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El profesor rebelde que convirtió a Salta en el semillero del Instituto Balseiro | Página12

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Daniel Córdoba, un docente que armó un taller de física en la clandestinidad.
El curso se llama “Física al alcance de todos” y nació sin aprobación oficial. Ahora es un taller exitoso, de concurrencia masiva y muy popular.

Daniel Córdoba nació en Jujuy pero es conocido como “Daniel Salta”. Tiene 55 años, riega su pasión por la física en tierras norteñas, donde asegura que se cocinan las empanadas más ricas del mundo. Sus amigos lo suelen catalogar con una frase típica: “Es muy duro para las blandas y muy blando para las duras” y él, por su parte, responde como siempre, en silencio y con una sonrisa a media asta. “A diferencia de los físicos que son de pocas palabras, yo charlo hasta por los codos”, suelta relajado. Está acostumbrado a pasearse por los límites, a galopar las fronteras; disfruta de las oscuridades, educa desde los bordes. Desde siempre corrió en forma paralela al sistema educativo hasta que un buen día consiguió “hackearlo” como usualmente hacen los jóvenes para acceder a los films, videojuegos y otros contenidos en las profundidades de la web. Rebelde y sin pedir permiso, se burló del tiempo y de las formalidades. Solo se divierte con los pibes, pero mientras tanto todos aprenden y… vaya que aprenden.

“Alumnos salteños ganaron las primeras olimpiadas en Física”; “Primer joven salteño al mundial de Física 2010”; “Los salteños arrasaron con el medallero de Física”; “No somos unos genios, somos pibes comunes que logramos apasionarnos”; “Los salteños copan el Balseiro”; rezaban los titulares de los diarios locales hace poco menos de una década. “Física al alcance de todos” es el título que lleva el taller, devenido en orgullo provincial. Fue bautizado de ese modo gracias a la ocurrencia de un amigo de Daniel tras advertir que, al poco tiempo de iniciado, no solo asistían aquellos estudiantes que buscaban participar de las olimpiadas sino también los que tenían dificultades con la materia. “El nombre viene de los soviets, donde circulaban libros del estilo: ‘Cocina al alcance de todos’; ‘Química al alcance de todos’. Había uno que me llamó la atención particularmente ‘Colisiones al alcance de todos’… parecía un chiste. ¿Quién entiende así, de un modo tan sencillo, qué es una colisión atómica?”, señala con un dejo de ironía. Y apunta encendido: “Ese es el problema de la divulgación actual. Nuestros referentes hacen parecer que la ciencia es muy fácil, pero en ningún momento le cuentan a los pibes lo difícil que es estudiar y aprender, el esfuerzo que hay que poner, las veces que hay que convivir con la frustración. Las vocaciones científicas no se capturan con espejitos de colores”.

Aunque hoy es un taller exitoso, de concurrencia masiva y muy popular, los inicios no fueron tan auspiciosos. A principios de los ’90 nació del riñón del colegio que depende de la Universidad Nacional de Salta (UNSa). “Como no había surgido por iniciativa de la propia institución lo practicábamos de manera clandestina. Venían chicos a los cuales les costaba la física, entonces, trataba de enseñarla de un modo distinto al que se hacía habitualmente”, dice. Y continúa: “Siempre me interesó comenzar mis clases a partir de una historia. A los chicos les gusta porque festejemos las metidas de patas y los errores; solo las equivocaciones nos recuerdan nuestra humanidad”, reflexiona.

Así, de contrabando, cuando los pibes descuidan la retaguardia, Daniel incrusta de lleno una fórmula, como si de una estocada al centro del cerebro se tratara. “Antes que nada los pibes tienen que entender los fenómenos, por qué ocurren las cosas, la historia de los problemas, las ideas, los fracasos, las controversias. Recién después vienen los cálculos y las ecuaciones”. ¿La clave? A diferencia de lo que sucede con las instituciones de enseñanza formales, en el taller los ritmos no están prestablecidos. “El tiempo escolar no coincide con el tiempo de aprendizaje. Nunca tuve que rendir cuentas a nadie, esa fue la principal ventaja. Los docentes, en general, somos presas de un famoso triángulo: debemos cumplir con el libro de temas, revisar la carpeta de los alumnos y la planificación y todo ello junto aplaca la curiosidad de los alumnos”, asegura. Del primer grupo, que no eran los típicos “bochos” o “nerd”, salieron los primeros pibes que participaron de las Olimpiadas de Física. En la actualidad, uno es investigador del Conicet, otro es neurocientífico y trabaja en Canadá y el restante es médico. En 1995, la Universidad comenzó a utilizar internet y, un tiempo después, a través del famoso buscador AltaVista Daniel extrajo múltiples ejemplos de ejercicios. “Se logró tal ingeniería, tal ida y vuelta, que a mediados de 1990 ingresó nuestro primer estudiante al Instituto Balseiro. El objetivo nunca había sido formar físicos de primer nivel, las competencias por los ingresos a lugares de elite era una excusa para que todos los que asistieran pudieran conocer la ciencia”, describe. Sin embargo, con el primer resultado positivo y las mieles de la recompensa por el esfuerzo refrendado vino la mala noticia.

“Como el taller no estaba institucionalizado nos debimos trasladar, me desplazaron del colegio y empecé a trabajar directamente en la Universidad con solo dos o tres alumnos. Me decían que era elitista, cuando en realidad participaban todos”, admite. La voz se fue corriendo y, pronto, muchas personas empezaron a asistir cada sábado al curso. Primero empezaron en un aula chiquita, luego necesitaron una más grande y, por último, fue tal la cantidad que solo cupieron en el anfiteatro. “Había dos guardias que me conocían, jugaba a la pelota con ellos. Sabían que era docente y cuando iba los sábados me daban la llave. No sabían, por supuesto, que no tenía permiso en la UNSa, de hecho, me habían impedido dar este taller paralelo. No tenía sueldo; con mis ayudantes, los pibes más grandes, teníamos un acuerdo tácito: ellos me ayudaban con los chicos más pequeños y yo los preparaba aparte para ingresar al Balseiro”, comenta.

Con el tiempo, el 23% de los postulantes que ingresaban al prestigioso Instituto eran salteños, “¡1 de cada 4!, ¡Una locura”, exclama de alegría. “Observábamos los gráficos de ingresos y veíamos que Salta estaba al tope con pibes de la UBA, la UNLP, la UNC, es decir, de instituciones donde relativamente hay dinero. Parecíamos la mosca en la leche. Nosotros tenemos barrios carenciados por todos lados, nuestros pibes pasan hambre y nadie puede entender cómo califican en los mejores lugares. Acá vienen de todos los sectores sociales y ello genera un aprendizaje muy lindo para todos”, plantea. Un día, uno de los jóvenes había ingresado al Balseiro y le agradeció muy conmovido. Daniel pensó que era por su apoyo y la preparación para el examen, pero el adolescente le dejó una enseñanza: “Te agradezco mucho porque gracias a vos le perdí el miedo a la gente”. Vivía en un country y, desde “la burbuja”, no tenía la más pálida idea acerca de cómo eran las otras realidades de sus compañeros. No obstante, la anécdota bisagra vino más adelante. En otra ocasión, el profesor se encontró en la calle a uno de sus alumnos, era vendedor ambulante. “No puedo ir más a clase porque no me alcanza el dinero para viajar desde mi casa a la Universidad, pero me encanta la física”, le dijo. Entonces, Daniel le ofreció hacerse cargo del transporte ($5 en ese momento) con tal de que no abandonase el curso. Después de unos años, aquel estudiante representó a Argentina en dos mundiales de Física.

Desde hace unos años, Física al alcance de todos dejó la clandestinidad. Las autoridades universitarias descubrieron el curso porque los diarios salteños reflejaban que un montón de pibes ingresaban al Balseiro y a otros institutos de primer nivel y nadie sabía cómo. “Algo se olfateaba porque los viernes me llevaba un montón de tizas e instrumentos de geometría y nadie entendía muy bien porqué”, confiesa. Ahora que es oficial, cada cuatrimestre, las inscripciones se completan en tan solo dos horas. “Si bien antes no tenía un mango, porque al no ser oficial nadie me pagaba, solo me preocupaba por enseñar física. Ahora que es legítimo hay dinero que nos ayuda para seguir adelante, pero también hay trabas. A veces paso más tiempo en reuniones que en las aulas y a mí me apasiona lo segundo. Es donde más cómodo me siento”, comenta Daniel.

El taller fue distinguido por el Ministerio de Educación de la Nación, la Cámara de Diputados de la Provincia, el Senado de la Nación y el Concejo Deliberante de Salta. Recibió reconocimientos de centros educativos y fundaciones de todos los colores aunque recién este año obtuvo el más importante, el Doctor Honoris Causa de la UNSa. De hecho, está en marcha una tesis doctoral que analiza el fenómeno de la divulgación científica a partir del ejemplo de su trabajo. Así, Daniel se convirtió en objeto de estudio y la libretita en la que acostumbraba a anotar todas las emociones que veía en los pibes y le permitía reconocerlos en la clase siguiente con facilidad, devino en bibliografía obligatoria. Recientemente, a un alumno que hoy se destaca por una gran carrera científica en el exterior le preguntaron: ‘¿Entendiste física a la primera clase?’ ‘No’. ‘¿Y a la segunda?’ ‘¡Menos!’ ‘¿Y a la décima?’ ‘¡Tampoco!’ ‘Entonces, ¿por qué te quedaste?’ ‘Porque necesitaba saber por qué no entendía. Si el profesor explicaba con tanta pasión, me estaba perdiendo algo que evidentemente valía la pena”. Y su testimonio llenó de emoción al profe: “Si no los engancho, el sábado siguiente no vuelven al taller. Tengo que ser capaz de venderle hielo a los esquimales”.

El enigma final: ¿habrá más Danieles en Argentina? Córdoba está convencido de que las autoridades se reúnen para cambiar los planes de estudio pero que nadie se pregunta por lo más importante, el cómo se enseña. Afirma, en este sentido, que lo fundamental para los docentes es saber transmitir emociones: “Los chicos están necesitando una proyección, volver a pensar en futuros posibles, sentir que pueden”, concluye.

poesteban@gmail.com

Ideología reversa | Página12

Fuente original: Ideología reversa | Página12

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Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (algunas de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).

Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.

Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.

Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.

Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.

Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.

Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.

Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.

Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.

Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.

Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.

El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años…

La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo | Página12

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Alejandro Grimson presentó su nuevo libro Qué es el peronismo en Caras y Caretas
La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo
Para responder ¿qué es el peronismo?, Grimson ensaya un recorrido de Perón a los Kirchner, pasando por López Rega. Barrancos, Wainfeld y Sztajnszrajber debatieron con el autor.

¿Qué es el peronismo? La pregunta es, de por sí, “un atrevimiento”. Planteada como título de un libro, “un tremendo atrevimiento”, “un título temerario”, evaluó en la presentación Dora Barrancos. Lo cierto es que hay algo que hace que esa materia en la que se mete el flamante libro de Alejandro Grimson sea tan disruptiva como para lograr provocar en forma de pregunta. El antropólogo recorre en su nuevo trabajo De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmover la política argentina. El libro, editado por Siglo XXI, fue presentado en la sala Caras y Caretas con la presencia de la socióloga Barrancos, el periodista Mario Wainfeld y el filósofo Darío Sztajnszrajber. Y con numerosas personalidades de la política y la cultura entre los asistentes que llenaron la sala, entre otras y otros, Juliana Di Tullio, Mercedes Marcó del Pont, Itaí Hagman, Eduardo Jozami y Daniel Filmus.

“Alejandro nos invita a debatir qué es el peronismo a partir de un libro impecable. Y de un abordaje desde la antropología, en el que cuenta la historia, pero a la vez nos plantea una serie de dilemas cotidianos”, comenzó halagando Sztajnszrajber. “El libro nos exige salirnos del lugar más lineal, para pensar al fenómeno con dimensiones. Desde luego, no hay una respuesta única para el título. Hay tantas versiones, continuidades y discontinuidades, que a lo que asistimos es más bien a una lucha de intereses por ver cuál de todos esos peronismos se queda con el buen nombre. Pero el nombre está vacío: es ese campo de batalla”, analizó. Y, entre otras, rescató la idea de la definición por oposición: “El único que sabe qué es el peronismo, es el que lo combate. Y al plantear sus bordes, lo delimita”, subrayó.

Entre los momentos clave de los más de setenta años de historia de este ¿movimiento? ¿sentimiento? –el libro se meterá con esto también–, Grimson arranca, claro, con el 17 de octubre, y allí hace una descripción desmitificadora, en base a registros y documentos históricos, de la composición de esa multitud de trabajadores que cambió el rumbo de la historia. Sigue con “los orígenes del peronismo en una sociedad racista y clasista”, para entrar en 1956 con el “apogeo y crisis de los antiperonismos”, y aquí un interesante análisis –Barrancos lo destacó en la presentación– de la “rabia impotente” con que comenzó a cebarse la burguesía, sobre todo contra Evita, a partir del concepto de estructura de sentimiento de Raymond Williams. Montoneros, Ezeiza, Rucci, Menem, hasta llegar al kirchnerismo, del 54 por ciento a la derrota de 2015, son otras “paradas” de este recorrido. Que, en la misma formulación del punteo, vienen a reafirmar cuán compleja se vuelve la pregunta que da nombre al libro, y por tanto cuán valorable el intento de abarcar algunas de sus aristas.

También López Rega, “el hecho maldito del país peronista”, y al mismo tiempo “la fiesta antiperonista”, “el ejemplo que ‘demostraba’ hasta dónde podía llegar el peronismo”, se advierte en el texto. Y en este punto, el libro reconstruye aspectos muy poco conocidos de la vida del ideólogo de la Triple A, un cabo primero de la Policía Federal que soñaba con ser un cantante famoso, que escribió un libro de setecientas páginas titulado Astrología esotérica, y que llegó a gobernar desde las sombras el país. Sobre todo llama la atención, como señalaron Barrancos y Wainfeld, una historia de novela sobre una “Casa Rosacruz” en la ciudad correntina de Paso de los Libres, “la casa de Doña Victoria”, donde López Rega formó su esoterismo, adonde iba a tener retiros espirituales, y por donde también pasaron varios funcionarios destacados de la época.

“Ese capítulo es una gema. Así como Murmis y Portantiero descubrieron ‘los orígenes del peronismo’, Grimson descubrió ‘los orígenes de López Rega”, bromeó Wainfeld. Y destacó, entre otras, las descripciones contrafactuales que arriesga el libro (qué hubiera pasado si…), o el modo en que pone en contexto el fenómeno: “Cómo es posible que un mismo movimiento haya implantado el más amplio Estado de bienestar de América latina, y uno de los mayores del mundo, con Perón, y al mismo tiempo el conservadurismo más extremo, con Menem, es una de las preguntas comunes. Pero rara vez surge la de cómo un mismo partido puede albergar a Yrigoyen, Balbín, Illia, Alfonsín, De la Rúa y Gerardo Morales. Ese tipo de preguntas estimula todo el tiempo el libro”, destacó. Más tarde Grimson aseguró que ya le mandó el libro al decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo, al becario y a la pelirroja progre, habituales protagonistas de las notas de Wainfeld en este diario.

Barrancos también destacó el modo en que el libro analiza “la idea de que el peronismo es una anomalía, una disforia política, porque se correría hacia territorios casi patológicos”, y observa el mundo para mostrar cuántas “anomalías” hay por todas partes. O mejor dicho, cuán imposible es buscar una “norma” lineal para pensar cualquier proceso social. Otro imposible, el de entender a la sociedad y la política sin tener en cuenta las emociones (en este caso, al peronismo y al antiperonismo), también fue resaltado en la intervención de la socióloga. “La verdad es que el peronismo jamás será atrapado en una frase”, dice Grimson en su libro. Pero advierte también: “Renunciar a entenderlo sería renunciar a comprender la Argentina”.

El terraplanismo económico | El Cohete a la Luna

Fuente original: El terraplanismo económico | El Cohete a la Luna

Como siempre, visitar el sitio de origen, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este sitio independiente argentino. El Cohete a la Luna es un sitio de investigación y análisis creado por el periodista y escritor Horacio Verbitsky, conocido por su trabajo de investigaciones de décadas. Personalmente, pienso que es un periodista de los que ya no hay muchos. A Verbitsky lo acompaña un equipo de primera, varios de los cuales colaboraron o han colaborado (como el propio Verbitsky) en el pasado con el diario argentino Página 12.

(No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con El Cohete a la Luna ni con ninguno de sus miembros o colaboradores, salvo de ser ávido lector del sitio).

¿Todo gira en torno del dólar o el dólar gira en torno de otra cosa?

El terraplanismo es un movimiento internacional que intenta refutar la idea de que la Tierra es redonda. Sostiene que es plana, y que hay una gigantesca conspiración para ocultar esta realidad. Lo más interesante del caso de esta secta, es que no la afectan ni las demostraciones teóricas, ni las fotos satelitales, ni los mapas de navegación, ni los testimonios de los astronautas, ni toda la ciencia astronómica. No le importa la evidencia empírica.

Siempre hay gente para todo, y mientras no tengan a su cargo diseñar los planes de estudio de las escuelas primarias, no resultan demasiado peligrosos. El problema empieza cuando miembros de estas sectas o grupos de creencias delirantes llegan a puestos de mando en la sociedad.

En el caso de los terraplanistas es relativamente fácil para la gente común advertir el carácter delirante del grupo, ya que tiene bastante bien asentados los conocimientos científicos sobre cómo funciona el universo, las estrellas, y qué lugar ocupa la Tierra en el sistema solar.

En cambio, con la economía pasa una cosa muy diferente. Se podría decir que las creencias más disparatadas pueden pasar por buenas, dada la poca formación económica que tiene la mayoría. En ese espacio dónde las creencias no se basan en conocimiento riguroso, sino en lo que parece más evidente (por ejemplo, que el sol da vueltas alrededor de la Tierra, como podemos observar todos los días), es por donde se filtran los terraplanistas económicos.

Que han pasado de la etapa de la secta a la de gran movimiento social, con credenciales propias y gran prestigio académico. Vamos a ver cómo funciona el terraplanismo económico con la explicación de lo que ocurre en la Argentina de nuestros días.

¿Todo gira en torno del dólar?

Los resultados de más de tres años de gobierno macrista pueden analizarse en dos terrenos que nos permiten separar grandes grupos temáticos: el de la economía real —la producción y el empleo—, y el de la actividad financiera. Los diarios de estos días son un catálogo de desastres en la economía real, con caída de empresas, derrumbe de ventas, despidos de personal, multinacionales que se van, desempleo en ascenso acelerado, negocios cerrados, etc. En la economía real es imposible ocultar el fracaso completo del neoliberalismo de Cambiemos, para cualquier persona de a pie.

Lo sorprendente es lo que ocurrió en el sector financiero y monetario, donde se suponía que tenían su fuerte los expertos económicos gubernamentales. En abril-mayo del año pasado protagonizaron una catástrofe de proporciones, con una devaluación inocultable del 100% y la consiguiente llamada urgente al FMI para que evitara que este gobierno de derecha y aliado incondicional de Estados Unidos sucumbiera en el default.

Luego de varios meses a los tumbos, en los que se perdieron reservas equivalentes a los dólares que el Fondo estaba suministrando, se logró contener la situación en torno a un tipo de cambio de menos de 40 pesos. La hegemonía ideológica y mediática del gobierno es tal, que esa victoria circunstancial pasó a ser una suerte de credencial de éxito y de pasaporte para nuevas maravillas que nos esperarían en el futuro.

En realidad se trata de una situación transitoria, sumamente endeble. Compañeros del Cohete a la Luna y de otras publicaciones han advertido en numerosas oportunidades con total claridad que la estabilidad que logró el gobierno es completamente precaria, y que puede ser alterada por los más diversos factores internos y externos. No hace falta que vengan Forbes o alguna otra publicación extranjera –que nunca sabemos en qué negocio están— para decir lo que cualquier economista crítico puede ver con claridad: que el nuevo “gran mérito” del gobierno es haber frenado el dólar ofreciendo tasas de interés extravagantes en dólares que asfixian a la economía real y atraen a capital volátil interno y externo, dispuesto en cualquier momento a pasarse a la divisa fuerte y retirarse de la economía.

Sólo la deserción intelectual de los economistas que están en todos los medios oficialistas permite ocultar ante la población la explicación real de lo que está ocurriendo en nuestro país. Estamos frente a un fenómeno de “terraplanismo de masas”.

Expliquemos: el dólar en la Argentina ha cobrado la importancia que tiene por razones de larga data, que tienen que ver tanto con los problemas irresueltos de balanza comercial que tiene el país, como con el mal manejo de un servicio público muy importante –la provisión de una moneda nacional confiable— que han tenido numerosas gestiones económicas a lo largo de décadas.

El dólar pasó a ser una moneda en la cual ahorrar –debido a la alta inflación—, pero también una moneda con la cual especular, dados los colapsos cíclicos del sector externo. Desde Martínez de Hoz y su “libre movimiento de capitales”, pasó a ser el puente necesario para sacar fondos del país y colocarlos en el exterior.

Desmontar todo lo que la sociedad ha colocado en el dólar a lo largo del tiempo no es sencillo pero es posible, y obliga a tener una clara visión de los problemas que han llevado a esta situación.

Tener una moneda nacional relativamente estable, una relación comercial equilibrada con el resto del mundo y un nivel de endeudamiento reducido no son problemas complejos desde el punto de vista teórico: sabemos qué debe hacerse para conseguir esas metas. Pero el problema no reside allí, sino en el terraplanismo económico.

Neoliberalismo argentino, o el terraplanismo al poder

No hay gestión neoliberal que no endeude fuertemente al país, aumentando los problemas del sector externo de la economía y por lo tanto la necesidad de dólares y las presiones alcistas. No hay gestión neoliberal que no des-sustituya importaciones, destruyendo entramado industrial, creando mayores necesidades de dólares para comprar productos, insumos y repuestos en el exterior. Algunas de esas gestiones, como la de Martínez de Hoz y la de Macri, también se ocuparon de destruir el valor de la moneda local, provocando fuertes procesos inflacionarios. La de Menem-Cavallo, en cambio, amagó con sustituir directamente la moneda local por el dólar y lograron mantener una paridad estable y ruinosa para la producción y el empleo nacional.

Los terraplanistas económicos locales, como corresponde, insisten que la Tierra no es redonda. La culpa de los saltos cambiarios, de la inflación, de la incertidumbre, no es de las políticas económicas desacertadas o directamente los negocios especulativos que ofrecen desde el estado a sus socios locales y extranjeros. La culpa de que las cosas estén así, de que el dólar sea inestable, de que haya remarcaciones masivas de precios, la tienen los empleados públicos, los jubilados y los perceptores de la Asignación Universal por Hijo.

Como dicen dos de los terraplanistas más connotados, Espert y Milei, hay que echar un millón de personas del Estado y listo. La culpa la tienen los políticos, los empleados públicos y los pobres.

En el extraño mundo terraplanista no existen los fondos buitre, no existen monopolios ni oligopolios formadores de precios, no existen cadenas de comercialización parasitarias, no existen contratistas del Estado ni grandes intereses especulativos, no hay bancos que viven de prestarle al Estado. No hay servicios públicos monopólicos con tarifas delirantes, ni sectores con rentas de privilegio. Es más, en el mundo terraplanista el capital es oprimido por los pobres, que no lo dejan ser, que le arrancan las pocas migajas que ganan con su sed insaciable de prebendas, que lo desalientan hablando de esas tonterías de las necesidades insatisfechas.

Con un millón de personas en la calle todo se resolvería. El salario iría hacia la nada, los sindicatos se pulverizarían, el gasto público –salvo en gases y balas— bajaría, y en ese paraíso de gente mansa y dispuesta a trabajar por un peso florecería la actividad económica.

El dólar y la ciencia

En realidad el drama del dólar tiene que ver con otra cuestión, que armó la gestión de Cambiemos.

Por un lado creó un escenario de aguda penuria de divisas, tanto al promover la fuga masiva de capitales levantando el “cepo”, como al endeudar al país en cifras descomunales, para crear condiciones de dependencia estructural más allá de este gobierno.

Pero el punto político que más nos importa señalar es que la gestión macrista privatizó la regulación de la divisa norteamericana. Por el lado de la oferta, le dio completa libertad a los exportadores –que por otra parte están fuertemente concentrados— para que traigan o no dólares a la economía según su conveniencia, y por el lado de la demanda dio completa libertad a la especulación mundial para que entre y salga de la economía argentina cuando quiera.

El resultado de la privatización de este instrumento central de la política económica, en un mundo que de por sí es un casino, y en un país cuyos sectores de altos ingresos están entrenadísimos en el juego especulativo a costa del Estado y del resto de la sociedad, es este que estamos viendo.

Pero Cambiemos otorgó aún más “libertades”.

Por ejemplo, el traslado directo a precios de los aumentos del dólar. Insistimos en que esta no es una cuestión técnica –como podría ser el traslado de mayores costos a los precios finales, en cualquier sector económico— sino que es puro ejercicio de poder monopólico sobre consumidores, usuarios y otras partes más débiles de la cadena productiva. El movimiento de la cotización del dólar se ha constituido en la excusa ideal —no sometida a ningún tipo de cuestionamiento— para aumentar precios injustificadamente e incrementar el margen de rentabilidad a costa del resto de la economía. Libertades que el terraplanismo defiende, entendiendo que estos comportamientos antisociales en realidad estimularían la inversión y generarían riqueza, cuando en realidad demuestran exactamente lo contrario: que basta tener poder de mercado o poder político para incrementar ganancias sin invertir un peso.

En los dos primeros meses del año, la liquidación de divisas provenientes del agro fue 6,4% inferior a la del año pasado. Teóricamente este año será mucho mejor que el anterior por las condiciones climáticas. Pero una cosa es el clima, y otra son los agentes económicos. La combinación de exportadores concentrados, “libertad” para no traer las divisas producto del trabajo argentino y “libertad” para comprar y fugar dólares para todos los especuladores del mundo que quieran venir a hacer dinero rápido en el suelo argentino, es la receta para la hecatombe.

Los políticos ¿son terraplanistas?

¿Quién no se dio cuenta de lo importante que es el dólar en la economía argentina?

¿Quién no advierte que los precios, los salarios, las tarifas, la competitividad externa, las finanzas públicas, dependen de la cotización del dólar?

¿Quién no entiende que si no se maneja con criterio público el dólar, con criterio de República, la vida del conjunto de la población queda sujeta al capricho de un puñado de grandes actores económicos que tienen capacidad para definir qué hacen con la economía del país, o cuándo y cómo la hunden?

¿En qué consiste la democracia, si no importa por quien se vote porque los políticos serán siempre impotentes para controlar la economía y darle un sentido productivo y social, al estar sometidos al veto de los que mueven el dólar?

¿Para qué serían las elecciones, si se acepta el traspaso de instrumentos fundamentales de regulación económica hacia factores locales y externos? La continuidad de la institucionalidad promovida entusiastamente por el actual gobierno de Cambiemos lleva a una situación de postración de la política frente a los poderes fácticos.

Para el espacio de quienes quieren gobernar a favor de las mayorías, y para el campo de quienes estudian críticamente la política y la economía nacionales, el desafío hoy es poder iluminar la dimensión política de las estructuras económicas, como el comienzo de un camino hacia su democratización efectiva. Si no, habrá riesgo de terminar hablando en la lengua del terraplanismo económico, a favor de las corporaciones.

Las 10 funciones de USAID, la mega agencia “humanitaria” de la CIA – Punto y seguido

Fuente original: Las 10 funciones de USAID, la mega agencia “humanitaria” de la CIA – Punto y seguido

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema. En este caso, recomiendo el trabajo que viene realizando el períódico español Público, y  a través de él, sus blogs, intentando mantenerse independiente en un ambiente de grandes grupos económicos.

Los camiones de caridad de la USAID destinados a Venezuela siguen estacionados en la frontera con Colombia, mientras Donald Trump, el hombre que personifica la solidaridad, amenaza al país suramericano con un ataque militar: quiere que miles de venezolanos que morirán por el impacto de bombas y balas lo hagan con el estómago lleno de galletas que no pudo vender en el mercado de los países desarrollados, quizás por utilizar semillas modificadas, o porque estaban a punto de caducarse.

La Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) fue creada en 1961 con la intención de ampliar el “Plan Marshal” a los países estratégicos del mundo, canalizando sus políticas para 1) impedir que las fuerzas comunistas, -que se fortalecieron al derrotar al fascismo en la Segunda Guerra Mundial-, tomasen el poder, y 2) abrir nuevos mercados a las empresas de EEUU. El vínculo entre la USAID y la Oficina de Seguridad Pública, entonces dirigida por el agente de la CIA Byron Engle, ha ido renovándose año tras año: en 2015 Barack Obama nombró a la directora del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca Gayle Smith como la directora de la agencia.

Según WikiLeaks, entre 2004 y 2006, la USAID realizó diversas acciones en Venezuela y una donación de 15 millones de dólares a decenas de organizaciones civiles, con el fin de llevar adelante la estrategia del ex embajador de Washington Venezuela William Brownfield, basada en provocar fractura en el chavismo y organizar a los sectores descontentos con las reformas del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Las funciones de USAID

  1. Elegir el país adecuado para el proyecto elaborado por la Secretaria de Estado, y obviamente, no siempre es el más necesitado. Luego la agencia debe decidir en qué sector se va a implicar, aunque sus preferidos son el de energía, educación, salud, seguridad y agricultura. En éste suele sustituir la producción de cultivos alimentarios por los comerciales. Después, coloca a sus efectivos en los puestos claves para subvertir las economías locales. Las veces que contrata a valiosas personas solidarias nativas, es para reducir a quienes deberían militar en los partidos políticos para un cambio fundamental en meros gestores de caridad. En Irak colonizado, USAID inyecta la economía neoliberal, impone masivas privatizaciones, incluida una parte de la industria petrolífera, y obliga a la teocracia títere instalada comparar granos transgénicos de Monsanto. En Perú, la agencia donó 35 millones de dólares en los años 1990 a la campaña de Alberto Fujimori, cuyas medidas económicas hundieron al país en la miseria. La solución del protegido de USAID no fue reducir la pobreza sino a los pobres: Fujimori esterilizó de forma forzosa a 300.000 mujeres indígenas.
  2. Debilitar e incluso eliminar las instituciones del país receptor, creando redes y entidades paralelas, promoviendo la desnacionalización de los sectores fundamentales en favor de la gestión de los “emprendedores”. Obviamente, el interés de la burguesía de EEUU no está en la autosuficiencia de otros países, sino todo lo contrario.
  3. Facilitar a la CIA “plantar sus hombres en las policías de los países estratégicos de todo el mundo, afirma el ex corresponsal de New York Times AJ Langguth. De hecho, el presupuesto de USAID en parte es el financiamiento oculta de las agencias de inteligencia de EEUU.
  4. Fortalecer el dominio de EEUU sobre las finanzas mundiales. En India, país retén de China para Washington, USAID en coordinación con el gobierno ultraderechista de Narendra Modi implantó la “digitalización de la economía”, obligando a decenas de millones de personas de las clases más desfavorecidas del país abandonar el pago en efectivo en favor del digital, dándoles solo un mes -noviembre del 2016- para entregar sus billetes grandes al banco, cuando la mayoría ni tenían ni cuenta bancaria. y ¿Qué consiguió USAID?

a) Servir a los intereses de las Tecnologías de la Información (TI), a los proveedores de servicios de pago y a las compañías de tarjetas de crédito MasterCard, Visa y a la Fundación Gates que prometió a cambio donar un generoso cheque a la ONU

b) Empobrecer a los indios, acabando con los ahorros de muchos pequeños comerciantes y productores, que no consiguieron ingresar su dinero.

c) Hacerse con los datos de los usuarios.

d) Al reducir el uso de efectivo a nivel mundial, permite a EEUU fortalece el dólar mediante el predominio de sus empresas sobre las finanzas internacionales.

e) Vigilar el negocio global: Washington así puede sancionar, por ejemplo, a las compañías que trabajan con Irán, como la china Huawei.

5. Capacitar las fuerzas de represión de un estado, preparándolas para desmantelar la resistencia de la población. El hombre de USAID en Uruguay Dan Mitrione daba cursos en los años setenta sobre el “complejo arte del interrogatorio” y de cómo habría que torturar a los detenidos, utilizando “en directo” a hombres y mujeres sin techos como cobayas humanos. USAID, junto con Green Berets (Boinas verdes) y CIA, está implicada en la tortura, matanza y la desaparición de miles de hombres y mujeres progresistas guatemaltecos, al entrenar para esta misión a cerca de 30.000 policías y grupos paramilitares. En Brasil la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI), una contratista de USAID dedicada a desestabilizar los gobiernos no aliados, operó del mismo modo. Una de sus víctimas fue Dilma Rousseff, detenida y torturada por ser una estudiante marxista.

6. Crear miles de puestos de trabajo para las ONG estadounidenses y dotándolas de enormes fondos públicos y privados al servicio de los intereses de donantes como Rockefeller, Soros, Gates, Ford y Omidyar, mientras abre los mercados a las corporaciones de EEUU. La propia USAID afirma devolver a su país cerca del 80% del dinero invertido en esta organización. Una vez que Bus y sus aliados convirtieron a Irak en escombro a golpe de mentiras en 2003, uno de los contratistas de USAID, “Creative Creative Associates International Inc. (CAII)” se adjudicó un contrato por el valor de 157 millones de dólares destinados a comprar pizarras y tiza para los colegios previamente destruidos por los misiles estadounidenses. Otro, International Relief and Development (IRD), recibió 2.4 mil millones de dólares con los mismos fines, y Halliburton y Bechtel otros tantos. En Afganistán, el principal receptor de las ayudas de EEUU, y donde aterrizaron cientos de onges occidentales “expertas en género” para “salvar a las mujeres”, USAID destinó 216 millones de dólares en 2018 para empoderar a 75.000 mujeres: según el Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán sólo empelaron a unas 50 y el dinero de los contribuyentes se esfumó. Pasó algo parecido a otros 89.7 millones de dólares. Arnold Fields, su director fue forzado a dimitir por el Congreso. La “Democratización de Afganistán” dirigida por Bush-Cheney y 300.000 soldados de la OTAN y decenas de miles de la subcontrata “Yihadista” del Pentágono, además de acabar con la vida de cerca de un millón de afganos y provocar la huida de millones de familias de sus hogares, ha significado borrar la memoria histórica de esta nación desde los libros de texto: pocos recuerdan que la República Democrático de Afganistán (1978-1992), dirigida por los comunistas, eliminó la usura, el cultivo del opio, legalizó los sindicatos, estableció una ley de salario mínimo, el convenio colectivo, la igualdad entre el hombre y la mujer, que permitió que por primera vez el 40% de los médicos fueron mujeres así como el 60% del profesorado de la Universidad de Kabul. Se declaró gratuita y universal la educación, al igual que la sanidad, duplicando además las camas en los hospitales. Según la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), el número de civiles muertos o heridos en los ataques de la OTAN en 2017 aumentó un 50% respecto al 2016, y que dos tercios del total eran mujeres, niños y niñas. Hoy en las escuelas de USAID no enseñan los valores de la colectividad, sino el individualismo más perverso de “sálvese quien pueda”.

7. Socavar la resistencia al imperialismo y a las dictaduras aliadas, en los países en tensión, paliando el hambre de forma puntual y en momentos concretos con una limosna, impidiendo que la población se organice exigiendo la justicia social. En Egipto, tanto en el periodo del régimen de Mubarak como hoy bajo el despotismo del general al Sisi, Washington obliga a El Cairo comprarle armas cuando miles de personas viven en los cementerios, y luego le envía a USAID para repartir pan en los barrios que se levantaron durante la secuestrada “Primavera” del 2011, socavando la resistencia. Ha hecho lo mismo en Haití: en los barrios donde los trabajadores habían organizado “ollas públicas” para demandar justicia, reparte míseras bolsas de comida, forjando lealtades: “todos besarían las manos que les da de comer”, ha pensado.

8. Provocar protestas populares contra los gobiernos que repudia bajo la bandera de “Promoción de la democracia”. USAID ha sido expulsada de Rusia, de los países del ALBA (Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua y Venezuela) y de Burkina Faso. Aquí, el presidente de Thomas Sankara, El Che Guevara de Burkina Faso, fue derrocado por un golpe de estado patrocinado por Francia y asesinado en 1987 en castigo por sus grandes medidas dirigidas a la autosuficiencia de la nación. Libia, uno de los países más desarrollados de África, hoy es el mejor ejemplo de esta clase de “liberación”.

9. Crear sus propios medios de comunicación aparentemente despolitizados (Deportivos, musicales, etc.) enviando mensajes subliminales a beneficio de la economía de mercado, del consumismo, la insolidaridad, etc. USAID, a través de la OTI, introdujo en Cuba en 2010 un sistema de mensajería similar a Twitter llamado ZunZuneo. Mientras recopilaba los datos personales de cientos de miles de usuarios a través de sus móviles, pretendía organizar disidencias en la red y también en las calles. Creative Associates International Inc. (CAII), otra de los contratistas de USAID, patrocinó a algunos raperos para atrapar a los jóvenes.

10. Recibir más subvención por mayor destrucción a causa de la guerra: en marzo del 2017, EEUU bombardeó “por error” un edificio en Mosul matando a 105 iraquíes civiles: dos días antes USAID había presentado su solicitud de nuevos presupuesto para la reconstrucción de Irak: ¿Mercaderes de “guerra-construcción”? ¿Bomberos pirómanos? ¡Todo parecido a la escena de la película “Niño” en la que Charlot propone a su hijo romper los cristales del vecindario para lucrarse instalando vidrios nuevos es pura coincidencia!

Si la guerra y la pobreza no fueran tan rentables estarían prohibidas por la ley.

Es hora que Estados Unidos invada a Estados Unidos | Opinion | teleSUR

Fuente original: Es hora que Estados Unidos invada a Estados Unidos | Opinion | teleSUR

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el  gran esfuerzo y trabajo periodístico de este medio creado para ofrecer otra visión de la mostrada por los grandes grupos multimedios y las agencias de noticias internacionales dominantes.

Publicado 3 marzo 2019.

La situación norteamericana es altamente preocupante y clasifica a la nación para ser un apto receptor de ‘ayuda humanitaria’ made in USA.

Bajo el amparo de la ‘ayuda humanitaria’ y la lucha por la ‘democracia’, los Estados Unidos han justificado decenas de intervenciones militares y políticas en el mundo durante el siglo XX y XXI. En su más reciente campaña se han centrado en Venezuela, como parte de una estrategia para menoscabar a gobiernos progresistas de la región.

Con una coordinada manipulación mediática, bloqueo económico y presión diplomática se ha tendido la ofensiva imperialista sobre la nación latinoamericana desde hace más de una década. Han tachado al gobierno venezolano como una ‘dictadura’, presentándolo como un ‘Estado fallido’ sumido en caos social, con altas tasas de pobreza, desnutrición, e inseguridad; argumentando que la causa es elmodelo progresista y no factores exógenos como el bloqueo o desacreditación internacional.

Para Estados Unidos, y gran parte de Occidente, estos son causales suficientes para justificaruna intervención política y diplomática, que incluso debería ser militar. Entonces si estos son detonantes para intervenir es momento que Estados Unidos, en defensa de los derechos humanos y la democracia, tome la iniciativa de invadir a su propio país.

La situación norteamericana es altamente preocupante y clasifica a la nación para ser un apto receptor de ‘ayuda humanitaria’ made in USA. Según un informe de Philip Alston, relator especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la pobreza extrema y los derechos humanos se reveló que al 2018, 40 millones de personas en Estados Unidos viven en pobreza, 18.5 millones viven en extrema pobreza y más de cinco millones viven en condiciones de pobreza absoluta.

El país tiene la tasa más alta de pobreza juvenil en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) y la tasa más alta de mortalidad infantil entre Estados comparables de este grupo. No es sorpresa que Alston calificó al país como la sociedad más desigual en el mundo desarrollado.

Como tampoco lo es que a Estados Unidos ya no se le pueda denominar como una nación del “primer mundo”. Según un estudio del Massachussets Institute of Technology (MIT),para la mayoría de sus ciudadanos, aproximadamente 80% de la población, Estados Unidos es una nación comparable al “tercer mundo”.

Para llegar a esta conclusión los economistas aplicaron el modelo de Arthur Lewis, ganador de premio Nobel de economía (1979), diseñado para comprender qué factores y cómo clasificar a un país en vías de desarrollo.

Según Peter Temin, coautor del estudio, Estados Unidos cumple con este modelo: es una economía dual (brecha incomparable entre una pequeña parte de la población y la gran mayoría) en la que el sector de bajos salarios tiene poca influencia sobre la política pública; un sector de altos ingresos mantiene los salarios bajos en el otro sector para proporcionar mano de obra barata; un control social que se usa para evitar que el sector de bajos salarios impugne las políticas que favorecen al sector de altos ingresos; altas tasas de encarcelamiento; políticas públicas de los sectores más ricos con el objetivo de reducir los impuestos para dicho grupo; y una sociedad donde la movilidad social y económica es baja.

Especialmente cuando uno de los argumentos principales para justificar las agresiones son el supuesto ‘bienestar’ y derechos humanos de los ciudadanos. Nuevamente los norteamericanos deberían ver primero la ‘viga en su propio ojo’.

Según un análisis trianual del Commonwealth Fund (2017), los Estados Unidos, por sexta ocasión consecutiva, se posesionan como el peor sistema de salud entre 11 naciones desarrolladas. Cuentan con el sistema de atención médica más caro del planeta, con un gasto anual de tres billones dólares, que ha resultado en uno de los países con mayor disparidad en accesos a saludo, basada en ingresos.

Mientras que la expectativa de vida en Estados Unidos disminuyó por tercer año consecutivo, situándose en 78.1 años. Un decrecimiento porcentual comparable al periodo de 1915 y 1918, en el que dicho país enfrentó una Guerra Mundial y la pandemia de influenza global. En comparación, Cuba, que forma parte de la ‘Troika de la Tiranía, según John Bolton (Consejero de Seguridad Nacional) tiene un expectativa de vida de 79,74 años al 2018.

Y en educación ni que hablar. Desde 1990 al 2016, Estados Unidos cayó del sexto lugar al vigésimo séptimo, situándose como uno de los peores sistemas educativos del mundo ‘desarrollado’. Con un gasto público que se redujo, entre 2010 y 2014 en 3%, mientras que economías desarrolladas la inversión crecía por sobre el 25%.

Un bienestar de vida deteriorado, un sistema de salud caro e inequitativo y una educación que no se compara con otras naciones desarrolladas. Si esto no es suficiente para que el gobierno norteamericano y el resto del Occidente decidan intervenir, entonces las constantes violaciones a los derechos humanos deben ser un causal para movilizar tropas a la frontera e iniciar bloqueos económicos.

Los Estados Unidos sistemáticamente han dirigido o influenciado intervenciones en América Latina y el resto de sur global. Las operaciones cubiertas, las guerras étnicas y las invasiones militares más recientes son una prueba dela ‘licencia para matar’ que se ha auto-concedido a este país.

Cárceles en donde se violan derechos humanos como Guantánamo y Abu Ghraib son solo ejemplos de esta realidad. Y figuras como Gina Haspel, quien estuvo directamente involucrada en el programa de tortura del gobierno estadounidense, ha subido a posiciones de poder mundial como directora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Pero su transgresión más clara es la separación del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, órgano internacional encargado en velar que dichas violaciones no sucedan. Una decisión que vino días después de que el Alto Comisionado para los Derechos Humanos denunciara la práctica de la administración actual de separar forzosamente a niños migrantes de sus padres y encarcelarlos, en lo que solo pueden llamarse campos de concentración modernos.

A nivel interno se ha reducido la responsabilidad de la policía sobre el uso de fuerza excesiva, especialmente en comunidades negras y latinas. La matanza sistemática de hombres negros en Estados Unidos por esta fuerza del orden, según un estudio de la Universidad de Boston, refleja un racismo estructural subyacente en la sociedad norteamericana; que también se ve reflejado en un sistema de justicia parcializado en contra de las comunidades negras.

“Si la policía patrullara las áreas blancas como lo hacen en los barrios negros pobres, habría una revolución”, comenta Paul Butler, autor de ‘Chokehold: Policing Black men’, que relata lo que significa ser un hombre negro en Estados Unidos.

Estas violaciones de derechos humanos son la realidad diaria para minorías étnicas y grupos históricamente discriminados. Lo cual está acompañado del fortalecimiento de agrupaciones con tendencia fascista, que cuentan con el apoyo directo e indirecto del gobierno central y local en varios estados. Un preocupante escenario para millones de ciudadanos negros, latinos y de otras etnias.

Sin embargo, la falsa ‘preocupación’ por Venezuela, Libia, Siria, Iraq, Yemen, Afganistán, y Ucrania, solo en estas últimas dos décadas, ha guiado invasiones y agresiones en nombre del bienestar y los derechos humanos. Acciones que a su vez llevan escondido intereses ulteriores basados en un indicador en los que Estados Unidos, sí es número uno: el gasto militar.

Al 2019, este país cuenta con un presupuesto militar sobre los 680.000 millones de dólares, es decir más que los presupuestos sumados de las siete naciones que le siguen en la lista: China, Rusia, Arabia Saudita, India, Francia, Reino Unido y Japón.

Ni siquiera en libertad económica (12 en el mundo) son líderes o crecimiento del PIB (147 de 224 países); lo cual refleja una realidad. Estados Unidos es un imperio militar, su economía se basa en la guerra y ninguna acción realizada en nombre de la ‘ayuda humanitaria’ tiene coherencia cuando el interés de su gobierno es promover el caos para su beneficio.

Ante esta situación lo que el mundo está viviendo es la ‘patada de ahogado’ de una superpotencia en declive. Es por ello que con tanto esmero trata de aferrarse del último bastión de influencia que sigue siendo América Latina, ergo su fijación con Venezuela y otras naciones de la región. Ya que si de ayuda real se tratara, es hora que Estados Unidos seriamente analice intervenir,con la misma intensidad, en su propio país.

No puedes convencer a un terraplanista y eso debería preocuparte | Ciencia | EL PAÍS

Fuente original: No puedes convencer a un terraplanista y eso debería preocuparte | Ciencia | EL PAÍS

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema.

Negar que la Tierra es esférica es el caso más extremo de un fenómeno que define esta época: recelar de los datos, ensalzar la subjetividad, rechazar lo que nos contradice y creer falsedades propagadas en redes.

Hay gente que cree que la Tierra no es una esfera achatada por los polos, sino un disco. Que la Tierra es plana. No es analfabetismo: estudiaron el Sistema Solar y sus planetas en el colegio, pero en los últimos años han decidido que todo eso de “la bola” es una gigantesca manipulación. Solo el 66% de los jóvenes entre 18 y 24 años de EE UU está plenamente seguro de que vivimos en un planeta esférico (el 76% entre 25 y 34 años). Es un fenómeno global, también presente en España, al que cuesta asomarse sin bromear. Pero al observar los mecanismos psicológicos, sociales y culturales que les llevan a convencerse de esta gigantesca conspiración se descubre una metáfora perfecta que resume los problemas más representativos de esta época. Aunque parezca medieval, es muy actual.

Rechazo de la ciencia y los expertos, narraciones maniqueas que explican lo complejo en tiempos de incertidumbre, entronización de la opinión propia por encima de todo, desprecio hacia los argumentos que la contradigan, difusión de falsedades gracias a los algoritmos de las redes… Está todo ahí. “Es el caso más extremo, el más puro”, resume Josep Lobera, especialista en la sociología de los fenómenos pseudocientíficos. Cada flaqueza o actitud de este colectivo está presente de algún modo en muchos de los movimientos políticos, sociales y anticiencia que han irrumpido en nuestros días.

“Nace de la desconfianza en el conocimiento experto y de una mala manera de entender el escepticismo”, afirma Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Integrada de la Universidad Estatal de Nueva York. Los estudios sobre terraplanistas y otras teorías de la conspiración indican que ellos creen ser quienes están actuando con lógica y razonando de forma científica. En muchos casos, terminan atrapados en la conspiración tras intentar desmontarla. “Es absurdo. Voy a desmentir que la Tierra es plana”, cuenta Mark Sargent, uno de los más reconocidos terraplanistas en el documental que retrata al colectivo a la perfección, La Tierra es plana (Netflix). Y acabó “hundiéndose, como en un pozo de alquitrán”. La mayoría de terraplanistas no han sido convencidos, se han convencido al verse incapaces de demostrar que bajo sus pies hay una bola de 510 millones de kilómetros cuadrados.

“¡Investígalo por ti mismo!”, se animan unos a otros, según recoge la investigadora Asheley Landrum, de la Universidad Texas Tech, que presentó hace dos semanas el resultado de sus investigaciones sobre los terraplanistas en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. La primera diapositiva de su conferencia es una imagen de Copérnico, padre de la idea de que la Tierra orbita alrededor del Sol, reconociendo que estaba equivocado tras pasar cinco horas viendo vídeos terraplanistas en YouTube. Porque según Landrum y su equipo, que estudia estos fenómenos en el proyecto Creencias Alternativas, YouTube es la clave. Todos los terraplanistas se hacen terraplanistas viendo a otros terraplanistas en YouTube. Y una vez forman parte de esa comunidad es casi imposible convencerles de su error, porque se activan mecanismos psicológicos muy poderosos, como el pensamiento motivado: solo acepto como válidos los datos que me reafirman y el resto son manipulaciones de los conspiradores. Como en otros movimientos, si la ciencia me desdice, es que la ciencia está comprada.

YouTube parece ser la amalgama de la comunidad de la Tierra plana”, concluyen en su trabajo más reciente, en el que señalan a esta plataforma de vídeos como el origen de las vocaciones conspiranoicas. El equipo de Landrum entrevistó a una treintena de asistentes a la primera Conferencia Internacional de la Tierra Plana y todos describían YouTube como “una fuente fiable de evidencias” y de los proveedores más populares para “noticias imparciales” frente a los medios manipulados. Se habían hecho terraplanistas viendo vídeos en esa plataforma en los tres años previos y muchos entrevistados describen estar viendo piezas sobre otras conspiraciones (del 11-S, por ejemplo) y terminar atrapados con la historia de la Tierra plana gracias a las recomendaciones de YouTube.

Muchos especialistas han denunciado cómo el algoritmo de recomendaciones de YouTube termina convirtiéndose en una espiral descendente hacia contenidos cada vez más extremistas, manipuladores y tóxicos. Y en este caso no es una excepción. Como defienden los terraplanistas, YouTube se ha convertido en el mejor caldo de cultivo para versiones “alternativas” de la realidad, donde se desarrollan mensajes alocados y provocadores al margen de la “ciencia y los científicos convencionales”. Sobre cualquier tema, desde la cura del cáncer hasta el feminismo, pasando por la astronomía, lo habitual es encontrar los mensajes más controvertidos entre los primeros resultados de la búsqueda. Lógicamente, estos mensajes tienen derecho a subirse a la red, pero los algoritmos los están promocionando por encima de contenidos relevantes. “Un usuario individual de YouTube, por ejemplo, sin respeto por la verdad, el rigor o la coherencia, en algunos casos puede llegar a una audiencia comparable” a la de los grandes medios, critica Alex Olshansky, del equipo de Landrum.

Irreductibles

“Solo confío en lo que ven mis ojos”, repiten una y otra vez los terraplanistas. Aunque como dice esta especialista en percepción, es bastante común que nuestros propios sentidos sean los primeros en engañarnos, como muestran todas las ilusiones ópticas. “Ellos sacan las matemáticas y nosotros decimos: ‘Mira”, dice el terraplanista Sargent en el documental para explicar su éxito. “No necesitas fórmulas para entender dónde vives”, resume este hombre que había pasado por todas las conspiraciones antes de llegar a esta viendo vídeos en la red.

“Como la gente que niega el cambio climático, no los vas a convencer con datos, hay que buscar la forma de despertar las emociones de la gente”, explica la neurocientífica Martínez-Conde. Y añade: “Nuestro cableado neural responde a las emociones más que a los datos. Ese problema ha contribuido a dar lugar a los populismos y especialmente con el fenómeno de las redes sociales que favorece que la desinformación se expanda de manera peligrosa”.

Un reportaje recién publicado en The Verge sobre los moderadores de contenidos de Facebook mostraba que muchos de estos trabajadores precarios estaban cayendo atrapados en las conspiraciones que tenían que controlar. “Me dijeron que es un lugar donde los vídeos de conspiraciones y los memes que ven cada día los llevan gradualmente a abrazar ideas extrañas”, describe el periodista Casey Newton. Uno de los moderadores del centro que visitó promueve entre sus compañeros la idea de que la Tierra es plana, otro cuestiona el Holocausto y otro no cree que el 11-S fuera un ataque terrorista.

Esto no debería sorprender: son muchos los estudios que demuestran cómo la simple exposición a mensajes sobre conspiraciones provoca en la gente una paulatina pérdida de confianza en las instituciones, la política o la ciencia. Con consecuencias tangibles: por ejemplo, la creencia en conspiraciones está vinculada a actitudes racistas o un menor uso de protección frente al sida. Todos los terraplanistas creen en otras conspiraciones y llegaron a esa cosmovisión paranoica a través de otras teorías similares. Es característica la predisposición a creer en distintas teorías de la conspiración a la vez, incluso contradictorias entre sí: las mismas personas podían creer a la vez que Bin Laden no está realmente muerto o que ya estaba muerto cuando llegaron los militares estadounidenses a su vivienda.

YouTube es la clave. Todos los terraplanistas se convierten viendo vídeos que en muchos casos el algoritmo les ha recomendado cuando veían otras conspiraciones

Por ejemplo, buena parte de los terraplanistas son a su vez antivacunas. Lobera, que estudia a este colectivo en España, admite que esta cosmovisión conspirativa “es uno de los factores decisivos”, aunque no el más importante. “Hay puertas de entrada al mundo de las pseudociencias y una conexión entre estas creencias”, explica el sociólogo.

“En la medida en que el pensamiento conspirativo está generalizado, comienza a plantear un problema para el mantenimiento de una esfera pública racional en la que las discusiones y los debates políticos se basan en evidencias, en lugar de traficar con sospechas de que un grupo manipula los hechos desde las sombras para impulsar una agenda oculta”, asegura Olshansky en su trabajo. En este sentido, los terraplanistas, por sus creencias extremas, son como el reflejo de la sociedad en los espejos deformantes del callejón del Gato. Llegados al punto en que hay mucha gente que acepta su mensaje con naturalidad, eso indica que existe un deterioro real de las condiciones en las que se produce el debate público.

Pero estas creencias no surgen de la nada y existen condiciones sociales que influyen de forma determinante. Por ejemplo, se sabe que las personas que se sienten impotentes o desfavorecidas tienen más probabilidades de apoyarlas (como minorías raciales marginadas) y que están correlacionadas con el pesimismo ante el futuro, la baja satisfacción con la vida y la escasa confianza interpersonal. “Hay que entender estos movimientos dentro del contexto socioeconómico en el que nos encontramos, están aumentando las disparidades sociales entre quienes tienen más privilegios y más carencias. Y esto hace que aumente la desconfianza hacia gobiernos y expertos”, explica Martínez-Conde.

Hay condiciones sociales que influyen de forma determinante: se sabe que las personas que se sienten impotentes o desfavorecidas tienen más probabilidades de creer en conspiraciones

“Vivimos en tiempos de incertidumbre y a nivel neural la incertidumbre nos hace sentir incómodos”, señala la neurocientífica. Estas disonancias cognitivas obligan a crear un relato propio de buenos y malos que explique de forma simplista los fenómenos complejos de la actualidad. Y que les coloque en el papel heroico de luchadores por la verdad ocultada: las creencias conspirativas siempre han estado asociadas a cierto narcisismo colectivo (“los demás son los borregos”). Además, las personas con tendencia a ver patrones y significados ocultos en la realidad tienen mayor tendencia a creer en conspiraciones y fenómenos paranormales. “Son más dados a ese tipo de ilusiones causales. Como ver caras en las nubes, pero llevado al extremo: ver caras en una tostada y darle significado real”, explicaba Helena Matute, investigadora de Deusto, sobre su trabajo con lo paranormal.

A partir de ese poso, nos encontramos con mecanismos psicológicos como el sesgo de proporcionalidad (si algo extraordinario ha ocurrido, algo extraordinario debe haberlo causado) y el de intencionalidad: hay una mano detrás de todo. “Este deseo de narraciones ordenadas que ofrezcan certeza y visiones simplificadas del mundo puede brindar comodidad y la sensación de que la vida es más manejable”, resume Landrum en su trabajo. Así conseguirían sortear los altibajos de la vida, apostando por una realidad lisa y llana. Como la Tierra, según quieren creer.

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