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El hilo que retrata la “manipulación” de ‘El País’ sobre Catalunya

En las últimas semanas (meses incluso) El País ha estado en el centro de las críticas por su, en este caso, cobertura de la actualidad sobre Catalunya. El diario ha sido cuestionado en multitud de ocasiones por sus informaciones y acusado de tratar de demonizar el proceso independentista.

En las últimas horas se ha viralizado en Twitter un hilo de @jmangues sobre El País y su tratamiento del tema catalán. El tuitero denuncia que el diario ha llegado a “manipular datos” o “crear noticias falsas”. Para argumentarlo, aporta una serie de imágenes con las que intenta retratar la peculiar “postura subjetiva” del periódico respecto a Catalunya.

Entre varios asuntos, @jmangues menciona la polémica con TV3, la especial fijación del diario con los hackers rusos y venezolanos o el uso de diferentes imágenes para según qué tipo de manifestación. En algunos casos, eso sí, la crítica a El País ha quedado algo descontextualizada. Por ejemplo, el tuitero carga contra el diario por publicar encuestas que auguraban al independentismo una pérdida de apoyos que luego no se ha visto reflejada en las diferentes elecciones, algo que, seguramente con otra intención, han hecho muchos periódicos más, incluido Público.

Asimismo, recoge la historia de una joven de Granada que fue insultada y acosada en las redes sociales. @jmangues asegura que “el medio denunció a profesoras por comentarios de las cargas del 1-O a hijos de Guardia Civiles. Finalmente, resultó que las afectadas ni vivían en Cataluña, ni eran profesoras ni habían dicho esas frases”. El País no identifica en ningún momento a los docentes supuestamente vinculados en este caso. La joven acosada fue víctima de un bulo extendido en Twitter que la señalaba como una de las profesoras que habrían criticado a la Guardia Civil ante sus alumnos. La mujer denunció los hechos a la Policía, que como indica @jmangues, tuvo que intervenir para que cesaran los ataques e insultos.

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Tanto tiempo revisando a RT que El País se olvidó revisarse a sí mismo – RT

Del periódico El País considerado como una de las bellas artes – Edición General

Cada día, el periódico más leído en español se supera a sí mismo. Una cohorte de héroes ha navegado en lo más profundo del subconsciente para hacer de El País una obra de arte.

 Confieso que yo era uno de tantos que cada mañana, día sí y día también, tras leer alguna de las columnas de El País, iniciaba una cansina repetición de diatribas acerca de su periodismo de cloaca. Esto formaba parte de mi improductivo ritual mañanero hasta el inolvidable día 20 de noviembre, en que leí el artículo titulado: “Podemos, caballo de Troya para las posiciones del Kremlin”. Ahí se recogía el informe publicado por Atlantic Council, un think tank al servicio de la OTAN, patrocinado entre otros por la FOX, los Emiratos Árabes, Crescent Petroleum, el fondo buitre inmobiliario Blackstone, la Abu Dhabi National Oil Company, la propia OTAN, y una larga lista de empresas de energía atómica, seguros o aeronáuticas, todas ellas de probado carácter altruista.

El informe defendía una estrafalaria teoría acerca de la influencia de Rusia en Syriza, el Movimiento 5 Estrellas italiano, diversos grupúsculos de extrema derecha y Podemos. Con respecto a este último, se reconocía que este partido no presta apenas atención a la política internacional y que sus dirigentes jamás emiten opiniones positivas acerca de Rusia o Putin, con los que, por otra parte, mal pueden estar de acuerdo –se afirmaba–, dado el posicionamiento de Podemos “contra las oligarquías y a favor de los derechos sociales”. Incluso se concedía que “algunos dirigentes” (en una nota al pie ese “algunos” era Pablo Iglesias) habían criticado en ocasiones la política rusa. Sin embargo, estos hechos no contradecían su afirmación de que Podemos es en realidad un caballo de Troya al servicio de la inteligencia rusa para desestabilizar occidente. ¿Con qué razones? Una entrevista que Pablo Bustinduy realizó en el digital Jot Down en la que venía a decir que la Unión Europea y Rusia eran igualmente culpables de las situación de crisis en Ucrania, que las sanciones no eran la solución y que debían dejarse abiertos los puentes al diálogo. Y aquí terminaba el material probatorio del informe.

Por supuesto, a la hora de redactar la noticia El País silenció las afirmaciones más mesuradas en las que se reconocían los hechos que distanciaban a Podemos de Rusia para centrarse simplemente en la teoría del caballo de Troya, convirtiendo lo que ya era una sucesión de pintorescas afirmaciones en un puro delirio.

Y cuando al terminar su lectura yo ya estaba barruntando la acostumbrada letanía sobre esa “mierda de periodismo”, tuve una súbita iluminación que llegó a mí como una epifanía. Sí, sin duda era el de El País una “mierda de periodismo”. Pero no cabía darle a esta afirmación un tono despectivo sino artístico: era una mierda en el mismo sentido en que en 1961 el artista conceptual Piero Manzoni había enlatado sus excrementos para crear la obra “Mierda de artista”. El País había dejado el periodismo para hacer arte de vanguardia.

Todo entonces se mostró bañado de límpida luz. Las puertas de la percepción se despejaron y vi El País tal cual era, infinito. Ante los ojos de esta revelación, cada página cobró otro sentido. Comprendí que ya no podían juzgarse sus textos con los prosaicos mandamientos del código deontológico periodístico: verdad, equidad, responsabilidad, independencia, imparcialidad. Todo esto eran pamplinas terrenas. El País habitaba otra dimensión.

Así, pronto entendí que el artículo de Podemos y el Kremlin no respondía a criterios periodísticos, sino que estaba redactado siguiendo el “Método Paranoico-Crítico” de Dalí, es decir, el “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”. Esto explicaba no solo la trama de injerencia rusa con la que El País emponzoña estos días el conflicto catalán sino un sinfín de informaciones, singularmente las referidas a la financiación de Podemos con Venezuela o Irán. Supe entonces que todas estas informaciones aparentemente disparatadas formaban un todo, un lienzo en el que las fobias y obsesiones subconscientes de los directores y periodistas de El País se desaguaban en una composición artística caótica y delirante; o, en palabras de André Breton: “una dicción irracional, que alterna sin motivo apreciable lo declamatorio y lo salmódico”.

Se esclarecía también por qué en los últimos años El País había sido tan amplísimamente sobrepasado en lo que respecta a su periodismo de investigación, no solo por su mayor competidor en el mismo espectro ideológico, El Mundo, sino también por la mayoría de los periódicos digitales que cuentan con muchos menos medios. Suponíamos ingenuamente que esa labor de no indagación era una muestra más de su complicidad pasiva con el establishment pero la verdad es más compleja. A El País no le interesa “la realidad” tal como nosotros la entendemos, sino “lo real” en su sentido más lacaniano: a El País le interesa lo inefable, lo que está más allá de toda significación. Imaginé entonces su consejo de redacción tal como Breton relata una velada de hipnotismo en la casa de Mme. De la Hire: “Una decena de personas, hombres y mujeres se durmieron al mismo tiempo. Como iban y venían, vaticinaban y gesticulaban a cual más, el espectáculo no difería mucho del que podrían ofrecer los convulsionarios de San Medardo”.

¿Cómo llegan a estos estados alterados de conciencia? ¿Mediante técnicas orientales de concentración o con el uso de sustancias alucinógenas? En “Las enseñanzas de D. Juan” el indio yaqui explica a Castaneda un método para indagar en lugares lejanos. Coge dos lagartijas y a una le cose los ojos y a la otra la boca. Envía a la muda a investigar –las lagartijas son mucho de pararse a charlotear, por eso hay que coserles la boca– y cuando regresa, le cuenta lo que ha visto a su compañera ciega para que esta se lo transmita al chamán en el lenguaje de las lagartijas, quien lo comprende gracias a los efectos de una pasta alucinógena que previamente se ha untado en la sien. ¿Es este el método de investigación de El País? En sus textos, desde luego, se aprecia la huella del saber lagartijo, tan a ras del suelo.

A la luz de mi descubrimiento muchas cuestiones quedaron por fin resueltas. Por ejemplo, el curioso hecho de que los periodistas de El País no acudan como tertulianos en los programas de debate televisivos. La explicación oficial no parecía satisfactoria. Esta afirmaba que se trataba de una orden dada por ese Ubú Rey que es Cebrián en represalia por la divulgación televisiva de sus intereses en Panamá. Sin embargo, ahora sospechamos que quizá los televidentes españoles no estén preparados para tal espectáculo de realidad extrasensorial. Podemos imaginar a los comentaristas de El País llegando a los estudios en su autobús psicodélico, tal como unos nuevos Merry Pranksters, para mostrar al mundo la buena nueva alucinógena.

En 1947 Antonin Artaud acudió a la Radio Nacional Francesa para grabar su “Para acabar de una vez con el juicio de Dios”, un monólogo indescriptible, plagado de horribles aullidos, gritos, onomatopeyas y expresiones visionarias y escatológicas. El escándalo desatado entonces impidió que se emitiese hasta treinta años después. ¿Estaríamos hoy preparados para asistir a los extravagantes delirios de los comentaristas de El País, quizá acompañados de sus lagartijas, en los programas de debate de Atresmedia? Probablemente no.

Considerados como arte de vanguardia incluso los artículos más desquiciados adquieren sentido. Por ejemplo el titulado “El supremacismo catalán hasta en los apellidos” en el que Teodoro León se entretiene buscando Garcías y Gonzáleces en la lista de JuntsxCat parece menos demente y tosco si uno lo imagina escrito en estado de trance, en un proceso de escritura automática fluyendo directamente desde el subconsciente, sin el influjo castrante de convencionalismos estéticos y literarios. Así es otra cosa.

Del mismo modo, los ataques permanentes de Juan Cruz o Antonio Elorza contra Podemos y Pablo Iglesias recuerdan a los poemas de Leopoldo María Panero, regresando una y otra vez a los mismos temas en su obsesivo compulsivo monólogo interior. Leídas así sus crónicas, no podemos más que sentir empatía hacia esas evidencias clínicas de tormento interno, deseándoles pronto alivio y que algún día se hagan verdad las palabras de Blake : “si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio”.

Hasta los textos más perversamente reflexivos se ven de otro modo cuando comprendemos su dimensión artística. Rubén Amón, quien desarrolló casi toda su carrera profesional en El Mundo y ahora es el articulista estrella de El País, es propenso a las argumentaciones maliciosas. Pienso: “¿Amon? ¿No es este un apellido muy sospechoso?” Entonces caigo en la cuenta: Amon es en realidad un alias que encubre la verdadera influencia literaria de esos artículos: El Conde de Lautréamont. ¡Pero si era algo obvio! Descompongo el nombre y me sale “L’ autre Amont” ¡El otro Amón! ¿Anticipaba ya el gran Isidore Ducasse en el S. XIX a su futuro Mini-Yo? Abro entonces Los Cantos de Maldoror y en el primer párrafo de su Primer Canto encuentro estas palabras que tan bien describen los textos de Rubén Amón: “Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma”.

Todo se ve ahora diáfano: Rubén Amón, que en El Mundo era un mediocre opinalotodo que regañaba a Karlos Arguiñano por “dar mítines populistas” en su programa de cocina, se transmutó en El País en un ARTISTA TOTAL, un nuevo Maldoror del periodismo.

Y así podríamos seguir con los deformes monólogos de Javier Marías, tan de Ricardo III en el invierno de su descontento, o con esas hiperbólicas encuestas de Metroscopia que tienen la virtud de hacer parecer más serias las de la competencia y que elevan una y otra vez a Ciudadanos a imaginarias cotas de popularidad electoral. ¿No pueden considerarse como poemas-objeto? ¿No pueden entenderse como visiones, profecías de realidades futuras, quizá en otras dimensiones espacio-tiempo?

Sea como sea, estamos ante un nuevo paradigma y El País navega hacia mares ignotos. En terminología de “Stranger Things”, El País explora el “del revés” del periodismo con un estilo mitad performance, mitad videncia. Y esto es algo que sin duda tendrá su reflejo en las facultades de Ciencias de la Información en donde, visto lo visto, se empezarán a considerar completamente inútiles las capacidades literarias para premiar, por ejemplo, los conocimientos en la Psicomagia de Jodorowsky.

Pero, sobre todo, lo que radicalmente cambia es nuestra crítica simplista a sus páginas. Ahora sabemos que adentrarse en su lectura con talante abierto es cruzar un umbral tenebroso donde la locura, el delirio, la incoherencia, la irracionalidad sistemática y una aparente falta de sentido modelan un discurso único en su anormalidad inabarcable. Quizá por ello, en lugar de injustamente vilipendiar a sus redactores, deberíamos agradecerles su valor por adentrarse en tales abismos.

La historia está llena de ejemplos dolorosos de aquellos que trataron de explorar “el otro lado” y de sus sufrimientos y fracasos. Los padecimientos son enormes, decía Rimbaud. Y casi siempre es un viaje peligroso del que nunca se vuelve. Antonin Artaud creía estar en posesión del báculo de San Patricio y consideraba su deber devolvérselo a los irlandeses. Puesto que todo conocimiento tiene sus mártires no descartemos que sea Ignacio Torreblanca, despreciador de todos los nacionalismos salvo el suyo, quien mañana salga a las calles vociferante, creyendo empuñar la espada flamígera de Santiago Matamoros para abrir con las Siete Llaves el sepulcro del Cid y devolverle a su España sus símbolos más apreciados.

Decía Thomas de Quincey en “El asesinato considerado como una de las bellas artes”: “Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.”. En El País, la mentira cotidiana ha conseguido el prodigio de abrir un portal mágico que sugiere la existencia de una realidad paralela. Honor y gloria a los héroes llamados a explorarla.

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La corrupción del PP de España, en la ruta del dinero de Ciccone  – El #dato clave

El libreto de Vandenbroele esconde a sus socios españoles.

Por @Marina_Ulloa

El banquero Raúl Moneta, que atraviesa una grave enfermedad por la que será sobreseído en la causa Ciccone que lleva delante el juez Ariel Lijo, solía contar que conoció a Alejandro Vandenbroele años atrás en la sede de Madrid de un importante estudio de abogados, en el que el arrepentido ex dueño de The Old Fund cumplía tareas como profesional.

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Alejandro Vandenbroele. 

Precisamente desde España, de las entrañas de la corrupción del derechista Partido Popular, cuyo ex tesorero Luis Bárcenas purga cárcel por múltiples hechos delictivos, salió una buena parte del dinero para levantar la quiebra y comprar la imprenta Ciccone Calcográfica, según tiene probado la justicia uruguaya, en cuyo territorio los españoles radicaron las empresas para las operaciones de lavado.

Moneta, Belocopitt, London Suplay y el PP

Años después de haber trabado aquella relación en España, Moneta se presentaba en la justicia argentina para reclamar que le devolvieran los fondos que había aportado para que Vandenbroele comprara Ciccone. Pero como el reclamo se lo hacía a la imprenta y no a la sociedad The Old Fund, en la que en realidad había puesto la plata, la Justicia desestimó ese reclamo por entender que debía ser hecho a quien había recibido los fondos de Moneta, o sea la sociedad presidida por Vandenbroele y creada para quedarse con la “máquina de hacer billetes” por cuenta y orden, según dice ahora el arrepentido, de José María Núñez Carmona, amigo de toda la vida del ex presidente Amado Boudou.

Moneta debía entonces redireccionar su pedido de restitución hacia The Old Fund, pero tuvo un gravísimo ACV y el trámite quedó en la nada debido que sus herederos, visto el cariz que tomó el asunto Ciccone a partir del 2012, decidieron correrse de la escena.

De acuerdo con firmes trascendidos de fuentes judiciales que accedieron al expediente (en secreto de sumario), en su declaración Vandenbroele señaló que recibió dinero de Cooperativa Marítima del Sur (que operaba con los bancos BST, Mariva, Macro, Finansur e Industrial), que tenía aval del propio Moneta; luego, el dinero provino de Federalia (titular, Moneta), y por último de Maxifarma, también de Moneta.

Además de Moneta, los otros aportantes para entrar en el negocio fueron:

Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical en aquel momento y accionista del Banco de Formosa cuando The Old Fund hizo la famosa consultoría antes de meterse en el negocio de la imprenta, amigo y socio de Guillermo Reinwick, yerno de los dueños de Ciccone y autotitulado “controlante” de la imprenta.

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Claudio Belocopitt.

Dos importantes empresarios amigos de Núñez Carmona, Eduardo Taratuty y Miguel Castellanos, titulares de London Suplay, que supuestamente recuperaron rápidamente los dos millones de pesos puestos. Les fue devuelto, dijeron, por vía de un cheque de posterior destino incierto.

** El propio Vandenbroele con los 7.800.000 pesos cobrados del gobierno de Formosa por la citada consultoría y depositados en una cuenta que abrió en el Banco Macro. Dos millones se retiraron luego en efectivo y no se supo su destino y más de cinco millones se retiraron en dólares a precio oficial, vendidos a precio blue y vueltos a depositar con la ganancia en la misma cuenta.

Todos ellos fueron los que aportaron el dinero, según todas las pruebas y todas las conclusiones del periodismo de investigación desde 2012, para levantar la quiebra de la imprenta Ciccone Calcográfica.

Pero no fueron los únicos, más allá de que el relato oficial del libreto entregado a Vandenbroele haya eliminado a todos los señalados arriba y puesto en su lugar al dueño del Macro, Jorge Brito, quien está pagando su amistad con Boudou, haber financiado la campaña de Sergio Massa y haber interferido en la alianza que Mauricio Macri quería hacer con el tigrense antes de las últimas elecciones presidenciales, más el hecho de haber tenido como empleado jerárquico  a Máximo Lanusse, que tras irse del Macro y trabajar dos años en otra empresa, desembarcó en la Ciccone de Vandenbroele como su número dos.

Obviamente, no existe simpatía macrista hacia Brito y ese es un hecho conocido.

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Jorge Brito.

Una nota en el diario El Cronista de hace pocos días decía: “Macri, por otra parte, parece en su mejor momento… Es su mejor momento personal, porque Vandenbroele ya mencionó como uno de los financistas de la ex Ciconne al banquero Jorge Brito, uno de sus adversarios en el mundo empresario”.

Por estas razones es que Brito resulta el “enemigo perfecto” para apuntar por Vandenbroele y sus mandantes, ya que en caso contrario la ruta del dinero para Ciccone desembarcaría no sólo en los nombrados, sino, sorpresivamente en el Partido Popular de España, que lavó dinero por años a través del HSBC y financió la compra de Ciccone a través de sociedades anónimas uruguayas.

La relación entre el corrupto ex tesorero de esa agrupación política, Luis Bárcenas, preso en España por innumerables hechos delictivos, y Vandenbroele no hay que buscarla sólo en el trabajo de éste en aquel país como abogado, sino, como dijimos, en los múltiples negocios que Núñez Carmona armó en la península ibérica y que aún hoy están vigentes y de los que el ahora arrepentido fue siempre parte, al punto que en la Argentina se recibieron tres alertas por operaciones sospechadas de lavado de Vandenbroele a través de la Red Segura Egmont, que agrupa a todas las Unidades de Investigación Financiera del mundo.

Esta situación sigue bajo investigación hoy mismo en Uruguay, pero se considera probado que Bárcenas aportó dinero para que Vandenbroele pudiera comprar la empresa Ciccone. La operatoria se llevó a cabo por medio de una sociedad uruguaya a la que Bárcenas transfirió dinero desde la sucursal suiza en la que ocultaba 22 millones de euros y que inyectó 620 mil dólares en la empresa Dusbal SA, que luego compró el 50% de The Old Fund, la sociedad presidida por Vandenbroele que posteriormente compraría el 70% de Ciccone. Además, Bárcenas operaba otras dos empresas uruguayas suyas, Tedesul y Rumagol, esta última con cuentas en el HSBC de Nueva York congeladas por pedido de la justicia española.

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Luis Barcenas.

En nuestro país hubo una circunstancia que acercó mucho a la Justicia a ese hecho, y fue la denuncia de Ricardo Echegaray (también llamado ahora a indagatoria por Lijo) por 4000 cuentas del HSBC de argentinos en el exterior,  pero fueron políticamente desarmados con algunas curiosas medidas, como, por ejemplo, que, tras la elecciones presidenciales de 2015, la vicepresidencia de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), que seguía ese tema, quedó en manos de María Eugenia Talerico, quien se desempeñó hasta ese nombramiento como abogada de la filial argentina del HSBC  en tanto que fue despedida del organismo la abogada María Celeste Schiaffino, que llevaba adelante esa causa contra el HSBC.

Curiosamente, Macri ha sido y es un aliado incondicional del Partido Popular de España, hecho notorio y que lo llevó a hacer campaña por Mariano Rajoy en 2011 y a nombrar a José María Aznar Ciudadano Ilustre de Buenos Aires cuando era el jefe de gobierno de la ciudad, en tanto que el HSBC ha consolidado, desde diciembre del 2015, su posición en nuestro país. El libreto de Vandenbroele es funcional para ajustar todas estas tuercas.

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“Culpabilizar de todo a Rusia es un comodín perfecto para España” – YouTube

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Ejércitos de zombis, caminantes blancos y guerras en El País: el bulo de la “injerencia rusa” – RT

No queremos aburrirles, pero hoy les vamos a hablar de un tema muy serio, y lo sentimos, pero no va a ser el típico artículo dinámico y divertido de consumo fácil para Internet: esto va a ser largo y farragoso. Y va a ser así, porque se trata de nuestra credibilidad como medio de comunicación. Del trabajo que desempeñan los cientos de profesionales de RT en todo el mundo. De su seriedad, de su profesionalidad y de su ética.

En los últimos dos meses, uno de los diarios de mayor alcance en España, El País, ha dedicado decenas de artículos a desprestigiar nuestra labor, la mayoría, firmados por el subdirector de este medio, David Alandete. Siempre refiriéndose a nosotros con términos como la “maquinaria de injerencia” o “propaganda del Kremlin”, nos han acusado de tramar la desestabilización de España y de la Unión Europea (UE) difundiendo noticias falsas sobre Cataluña, todas a favor del independentismo. Nos han acusado de emplear para ello herramientas desleales, como ‘bots’ y hasta ‘hackers’ (términos que ellos mismos parecen no tener muy claros).

A El País le han seguido, con menor insistencia pero con la misma imprecisión, algunos medios de comunicación y el propio Gobierno español. Las razones por las cuáles se está llevando a cabo esta campaña de desprestigio en España y en otros países, no las conocemos. No haremos como ellos y no especularemos sobre esas razones con afirmaciones rotundas sin ningún fundamento.

Pero sí sabemos una cosa: no están diciendo la verdad. Y no están siendo rigurosos en lo más mínimo en su trabajo.

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La declaración de independencia de Cataluña desata una guerra en Wikipedia – RT

Este viernes el Parlamento catalán proclamó la “República catalana, como Estado independiente y soberano”.

La incertidumbre sobre el futuro de Cataluña, luego de que el Parlamento catalán proclamara la República independiente de Cataluña, ha provocado un revuelo a nivel local e internacional. Tanto es así que en la popular enciclopedia virtual Wikipedia se pueden encontrar diferentes definiciones sobre Cataluña, dependiendo del idioma en el que un internauta haga la búsqueda.

En la versión en castellano, Cataluña “es una comunidad autónoma española, considerada nacionalidad histórica (…), que no obstante el Parlamento de Cataluña proclamó como independiente mediante la declaración unilateral de independencia“.

Mientras que en la versión catalana, Wikipedia indica que “Catalunya es un país europeo situado en el Mediterráneo occidental”, aunque agrega que su “condición jurídica” es objeto de disputa entre el Parlamento de Cataluña y el Reino de España, que la considera una de sus comunidades autónomas.

Por último, en la versión inglesa la enciclopedia define a Cataluña como “una región en el extremo noreste de la península Ibérica”, cuyo “estatus constitucional es objeto de una disputa entre el Reino de España, que lo considera como una comunidad autónoma dentro de España, y la Generalidad de Cataluña, que la ve como una república independiente”.

Sin embargo, en este idioma, el más usado del mundo, a lo largo de la jornada se han registrado cambios respecto al estatus de Cataluña, que en un principio la reconoció como una “república independiente” y posteriormente fue modificado a un “territorio en disputa”, según las capturas de pantalla realizadas por el diario ‘La Vanguardia‘.

Origen: La declaración de independencia de Cataluña desata una guerra en Wikipedia – RT