaboración (inconsciente en general) de los seres humanos. Según Pasquinelli, “Google es un aparato parasitario de captura de valor producido por la inteligencia social general” que luego se transforma en dinero por medio de la publicidad.

Son tan brutalmente eficientes estos nuevos mecanismos que empresas como Facebook y Google que no existían hace dos décadas se cuentan entre las más ricas y poderosas del mundo. Al registrar valores como la amistad o nuestros intereses, estas empresas transforman datos en dinero. Según pensadores como David Harvey, esta economía del conocimiento solo es posible gracias a la inversión en educación realizada por el Estado de Bienestar, el mismo que se recorta sistemáticamente en el mundo neoliberal.

En este contexto, ¿no deberían estas empresas invertir en mantener esa inteligencia colectiva que los nutre?
Impuesto al dato

En sus declaraciones de ingresos, Facebook calcula que un usuario de América del Norte reditúa unos 70 dólares anuales a la empresa, unas cinco veces lo que vale uno del tercer mundo, aunque ambas cifras vienen creciendo gracias al control cada vez mayor que, junto con Google, tienen sobre la publicidad online (si bien la torta publicitaria en el mundo crece, estas empresas están comiéndose una parte que antes llegaba a los medios locales). En un reciente artículo del New York Times “Es hora de gravar a las empresas por usar nuestros datos personales” de Saadia Madsbjerg, directora de la Rockefeller Foundation, se calculaba que la industria de los datos generaría facturaciones cercanas a los 250.000 millones de dólares en 2018; un impuesto de 0,8 por ciento generaría cerca de 2000 millones de dólares anuales. Según el artículo, paradójicamente, ese dinero podría usarse para mejorar la privacidad de los datos.

No se trata de un caso aislado. El creciente poder de los grandes jugadores de internet no solo en el mercado, sino también como herramientas políticas (no siempre controlables), levanta cada vez más voces para ejercer algún tipo de control. Google controla cinco de las más importantes plataformas de la web: búsqueda, video, mapas, navegador y sistema operativo de celulares. Hace algunos años, empresas como AT&T o Microsoft eran obligadas a dividirse o permitir mayor competencia; justamente estas intervenciones permitieron surgir a Google y Facebook. Por lo pronto, estas empresas invierten cada vez más en lobby y hay quienes ya las consideran incontrolables para el poder político.

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¿Cómo pudo Moscú “comprar” la multimillonaria industria electoral de EE.UU. por un puñado de rublos? – RT

Parece que los tecnólogos políticos rusos ya están “años luz” por delante de sus colegas estadounidenses si pudieron “comprar” a un presidente por el precio de una villa española, ironiza el escritor Robert Bridge.

Esta semana los “titanes de los medios sociales” explican a los senadores cómo ha logrado Rusia “comprar” las últimas elecciones presidenciales de EE.UU. a un precio “casi regalado”, ironiza el escritor y periodista Robert Bridge en su columna para RT.

Los representantes de Facebook, Twitter y Google, que han sido citados al Congreso para responder a preguntas sobre la “injerencia rusa” en dichas elecciones, contestaron afirmativamente este martes a la pregunta sobre la existencia de dicha interferencia, y la condenaron. Sin embargo, Facebook cifró en un 0,004 % el porcentaje total de anuncios políticos provenientes de Rusia en el periodo electoral, mientras que YouTube, que pertenece a Google, habla de 1.100 videos y Twitter del 0,74 % de los tuits en ese periodo.

¿Los tecnólogos políticos rusos ya están años luz adelante?

“Parece que los tecnólogos políticos rusos ya están años luz delante de la manada de lobos en lo que se refiere al proceso electoral, que ―francamente hablando―, ha sido siempre un asunto sucio”, escribe Bridge. Rusia, que recién hace poco se deshizo de las “telarañas del comunismo” creó “un juego de tronos democrático con una precisión tan impecable que ahora puede comprar a cualquier candidato político por el precio de un auto deportivo alemán o una villa española“, bromea.

“Los ejecutivos tendrán que explicar, con el semblante perfectamente serio, que las publicaciones respecto a las elecciones ‘vinculadas a Rusia’ (lo que sea que eso signifique) constan de menos del 1 % de las publicaciones”, escribe el periodista, agregando que “es difícil comprender” cómo tal insignificante cantidad podría haber tenido “un impacto mínimo” en las elecciones de EE.UU., que es una industria de miles de millones de dólares que incluye numerosos eventos electorales por todo el país.

“La habilidad de Rusia para dirigir” las elecciones se vuelve aún más “fantástica”, considerando que, según Facebook, más de la mitad de las publicaciones fueron hechas después de las elecciones, y un 25 % de las mismas nunca fueron mostradas a nadie, señala Bridge.

El efecto hipnótico de la ‘injerencia rusa’

Lo que el consejero general de Facebook, Colin Stretch, llama una “nueva amenaza” es en realidad la misma cantidad miserable” de publicaciones que se puede esperar de cualquier otro país, sea Lituania o Libia, por ejemplo, con la diferencia de que nadie investiga la ‘trama’ proveniente de tales países, lamenta el periodista.

Es que la frase “injerencia rusa” tiene “un efecto casi hipnótico haciendo que los neoconservadores estadounidenses quieran bombardear algo, lo que sea“, explica. Así que en los próximos días muchos de los políticos estadounidenses contemplarán este “show al estilo de McCarthy”, determinados a aprender “cómo Rusia pudo servir como un “hacedor de reyes” en el sistema político de EE.UU.

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Google y una red financiada por Soros se unen para controlar resultados en búsqueda de noticias – RT

El acuerdo, que creará un “banco de tiempo” de ingeniería y acceso gratuito a herramientas de supervisión social, busca lograr una “mejor verificación de datos” y “un mayor control de los hechos en todo el mundo”.

[…] Anderson añadió que a través de asociaciones con organizaciones como la IFCN, se espera brindar a las personas una mejor comprensión de la información a la que están a punto de acceder mediante un clic en línea.

El acuerdo con Google News Lab, establecido por un año, también ofrecerá nuevos recursos para los verificadores de datos existentes, incluyendo un “banco de tiempo” de ingeniería y acceso gratuito a herramientas de supervisión social, verificación y visualización, informó por su parte el Instituto Poynter.

“En momentos de desinformación masiva en línea, necesitamos más y mejor verificación de datos. El apoyo de Google News Lab permitirá a la IFCN fomentar un mayor control de los hechos en todo el mundo, al tiempo que ayudará a mejorar los estándares y el impacto de las iniciativas existentes”, dijo Alexios Mantzarlis, director de la IFCN en Poynter.

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