Archivo de la categoría: Ateísmo

“Los ateos deben ser cazados”, asegura un ministro malasio (VIDEO) – RT

[cita] “La Constitución Federal no hace mención de los ateos. Eso [el ateísmo] va en contra de la Constitución y de los derechos humanos. Sugiero que los cacemos, hasta el fin. Pedimos la ayuda de los medios para identificar a estos grupos”, afirmó.

Kassim añadió que la mayoría de los malayos religiosos, sobre todo los musulmanes, que se convierten en ateos lo hacen por la falta de formación en religión: “Ellos realmente no quieren ser ateos. Esto ocurre debido a la falta de educación religiosa”. [fin de cita]

Origen: “Los ateos deben ser cazados”, asegura un ministro malasio (VIDEO) – RT

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¿Creer en la ciencia? – YouTube

[cita] El humorista Ricky Gervais dando una sencilla clase magistral de las diferencias entre confiar en la Ciencia y creer en la Religión. [fin de cita]

EE.UU erige su primer monumento al ateísmo en una ciudad cristiana.

[cita] Starke, una pequeña ciudad en el norte de Florida (EE.UU.) considerada profundamente cristiana, será la primera en el país en tener un monumento dedicado al ateísmo. Y además será colocado a pocos metros de un monumento cristiano. [fin de cita]

http://actualidad.rt.com/sociedad/view/96590-eeuu-primer-monumento-ateismo

Oración del ateo.

Oh Señor, sabes que no creo en ti tal como te describe la Biblia y te cree la Iglesia. Sabes que no creo en la Biblia como palabra de Dios. Si es verdad, como se afirma, que creaste el Universo, se deduce que has creado cuanto en él se encuentra. Has creado el mal como el bien, el demonio como los ángeles, el cielo como el infierno. Si creaste a los hombres, los has hecho tal cual son. Si son buenos, es porque lo has querido; si son malos, es porque así lo deseaste. Si eres todopoderoso y universal como se pretende, no existe cosa mala o acción malvada que no sean resultantes de los temperamentos o circunstancias que has creado. Si hay un infierno y los hombres arden en él eternamente, es porque lo has deseado. Todas las cosas son posibles para ti. Si hubieras querido hacer a los hombres buenos y dichosos lo habrías hecho. Quisiste hacerlos malvados y miserables. Por consecuencia, no eres bueno ni amas a tus criaturas. Es evidente que sus sufrimientos te causan placer; sino, los hubieras hecho dichosos. ¿Creeré en ti, a quien no podría adorar, sino movido por el temor, la más vil de las emociones y la única que pareces deseoso de suscitar? No te podemos amar por el bien que has hecho; no sirve sino para hacernos más miserables al compararlo con el mal que nos has forzado a sufrir. Oh Dios, si la Biblia es en verdad tu palabra, si eres el que describe el Antiguo Testamento, no puedo sino odiarte, y sentirme satisfecho de no creer. Y ahora, oh Señor, si me equivoco, es porque me has creado así, pues tu no puedes hacerme creer y hacer lo que te plazca. Creado por ti, no soy sino un simple instrumento entre tus manos, no soy responsable de nada. No poseo la facultad de elegir entre el bien y el mal, como se me ha dicho que debo hacerlo, puesto que no puedo juzgar del bien y del mal, sino por medio de un cerebro que tu has creado, con plena conciencia de las conclusiones a las que me llevaría. Es sobre ti y no sobre mí sobre quien pesa la responsabilidad. Me considero feliz de no ser lo bastante cobarde para temer, ni lo bastante débil para adorar a una criatura tan horrible como el Dios de la Iglesia. Amén.

Herbert Spencer (1820-1903). Filósofo británico.

Hace 166 años se profetizó la segunda venida de Jesús y no ocurrió.

Fuente:

http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2010/10/hace-166-anos-se-profetizo-la-segunda.html

viernes 22 de octubre de 2010

Hace 166 años: Se profetizó la segunda venida de Jesús y no ocurrió

El 22 de octubre de 1844 es recordado por los adventistas, y muchos escépticos como “el gran chasco”. Para esta fecha muchos cristianos de los Estados Unidos esperaban el segundo regreso de Jesús que como ha ocurrido desde que los primeros cristianos calificaban de inminente, sigue si ocurrir.

Comparto este ensayo de Ricardo Antonio García Cuadra, titulado “Las profecías del Fin del mundo”

En los últimos años se ha venido popularizando en los medios de difusión el próximo fin del mundo el 21 de diciembre del 2012. Esta tendencia proveniente de las Iglesias protestantes de Estados Unidos agarra su impulso con los sucesos trágicos del 11 de septiembre del 2001 [1]. La histeria colectiva del fin de este mundo no solo ha infectado a los tradicionales grupos religiosos sino que también a un sector catastrofista de la comunidad científica. Hemos visto documentales donde nos advierten que Yellowstone en Estados Unidos es un volcán inmenso que ya está en su ciclo natural de explosión, o la probabilidad próxima de un meteorito como el que destruyó los dinosaurios hace 65 millones de años. Antes de analizar las implicaciones de esta histeria para el futuro de la especie humana, es importante ver los precedentes de este tipo de fenómenos recurrentes en la historia de la humanidad.

Según los evangelios, Jesús anuncio su segunda venida y según San Pablo no pasaría de su generación, es por ello que el cristianismo primitivo fue un movimiento apocalíptico por excelencia, el pueblo judío era el elegido en el bando correcto en Megido, escenario real en la geografía del medio oriente, donde Jesucristo lucharía la última batalla contra el anticristo. Al ver que el Mesías no regresaba a su segunda cita con la humanidad, manifestaron que Dios mandó el espíritu santo en su lugar en forma de paloma, lo cual inspiró a la Iglesia católica. No obstante el mensaje apocalíptico siguió recurrente en la historia; uno de los casos más famosos, fue cuando el pánico invadió a Europa el 20 de febrero de 1524, unos astrólogos al ver la conjunción de Mercurio, Venus, Martes, Júpiter y Saturno, predijeron un diluvio universal como el bíblico. Más de 20,000 personas desesperadas haciendo arcas, vendiendo sus pertenencias y acaparando comida. El Conde Von Iggleheim construyó un arca espectacular para recibir con garbo el fin del mundo. Pero cuando el calendario se tragó a la fecha de la predicción, el día llegó y no pasó nada, el terror de las masas se transformó en ira, los que habían vendido todo se sintieron estafados. Las turbas destruyeron propiedades y negocios, al Conde antes mencionado lo lincharon y cientos de personas murieron por la estampida de la turba.

Pero el mejor “laboratorio social” de versiones apocalípticas de la religión es los Estados Unidos. Harold Bloom, crítico literario, llama al fenómeno religioso estadounidense la “Religión Americana”, una simbiosis de espiritualidad, apocalipsis y nacionalismo. El “Big Bang” de la corriente apocalíptica en Estados Unidos fue el caso de William Miller, quién declaró que el juicio final sería el 3 de abril de 1843. Meses después que Miller hiciera esta declaración, en el año 1833, hubo una lluvia de meteoritos que iluminó el cielo nocturno, hecho que reforzó la profecía de Miller en las masas. Pero al llegar el día y no cumplirse la profecía, el movimiento millerista se dividió en varios macro grupos. Cada uno de estos grupos tiene hoy gran influencia en los Estados Unidos. De estos milleristas desilusionados, se formó “La Iglesia Adventista del séptimo día”, la cual cuenta con más de 14 millones de adeptos. Pero uno de los seguidores de Miller, Charles Taze Russel, pudo retrasar la fecha del Juicio Final hasta el año 1874. Pero cuando la fecha llegó otra vez para “testear” la predicción, el astuto Charles convenció a sus seguidores que sería una nueva fecha en 1914. Estos son lo que hoy se llaman los testigos de Jehová, que cuentan con más de 6 millones de fieles en Estados Unidos.

Por su alta recurrencia histórica, no es posible en este sucinto articulo hablar de todas las profecías del Fin del mundo. La actual histeria del año 2012 presenta lo que llamaríamos una “pareidolia intelectual” [2]. La pareidolia es un fenómeno psicológico que se caracteriza por el uso de la imaginación humana para ver formas y señales en la naturaleza; como por ejemplo, ver formas en nubes que se hacen en el cielo. Esta misma imaginación se activa al ser estimulado el prejuicio de los creyentes con lenguaje simbólico. La pareidolia mental de los creyentes impulsa a sus prejuicios cognitivos a coleccionar coincidencias estadísticas naturales de los fenómenos sociales, para promocionar de esa manera sus creencias apocalípticas. Vemos como invaden la red con cadenas de presentaciones donde exponen datos estadísticos inconexos como seudopruebas de sus advertencias evangélicas. También observamos como los cuartetos de Nostradamus han sido interpretados de muchas formas según la época y la moda; la más reciente es la predicción del ataque a las torres gemelas, pero veremos si encaja mejor en otra futura acción. Esta histeria colectiva algunos canales internacionales de TV lo han nombrado el efecto Nostradamus.

Lo más preocupante de esta patología social es que estimula el fundamentalismo religioso, que por siglos ha vivido y hasta siente gozo espiritual con solo pensar en el fin de los tiempos. Los fundamentalistas religiosos en Estados Unidos tienen un poder económico respetable y han comenzado de previo su propio Armagedón. Una iglesia evangélica en Florida hace unos días llamó a celebrar el aniversario de los ataques del 11-S quemando el “Corán”, libro sagrado de los musulmanes. Dicha iglesia pareciese que quiere ver cumplirse la profecía del 2012. Esta actitud de profecía autocumplida de las iglesias fundamentalistas norteamericanas es lo que las ha llevado hasta a apoyar al sionismo judío, pues la reconstrucción de su templo en Jerusalén es una condición de cumplimiento de la profecía que tanto desean.

Ya no son los astrólogos del renacimiento, ni los Miller del siglo XIX, son diferentes pero con el mismo mensaje y más tecnología. Ya no se está jugando con fuego sino con el poder del átomo y las armas bacteriológicas. Esta situación es lo que Sam Harris llama una “emergencia intelectual” en el mundo de hoy, pues saber que el 33% de los ciudadanos de una nación poderosa como los Estados Unidos están esperando con ansias la venida de Jesús junto con su Armagedón en el término de sus vidas; esta creencia contiene en sí el riesgo de autocumplirse en manos de los líderes fundamentalista ricos y con poder político. Es de urgencia llamar a un “armisticio interreligioso” donde el compromiso sería la tolerancia de respetar con tino “sagrado” las creencias del otro; lo cual sí sería un “milagro”, pues la religiones del Dios revelado no admiten competencia y piden en exclusiva la verdad absoluta, mientras tildan a las otras religiones de falsas.

[1] Corregido por nosotros, el original decía “septiembre de 2002” (N. de la R.)
[2] Cabe señalar que la pareidolia es un caso particular de un error cognitivo más genérico llamado apofenia y que sería más apropiado para la explicación indicada. (N. de la R.)

Invitamos a nuestros seguidores a leer:

¿Y usted qué opina?

Carta de Richard Dawkins a su hija.

Fuente:

http://huellasdeuncaminante.wordpress.com/2010/08/02/carta-de-richard-dawkins-a-su-hija/

Carta de Richard Dawkins a su hija

2 Agosto 2010

Cómo explicarle a un niño, a tu hijo o hija que es mucho mejor hacer caso a los hechos que a creencias infundadas sobre el futuro y el pasado? La sociedad, mayoritariamente religiosa viene imponiendo desde hace mucho tiempo sus ideas sobre la vida, nuestro pasado y nuestro futuro. Para un ateo no será fácil sugerir a sus hijos la idea de que tienen la capacidad y el derecho de informarse, analizar y dudar todo lo que nos presentan como “verdadero”.

Richard Dawkins, científico keniano-británico expuso esta carta  a su hija de 10 años y creo que puede servir como modelo a los padres ateos para que señalen un camino de apertura intelectual a sus hijos y no se dejen seducir por las promesas sin fundamento de la religión.

Nuestra sociedad abusa de su poder e impone doctrinas a los niños, cuando ellos crezcan a su vez impondrán falsas ideas a sus hijos. Empezar a salir de ese círculo vicioso debería ser una alternatva  para empezar a construir una sociedad más crítica y abierta al pensamiento objetivo.

Dejo aqui la carta de Dawkins a su hija:

Querida Juliet:
Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces, “evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.
La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.
El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.
Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.
La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrellan siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.
Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.

¿Está Mal Que Los Ateos Conviertan A Los Creyentes?

Fuente:

http://www.diosesimaginario.com/index.php/2010/esta-mal-que-los-ateos-conviertan-a-los-creyentes/

¿Está Mal Que Los Ateos Conviertan A Los Creyentes?

10/09/2010

El ateísmo no es un ataque a la diversidad, es una defensa de la realidad.

Por Greta Christina

Compare And Contrast

¿Los ateos odian la diversidad?

El acto del activismo ateo (tratar de persuadir a las personas de que el ateísmo es correcto y trabajar para cambiar el mundo a uno sin religión) ¿es acaso un acto de intento de conformidad? ¿Están los ateos tratando crear un mundo uniforme, gris y aburrido, donde todos son como ellos?

Probablemente es muy obvio que yo creo que la respuesta es un gran ¡No!. Pero ciertamente es el caso que muchos activistas ateos, yo entre ellos, trabajan muy duro para persuadir a creyentes religiosos a que dejen esas creencias. No todos los ateos hacen esto por supuesto, muchos tienen metas más modestas como la separación de la iglesia y el estado y la tolerancia religiosa, incluída la tolerancia a los ateos y el reconocimiento de nosotros como ciudadanos iguales. Pero un buen número de atoes están, efectivamente, tratando de convencer a los creyentes religiosos de que se conviertan al ateísmo. Yo soy una de esos.

Y ya que muchos creyentes ven esto como un intento intolerante de forzar a una conformidad – particularmente los creyentes de esa corriente progresiva blanda de “todas las religiones perciben a Dios a su manera y tenemos que respetarlas a todas” – quisiera tomarme un momento para hablar de ello.

La Discriminación Intolerante de la Teoría de los Gérmenes

Si hay una sola idea que más quisiera comunicar a los creyentes religiosos, no sería “No hay Dios”, y ni siquiera “Probablemente no hay Dios”. Yo quiero que los creyentes lleguen a esa conclusión por ellos mismos. Preferiblemente después de quedar impresionados con mis brillantes argumentos, claro, pero en sus propios términos después de pensarlo detenidamente y después de ver las razones para creer y las razones para ser ateo, concluyendo que el ateísmo tiene mucho más sentido y es más consistente con lo que sabemos sobre el mundo. No quiero que la gente deje de creer en Dios sólo porque yo lo digo.

Si hubiese una sola idea que más quisiera comunicarle a los creyentes religiosos sería esta:

La religión es una hipótesis.

La religión es una hipótesis sobre cómo funciona el mundo, y porqué es de la manera que es. La religión es la hipótesis de que el mundo es como es, al menos en parte, gracias a seres inmateriales o fuerzas que actúan sobre el mundo material.

La religión también es muchas otras cosas. Es comunidades, tradiciones culturales, ideologías políticas y filosofías. Pero esas cosas no son lo que hace única a la religión. Lo que hace a la religión única, entre todas las otras comunidades/filosofías, etc., es esta hipótesis de un mundo inmaterial actuando sobre el material. Son miles de diferentes hipótesis, postulando a miles de seres y/o fuerzas inmateriales, con miles y miles de diferentes cualidades y personalidades. Pero todas estas diversas creencias tienen esta hipótesis en común: La hipótesis de que hay un mundo sobrenatural, y que el mundo natural es de la manera que es por ese mundo sobrenatural.

La religión no es una opinión subjetiva, es un axioma ético o una perspectiva personal. (Estas cosas pueden estar conectadas con la religión, por supuesto, pero no es lo que son de fondo). Opiniones, axiomas y perspectivas personales se pueden debatir, pero ultimadamente, dependen de cada persona que las decida por sí misma. La religión no es una de estas cosas. La religión es una hipótesis. Dice, “Los cosas son como son por los efectos del mundo inmaterial sobre este material”. Las cosas son de la manera que son porque Dios las hizo de esa manera. Porque el Diablo las está haciendo de esa manera. Porque el alma del mundo está evolucionando de esa manera. Porque tenemos energías espirituales animando nuestras conciencias. Porque los ángeles guardianes nos están cuidando. Porque las brujas están haciendo hechizos. Porque somos las almas reencarnadas de personas muertas. Lo que sea.

Ver a la religión como una hipótesis es importante por muchas razones. Pero la razón mas relevante al tema de hoy:

Si la religión es una hipótesis, no es anti-diversidad el que los ateos la opongan.

No es más hostil hacia la diversidad el oponerse a la hipótesis de la religión como lo es oponerse a la hipótesis de que el calentamiento global es una farsa; de que un mercado sin restricciones causaría que la economía fuese fructífera para todos; que una enfermedad está causada por un desbalance de los humores del cuerpo; que el sol orbita a la tierra.

Discutir en contra  las hipótesis que no están apoyadas por la evidencia no es anti-diversidad. Así es como logramos entender mejor el mundo. Entendemos el mundo al analizar rigurosamente la evidencia… y al rechazar despiadadamente cualquier hipótesis que la evidencia no respalde. ¿Fue hostil para la diversidad el que Pasteur argumentara en contra de la teoría de generación espontánea? ¿Fue anti-diversidad que Galileo argumentara en contra del geocentrismo?

Y si no, entonces ¿por qué es contra la diversidad que los ateos argumenten en contra de la hipótesis de Dios y del mundo sobrenatural?

¿Cómo es que es más anti-diversidad que los ateos argumenten contra la religión y tratar de persuadir a las personas de cambiar su mente respecto a eso, que argumentar contra cualquier otra hipótesis sobre cualquier otro tema?

Muchos argumentarán que la religión no cae dentro de esas cateogrías. Dirán que la religión no puede ser probada como verdadera o falsa con 100% de certeza, y por lo tanto es razonable que la gente crea en cualquier religión que les atraiga. (Y no es razonable que se hagan argumentos en contra de ella).

Pero eso no es enteramente cierto. Muchas religiones, desde los creacionistas hasta los astrólogos, si hacen aseveraciones comprobables. Y cada vez que se han probado esas aseveraciones, siempre se han caído como un castillo de papel en un huracán. No pueden ser comprobadas 100% falsas, pero prácticamente nada puede serlo, y ese no es el estándar de evidencia que usamos para cualquier otra aseveración.

Más al punto: Cuando empiezas a ver a la religión como una hipótesis, el hecho de que no sea verificable de pronto deja de ser una defensa.

De hecho, es completamente lo opuesto. El hecho de que la religión sea incomprobable se convierte en uno de los argumentos más devastadores en su contra.

Una de las cosas más importantes sobre una hipótesis es que tiene que ser posible probarla como falsa. Si cualquier posible evidencia se pudiera usar para respaldar una hipótesis – por ejemplo, si tu hipótesis será demostrada como correcta sin importar si el agua en tu matraz se calienta, se enfría, no cambia de temperatura, se evapora instantáneamente o si se convierte en un pájaro y sale volando por la puerta – entonces es una hipótesis totalmente inútil. Si cualquier evento cabe dentro de ella, entonces no tiene el poder de explicar eventos pasados o de predecir resultados futuros. Como se dice a veces, ni si quiera está equivocada.

Y eso es tan cierto de la religión como de cualquier otra hipótesis. Si cualquier resultado de, por ejemplo, una enfermedad – recuperarse dramáticamente sin razón aparente, mejorar gradualmente sin intervención médica, empeorar, no cambiar indefinidamente, morir – todos se pueden atribuir al trabajo de Dios, entonces la hipótesis de Dios es inútil. No tiene poder alguno para explicar el mundo, predecir el futuro, o decirnos como nuestro comportamiento afecta el resultado de nuestras vidas. No sirve a ningún propósito. (Excepto, tal vez, uno psicológico).

El hecho de que la religión no pueda ser probada como falsa no significa que tengamos que aceptarla como una posibilidad razonable. Significa exactamente lo opuesto. Significa que deberíamos rechazarla de entrada.

No es anti-diversidad que los ateos hagan notar esto, no más que lo que pudiera ser hacer notar cómo cualquier otra hipótesis no es falseable, o no está respaldada por evidencia, o está directamente contradicha por la evidencia, o es errónea de cualquier otra forma.

Un Nuevo Modelo Para La Diversidad

Sé que muchas personas como quiera tendrán problemas con el activismo ateo. Aun si admiten que el activismo ateo es justo y razonable, de cualquier forma tendrán una fuerte reacción instintiva contra ello. Muchas personas piensan que parece intolerancia religiosa decir, “Tu religión está equivocada, y creo que deberías cambiar de parecer al respecto”.

Y creo que el problema proviene en cómo pensamos sobre la diversidad.

Históricamente, hemos tenido básicamente dos modelos para lidiar con las creencias religiosas que son diferentes a las nuestras. Tenemos (a) el evangelismo intolerante y la teocracia – forzando las creencias religiosas en las personas, en el mejor de los casos a través de la presión social, en el peor, mediante leyes y violencia. Y tenemos tambien (b) el ecumenicalismo abierto: la idea de que todas las religiones son parte de una mural espiritual, rico, variado y hermoso que todas tienen al menos un poco de verdad – y que aunque no lo tengan, sería discriminación religiosa criticarlos o persuadirlos a cambiar. Es un modelo creado en gran parte como respuesta a la intolerancia del evangelismo y la teocracia… y por lo tanto, es un modelo en el que cualquier crítica de cualquier religón automáticamente cae en esa fea categoría de discriminatoria.

El Ateismo Ofrece Una Tercera Opción.

Ofrecemos la opción de respetar la importancia de la libertad en las creencias religiosas, mientras nos reservamos el derecho de criticar esas creencias, y de tratarlas como trataríamos cualquier otra idea que pensamos está equivocada.

El movimiento ateo es apasionado sobre el derecho de la libertad religiosa. (Con notables excepciones de algunos idiotas en el Internet. Pero en ese caso todos los movimientos tienen su ración de idiotas en Internet). Apoyamos completamente el derecho de las personas de creer lo que quieran, siempre y cuando lo mantengan fuera del gobierno y no lo echen en cara a otras personas. Vemos el derecho de pensar en lo que nos gusta como un fundamente básico de la ética humana, uno de los derechos más fundamentales que tenemos – y no tenemos ningún deseo de cambiar eso.

Sin embargo al mismo tiempo, vemos el derecho de libre pensamiento y de libre expresión como inclusivo del derecho de criticar los pensamientos y las formas de expresión de otras personas. Defendemos apasionadamente el derecho de las personas de creer lo que quieran… pero defendemos con la misma pasión nuestro derecho de pensar lo que queramos sobre esas creencias, y expresarlo públicamente. Expresamos nuestro desacuerdo de diferentes maneras – algunas más respetuosas y políticamente correctas, otras más insultantes y burlonas – pero seguro pensamos que tenemos el derecho de expresarlas.

Y no vemos ninguna razón para tratar a la religión con más cuidado que cualquier otra idea. Vemos la religión como – sí, así es – una hipótesis sobre el mundo. La vemos como una hipótesis que jamás en toda la historia humana se ha demostrado como correcta. La vemos como una hipótesis que como mínimo, se ha mostrado falsa varias veces, y en el peor de los casos, no es falseable y por consecuencia debería ser rechazada sobre esa base. No vemos razón para no criticarla, para no hacer preguntas duras respecto a ella, para no reírnos de ella, para no señalar sus errores y sus contradicciones, para no mostrar la evidencia que la contradice y la falta de evidencia que la respalda… y para no hacer nuestro mayor esfuerzo en persuadir a las personas en dejar de creer en ella.

La mayoría de los ateos probablemente no tendrían problema con un mundo que incluye a la religión, siempre y cuando sea tolerante de otras creencias y se mantuviera fuera del gobierno. (Algunos de nosotros somos escépticos respecto a si esto es posible… pero no tendríamos ningún problema con ello). Muchos de nosotros disfrutamos inclusive de algunos de los rituales y tradiciones de la religión, siempre y cuando no involucren ninguna creencia religiosa (como un Judaismo secular). Pero sí, muchos activistas ateos quisieran que la humanidad eventualmente dejara la religión. Pensamos que la religión es una idea equivocada sobre el mundo. Pensamos que tenemos buenos argumentos para respaldar esa postura. Pensamos que es totalmente razonable tratar de persuadir a las personas de que estamos en lo correcto.

Y este no es un ataque a la diversidad.

Es una defensa de la realidad.

Original: Atheism and Diversity: Is It Wrong For Atheists To Convert Believers?
Traducción de DiosEsImaginario.com