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30 años después, llegan los saltos de línea de Unix en el Bloc de notas de Windows

Fuente original: 30 años después, llegan los saltos de línea de Unix en el Bloc de notas de Windows

De todas las novedades presentadas por Microsoft esta semana, la compatibilidad con los saltos de línea de Unix en el Bloc de notas de Windows debe ser la más esperada.

El Bloc de notas es de ese tipo de programas que sólo echamos en falta cuando no está. Es todo un clásico de Windows, una simple aplicación con la que escribir archivos de texto y poco más, ¿verdad? ¿Qué podría salir mal? Hasta Microsoft debería ser capaz de crear un editor de texto sin problemas.

Pues aunque no lo creas, incluso con algo tan absurdamente sencillo como esto, Microsoft consiguió fastidiar a toda la comunidad. Y ha sido un fastidio que ha durado más de 30 años, hasta esta misma semana.

Cómo los editores de texto registran los saltos de línea

Aunque un editor de texto puede parecer el programa más simple posible, hay algunos detalles a tener en cuenta; no es tan sencillo como guardar los caracteres escritos. El caso más claro de esto es, ¿qué pasa si queremos hacer un salto de línea? ¿Cómo indicamos al programa que el texto no continúa en la misma línea, sino en la siguiente?

Para eso existen unos caracteres especiales, llamados EOL (End of Line, fin de la línea) que el usuario no puede ver pero que el editor interpreta como que la línea se ha terminado y debe empezar la siguiente.

En Linux y macOS, se sigue el estándar de Unix (el sistema que precedió a ambos, y en el que se inspiran); aquí se usa un carácter especial LF (Line Feed, o salto de línea).

El carácter es “\n”, y entre programadores y administradores es el estándar. Cuando abres un editor de textos en Linux o macOS, y pulsas Intro para hacer un salto de línea, el editor automáticamente mete “\n” al final de la línea. Así, la próxima vez que abras el archivo, lo verás tal y como originalmente fue creado.

Llegan los saltos de línea de Unix en el Bloc de notas de Windows

Windows, como de costumbre, hace las cosas de manera diferente, y tiene unos caracteres EOL distintos. El carácter de fin de línea, “\n”, se sigue usando, pero además, también se usa un carácter especial de retorno de carro (CR); este carácter es “\r”, y debe ser usado en conjunción con el salto de línea.

Por lo tanto, cuando pulsas Intro en el Bloc de notas, el programa automáticamente mete “\r\n”.

Parece un cambio menor, pero eso significa que el Bloc de notas de Windows no interpreta bien los archivos de texto creados en Linux o macOS. Eso da lugar a situaciones muy frustrantes para los usuarios.

Si abres en Windows un archivo de texto creado en Linux o macOS, sólo verás un muro de texto, sin saltos de línea; la legibilidad del archivo se ve afectada, y hace casi imposible trabajar. Para programadores, que dependen de los saltos de línea para organizarse y programar mejor, es algo desastroso.

saltos de línea de Unix en el Bloc de notas de Windows

Finalmente, en el Microsoft Build de esta semana, la compañía ha anunciado que el Bloc de Notas por fin soportará los saltos de línea de Unix; de esta manera, se suma al estándar usado por el resto de sistemas operativos. La nueva versión llegará con Redstone 5, la próxima gran actualización de Windows 10 que se espera para finales de año.

Como dijo Kevin Gallo, jefe de la plataforma de desarrolladores de Windows: “Hemos arreglado el Bloc de notas”. Y sólo han tardado más de tres décadas.

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Ciencia ciudadana en la web 3.0 | Noticias de Ciencia ciudadana en Heraldo.es

Fuente original: Ciencia ciudadana en la web 3.0 | Noticias de Ciencia ciudadana en Heraldo.es

La ciencia ciudadana necesita de la web semántica para hacer visibles e indexar correctamente los mil y un proyectos que surgen constantemente.

Francisco Sanz García  10/05/2018 a las 05:00
 ¿Cómo evitar que miles de proyectos queden en el olvido o perdidos en internet?

La ciencia ciudadana tiene cada vez más impacto; es un hecho objetivo. Son numerosos los proyectos de todo tipo que cada día surgen en todo el planeta. Esta heterogeneidad se hace palpable no solo en la rama de investigación en la que los proyectos son desarrollados, sino también en metodología, duración, número de participantes, rango de actuación, nivel de documentación, grado de consecución, etc. Es ahí, en esta heterogeneidad, donde radica uno de los puntos fuertes de la ciencia ciudadana, esta se convierte en una actuación rápida y directa que surge al detectarse un problema, una pregunta, etc.

Sin embargo, aunque resulte paradójico, esta es también una de las debilidades de la ciencia ciudadana. Millares de proyectos y de conocimientos pueden quedarse en el olvido, o perdidos en la world wide web, simplemente por carecer de una herramienta potente y flexible que los haga visibles y los indexe de forma correcta.

Este problema, desde luego, no es exclusivo de la ciencia ciudadana. Atañe y es uno de los problemas intrínsecos debidos a la naturaleza de la www, y es, sin duda, uno de los retos a resolver en los siguientes años.

La W3C (World Wide Web Consortium) está impulsando la web semántica, una extensión de la world wide web. Pretende ser un estándar -denominado web 3.0- de formatos e intercambio de datos en la web. Este concepto fue concebido por Tim Berners-Lee, el padre de la www.

Con esta extensión – adoptada en 2013 por más de 4 millones de dominios, es posible indicar, de forma que los robots buscadores puedan entender, de qué estamos hablando en cada momento. Un ejemplo: podríamos indicar en una web de un proyecto de ciencia ciudadana su duración, número de participantes, rama de investigación, etc. De forma que, con una simple búsqueda, podríamos ver todos los proyectos de ciencia ciudadana que se ejecutaron en 2016 en Austria o Italia y que involucraron a entre 100 y 150 participantes.

La tarea, sin embargo, no es sencilla, ya que en primer lugar habría que definir la ontología con la que hacer el marcado de los proyectos de ciencia ciudadana. Esta ontología debería cumplir los estándares definidos en schema.org, siendo compatibles con otros que ya se están definiendo, como openscience. Además, las páginas web de proyectos de ciencia ciudadana deberían adoptar esta extensión, incluyéndola en su código.

Más aún, Google, basándose en estos estándares, está implementando los Fact Check – Verificaciones de datos. Añadiendo Claim Review – definido en schema.org – podremos verificar datos/hechos de otras páginas. Con esto queremos decir que no estamos simplemente hablando de identificar items, sino que también podremos establecer relaciones entre ellos.

Resumiendo, la web 3.0 encuentra en los proyectos de ciencia ciudadana el lugar natural donde ser implementada, y la ciencia ciudadana necesita de la web semántica para poner en ella un orden (descentralizado). Es una ardua tarea, que, sin duda, merece la pena.

Francisco Sanz García Instituto de Biocomputación Físca de los Sistemas Complejos (Universidad de Zaragoza)

Esta sección se realiza en colaboración con el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis

PETasa, una enzima capaz de degradar el plástico – La Brújula de la Ciencia

Hace dos años unos científicos japoneses encontraron una bacteria en una planta de reciclaje de plástico que había encontrado la manera de digerir el propio plástico y alimentarse de él. Ésta es una capacidad muy inusual porque el plástico tiene una estructura química muy intrincada, con largas moléculas entrelazadas entre sí, y para digerirlo es necesario partir esas moléculas en trozos más pequeños. Hace unas semanas se publicó un artículo que estudia en detalle la enzima que les permite a estas bacterias trocear las moléculas de plástico, y esta misma sustancia podría usarse en el futuro para degradar el plástico artificialmente y reducir su tiempo de vida en el medio ambiente. De hecho, estos científicos no sólo han entendido cómo es esta enzima, sino que, por un golpe de suerte, también han logrado mejorarla. Os lo contamos esta semana en La Brújula de la Ciencia.

“El acceso al conocimiento científico es un derecho humano” | Ciencia | EL PAÍS

Fuente original: “El acceso al conocimiento científico es un derecho humano” | Ciencia | EL PAÍS

El activista canadiense John Willinsky propone un modelo editorial compatible con la ciencia abierta.

Todos los días crece el conocimiento científico. En las próximas 24 horas se publicarán cientos de estudios con los descubrimientos más recientes, pero la mitad quedarán recogidos en revistas académicas que solo se distribuyen a los centros de investigación capaces de pagar suscripciones millonarias. Cabe preguntar por qué una ciencia que depende en gran parte de la financiación pública no facilita todos sus resultados a la ciudadanía. El educador, autor, activista y catedrático de la Universidad de Stanford John Willinsky (Toronto, 1950) lleva dos décadas de cruzada por el acceso libre y universal a la información científica. Asegura que esta visión, la de la ciencia abierta, ya es posible en la era digital. Y, sin embargo, sus esfuerzos se han visto frustrados por el celo con el que las editoriales académicas se aferran a su arcaico modelo de publicación.

“El acceso al conocimiento es un derecho humano”, dice Willinsky durante una visita al Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. Habla pensando en los investigadores que no están afiliados a una buena biblioteca universitaria —como muchos del Sur global—, en los estudiantes y en los periodistas, pero también incluye al público y a profesionales de todas las disciplinas: “Hay astrónomos aficionados con un telescopio en el jardín, que quieren aprender sobre los últimos avances en astronomía, y hay médicos en la clínica, que no están seguros de un diagnóstico y necesitan más información”. Para él, la ciencia “podría tener un papel mucho más amplio” en la sociedad del que tiene ahora.

El pilar sobre el que se sostiene la ciencia abierta es la publicación de las investigaciones científicas bajo el modelo open access, es decir, de lectura gratuita. “Antes de internet esto no se cuestionaba. No íbamos a repartir revistas científicas en los autobuses”, bromea el autor. Pero ahora que sí es posible, sigue sin ser lo más habitual: “Los investigadores envían y revisan artículos sin cobrar, reciben un estipendio simbólico por editar. Las editoriales acaban en una posición muy ventajosa, porque invierten muy poco dinero y acaban siendo las dueñas de la propiedad intelectual. Esa es una de las mayores preocupaciones”, lamenta.

Aprovechando su monopolio en la diseminación del conocimiento, estas editoriales académicas cobran suscripciones cada vez mayores por sus revistas. Los centros de investigación, que necesitan acceso a los últimos estudios para trabajar, pagan. De acuerdo con su última memoria anual, el CSIC gasta en torno a nueve millones de euros al año en la adquisición de información científica. Pero el mercado está cambiando, dice Willinsky. El año pasado, las universidades alemanas no renovaron su contrato con Reed-Elsevier, la mayor editorial de revistas científicas del mundo, en protesta por los precios abusivos. Este mes, el consorcio de universidades francesas ha hecho lo mismo con Springer-Nature, que publica una de las dos revistas científicas más prestigiosas del mundo. El éxito de la web pirata Sci-Hub, que permite descargar cualquier artículo de investigación gratis, demuestra la demanda global por la ciencia abierta.

“Las expectativas públicas son importantísimas para este proceso”, opina Willinsky. “Sci-Hub es un parásito [de la industria editorial], pero también es una ilustración preciosa de lo que quiere la gente. Estamos viendo una serie de señales y prodigios que las editoriales también están percibiendo”, explica. Ahora, el 50% de las publicaciones científicas son open access, aunque la distribución es muy heterogénea en cuanto a la geografía, las disciplinas y el prestigio de estas revistas. Según el investigador canadiense, el éxito de la ciencia abierta “ya es inevitable”. “Hace 15 años, las editoriales decían ‘estáis locos, vais a acabar con las publicaciones’. Ahora nadie está en contra del open access. Cuando Elsevier alardeaba de que es la segunda editorial con más revistas de lectura gratuita, yo me lo tomé como una señal del cambio”, recuerda.

La única forma sostenible de lograr una ciencia abierta global, según Willinsky, es pagar por adelantado, con los mismos fondos —ya sean públicos o privados— que ahora se gastan en suscripciones. “Queremos publicaciones profesionales”, señala. “Pero el precio es una gran preocupación. Si tenemos menos investigaciones, aunque sean abiertas, no hemos avanzado”.

Las editoriales académicas tienen un negocio redondo, con beneficios que oscilan entre el 30% y 40% para las más grandes, pero no obstante ofrecen un servicio útil: coordinan el proceso de edición y se aseguran de archivar y diseminar la nueva información en formatos electrónicos optimizados para la búsqueda y lectura en web. Willinsky sonríe antes de añadir: “En 20 años, he visto muchos precios distintos. ¿Cuánto cuesta realmente producir un artículo de investigación científica?” En las ciencias biomédicas, el coste por publicar un artículo en open access es de unos 3.000 euros, que se pagan por adelantado. En algunas ciencias sociales es gratis. “El precio se basa en cuánto dinero asumen que tienes. Cobran lo que aguante el mercado”.

No obstante, Willinsky es optimista. Será cuestión de años o de décadas, pero el modelo puede funcionar porque ya hay un ejemplo de ello: el consorcio SCOAP3 reúne 3.000 bibliotecas e instituciones internacionales especializadas en física de partículas que han decidido juntar todos los fondos que gastaban en suscripciones académicas para destinarlo a los costes de la publicación en open access. Cada miembro paga en proporción a su contribución de artículos y los resultados los disfruta toda la sociedad. Las editoriales tienen el mismo dinero que tenían antes, aunque existe el riesgo de que algún centro decida no pagar durante un año de escasez. “Pero lo mismo podía ocurrir con las suscripciones”, razona Willinsky. “Nunca hubo garantías para la editorial”.

Cada vez son más los científicos que reconocen el valor de la ciencia abierta. Entre otros motivos más altruistas, destaca un elemento de vanidad, explica el catedrático canadiense: “Los artículos gratuitos llegan a más gente. Aumentan las visualizaciones y citaciones de sus artículos”. Solía haber una gran preocupación por el control de calidad, pero también ésta actitud ha cambiado gracias a revistas open access muy prestigiosas, como Scientific Reports, de Springer-Nature, y la familia de revistas PLoS. “El logro es ver que no solo estamos luchando porque la ciencia sea gratis, sino que estamos luchando por un principio que siempre ha sido parte de la ciencia: que el acceso y la transparencia contribuyen a la calidad. La ciencia funciona cuando es abierta, se basa en la circulación y la revisión de la información.” Y añade: “Si mantienes algo secreto, no tienes autoridad para decirte en posesión del conocimiento”.

El entrelazamiento cuántico funciona también en objetos masivos

Fuente original: El entrelazamiento cuántico funciona también en objetos masivos

Puede aguantar hasta media hora y posibilita la teleportación de vibraciones mecánicas

El entrelazamiento cuántico funciona a escala de objetos masivos y no sólo a nivel de átomos, fotones y electrones, ha descubierto una investigación. Tambores vibratorios del ancho de un cabello humano han estado entrelazados hasta media hora, abriendo la puerta a la teleportación de vibraciones mecánicas.

El entrelazamiento cuántico es uno de los fenómenos más desconcertantes de la mecánica cuántica. Cuando dos partículas, como los átomos, los fotones o los electrones, se entrelazan, experimentan un vínculo inexplicable que se mantiene incluso si las partículas están en lados opuestos del universo. Mientras están entrelazadas, el comportamiento de las partículas está ligado entre sí.

El entrelazamiento es la base de tecnologías en fase de desarrollo, tales como la computación cuántica, la criptografía cuántica, o la teleportación cuántica. Sin embargo, es extremadamente frágil y hasta ahora sólo se había observado en sistemas microscópicos como la luz o los átomos, y también en circuitos eléctricos supraconductores.

Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Nature y desarrollada en la Universidad Aalto de Finlandia, ha demostrado se puede generar y detectar el entrelazamiento cuántico entre objetos más grandes. Esta investigación, dirigida por Mika Sillanpää, consiguió traer dos objetos distintos y en movimiento, casi visibles a simple vista, a un estado de entrelazamiento cuántico.

Los objetos eran dos tambores vibratorios fabricados de aluminio metálico en un chip de silicio. La estructura de los tambores es maciza y macroscópica en comparación con la escala atómica: su diámetro es similar al ancho de un cabello humano delgado.

Los tambores vibratorios interactúan a través de un circuito hiperfrecuencia supraconductor. Los campos magnéticos del circuito se usan para absorber todas las perturbaciones térmicas y dejar únicamente las vibraciones cuánticas, explica Mika Sillanpää en un comunicado de su universidad.

Cerca del cero absoluto

La eliminación de cualquier forma de ruido es importante para que el experimento funcione, por lo que se ha desarrollado a una temperatura cercana al cero absoluto (-273ºC). En este caso, los investigadores consiguieron que el entrelazamiento cuántico durara un tiempo excepcionalmente largo, hasta media hora.

“Estas medidas son desafiantes pero extremadamente fascinantes. En el futuro, intentaremos teletransportar las vibraciones mecánicas. En la teleportación cuántica, las propiedades de los cuerpos físicos pueden transmitirse a distancias arbitrarias utilizando el entrelazamiento cuántico. Sin embargo, todavía estamos bastante lejos de Star Trek “, dice  Caspar Ockeloen-Korppi, autor principal del trabajo, que también realizó las mediciones.

Los resultados demuestran que es posible tener control sobre las propiedades más delicadas y sofisticadas de los objetos cuyo tamaño se acerca a la escala de nuestra vida cotidiana.

El logro abre las puertas a nuevos tipos de tecnologías cuánticas, en las que los objetos entrelazados podrían usarse como enrutadores o sensores. El hallazgo también permite nuevos estudios de física fundamental en, por ejemplo, la interacción poco comprendida de la gravedad y la mecánica cuántica.

Avances recientes

Este descubrimiento no es el único que revela nuevas propiedades del entrelazamiento cuántico. Tal como explicamos en otro artículo, investigadores norteamericanos comprobaron recientemente por vez primera que el entrelazamiento cuántico funciona también en un sistema biológico.

Entrelazaron la polaridad de dos fotones liberados por una proteína y al separarlos mostraban la misma polarización. Este descubrimiento abre la puerta a ordenadores cuánticos construidos sobre base biológica y nuevos territorios a la investigación sobre los sistemas vivos.

Otra conquista reciente fue la de científicos chinos, que consiguieron transmitir pares de fotones entrelazados desde el espacio hasta dos estaciones terrestres y que los fotones mantuvieran el entrelazamiento a pesar de estar separados entre sí por 1.200 kilómetros, tal como informamos en otro artículo.

La nueva investigación supone un hito más en el sorprendente descubrimiento y comprensión de las posibilidades y potencialidades del entrelazamiento cuántico, una propiedad introducida en la mecánica cuántica en 1935 por el afamado físico Erwin Schrödinger.

Referencia

Stabilized entanglement of massive mechanical oscillators. C. F. Ockeloen-Korppi, et al. Nature volume 556, pages478–482 (2018). doi:10.1038/s41586-018-0038-x

Colonialismo científico: los investigadores africanos se rebelan contra el expolio de datos genéticos – Cuaderno de Cultura Científica

Fuente original: Colonialismo científico: los investigadores africanos se rebelan contra el expolio de datos genéticos – Cuaderno de Cultura Científica

Desde que en el año 2001 se descodificó el primer genoma humano, miles de ellos han pasado por el mismo proceso y poco a poco estamos creando una enorme base de datos mundial que refleja nuestra diversidad como especie. El continente africano está siendo escenario de gran parte de esa recolección de datos: en África, el lugar donde aparecieron los primeros de nuestros antepasados, los distintos grupos de población contienen interesantes variaciones para entender los cruces genéticos que nos dieron forma, cómo nos movemos y alimentamos y las enfermedades que todavía hoy sufrimos.

Hay grandes beneficios en juego para la población africana a cambio de aportar esta valiosa información al campo de la genómica a nivel global. Conocer las variaciones genéticas de un grupo puede ayudar a mejorar su atención médica. En muchas regiones de África eso puede significar una mejora de la calidad de vida incalculable.

El expolio de los datos

Pero a medida que la genómica avanza y despega, los científicos africanos temen (y están observando ya) como las viejas dinámicas del colonialismo vuelven a hacer de las suyas y las grandes potencias mundiales se dedican a explotar sus recursos y ofrecer nada a cambio. A causa de la falta de recursos, hay pocas instituciones científicas en África que puedan llevar a cabo en solitario investigaciones de este tipo, que en muchos casos requieren complejos equipos informáticos capaces de procesar miles de datos con velocidad. Por eso, los equipos que tienen interés en investigar en este campo a menudo tienen que asociarse y aceptar las condiciones de grupos de otros países. Y esas condiciones muchas veces dejan muy poco margen y resultado para los científicos locales.

Lo llaman ‘investigación helicóptero’, una práctica por la que los investigadores de países desarrollados acuden a los países en desarrollo, recogen sus datos y se marchan de allí sin contar con los científicos locales. A veces incluso pueden compartir a posteriori esos datos con otros grupos que no estuvieron involucrados en su recogida, lo cual crea una indignante contradicción en la que la información recabada y los resultados derivados de ella benefician a todo el mundo excepto a la población de la que se extrajo.

Una guía de buenas prácticas

Conocedores de cómo puede terminar esta historia (los países del continente expoliados de sus datos genéticos, que estarán dando réditos a miles de kilómetros donde sus habitantes apenas llegarán a olerlos, ¿no les suena esto de algo?), los científicos africanos han decidido tomar cartas en el asunto y han publicado una guía de buenas prácticas a exigir para desarrollar investigaciones genéticas en África. Detrás del documento está la Human Heredity and Health in Africa (H3Africa) Initiative, un consorcio que apoya y promueve investigaciones biomédicas en el continente.

“El hecho de compartir [datos] para contribuir al bienestar de otros sería algo ampliamente respaldado en África. Pero eso siempre debe ir unido a la reciprocidad, debe hacerse de una forma responsable, con la aportación de todos los involucrados y con mecanismos que obliguen a los equipos de investigación a hacerse responsables y a dar explicaciones de sus actos”, explican los autores del documento, que aseguran que así los africanos podrán participar y contribuir al avance en este campo de innovación, “algo que, aunque caro por el momento, tiene un enorme potencial para retornar en forma de menores costes sanitarios cuando conozcamos los determinantes genómicos de muchas enfermedades”.

El documento establece algunos principios básicos. Para empezar, las investigaciones genómicas que se lleven a cabo en África deben ser sensibles y respetuosas con las culturas y valores de los africanos, así como establecer los beneficios para ellos como uno de sus objetivos primordiales. Además, estos proyectos y la publicación y publicitación de sus resultados deben contar con la aportación y participación de científicos africanos. “Teniendo en cuenta que el objetivo principal de la investigación genómica en África debería ser el beneficio de los africanos, la contribución de los científicos que trabajan en instituciones africanas debería ser significativa y sustanciosa, incluyendo el liderazgo o coliderazgo intelectual efectivo”.

La ciencia que reduzca desigualdades y no las aumente

La idea es que esta guía dé ideas y estrategias a los científicos africanos a la hora de negociar con sus socios extranjeros. Los marcos temporales son especialmente críticos debido al desequilibrio en capacidad de computación de unos y de otros, así que una forma de evitar el saqueo de datos podría ser, por ejemplo, exigir periodos de embargo durante los cuales investigadores que no hayan participado en la recogida de datos no puedan publicar resultados basándose en ellos.

A nadie se le escapa que no será fácil conseguir que estas reglas sean respetadas. Los científicos africanos juegan en desventaja económica, lo cual puede mermar su capacidad para imponer condiciones a la hora de pactar las condiciones de futuras colaboraciones científicas.

Pero si hemos aprendido algo de nuestra propia historia, si tenemos claro qué actitudes e injusticias del pasado terminaron conformando el mundo desigual en el que vivimos hoy, si de verdad el avance de la ciencia tiene como objetivo mejorar el bienestar de toda la humanidad… Entonces no dejaremos que la investigación se convierta en otra palanca para seguir ampliando la brecha que separa a ricos y pobres hasta desgajarnos.

Referencias:

Ethics and Governance Framework for Best Practice in Genomic Research and Biobanking in Africa – Human Heredity and Health in Africa (H3Africa) Initiative

African scientists call for more control of their continent’s genomic data – Nature

How the genomics revolution could finally help Africa – Nature

Helicopter’ researchers – issues with research being conducted on mining impact in North Western Province Zambia – Australian National University

Sobre la autora: Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista

Discos protoplanetarios reales alrededor de estrellas jóvenes – Twitter

Fuente original: https://twitter.com/AstroRibas/status/980828284547141633?s=19

Acá transcribo el tweet de Álvaro Ribas Gómez @AstroRibas y toda la línea que lo continúa, que no tiene desperdicio.

Por si os lo perdisteis: estas son observaciones REALES de discos protoplanetarios alrededor de estrellas jóvenes. No son simulaciones, son datos del instrumento SPHERE del . Alucinante.

Lo que se ve es luz que ha sido emitida por el estrella central (que se tapa durante las observaciones para poder ver el disco), y luego ha sido reflejada hacia nosotros por pequeños granos de polvo en la superficie de los discos.

Su superficie está curvada como un cuenco de cereales, y por eso se ve esa banda central oscura cuando los vemos con un poco de inclinación: estas observaciones son sensibles sólo al polvo que hay en las capas superiores.

Además, muchos de estos discos tienen anillos y brazos espirales que pueden ser el resultado de la interacción gravitatoria con planetas recién formados.

Los sistemas planetarios se forman en estos discos, así que estudiándolos podemos entender mejor cómo este proceso y explicar la diversidad de planetas extrasolares que se conocen.

Si queréis saber más, aquí tenéis el artículo de Avenhaus et al. 2018 (en inglés):

La próxima vez que te encuentres con algún terraplanista no se te ocurra enseñarles la forma de los discos protoplanetarios, porque ahí sí que ya no hay vuelta atrás 😉