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No puedes convencer a un terraplanista y eso debería preocuparte | Ciencia | EL PAÍS

Fuente original: No puedes convencer a un terraplanista y eso debería preocuparte | Ciencia | EL PAÍS

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema.

Negar que la Tierra es esférica es el caso más extremo de un fenómeno que define esta época: recelar de los datos, ensalzar la subjetividad, rechazar lo que nos contradice y creer falsedades propagadas en redes.

Hay gente que cree que la Tierra no es una esfera achatada por los polos, sino un disco. Que la Tierra es plana. No es analfabetismo: estudiaron el Sistema Solar y sus planetas en el colegio, pero en los últimos años han decidido que todo eso de “la bola” es una gigantesca manipulación. Solo el 66% de los jóvenes entre 18 y 24 años de EE UU está plenamente seguro de que vivimos en un planeta esférico (el 76% entre 25 y 34 años). Es un fenómeno global, también presente en España, al que cuesta asomarse sin bromear. Pero al observar los mecanismos psicológicos, sociales y culturales que les llevan a convencerse de esta gigantesca conspiración se descubre una metáfora perfecta que resume los problemas más representativos de esta época. Aunque parezca medieval, es muy actual.

Rechazo de la ciencia y los expertos, narraciones maniqueas que explican lo complejo en tiempos de incertidumbre, entronización de la opinión propia por encima de todo, desprecio hacia los argumentos que la contradigan, difusión de falsedades gracias a los algoritmos de las redes… Está todo ahí. “Es el caso más extremo, el más puro”, resume Josep Lobera, especialista en la sociología de los fenómenos pseudocientíficos. Cada flaqueza o actitud de este colectivo está presente de algún modo en muchos de los movimientos políticos, sociales y anticiencia que han irrumpido en nuestros días.

“Nace de la desconfianza en el conocimiento experto y de una mala manera de entender el escepticismo”, afirma Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Integrada de la Universidad Estatal de Nueva York. Los estudios sobre terraplanistas y otras teorías de la conspiración indican que ellos creen ser quienes están actuando con lógica y razonando de forma científica. En muchos casos, terminan atrapados en la conspiración tras intentar desmontarla. “Es absurdo. Voy a desmentir que la Tierra es plana”, cuenta Mark Sargent, uno de los más reconocidos terraplanistas en el documental que retrata al colectivo a la perfección, La Tierra es plana (Netflix). Y acabó “hundiéndose, como en un pozo de alquitrán”. La mayoría de terraplanistas no han sido convencidos, se han convencido al verse incapaces de demostrar que bajo sus pies hay una bola de 510 millones de kilómetros cuadrados.

“¡Investígalo por ti mismo!”, se animan unos a otros, según recoge la investigadora Asheley Landrum, de la Universidad Texas Tech, que presentó hace dos semanas el resultado de sus investigaciones sobre los terraplanistas en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. La primera diapositiva de su conferencia es una imagen de Copérnico, padre de la idea de que la Tierra orbita alrededor del Sol, reconociendo que estaba equivocado tras pasar cinco horas viendo vídeos terraplanistas en YouTube. Porque según Landrum y su equipo, que estudia estos fenómenos en el proyecto Creencias Alternativas, YouTube es la clave. Todos los terraplanistas se hacen terraplanistas viendo a otros terraplanistas en YouTube. Y una vez forman parte de esa comunidad es casi imposible convencerles de su error, porque se activan mecanismos psicológicos muy poderosos, como el pensamiento motivado: solo acepto como válidos los datos que me reafirman y el resto son manipulaciones de los conspiradores. Como en otros movimientos, si la ciencia me desdice, es que la ciencia está comprada.

YouTube parece ser la amalgama de la comunidad de la Tierra plana”, concluyen en su trabajo más reciente, en el que señalan a esta plataforma de vídeos como el origen de las vocaciones conspiranoicas. El equipo de Landrum entrevistó a una treintena de asistentes a la primera Conferencia Internacional de la Tierra Plana y todos describían YouTube como “una fuente fiable de evidencias” y de los proveedores más populares para “noticias imparciales” frente a los medios manipulados. Se habían hecho terraplanistas viendo vídeos en esa plataforma en los tres años previos y muchos entrevistados describen estar viendo piezas sobre otras conspiraciones (del 11-S, por ejemplo) y terminar atrapados con la historia de la Tierra plana gracias a las recomendaciones de YouTube.

Muchos especialistas han denunciado cómo el algoritmo de recomendaciones de YouTube termina convirtiéndose en una espiral descendente hacia contenidos cada vez más extremistas, manipuladores y tóxicos. Y en este caso no es una excepción. Como defienden los terraplanistas, YouTube se ha convertido en el mejor caldo de cultivo para versiones “alternativas” de la realidad, donde se desarrollan mensajes alocados y provocadores al margen de la “ciencia y los científicos convencionales”. Sobre cualquier tema, desde la cura del cáncer hasta el feminismo, pasando por la astronomía, lo habitual es encontrar los mensajes más controvertidos entre los primeros resultados de la búsqueda. Lógicamente, estos mensajes tienen derecho a subirse a la red, pero los algoritmos los están promocionando por encima de contenidos relevantes. “Un usuario individual de YouTube, por ejemplo, sin respeto por la verdad, el rigor o la coherencia, en algunos casos puede llegar a una audiencia comparable” a la de los grandes medios, critica Alex Olshansky, del equipo de Landrum.

Irreductibles

“Solo confío en lo que ven mis ojos”, repiten una y otra vez los terraplanistas. Aunque como dice esta especialista en percepción, es bastante común que nuestros propios sentidos sean los primeros en engañarnos, como muestran todas las ilusiones ópticas. “Ellos sacan las matemáticas y nosotros decimos: ‘Mira”, dice el terraplanista Sargent en el documental para explicar su éxito. “No necesitas fórmulas para entender dónde vives”, resume este hombre que había pasado por todas las conspiraciones antes de llegar a esta viendo vídeos en la red.

“Como la gente que niega el cambio climático, no los vas a convencer con datos, hay que buscar la forma de despertar las emociones de la gente”, explica la neurocientífica Martínez-Conde. Y añade: “Nuestro cableado neural responde a las emociones más que a los datos. Ese problema ha contribuido a dar lugar a los populismos y especialmente con el fenómeno de las redes sociales que favorece que la desinformación se expanda de manera peligrosa”.

Un reportaje recién publicado en The Verge sobre los moderadores de contenidos de Facebook mostraba que muchos de estos trabajadores precarios estaban cayendo atrapados en las conspiraciones que tenían que controlar. “Me dijeron que es un lugar donde los vídeos de conspiraciones y los memes que ven cada día los llevan gradualmente a abrazar ideas extrañas”, describe el periodista Casey Newton. Uno de los moderadores del centro que visitó promueve entre sus compañeros la idea de que la Tierra es plana, otro cuestiona el Holocausto y otro no cree que el 11-S fuera un ataque terrorista.

Esto no debería sorprender: son muchos los estudios que demuestran cómo la simple exposición a mensajes sobre conspiraciones provoca en la gente una paulatina pérdida de confianza en las instituciones, la política o la ciencia. Con consecuencias tangibles: por ejemplo, la creencia en conspiraciones está vinculada a actitudes racistas o un menor uso de protección frente al sida. Todos los terraplanistas creen en otras conspiraciones y llegaron a esa cosmovisión paranoica a través de otras teorías similares. Es característica la predisposición a creer en distintas teorías de la conspiración a la vez, incluso contradictorias entre sí: las mismas personas podían creer a la vez que Bin Laden no está realmente muerto o que ya estaba muerto cuando llegaron los militares estadounidenses a su vivienda.

YouTube es la clave. Todos los terraplanistas se convierten viendo vídeos que en muchos casos el algoritmo les ha recomendado cuando veían otras conspiraciones

Por ejemplo, buena parte de los terraplanistas son a su vez antivacunas. Lobera, que estudia a este colectivo en España, admite que esta cosmovisión conspirativa “es uno de los factores decisivos”, aunque no el más importante. “Hay puertas de entrada al mundo de las pseudociencias y una conexión entre estas creencias”, explica el sociólogo.

“En la medida en que el pensamiento conspirativo está generalizado, comienza a plantear un problema para el mantenimiento de una esfera pública racional en la que las discusiones y los debates políticos se basan en evidencias, en lugar de traficar con sospechas de que un grupo manipula los hechos desde las sombras para impulsar una agenda oculta”, asegura Olshansky en su trabajo. En este sentido, los terraplanistas, por sus creencias extremas, son como el reflejo de la sociedad en los espejos deformantes del callejón del Gato. Llegados al punto en que hay mucha gente que acepta su mensaje con naturalidad, eso indica que existe un deterioro real de las condiciones en las que se produce el debate público.

Pero estas creencias no surgen de la nada y existen condiciones sociales que influyen de forma determinante. Por ejemplo, se sabe que las personas que se sienten impotentes o desfavorecidas tienen más probabilidades de apoyarlas (como minorías raciales marginadas) y que están correlacionadas con el pesimismo ante el futuro, la baja satisfacción con la vida y la escasa confianza interpersonal. “Hay que entender estos movimientos dentro del contexto socioeconómico en el que nos encontramos, están aumentando las disparidades sociales entre quienes tienen más privilegios y más carencias. Y esto hace que aumente la desconfianza hacia gobiernos y expertos”, explica Martínez-Conde.

Hay condiciones sociales que influyen de forma determinante: se sabe que las personas que se sienten impotentes o desfavorecidas tienen más probabilidades de creer en conspiraciones

“Vivimos en tiempos de incertidumbre y a nivel neural la incertidumbre nos hace sentir incómodos”, señala la neurocientífica. Estas disonancias cognitivas obligan a crear un relato propio de buenos y malos que explique de forma simplista los fenómenos complejos de la actualidad. Y que les coloque en el papel heroico de luchadores por la verdad ocultada: las creencias conspirativas siempre han estado asociadas a cierto narcisismo colectivo (“los demás son los borregos”). Además, las personas con tendencia a ver patrones y significados ocultos en la realidad tienen mayor tendencia a creer en conspiraciones y fenómenos paranormales. “Son más dados a ese tipo de ilusiones causales. Como ver caras en las nubes, pero llevado al extremo: ver caras en una tostada y darle significado real”, explicaba Helena Matute, investigadora de Deusto, sobre su trabajo con lo paranormal.

A partir de ese poso, nos encontramos con mecanismos psicológicos como el sesgo de proporcionalidad (si algo extraordinario ha ocurrido, algo extraordinario debe haberlo causado) y el de intencionalidad: hay una mano detrás de todo. “Este deseo de narraciones ordenadas que ofrezcan certeza y visiones simplificadas del mundo puede brindar comodidad y la sensación de que la vida es más manejable”, resume Landrum en su trabajo. Así conseguirían sortear los altibajos de la vida, apostando por una realidad lisa y llana. Como la Tierra, según quieren creer.

Fake news: El puente de Venezuela Aid Live | Otra mentira de los medios internacionales sobre Venezuela | Página12

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Otra mentira de los medios internacionales sobre Venezuela
Fake news: El puente de Venezuela Aid Live
El puente Las Tienditas está cerrado porque Colombia nunca construyó las instalaciones aduaneras.

El puente Las Tienditas está cerrado porque Colombia nunca construyó las instalaciones aduaneras. Imagen: AFP

La imagen es impactante. Tan impactante que ocupó la portada de la mayoría de los grandes diarios internacionales. Muestra un inmenso puente de tres vías con dos conteiners y un acoplado cruzados que, obviamente, impiden el paso. El puente está desierto y los títulos que acompañan a la fotografía intentan explicar porqué: “El bloqueo fue dispuesto este 6 de febrero por el gobierno de Nicolás Maduro para impedir la llegada de ayuda humanitaria a su país”. Así lo reprodujo Clarín y, palabra más o menos, así lo repitieron en todo el mundo después de que se conociera que en uno de los extremos del puente, llamado Las Tienditas, se levantaría el escenario del promocionado festival Venezuela Aid Live.

El único problema es que el 6 de febrero de 2019 no se bloqueó ningún puente. El puente está bloqueado desde el día en que terminó su construcción, a principios de 2016. En otras palabras, el puente nunca fue inaugurado y hace tres años que muestra la misma impactante imagen de la inmensidad desierta.

Los grandes medios internacionales amplificaron las mentiras sobre el puente Las Tienditas.

Los grandes medios internacionales amplificaron las mentiras sobre el puente Las Tienditas.

La historia de Las Tienditas puede resumirse en pocas líneas. Frente a una frontera colapsada por la intensidad del tránsito, acordaron su construcción los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Hugo Chávez, en alguno de los escasos momentos en que las relaciones entre los dos países no eran tan malas. Empezaron las obras en 2014 y veinte meses después estaban terminadas. O casi. Colombia nunca construyó las correspondientes instalaciones aduaneras porque ya estaba claro que el puente no se usaría. Las relaciones entre los dos países ya no eran tan buenas. Los colombianos aseguran que por decisión de Caracas. Los venezolanos aseguran que por decisión de Bogotá. Lo mismo ocurre con el financiamiento. Los colombianos sostienen que se pagó a medias. Los venezolanos sostienen que todo el dinero lo pusieron ellos. Lo que está fuera de discusión es que Colombia levantó una impresionante reja en la mitad del puente que impide desde hace mucho el paso. Si uno mira con cuidado las fotos que ahora se hicieron famosas, puede ver las rejas adelante de los conteiners.

La diferencia entre lo publicado y la realidad no es inocente. Presentar al Gobierno venezolano levantando muros en su frontera, para evitar que llegue “ayuda humanitaria” para sus ciudadanos, no contribuye a mejorar la imagen internacional de Nicolás Maduro, justo cuando es en el terreno internacional donde se juega la principal batalla por su continuidad en el cargo.

Algún desprevenido podría argumentar que en estos días, y sobre todo en los días de Donald Trump, los muros entre países no son mal vistos. Pero las noticias no están destinadas a Donald Trump. Están destinadas a convencer a los ciudadanos de todo el mundo, en especial a los estadunidenses y latinoamericanos, de que la ofensiva contra el gobierno venezolano no es por el petróleo o el coltán o el oro, ni para escarmentar a cualquiera que desafíe los mandatos de Washington, sino por “la ayuda humanitaria”.

La imagen del puente ya quedó instalada en la historia. El  Venezuela Aid Live se transmitió en cadena mundial. El promocionado objetivo del festival, financiado por el magnate británico Richard Branson y su socio colombiano Bruno Ocampo, es “conseguir ayuda humanitaria para repartir entre los necesitados venezolanos”.

Branson no oculta que la idea surgió a pedido de Juan Guaidó, el autoproclamado presidente por decisión de la Casa Blanca, ni que casualmente el día siguiente al recital es el anunciado por Guaidó, bajo el estricto cronograma fijado por Trump, como el destinado a que entre en Venezuela la “ayuda humanitaria” enviada por Washington. Si es posible por las buenas y si no queda más remedio por las malas. Como el Gobierno venezolano ya anunció que no está autorizado el ingreso “por las buenas” todo indica que si la entrada se concreta será “por las malas”.

Resulta muy difícil imaginar un desemboque pacífico y humanitario para un festival convocado por “la paz” y “la ayuda sin banderías políticas”. Aunque así lo repitieron, sin ponerse colorados, cada uno de los músicos presentes.

Islandia sí rescató a la banca

Artículo original: https://elfaro.is/2018/04/07/islandia-si-rescato-a-la-banca/

Un extenso y detallado escrito en el que se explica que la idea que se tiene sobre Islandia y su relación con la banca durante la crisis de 2008 es un mito muy bien construido por políticos, grupos económicos y medios.

Resulta interesante una lectura como esta desde un país como el mío, Argentina, que ha vivido (y aparentemente lo vivirá de nuevo) una tremenda crisis económica 7 años antes que la islandesa. Ese conjunto de paralelismos y diferencias, esos manejos de algunos políticos, grupos económicos y medios nos permite ver un posible hilo conductor entre la gran cantidad de crisis económicas en diversos países y tiempos.

Al leer sobre los métodos usados por determinados medios para imponer sus posiciones por sobre la veracidad, uno no puede dejar de pensar en el grupo periodístico Clarín de Argentina, O Globo de Brasil, Televisa de México o tantos otros.

La burbuja económica previa a la crisis nos resuena al “deme dos” de la ilusoria bonanza durante la última dictadura cívico-militar, o a la compra de artículos de lujo durante la primera presidencia de Carlos Menem.

La fanfarronería con la que el presidente islandés les daba clases de economía a otros países antes de la crisis, nos recuerda al enorme ego con el que los militares, Menem (y su ministro de economía, Domingo Cavallo) o el actual presidente Mauricio Macri, desplegaban y despliegan sus enseñanzas de cómo se debe llevar adelante la economía de un país.

Y como frutilla del postre, un Milton Friedman alabando las medidas neoliberales del gobierno islandés, como él mismo y otros de su calaña alababan las medidas económicas de ciertos gobiernos argentinos.

Es algo triste y asqueante el ver tanta similitudes (y repeticiones) en estas historias económicas.

Recomendable.

El Faro de Reykjavík

eric-lluent

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

El texto que se publica a continuación formaba parte de un libro inédito que finalmente no ha visto la luz. Debido al interés que suscita esta cuestión y los mitos que se han generado en torno a ella, el autor desea compartir este trabajo de años de forma altruista.

“La solución de Islandia para salir de la crisis: ni un céntimo para los bancos”, “Islandia rechaza en referéndum pagar por los errores de sus bancos” o “Islandia camina hacia el 2% de paro tras dejar caer a sus bancos” son algunos de los titulares que desde 2008 se han difundido en los medios de comunicación españoles y que han determinado de forma decisiva la opinión de una audiencia muy diversa que busca algún referente al que aferrarse en tiempos social, política y económicamente convulsos. Uno de los aspectos más curiosos del mito islandés es que…

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“El acceso al conocimiento científico es un derecho humano” | Ciencia | EL PAÍS

Fuente original: “El acceso al conocimiento científico es un derecho humano” | Ciencia | EL PAÍS

El activista canadiense John Willinsky propone un modelo editorial compatible con la ciencia abierta.

Todos los días crece el conocimiento científico. En las próximas 24 horas se publicarán cientos de estudios con los descubrimientos más recientes, pero la mitad quedarán recogidos en revistas académicas que solo se distribuyen a los centros de investigación capaces de pagar suscripciones millonarias. Cabe preguntar por qué una ciencia que depende en gran parte de la financiación pública no facilita todos sus resultados a la ciudadanía. El educador, autor, activista y catedrático de la Universidad de Stanford John Willinsky (Toronto, 1950) lleva dos décadas de cruzada por el acceso libre y universal a la información científica. Asegura que esta visión, la de la ciencia abierta, ya es posible en la era digital. Y, sin embargo, sus esfuerzos se han visto frustrados por el celo con el que las editoriales académicas se aferran a su arcaico modelo de publicación.

“El acceso al conocimiento es un derecho humano”, dice Willinsky durante una visita al Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. Habla pensando en los investigadores que no están afiliados a una buena biblioteca universitaria —como muchos del Sur global—, en los estudiantes y en los periodistas, pero también incluye al público y a profesionales de todas las disciplinas: “Hay astrónomos aficionados con un telescopio en el jardín, que quieren aprender sobre los últimos avances en astronomía, y hay médicos en la clínica, que no están seguros de un diagnóstico y necesitan más información”. Para él, la ciencia “podría tener un papel mucho más amplio” en la sociedad del que tiene ahora.

El pilar sobre el que se sostiene la ciencia abierta es la publicación de las investigaciones científicas bajo el modelo open access, es decir, de lectura gratuita. “Antes de internet esto no se cuestionaba. No íbamos a repartir revistas científicas en los autobuses”, bromea el autor. Pero ahora que sí es posible, sigue sin ser lo más habitual: “Los investigadores envían y revisan artículos sin cobrar, reciben un estipendio simbólico por editar. Las editoriales acaban en una posición muy ventajosa, porque invierten muy poco dinero y acaban siendo las dueñas de la propiedad intelectual. Esa es una de las mayores preocupaciones”, lamenta.

Aprovechando su monopolio en la diseminación del conocimiento, estas editoriales académicas cobran suscripciones cada vez mayores por sus revistas. Los centros de investigación, que necesitan acceso a los últimos estudios para trabajar, pagan. De acuerdo con su última memoria anual, el CSIC gasta en torno a nueve millones de euros al año en la adquisición de información científica. Pero el mercado está cambiando, dice Willinsky. El año pasado, las universidades alemanas no renovaron su contrato con Reed-Elsevier, la mayor editorial de revistas científicas del mundo, en protesta por los precios abusivos. Este mes, el consorcio de universidades francesas ha hecho lo mismo con Springer-Nature, que publica una de las dos revistas científicas más prestigiosas del mundo. El éxito de la web pirata Sci-Hub, que permite descargar cualquier artículo de investigación gratis, demuestra la demanda global por la ciencia abierta.

“Las expectativas públicas son importantísimas para este proceso”, opina Willinsky. “Sci-Hub es un parásito [de la industria editorial], pero también es una ilustración preciosa de lo que quiere la gente. Estamos viendo una serie de señales y prodigios que las editoriales también están percibiendo”, explica. Ahora, el 50% de las publicaciones científicas son open access, aunque la distribución es muy heterogénea en cuanto a la geografía, las disciplinas y el prestigio de estas revistas. Según el investigador canadiense, el éxito de la ciencia abierta “ya es inevitable”. “Hace 15 años, las editoriales decían ‘estáis locos, vais a acabar con las publicaciones’. Ahora nadie está en contra del open access. Cuando Elsevier alardeaba de que es la segunda editorial con más revistas de lectura gratuita, yo me lo tomé como una señal del cambio”, recuerda.

La única forma sostenible de lograr una ciencia abierta global, según Willinsky, es pagar por adelantado, con los mismos fondos —ya sean públicos o privados— que ahora se gastan en suscripciones. “Queremos publicaciones profesionales”, señala. “Pero el precio es una gran preocupación. Si tenemos menos investigaciones, aunque sean abiertas, no hemos avanzado”.

Las editoriales académicas tienen un negocio redondo, con beneficios que oscilan entre el 30% y 40% para las más grandes, pero no obstante ofrecen un servicio útil: coordinan el proceso de edición y se aseguran de archivar y diseminar la nueva información en formatos electrónicos optimizados para la búsqueda y lectura en web. Willinsky sonríe antes de añadir: “En 20 años, he visto muchos precios distintos. ¿Cuánto cuesta realmente producir un artículo de investigación científica?” En las ciencias biomédicas, el coste por publicar un artículo en open access es de unos 3.000 euros, que se pagan por adelantado. En algunas ciencias sociales es gratis. “El precio se basa en cuánto dinero asumen que tienes. Cobran lo que aguante el mercado”.

No obstante, Willinsky es optimista. Será cuestión de años o de décadas, pero el modelo puede funcionar porque ya hay un ejemplo de ello: el consorcio SCOAP3 reúne 3.000 bibliotecas e instituciones internacionales especializadas en física de partículas que han decidido juntar todos los fondos que gastaban en suscripciones académicas para destinarlo a los costes de la publicación en open access. Cada miembro paga en proporción a su contribución de artículos y los resultados los disfruta toda la sociedad. Las editoriales tienen el mismo dinero que tenían antes, aunque existe el riesgo de que algún centro decida no pagar durante un año de escasez. “Pero lo mismo podía ocurrir con las suscripciones”, razona Willinsky. “Nunca hubo garantías para la editorial”.

Cada vez son más los científicos que reconocen el valor de la ciencia abierta. Entre otros motivos más altruistas, destaca un elemento de vanidad, explica el catedrático canadiense: “Los artículos gratuitos llegan a más gente. Aumentan las visualizaciones y citaciones de sus artículos”. Solía haber una gran preocupación por el control de calidad, pero también ésta actitud ha cambiado gracias a revistas open access muy prestigiosas, como Scientific Reports, de Springer-Nature, y la familia de revistas PLoS. “El logro es ver que no solo estamos luchando porque la ciencia sea gratis, sino que estamos luchando por un principio que siempre ha sido parte de la ciencia: que el acceso y la transparencia contribuyen a la calidad. La ciencia funciona cuando es abierta, se basa en la circulación y la revisión de la información.” Y añade: “Si mantienes algo secreto, no tienes autoridad para decirte en posesión del conocimiento”.

Twitter: “Curioso a quién apoyáis y quién no”: las respuestas al comunicado de la APM amparando al director adjunto de ‘El País’

Fuente original: http://www.publico.es/tremending/2018/03/15/twitter-curioso-a-quien-apoyais-y-quien-no-las-respuestas-al-comunicado-de-la-apm-amparando-al-director-adjunto-de-el-pais/

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema. En este caso, recomiendo el trabajo que viene realizando el períódico español Público, y  a través de él, sus blogs, intentando mantenerse independiente en un ambiente de grandes grupos económicos.

Gifs de gatos y críticas, son las respuestas de los tuiteros a la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) que hoy ha publicado un comunicado amparando al director adjunto de El País, David Alandete, criticando a y criticando a “medios rusos”. “Curioso, curiosísimo los periodistas a los que apoya la APM y a los que no”, ha comentado algún tuitero.

En un comunicado, la APM anuncia que “ha decidido amparar al periodista David Alandete […] ante la campaña de desprestigio profesional montada por medios rusos y otras organizaciones en sintonía con estos”. Señala a medios como Russia Today, Sputnik y a la organización Observatorio Hispano-Ruso de Eurasia.

Desde hace meses el diario El País viene publicando artículos que mantienen la teoría de que existe una campaña dirigida desde Moscú para desestabilizar el modelo de Estado occidental democrático.

La APM, presidida por la periodista Victoria Prego, asegura que “respalda el trabajo profesional de Alandete y rechaza la campaña que trata de impedir que ejerza el periodismo libremente”.

Hace un año la APM fue muy criticada tras publicar un inédito comunicado en el que denunciaba una “campaña sistematizada de acoso personal y en las redes” de Podemos hacia sus periodistas críticos pero no detalló ni aportó pruebas. Ante la sorpresa, muchos recordaron los casos en los que la APM calló.

Ahora muchos tuiteros han reaccionado criticando este nuevo comunicado de la APM:

“A los científicos les cuesta mucho reconocer sus sesgos machistas” | Ciencia | EL PAÍS

Un congreso europeo denuncia los obstáculos que todavía frenan a las investigadoras

La física Pilar López Sancho, tras su charla en La Laguna.
La física Pilar López Sancho, tras su charla en La Laguna. Elena Mora IAC

La humanidad ha reconocido a casi 1.600 personas dándole su nombre a cráteres de la Luna. Solo 28 de esos cráteres llevan nombre de mujer. Esta anécdota, aportada por la astrónoma Mayra Osorio, ilustra el gigantesco problema de infrarrepresentación que arrastra la mujer en la ciencia. Y ese era precisamente el debate que se celebró en el congreso Gender in Physics Day, organizado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en el que científicas de muchas disciplinas denunciaron el machismo vigente en su campo y debatieron sobre las posibles soluciones.

La ciencia está siendo un campo de batalla especialmente interesante para observar la lucha por la igualdad de las mujeres, por un motivo que expuso la ponente principal de este congreso, Pilar López Sancho, presidenta de la Comisión de Mujeres y Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “En ciencia, al principio parece incongruente que se mantengan sesgos machistas porque es gente que trabaja con datos empíricos”, explica López, “y por eso a los científicos les cuesta mucho reconocer que están sujetos a los mismos sesgos machistas”.

“En ciencia presumimos de objetividad, de un método de valoración de méritos con unos indicadores de calidad muy claros, y que resulta que en sí mismo está sesgado desde el principio”, asegura López en conversación con Materia. “Es una profesión que tiene que ser objetiva, se basa en una observación experimental, con control de datos; que vengan y te digan que no eres capaz de juzgar los méritos de una manera objetiva es muy duro”, asegura esta física del Instituto de Ciencia de los Materiales.

Esta idea quedó probada en la exposición de otra física, Marina Rodríguez Baras, que mostró cómo los procesos de selección están sesgados desde el mismo momento en que sabemos que el candidato se llama John o Jennifer. Y, más interesante aún, al reseñar un estudio que muestra que los hombres de las áreas científico-técnicas son los más reacios a considerar ciencia de calidad aquellos estudios que demuestran sesgos sexistas en esas mismas áreas.

El IAC celebraba este congreso como único socio español del proyecto europeo H2020 GENERA. Este organismo científico canario, responsable de dos importantes observatorios astronómicos, es buen ejemplo de la batalla por la igualdad de la mujer en la ciencia. Recientemente tuvo que tumbar la web personal de uno de sus investigadores porque en ella publicitaba uno de sus libros, en el que expresaba todo tipo de ocurrencias denigrantes hacia las mujeres. También el IAC protagonizó un hito interesante al celebrar un congreso de física solar en el que el comité científico estaba formado por mujeres en su totalidad. Estos días, el IAC también promociona las vocaciones científicas entre las niñas reivindicando la figura de la pionera Henrietta Leavitt.

López Sancho cuenta que en 2001, cuando se propuso la creación de la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC encontró mucha oposición, de hombres y mujeres que lo consideraban innecesario y colegas que creían que lo hacía para promocionarse. “Veíamos que solo había una mujer de la categoría más alta en todo un campo o que había muchas mujeres que se jubilaban en la categoría más baja después de trabajar cuarenta años. Pero no había datos por sexos y sin datos no puedes denunciarlo”, lamenta López. “Teníamos que contar a mano los puestos electos, vicepresidentes, coordinadores, y vimos que todos eran hombres”, recuerda.

Reconoce que cuando llegó orden gubernamental de 2005, que obligaba a que hubiera un 40% de mujeres en los tribunales y comisiones, al principio les pareció innecesario “porque no había nada que prohibiese a las mujeres formar parte de esos grupos”. “Pero cuando hicimos los datos, era ridículo, no llegaba al 5%. Y parecía que había más, porque se hacían las cuentas incluyendo los tribunales suplentes que era donde estaban las mujeres”, asegura López, que cree que se ha avanzado bastante gracias a leyes que han permeado en las instituciones.

Aluvión de protestas por una guía

Aunque todavía se encuentran con importantes resistencias. La comisión de Mujer del CSIC que preside trató de desarrollar, sin éxito, uno de los objetivos 2020 planteados por la UE: introducir el género en los contenidos de la investigación. Se refiere a los numerosos casos, muy habituales en biomedicina, en los que es importante hacer ciencia teniendo presente que lo masculino no es lo universal, por ejemplo, los síntomas de un infarto. Solo se ha logrado aprobar una declaración, pero hay áreas que se niegan.

Esta científica recupera una anécdota de hace pocos años: decidieron enviar a los centros del CSIC una guía para mejorar en el uso no sexista del lenguaje. “Cosas como poner dirección en lugar de director o gerencia en lugar de gerente”, explica. “La que se lio: empezaron a escribir muchísimas protestas del tipo ‘cómo se gasta el dinero en estas tonterías’, cuando no habíamos gastado nada, porque lo habíamos copiado. Me chocó aquello, cómo pudo generar esa respuesta”, reflexiona.

En el congreso se detallaron comportamientos, se mostraron datos y se evidenciaron numerosas situaciones en los que el muro sexista se interpone en la trayectoria profesional y vital de las científicas. Por ejemplo, Linda Angela Zotti explicó que tiene que dedicar el 30% de su energía para defender su independencia como líder de grupo porque los colaboradores insisten en “ayudarla” a “guiar” su proyecto. Y cómo tuvo que pelear, durante el tratamiento de un cáncer de mama, porque “no se puede bajar la guardia”. Otras investigadoras exigieron poder ir al campo solas sin que crean que necesita compañía o su estupefacción cuando descubrieron con impotencia que estaban siendo discriminadas con su trabajo sin ninguna explicación.

López ilustra cómo funcionan los sesgos sexistas con un símil deportivo: “Cuando un equipo juega en su campo, juega mejor. Pues nosotras nunca jugamos en casa; no lo puedes explicar, pero notas que estás en campo contrario”. Y pone como ejemplo la imagen de científicos y científicas. “Yo no he oído nunca a nadie decir ‘es un genio’ de una mujer, siempre es ‘qué buenas manos, qué bien mide, qué cuidadosa, cuánto trabaja”. López muestra una serie de fotos de Albert Einstein: “Míralo, es que no da ni clavo. Vale con mostrar su mirada inteligente”. Luego enseña unas cuantas de Marie Curie: “Es que no para, siempre en el laboratorio”. Esa es la imagen que tenemos, explica la experta: ellos son, ellas se lo tienen que currar. Y reclama: “Tenemos que cambiar la imagen de lo que significa ser científico”.

A través de “A los científicos les cuesta mucho reconocer sus sesgos machistas” | Ciencia | EL PAÍS

Kapuscinski contra la manipulación | Edición impresa | EL PAÍS

El gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski, de cuya muerte se cumple hoy un año, se planteó preguntas como ésta: “¿Sabemos a quién definirá la historia como terrorista y a quién como combatiente?”

Para muchos periodistas del mundo, Ryszard Kapuscinski era un maestro, una brújula, incluso un ídolo. Hoy, después de hacer muchos viajes y mantener muchas conversaciones, ya no estoy tan seguro de hasta qué punto se le conocía, hasta qué punto había calado su mensaje (o sus mensajes). Uno de mis interlocutores, que había colaborado con Kapu y que decía “idolatrarlo”, se indignó cuando lo califiqué como hombre de izquierdas. “¡Cómo, si era un demócrata!”, estalló.

En la década de los 70, Kapuscinski escribió un libro (todavía no traducido a otras lenguas) que parece clave para comprender su cosmovisión, su sensibilidad social y su empatía como método y actitud. Se titula Cristo con un fusil al hombro. Cristo con un fusil… ¿Cómo suena esta expresión hoy, cuando una figura religiosa con un arma se asocia con el terrorismo?

La primera edición de Cristo… exhibía en la contraportada: “Poco después de la muerte del Che Guevara, el pintor revolucionario argentino Carlos Alonso pintó un cuadro que inmediatamente se hizo famoso en toda América Latina. (…) Alonso había pintado una figura de Cristo con un fusil al hombro, figura que, por su aspecto y su atuendo, recordaba a un guerrillero. (…) El cuadro se ha convertido desde entonces en el símbolo artístico del luchador, del guerrillero, del hombre que, arma en mano y en las peores condiciones, combate la violencia y la arbitrariedad en su lucha por un mundo diferente, justo y bueno con todos los seres humanos”.

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