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La batalla por México – ¡Ahí vienen los rusos! Mitología de la ‘intervención rusa’ en México

¡Ahí vienen los rusos! Por favor, señores, les pido un poco de seriedad.

La Guerra Fría terminó hace tres décadas, Vladímir Putin es uno de los líderes más capitalistas del mundo y a mí nadie me dice qué decir u opinar.

Andan muy asustados los periodistas del régimen.

Después de tantos años de ser los únicos que dictan la agenda del debate nacional… de recibir tantos millones de dólares de gobiernos corruptos… de manipular y torcer las noticias a favor del poder y el dinero… ven que ya se les está acabando el negocio.

Imagínate… un humilde profesor de la UNAM con una videocolumna semanal de dos minutitos, ¡que ni siquiera sale en la televisión!, hoy hace temblar a Televisa, a Radio Fórmula y a todos los medios del sistema.

No es ninguna coincidencia que quienes más promueven la mitología de la supuesta ‘intervención rusa’ en México son precisamente empleados de Televisa, el brazo de propaganda y de manipulación mediática del Gobierno mexicano.

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Del periódico El País considerado como una de las bellas artes – Edición General

Cada día, el periódico más leído en español se supera a sí mismo. Una cohorte de héroes ha navegado en lo más profundo del subconsciente para hacer de El País una obra de arte.

 Confieso que yo era uno de tantos que cada mañana, día sí y día también, tras leer alguna de las columnas de El País, iniciaba una cansina repetición de diatribas acerca de su periodismo de cloaca. Esto formaba parte de mi improductivo ritual mañanero hasta el inolvidable día 20 de noviembre, en que leí el artículo titulado: “Podemos, caballo de Troya para las posiciones del Kremlin”. Ahí se recogía el informe publicado por Atlantic Council, un think tank al servicio de la OTAN, patrocinado entre otros por la FOX, los Emiratos Árabes, Crescent Petroleum, el fondo buitre inmobiliario Blackstone, la Abu Dhabi National Oil Company, la propia OTAN, y una larga lista de empresas de energía atómica, seguros o aeronáuticas, todas ellas de probado carácter altruista.

El informe defendía una estrafalaria teoría acerca de la influencia de Rusia en Syriza, el Movimiento 5 Estrellas italiano, diversos grupúsculos de extrema derecha y Podemos. Con respecto a este último, se reconocía que este partido no presta apenas atención a la política internacional y que sus dirigentes jamás emiten opiniones positivas acerca de Rusia o Putin, con los que, por otra parte, mal pueden estar de acuerdo –se afirmaba–, dado el posicionamiento de Podemos “contra las oligarquías y a favor de los derechos sociales”. Incluso se concedía que “algunos dirigentes” (en una nota al pie ese “algunos” era Pablo Iglesias) habían criticado en ocasiones la política rusa. Sin embargo, estos hechos no contradecían su afirmación de que Podemos es en realidad un caballo de Troya al servicio de la inteligencia rusa para desestabilizar occidente. ¿Con qué razones? Una entrevista que Pablo Bustinduy realizó en el digital Jot Down en la que venía a decir que la Unión Europea y Rusia eran igualmente culpables de las situación de crisis en Ucrania, que las sanciones no eran la solución y que debían dejarse abiertos los puentes al diálogo. Y aquí terminaba el material probatorio del informe.

Por supuesto, a la hora de redactar la noticia El País silenció las afirmaciones más mesuradas en las que se reconocían los hechos que distanciaban a Podemos de Rusia para centrarse simplemente en la teoría del caballo de Troya, convirtiendo lo que ya era una sucesión de pintorescas afirmaciones en un puro delirio.

Y cuando al terminar su lectura yo ya estaba barruntando la acostumbrada letanía sobre esa “mierda de periodismo”, tuve una súbita iluminación que llegó a mí como una epifanía. Sí, sin duda era el de El País una “mierda de periodismo”. Pero no cabía darle a esta afirmación un tono despectivo sino artístico: era una mierda en el mismo sentido en que en 1961 el artista conceptual Piero Manzoni había enlatado sus excrementos para crear la obra “Mierda de artista”. El País había dejado el periodismo para hacer arte de vanguardia.

Todo entonces se mostró bañado de límpida luz. Las puertas de la percepción se despejaron y vi El País tal cual era, infinito. Ante los ojos de esta revelación, cada página cobró otro sentido. Comprendí que ya no podían juzgarse sus textos con los prosaicos mandamientos del código deontológico periodístico: verdad, equidad, responsabilidad, independencia, imparcialidad. Todo esto eran pamplinas terrenas. El País habitaba otra dimensión.

Así, pronto entendí que el artículo de Podemos y el Kremlin no respondía a criterios periodísticos, sino que estaba redactado siguiendo el “Método Paranoico-Crítico” de Dalí, es decir, el “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”. Esto explicaba no solo la trama de injerencia rusa con la que El País emponzoña estos días el conflicto catalán sino un sinfín de informaciones, singularmente las referidas a la financiación de Podemos con Venezuela o Irán. Supe entonces que todas estas informaciones aparentemente disparatadas formaban un todo, un lienzo en el que las fobias y obsesiones subconscientes de los directores y periodistas de El País se desaguaban en una composición artística caótica y delirante; o, en palabras de André Breton: “una dicción irracional, que alterna sin motivo apreciable lo declamatorio y lo salmódico”.

Se esclarecía también por qué en los últimos años El País había sido tan amplísimamente sobrepasado en lo que respecta a su periodismo de investigación, no solo por su mayor competidor en el mismo espectro ideológico, El Mundo, sino también por la mayoría de los periódicos digitales que cuentan con muchos menos medios. Suponíamos ingenuamente que esa labor de no indagación era una muestra más de su complicidad pasiva con el establishment pero la verdad es más compleja. A El País no le interesa “la realidad” tal como nosotros la entendemos, sino “lo real” en su sentido más lacaniano: a El País le interesa lo inefable, lo que está más allá de toda significación. Imaginé entonces su consejo de redacción tal como Breton relata una velada de hipnotismo en la casa de Mme. De la Hire: “Una decena de personas, hombres y mujeres se durmieron al mismo tiempo. Como iban y venían, vaticinaban y gesticulaban a cual más, el espectáculo no difería mucho del que podrían ofrecer los convulsionarios de San Medardo”.

¿Cómo llegan a estos estados alterados de conciencia? ¿Mediante técnicas orientales de concentración o con el uso de sustancias alucinógenas? En “Las enseñanzas de D. Juan” el indio yaqui explica a Castaneda un método para indagar en lugares lejanos. Coge dos lagartijas y a una le cose los ojos y a la otra la boca. Envía a la muda a investigar –las lagartijas son mucho de pararse a charlotear, por eso hay que coserles la boca– y cuando regresa, le cuenta lo que ha visto a su compañera ciega para que esta se lo transmita al chamán en el lenguaje de las lagartijas, quien lo comprende gracias a los efectos de una pasta alucinógena que previamente se ha untado en la sien. ¿Es este el método de investigación de El País? En sus textos, desde luego, se aprecia la huella del saber lagartijo, tan a ras del suelo.

A la luz de mi descubrimiento muchas cuestiones quedaron por fin resueltas. Por ejemplo, el curioso hecho de que los periodistas de El País no acudan como tertulianos en los programas de debate televisivos. La explicación oficial no parecía satisfactoria. Esta afirmaba que se trataba de una orden dada por ese Ubú Rey que es Cebrián en represalia por la divulgación televisiva de sus intereses en Panamá. Sin embargo, ahora sospechamos que quizá los televidentes españoles no estén preparados para tal espectáculo de realidad extrasensorial. Podemos imaginar a los comentaristas de El País llegando a los estudios en su autobús psicodélico, tal como unos nuevos Merry Pranksters, para mostrar al mundo la buena nueva alucinógena.

En 1947 Antonin Artaud acudió a la Radio Nacional Francesa para grabar su “Para acabar de una vez con el juicio de Dios”, un monólogo indescriptible, plagado de horribles aullidos, gritos, onomatopeyas y expresiones visionarias y escatológicas. El escándalo desatado entonces impidió que se emitiese hasta treinta años después. ¿Estaríamos hoy preparados para asistir a los extravagantes delirios de los comentaristas de El País, quizá acompañados de sus lagartijas, en los programas de debate de Atresmedia? Probablemente no.

Considerados como arte de vanguardia incluso los artículos más desquiciados adquieren sentido. Por ejemplo el titulado “El supremacismo catalán hasta en los apellidos” en el que Teodoro León se entretiene buscando Garcías y Gonzáleces en la lista de JuntsxCat parece menos demente y tosco si uno lo imagina escrito en estado de trance, en un proceso de escritura automática fluyendo directamente desde el subconsciente, sin el influjo castrante de convencionalismos estéticos y literarios. Así es otra cosa.

Del mismo modo, los ataques permanentes de Juan Cruz o Antonio Elorza contra Podemos y Pablo Iglesias recuerdan a los poemas de Leopoldo María Panero, regresando una y otra vez a los mismos temas en su obsesivo compulsivo monólogo interior. Leídas así sus crónicas, no podemos más que sentir empatía hacia esas evidencias clínicas de tormento interno, deseándoles pronto alivio y que algún día se hagan verdad las palabras de Blake : “si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio”.

Hasta los textos más perversamente reflexivos se ven de otro modo cuando comprendemos su dimensión artística. Rubén Amón, quien desarrolló casi toda su carrera profesional en El Mundo y ahora es el articulista estrella de El País, es propenso a las argumentaciones maliciosas. Pienso: “¿Amon? ¿No es este un apellido muy sospechoso?” Entonces caigo en la cuenta: Amon es en realidad un alias que encubre la verdadera influencia literaria de esos artículos: El Conde de Lautréamont. ¡Pero si era algo obvio! Descompongo el nombre y me sale “L’ autre Amont” ¡El otro Amón! ¿Anticipaba ya el gran Isidore Ducasse en el S. XIX a su futuro Mini-Yo? Abro entonces Los Cantos de Maldoror y en el primer párrafo de su Primer Canto encuentro estas palabras que tan bien describen los textos de Rubén Amón: “Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma”.

Todo se ve ahora diáfano: Rubén Amón, que en El Mundo era un mediocre opinalotodo que regañaba a Karlos Arguiñano por “dar mítines populistas” en su programa de cocina, se transmutó en El País en un ARTISTA TOTAL, un nuevo Maldoror del periodismo.

Y así podríamos seguir con los deformes monólogos de Javier Marías, tan de Ricardo III en el invierno de su descontento, o con esas hiperbólicas encuestas de Metroscopia que tienen la virtud de hacer parecer más serias las de la competencia y que elevan una y otra vez a Ciudadanos a imaginarias cotas de popularidad electoral. ¿No pueden considerarse como poemas-objeto? ¿No pueden entenderse como visiones, profecías de realidades futuras, quizá en otras dimensiones espacio-tiempo?

Sea como sea, estamos ante un nuevo paradigma y El País navega hacia mares ignotos. En terminología de “Stranger Things”, El País explora el “del revés” del periodismo con un estilo mitad performance, mitad videncia. Y esto es algo que sin duda tendrá su reflejo en las facultades de Ciencias de la Información en donde, visto lo visto, se empezarán a considerar completamente inútiles las capacidades literarias para premiar, por ejemplo, los conocimientos en la Psicomagia de Jodorowsky.

Pero, sobre todo, lo que radicalmente cambia es nuestra crítica simplista a sus páginas. Ahora sabemos que adentrarse en su lectura con talante abierto es cruzar un umbral tenebroso donde la locura, el delirio, la incoherencia, la irracionalidad sistemática y una aparente falta de sentido modelan un discurso único en su anormalidad inabarcable. Quizá por ello, en lugar de injustamente vilipendiar a sus redactores, deberíamos agradecerles su valor por adentrarse en tales abismos.

La historia está llena de ejemplos dolorosos de aquellos que trataron de explorar “el otro lado” y de sus sufrimientos y fracasos. Los padecimientos son enormes, decía Rimbaud. Y casi siempre es un viaje peligroso del que nunca se vuelve. Antonin Artaud creía estar en posesión del báculo de San Patricio y consideraba su deber devolvérselo a los irlandeses. Puesto que todo conocimiento tiene sus mártires no descartemos que sea Ignacio Torreblanca, despreciador de todos los nacionalismos salvo el suyo, quien mañana salga a las calles vociferante, creyendo empuñar la espada flamígera de Santiago Matamoros para abrir con las Siete Llaves el sepulcro del Cid y devolverle a su España sus símbolos más apreciados.

Decía Thomas de Quincey en “El asesinato considerado como una de las bellas artes”: “Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.”. En El País, la mentira cotidiana ha conseguido el prodigio de abrir un portal mágico que sugiere la existencia de una realidad paralela. Honor y gloria a los héroes llamados a explorarla.

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La información, cada vez más espectacular | Página12

Las noticias televisivas son cada vez más cortas y recurren a menos fuentes.
El último monitoreo realizado por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual relevó que los canales nacionales construyen noticias cada vez más breves, con menos fuentes y con más uso de contenidos de redes sociales. La “policialización” de la agenda.
Apenas algo más de la mitad de los noticieros presentó fuentes.
Apenas algo más de la mitad de los noticieros presentó fuentes. 

Las noticias de la televisión son cada vez un poco más breves (en promedio, de 1 minuto 56 segundos), recurren a menos voces y están cada vez un poco más dedicadas a buscar el impacto o conmover, más allá de la información que brinden o los datos que permitan comprenderlas. La afirmación surge de los datos del “Monitoreo de programas noticiosos de canales de aire de la Ciudad de Buenos Aires” realizado por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual tras relevar 558 horas de noticias emitidas televisivamente. El estudio, que registra también algunos cambios respecto de lo que las producciones noticiosas televisivas habían emitido un año antes, trabajó sobre monitoreos realizados sobre el material televisado en la primera semana de febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre de 2016. Los resultados fueron presentados ayer con el seminario “Construcción de agenda, representaciones información en los noticieros de la televisión abierta”, realizado en la Universidad Di Tella.

El estudio relevó las noticias emitidas por los noticieros de los canales de televisión abierta, de gestión privada y pública, de la Ciudad de Buenos Aires, y consideró información cuantitativa y cualitativa. “En cada mes de 2016 monitoreado se relevaron los primeros días hábiles continuos de la primera semana completa del mes” y el relevamiento incluyó “todos los programas noticiosos emitidos en las cuatro franjas horarias (mañana, mediodía, noche y medianoche)” por América, Canal 9, Canal 13, Telefe y la Televisión Pública.

De las 17.197 noticias analizadas, el 82 por ciento tuvo una o ninguna fuente, es decir que la información que proveyeron no fue atribuida a ninguna voz o autoridad en particular. El porcentaje, sin embargo, varía de acuerdo con los temas que abordaron las distintas producciones. El 35 por ciento de las 4024 noticias policiales, por ejemplo, “no tiene fuente”, algo que se combina con el hecho de que esas piezas “fueron las que exhibieron una mayor cantidad de vulneraciones de derechos de las audiencias y/o de las personas involucradas”.  En tanto, de las 4542 noticias políticas “el 65,7 por ciento presentó al menos una fuente, mientras que el 34,3 por ciento restante no presentó ninguna”. De los canales relevados, “Canal 13 es el que menos sustenta sus noticias políticas con fuentes: el 41,3 por ciento de sus noticias con tópico político no presenta ninguna fuente citada o invocada”, pero el panorama no resulta tan diferente en las otras emisoras. En términos generales, de las fuentes presentadas, “la más mencionada es ‘Poder Ejecutivo’”, seguida por el Poder legislativo, “vecino/ familiar/ testigo” y “medios de comunicación privados nacionales e internacionales”, mientras que “otros actores políticos quedan relegados frente al recurso a estos medios privados, que también están insertos en la arena pública”.

Apenas algo más de la mitad de las noticias (entre el 50 y el 54 por ciento del total) tuvo fuentes, “es decir que entre el 46 y el 50 por ciento de las noticias no tuvo ni una fuente”, un dato que es inversamente proporcional a la cantidad de noticias (“la cantidad de noticias decrece a medida que se suman fuentes”). El estudio detalla que “sólo el 17, 9 por ciento de las noticias que tienen fuentes presentan dos o más”.

En la televisión argentina, las noticias son cada vez con más frecuencia construidas en términos de enfrentamiento y fragmentación (en lugar de, por caso, presentarlas en tanto tramitación de dinámicas sociales), y con una mirada que privilegia el dramatismo antes que la información en contexto. A ello se suma que, mientras que merma la consulta a fuentes, crece el empleo de contenidos generados por usuarios de redes sociales, quizá porque, como señala el estudio, “hoy, para la televisión abierta la noticia es la imagen y no el hecho”.  En ese sentido, el relevamiento registró el crecimiento sostenido del uso de videos registrados por cámaras de seguridad “presentadas como fuente de información policial y única fuente”. Al mismo tiempo, “se reforzó la territorialización de la delincuencia en barrios periféricos o villas, asociando la criminalidad (en este caso particular, especialmente el narcotráfico) a la pobreza”. Al mismo tiempo, el estudio plantea una “policialización de la agenda informativa, que se registra tanto por el lugar relevante que ocupan las noticias policiales como por el cruce de lo policial con temas como política, género, niñez y adolescencia”.

Por otro lado, el hecho de que parte de la producción periodística ceda terreno a los contenidos generados por usuarios de redes sociales impacta, también, en términos de pluralidad sobre los temas de agenda. El echar mano de recursos generados por fuera del contexto periodístico facilitó el año pasado, por ejemplo, el crecimiento de noticias sobre casos de violencia institucional ejercida por fuerzas de seguridad, “sobre todo aquellas cuyas imágenes se viralizaron en las redes sociales”. Por ello, señala el Monitoreo, las redes sociales “cada vez adquieren mayor incidencia en las dinámicas de producción de la información”. En paralelo, las redes sirven también como recurso para fidelizar o atraer públicos con la promesa de la participación, algo que no siempre redunda, necesariamente, en beneficio de la información. “El noticiero se hace eco de las denuncias que se viralizaron a través de Twitter y Facebook,  entre otras. Se interpela a las audiencias con consignas fomentando su participación a través de las redes. El antiguo espectador se convierte gradualmente en productor de contenido, desdibujando el concepto de fuente de información”, señala el estudio.

En 2016 aumentó la cobertura de la protesta social, con respecto a lo registrado en 2015, “en particular el reclamo de gremios docentes por aumento salarial”, una serie de noticias en las que primó, por otra parte, un fuerte contenido editorial, con conductores y periodistas retando en vivo a dirigentes gremiales, por ejemplo.  Las coberturas vinculadas a géneros quedaron reducidas, fundamentalmente, a noticias sobre violencia machista, con poca presencia de cuestiones de la  diversidad sexual. “Al reportar sobre femicidios, abundaron los detalles escabrosos que apelaron a la construcción dramática sin enmarcarla en la problemática social de la violencia de género”.

Por otra parte, chicas y chicos fueron noticia pero en tanto estuvieran “involucrados en un suceso policial, ya sea como víctimas o victimarios”. Cuando niñas y niñas fueron victimarios, hubo una “fuerte editorialización de la noticia vinculada al debate social sobre la necesidad o no de bajar la edad de imputabilidad”. En el otro extremo etario, los adultos mayores fueron protagonistas de noticias básicamente en “su rol jubilatorio”, y asociados a “la pasividad y la victimización en hechos policiales”.  Las noticias locales construyeron una visión “sesgada y poco deseable sobre la vejez”, algo “muy lejos de lo que se reclama en ámbitos locales e internacionales”.

Finalmente, la escasa presencia de noticias sobre educación dan cuenta, señala el relevamiento, de que “no es un tema de relevancia”. Cuando el campo educativo estuvo tematizado, la cobertura “se limitó, en su mayoría, a reclamos gremiales o a la participación en pruebas internacionales, cuyo resultado puso el foco sobre las implicancias políticas del hecho”.

svallejos@pagina12.com.ar

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Las distinciones que la prensa invisibilizó | Página12

Jeremy Corbyn y Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz.
Los medios de comunicación ingleses no informaron que el líder de la oposición de ese país ganó el premio de la paz por su “trabajo político sostenido y para el desarme y la paz”. La Oficina internacional de la Paz también reconoció al académico norteamericano Noam Chomsky y a un grupo de activistas anti bases nucleares.
Imagen: EFE

A pesar de que el líder laborista Jeremy Corbyn y el filósofo lingüista norteamericano Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz, junto con activistas de bases antimilitares japoneses, su reconocimiento no tuvo trascendencia mediática. Los tres fueron galardonados por su sostenida y poderosa labor política en pro del desarme y la paz, pero los grandes medios de comunicación ingleses no se hicieron eco de la noticia que hacía referencia al líder de la oposición.

La Oficina Internacional de la Paz entrega el Premio Sean MacBride a individuos, organizaciones o movimientos por su trabajo en las áreas de paz, desarme y derechos humanos. Este año, seleccionaron a Corbyn, al renombrado académico Chomsky y al All Okinawa Council Against Henoko New Base.  Éste último fue reconocido por su compromiso de cerrar la Base Aérea Marina Futemna y su oposición a la construcción de otra base militar en Henoko, mientras que Chomsky recibió el premio por sus esfuerzos de décadas apoyando la paz, su postura antiimperialista y sus críticas a la política exterior militarista de Estados Unidos.

En particular, el premio al líder laborista fue entregado el viernes pasado, en Ginebra ante el silencio de los medios de comunicación hegemónicos de su país. Los activistas de bases antimilitares, por su parte, ya lo recibieron a finales de noviembre, en Barcelona, y el año que viene se le entregará el premio a Chomsky, en Estados Unidos.

“Como líder del Partido Laborista y Líder de la Oposición sigue llevando sus principios personales a su vida política -afirmando abiertamente que no podía presionar el botón nuclear y argumentando fuertemente a favor de una reorientación de las prioridades- para recortar el gasto militar y destinarlo a salud, bienestar y educación”, dijo la Oficina Internacional de Paz. “Se ha mantenido fiel a los principios que ha defendido durante tanto tiempo para garantizar una verdadera seguridad y bienestar para todos, para sus electores, para los ciudadanos del Reino Unido y para la gente del mundo”, agregaron.

Pero en los últimos días los internautas advirtieron lo que había sucedido y que ninguno de los medios tradicionales había mencionado. “Qué hubiese pasado si era Theresa May?”, fueron algunos de los comentarios de los usuarios de twitter, que se refirieron a la primera ministra inglesa.

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Identidad y representación | Página 12

Florencia Galzerano y Cecilia B. Díaz sostienen que el problema de la representación y la representatividad política hacen su aparición estelar en el audio viralizado de la mujer de Nordelta indignada con vecinos para ella indeseables.

 La viralización se alimentó de condenas, declaraciones de la farándula derrochadora, parodias y el efecto relativizador de la posverdad. Cualquiera de estas opciones no invita a reflexionar sino que funciona al instalar la anécdota en la atmósfera mediática.

Aunque probablemente la vorágine de información fagocite con rapidez la vigencia de esta pieza sonora, su impacto materializa un síntoma social. ¿Qué revelan los enunciados despreciadores sobre los vecinos no deseados, el mate y el perro? En principio, algo sobre la formación de la identidad forjada y anudada en la diferencia con una otredad que, al tiempo que amenaza y horroriza, constituye ineluctablemente la representación.

Es que con un corte más profundo que el que pudiera trazar un bisturí, la cirujana delimita una polarización fundada en históricas jerarquías que distribuyen inequitativamente recursos materiales, estéticas y proxémicas en el espacio público. Hasta aquí, nada muy novedoso, excepto por el grado exacerbado de desprecio y contradicción que contienen sus palabras llenas de clichés. Es esto mismo lo que la lleva a los medios masivos en los que se sobrepone a otras cuestiones para dar lugar al desarrollo del metadiscurso. Allí brotan las respuestas paródicas para diferenciarse del efecto discriminador de las palabras de la propietaria del mono ambiente en Nordelta en defensa del mate y los bizcochos, pero no mucho más.

De algún modo, el audio advierte que las grasas de las capitales se filtraron por los muros de los countrys privados. Y los lagos espejados se vuelven más una proyección de la armonía social que una correspondencia. La protagonista del audio se atribuye compartir los parámetros “éticos, morales y estéticos” de “la gente del gobierno” y se opone a las reposeras de la Bristol. En ese punto, el problema de la representación y la representatividad política hacen su aparición estelar.

Sin embargo, es inevitable –e inquietante– pensar que la cirujana Michelle, los que toman mate en la pileta, los que defienden el mate, hasta los que construyeron esa pileta en la que nunca podrán refrescarse, votaron a Cambiemos. Sin duda, con un discurso versátil dirigido a públicos –segmentados por el marketing– y no al pueblo, ha logrado convocar a una mayoría que asocia al ascenso de los sectores populares como su “límite” y otredad. Es que la irrupción de los “nuevos vecinos” supone una alteración del orden que se experimenta con la extrañeza de un carnaval que puede durar más que un fin de semana y alcanzar doce años. Sobre ese significante Cambiemos ha trazado su campaña y su plan de gobierno: “hay que hacer un esfuerzo para salir del desastre que dejó el gobierno anterior”. Ese parece ser el “chivo expiatorio” para justificar lo que René Girard llama “el sacrificio colectivo” capaz de restaurar el orden después del “caos” en el que las jerarquías se han perdido.

El audio de “la cheta de Nordelta” demuestra que en las arenas del marketing comunicacional las relaciones entre identidades y representaciones son más que complejas y que se resisten a asociaciones reificadas. Al respecto, Girard, en “Shakespeare y los fuegos de la envidia” argumenta que si el “sacrificio colectivo” no es total, la parte de la sociedad que no participa, movilizará un círculo de venganza. Allí radica la tragedia política que muestra el audio que, como apunta Eduardo Rinesi: “siempre es el resultado de un desajuste, un desfasaje, entre lenguaje y sujeto”.

Aún en la victoria, la amenaza al “equilibrio inestable de la democracia” es un desafío para el gobierno actual. Existe la política, en efecto, porque ningún orden hegemónico puede imponerse definitivamente, al tiempo que no puede dejar de intentarlo. “Un discurso perverso se queda dormido en un oído tonto”, le hace decir Shakespeare a Hamlet. Pero todo empieza por los oídos, Michelle. Todo empieza por los oídos. Es cuestión de tiempo.

* Maestranda en Ciencia Política (Unsam).

** Doctoranda en Comunicación (UNLP).

Origen: https://www.pagina12.com.ar/77479-identidad-y-representacion

“Culpabilizar de todo a Rusia es un comodín perfecto para España” – YouTube

A través de (5531) “Culpabilizar de todo a Rusia es un comodín perfecto para España” – YouTube

La cadena Globo ya comenzó a temblar | Página12

El arrepentido fue uno de los socios elegidos por la compañía para la intermediación del pago de sobornos y adulteración de contratos. El fue el dueño de la empresa de marketing deportivo Traffic y de varios canales de televisión subsidiarios en el interior del estado de San Pablo.

El multimedios Globo, el más poderoso de América latina, fue denunciado por el delator argentino Alejandro Burzaco ante la Justicia norteamericana, como uno de los pivotes del Fifagate. Las revelaciones del ex CEO de Torneos y Competencias causaron movimientos sísmicos en Argentina y México, a raíz de la citación de Televisa, seguidos de réplicas de menor intensidad en Brasil, donde lo peor estaría por venir con el probable testimonio del empresario José Hawilla. El arrepentido Hawilla fue uno de los socios escogidos por Globo para la intermediación del pago de sobornos y adulteración de contratos. “J. Hawilla”, así se lo conoce en el mundo futbolero, fue el dueño de la empresa de marketing deportivo Traffic y de varios de canales de televisión subsidiarios de Globo en el interior del estado de San Pablo, con un mercado consumidor de unos 30 millones de televidentes.

Se espera que sea citado a declarar al tribunal de Brooklyn como testigo en el proceso contra el ex presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Jose Maria Marín, que por lo pronto negó todos los cargos que se le imputan mientras permanece en prisión preventiva en su departamento de Manhattan.

En rigor, Hawilla fue un arrepentido pionero cuyas informaciones permitieron que el Departamento de Justicia norteamericano monte el Fifagate.

En diciembre de 2014, acaso advertido de la conveniencia de hablar antes que sus cómplices como ocurre en la causa brasileña Jato, Hawilla firmó un acuerdo con los fiscales ante quienes admitió ser culpable de sobornos y lavado de dinero además de pactar el pago de una multa de 151 millones de dólares, 25 millones de los cuales los entregó al contado.

Allí comenzó a agrietarse la “omertá” entre los barones del fútbol y la familia Marinho, controladora del imperio de entretenimientos y noticias Globo, que desde hace décadas ostenta los derechos de transmisión de los campeonatos locales y las copas del mundo. Como la de 2002 cuando transmitió en exclusiva la conquista del pentacampeonato en Corea, con la actuación rutilante de Ronaldo, gracias a un contrato firmado en las Islas Vírgenes que le permitió evadir unos 200 millones de dólares de impuestos.

Paréntesis: hay quienes dicen que Hawilla también puede poner en aprietos a Ronaldo, junto a quien compró el equipo de fútbol Fort Lauderdable Strikers, de Florida.

Según varias investigaciones periodísticas en 2002, Globo ofreció a la CBF menos dinero que otras emisoras para cubrir aquel mundial, pero ganó la pulseada gracias a los sobornos entregados a la cúpula de esa entidad, que por entonces era comandada por Ricardo Teixeira.

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