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Lula da Silva a Correa: “La élite de América Latina no quiere democracia”- Videos de RT

Fuente original: Lula da Silva a Correa: “La élite de América Latina no quiere democracia”- Videos de RT

En esta nueva edición de ‘Conversando con Correa’, el expresidente de Ecuador dialoga con Lula da Silva, expresidente progresista de Brasil y líder del Partido de los Trabajadores. La conversación entre ambos profundiza en las dificultades históricas y políticas que han afectado a América Latina –en especial en su relación con EE.UU.– y en su necesidad de seguir luchando para mantener la dignidad social frente a cualquier intento de sometimiento.

Este encuentro entre Luiz Inácio Lula da Silva y Rafael Correa es también el encuentro entre dos expresidentes latinoamericanos progresistas, lo cual propicia, ciertamente, una lectura compartida del presente político basada en la experiencia directa de los problemas políticos de la región.

Correa recibe a Lula con una pregunta introductoria tan amplia como indispensable. Después del fulgurante progreso de Brasil durante los gobiernos progresistas del Partido de los Trabajadores (PT), de su éxito indiscutible en la reducción de los niveles de hambre y de pobreza, y de la considerable estabilidad democrática alcanzada en ese periodo, sobreviene la injusta “defenestración” sufrida por los dirigentes del PT: la persecución política de Lula y el ‘impeachment’ de Dilma Rousseff “basado en calumnias”, tal como señala el propio Correa. En añadidura, los dirigentes actuales aparecen salpicados por casos de corrupción al más alto nivel. “¿Qué ocurre con nuestro querido Brasil?”, pregunta Correa.

“Brasil lo tenía todo, para estar consolidando su democracia –explica Lula–. Todo empezó muy bien, hasta que empezaron las manifestaciones del 2013”. En opinión del expresidente brasileño, su país “estaba en una posición privilegiada, formaba parte de los BRICS, se había convertido en un protagonista internacional, y creo que los estadounidenses no estaban acostumbrados a ver cierta independencia por parte de América Latina”.

“En todo caso, los logros fueron extraordinarios”, apunta Rafael Correa, que considera “desconcertante” el rumbo posterior de los acontecimientos, y lamenta que “el resto de América Latina y el resto del mundo mirase hacia otro lado” ante las injusticias cometidas en Brasil contra el Partido de los Trabajadores.

Los intereses de las élites… dentro y fuera de Brasil

Por su parte, Lula ofrece una versión de los hechos clara y sencilla: “La élite brasileña nunca ha aceptado el hecho de que yo haya optado a favor de América del Sur”. El líder del PT asume que “Brasil era un país que estaba de espaldas a América del Sur; no miraba hacia África sino miraba directamente hacia EE.UU. y la Unión Europea”. “Yo decidí cambiar eso”, asevera.

“Estoy convencido –continúa Lula– de que hay un vínculo entre los intereses de la élite brasileña y los de la élite extranjera, sobre todo la de EE.UU”. El expresidente brasileño asegura que “muchas veces no conseguimos comprobar cosas en el mismo período que ocurren, pero hoy ya tenemos pruebas de que el Ministerio Público de Brasil está recibiendo instrucciones del Ministerio Público de EE.UU“. “Hay una combinación de intereses de la élite de países como EE.UU. y los de la élite brasileña”, añade Lula.

En cualquier caso, el político brasileño se muestra convencido de que “a EE.UU. no le interesa una América Latina independiente, no le interesa una América Latina con soberanía, y mucho menos interesa que un país con el tamaño de Brasil tenga influencia en las decisiones de América Latina”.

Estas reflexiones son congruentes con la visión geopolítica de Lula da Silva, que en un momento de la entrevista llega a afirmar que “la élite brasileña no está acostumbrada a la democracia; más que eso, creo que la élite de América Latina no quiere democracia”.

Autocrítica y ganas de luchar

Lula admite que “nosotros también hemos cometido errores, que nos dejamos llevar por la euforia, por las cosas que fuimos capaces de hacer, y por eso no se tuvo tanto cuidado en la organización del país”. En ese sentido, lamenta haber perdido una oportunidad de “consolidar el bloque del Sur”, y reconoce directamente que “no se consolidó”.

Correa, por su parte, llama la atención sobre la existencia de un “libreto” de acción política que “se aplica en varias partes de latinoamérica” y conlleva “la persecución de los políticos progresistas” y en no pocas ocasiones su “linchamiento mediático”, mientras los políticos conservadores parecen gozar de una suerte de impunidad.

Lula, sin embargo, no está dispuesto a rendirse: “me quedaré aquí y lucharé. Lucharé porque cuento con el apoyo de una parte de la sociedad organizada y muy fuerte, con la participación de estudiantes”, asegura, y añade que quiere convertir a Brasil en “un país que trabaje para el crecimiento conjunto de las naciones, un país que vaya con la cabeza erguida defendiendo los pueblos oprimidos del mundo”.

A su favor juega, sin duda, su buena disposición: “A mis 73 años tengo la energía de alguien de 30 años y las ganas de pelear de alguien de 20”, asegura Lula.

Durante este encuentro, entre Rafael Correa y Lula da Silva profundizan también en otras cuestiones de actualidad y de gran interés, que podrán ver en el video del programa que les ofrecemos aquí en su totalidad.

 

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El colonialismo insidioso | Opinión | Página12

Fuente original: El colonialismo insidioso | Opinión | Página12

El término alemán Zeitgeist se utiliza actualmente en diferentes lenguas para designar el clima cultural, intelectual y moral de una determinada época, literalmente, el espíritu del tiempo, el conjunto de ideas y creencias que componen la especificidad de un periodo histórico. En la Edad Moderna, dada la persistencia de la idea del progreso, una de las mayores dificultades para captar el espíritu de una determinada época reside en identificar las continuidades con respecto a épocas anteriores, casi siempre disfrazadas de discontinuidades, innovaciones y rupturas.

Para complicar aún más el análisis, lo que permanece de períodos anteriores siempre se metamorfosea en algo que simultáneamente lo denuncia y disimula y, por eso, permanece siempre como algo diferente de lo que fue, sin dejar de ser lo mismo. Las categorías que usamos para caracterizar una determinada época son demasiado toscas para captar esta complejidad, porque ellas mismas forman parte del mismo espíritu del tiempo que supuestamente deben caracterizar desde fuera. Corren siempre el riesgo de ser anacrónicas, por el peso de la inercia, o utópicas, por la ligereza de la anticipación.

Vengo defendiendo que vivimos en sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales, en referencia a los tres principales modos de dominación de la modernidad occidental: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado o, más precisamente, el heteropatriarcado. Ninguna de estas categorías es tan controvertida entre los movimientos sociales y la comunidad científica como la de colonialismo. Hemos sido tan socializados en la idea de que las luchas de liberación anticolonial del siglo XX pusieron fin al  colonialismo, que casi resulta una herejía pensar que al final el colonialismo no acabó, sino que apenas cambió de forma o ropaje. Nuestra dificultad radica sobre todo en nombrar adecuadamente este complejo proceso de continuidad y cambio. Es cierto que los analistas y los políticos más perspicaces de los últimos 50 años tuvieron la aguda percepción de esta complejidad, pero sus voces no fueron lo suficientemente fuertes como para cuestionar la idea convencional de que el colonialismo propiamente dicho acabara, con la excepción de algunos pocos casos, siendo los más dramáticos posiblemente el Sáhara Occidental, la colonia hispano-marroquí que continúa subyugando al pueblo saharaui, así como la ocupación de Palestina por Israel. Entre esas voces cabe destacar la del gran sociólogo mexicano Pablo González Casanova con su concepto de “colonialismo interno” para caracterizar la permanencia de estructuras de poder colonial en las sociedades que emergieron en el siglo XIX de las luchas de independencia de las antiguas colonias americanas de España.

Y también la voz del gran líder africano Kwame Nkrumah, primer presidente de la República de Ghana, con su concepto de “neocolonialismo” para caracterizar el dominio que las antiguas potencias coloniales seguían ejerciendo sobre sus antiguas colonias, convertidas en países supuestamente independientes. Una reflexión más profunda sobre los últimos 60 años me lleva a concluir que lo que casi terminó con los procesos de independencia del siglo XX fue una forma específica de colonialismo, y no el colonialismo como modo de dominación. La forma que casi terminó fue lo que se puede designar como colonialismo histórico, caracterizado por la ocupación territorial extranjera. Sin embargo, el modo de dominación colonial continuó bajo otras formas. Si las consideramos de esta forma, el colonialismo es tal vez hoy tan vigente y violento como en el pasado.

Para justificar esta afirmación es necesario especificar en qué consiste el colonialismo como forma de dominación. El colonialismo es todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales. A las poblaciones y a los cuerpos racializados no se les reconoce la misma dignidad humana que se atribuye a quienes los dominan. Son poblaciones y cuerpos que, a pesar de todas las declaraciones universales de los derechos humanos, son existencialmente considerados como subhumanos, seres inferiores en la escala del ser. Sus vidas tienen poco valor para quien los oprime, siendo, por tanto, fácilmente desechables. Originalmente se los concibió como parte del paisaje de las tierras “descubiertas” por los conquistadores, tierras que, a pesar de ser habitadas por poblaciones indígenas desde tiempos inmemoriales, fueron consideradas como tierras de nadie, terra nullius. También se consideraron como objetos de propiedad individual, de los que la esclavitud es prueba histórica. Y hoy continúan siendo poblaciones y cuerpos víctimas del racismo, de la xenofobia, de la expulsión de sus tierras para abrir el camino a los megaproyectos mineros y agroindustriales y a la especulación inmobiliaria, de la violencia policial y las milicias paramilitares, del trabajo esclavo llamado eufemísticamente “trabajo análogo al trabajo esclavo” para satisfacer la hipocresía biempensante de las relaciones internacionales, de la conversión de sus comunidades de ríos cristalinos y bosques idílicos en infiernos tóxicos de degradación ambiental. Viven en zonas de sacrificio, en todo momento en riesgo de convertirse en zonas de no ser.

Las nuevas formas de colonialismo son más insidiosas porque se producen en el núcleo de relaciones sociales, económicas y políticas dominadas por las ideologías del antirracismo, de los derechos humanos universales, de la igualdad de todos ante la ley, de la no discriminación, de la igual dignidad de los hijos e hijas de cualquier dios o diosa. El colonialismo insidioso es gaseoso y evanescente, tan invasivo como evasivo, en suma, astuto. Pero ni así engaña o aminora el sufrimiento de quienes son sus víctimas en la vida cotidiana. Florece en apartheids sociales no institucionales, aunque sistemáticos. Sucede tanto en las calles como en las casas, en las prisiones y en las universidades, en los supermercados y en las estaciones de policía. Se disfraza fácilmente de otras formas de dominación tales como diferencias de clase y de sexo o sexualidad, incluso siendo siempre un componente de ellas. Verdaderamente, el colonialismo insidioso solo es captable en close-ups, instantáneas del día a día. En algunas de ellas surge como nostalgia del colonialismo, como si fuese una especie en extinción que debe ser protegida y multiplicada. He aquí algunas de tales instantáneas.

Primera instantánea: Uno de los últimos números de 2017 de la respetable revista científica Third World Quarterly, dedicada a los estudios poscoloniales, incluía un artículo de autoría de Bruce Gilley, de la Universidad Estatal de Portland, titulado “En defensa del colonialismo”. Este el resumen del artículo: “En los últimos cien años, el colonialismo occidental ha sido muy maltratado. Ha llegado la hora de rebatir esta ortodoxia. Considerando de manera realista los respectivos conceptos, el colonialismo occidental fue, en regla, tanto objetivamente benéfico como subjetivamente legítimo en la mayor parte de los lugares donde ocurrió. En general, los países que abrazaron su herencia colonial tuvieron más éxito que aquellos que la despreciaron. La ideología anticolonial impuso graves perjuicios a los pueblos sujetos a ella. Y continúa impidiendo, en muchos lugares, un desarrollo sustentado y un encuentro productivo con la modernidad. Hay tres formas en las que estados fallidos de nuestro tiempo pueden recuperar hoy el colonialismo: reclamando modos de gobernanza colonial, recolonizando algunas áreas y creando nuevas colonias occidentales”.

El artículo causó una indignación general y quince miembros del consejo editorial de la revista dimitieron. La presión fue tan grande que el autor terminó por retirar el artículo de la versión electrónica de la revista, aunque permaneció en la versión impresa. ¿Fue una señal de los tiempos? Al final, el artículo fue sujeto a revisión anónima por pares. La controversia mostró que la defensa del colonialismo estaba lejos de ser un acto aislado de un autor desvariado.

Segunda instantánea: Wall Street Journal del 22 de marzo pasado publicó un reportaje titulado: “La búsqueda de semen norteamericano se disparó en Brasil”. Según la periodista, la importación de semen norteamericano por mujeres solteras y parejas lésbicas brasileñas ricas aumentó extraordinariamente en los últimos siete años y los perfiles de los donantes seleccionados muestran la preferencia por bebés blancos y con ojos azules. Y añade: “La preferencia por donantes blancos refleja una persistente preocupación por la raza en un país en que la clase social y el color de piel coinciden con gran rigor. Más del 50 por ciento de los brasileños son negros o mestizos, una herencia resultante del hecho que Brasil importó diez veces más esclavos africanos que los Estados Unidos; y fue el último país en abolir la esclavitud, en 1888. Los descendientes de colonos y migrantes blancos –muchos de los cuales fueron atraídos al Brasil a fines del siglo XIX y principio del siglo XX, cuando las élites de gobierno buscaban explícitamente ‘blanquear’ a la población– controlan la mayor parte del poder político y de la riqueza del país. En una sociedad tan racialmente dividida, tener descendencia de piel clara es visto muchas veces como un modo de brindar a los niños mejores perspectivas, sea un salario más elevado o un tratamiento policial más justo”.

Tercera instantánea: El 24 de marzo pasado, el diario más influyente de Africa del Sur, Mail & Guardian, publicó un reportaje titulado “Genocidio blanco: cómo la gran mentira se propagó en los Estados Unidos y otros países”. Según el periodista, “los Suidlanders (foto), un grupo sudafricano de extrema derecha, han venido estableciendo contacto con otros grupos extremistas en Estados Unidos y en Australia, fabricando una teoría de conspiración sobre el genocidio blanco, con el objetivo de conseguir apoyo internacional para los sudafricanos blancos. El grupo, que se autodescribe como ‘una iniciativa-plan de emergencia’ para preparar una minoría sudafricana de cristianos protestantes para una supuesta revolución violenta, se ha relacionado con varios grupos extremistas (alt-right) y sus influyentes contactos mediáticos en Estados Unidos para instalar una oposición global a la alegada persecución de blancos en África del Sur. La semana pasada, el ministro australiano de Asuntos Internos dijo a Daily Telegraph que estaba considerando la otorgación de visas rápidas para agricultores sudafricanos blancos, los cuales –argüía el ministro– necesitaban “huir de circunstancias atroces” para “un país civilizado”. Según el ministro, tales agricultores “merecen atención especial” debido a la ocupación de tierras y la violencia… Estos agricultores sudafricanos blancos también han recibido atención en Europa, donde políticos de extrema derecha con contactos en la extrema derecha estadounidense han solicitado al Parlamento Europeo que intervenga en Africa del Sur. Agentes políticos contra los refugiados en el Reino Unido están igualmente ligados a la causa”.

La gran trampa del colonialismo insidioso es dar la impresión de un regreso, cuando en realidad lo que “regresa” nunca dejó de existir.

* Doctor en Sociología del Derecho. Profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Winsconsin-Madison (EE.UU.).

Traducción: Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Experto en nuevas tecnologías: “El capitalismo digital es una privatización por la puerta de atrás” – RT

Fuente original: Experto en nuevas tecnologías: “El capitalismo digital es una privatización por la puerta de atrás” – RT

 El investigador y escritor Evgeny Morozov denuncia que las políticas de austeridad de los gobiernos llevadas a cabo durante la crisis han hecho que las empresas tecnológicas hayan logrado penetrar allí donde antes no habían podido.
Evgeny Morozov, investigador y experto en las implicaciones sociales y políticas de las nuevas tecnologías y uno de los mayores críticos sobre Cambridge Analytica, advierte de la nueva ola privatizadora que está suponiendo el capitalismo digital.

Para Morozov, la tecnología no cambia en muchos casos las dinámicas básicas sobre las que se asienta el orden social, sino que las hace mucho más complejas. Lo que podemos hacer, según su punto de vista, es replantearnos el modo en el que usamos la tecnología para no ser usados por aquellos de quienes dependen las plataformas tecnológicas.

El investigador desecha la visión optimista del capitalismo digital que dice que el futuro depende de nosotros y que el uso de las nuevas tecnologías puede ayudar a defendernos un poco mejor. Y desgrana cuál ha sido el desarrollo de las compañías tecnológicas en las últimas dos décadas desde la aparición de servicios gratuitos financiados por la publicidad de las empresas. Esa práctica poco a poco ha ido generando una gran cantidad de datos de aquellas personas que utilizan estos servicios, sobre todo en las redes sociales, lo que ha ido creando una customización de la publicidad a la que estamos expuestos.

Pero este modelo, afirma, también ha tenido consecuencias negativas, como se ha visto recientemente con las manipulaciones políticas del escándalo de Cambridge Analytica. En su opinión, las plataformas tecnológicas se están convirtiendo en extractoras de nuestros datos, que es como funcionan compañías como Google. Lo que ha ocurrido, relata, es que las mismas compañías que han estado recopilando estos datos están comenzando a utilizarlos de una forma diferente para manipularnos.

Así, nos pone un ejemplo: las verificaciones de Google para descartarnos como robots. Antes tenías que leer y teclear unas letras, y ahora te pide que reconozcas imágenes. Esas respuestas de todos los usuarios son utilizadas por Google para desarrollar tecnología de reconocimiento de imágenes y objetos, logrando que la gente haga ese trabajo para ellos, pero gratis.

Introduciéndose en lo que queda del Estado del Bienestar

Poco a poco, estas empresas están adquiriendo la posibilidad de entrar en terrenos donde antes no tenían la posibilidad de acceder. Pone otro ejemplo, el del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido, donde Google ha tenido acceso a todos los historiales de los pacientes, lo que le ha permitido analizarlos para desarrollar sistemas de predicción. Así, ahora tienen acceso a unos datos que aumentan su valor como empresa a la hora de ofrecer otros productos.

Este tipo de servicio es ofrecido tan solo por unas pocas compañías de EE.UU. y China, que te venden que incorporando todos tus datos a sus servicios puedes funcionar de una forma mucho más eficiente. Pero en realidad lo que están haciendo es recopilando toda la información sobre ti.

Lo que se ha producido durante la última década en la que han tenido lugar los recortes presupuestarios por la crisis económica internacional, es que las Administraciones Públicas para poder ofrecer un sistema básico de servicios han sido y son proclives a utilizar los servicios de estas empresas, que consideran más eficientes, aunque les hayan tenido que entregar nuestros datos.

Otro caso más expuesto por Morozov es la protección contra ‘hackers’ que Google y otras empresas proponen, creando y ofreciendo sus propios productos para vendernos que nos deben proteger de los fallos de sus otros productos. “La centralización del acceso a la inteligencia artificial en manos de estas compañías está creando una situación nada alentadora (…) Es una privatización por la puerta de atrás”, concluye.

Así, una de las consecuencias del capitalismo digital es que en lo que quedaba del Estado del Bienestar también está penetrando el capitalismo. “Está entrando en áreas muy importantes”, subraya. 

Un sector de la economía que sigue creciendo

Morozov afirma que hay un sector de la economía que sigue creciendo, tanto en tamaño como en capitalización de mercado: el de la industria tecnológica, que es precisamente la que fomenta el uso de los datos.

Relata que Amazon, Google, Apple, Microsoft y Facebook han crecido en el último año cerca de 1,3 billones de dólares. Y podemos ver lo mismo en China.

Hay empresas que ni siquiera cotizan, como Uber, Airbnb o Volunteer. Pero cada una de ellas tiene un valor de entre 20.000 y 60.000 millones de dólares. El capital de estas empresas proviene de fondos de pensiones, entre otros de este tipo, que piensan que estas compañías pueden ser muy lucrativas. De esta manera, según explica el investigador, construyen un modelo y lo escalan a 200 países y, mientras, destruyen las empresas locales. Es precisamente lo que hace Uber con los taxis en países como España. El modelo es muy sencillo.

“Para que Uber consiga retorno para sus inversores (inversores como el Gobierno de Arabia Saudí o Goldman & Sachs) debe asegurarse de que pueda destruir a la competencia local”, afirma. Y han tenido bastante éxito y tienen unas técnicas “bastante ruines”, dice el investigador. Se pueden permitir perder dinero hasta que acaben con la competencia. Pueden hacerlo porque atraen capital de esos grandes inversores institucionales.

Otro ejemplo es el de la empresa japonesa SoftBank, un gran fondo que aumentó gracias al dinero barato durante la crisis económica, que involucra a otras empresas en la financiación de sus compras. SoftBank tiene una deuda enorme, según cuenta Morozov. Toma dinero, lo gasta y vuelve a tomar dinero prestado, debido al bajo interés del mercado, y así llega a dominar la industria, acaba con sus competidores y domina el mercado. Después puede recuperar lo perdido.

Con el alquiler ha sucedido lo mismo. Hemos asistido a cómo barrios enteros han subido de precio y cómo aumentan los alquileres de corta estancia. Se trata del fenómeno Airbnb. Esta compañía está financiada por fondos soberanos, como los de China y Singapur, descubre Morozov, que más o menos es cómo funcionan los fondos de pensiones.

Más allá de Silicon Valley

Por otro lado, explica que para entender esta financiarización tecnológica hay que seguir el dinero más allá de Silicon Valley. “Se está creando una burbuja que hasta que estalle va a seguir creciendo y creciendo”, vaticina el escritor.

La ausencia de crítica a lo que está sucediendo lo asocia a la paradoja del desprecio europeo hacia Donald Trump, ya que la mayor parte de los políticos europeos creen que estas empresas, mayoritariamente estadounidenses, son aliadas y pueden resolver el problema del desempleo o de los cuidados. Hay muchos políticos que fomentan la idea de que la asociación con ellas es la elección natural en nuestras sociedades, como Macron o Renzi, que son “los mejores amigos de las empresas tecnológicas”, opina.

Sin embargo, el hecho de que la ciudadanía no lo perciba así, como una crisis, le perturba muchísimo: “Tenemos que tomar esta crisis y utilizarla como una oportunidad de ofrecer los servicios del Estado del Bienestar de una forma mucho más descentralizada”, aconseja. De esta manera, se trataría de aprovechar algunas de las estructuras que han aparecido con plataformas como Uber o Airbnb y darles la vuelta para que beneficie a los ciudadanos y no solo a los inversores.

Europa deberá elegir entre tecnología de EE.UU. o de China

El gigante asiático también está en la carrera de las empresas tecnológicas. Morozov pone el ejemplo de la empresa china Alibaba, que ha comprometido 10.000 millones de dólares en los próximos años para desarrollar inteligencia artificial. China tiene comprometidos 125.000 millones de dólares para el sector hasta 2030.

Además, el investigador afirma que tenemos dos grandes gigantes tecnológicos, que son EE.UU. y China. Esta última es casi autosuficiente en términos tecnológicos y tiene muchos más datos que los norteamericanos, mientras que Europa casi no aparece en este mapa. “En los próximos años Europa tendrá que elegir entre tecnología estadounidense o china”, afirma.

Por otro lado, opina que este tema tiene que ser politizado por los partidos políticos. Deben trabajar sobre cómo se financia la infraestructura y sobre cómo tener una estrategia nacional sobre inteligencia artificial. “¿Qué tipo de régimen de propiedad de datos quieren?”, se pregunta.

La alternativa: democratización del acceso a datos

Evgeny Morozov apuesta por que nuestros datos no solo puedan ser propiedad de empresas como Facebook, Google o Amazon. Una alternativa sería que pudieran ser de propiedad colectiva y que esas empresas tuvieran que pagar por ellos como hacemos los ciudadanos como individuos.

El experto piensa que una solución puede ser la democratización del acceso a los datos. “Si no lo hacemos, podemos dañar la confianza que las personas tienen en las Administraciones Públicas”, explica. En caso contrario, ¿cómo sería la política en un mundo en que un pequeño número de empresas controlan todos los servicios?, se pregunta.

También cree que tenemos un “capitalismo superelevado”, que hay cierto consumo, ciertas libertades… pero que si no realizamos ningún cambio drástico, en el sentido de descentralizar las estructuras clave, “vamos a tener problemas”. Sin embargo, deja claro que no se refiere a la renacionalización de estos servicios, asegurando que ese concepto hoy en día no se puede barajar.

Según el escritor, se está delegando poder en las empresas y deberíamos ser capaces de conectar lo digital con lo político. En este sentido, considera que el espacio clave para la libertad política a partir de ahora debe reconsiderar la versión tecnocrática. “Estamos viendo una gestión puramente tecnocrática de las fuerzas políticas”, explica Morozov, que insta a ir más allá de la pura crítica moralista humanitaria. ¿Quién las financia? ¿Para qué? ¿Desde dónde?, deberían ser, en su opinión, algunas de las preguntas imprescindibles.

El investigador no considera que el problema sea ahora la protección de nuestros datos personales, sino encontrar “dinero, ganas y esfuerzo” para hacer algo con toda esa información. “Deben ser útiles para construir un proyecto común, que se puedan aprovechar no solo por las empresas para su propio beneficio”, sostiene. Así, el escritor plantea utilizar esos datos para que tengan un servicio público sin comprometer la privacidad de las personas.

¿Quién es Evgeny Morozov?

La aparición en la escena internacional del bielorruso Evgeny Morozov supuso un soplo de aire fresco en un campo que desde hace mucho tiempo se ha caracterizado por una falta de autocrítica y una autoconcepción un tanto ‘naif’. Conocido por su punto de vista escéptico sobre la idea de que Internet está ayudando a democratizar regímenes autoritarios, afirma que igualmente se puede utilizar para aumentar la represión y la vigilancia de los disidentes.

Nacido en 1984, este investigador y escritor estudia las implicaciones políticas y sociales de la tecnología. Su primer libro ‘Net desilusion. The dark side of the Internet freedom’ (‘El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red’, en español), de 2011, supuso una revolución en la forma en que se percibía el fenómeno de Internet. En 2013 volvió a sorprender con su segundo libro: ‘To save everything, click here’ (‘La locura del solucionismo tecnológico’ en español), donde rompía con el mito de que había algo inherentemente liberador en las nuevas tecnologías.

***Las declaraciones recogidas en este artículo han sido realizadas en una conferencia llamada ‘Capitalismo digital y sus descontentos’ enmarcada en una serie de conferencias organizada por el Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid que lleva el título de ‘Seis contradicciones y el fin del presente’.

Nuria López

“Me gusta”, “Acepto”, “RT”: Los riesgos detrás de cada click en una red social

Fuente original: “Me gusta”, “Acepto”, “RT”: Los riesgos detrás de cada click en una red social

Experto en big data explica cómo se puede manipular a partir de los datos: “Vas adecuando el mensaje y lo insertas en internet a gran escala. Así manipulas al votante. Tienes todo para hacerlo: gran cantidad de datos y la capacidad de procesarlos, y enviar los mensajes por una red como Facebook”.

“Doy mi cabeza porque tú no leíste el contrato que firmaste con Facebook”, dispara Claudio Gutiérrez, Académico del Departamento de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, y miembro de Web Semántica. La respuesta no lo sorprende.

-Por supuesto…que no.

-¿Y apretaste “acepto, acepto, acepto”?

-Sí.

Aquí radica, afirma, la base del escándalo por la manipulación política a favor de Donald Trump que habría ejecutado la consultora Cambridge Analytica, acusada de adquirir de forma indebida  la información de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos: “Esos contratos son súper débiles para los usuarios y ellos no lo saben”, agrega.

-Uno como usuario sólo hace eso: pone aceptar.
-Nadie se lee tres páginas de un contrato que además no entiende. Ellos no le van a entregar esa información a los delincuentes comunes para que te vayan a asaltar a tu casa, pero esto es igualmente terrible: se está jugando con los datos privados de la persona, perfiles sicológicos que tienen estrictas normativas ética y, lo más grave, se está jugando con la democracia.

-¿Cómo opera?
-Big Data es una gran cantidad de datos, es un volumen inmenso de datos, como las estrellas. Son eso: datos y hay que distinguirlo de información y conocimiento. La información son los datos procesados con alguna significación. Lo que tenemos acá son muchos datos que permiten obtener información y conocimiento.

-A gran escala.
-Sí, porque en rigor esto es muy antiguo, se viene haciendo desde siempre, lo que pasa es que ahora nos dimos cuenta, porque los datos dan poder. Ahora, ¿cómo opera Cambridge Analytica? Primero, se recopilan datos. Si tienes suficientes datos sobre una persona, sabes cómo manipularla. Pasa, por ejemplo, con los sicólogos que por lo mismo tienen una ética muy estricta al respecto. Si yo tengo información suficientemente sutil sobre ti, de alguna manera te tengo capturada. El tema es cómo logro obtener esa información.

-Se la entrego a una red social.
-Ese es el punto. Esta empresa tenía un contacto en Facebook y en Facebook están los datos de las personas que se entregan de forma gratuita: fotos, likes, viajes, amigos, movimientos. Lo que hizo esta gente fue tomar esos datos, los de tus amigos, los de tu vecindad social. Con eso hacen una fotografía precisa de tu perfil casi sicológico. Eso se hace hoy masivamente porque existe una red que tiene miles de millones de personas. Aleksandr Kogan, profesor de Cambridge, ayudó en esto a la Consultora porque tenía un contacto con la empresa que posee los datos. En el procesamiento de datos usas sicólogos, sociólogos, logras hacer perfiles. Las personas que hacen marketing usan mucho esto: vamos a venderle a los niños lo que los niños quieren. No es muy distinto de lo que se hace en política. Se buscan los datos adecuados y se realizan perfiles individuales y grupales. De alguna manera dibujas, mapeas, a la población: hay gente que le gusta el fútbol y es feminista. Luego viene una tercera etapa: el microtargeting.

-¿Cómo funciona el microtargeting?
-A diferencia de la publicidad tradicional, que pone un cartel que dice “tome Coca-Cola”, acá identifico qué bebida te gusta. Si te gusta la Coca-Cola, te mando ese mensaje, pero si tú estás a dieta te digo “toma esta agua mineral”. Si tu mejor amiga postea contra los transgénicos, le digo “toma este jugo 100% orgánico y natural”. Entonces a cada uno le doy lo que quiere. Eso se parece mucho al populismo.

-¿Y así lo haces respecto de las preferencias políticas?
-Apunto a grupos que no se conocen entre sí. Entonces si tú estás a favor de mar para Bolivia, te digo que yo podría estar a favor de mar para Bolivia. A otro, que es un ultra nacionalista, le doy a entender que no estoy a favor de dar mar para Bolivia. Los dos me creen, porque es un mensaje sutil donde no queda de manifiesto la contradicción. Así te digo lo que quieres escuchar. Por cierto tiene que ser sutil y se define el tono, cómo te hablo, cuántas veces.

-¿Adecuas el mensaje a la audiencia?
-Vas adecuando el mensaje y lo insertas en internet a gran escala. Así manipulas al votante. Tienes todo para hacerlo: gran cantidad de datos y la capacidad de procesarlos, y enviar los mensajes por una red como Facebook.

-La discusión legal es que las personas no le entregaron esos datos a Cambridge Analytica, sino a Facebook.
-La discusión legal es que Facebook no le puede entregar los datos a alguien para una campaña política. Por ejemplo, no se haría, o no debería hacerse, con los datos médicos. Tú vas a una clínica y entregas datos secretos. Con los datos que le entregas a Facebook , a Amazon, a Twitter, no sabes qué se hace.

-¿Crees que se aplicó en las campañas políticas en Chile a este nivel?
-No me cabe duda de que todos, con más o menos éxito, usan esta técnica. No tengo evidencia, pero no es difícil saber que te quieren manipular: tengo tu nombre, averiguo tu rut, y a través del Servel, que dejó los datos abiertos, sé dónde vives. Parto ahí. La seguridad de datos acá es ínfima y el que tiene muchos datos y poca ética, puede hacer casi lo que quiera.

El adiós a la política de la no política | Página12

Tienen 11 años. Dentro de poco, en 2023, podrán votar. Van a la escuela y muchos de ellos están por comenzar su sexto grado.

A lo largo de estos años de escolaridad podrán ir sintiendo más o menos curiosidad por la marcha del país, por los temas de la agenda política, social y económica. Vivirán con mayor o menor intensidad y crudeza los impactos de la realidad sobre la vida de su propia familia. En tanto sigan yendo a la escuela, lo cual es su derecho, estarán expuestos a lecturas, clases, pruebas, indagaciones, intercambios y búsquedas que podrán ampliar sus miradas.

Muchas veces se habló de la necesidad de una supuesta neutralidad u objetividad de los contenidos escolares, entendidas como apoliticidad: “política en la escuela, no”, algo que me gusta llamar la política de la no política. Hace pocos meses esta postura cobró carnadura cuando la desaparición de Santiago Maldonado y las acaloradas discusiones en torno de la pertinencia o no de que esa situación fuera tema en las escuelas.

Parece que algo saldó y hoy podemos celebrar que muchos de esos chicos de sexto podrán tener en sus manos el libro de Ciencias Sociales 6 Bonaerense de Aique Grupo Editor, que toma como contenido, por ejemplo, “El gobierno de Mauricio Macri”.

Claro que esa alegría por la invitación editorial al tratamiento en las aulas de la política y de la historia reciente se acabará en cuanto cualquier docente prevenido pase del título al contenido de la nota, que empieza diciendo: “A comienzos de 2015, la muerte del fiscal Alberto Nisman generó masivas protestas y los sectores opositores al Gobierno ganaron la calle. El fiscal Nisman había realizado una denuncia por encubrimiento de la investigación de la causa Amia.” Continúa afirmando que: “Ante el cambio en el humor social, el oficialismo recurrió a un candidato moderado para competir en la elecciones nacionales que se disputaron en octubre.”

Hay ahí una cantidad de conceptos a enseñar/aprender: fiscal, ganar la calle, encubrimiento, causa Amia, humor social. Vale.

Ahora bien, se toma una situación todavía no resuelta por la justicia, la muerte de Nisman, para señalar una relación causal con la elección de un candidato y, agrego a lo que cité textualmente, con una posterior derrota electoral de ese candidato. Pedagógicamente errado. Políticamente antojadizo.

Me pregunto, además, por qué una empresa privada editorial elige, en un texto escolar, alinearse dentro de una parcialidad política al pretender vender como una verdad neutra el tratamiento de un caso altamente politizado que todavía ni siquiera es cosa juzgada. ¿Será que hay lineamientos ministeriales al respecto? Lo creo posible aunque no lo puedo asegurar.

Hagamos escuela, hagamos educación como política de justicia, dicho esto en el sentido más amplio, pero no hagamos la trampa de querer hacer pasar una opinión vulgar por una transposición didáctica.

Las cabezas y los corazones de esos pibitos de sexto grado se están moldeando todo el tiempo. Lo sabe Aique, lo sabe Durán Barba, lo saben los ministros, lo sabemos los docentes. Todos disputamos sentidos.

Que la democracia, la política y la participación asienten en las aulas es una tarea compleja y respetuosa que no admite adoctrinamientos. Sí, en cambio, requiere proponer situaciones en las que los contenidos de estudio sean puestos en cotejo con la actualidad mediante la indagación de sus múltiples tramas y territorios; en las que los chicos participen de proyectos comunitarios y culturales; en las que tengan palabra y parte; en las que su curiosidad derive en deseo de aprender para poder; en las que no haya censura previa ni respuesta trucha para ninguna pregunta; en las que toda búsqueda requiera de trabajo cooperativo y respeto por los distintos puntos de vista.

Por estos días maestros y profesores tenemos que animarnos a dar lugar, por ejemplo, al abordaje en clases de cuestiones políticas tales como la causa AMIA, las paritarias, los precios de los alimentos, la actuación del policía Chocobar, la huelga de mujeres, el ataque armado en una escuela de EEUU, las inundaciones en Salta. Las distintas manifestaciones de la vida y de la muerte están presentes en los cotidianos escolares.

Pareciera, al fin, que nos pusimos todos de acuerdo: ya no se puede sostener que “este tema (esa cuestión, aquella historia, tal conflicto) no es algo propio de la escuela”. Pero ojo. Nuestra tarea como trabajadores de la educación será ayudar a los chicos a desconfiar de las posverdades, a leer entre líneas y detrás de líneas.

Ni las guerras, ni las drogas, ni la contaminación, ni los vaivenes de la economía, ni el delito, ni las cuestiones de género, ni la pobreza –por mencionar sólo algunas de las cosas que resuenan en los cuerpos y en las conciencias– son asuntos aplazables con vulgata textual.

“Aique” ser limpios. Abuso intelectual de menores, no. No se puede.

* Director del Colegio de la Ciudad. Especialista en Educación.

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El sostenimiento estatal a la Iglesia Católica | Op… | Página12

En los últimos días, se ha instalado en la agenda pública la discusión en torno a uno de los tantos aportes económicos que realiza el Estado a la Iglesia católica. Puntualmente, el de las asignaciones que reciben los arzobispos y obispos. Esa erogación responde al Decreto-Ley Nº 21.950, sancionada en 1979, que prescribe el otorgamiento de una asignación mensual a los arzobispos y obispos con jurisdicción sobre arquidiócesis, diócesis, prelaturas, eparquías y exarcados del Culto Católico Apostólico Romano. Se ha argumentado que esa normativa, junto con otras que contemplan contribuciones con fondos públicos a la formación del clero y a curas párrocos o vicarios ecónomos de parroquias situadas en zonas de frontera, “interpretan” el espíritu del artículo segundo de la Constitución Nacional, que hace referencia al sostenimiento del culto católico por parte del gobierno federal.

La controversia no es nueva. Dos décadas atrás, al interior de la propia Conferencia Episcopal Argentina, el entonces arzobispo de Resistencia, Carmelo Giaquinta impulsó un proyecto –el Plan Compartir–, orientado a generar una mayor concientización de la feligresía católica en el sostenimiento de su culto en paralelo a la renuncia de los aportes económicos estatales. Más allá de las loables intenciones, la iniciativa no llegó lejos.

Es pertinente aclarar que los 130 millones de pesos que actualmente el gobierno dice entregar a la Iglesia católica en concepto de asignaciones para su jerarquía es apenas una pequeña porción, si los comparamos con los subsidios recibidos por sus establecimientos educativos, sus organizaciones caritativas y productivas. O incluso, si los cotejamos con los ingresos propios de la institución católica. Focalizar el debate en el “salario” de los obispos puede resultar mediáticamente fructífero en términos de audiencias, pero desde el punto de vista analítico, es a todas luces superficial e insuficiente.

En ese sentido, debemos advertir que no sólo cuestiones monetarias marcan una situación jurídica privilegiada de la Iglesia católica. Elementos simbólicos que se enmarcan en un trato preferencial por parte del Estado también refuerzan ese estado de situación. La institución católica detenta una personería jurídica de carácter público, al igual que el Estado Nacional, las Provincias y los Municipios. Las iconografías católicas que decoran organismos oficiales y la convocatoria para la realización del Tedeum no están prescriptas en la legislación, pero su permanencia y continuidad denota con claridad el indiscutido y naturalizado papel protagónico que detenta la Iglesia católica en el escenario público argentino.

Ahora bien, salvo algunas excepciones, las propuestas “igualitarias” que emanan de referentes religiosos de otros cultos apuntan a obtener las mismas prerrogativas del catolicismo, proyectando un formato estatal de carácter pluri-confesional. En otras palabras, la “equidad” religiosa no vendría de la mano de un Estado más autónomo, garante de la libertad de conciencia que supone también el derecho a sustentar una convicción de indiferencia hacia lo religioso; sino de un poder civil ya no entrelazado con una sino con varias religiones en simultáneo.

En las antípodas, debemos situar a modelos como el italiano o el alemán, en el que cada ciudadano/a indica si desea destinar parte de sus contribuciones a algún culto en particular o a ninguno. No son las estructuras institucionalizadas de los poderes religiosos las que definen los aportes estatales, sino la ciudadanía es quien ejerce el derecho a decidir la direccionalidad de una parte de sus impuestos.

Sin duda, otro paradigma imbuido del reconocimiento de derechos ciudadanos. Como podrá advertirse, la discusión de fondo entonces no se centra en qué recibe un obispo del Estado, sino en el tipo de vínculo que se establece entre el Estado, las instituciones religiosas y la sociedad. No pareciera ser éste el eje subyacente al debate instalado en nuestro país. Ni por quienes pretenden dirigir la agenda pública, ni por quienes buscan la equidad de cultos “colonizando” al Estado.

De todos modos, independientemente de las motivaciones de aquellos que han colocado el financiamiento estatal del culto en la mesa de discusión, vale la pena no dejar pasar la oportunidad para impulsar transformaciones que armonicen la legislación respectiva con los principios de la libertad de conciencia y el respecto por la diversidad, normas fundamentales para una convivencia democrática.

Q Investigador del Conicet. Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales/UBA.

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La tentación del control absoluto | Medios y comuni… | Página12

Carlos Valle asegura que vivimos una inusitada concentración de poder que está determinando ciertas estructuras de la sociedad que limitan el desarrollo de una sociedad plural.

La sociedad tecnológica despersonaliza no porque exija sino porque ofrece dar exactamente aquellas cosas que tornan superfluas la creatividad humana.
Paul Tillich

Según Ignacio Ramonet, “el problema no está en decir que la televisión nos manipula; el problema está en saber cómo manipula; y esto no es tan evidente”. ¿Cuál es la gravitación que los medios de comunicación tienen en la vida de la sociedad y en las personas?

Vivimos una inusitada concentración de poder que está determinando ciertas estructuras de la sociedad que limitan el desarrollo de una sociedad plural. Esta concentración es una combinación de poder económico y de medios de comunicación. Así establecen, por ejemplo, sus propias reglas de juego sobre el llamado “libre flujo de la información”. Se ha dicho que la libertad de información requiere tres condiciones: la oportunidad de acceso a todo tipo de información, una diversidad de fuentes a las cuales acceder y un sistema que provea acceso a los medios para todos aquellos que deseen o necesiten comunicarse. Se da por sentado que una democracia goza, al menos, de la primera de las tres condiciones. Pero esto bien puede ser una ilusión. Porque esta primera condición está limitada por las restricciones que las grandes compañías imponen sobre las otras dos. Cada vez más los poderes económicos se van adueñando de medios de comunicación para controlar el entretenimiento y la información.  La constante que mueve a estos gigantes es obtener el máximo beneficio. Para lograrlo, todo lo demás se subordina a ese objetivo. Por lo tanto, lo mejor es no dejar ningún eslabón de la cadena suelto. De manera que el círculo de la producción de entretenimiento e información se sujete al objetivo económico que debe estar controlado en todas sus facetas.

El auge tecnológico ha permitido, además, el desarrollo de un sistema global de vigilancia, que ha llegado a ser uno de los temas claves de la comunicación internacional. Sus orígenes se remontan a los primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y hoy, gracias al enorme desarrollo de la tecnología, una nueva teoría de la seguridad se ha puesto en marcha, del que nuestro país está asumiendo sin críticas. Es cierto que las fronteras geopolíticas han perdido su importancia para la seguridad nacional. Por ese motivo la noción de seguridad nacional se ha extendido del ámbito militar al comercial y penal, eliminando, peligrosamente, los ámbitos público y privado.

¿Cómo está afectado el libre compartir de la información, la soberanía de los países, el contacto directo entre diversos grupos de base en diferentes partes del mundo? ¿Quién se arrogará el derecho a entrometerse en el ámbito local, nacional y regional, y manejar la información a su antojo? ¿Cómo atenta contra los derechos humanos y la democracia participativa? Hay que indagar sobre el lugar que los seres humanos juegan en todo el desarrollo de la comunicación global. Porque, en última instancia, son las personas quienes resultan afectadas por las decisiones tomadas por países hegemónicos o grupos de poder en el ámbito global. Al mismo tiempo deberá tenerse en cuenta cómo las regulaciones en el ámbito internacional pueden afectar las posibilidades de una comunicación creativa y saludable. La mayoría de las estructuras comunicativas de muchas de nuestras sociedades responden a los grandes conglomerados económicos, ya sea porque son sus propietarios o sus sostenedores. De manera que los criterios de la información que proveen están sustentados en la preservación de la propiedad de esos medios y sus beneficios. ¿Cómo es posible entonces que el pueblo encuentre un lugar para expresar su voz en el nuevo escenario de la comunicación?

Para responder a estas preguntas habrá que pensar cómo se debería trabajar para estructurar una sociedad cuya autoridad esté al servicio de la gente y el poder se redistribuya a fin de que una verdadera participación dé lugar a una auténtica comunicación.

* Comunicador social. Ex presidente de la Asoc. Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

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