Archivo de la categoría: Hegemonía

La batalla por México – ¡Ahí vienen los rusos! Mitología de la ‘intervención rusa’ en México

¡Ahí vienen los rusos! Por favor, señores, les pido un poco de seriedad.

La Guerra Fría terminó hace tres décadas, Vladímir Putin es uno de los líderes más capitalistas del mundo y a mí nadie me dice qué decir u opinar.

Andan muy asustados los periodistas del régimen.

Después de tantos años de ser los únicos que dictan la agenda del debate nacional… de recibir tantos millones de dólares de gobiernos corruptos… de manipular y torcer las noticias a favor del poder y el dinero… ven que ya se les está acabando el negocio.

Imagínate… un humilde profesor de la UNAM con una videocolumna semanal de dos minutitos, ¡que ni siquiera sale en la televisión!, hoy hace temblar a Televisa, a Radio Fórmula y a todos los medios del sistema.

No es ninguna coincidencia que quienes más promueven la mitología de la supuesta ‘intervención rusa’ en México son precisamente empleados de Televisa, el brazo de propaganda y de manipulación mediática del Gobierno mexicano.

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Putin: “EE.UU. interfiere en los asuntos de otros países y debe estar listo para una respuesta” – RT

El presidente ruso ha señalado en un encuentro con periodistas que su homólogo de EE.UU., Donald Trump, está “constantemente amenazado” con un ‘impeachment’.

Putin: "EE.UU. interfiere en los asuntos de otros países y debe estar listo para una respuesta"

El presidente ruso, Vladímir Putin.

Rusia nunca ha interferido en los asuntos internos de EE.UU. y no tiene previsto hacerlo, ha recalcado este jueves el presidente ruso, Vladímir Putin, en un encuentro con periodistas. El mandatario ha enfatizado que es Washington el que “interfiere en todas partes”, y debe estar preparado para encajar una acción recíproca.

Putin ha destacado que EE.UU. intenta interferir “constantemente” en los asuntos de otras naciones, un comportamiento que se ha convertido en “una norma” y que, en opinión del líder ruso, es “absolutamente incorrecto”. En este sentido, el mandatario recalcó que Washington “debería ser capaz de responder a ciertos desafíos que ellos mismos estimulan”.

A través de Putin: “EE.UU. interfiere en los asuntos de otros países y debe estar listo para una respuesta” – RT

Luz, cámara, intimidación | Los trabajadores de la … | Página12

“El diálogo que declama Hernán Lombardi es muy democrático: ninguna interlocución, patrulleros y un carro de asalto de la Policía Federal en la puerta del canal para disciplinar a los peligrosos periodistas”, denunciaron los trabajadores de Canal 7. Todavía no hay programación anunciada para el 2018. Los trabajadores advirtieron que mientras promueven la racionalización, le garantizaron un sueldo de “más de 190 mil pesos mensuales” a la mujer del ministro de Modernización, Andrés Ibarra.
La Policía de la Ciudad apareció custodiando canal 7 y los trabajadores denunciaron la presencia de agentes de civil en el interior.
La Policía de la Ciudad apareció custodiando canal 7 y los trabajadores denunciaron la presencia de agentes de civil en el interior. 

La puerta de la TV Pública amaneció hoy con dos móviles policiales apostados sobre la Avenida Figueroa Alcorta. En el estacionamiento al aire libre del canal, sobre la otra puerta de ingreso, una camioneta de las fuerzas de seguridad se hacía ver debajo de la sombra de algunos árboles. El objetivo era unívoco: hacer que todos los trabajadores de la TV Pública que llegaban al canal vieran la presencia policial. En medio del estado de asamblea permanente en el que se encuentran los trabajadores de la TV Pública, tras el comunicado del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos (SFMyC) en el que se adelanta una política de ajuste en la emisora estatal, las autoridades decidieron responder al pedido de reunión reforzando de manera intimidatoria la presencia policial. “Incluso, pudimos constatar la presencia de policía de civil dentro del canal”, denunció a Página/12 Agustín Lecchi, delegado Sipreba de la TV Pública. Los trabajadores de la TV Pública denuncian un lock out patronal. Página/12 intentó comunicarse con alguna de las autoridades del SFMyC pero no obtuvo respuesta.

Lejos de propiciar el diálogo tantas veces declarado, las autoridades del SFMyC, encabezadas por Hernán Lombardi, sumaron tensión al clima de incertidumbre que desde hace algunas semanas se vive en los medios públicos. El objetivo expresado públicamente de reducir el personal de planta de la TV Pública y negociar el Convenio Colectivo de Trabajo desató temor entre los trabajadores. “Propusimos la modificación del convenio colectivo de trabajo, firmado hace 45 años y completamente obsoleto frente a los cambios tecnológicos, lo que genera altísimos costos de producción”, afirmó el SFMyC en el comunicado del viernes último. No contentos con la difusión de ese anhelo, los móviles de la Policía de la Ciudad y de la Federal en las inmediaciones del edificio de la TV Pública producen una escalada de tensión a priori innecesaria.

“Estuvimos hoy en distintos momentos del día con móviles policiales en la puerta, un carro de asalto y policías de civil dentro del canal. Estamos en asamblea permanente pero no somos delincuentes, somo trabajadores que estamos llevando a cabo una medida gremial. Tenemos motivos para hacerlo porque venimos con una situación de extorsión de parte de las autoridades, pero nunca en ninguna asamblea de la historia hubo algún motivo para tener que sacar la discusión afuera del canal y mucho menos para traer a las fuerzas de seguridad. Lo entendemos como una amenaza, un amedrentamiento y una provocación”, subrayó Lecchi.

El amedrentamiento de parte de las autoridades para con cualquier actividad gremial que se produzca en los medios públicos no parece ser un hecho aislado, sino más bien una política para imponer el ajuste. La semana pasada, el vicedirector de Radio Nacional, irrumpió en medio de una asamblea que analizaba las medidas a tomar ante los 16 despedidos en la emisora estatal, filmando a los trabajadores presentes con su propio teléfono móvil. En el día de hoy, también móviles policiales se hicieron presentes en la sede del Canal de la Ciudad, donde sus trabajadores están de paro y ocuparon los estudios ante los cinco despidos comunicados la semana pasada y la amenaza de que otros treinta se efectivicen en las próximas semanas. Estas cesantías se producen luego de los 180 despidos que se produjeron en el área de contenidos de la TDA (CIARA), y a los 33 de Pakapaka, Encuentro y DeporTV, a quienes se deben sumar los 89 retiros voluntarios en esos mismos canales.

La reducción de personal no es el único problema que enfrentan los medios públicos. El ajuste ya se percibe en las pantallas. En Encuentro, Pakapaka y DeporTV la repetición de programas y los “enlatados” extranjeros son moneda corriente desde hace meses. En la TV Pública, la merma en la producción empieza a sentirse de cara a una programación 2018 de la que nada se sabe. La tercerización de la producción ya comenzó: mientras históricamente los festivales de verano eran realizados por personal propio del canal, este año la transmisión del “Festival de la doma y folclore de Jesús María” lo está transmitiendo personal externo al canal, mediante un móvil de Adart Producciones (fundada en 1987 por Alejandro Gruz y Daniel Burak). Mientras tanto, el móvil de la TV Pública descansa en la puerta del canal. Otro caso que demuestra la disminución en la producción propia es que el noticiero matutino del canal, que hasta hace unos meses tenía una duración diaria de tres horas (de 7 a 10), se redujo una hora a mitad de año (de 8 a 10) y actualmente sólo se emite de una hora (8 a 9). De hecho, con excepción de los noticieros, el único programa en vivo y de producción propia (junto a Kapow) que emite la TV Pública en la actualidad es Cocineros argentinos.

En este contexto, los trabajadores de la TV Pública difundieron un comunicado titulado “El Ministerio Policial de Medios y Contenidos Públicos quiere liquidar la TV Pública” en el que denuncian un “lock out patronal” peligroso. “Con un cinismo pocas veces visto, y mientras proclama entre sonrisas diálogo, pluralismo y amplitud de voces, el SFMyC -detallan los trabajadores- lanza sin previo aviso una guerra contra los periodistas y los trabajadores del único canal de gestión pública del país. Esto se lleva adelante de la mano de despidos en Radio Nacional, TDA, señales Pakapaka, Encuentro, DeporTV y el Canal de la Ciudad. La estrategia a cargo de Hernán Lombardi busca presentar a los trabajadores y sus salarios como el problema, al mismo tiempo que vacía sin pudor al canal de sus contenidos, a tal punto que, tras la renuncia del Director Ejecutivo de la Televisión Pública, Horacio Levin, en diciembre de 2017, no hay aún ninguna programación conocida, prevista o en marcha para 2018. Una curiosa forma de gestionar los contenidos de los medios públicos cuando deja a la TV Pública a la deriva, reduce horarios de trabajo que empobrecerán inevitablemente los noticieros, y anuncia la paralización total de Canal 7 durante los fines de semana, con la excusa del ´ahorro´.”

En el comunicado, los trabajadores de la TV Pública denuncian que no parece ser la “austeridad” el objetivo buscado por el SFMyC, teniendo en cuenta el sueldo que cobran algunos funcionarios dentro de RTA. “El ahorro y la racionalización que tanto desvelan al Ministerio de Modernización conducido por Andrés Ibarra -señala- cuando se trata de salarios de los trabajadores, pero que no cuenta cuando se trata de colocar a su mujer, Carla Piccolomino, en el área de Relaciones Institucionales de Canal 7, con un sueldo superior a los 190 mil pesos mensuales”. El texto, además, desmiente que la planta de personal en el área de noticias se haya incrementado en un 70 por ciento durante el kirchnerismo, tal como afirmó el SFMyC. “El diálogo que declama Lombardi -cierran los trabajadores- es muy democrático: ninguna interlocución, patrulleros y un carro de asalto de la Policía Federal en la puerta del canal para disciplinar a los peligrosos periodistas, a quienes se empuja a un conflicto que no buscamos ni pretendemos.”

A través de Luz, cámara, intimidación | Los trabajadores de la … | Página12

El enemigo (Ima/Ori)ginario – CELAG

El enemigo (Ima/Ori)ginario

La cuestión mapuche se ha vuelto un tema central del debate público en Argentina. Impulsado fuertemente por la desaparición -y posterior hallazgo sin vida- de Santiago Maldonado, se volvió un tema opinable por parte de comunicadores sociales, políticos, militantes o simplemente ciudadanos de a pie. Un sector de ellos salió a demonizar y criminalizar a los mapuche -principalmente por su ¨naturaleza¨ violenta y su sistema anárquico- utilizando vocablos como ¨extremistas¨ o ¨terroristas¨, los cuales nos remiten a la época más oscura de nuestra historia.

La construcción por parte de los liberales -aquellos formadores de sentidos comunes por excelencia- de un enemigo interno como el sujeto a erradicar, no es precisamente una estrategia innovadora. Desde los tiempos de la barbarie, pasando por la subversión setentista y más recientemente el populismo, han caracterizado a la otredad como aquella que obstaculiza la conquista del bien común. La más reciente de estas configuraciones ha sido la del mapuche como el nuevo/viejo antagonista.

El origen de los originarios: la otredad

En primer lugar, es menester destacar que para una cabal comprensión de la cuestión mapuche debemos remitirnos a su historia en la región, que data de antes del “descubrimiento de América” y de los dos lados de la cordillera. Es por ello que considerar al mapuche como argentino o chileno es plantear un falso debate, debido a que la identidad mapuche es muy anterior a la conformación de los estados nacionales en el continente.

Declaraciones de Patricia Bullrich (Ministra de Seguridad y principal responsable de la desaparición de Santiago Maldonado) en las cuales atribuyó a los mapuche una voluntad separatista al sostener que “No vamos a permitir una república mapuche independiente y autónoma en medio del territorio argentino”[1], no hacen más que confirmar la ¨confusión¨ del actual Gobierno a este respecto. Pero no se trata en realidad de desconocimiento sobre la preexistencia de la Nación Mapuche sino de una maniobra política, con un inestimable apoyo mediático, que busca, a través de la noción de extranjeridad mapuche –invasores chilenos-, la edificación de un enemigo de la Patria que permita justificar represiones pasadas y por venir.

En agenda

Los reclamos de la comunidad mapuche, cuyos miembros vienen dando una larga lucha por la reivindicación de sus derechos, pasaron de no tener lugar en la agenda pública a ser tema central de debate a nivel nacional. Sin embargo, no es una buena noticia. La necesidad del Gobierno Nacional de legitimar su política represiva mediante la confrontación con un enemigo interno devino en la implantación de un discurso y unas prácticas ¨antiterroristas¨. La construcción del enemigo imaginario apoyada en la prosecución de la “seguridad nacional” reactualiza viejos estereotipos del otro a criminalizar.

La verdadera razón de esta centralidad no se debe tan sólo a la búsqueda de un chivo expiatorio. La elección de los mapuche para ocupar tal lugar no es azarosa sino que responde principalmente a la necesidad de presionar a las comunidades que reclaman territorios en disputa con las grandes multinacionales latifundistas/extractivistas. Como sostiene Moira Millán, miembro de la comunidad Pïlan Mahuïza –territorio recuperado en 1999- : ¨Hemos venido recuperando territorio en Argentina desde la década del noventa. La represión ahora adquiere ribetes más radicales y profundos porque los territorios que hemos recuperado en esa época hoy están bajo programas de megaproyectos extractivistas¨[2]. Para cumplir con dicho objetivo, el macrismo apela a la condición de foráneos que le es atribuida a los pueblos originarios, la cual permite reforzar un sentimiento nacionalista/eurocentrista –despreciar la barbarie en alas de la civilización en clave sarmientina-.

Estado de derecha

De un tiempo a esta parte, y exacerbada a partir del caso Maldonado, se observa una derechización en la sociedad argentina. En 2015, con la victoria de Mauricio Macri en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, se dio un fenómeno hasta el momento inusitado: nunca desde 1916, año en que se realizaron las primeras elecciones presidenciales bajo la Ley Sáenz Peña, la derecha había accedido al poder a través de las urnas –el menemismo, si bien aplicó un programa neoliberal en los años ‘90, arribó desde el histórico Partido Justicialista (PJ) y prometiendo lo opuesto a lo que finalmente desarrolló-.

Propuesta Republicana (PRO) es una derecha autoreconocida como tal e inscrita en la Unión Demócrata Internacional (UDI)[3] -también conocida como ¨Liga de Partidos de Derecha¨- creada por Thatcher y Bush padre, y de la cual forman parte, entre otros, el Partido Republicano estadounidense o el Partido Popular español. La UDI dio su bienvenida al PRO en su sitio oficial afirmado que ¨La victoria del Presidente en 2015 dejó atrás décadas de un populismo de izquierda sin reglas. El presidente Macri es el primer líder de centro derecha en tomar el poder desde el regreso de la democracia en Argentina en 1983¨[4]. Paradójicamente, el informe 2017 de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) advierte que estamos ante el pico represivo más violento desde 1983. María del Carmen Verdú, fundadora de CORREPI, afirmó ¨por primera vez superamos la marca del muerto diario por gatillo fácil o torturas. Hubo 725 muertos en 721 días de gobierno de Cambiemos, un muerto por día de gobierno¨[5].

Gobierno represivo y populismo punitivo

Acuñado originalmente en 1995 por el criminólogo británico Anthony Bottoms[6], el concepto ¨populismo punitivo¨ refiere a la implementación de políticas punitivas por los siguientes motivos: convencimiento de que éstas reducirán la criminalidad, refuerzo del consenso moral de los ciudadanos contra el delito y, la razón principal, que el Gobierno las evalúa como fructíferas en términos electorales –a esta última adscribe el macrismo-. Las mismas, afirma Bottoms, son catalogadas de populistas ya que parten de considerar que serán populares.

El Gobierno de Mauricio Macri, quien a diez días de la desaparición de Santiago Maldonado tras la represión a manos de sus fuerzas de seguridad habló por primera vez en público sobre el tema para calificar a los mapuche de “poco democráticos y bastante violentos”[7], no vio mellada su imagen a raíz de su política represiva -sustentada además desde el ámbito discursivo-. No la deterioró el caso Santiago Maldonado, encontrado sin vida coincidentemente un 17 de octubre y a 5 días de las elecciones legislativas. Tampoco el más reciente de Rafael Nahuel, joven mapuche de 22 años asesinado por la espalda en un operativo de desalojo de la comunidad Lafken Winkul Mapu a manos de Prefectura el 25 de noviembre, casualmente –una vez más- el mismo día del velatorio de Santiago Maldonado.

La  construcción del enemigo interno permite legitimar ante la sociedad las políticas represivas que, en definitiva, persiguen la implementación de las políticas económicas neoliberales y, a su vez, ocupar una centralidad mediática que permite desviar la atención de temáticas incómodas al Gobierno. De esta forma, la alianza entre Gobierno y medios hegemónicos distorsiona los atropellos institucionales perpetrados, hasta el punto de convertir a estos grupos en violentos para el imaginario social, responsabilizando así a las víctimas por la violencia institucional recibida.

Es crucial frente a esta coyuntura el reforzamiento de los lazos de solidaridad y la visualización de un nosotros. Quienes detentan el poder impulsan el miedo al otro como forma de control social. Para estar a salvo nos dicen, debemos librarnos de aquel que es distinto, hoy encarnado en el indígena y el inmigrante de países limítrofes. Además de éstos, antaño también ocuparon ese lugar los negros, gauchos, anarquistas, peronistas, subversivos, comunistas, etc. Es siempre una lógica peligrosa, nunca  se sabe quién puede ser el próximo en la lista.

[1] https://www.pagina12.com.ar/55937-macri-contra-los-mapuches

[2] http://www.revistaanfibia.com/cronica/con-armas-no/

[3] http://www.politicargentina.com/notas/201701/19085-el-pro-formara-parte-de-una-liga-de-partidos-de-derecha-junto-a-rajoy-y-el-partido-republicano-de-trump.html

[4] http://idu.org/meet-pro-argentina-the-idus-newest-member/

[5] https://www.pagina12.com.ar/84672-un-muerto-por-dia-de-gobierno

[6] Bottoms, A.E. (1995) ‘The Philosophy and Politics of Punishment and Sentencing’, en C.M.V. Clarkson and R. Morgan (eds), The Politics of Sentencing Reform. Oxford: Clarendon

[7] https://www.laizquierdadiario.com/Macri-Estamos-intentando-ver-que-paso-con-Maldonado-pero-los-mapuches-no-colaboran

A través de El enemigo (Ima/Ori)ginario – CELAG

De China a Trump, tras el tuit sobre Corea del Norte: “Así no debería comportarse un presidente” – RT

El mandatario de EE.UU. había alegado mediante un tuit que Pekín fue atrapado “con las manos en la masa” por estar vendiendo en secreto productos petroleros a Pionyang.

De China a Trump, tras el tuit sobre Corea del Norte: "Así no debería comportarse un presidente"

China ha rechazado las alegaciones del presidente de EE.UU., Donald Trump, de suministrar petróleo ilegalmente a Corea del Norte y ha criticado las supuestas pruebas del líder republicano y su actitud.

Trump lanzó la acusación el jueves mediante un tuit en el que afirmaba que Pekín había sido atrapado “con las manos en la masa” vendiendo en secreto productos petroleros a Pionyang, lo cual constituye una violación de las sanciones de la ONU.

Acusar sin aclarar la verdad

En respuesta, el órgano oficial del partido comunista chino publicó un comentario cuestionando la interpretación de Estados Unidos y Corea del Sur de las imágenes satelitales que supuestamente muestran barcos chinos que transfieren petróleo a barcos norcoreanos en el mar Amarillo.

El periódico chino The Global Times, que tiene vínculos con el Gobierno, señaló que “estos ‘buques chinos’ [que aparecen en las fotos] no son petroleros y no son de gran tonelaje“.

“Los medios de Estados Unidos y Corea del Sur creen que estas fotos prueban que China violó las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU para transportar petróleo a Corea del Norte, pero incluso en los informes no está claro de dónde provienen o a quién pertenecen”, puntualizó el medio.

El diario calificó el tuit de Trump como “una de las respuestas más fuertes de Estados Unidos y Corea del Sur”, ya que concluyó que China fue acusada “antes de que la verdad fuera aclarada y comentada“.

“Así no debería comportarse un presidente de EE.UU.”, concluyó el periódico.

¿Suministros secretos?

Los primeros informes sobre la supuesta venta de petróleo por parte de China a Corea del Norte aparecieron el miércoles en el diario surcoreano The Chosun Ilbo. De acuerdo con ese medio, que cita fuentes del Gobierno surcoreano, satélites de reconocimiento de EE.UU. han detectado a barcos chinos vendiendo petróleo a buques norcoreanos en el mar Amarillo unas 30 veces desde el pasado mes de octubre.

Justo antes de que Trump acusara a China en su cuenta personal de Twitter, Ren Guoqiang, vocero del Ministerio de Defensa chino, inmediatamente negó la versión de Corea del Sur y tildó los informes de prensa de “exagerados”, según cita por Reuters.

Por su parte, la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, subrayó ante periodistas que “China ha estado implementando de manera exhaustiva y estricta las resoluciones del Consejo de Seguridad y cumpliendo las debidas obligaciones internacionales”.

A través de De China a Trump, tras el tuit sobre Corea del Norte: “Así no debería comportarse un presidente” – RT

Libya, Syria, Ukraine – one script, three stories – NationofChange

Libia, Siria, Ucrania: un guion, tres historias.

La táctica fundamental en Libia, Siria y Ucrania fue la misma: irritar a la población y luego dar un golpe de estado en medio del caos, mientras afirmaban liberar al pueblo.

La geopolítica se vuelve mucho más fácil si podemos discernir patrones repetitivos. Por ejemplo, el hilo común a través de las crisis en Ucrania, Libia y Siria es un libro de jugadas, inteligente pero despiadado de cambio de régimen. Esta estratagema de derrocar a los gobiernos mientras se mostraban como nobles tal vez debería llamarse la “geopolítica de las lágrimas de cocodrilo”.

Hubo momentos en la historia en que un país poderoso simplemente invadía a los más débiles. Ahora las élites recurren a elaborar guiones al estilo de Hollywood rebosantes de héroes inspiradores, historias tristes y esfuerzos altruistas.

La táctica fundamental en Libia, Siria y Ucrania fue la misma: irritar a la población y luego dar un golpe de estado en medio del caos, mientras afirmaba liberar al pueblo.

El golpe se lleva a cabo en muchas etapas.

  • Etapa 1: Protestas planificadas.
    Etapa 2: matan a los manifestantes, lo que lleva a indignación y resoluciones / sanciones de los EE. UU.
    Etapa 3: motín armado e intentos de forzar al gobierno a salir.
    Etapa 4: si la Etapa 3 falla, patrocine una guerra civil hecha y derecha para derrocar al gobierno.

A través de (original en inglés): Libya, Syria, Ukraine – one script, three stories – NationofChange

Del periódico El País considerado como una de las bellas artes – Edición General

Cada día, el periódico más leído en español se supera a sí mismo. Una cohorte de héroes ha navegado en lo más profundo del subconsciente para hacer de El País una obra de arte.

 Confieso que yo era uno de tantos que cada mañana, día sí y día también, tras leer alguna de las columnas de El País, iniciaba una cansina repetición de diatribas acerca de su periodismo de cloaca. Esto formaba parte de mi improductivo ritual mañanero hasta el inolvidable día 20 de noviembre, en que leí el artículo titulado: “Podemos, caballo de Troya para las posiciones del Kremlin”. Ahí se recogía el informe publicado por Atlantic Council, un think tank al servicio de la OTAN, patrocinado entre otros por la FOX, los Emiratos Árabes, Crescent Petroleum, el fondo buitre inmobiliario Blackstone, la Abu Dhabi National Oil Company, la propia OTAN, y una larga lista de empresas de energía atómica, seguros o aeronáuticas, todas ellas de probado carácter altruista.

El informe defendía una estrafalaria teoría acerca de la influencia de Rusia en Syriza, el Movimiento 5 Estrellas italiano, diversos grupúsculos de extrema derecha y Podemos. Con respecto a este último, se reconocía que este partido no presta apenas atención a la política internacional y que sus dirigentes jamás emiten opiniones positivas acerca de Rusia o Putin, con los que, por otra parte, mal pueden estar de acuerdo –se afirmaba–, dado el posicionamiento de Podemos “contra las oligarquías y a favor de los derechos sociales”. Incluso se concedía que “algunos dirigentes” (en una nota al pie ese “algunos” era Pablo Iglesias) habían criticado en ocasiones la política rusa. Sin embargo, estos hechos no contradecían su afirmación de que Podemos es en realidad un caballo de Troya al servicio de la inteligencia rusa para desestabilizar occidente. ¿Con qué razones? Una entrevista que Pablo Bustinduy realizó en el digital Jot Down en la que venía a decir que la Unión Europea y Rusia eran igualmente culpables de las situación de crisis en Ucrania, que las sanciones no eran la solución y que debían dejarse abiertos los puentes al diálogo. Y aquí terminaba el material probatorio del informe.

Por supuesto, a la hora de redactar la noticia El País silenció las afirmaciones más mesuradas en las que se reconocían los hechos que distanciaban a Podemos de Rusia para centrarse simplemente en la teoría del caballo de Troya, convirtiendo lo que ya era una sucesión de pintorescas afirmaciones en un puro delirio.

Y cuando al terminar su lectura yo ya estaba barruntando la acostumbrada letanía sobre esa “mierda de periodismo”, tuve una súbita iluminación que llegó a mí como una epifanía. Sí, sin duda era el de El País una “mierda de periodismo”. Pero no cabía darle a esta afirmación un tono despectivo sino artístico: era una mierda en el mismo sentido en que en 1961 el artista conceptual Piero Manzoni había enlatado sus excrementos para crear la obra “Mierda de artista”. El País había dejado el periodismo para hacer arte de vanguardia.

Todo entonces se mostró bañado de límpida luz. Las puertas de la percepción se despejaron y vi El País tal cual era, infinito. Ante los ojos de esta revelación, cada página cobró otro sentido. Comprendí que ya no podían juzgarse sus textos con los prosaicos mandamientos del código deontológico periodístico: verdad, equidad, responsabilidad, independencia, imparcialidad. Todo esto eran pamplinas terrenas. El País habitaba otra dimensión.

Así, pronto entendí que el artículo de Podemos y el Kremlin no respondía a criterios periodísticos, sino que estaba redactado siguiendo el “Método Paranoico-Crítico” de Dalí, es decir, el “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”. Esto explicaba no solo la trama de injerencia rusa con la que El País emponzoña estos días el conflicto catalán sino un sinfín de informaciones, singularmente las referidas a la financiación de Podemos con Venezuela o Irán. Supe entonces que todas estas informaciones aparentemente disparatadas formaban un todo, un lienzo en el que las fobias y obsesiones subconscientes de los directores y periodistas de El País se desaguaban en una composición artística caótica y delirante; o, en palabras de André Breton: “una dicción irracional, que alterna sin motivo apreciable lo declamatorio y lo salmódico”.

Se esclarecía también por qué en los últimos años El País había sido tan amplísimamente sobrepasado en lo que respecta a su periodismo de investigación, no solo por su mayor competidor en el mismo espectro ideológico, El Mundo, sino también por la mayoría de los periódicos digitales que cuentan con muchos menos medios. Suponíamos ingenuamente que esa labor de no indagación era una muestra más de su complicidad pasiva con el establishment pero la verdad es más compleja. A El País no le interesa “la realidad” tal como nosotros la entendemos, sino “lo real” en su sentido más lacaniano: a El País le interesa lo inefable, lo que está más allá de toda significación. Imaginé entonces su consejo de redacción tal como Breton relata una velada de hipnotismo en la casa de Mme. De la Hire: “Una decena de personas, hombres y mujeres se durmieron al mismo tiempo. Como iban y venían, vaticinaban y gesticulaban a cual más, el espectáculo no difería mucho del que podrían ofrecer los convulsionarios de San Medardo”.

¿Cómo llegan a estos estados alterados de conciencia? ¿Mediante técnicas orientales de concentración o con el uso de sustancias alucinógenas? En “Las enseñanzas de D. Juan” el indio yaqui explica a Castaneda un método para indagar en lugares lejanos. Coge dos lagartijas y a una le cose los ojos y a la otra la boca. Envía a la muda a investigar –las lagartijas son mucho de pararse a charlotear, por eso hay que coserles la boca– y cuando regresa, le cuenta lo que ha visto a su compañera ciega para que esta se lo transmita al chamán en el lenguaje de las lagartijas, quien lo comprende gracias a los efectos de una pasta alucinógena que previamente se ha untado en la sien. ¿Es este el método de investigación de El País? En sus textos, desde luego, se aprecia la huella del saber lagartijo, tan a ras del suelo.

A la luz de mi descubrimiento muchas cuestiones quedaron por fin resueltas. Por ejemplo, el curioso hecho de que los periodistas de El País no acudan como tertulianos en los programas de debate televisivos. La explicación oficial no parecía satisfactoria. Esta afirmaba que se trataba de una orden dada por ese Ubú Rey que es Cebrián en represalia por la divulgación televisiva de sus intereses en Panamá. Sin embargo, ahora sospechamos que quizá los televidentes españoles no estén preparados para tal espectáculo de realidad extrasensorial. Podemos imaginar a los comentaristas de El País llegando a los estudios en su autobús psicodélico, tal como unos nuevos Merry Pranksters, para mostrar al mundo la buena nueva alucinógena.

En 1947 Antonin Artaud acudió a la Radio Nacional Francesa para grabar su “Para acabar de una vez con el juicio de Dios”, un monólogo indescriptible, plagado de horribles aullidos, gritos, onomatopeyas y expresiones visionarias y escatológicas. El escándalo desatado entonces impidió que se emitiese hasta treinta años después. ¿Estaríamos hoy preparados para asistir a los extravagantes delirios de los comentaristas de El País, quizá acompañados de sus lagartijas, en los programas de debate de Atresmedia? Probablemente no.

Considerados como arte de vanguardia incluso los artículos más desquiciados adquieren sentido. Por ejemplo el titulado “El supremacismo catalán hasta en los apellidos” en el que Teodoro León se entretiene buscando Garcías y Gonzáleces en la lista de JuntsxCat parece menos demente y tosco si uno lo imagina escrito en estado de trance, en un proceso de escritura automática fluyendo directamente desde el subconsciente, sin el influjo castrante de convencionalismos estéticos y literarios. Así es otra cosa.

Del mismo modo, los ataques permanentes de Juan Cruz o Antonio Elorza contra Podemos y Pablo Iglesias recuerdan a los poemas de Leopoldo María Panero, regresando una y otra vez a los mismos temas en su obsesivo compulsivo monólogo interior. Leídas así sus crónicas, no podemos más que sentir empatía hacia esas evidencias clínicas de tormento interno, deseándoles pronto alivio y que algún día se hagan verdad las palabras de Blake : “si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio”.

Hasta los textos más perversamente reflexivos se ven de otro modo cuando comprendemos su dimensión artística. Rubén Amón, quien desarrolló casi toda su carrera profesional en El Mundo y ahora es el articulista estrella de El País, es propenso a las argumentaciones maliciosas. Pienso: “¿Amon? ¿No es este un apellido muy sospechoso?” Entonces caigo en la cuenta: Amon es en realidad un alias que encubre la verdadera influencia literaria de esos artículos: El Conde de Lautréamont. ¡Pero si era algo obvio! Descompongo el nombre y me sale “L’ autre Amont” ¡El otro Amón! ¿Anticipaba ya el gran Isidore Ducasse en el S. XIX a su futuro Mini-Yo? Abro entonces Los Cantos de Maldoror y en el primer párrafo de su Primer Canto encuentro estas palabras que tan bien describen los textos de Rubén Amón: “Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma”.

Todo se ve ahora diáfano: Rubén Amón, que en El Mundo era un mediocre opinalotodo que regañaba a Karlos Arguiñano por “dar mítines populistas” en su programa de cocina, se transmutó en El País en un ARTISTA TOTAL, un nuevo Maldoror del periodismo.

Y así podríamos seguir con los deformes monólogos de Javier Marías, tan de Ricardo III en el invierno de su descontento, o con esas hiperbólicas encuestas de Metroscopia que tienen la virtud de hacer parecer más serias las de la competencia y que elevan una y otra vez a Ciudadanos a imaginarias cotas de popularidad electoral. ¿No pueden considerarse como poemas-objeto? ¿No pueden entenderse como visiones, profecías de realidades futuras, quizá en otras dimensiones espacio-tiempo?

Sea como sea, estamos ante un nuevo paradigma y El País navega hacia mares ignotos. En terminología de “Stranger Things”, El País explora el “del revés” del periodismo con un estilo mitad performance, mitad videncia. Y esto es algo que sin duda tendrá su reflejo en las facultades de Ciencias de la Información en donde, visto lo visto, se empezarán a considerar completamente inútiles las capacidades literarias para premiar, por ejemplo, los conocimientos en la Psicomagia de Jodorowsky.

Pero, sobre todo, lo que radicalmente cambia es nuestra crítica simplista a sus páginas. Ahora sabemos que adentrarse en su lectura con talante abierto es cruzar un umbral tenebroso donde la locura, el delirio, la incoherencia, la irracionalidad sistemática y una aparente falta de sentido modelan un discurso único en su anormalidad inabarcable. Quizá por ello, en lugar de injustamente vilipendiar a sus redactores, deberíamos agradecerles su valor por adentrarse en tales abismos.

La historia está llena de ejemplos dolorosos de aquellos que trataron de explorar “el otro lado” y de sus sufrimientos y fracasos. Los padecimientos son enormes, decía Rimbaud. Y casi siempre es un viaje peligroso del que nunca se vuelve. Antonin Artaud creía estar en posesión del báculo de San Patricio y consideraba su deber devolvérselo a los irlandeses. Puesto que todo conocimiento tiene sus mártires no descartemos que sea Ignacio Torreblanca, despreciador de todos los nacionalismos salvo el suyo, quien mañana salga a las calles vociferante, creyendo empuñar la espada flamígera de Santiago Matamoros para abrir con las Siete Llaves el sepulcro del Cid y devolverle a su España sus símbolos más apreciados.

Decía Thomas de Quincey en “El asesinato considerado como una de las bellas artes”: “Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.”. En El País, la mentira cotidiana ha conseguido el prodigio de abrir un portal mágico que sugiere la existencia de una realidad paralela. Honor y gloria a los héroes llamados a explorarla.

A través de Del periódico El País considerado como una de las bellas artes – Edición General

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