Archivo de la categoría: Manipulación

El hilo que recuerda el “Caso Nariyah” o cómo la manipulación puede promover una guerra – Público

Fuente original: http://www.publico.es/tremending/2018/04/18/el-hilo-que-recuerda-el-caso-nariyah-o-como-la-manipulacion-puede-promover-una-guerra/

El pasado sábado EEUU, Reino Unido y Francia bombardearon Siria en una ofensiva conjunta lanzada contra posiciones de Bashar al Asad como represalia por un supuesto ataque químico. El embajador de Rusia en Washington, Anatoli Antónov, advirtió que el ataque tendrá consecuencias.

A cuenta de esta noticia, el tuitero Larra ha recuperado la historia de Nariyah, una niña de Kuwait cuyo testimonio en las televisiones estadounidenses en 1990 contribuyó a convencer a la población de la necesidad de la intervención en Irak. La ‘Guerra del Golfo’ tuvo lugar y posteriormente una investigación periodística demostró que el testimonio era inventado y que la joven era hija del embajador kuwaití en Washington. Un recuerdo de cómo la manipulación puede promover una guerra.

 

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Lula da Silva a Correa: “La élite de América Latina no quiere democracia”- Videos de RT

Fuente original: Lula da Silva a Correa: “La élite de América Latina no quiere democracia”- Videos de RT

En esta nueva edición de ‘Conversando con Correa’, el expresidente de Ecuador dialoga con Lula da Silva, expresidente progresista de Brasil y líder del Partido de los Trabajadores. La conversación entre ambos profundiza en las dificultades históricas y políticas que han afectado a América Latina –en especial en su relación con EE.UU.– y en su necesidad de seguir luchando para mantener la dignidad social frente a cualquier intento de sometimiento.

Este encuentro entre Luiz Inácio Lula da Silva y Rafael Correa es también el encuentro entre dos expresidentes latinoamericanos progresistas, lo cual propicia, ciertamente, una lectura compartida del presente político basada en la experiencia directa de los problemas políticos de la región.

Correa recibe a Lula con una pregunta introductoria tan amplia como indispensable. Después del fulgurante progreso de Brasil durante los gobiernos progresistas del Partido de los Trabajadores (PT), de su éxito indiscutible en la reducción de los niveles de hambre y de pobreza, y de la considerable estabilidad democrática alcanzada en ese periodo, sobreviene la injusta “defenestración” sufrida por los dirigentes del PT: la persecución política de Lula y el ‘impeachment’ de Dilma Rousseff “basado en calumnias”, tal como señala el propio Correa. En añadidura, los dirigentes actuales aparecen salpicados por casos de corrupción al más alto nivel. “¿Qué ocurre con nuestro querido Brasil?”, pregunta Correa.

“Brasil lo tenía todo, para estar consolidando su democracia –explica Lula–. Todo empezó muy bien, hasta que empezaron las manifestaciones del 2013”. En opinión del expresidente brasileño, su país “estaba en una posición privilegiada, formaba parte de los BRICS, se había convertido en un protagonista internacional, y creo que los estadounidenses no estaban acostumbrados a ver cierta independencia por parte de América Latina”.

“En todo caso, los logros fueron extraordinarios”, apunta Rafael Correa, que considera “desconcertante” el rumbo posterior de los acontecimientos, y lamenta que “el resto de América Latina y el resto del mundo mirase hacia otro lado” ante las injusticias cometidas en Brasil contra el Partido de los Trabajadores.

Los intereses de las élites… dentro y fuera de Brasil

Por su parte, Lula ofrece una versión de los hechos clara y sencilla: “La élite brasileña nunca ha aceptado el hecho de que yo haya optado a favor de América del Sur”. El líder del PT asume que “Brasil era un país que estaba de espaldas a América del Sur; no miraba hacia África sino miraba directamente hacia EE.UU. y la Unión Europea”. “Yo decidí cambiar eso”, asevera.

“Estoy convencido –continúa Lula– de que hay un vínculo entre los intereses de la élite brasileña y los de la élite extranjera, sobre todo la de EE.UU”. El expresidente brasileño asegura que “muchas veces no conseguimos comprobar cosas en el mismo período que ocurren, pero hoy ya tenemos pruebas de que el Ministerio Público de Brasil está recibiendo instrucciones del Ministerio Público de EE.UU“. “Hay una combinación de intereses de la élite de países como EE.UU. y los de la élite brasileña”, añade Lula.

En cualquier caso, el político brasileño se muestra convencido de que “a EE.UU. no le interesa una América Latina independiente, no le interesa una América Latina con soberanía, y mucho menos interesa que un país con el tamaño de Brasil tenga influencia en las decisiones de América Latina”.

Estas reflexiones son congruentes con la visión geopolítica de Lula da Silva, que en un momento de la entrevista llega a afirmar que “la élite brasileña no está acostumbrada a la democracia; más que eso, creo que la élite de América Latina no quiere democracia”.

Autocrítica y ganas de luchar

Lula admite que “nosotros también hemos cometido errores, que nos dejamos llevar por la euforia, por las cosas que fuimos capaces de hacer, y por eso no se tuvo tanto cuidado en la organización del país”. En ese sentido, lamenta haber perdido una oportunidad de “consolidar el bloque del Sur”, y reconoce directamente que “no se consolidó”.

Correa, por su parte, llama la atención sobre la existencia de un “libreto” de acción política que “se aplica en varias partes de latinoamérica” y conlleva “la persecución de los políticos progresistas” y en no pocas ocasiones su “linchamiento mediático”, mientras los políticos conservadores parecen gozar de una suerte de impunidad.

Lula, sin embargo, no está dispuesto a rendirse: “me quedaré aquí y lucharé. Lucharé porque cuento con el apoyo de una parte de la sociedad organizada y muy fuerte, con la participación de estudiantes”, asegura, y añade que quiere convertir a Brasil en “un país que trabaje para el crecimiento conjunto de las naciones, un país que vaya con la cabeza erguida defendiendo los pueblos oprimidos del mundo”.

A su favor juega, sin duda, su buena disposición: “A mis 73 años tengo la energía de alguien de 30 años y las ganas de pelear de alguien de 20”, asegura Lula.

Durante este encuentro, entre Rafael Correa y Lula da Silva profundizan también en otras cuestiones de actualidad y de gran interés, que podrán ver en el video del programa que les ofrecemos aquí en su totalidad.

 

El colonialismo insidioso | Opinión | Página12

Fuente original: El colonialismo insidioso | Opinión | Página12

El término alemán Zeitgeist se utiliza actualmente en diferentes lenguas para designar el clima cultural, intelectual y moral de una determinada época, literalmente, el espíritu del tiempo, el conjunto de ideas y creencias que componen la especificidad de un periodo histórico. En la Edad Moderna, dada la persistencia de la idea del progreso, una de las mayores dificultades para captar el espíritu de una determinada época reside en identificar las continuidades con respecto a épocas anteriores, casi siempre disfrazadas de discontinuidades, innovaciones y rupturas.

Para complicar aún más el análisis, lo que permanece de períodos anteriores siempre se metamorfosea en algo que simultáneamente lo denuncia y disimula y, por eso, permanece siempre como algo diferente de lo que fue, sin dejar de ser lo mismo. Las categorías que usamos para caracterizar una determinada época son demasiado toscas para captar esta complejidad, porque ellas mismas forman parte del mismo espíritu del tiempo que supuestamente deben caracterizar desde fuera. Corren siempre el riesgo de ser anacrónicas, por el peso de la inercia, o utópicas, por la ligereza de la anticipación.

Vengo defendiendo que vivimos en sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales, en referencia a los tres principales modos de dominación de la modernidad occidental: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado o, más precisamente, el heteropatriarcado. Ninguna de estas categorías es tan controvertida entre los movimientos sociales y la comunidad científica como la de colonialismo. Hemos sido tan socializados en la idea de que las luchas de liberación anticolonial del siglo XX pusieron fin al  colonialismo, que casi resulta una herejía pensar que al final el colonialismo no acabó, sino que apenas cambió de forma o ropaje. Nuestra dificultad radica sobre todo en nombrar adecuadamente este complejo proceso de continuidad y cambio. Es cierto que los analistas y los políticos más perspicaces de los últimos 50 años tuvieron la aguda percepción de esta complejidad, pero sus voces no fueron lo suficientemente fuertes como para cuestionar la idea convencional de que el colonialismo propiamente dicho acabara, con la excepción de algunos pocos casos, siendo los más dramáticos posiblemente el Sáhara Occidental, la colonia hispano-marroquí que continúa subyugando al pueblo saharaui, así como la ocupación de Palestina por Israel. Entre esas voces cabe destacar la del gran sociólogo mexicano Pablo González Casanova con su concepto de “colonialismo interno” para caracterizar la permanencia de estructuras de poder colonial en las sociedades que emergieron en el siglo XIX de las luchas de independencia de las antiguas colonias americanas de España.

Y también la voz del gran líder africano Kwame Nkrumah, primer presidente de la República de Ghana, con su concepto de “neocolonialismo” para caracterizar el dominio que las antiguas potencias coloniales seguían ejerciendo sobre sus antiguas colonias, convertidas en países supuestamente independientes. Una reflexión más profunda sobre los últimos 60 años me lleva a concluir que lo que casi terminó con los procesos de independencia del siglo XX fue una forma específica de colonialismo, y no el colonialismo como modo de dominación. La forma que casi terminó fue lo que se puede designar como colonialismo histórico, caracterizado por la ocupación territorial extranjera. Sin embargo, el modo de dominación colonial continuó bajo otras formas. Si las consideramos de esta forma, el colonialismo es tal vez hoy tan vigente y violento como en el pasado.

Para justificar esta afirmación es necesario especificar en qué consiste el colonialismo como forma de dominación. El colonialismo es todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales. A las poblaciones y a los cuerpos racializados no se les reconoce la misma dignidad humana que se atribuye a quienes los dominan. Son poblaciones y cuerpos que, a pesar de todas las declaraciones universales de los derechos humanos, son existencialmente considerados como subhumanos, seres inferiores en la escala del ser. Sus vidas tienen poco valor para quien los oprime, siendo, por tanto, fácilmente desechables. Originalmente se los concibió como parte del paisaje de las tierras “descubiertas” por los conquistadores, tierras que, a pesar de ser habitadas por poblaciones indígenas desde tiempos inmemoriales, fueron consideradas como tierras de nadie, terra nullius. También se consideraron como objetos de propiedad individual, de los que la esclavitud es prueba histórica. Y hoy continúan siendo poblaciones y cuerpos víctimas del racismo, de la xenofobia, de la expulsión de sus tierras para abrir el camino a los megaproyectos mineros y agroindustriales y a la especulación inmobiliaria, de la violencia policial y las milicias paramilitares, del trabajo esclavo llamado eufemísticamente “trabajo análogo al trabajo esclavo” para satisfacer la hipocresía biempensante de las relaciones internacionales, de la conversión de sus comunidades de ríos cristalinos y bosques idílicos en infiernos tóxicos de degradación ambiental. Viven en zonas de sacrificio, en todo momento en riesgo de convertirse en zonas de no ser.

Las nuevas formas de colonialismo son más insidiosas porque se producen en el núcleo de relaciones sociales, económicas y políticas dominadas por las ideologías del antirracismo, de los derechos humanos universales, de la igualdad de todos ante la ley, de la no discriminación, de la igual dignidad de los hijos e hijas de cualquier dios o diosa. El colonialismo insidioso es gaseoso y evanescente, tan invasivo como evasivo, en suma, astuto. Pero ni así engaña o aminora el sufrimiento de quienes son sus víctimas en la vida cotidiana. Florece en apartheids sociales no institucionales, aunque sistemáticos. Sucede tanto en las calles como en las casas, en las prisiones y en las universidades, en los supermercados y en las estaciones de policía. Se disfraza fácilmente de otras formas de dominación tales como diferencias de clase y de sexo o sexualidad, incluso siendo siempre un componente de ellas. Verdaderamente, el colonialismo insidioso solo es captable en close-ups, instantáneas del día a día. En algunas de ellas surge como nostalgia del colonialismo, como si fuese una especie en extinción que debe ser protegida y multiplicada. He aquí algunas de tales instantáneas.

Primera instantánea: Uno de los últimos números de 2017 de la respetable revista científica Third World Quarterly, dedicada a los estudios poscoloniales, incluía un artículo de autoría de Bruce Gilley, de la Universidad Estatal de Portland, titulado “En defensa del colonialismo”. Este el resumen del artículo: “En los últimos cien años, el colonialismo occidental ha sido muy maltratado. Ha llegado la hora de rebatir esta ortodoxia. Considerando de manera realista los respectivos conceptos, el colonialismo occidental fue, en regla, tanto objetivamente benéfico como subjetivamente legítimo en la mayor parte de los lugares donde ocurrió. En general, los países que abrazaron su herencia colonial tuvieron más éxito que aquellos que la despreciaron. La ideología anticolonial impuso graves perjuicios a los pueblos sujetos a ella. Y continúa impidiendo, en muchos lugares, un desarrollo sustentado y un encuentro productivo con la modernidad. Hay tres formas en las que estados fallidos de nuestro tiempo pueden recuperar hoy el colonialismo: reclamando modos de gobernanza colonial, recolonizando algunas áreas y creando nuevas colonias occidentales”.

El artículo causó una indignación general y quince miembros del consejo editorial de la revista dimitieron. La presión fue tan grande que el autor terminó por retirar el artículo de la versión electrónica de la revista, aunque permaneció en la versión impresa. ¿Fue una señal de los tiempos? Al final, el artículo fue sujeto a revisión anónima por pares. La controversia mostró que la defensa del colonialismo estaba lejos de ser un acto aislado de un autor desvariado.

Segunda instantánea: Wall Street Journal del 22 de marzo pasado publicó un reportaje titulado: “La búsqueda de semen norteamericano se disparó en Brasil”. Según la periodista, la importación de semen norteamericano por mujeres solteras y parejas lésbicas brasileñas ricas aumentó extraordinariamente en los últimos siete años y los perfiles de los donantes seleccionados muestran la preferencia por bebés blancos y con ojos azules. Y añade: “La preferencia por donantes blancos refleja una persistente preocupación por la raza en un país en que la clase social y el color de piel coinciden con gran rigor. Más del 50 por ciento de los brasileños son negros o mestizos, una herencia resultante del hecho que Brasil importó diez veces más esclavos africanos que los Estados Unidos; y fue el último país en abolir la esclavitud, en 1888. Los descendientes de colonos y migrantes blancos –muchos de los cuales fueron atraídos al Brasil a fines del siglo XIX y principio del siglo XX, cuando las élites de gobierno buscaban explícitamente ‘blanquear’ a la población– controlan la mayor parte del poder político y de la riqueza del país. En una sociedad tan racialmente dividida, tener descendencia de piel clara es visto muchas veces como un modo de brindar a los niños mejores perspectivas, sea un salario más elevado o un tratamiento policial más justo”.

Tercera instantánea: El 24 de marzo pasado, el diario más influyente de Africa del Sur, Mail & Guardian, publicó un reportaje titulado “Genocidio blanco: cómo la gran mentira se propagó en los Estados Unidos y otros países”. Según el periodista, “los Suidlanders (foto), un grupo sudafricano de extrema derecha, han venido estableciendo contacto con otros grupos extremistas en Estados Unidos y en Australia, fabricando una teoría de conspiración sobre el genocidio blanco, con el objetivo de conseguir apoyo internacional para los sudafricanos blancos. El grupo, que se autodescribe como ‘una iniciativa-plan de emergencia’ para preparar una minoría sudafricana de cristianos protestantes para una supuesta revolución violenta, se ha relacionado con varios grupos extremistas (alt-right) y sus influyentes contactos mediáticos en Estados Unidos para instalar una oposición global a la alegada persecución de blancos en África del Sur. La semana pasada, el ministro australiano de Asuntos Internos dijo a Daily Telegraph que estaba considerando la otorgación de visas rápidas para agricultores sudafricanos blancos, los cuales –argüía el ministro– necesitaban “huir de circunstancias atroces” para “un país civilizado”. Según el ministro, tales agricultores “merecen atención especial” debido a la ocupación de tierras y la violencia… Estos agricultores sudafricanos blancos también han recibido atención en Europa, donde políticos de extrema derecha con contactos en la extrema derecha estadounidense han solicitado al Parlamento Europeo que intervenga en Africa del Sur. Agentes políticos contra los refugiados en el Reino Unido están igualmente ligados a la causa”.

La gran trampa del colonialismo insidioso es dar la impresión de un regreso, cuando en realidad lo que “regresa” nunca dejó de existir.

* Doctor en Sociología del Derecho. Profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Winsconsin-Madison (EE.UU.).

Traducción: Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

El libro negro de Mark Twain | Página12

Fuente original: El libro negro de Mark Twain | Página12

Mark Twain tenía un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la muñeca. Un día los dejaron solos en la bañadera y uno se ahogó. El chapoteo en el agua había desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cuál de los dos había muerto. “Desde entonces no sé si yo soy yo o mi hermano”, remataba siempre la anécdota aquel hombre que adoraba tanto las historias apócrifas sobre su persona, que llegó a declarar alguna vez: “Mark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas”.

Hasta sus fechas de nacimiento y muerte parecen alimentar lo mítico: vino al mundo con el cometa Halley en 1835 y partió con él cuando volvió a pasar por la Tierra en 1910. A los doce años, luego de la muerte de su padre, dejó la escuela y entró a trabajar como aprendiz en una imprenta, luego fue grumete en aquellos barcos de rueda que recorrían el Mississippi. Evitó la Guerra Civil porque no quería pelear del lado de los esclavistas, partió a Nevada tentado por su hermano, en plena fiebre del oro. Ponerse a escribir fue el Plan B cuando fracasó el Plan A.

El periodismo le dio dinero y alta exposición. En 1870 se casó, tuvo tres hijas y un varón que murió de difteria a los dos años. Con esas tres hijas y su esposa se mudó a un castillo en Connecticut, que pagó con las ganancias de su libro La edad dorada, donde retrataba la codicia de los millonarios norteamericanos. A partir de entonces comenzó su propia edad dorada: publicó Aventuras de Tom Sawyer, Príncipe y mendigo y Aventuras de Huck Finn (lo que llevó a William Faulkner a declarar, cincuenta años después: “Toda la literatura norteamericana viene de los bolsillos del chaleco blanco de Mark Twain”) y también dio rienda suelta a su falta de criterio comercial: además de dilapidar su fortuna financiando inventos que invariablemente fracasaban, llevó a la quiebra su propia editorial, algo que parecía imposible luego de los dos exitazos con que la había iniciado (su Tom Sawyer y las Memorias del general Grant).

A los cincuenta y seis años debió salir de nuevo a los caminos, a dar conferencias y escribir para los diarios que le pagaran más. Aceptó una gira por Europa que le permitiría pagar sus deudas. Partió con su esposa, sus hijas y una novela que estaba escribiendo. Ninguno de sus libros hasta entonces le había llevado más de seis meses; éste le llevaría trece dolorosos años.

La idea de Twain era contar la visita de un joven Satán a la Tierra. Dos veces debió abandonar la historia. La primera cuando su hija favorita, Susy, murió de meningitis en Connecticut (había viajado a ver en qué condiciones estaba la casa familiar; la encontraron muerta en esa misma casa, sola, junto a una carta ilegible de 47 páginas). La segunda cuando su esposa Livy murió en el palacio que alquilaban en Florencia (la propietaria del palacio, la condesa Massiglia, prohibió que la enferma yaciera en el dormitorio principal, por temor a futuros contagios).

Enloquecido de pena, furioso contra la religión en general y contra la Ciencia Cristiana en particular (su hija Susy se había puesto en manos de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Christian Science), Twain reformuló la novela que estaba escribiendo: ahora no hablaba del Diablo sino sobre Lo Oscuro, aquello que yace en el fondo de todos nosotros, lo que vemos y lo que no vemos de nosotros mismos. Usando sus recuerdos juveniles como aprendiz de impresor y aquella estadía en Europa, ambientó su novela en un castillo de Austria, en los primeros tiempos de la imprenta, cuando la Inquisición aún castigaba con la hoguera todo lo que pareciese brujería. En ese castillo hay un taller de imprenta clandestino, adonde se presenta en las primeras páginas un misterioso aprendiz llamado simplemente 44. Así se titulaba el libro: 44.

Antes de partir a Europa, Twain se había fascinado con los hermanos siameses Chang y Eng del circo Barnum & Bayley. En sus diarios imaginaba a uno borracho mientras el otro bebía, a uno pensando mientras el otro hablaba. Años más tarde anotó en sus diarios: “Hay dos personas en nuestro interior: el que está despierto y el que aparece cuando dormimos, que se separa de nosotros y puede vagar por donde quiera, haciendo lo que no nos atrevemos a hacer despiertos. Los actos y las palabras de una persona son sólo una ínfima parte de su vida. Su vida verdadera se da en su cabeza y ni siquiera esa persona la conoce. Todos los días, durante todo el día, el molino de su mente muele y tritura esa masa que bulle sin descanso mientras duerme”.

De eso trataba su libro, debajo de toda la parafernalia de época. De eso y de su odio contra la religión. Twain usó 44 como catarsis y como respiro de aquella dolorosa catarsis: escondió, debajo de su proverbial encanto y maestría verbal, ese fuego negro que bullía en su interior contra la superstición, la codicia, la esclavitud, la prepotencia del poderoso y la propia ignorancia. Leerlo es ponerse en sus zapatos: uno puede deslizarse gozoso por su superficie como si patinara sobre hielo y al mismo tiempo ver con escalofríos los monstruos que yacen debajo de esa capa de hielo, en lo profundo de nuestro corazón.

No fueron fáciles los últimos días de Twain: la menor de sus hijas murió de epilepsia y la única hija sobreviviente, Clara, abrazó la Ciencia Cristiana y se casó por esa iglesia. El libro quedó inédito a su muerte. Siete años más tarde, aquella hija convenció al albacea de Twain para publicar una versión del libro, que no alcanzó a cumplir su cometido (generar dinero): pasó sin pena ni gloria en Estados Unidos, aunque tuvo cierto éxito en traducción (en nuestra infancia se lo conocía como El forastero misterioso). Hubo que esperar medio siglo, hasta que esa hija pasó a mejor vida, para que se supiera que aquella versión no era el libro de Twain: había sido cercenada y manipulada por el albacea (Albert Bigelow Paine), con la anuencia de Clara y la ayuda de un editor religioso llamado Frederick Duneka. Entre los tres suprimieron el 25 por ciento del texto (las “profanidades” según ellos), inventaron un personaje que era astrólogo y le adjudicaron torpemente todas las acciones que en el libro realizaba un maligno cura de la Inquisición y todas las sospechas sobre lo diabólico que estremecen a los cándidos personajes del libro.

Lamentablemente, cuando 44 por fin se publicó, hace poco, fue en una editorial universitaria muy seria de California: nadie ajeno al mundo académico se enteró, razón por la cual hasta el día de hoy son más los lectores que conocen El forastero misterioso que los que saben de la existencia de 44. El último gran libro de Mark Twain, el lado más oscuro del hombre que nos dio las primeras alegrías literarias, lleva un siglo escondido debajo de una copia vil, que apesta a santurronería y a humo de Inquisición. Es un acto de justicia, además de una celebración, que hoy se dé por fin a conocer en nuestro idioma.

* 44, de Mark Twain, acaba de ser publicado por Tusquets, en su colección Rara Avis.

Facebook: El hilo que te explica los datos que Facebook conoce sobre tu vida

http://www.publico.es/tremending/2018/03/27/el-hilo-que-te-explica-los-datos-que-facebook-conoce-sobre-tu-vida/

“El fin de la Operación Cóndor era imponer un modelo neoliberal de acumulación capitalista” – RT

Fuente original: https://youtu.be/VSLtXrKOk9o

“A pesar de que el asesinato de Orlando Letelier fue obra de Pinochet, fue en colusión con norteamericanos”, desvela Fabiola Letelier, abogada, hermana de Orlando Letelier, el canciller de Chile durante el gobierno de Salvador Allende asesinado en Washington en 1976. Los años de la dictadura militar cambiaron la historia de Chile. ¿Qué le espera al país hoy en día? Lo cuenta en Entrevista, de RT, una mujer que sufrió en sus propias carnes aquellos 17 años de terror e injusticia

Experto en nuevas tecnologías: “El capitalismo digital es una privatización por la puerta de atrás” – RT

Fuente original: Experto en nuevas tecnologías: “El capitalismo digital es una privatización por la puerta de atrás” – RT

 El investigador y escritor Evgeny Morozov denuncia que las políticas de austeridad de los gobiernos llevadas a cabo durante la crisis han hecho que las empresas tecnológicas hayan logrado penetrar allí donde antes no habían podido.
Evgeny Morozov, investigador y experto en las implicaciones sociales y políticas de las nuevas tecnologías y uno de los mayores críticos sobre Cambridge Analytica, advierte de la nueva ola privatizadora que está suponiendo el capitalismo digital.

Para Morozov, la tecnología no cambia en muchos casos las dinámicas básicas sobre las que se asienta el orden social, sino que las hace mucho más complejas. Lo que podemos hacer, según su punto de vista, es replantearnos el modo en el que usamos la tecnología para no ser usados por aquellos de quienes dependen las plataformas tecnológicas.

El investigador desecha la visión optimista del capitalismo digital que dice que el futuro depende de nosotros y que el uso de las nuevas tecnologías puede ayudar a defendernos un poco mejor. Y desgrana cuál ha sido el desarrollo de las compañías tecnológicas en las últimas dos décadas desde la aparición de servicios gratuitos financiados por la publicidad de las empresas. Esa práctica poco a poco ha ido generando una gran cantidad de datos de aquellas personas que utilizan estos servicios, sobre todo en las redes sociales, lo que ha ido creando una customización de la publicidad a la que estamos expuestos.

Pero este modelo, afirma, también ha tenido consecuencias negativas, como se ha visto recientemente con las manipulaciones políticas del escándalo de Cambridge Analytica. En su opinión, las plataformas tecnológicas se están convirtiendo en extractoras de nuestros datos, que es como funcionan compañías como Google. Lo que ha ocurrido, relata, es que las mismas compañías que han estado recopilando estos datos están comenzando a utilizarlos de una forma diferente para manipularnos.

Así, nos pone un ejemplo: las verificaciones de Google para descartarnos como robots. Antes tenías que leer y teclear unas letras, y ahora te pide que reconozcas imágenes. Esas respuestas de todos los usuarios son utilizadas por Google para desarrollar tecnología de reconocimiento de imágenes y objetos, logrando que la gente haga ese trabajo para ellos, pero gratis.

Introduciéndose en lo que queda del Estado del Bienestar

Poco a poco, estas empresas están adquiriendo la posibilidad de entrar en terrenos donde antes no tenían la posibilidad de acceder. Pone otro ejemplo, el del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido, donde Google ha tenido acceso a todos los historiales de los pacientes, lo que le ha permitido analizarlos para desarrollar sistemas de predicción. Así, ahora tienen acceso a unos datos que aumentan su valor como empresa a la hora de ofrecer otros productos.

Este tipo de servicio es ofrecido tan solo por unas pocas compañías de EE.UU. y China, que te venden que incorporando todos tus datos a sus servicios puedes funcionar de una forma mucho más eficiente. Pero en realidad lo que están haciendo es recopilando toda la información sobre ti.

Lo que se ha producido durante la última década en la que han tenido lugar los recortes presupuestarios por la crisis económica internacional, es que las Administraciones Públicas para poder ofrecer un sistema básico de servicios han sido y son proclives a utilizar los servicios de estas empresas, que consideran más eficientes, aunque les hayan tenido que entregar nuestros datos.

Otro caso más expuesto por Morozov es la protección contra ‘hackers’ que Google y otras empresas proponen, creando y ofreciendo sus propios productos para vendernos que nos deben proteger de los fallos de sus otros productos. “La centralización del acceso a la inteligencia artificial en manos de estas compañías está creando una situación nada alentadora (…) Es una privatización por la puerta de atrás”, concluye.

Así, una de las consecuencias del capitalismo digital es que en lo que quedaba del Estado del Bienestar también está penetrando el capitalismo. “Está entrando en áreas muy importantes”, subraya. 

Un sector de la economía que sigue creciendo

Morozov afirma que hay un sector de la economía que sigue creciendo, tanto en tamaño como en capitalización de mercado: el de la industria tecnológica, que es precisamente la que fomenta el uso de los datos.

Relata que Amazon, Google, Apple, Microsoft y Facebook han crecido en el último año cerca de 1,3 billones de dólares. Y podemos ver lo mismo en China.

Hay empresas que ni siquiera cotizan, como Uber, Airbnb o Volunteer. Pero cada una de ellas tiene un valor de entre 20.000 y 60.000 millones de dólares. El capital de estas empresas proviene de fondos de pensiones, entre otros de este tipo, que piensan que estas compañías pueden ser muy lucrativas. De esta manera, según explica el investigador, construyen un modelo y lo escalan a 200 países y, mientras, destruyen las empresas locales. Es precisamente lo que hace Uber con los taxis en países como España. El modelo es muy sencillo.

“Para que Uber consiga retorno para sus inversores (inversores como el Gobierno de Arabia Saudí o Goldman & Sachs) debe asegurarse de que pueda destruir a la competencia local”, afirma. Y han tenido bastante éxito y tienen unas técnicas “bastante ruines”, dice el investigador. Se pueden permitir perder dinero hasta que acaben con la competencia. Pueden hacerlo porque atraen capital de esos grandes inversores institucionales.

Otro ejemplo es el de la empresa japonesa SoftBank, un gran fondo que aumentó gracias al dinero barato durante la crisis económica, que involucra a otras empresas en la financiación de sus compras. SoftBank tiene una deuda enorme, según cuenta Morozov. Toma dinero, lo gasta y vuelve a tomar dinero prestado, debido al bajo interés del mercado, y así llega a dominar la industria, acaba con sus competidores y domina el mercado. Después puede recuperar lo perdido.

Con el alquiler ha sucedido lo mismo. Hemos asistido a cómo barrios enteros han subido de precio y cómo aumentan los alquileres de corta estancia. Se trata del fenómeno Airbnb. Esta compañía está financiada por fondos soberanos, como los de China y Singapur, descubre Morozov, que más o menos es cómo funcionan los fondos de pensiones.

Más allá de Silicon Valley

Por otro lado, explica que para entender esta financiarización tecnológica hay que seguir el dinero más allá de Silicon Valley. “Se está creando una burbuja que hasta que estalle va a seguir creciendo y creciendo”, vaticina el escritor.

La ausencia de crítica a lo que está sucediendo lo asocia a la paradoja del desprecio europeo hacia Donald Trump, ya que la mayor parte de los políticos europeos creen que estas empresas, mayoritariamente estadounidenses, son aliadas y pueden resolver el problema del desempleo o de los cuidados. Hay muchos políticos que fomentan la idea de que la asociación con ellas es la elección natural en nuestras sociedades, como Macron o Renzi, que son “los mejores amigos de las empresas tecnológicas”, opina.

Sin embargo, el hecho de que la ciudadanía no lo perciba así, como una crisis, le perturba muchísimo: “Tenemos que tomar esta crisis y utilizarla como una oportunidad de ofrecer los servicios del Estado del Bienestar de una forma mucho más descentralizada”, aconseja. De esta manera, se trataría de aprovechar algunas de las estructuras que han aparecido con plataformas como Uber o Airbnb y darles la vuelta para que beneficie a los ciudadanos y no solo a los inversores.

Europa deberá elegir entre tecnología de EE.UU. o de China

El gigante asiático también está en la carrera de las empresas tecnológicas. Morozov pone el ejemplo de la empresa china Alibaba, que ha comprometido 10.000 millones de dólares en los próximos años para desarrollar inteligencia artificial. China tiene comprometidos 125.000 millones de dólares para el sector hasta 2030.

Además, el investigador afirma que tenemos dos grandes gigantes tecnológicos, que son EE.UU. y China. Esta última es casi autosuficiente en términos tecnológicos y tiene muchos más datos que los norteamericanos, mientras que Europa casi no aparece en este mapa. “En los próximos años Europa tendrá que elegir entre tecnología estadounidense o china”, afirma.

Por otro lado, opina que este tema tiene que ser politizado por los partidos políticos. Deben trabajar sobre cómo se financia la infraestructura y sobre cómo tener una estrategia nacional sobre inteligencia artificial. “¿Qué tipo de régimen de propiedad de datos quieren?”, se pregunta.

La alternativa: democratización del acceso a datos

Evgeny Morozov apuesta por que nuestros datos no solo puedan ser propiedad de empresas como Facebook, Google o Amazon. Una alternativa sería que pudieran ser de propiedad colectiva y que esas empresas tuvieran que pagar por ellos como hacemos los ciudadanos como individuos.

El experto piensa que una solución puede ser la democratización del acceso a los datos. “Si no lo hacemos, podemos dañar la confianza que las personas tienen en las Administraciones Públicas”, explica. En caso contrario, ¿cómo sería la política en un mundo en que un pequeño número de empresas controlan todos los servicios?, se pregunta.

También cree que tenemos un “capitalismo superelevado”, que hay cierto consumo, ciertas libertades… pero que si no realizamos ningún cambio drástico, en el sentido de descentralizar las estructuras clave, “vamos a tener problemas”. Sin embargo, deja claro que no se refiere a la renacionalización de estos servicios, asegurando que ese concepto hoy en día no se puede barajar.

Según el escritor, se está delegando poder en las empresas y deberíamos ser capaces de conectar lo digital con lo político. En este sentido, considera que el espacio clave para la libertad política a partir de ahora debe reconsiderar la versión tecnocrática. “Estamos viendo una gestión puramente tecnocrática de las fuerzas políticas”, explica Morozov, que insta a ir más allá de la pura crítica moralista humanitaria. ¿Quién las financia? ¿Para qué? ¿Desde dónde?, deberían ser, en su opinión, algunas de las preguntas imprescindibles.

El investigador no considera que el problema sea ahora la protección de nuestros datos personales, sino encontrar “dinero, ganas y esfuerzo” para hacer algo con toda esa información. “Deben ser útiles para construir un proyecto común, que se puedan aprovechar no solo por las empresas para su propio beneficio”, sostiene. Así, el escritor plantea utilizar esos datos para que tengan un servicio público sin comprometer la privacidad de las personas.

¿Quién es Evgeny Morozov?

La aparición en la escena internacional del bielorruso Evgeny Morozov supuso un soplo de aire fresco en un campo que desde hace mucho tiempo se ha caracterizado por una falta de autocrítica y una autoconcepción un tanto ‘naif’. Conocido por su punto de vista escéptico sobre la idea de que Internet está ayudando a democratizar regímenes autoritarios, afirma que igualmente se puede utilizar para aumentar la represión y la vigilancia de los disidentes.

Nacido en 1984, este investigador y escritor estudia las implicaciones políticas y sociales de la tecnología. Su primer libro ‘Net desilusion. The dark side of the Internet freedom’ (‘El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red’, en español), de 2011, supuso una revolución en la forma en que se percibía el fenómeno de Internet. En 2013 volvió a sorprender con su segundo libro: ‘To save everything, click here’ (‘La locura del solucionismo tecnológico’ en español), donde rompía con el mito de que había algo inherentemente liberador en las nuevas tecnologías.

***Las declaraciones recogidas en este artículo han sido realizadas en una conferencia llamada ‘Capitalismo digital y sus descontentos’ enmarcada en una serie de conferencias organizada por el Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid que lleva el título de ‘Seis contradicciones y el fin del presente’.

Nuria López

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