Archivo de la categoría: Agroquímicos

AntiOGM, si no tienes argumentos: invéntalos. | Amigos de la Tierra | Tomates con genes

[cita] Una de las cosas que vienen notándose en el debate social sobre los transgénicos (el científico no ha existido nunca), es que los que defienden los argumentos antitransgénicos ya no saben que decir. Alertar sobre el peligro de esta tecnología podía tener sentido hace 20 años, cuando la gente no sabía lo que era y se trataba de algo nuevo. A día de hoy, con 20 años en el campo, con nuevas variedades cada mes y sobre todo cuando cada vez hay más información sobre el tema que no está sesgada, cada vez se hace más complicado mantener esta posición.

Prueba de ello es un reciente reportaje publicado en el portal Xataka sobre los conflictos de interés en los estudios sobre los OGM. Por un extraño motivo todos los periodistas caen en el manido principio de equidistancia, según el cual hay que dar la misma voz a expertos en el tema y a gente que pertenece a organizaciones ecologistas cuya mayor experiencia es poner pancartas. El problema es que cuando estos dicen algo que no es cierto, se publica tal cual, con lo cual el periodista falla en su labor de transmitir información veraz. [fin de cita]

Origen: AntiOGM, si no tienes argumentos: invéntalos. | Amigos de la Tierra | Tomates con genes

El negocio de la soja en Paraguay.

[cita] La soja es la gallina de los huevos de oro de Paraguay. El apuntalamiento del modelo agroganadero exportador ha hecho de ésta, junto a la carne bovina, el principal rubro de la escasa canasta exportadora y por tanto el primero en la generación de divisas. El desarrollo del sector, sin embargo, ha sido beneficioso para pocos. Si bien se trata de una actividad económica con participación en el 40% del PIB paraguayo, los ingresos obtenidos se encuentran tan fuertemente concentrados que a su vez, en lugar de generar mayor provecho para la economía local, sólo han impulsado el auge financiero e inmobiliario del país.

El 22 de junio pasado, el Senado de Paraguay resolvió por 24 votos a favor aprobar el proyecto de ley que grava la exportación de soja. La medida generó de inmediato el rechazo en las élites agroexportadoras que buscan aumentar sus beneficios económicos sin tener que pagar más por ello. La presión política y el anticipado veto del ejecutivo hicieron posibles cambios al proyecto, entre los principales: reducir la tasa del tributo del 15% al 10%, así como la exclusión del maíz y del trigo en la aplicación del impuesto, para dejar solamente a la soja en estado natural.

Algunos datos relevantes a tener en cuenta para entender el peso y la concentración en pocas manos de los beneficios de este sector:

– El 80% del suelo cultivable de Paraguay está sembrado de soja.

– El 71,3% de esos mismos terrenos están controlados por el 1% de los terratenientes del país según el informe “Desterrados: Tierra, Poder y Desigualdad en América Latina”, de OXFAM (2016)[1], así como ha sido expuesto en los propios censos agrícolas y con reiteradas denuncias de parte de las centrales campesinas paraguayas.

Se trata de un negocio provechoso para la agricultura empresarial beneficiada por toda clase de incentivos, exenciones fiscales y la carencia de controles sobre la normativa ambiental y laboral, pero que no genera ningún beneficio a los que trabajan la tierra con sus manos. [fin de cita]

Origen: http://www.celag.org/el-negocio-de-la-soja-en-paraguay/

“Tenemos activismo terrorista antitransgénicos pagado por el estado”

[cita] José Miguel Mulet es bioquímico, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas. Es uno de los científicos más presentes en medios de comunicación y en las redes. Rotundo, didáctico y muy irónico, ha protagonizado algunos debates encendidos. El último en televisión, contra Mercedes Milá, desmontando los argumentos de un libro sobre alimentación que la presentadora defendía. Después de su premiado Comer sin miedo, ahora publica el controvertido Transgénicos sin miedo (editorial Destino), donde los defiende con centenares de datos. Sus explicaciones no dejan indiferente. [fin de cita]

Origen: “Tenemos activismo terrorista antitransgénicos pagado por el estado”

La agricultura ecológica: para gente que cree en Santa Claus.

Fuente original: http://www.losproductosnaturales.com/2013/07/la-agricultura-ecologica-para-gente-que.html

La agricultura ecológica: para gente que cree en Santa Claus.
A veces he criticado que los razonamientos que hacen los defensores de la agricultura ecológica son pueriles, infantiles. Pensar que porque algo lo cultives de acuerdo con un reglamento y solo le pongas insumos naturales va a ser más sano es el tipo de razonamiento que hace la gente que piensa que si se le cae un diente viene el ratoncito pérez. Asumir que la agricultura ecológica, con la caída de producción, puede ser una alternativa viable es pensamiento propio de un niño de 11 años. Creo que este vídeo comfirma mis impresiones:

Niño de 11 años destruye a Monsanto.

Hala, id a que el granjero os presente a la vaca y luego os la comeis. Lo que no explica es si el niño también participa en la matanza. Lo dicho, razonamientos simplistas, propios de un niño de 11 años, pero no de un científico. Ciencia para gente que todavía cree en los reyes magos.
Y los organizadores de las TED se lo podrían hacer mirar, bastante tuvimos con la TED Valencia women, que parecía aquello un congreso de “Ciencia y Espíritu”. Por cierto, viendo el vídeo no he podido pensar en este otro. ¿veis mucha diferencia entre el vídeo de arriba y el de abajo? Ya sabeis lo que pasa cuando la ciencia se pone en segundo plano en favor de la religión ya sea cristiana o verde.

Why religion is child abuse.

“Hemos vivido 30 años de descampesinización.”

Fuente:

http://infouniversidades.siu.edu.ar/noticia.php?titulo=armando_bartra:_%93hemos_vivido_30_a%F1os_de_descampesinizacion%94&id=1079

Universidad Nacional de Córdoba
Centro de Estudios Avanzados
10 de Enero de 2011

Armando Bartra: “Hemos vivido 30 años de descampesinización”

El sociólogo mexicano y especialista en desarrollo rural Armando Bartra se refirió a la necesidad de volver a pensar la actividad agropecuaria en función de satisfacer el mercado interno más que en el agronegocio exportador. En esta entrevista con InfoUniversidades, Bartra analiza las causas y consecuencias de una crisis que abarca desde lo económico y energético hasta el medio ambiente y los cambios de hábitos alimentarios, entre otros diversos aspectos.

En entrevista con InfoUniversidades, el sociólogo mexicano plantea y analiza en profundidad la existencia de una crisis de orden planetaria con aristas económicas, climáticas, alimentarias y energéticas, vinculada al modelo de explotación agropecuaria basado en la exportación de productos que deberían destinarse al consumo interno de los países.

En este sentido, Bartra postuló que el problema de la agricultura en el mundo se relaciona con una crisis alimentaria, que no perjudica a los productores ni a los comercializadores sino a los consumidores, que se vieron cada vez más empobrecidos. “El desmantelamiento del mercado interno, pensando sólo en las ventajas de la agroexportación, nos puso un límite”, explica el especialista, y agrega que “la crisis alimentaria está mostrando que los países que no tienen capacidad para producir sus propios alimentos, aún si poseen economías lo suficientemente fuertes como para comprarlos, están realizando un mal negocio porque los alimentos se han vuelto muy caros”.
-¿Cuál es el impacto económico de la actividad campesina en México?
-Si uno se fija en el PBI, podría sostenerse que la agricultura es una actividad marginal, con una participación del tres o cuatro por ciento. Sin embargo, esa pequeñez es engañosa, porque el campo absorbe cerca del 16 por ciento de la población económicamente activa. Es decir, directa o indirectamente, trabajan en la producción primaria o en la agrotransformación, 16 de cada 100 trabajadores activos. Asimismo, uno de cada tres mexicanos vive en el campo y dos de cada diez trabajan en él. En términos de población y de ocupación es importante, aunque sólo tres o cuatro pesos de cada 100 se producen en él.

Por otra parte, debemos preguntarnos por los 97 pesos restantes. Lo que tenemos allí es una producción de publicidad y diversión chatarra, de bienes de consumo suntuarios de altísimo precio, que no satisfacen necesidades fundamentales o básicas. Es decir, la economía mexicana tiene un importante sector de negocios que aporta muy poco al país. En cambio, en ese tres o cuatro por ciento de PBI que corresponde a la agricultura, se encuentran los alimentos.

-¿Y en términos de medio ambiente?
-En México, como en muchos países, la agricultura campesina contribuye con el medio ambiente. Del campo viene el aire puro, el agua limpia, la tierra fértil. En él se sostiene la diversidad biológica, aporta climas templados, paisaje, cultura e identidad. Es un portador de bienes más valiosos que ciertas mercancías chatarras. Y esto debemos ponerlo en la coyuntura de una crisis que no es sólo económica, sino también medioambiental. Una crisis relacionada con el cambio climático, en la que lo único garantizado es la incertidumbre.

-¿Incertidumbre, en qué sentido?
-Me refiero a la precipitación pluvial, a la duración de las sequías, o a la intensidad de los huracanes. Cuando una actividad como la agropecuaria se vuelve incierta, ya sea por el mercado o por los precios, y más por la realidad del cambio climático, lo que deberíamos hacer es asegurar una producción agropecuaria sólida y capaz de enfrentar esa situación. Y la agricultura capaz de afrontarla no es la que hemos desarrollado con monocultivos especializados que dependen de agroquímicos y semillas mejoradas, en muchos casos, transgénicas. Entonces, desde esta perspectiva, la agricultura es un sector estratégico en toda América Latina, porque una de las dimensiones de la crisis, el cambio climático, está poniendo en riesgo la alimentación del planeta.

-¿Cómo se vincula esta crisis con el consumo de energía?
-Consumimos más energía en los últimos 20 años que en toda la historia de la humanidad. Desde hace algo más de dos siglos utilizamos el carbón, el petróleo y el gas como fuentes de energía, pero se trata de recursos limitados ya que existen en la naturaleza a partir de procesos geológicos definidos, y se están agotando.
Extraemos petróleo de lugares cada vez más profundos, en condiciones cada vez más incómodas y, por lo tanto, más costosas. En estas condiciones, producir combustibles es más caro y, por lo tanto, el rendimiento energético del petróleo disminuye. Cada vez hay que utilizar más energía para producir la misma cantidad de energía. Esto pone un límite al sistema. El capitalismo no puede continuar siendo lo que ha sido en los últimos 200 años. No estamos hablando de una crisis de sobreproducción que dura un año y medio o dos, y después se remonta. En este contexto, la agricultura es una actividad que compró el modelo energético del resto de la economía, en el sentido del uso abusivo de químicos y agroquímicos de origen petrolero.

-¿Qué rol juega la agroindustrialización en este contexto?
-Hay bienes que podíamos consumir en forma directa o con una transformación relativa, pero los convertimos en productos chatarra, resultado de procesar granos una y otra vez, lo que implica un gasto de energía, además de un incremento en el precio y la pérdida de la calidad nutricional. Si a esto agregamos la lógica según la que la única actividad económica importante es aquella que sirve para la exportación, entonces estamos pensando que los productos agrícolas deben ser enviados a mercados internacionales, que habitualmente son remotos. Se produce en Argentina o México lo que se va a consumir en Europa o en Asia.

Es absurdo pensar que los productos agrícolas -que podrían ser de consumo local- deban ser comercializados a grandes distancias, sobre todo cuando el costo de los energéticos es muy elevado. Entonces, también por cuestiones de energía el modelo agrícola está contraindicado.

-Este incremento en la exportación de alimentos, ¿responde a un cambio en los hábitos de alimentación que se viene registrando en países remotos?
-Sí, y el caso de la carne es paradigmático. Argentina ya es una cultura consumidora de carne, pero hay pueblos enteros como India y China, que están cambiando sus hábitos en el consumo de carnes y lácteos. Esto ocasiona que se derive una parte de la producción agropecuaria hacia el alimento de ganado, utilizando granos de consumo humano para la producción de forraje, cuestión que en situaciones de escasez relativa es absurda.
Entonces, también existe un modelo agrícola exportador que piensa en función de una actividad pecuaria sobredimensionada, con hábitos de consumo encaminados hacia las carnes rojas. Pero es inviable pensar en sostener a la población mundial consumiendo carnes rojas.

-¿Qué grado de conciencia de organización hay en los campesinos en México y Meso América?
-Existe un cierto grado de organicidad, pero no siempre hay resultados exitosos de las luchas campesinas. En los últimos 30 años imperó una visión de lo que debían ser la sociedad y la economía, muy contraria a la pequeña y mediana actividad agropecuaria, sobre todo a la de consumo local. Se impulsó la actividad agropecuaria a gran escala, agroexportadora y el agronegocio. Esto implica que vivimos 30 años de descampesinización. Aun así, en México hay algunos millones de unidades familiares de producción pequeña y mediana que siguen siendo campesinos y quieren continuar así; están organizados y pelean por cambios en las políticas públicas.

-¿Han logrado algún avance en este sentido?
-En los últimos años hubo un cambio de enfoque en las políticas públicas, no sólo de los gobiernos sino de los organismos multilaterales, los mismos que impulsaron la importación de alimentos y la producción de bienes exportables. Ellos impulsan la producción alimentaria campesina, pequeña y mediana. Me refiero a la FAO, el FMI y el Banco Mundial, quienes promovieron la descampesinización a nivel global y hoy bregan por apostar a la agricultura, al mercado interno, a la pequeña y mediana agricultura. De algún modo, es un triunfo de este modelo, de esta idea campesina de que se debe producir lo que comemos, pero es un triunfo que debe remontar una prolongada política de destrucción del campo que, a estas alturas, tiene ya 30 años.

Acerca de Argentina.

Para Armando Bartra, la situación agraria argentina es tan complicada como la de todos los países de América Latina, donde se combinan dos factores: productos agrícolas a precios muy altos y rentabilidad de la actividad.

En el caso argentino, con un modelo agrícola extensivo y la soja en particular, afloran tres grupos de interés diferentes que se benefician de la explotación agropecuaria: el dueño de la tierra, el contratista que desarrolla los cultivos y el inversionista.

Según el sociólogo, el problema agrario es grave en toda América Latina, pero la particularidad de Argentina radica, ya no en la existencia de un vasto número de campesinos, sino en la presencia de “un sector empresarial, una oligarquía agraria más que terrateniente, porque en muchos casos son inversionistas agrícolas y no terratenientes. Un grupo de interés enormemente poderoso, que ha ganado mucho dinero y quiere continuar haciéndolo, pero al que no le interesa compartirlo a través de las finanzas públicas con el resto de la Nación”.

Armando Bartra es docente e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de México. Dirige el Instituto para el Desarrollo Rural Maya y coordina la Jornada del Campo, suplemento informativo del diario La Jornada de México. Fue invitado por el Centro de Estudios Avanzados de la UNC y disertó sobre “El campo frente a la gran crisis. Mercancías, fetiches y contradicciones externas del capitalismo”.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Mariana Mendoza y Eliana Piemonte
Prosecretaría de Comunicación Institucional
Universidad Nacional de Córdoba

Trabajo rural digno o esclavo: un debate ideológico.

Fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160137-2011-01-09.html

Trabajo rural digno o esclavo: un debate ideológico.

Por Carlos A. Tomada *

Es muy grave que todavía existan prácticas esclavizantes y serviles en el trabajo. Y resulta indignante que haya quienes justifiquen estas prácticas.

Acabo de leer en un diario –influyente por cierto– que las graves denuncias sobre casos de esclavitud deben ser investigadas “sin contaminaciones políticas e ideológicas”. Esto resulta un contrasentido, porque esas prácticas se sustentan, precisamente, en fundamentos políticos e ideológicos. Es desde ese mismo lugar en donde hay que encontrar la solución del problema. A una política de explotación se la combate con una que propicie derechos, obligaciones y regulaciones. A una ideología que tiene como valor supremo la rentabilidad a cualquier precio y el desdén por el trabajo, se le debe contraponer una que se fundamente en el trabajo como derecho humano de ayer, de hoy y de siempre.

Es inadmisible aceptar o defender el trabajo en términos de servidumbre o esclavitud. Es inaudito que en 2011 haya quienes todavía quieran seguir desarrollando su actividad empresaria de esta manera.

Esto es lo que vinimos a combatir con la gestión iniciada desde 2003 por Néstor Kirchner. Lo hicimos y lo hacemos de la misma manera que lo venimos planteando con el trabajo infantil y con la informalidad laboral. Por eso pusimos este debate sobre la mesa cuando no era materia de discusión y se habían “naturalizado” estas prácticas indecentes. Por eso la prédica y la didáctica sobre los beneficios de la registración y sobre los derechos de los trabajadores. Por eso la recuperación de la inspección laboral. Por eso desde el Ministerio de Trabajo venimos recorriendo el país con otros organismos del Estado. ¿Falta aún? Sí, falta seguir profundizando para que todos se sumen a esta cruzada. Son más de 30 años de retroceso. Desde mediados de los ’70 hasta el 2003 el empleo en negro, ilegal, sin protección creció permanente, año tras año. Ahora que retrocede, ahora que de 10 puestos de trabajos que se crean, ocho son en blanco, hay que redoblar la fiscalización. Es un buen ejemplo la tarea que venimos haciendo en forma conjunta con el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires. ¿Falta? Sí, sigue faltando todavía. Por eso es que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner envió al Congreso una nueva ley de trabajo rural que evite la explotación, que mejore los controles, que restablezca equilibrios.

Por suerte están los que desarrollan su actividad económica en forma correcta y organizan la producción de manera rentable con trabajo decente. Tenemos que tener en claro el problema: esto no es un hecho aislado, es una práctica permanente de algunos con la que hay que terminar. Así lo hemos ido detectando en varias provincias, ciudades y establecimientos. Porque desgraciadamente también están los que quieren “ideológicamente” trabajar en el pasado; sin leyes, sin obligaciones, sin considerar la dignidad de los trabajadores.

Que nadie se llame a engaño. Esto que se visualizó en San Pedro y Ramallo es gravísimo. No tiene ninguna justificación. Aunque haya editoriales que quieran hacerlo basándose en la ley vigente. Otra vez “lo” político. Esa es una ley sancionada, en respuesta a intereses y concepciones decimonónicas, por la dictadura militar con la firma de Videla y Martínez de Hoz. Sin comentarios. Por eso, la Presidenta envió en 2010 al Parlamento una ley que equipare los derechos de los trabajadores rurales a los de todos los trabajadores.

Vamos a actuar con todo el rigor de la ley (porque fue nuestro gobierno el que sancionó la Ley 26.364 sobre el delito de trata de personas), porque nuestro proyecto tiene convicciones políticas, que se sustentan en la justicia social, la ampliación de derechos, la reparación de la deuda social y en más y mejor trabajo para todos y todas. A eso no pensamos renunciar.

* Ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.

Soja en el Delta del Paraná.

Fuente:

http://catanpeist.blogspot.com/2010/12/soja-en-el-delta-del-parana.html

DOMINGO 19 DE DICIEMBRE DE 2010

Soja en el Delta del Paraná

La expansión de la frontera agrícola empujó buena parte de la ganadería a la zona de las islas del Río Paraná por las dificultades del terreno que impiden la llegada de maquinarias y camiones necesarios para el funcionamiento de la agricultura.
Fue así que durante meses, los rosarinos tuvimos que soportar el humo por la quema de pastizales destinados a renovar las zonas de pastoreo.
Pero la exuberante riqueza de esa tierra sumado a condiciones de tiempo sumamente benignas hicieron que capitales holandeses y chilenosdecidieran volver a insistir en el alquiler de 10 mil hectáreas (el año pasado la creciente inundó la zona que ellos habían sembrado) ubicadas frente a Villa Constitución.
Desgraciadamente los terrenos fiscales que estos okupas VIP siembran, son administrados por la poco transparente Municipalidad de Victoria de la Provincia de Entre Ríos.
Entre Ríos, como poseedor de gran parte del delta del Paraná, debería seguir los pasos dados hace pocas semanas por la Provincia de Santa Fe, la cual por medio de una Ley promovida por la Diputada Socialista Mónica Fein transfirió 2.900 hectáreas, ubicadas frente a Puerto Gaboto, al Estado Nacional creando así nuestro 38º Parque Nacional destinado a preservar la flora y fauna del temible glifosato.
Poder se puede, solo es cuestión de querer.