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Comunicar la ciencia en democracia | El Cohete a la Luna

Fuente original: Comunicar la ciencia en democracia | El Cohete a la Luna

Un hermoso artículo de opinión del maestro Adrián Paenza, donde desmenuza el porqué el comunica la ciencia en democracia es tan importante para todos.

Como siempre, visitar el sitio de origen, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este sitio independiente argentino. El Cohete a la Luna es un sitio de investigación y análisis creado por el periodista y escritor Horacio Verbitsky, conocido por su trabajo de investigaciones de décadas. Personalmente, pienso que es un periodista de los que ya no hay muchos. A Verbitsky lo acompaña un equipo de primera, varios de los cuales colaboraron o han colaborado (como el propio Verbitsky) en el pasado con el diario argentino Página 12.

(No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con El Cohete a la Luna ni con ninguno de sus miembros o colaboradores, salvo de ser ávido lector del sitio).

Elegir qué se investiga es elegir un modelo de país. Pero si la ciencia es estratégica, comunicarla también lo es.

Durante casi 15 años, junto a Edy Gerber y Claudio Martínez estuvimos produciendo un programa de ciencia centrado en lo que sucede con los científicos trabajando en el país: Científicos Industria Argentina. Durante esos 15 años dimos cinco veces ‘vuelta’ a la Argentina. Naturalmente, mientras nosotros grabábamos y generábamos programas, los científicos avanzaban y producían nueva ciencia. De hecho fue una suerte de ‘carrera imposible’, tratando de cubrir todo el espectro, abarcando tantas disciplinas como nos fue posible, entrevistando a la mayor cantidad de investigadores que pudimos, y sobre todo, más allá de las notas en los estudios del canal estatal, la parte más importante se hizo (se hacía) en los viajes.

Está claro que quedamos en deuda por múltiples razones, pero más allá de nuestra/mi propia incompetencia, es virtualmente imposible resumir toda la ciencia de un país en un programa de una hora semanal. O sea, independientemente de nuestras propias limitaciones, cualquiera que haga las cuentas verá que hubiéramos podido hacer un programa diario y aún así, haber ‘errado por defecto’.

Simultáneamente, y durante casi una década, hicimos también con ‘casi’ el mismo grupo de personas Alterados por Pi, un programa dedicado específicamente a la difusión de la matemática… pero esa es otra historia.

¿Por qué escribo esto aquí y ahora? Científicos Industria Argentina dejó de existir como tal en el año 2015, no porque hubiéramos sido censurados ni porque las autoridades del Canal 7 (que en ese momento tenía como director a Horacio Levin) hubieran decidido no renovarnos el contrato. Nos fuimos porque fui yo quien no quise trabajar más para el canal estatal en el gobierno de Macri. Es decir, no podrá (y no debería) leerse el siguiente artículo como una ‘queja’ por algo que ‘no sucedió’.

Pero pasados ya casi tres años desde esa determinación, creo que ahora puedo escribir algo más sobre los motivos que me impulsaron a tomarla, y dónde creo que el gobierno está en falta… Me apuro a decir que mis conclusiones no deberían ser tomadas como finales, ni pretendo que usted esté de acuerdo con ellas, pero sí me permito pedirle que reflexionemos juntos sobre cuál debería ser el rol de la comunicación social de la ciencia en un país que —supuestamente— vive en democracia.

En el camino, al estar al frente de Científicos Industria Argentina estuve en contacto con quienes están en la frontera del conocimiento en el país. Por supuesto, simplemente por estar en ese lugar de privilegio, aprendí muchísimo… y de múltiples disciplinas, incluso aquellas que quedan más alejadas de mi curiosidad… o por lo menos, de lo que yo creía que era ‘mi’ curiosidad. Claudio Martínez [1] me decía siempre: “El programa tiene que servir para ‘despertar vocaciones’. Decilo así, Adrián: ‘despertar vocaciones’”. Y así lo hice durante mucho tiempo, y me consta que no estaba ni estuvo equivocado.

Ahora bien, ¿por qué importa comunicar qué tipo de ciencia se hace en el país? ¿Cuál es el rol del comunicador y de la comunicación en general? ¿Por qué habría de decir yo, sostenido aunque más no sea por mi edad (70 años), que un país sin ciencia es un país sin futuro?

En principio, la ciencia que produce un país está solventada por fondos públicos, que son en particular obtenidos por los impuestos que pagamos todos los argentinos. Aunque más no sea por eso, la sociedad toda tiene derecho a saber hacia dónde se dirigen esos fondos. ¿Qué se investiga? ¿En dónde? ¿Con qué recursos? ¿Quién determina el qué, el dónde, el quién, el cómo y el cuándo?

La tarea de las universidades públicas y del CONICET (y de otros organismos estatales equivalentes) es esencial y ya se verá por qué.

En principio, elegir en qué se investiga es elegir un modelo de país. ¿Qué queremos ser? ¿Hacia dónde apuntamos? Es evidente que no existe dinero infinito. Establecer una tabla de prioridades, de necesidades, de acuerdos, de consensos, es hacer política. Si no, es como si nos fuera ‘saliendo país’, como si no hubiera intervención humana: es lo que nos ‘sale’.

La orientación de lo que se decide investigar tiene un motivo estratégico claro. Como escribí más arriba, sirve para implementar las políticas públicas sobre el modelo de país que queremos ser.

Pero por otro lado, la comunicación es la que invita a la participación de la sociedad, y es la participación de esa misma sociedad la que garantiza la democracia. Se trata de articular estas políticas públicas porque todas tienen un hilo conductor: la educación, la salud, la producción, la generación de riqueza, el desarrollo intelectual, cultural y la generación de infraestructura.

Pero, ¿cómo hace la gente que habita el país para enterarse de lo que sucede y de las necesidades que hay? ¿Quiénes lideran para saber el tipo de vacunas que necesitamos y podemos producir y no comprar afuera? ¿Cómo hacemos para saber que tenemos el know-how necesario para producir reactores nucleares o satélites geo-estacionarios? ¿Por qué habríamos de necesitar producir nuestros propios radares, o aviones, o avanzar en términos de robótica, de generación de nuevas fuentes de energía, cómo proteger y explotar las que tenemos, cómo evitar la contaminación, cómo hacer para evitar las deforestaciones, qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, en términos de país pensado como un todo?

¿Cómo hacer para incorporar la participación de las pequeñas y medianas empresas que comiencen a formar parte de engranajes más grandes que son los que hacen `movilizar’ al país y generar nuevas fuentes de empleo?

Comunicar la ciencia entonces es de interés nacional, es un asunto público. Comunicarla es ofrecerle a la sociedad una herramienta indispensable para saber cómo decidir, qué elegir. Es como si estuviéramos alimentando un círculo VIRTUOSO donde todos jugamos, donde todos participamos, donde todos se educan y se preparan para mejorar las condiciones de vida de todos.

Haber recorrido tantas veces el país nos permitió mostrar cómo y en qué trabajan nuestros investigadores. Los acompañamos en sus campañas, en sus viajes. Los escuchamos proyectar y coparticipamos con ellos. Entendimos sus dudas, sus conjeturas y también sus aspiraciones (o sueños). Tratamos de entender y de COMUNICAR por qué buscan lo que buscan o en todo caso, qué es lo que se proponen.

Lo hicimos desde un canal estatal y con una productora privada a la que —estoy seguro— obtendría un beneficio económico MUCHISIMO MAYOR dedicando su energía, dinero y tiempo a producir otro tipo de programas de televisión. No creo que haga falta que me explaye más en ese sentido.

En cada entrega tuvimos como propuesta invitar a pensar. La ciencia en todas sus manifestaciones, sin hacer divisiones maniqueas que las dividen entre básicas y aplicadas, en esa suerte de ‘grieta ficticia y prefabricada’ en lugar de advertir que ambas se necesitan mutuamente, que no hay una sin otra y al revés. Quizás también descubrimos que comunicar ciencia es también comunicar soberanía, porque un país que no puede desarrollar su ciencia tampoco es capaz de disfrutar de su independencia (frase que le corresponde también a Claudio).

Si hacen falta ejemplos, piense que un país petrolero que tiene buena investigación en geología pueda planificar sus recursos de explotación mejor y en forma independiente y no atado o sometido a los designios de una multinacional que tiene otro tipo de intereses: si en el camino se lastima el paisaje o se vulneran las condiciones mínimas de salud, esos dueños viven en otro lugar y no los mortifica personalmente. El dinero no se enferma, ni se muere de cáncer.

Desarrollar nuestras capacidades en el estudio de ciencias de la atmósfera, nos permite decidir cómo protegernos, cómo y dónde pescar, qué pescar, cómo prevenir inundaciones, sequías, incendios en zonas forestales…

También nos interesa saber qué especies cuidar y prevenir su extinción. Cuáles son las necesidades verdaderas y cuáles son las ficticias inventadas para satisfacer las necesidades de ‘otros’. El desarrollo de las vacunas que nos importan a nosotros son diferentes y más efectivas que las que podemos comprar afuera, sencillamente porque las cepas de las enfermedades no son las mismas en todos los lugares del mundo. Las vacunas locales previenen las versiones locales de las enfermedades.

Si la ciencia es estratégica, entonces comunicarla también lo es. Decidir el presupuesto para la comunicación de la ciencia es también una decisión estratégica, tanto como haberle quitado el rango de ministerio a la dependencia gubernamental que creó y construyó Cristina Fernández de Kirchner.

Es por eso que aunque parezca la ‘queja’ de una persona, un periodista que como yo, piensa ‘distinto’, no lo es. Créame que no lo es. Yo ya fui. Mi carrera está hecha. Yo no necesito nada. El drama es la destrucción a la que fuimos sometidos en estos últimos tres años, quitándonos todo lo que costó tanto trabajo construir.

Pero tengo malas noticias para ellos, para quienes conducen: tienen que tomar nota, si es que no lo hicieron ya: vamos a volver, con más bríos, con más energía, con más experiencia, con mayor capacidad para detectar y corregir nuestros errores y pudiendo decir con toda la fuerza que nos permitan nuestros pulmones: ¡nunca más! Sí, ustedes… ¡nunca más!

 

[1] Claudio Martínez y Edy Gerber, su compañera en la vida, y también en el programa, son los verdaderos ‘factotums’ para que el programa hubiera sido lo que fue. Ellos son quienes deberían quedarse con ‘todo el crédito’.

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Dolina sobre Macri: “Es infausto lo que estamos viviendo”. – YouTube

Extorsión | El Cohete a la Luna

Fuente original: Extorsión | El Cohete a la Luna

Un extenso y detallado informe de Horacio Verbitsky sobre un caso (otro más, y van…) de corrupción judicial y lawfare.

Para leer el artículo completo, con imágenes, videos y audios, recomiendo ir al enlace original.

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Un director regional de la DEA y sobrino del Escribano de Macri pidió 500.000 dólares a un empresario para no detenerlo y dijo que era una práctica habitual del fiscal Stornelli, con quien colabora. En exclusiva, la filmación del primer pago, las fotos con Stornelli, las filmaciones en la fiscalía, los audios y mensajes grabados. Dos custodios de Stornelli debían acompañar al operador para el cobro en una financiera, pero un allanamiento previo a su domicilio los puso sobre alerta y no acudieron a la cita. Una incursión en el tenebroso submundo de la mafia. El dinero que le sacaron a Paolo Rocca y Eurnekian.

[…]

Fariña es el autor de la boutade del siglo: que los Kirchner se robaron un Producto Bruto. Según el FMI, para abril de 2018 el PIB de la Argentina era de 627.000 millones de dólares. Las inversiones realizadas por el ex secretario de Néstor Kirchner, del que Cristina prescindió, Daniel Muñóz, rondan los 70 millones de dólares, es decir apenas el 0,01% de un PIB. La desesperación del juez, el fiscal y el gobierno es que hasta ahora no han hallado una sola prueba de que ese dinero pertenezca a Cristina.

[…]

Lo que siga echará luz acerca de qué puede esperarse de la Justicia en la Argentina, si está a punto de una regeneración institucional o el horizonte seguirá poblado de D’Alessios, Fariñas, Carriós, Santoros y Stornellis.

“Héctor Timerman fue un hombre íntegro” | Ronald Noble, ex titular de Interpol | Página12

Fuente original: “Héctor Timerman fue un hombre íntegro” | Ronald No… | Página12

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Ronald Noble, ex secretario general de Interpol, dedicó una serie de tuits al fallecido ex canciller Héctor Timerman, a quien en reiteradas ocasiones había defendido en el marco de la firma del Memorándum con Irán.

“Fue un hombre íntegro: dedicado a su amada Argentina y a su gente. Murió bajo una nube de falsas acusaciones porque el poder judicial de Argentina no realizó una investigación exhaustiva”, escribió Noble.

El estadounidense había desestimado públicamente que el Gobierno argentino hubiera insinuado alguna vez la posibilidad de levantar los pedidos de captura internacional contra los acusados iraníes por el atentado a la AMIA. Incluso pidió declarar ante la Justicia argentina, pero no le fue permitido. Hoy, tras la muerte de Timerman, lo reiteró y aseguró: “En cada una de las interacciones que tuve con él mientras yo estaba en Interpol como Secretario General, Timerman quería asegurarse que las Notificaciones Rojas de AMIA se mantuvieran vigentes”.

La culpa es de otros | La ortodoxia se desentiende del naufragio de la economía macrista que pasó del ajuste al ajustazo con el FMI | Página12

Fuente original: La culpa es de otros | La ortodoxia se desentiende … | Página12

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Economistas ortodoxos dicen que su teoría y programa macroeconómico son los correctos y que la crisis es por negligencia de políticos e incomprensión de la sociedad. Uno de los responsables del descalabro es Federico Sturzenegger, premiado por la Academia de Ciencias de Buenos Aires.

El pecado original del naufragio de la economía macrista fue consumado con las medidas que la ortodoxia estaba pidiendo a gritos en los años de los gobiernos de CFK: eliminar retenciones al complejo agroexportador, aplicar tarifazos en gas, luz, agua y transporte; unificar y liberar el mercado de cambio con una maxidevaluación (la paridad subió 70 por ciento); bajar impuestos (cargas patronales, Ganancias y Bienes Personales) y pagar a los fondos buitre. Esto no fue otra cosa que un plan de ajuste con una fuerte redistribución regresiva del ingreso, que en teoría iba a motivar al sector privado, local e internacional, a invertir para gatillar un círculo virtuoso de crecimiento. Este no existió y en ese recorrido no hubo gradualismo, como intenta confundir la grey ortodoxa, sino un ajuste económico tradicional con resultados previsibles. Ahora que nuevamente se revela el fiasco de esa estrategia económica, los sacerdotes de esa secta pretenden desprenderse de sus consecuencias desastrosas. Además se premian como si no hubieran tenido nada que ver con otro fracaso de un plan macroeconómico ortodoxo. Ni esperan un tiempo prudencial para hacerlo, sino que el reconocimiento lo entregan en medio del naufragio: la Academia de Ciencias de Buenos Aires designó académico de número a Federico Sturzenegger, el presidente del Banco Central “Meta de inflación 2018: 10% (+ – 2)”.

Ortodoxia

Con la impunidad de la que gozan de hace décadas, al igual que en otros programas neoliberales que desembocaron en graves crisis, la culpa del derrape económico es transferida a los políticos que no tuvieron la suficiente convicción para realizar un ajuste más fuerte. Ellos, portadores del saber económico indiscutible, se muestran inocentes de una política con resultados pésimos. Tienen la capacidad de desplegar sin pudor la inversión del sentido; esto es, la responsabilidad del fracaso de sus planes ortodoxos corresponde a otros, ya sea políticos o una sociedad que no los entiende o no quiere hacer los sacrificios necesarios para alcanzar el progreso.

En este caso, culpan al ala política del macrismo por modificar las metas de inflación que eran incumplibles y por no haber detallado con firmeza la pesada herencia del kirchnerismo. Quienes levantan este último argumento muestran que no han escuchado el primer discurso de Mauricio Macri inaugurando las sesiones en el Congreso ni han registrado que el Gobierno elaboró un inmenso volumen titulado “El estado del Estado” detallando área por área la situación en diciembre de 2015. En una y otra acción de propaganda, el oficialismo se ha esforzado para mostrar la carga que debe arrastrar del gobierno anterior. Y no hay día en que la cadena nacional privada y pública no se ocupe del kirchnerismo.

No fue por la herencia recibida ni por un gradualismo inexistente que la economía macrista rueda en la pendiente. Lo hace exclusivamente por la política económica que la ortodoxia, antes y ahora, ha postulado como la única que se debe aplicar porque es “racional” y porque de ese modo el país se “integrará al mundo” y recibirá el apoyo de “los capitales privados”. Al igual que en otras experiencias similares, los resultados son irrebatibles: desmoronamiento de la estructura económica, laboral y social, a lo que se le suma el descalabro financiero.

Luego de alimentar una inmensa bicicleta financiera con las Lebac y al cerrarse el grifo de dólares de Wall Street después de dos años de inundar la plaza internacional con papeles de deuda argentina, el Gobierno convocó de urgencia al FMI para ser rescatado. El ajuste tradicional se convirtió entonces en ajustazo monetario y fiscal para evitar el default. El objetivo primordial  pasó a ser entonces el de garantizar el pago de intereses y capital de la deuda con los dólares del Fondo Monetario, al menos hasta el final del mandato de Macri.

Como lo indica la historia de estos ajustazos, los recortes del gasto no serán suficientes y faltarán dólares para continuar pagando la deuda. En esa instancia, se presentarán las propuestas conocidas que promueve el FMI para conseguir recursos: privatizaciones, cierre de empresas públicas y reforma del régimen jubilatorio. En el caso argentino, se sumará la venta del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del sistema previsional.

Disparates

En diferentes momentos históricos, economistas ortodoxos que tuvieron un papel relevante en el diseño y gestión de planes macroeconómicos que terminaron en inflación elevada, endeudamiento externo asfixiante, desempleo y pobreza creciente y retroceso industrial no fueron castigados ni por la opinión pública ni por el establishment. Por el contrario, el tránsito por el Ministerio de Economía o el Banco Central les brindó credenciales adicionales para su reconocimiento. Regresaron al mundo universitario público o privado con el pergamino de haber tenido un cargo público; recibieron premios de organizaciones del mundo empresario y académico; obtuvieron puestos muy bien remunerados en instituciones internacionales; se convirtieron en opiniones calificadas en grandes medios de comunicación tradicionales; o comenzaron o retomaron la lucrativa tarea de consultoría.

En tres años de economía macrista ha habido varias medidas postuladas por ese tipo de economistas que revelan un elevado grado de incompetencia en el diagnóstico y posterior ejecución. No fueron sólo pronósticos equivocados, como la prometida lluvia de inversiones que ni fue garúa o la descortesía de un segundo semestre que nunca vino. Más relevante fue impulsar medidas que provocaron costos inmensos para la calidad de vida de la mayoría.

Uno de ellas estuvo basada en un estudio económico disparatado, que expuso sus conclusiones públicamente el primer ministro de Economía de Macri, Alfonso Prat-Gay. Decía que la devaluación, elevando la paridad oficial a la que había en el mercado ilegal (blue), no iba a derivar en aumentos de precios. Fue desmentido en forma fulminante por el shock inflacionario posterior a la fuerte devaluación inaugural del gobierno de la alianza Cambiemos.

Otro desvarío fue incubado en el Banco Central, que aseguraba que los impactantes tarifazos no serían inflacionarios. Esta vez fue Sturzenegger quien presentó la teoría que decía que la suba de las tarifas derivaría en una baja de los precios porque los consumidores debían destinar una porción mayor de su presupuesto a afrontar el gasto de los servicios públicos y, por lo tanto, menos al resto de los consumos. Aseguraba que como la demanda de esos bienes descendería, por ejemplo la de los alimentos, los precios también bajarían. Javier González Fraga, actual presidente del Banco Nación, fue uno de los abanderados de ese disparate en el debate público. Como se sabe, las tarifas impulsaron al alza los índices de inflación, y los alimentos son uno de los rubros que más subieron.

Un dislate más sumó el Banco Central con las Lebac, que fue el germen de la corrida cambiaria de este año, elevando en ciento por ciento la paridad. El juego especulativo con las Lebac terminó cuando poderosos bancos internacionales –empezando por el JP Morgan– dieron por concluida la etapa del carry trade, conocida en criollo como bicicleta financiera. El más audaz en la defensa de la Bomba Lebac fue el ex vicepresidente del Banco Central Lucas Llach, quien afirmó que la emisión de esa deuda de cortísimo plazo no era un problema porque la contrapartida eran las reservas que se compraban. La magnitud de la corrida y la posterior sacudida inflacionaria, ambas variables con variaciones anuales más importantes desde el 2002, generadas por el estallido de la burbuja de las Lebac, expusieron lo ridículo de la teoría de Llach.

A la lista de desatinos se le suma el fomento de los créditos hipotecarios UVA, trampa en la que cayeron unas 140 mil familias, con cuotas y capital indexados por la inflación; el financiamiento de gastos corrientes en pesos con deuda en dólares; la autorización de comprar deuda en dólares con pesos, que recién a partir del próximo mes no podrá hacerse; alimentar otra bomba especulativa con las Leliq; dolarizar las tarifas de luz, gas y combustibles; disponer una apertura comercial en un mundo cada vez más proteccionista; subir y bajar la tasa de interés de referencia del BCRA una decena de veces.

 Académico

En su discurso de aceptación del reconocimiento de la Academia de Ciencias de Buenos Aires, Sturzengger, luego de autoelogiarse con ganas por sus aportes teóricos acerca de regímenes cambiarios y del comercio internacional y bienes intangibles (esto último lo llevó a elaborar una medición alternativa de activos externos de Estados Unidos, y a la diferencia con la oficial la denominó “materia oscura”), pasó a celebrar su gestión al frente del Banco Central. Economistas ortodoxos tienen una virtud extraordinaria: sus defectos los presentan como éxitos y no se inhiben en defenderlos pese a que la empírica se empecina en rebatirlos. Y cuando sucede el fracaso, el problema no es su mala teoría y peor práctica, sino que la culpa es de “los políticos” o de deficiencias en “la comunicación.

La Bomba Lebac tiene para Sturzenegger la siguiente explicación, brindada ante la Academia de Ciencias: “Para generar un impacto muchas veces de lo que se trata es de convencer y explicar y clarificar aquello en lo que se trabaja. Quizás esa sea la lección más importante que también me llevé de mi experiencia como presidente en el Banco Central. Allí permanentemente de lo que se trataba era de cómo interpretar aquello que estaba ocurriendo. Comprábamos reservas contra Lebacs, y el problema era el crecimiento de las Lebacs, vendíamos reservas cancelando Lebacs, y el problema era la caída de reservas. Claramente la comunicación es un aspecto central de una gestión de políticas públicas”.

Todos entendieron lo que significaban las Lebac; no fue un problema de comunicación como esquiva cándidamente la responsabilidad Sturzenegger por haber alimentado una inmensa bicicleta financiera.

Para él la economía crecía, la inflación retrocedía, el mercado de cambios estaba normalizado, las Lebac no eran un problema, la tasa de interés era estable y predecible, el gobierno de Macri era de centro/centroderecha y se logró disociarlo de la imagen de un ajustador crónico. Luego de estas sentencias, Sturzenegger se lamenta de que “algunos de estos hechos resultaron difíciles de imponer en la comunicación”. Esa descripción no forma parte del ensueño de un académico de número, sino que la comunicación oficial no logró cambiar la percepción de la realidad. Esta reacción de Sturzenegger es la prueba más clara de cómo funciona el mundo de los economistas ortodoxos. La culpa de sus fiascos siempre es ajena y ellos son los incomprendidos y los portadores de la verdad que el resto no quiere reconocer.

Señaló a la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 como el punto de inflexión en su gestión, que provocó el desbarranco cambiario posterior, cargando la responsabilidad en el Poder Ejecutivo, cuando él también participó de esa presentación que cambió las metas de inflación, y continuó en el cargo de presidente del Banco Central hasta mediados de junio, incluyendo su firma en el primer acuerdo con el FMI.

Sturzenegger cerró su discurso, como fanático de las películas de la Guerra de las Galaxias, destacando un “momento genial de la primera… en la que Obi Wan Kenobi le dice al joven Luke Skywalker: “Tus ojos pueden engañarte, no confíes en ellos”. Al comienzo también había dicho: “Estoy algo abrumado por el título honorífico que hoy se me otorga. No estoy seguro de merecerlo”.

Falsa modestia que la ortodoxia festeja desentendiéndose de una nueva crisis provocada por un plan económico con políticas con  sello propio.

azaiat@pagina12.com.ar

Historias que se repiten – Página 12

Fuente original: https://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-291666-2016-02-05.html

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este medio independiente argentino.

Si tiene intención de hacerse socio de Página 12, colaborando económicamente con el medio, desde la siguiente página, se pueden leer las opciones: https://www.pagina12.com.ar/apps/membresias/ (No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con Página 12, salvo de ser ávido lector desde hace décadas).

Martín Sosa recuerda que el gobierno de Macri impuso fuertes transformaciones en la legislación de las comunicaciones. Y sostiene que la historia repite lo sucedido en 1976 y 1989, mientras desde el poder mediático se intenta presentar las medidas oficiales como el único camino posible.

Por Martín Pablo Sosa*

La última dictadura cívico-militar marcó un antes y después en la historia de nuestro país. No en vano se autoproclamó “Proceso de reorganización nacional”. Ese fue su objetivo: implantar, a fuerza del terror y la violencia, una nueva estructura económica que se erigía en la apertura económica irrestricta, el endeudamiento externo y la promulgación de decretos que favorecían un modelo de acumulación basado en la renta, la especulación y las finanzas (véase Ley 21.526 de Entidades Financieras y Ley 21.382 de Inversiones Extranjeras).

Para llevar adelante un cambio de tal magnitud, la dictadura precisó construir un clima de cierto consenso social que diera pie a la “reorganización” que pretendían llevar a cabo. Para eso, el mismísimo 24 de marzo, emitieron el comunicado Nº19 que, de alguna forma, “institucionalizó” la censura previa. Ese mismo 24, las Fuerzas Armadas convocaron a los dueños de los principales medios de Buenos Aires al Comando General del Ejército, donde se les notificó que se instauraba un “régimen de censura que podía ser largo”. Como señalan Marino y Postolski (Postolski G. y Marino S. “Relaciones peligrosas: los medios y la dictadura entre el control, la censura y los negocios” en Mucho Ruido, Pocas Leyes, Mastrini G. (Editor), La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2005), casi no hizo falta aplicar dicha censura ya que la gran mayoría de los medios y periodistas se autocensuraron y los que no lo hicieron fueron perseguidos, secuestrados, torturados, asesinados y/o desaparecidos.

Cuatro años más tarde, la dictadura promulgó el decreto 22.285, también conocido como ley de radiodifusión, que configuró un mapa de medios con bajos índices de concentración y orientado al capital y empresariado nacional. Dueños argentinos –y cada uno de ellos con pocos medios– facilitaron el régimen de miedo, control y violencia.

Años después, en la turbada democracia de 1989, Carlos Menem retomó parte de los lineamientos económicos de la dictadura cívico-militar, a los que agregó la privatización y/o extranjerización del patrimonio público y la instauración de una paridad peso-dólar, sostenida en el endeudamiento externo. Para ello, tejió una asociación con los grandes medios durante la campaña y en el día 41 de su mandato, promulgó la Ley 23.696 de Reforma del Estado, que en su artículo 65 daba luz verde a la conformación de multimedios mediante la habilitación de la propiedad cruzada de los medios de comunicación. De esta forma, los medios gráficos pudieron tener también licencias de radio y TV abierta, dando inicio a una nueva etapa en la comunicación de nuestro país: la de la privatización, concentración de la propiedad y su creciente extranjerización.

Ya en el 2015, en su segunda semana de gobierno, el Presidente Macri intervino la Afsca y removió a su presidente, Martín Sabbatella, por considerar que carecía de “independencia”. Dos semanas después, en el día 25 de su mandato, publicó en el Boletín Oficial el Decreto Nº 267/15 que disolvió la Afsca y Aftic y creó el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) –que tiene 5 de 7 miembros en su Directorio que responden a Macri y, según reza el artículo 5 del Decreto: los 7 “podrán ser removidos por el PEN en forma directa y sin expresión de causa”–, pasando por alto artículos centrales de la ley 26.522, votada por mayoría en ambas cámaras en 2009 y abriendo paso a la hiperconcentración de medios, ya que levanta la restricción que impedía que empresas de medios compren empresas de telefonía y viceversa. “En vez de gestionar la adecuación de los multimedios a la ley, el Estado adecua la ley a la estructura y necesidades de los multimedios” señaló Martín Becerra.

Hoy, la legislación sobre comunicación parece haber entrado en una nueva etapa de idas y vueltas judiciales que desconocemos cómo terminará. Sin embargo, hay hechos evidentes: el macrismo, al igual que el menemismo y la última dictadura, actúa con febril urgencia para incidir en la configuración del mapa de medios. No sorprende. Es que en un contexto donde se quiere implantar un nuevo modelo de acumulación, la (re) regulación del sistema de medios, garantiza apoyos y adhesiones de empresarios poderosos. Y los bienes simbólicos que éstos comercializan y difunden, pueden ponerse al servicio del poder político de turno en pos de que las medidas de gobierno sean presentadas como “naturales” o, incluso, como el único camino posible.

* Licenciado en Periodismo (USAL), miembro de amersur.org.

@MPSosa88

En tres años de mandato, Macri cumplió sólo dos de 20 promesas de campaña – Chequeado

Fuente original: En tres años de mandato, Macri cumplió sólo dos de 20 promesas de campaña – Chequeado

El Gobierno nacional registró retrocesos desde el chequeo de las promesas de 2017: entonces, dos promesas estaban incumplidas, mientras que hoy son seis las que están en esa categoría. Además, no aumentó la cantidad de promesas cumplidas, que se mantiene en dos desde 2016.

El presidente de la Nación, Mauricio Macri, está aplazado en promesas de campaña. Sólo cumplió dos de 20 seleccionadas -18 de ellas dichas durante el debate presidencial pre balotaje y dos elegidas por la gente en las redes sociales como “las más memorables”-, que Chequeado analizó por tercer año consecutivo. De las 20, seis fueron calificadas como “Incumplida”, seis “En Proceso, Demorada”; seis “En Proceso, Adelantada” y dos, “Cumplida”.

El Gobierno registró retrocesos desde el chequeo de las promesas de hace un año: entonces dos promesas estaban incumplidas, mientras que hoy son seis las que permanecen en esa categoría. Además, no aumentó la cantidad de promesas cumplidas, que se mantienen en dos desde el primer año de gestión de Cambiemos, ni tampoco las promesas que se encuentran adelantadas.

Entre las incumplidas están la promesa de que los trabajadores no pagarán más el impuesto a las Ganancias; la construcción de tres mil jardines de infantes; “crear trabajo, cuidando el que tenemos”; alcanzar la “pobreza cero”; bajar la inflación a un dígito e implementar la computadora en primer grado, como había hecho Macri en la Ciudad cuando era jefe de Gobierno.

En los casos en los que las promesas pasaron de estar “en proceso” a “incumplida”, el cambio se debió a que los datos demuestran que la situación avanzó en la dirección contraria (Ganancias, crear trabajo, pobreza e inflación) o el mismo Gobierno admitió que no cumplirá con el anuncio realizado (tres mil jardines y computadora en primer grado).

En el caso de la pobreza, luego de un aumento durante el primer año de la gestión de Cambiemos y una baja durante el segundo, este año el indicador comenzó a subir nuevamente. Las fuentes varían en sus estimaciones pero coinciden en que el dato del segundo semestre estará por arriba de la pobreza que recibió Macri y la que tuvo en 2016. La inflación en 2018 aumentó nuevamente y superó a la que había recibido el actual Gobierno a fines de 2015. Además, cuando finalice el primer mandato de Macri a fines de 2019, la inflación sería del 23% según las proyecciones oficiales y el Presidente había prometido llegar a un dígito.

Entre las promesas que están en proceso, pero se encuentran demoradas están: “Lanzar el Plan Belgrano, con US$16 mil millones de inversión en infraestructura para el Norte del país”; “crear una Agencia Nacional de Lucha contra el Crimen Organizado”; “generar un millón de créditos hipotecarios a treinta años”; “poner en marcha el plan de infraestructura más importante de la historia”; “crear una policía judicial”; e “implementar un sistema electoral más transparente, con boleta electrónica”.

Las únicas promesas electorales cumplidas por Macri, que ya se habían logrado en 2016, son “extender la Asignación Universal por Hijo e incluir a los hijos de monotributistas” e “impulsar la ley del arrepentido”.

En cuanto a la primera, el Gobierno extendió el beneficio a los hijos de los monotributistas en sus primeros seis meses de gestión. La medida permitió incluir a más de 350 mil beneficiarios. En 2016, por otro lado, el Congreso sancionó una norma que unificó toda la legislación que ya existía sobre “arrepentidos” e incorporó además a los delitos de corrupción. La nueva ley tuvo su mayor exposición durante 2018, con el surgimiento de la causa conocida como “Cuadernos de la corrupción”, en la que se investiga el pago de sobornos vinculados con la obra pública. En esta causa, al menos 23 imputados pidieron ante el fiscal federal Carlos Stornelli declarar como arrepentidos.

“Con esta iniciativa buscamos que haya más evidencia sobre cuánto de lo que se prometió en la campaña presidencial se cumplió o no -dijo Laura Zommer, directora de Chequeado-. ‘Promesas chequeadas’ se realiza por tercer año consecutivo para dar cuenta de los avances o retrocesos de la gestión del Gobierno en las áreas que fueron centrales en 2015 y quizás definieron la voluntad de muchos votantes”.

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