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La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo | Página12

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Alejandro Grimson presentó su nuevo libro Qué es el peronismo en Caras y Caretas
La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo
Para responder ¿qué es el peronismo?, Grimson ensaya un recorrido de Perón a los Kirchner, pasando por López Rega. Barrancos, Wainfeld y Sztajnszrajber debatieron con el autor.

¿Qué es el peronismo? La pregunta es, de por sí, “un atrevimiento”. Planteada como título de un libro, “un tremendo atrevimiento”, “un título temerario”, evaluó en la presentación Dora Barrancos. Lo cierto es que hay algo que hace que esa materia en la que se mete el flamante libro de Alejandro Grimson sea tan disruptiva como para lograr provocar en forma de pregunta. El antropólogo recorre en su nuevo trabajo De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmover la política argentina. El libro, editado por Siglo XXI, fue presentado en la sala Caras y Caretas con la presencia de la socióloga Barrancos, el periodista Mario Wainfeld y el filósofo Darío Sztajnszrajber. Y con numerosas personalidades de la política y la cultura entre los asistentes que llenaron la sala, entre otras y otros, Juliana Di Tullio, Mercedes Marcó del Pont, Itaí Hagman, Eduardo Jozami y Daniel Filmus.

“Alejandro nos invita a debatir qué es el peronismo a partir de un libro impecable. Y de un abordaje desde la antropología, en el que cuenta la historia, pero a la vez nos plantea una serie de dilemas cotidianos”, comenzó halagando Sztajnszrajber. “El libro nos exige salirnos del lugar más lineal, para pensar al fenómeno con dimensiones. Desde luego, no hay una respuesta única para el título. Hay tantas versiones, continuidades y discontinuidades, que a lo que asistimos es más bien a una lucha de intereses por ver cuál de todos esos peronismos se queda con el buen nombre. Pero el nombre está vacío: es ese campo de batalla”, analizó. Y, entre otras, rescató la idea de la definición por oposición: “El único que sabe qué es el peronismo, es el que lo combate. Y al plantear sus bordes, lo delimita”, subrayó.

Entre los momentos clave de los más de setenta años de historia de este ¿movimiento? ¿sentimiento? –el libro se meterá con esto también–, Grimson arranca, claro, con el 17 de octubre, y allí hace una descripción desmitificadora, en base a registros y documentos históricos, de la composición de esa multitud de trabajadores que cambió el rumbo de la historia. Sigue con “los orígenes del peronismo en una sociedad racista y clasista”, para entrar en 1956 con el “apogeo y crisis de los antiperonismos”, y aquí un interesante análisis –Barrancos lo destacó en la presentación– de la “rabia impotente” con que comenzó a cebarse la burguesía, sobre todo contra Evita, a partir del concepto de estructura de sentimiento de Raymond Williams. Montoneros, Ezeiza, Rucci, Menem, hasta llegar al kirchnerismo, del 54 por ciento a la derrota de 2015, son otras “paradas” de este recorrido. Que, en la misma formulación del punteo, vienen a reafirmar cuán compleja se vuelve la pregunta que da nombre al libro, y por tanto cuán valorable el intento de abarcar algunas de sus aristas.

También López Rega, “el hecho maldito del país peronista”, y al mismo tiempo “la fiesta antiperonista”, “el ejemplo que ‘demostraba’ hasta dónde podía llegar el peronismo”, se advierte en el texto. Y en este punto, el libro reconstruye aspectos muy poco conocidos de la vida del ideólogo de la Triple A, un cabo primero de la Policía Federal que soñaba con ser un cantante famoso, que escribió un libro de setecientas páginas titulado Astrología esotérica, y que llegó a gobernar desde las sombras el país. Sobre todo llama la atención, como señalaron Barrancos y Wainfeld, una historia de novela sobre una “Casa Rosacruz” en la ciudad correntina de Paso de los Libres, “la casa de Doña Victoria”, donde López Rega formó su esoterismo, adonde iba a tener retiros espirituales, y por donde también pasaron varios funcionarios destacados de la época.

“Ese capítulo es una gema. Así como Murmis y Portantiero descubrieron ‘los orígenes del peronismo’, Grimson descubrió ‘los orígenes de López Rega”, bromeó Wainfeld. Y destacó, entre otras, las descripciones contrafactuales que arriesga el libro (qué hubiera pasado si…), o el modo en que pone en contexto el fenómeno: “Cómo es posible que un mismo movimiento haya implantado el más amplio Estado de bienestar de América latina, y uno de los mayores del mundo, con Perón, y al mismo tiempo el conservadurismo más extremo, con Menem, es una de las preguntas comunes. Pero rara vez surge la de cómo un mismo partido puede albergar a Yrigoyen, Balbín, Illia, Alfonsín, De la Rúa y Gerardo Morales. Ese tipo de preguntas estimula todo el tiempo el libro”, destacó. Más tarde Grimson aseguró que ya le mandó el libro al decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo, al becario y a la pelirroja progre, habituales protagonistas de las notas de Wainfeld en este diario.

Barrancos también destacó el modo en que el libro analiza “la idea de que el peronismo es una anomalía, una disforia política, porque se correría hacia territorios casi patológicos”, y observa el mundo para mostrar cuántas “anomalías” hay por todas partes. O mejor dicho, cuán imposible es buscar una “norma” lineal para pensar cualquier proceso social. Otro imposible, el de entender a la sociedad y la política sin tener en cuenta las emociones (en este caso, al peronismo y al antiperonismo), también fue resaltado en la intervención de la socióloga. “La verdad es que el peronismo jamás será atrapado en una frase”, dice Grimson en su libro. Pero advierte también: “Renunciar a entenderlo sería renunciar a comprender la Argentina”.

Perfil negociador y sensatez… sólo por ahora | Página12

Fuente original: Perfil negociador y sensatez… sólo por ahora | La… | Página12

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La Unión Europea está al borde de la explosión debido a los desacuerdos arraigados en torno de Venezuela.
El bloque europeo mantuvo su respaldo a la Asamblea Nacional presidida por el autoproclamado presidente Juan Guaidó, sin llegar no obstante a reconocerlo como el nuevo jefe del Estado. Equilibrismo de opereta en el seno de la UE.

Los 28 miembros de la Unión Europea no han seguido los pasos del presidente norteamericano Donald Trump y del selecto club de admiradores que tiene en varios países de América Latina. La sensatez y el perfil negociador han prevalecido hasta ahora con muchas dificultades. Trump les ha destruido el plan. La Unión, de hecho, está al borde de la explosión debido a los desacuerdos arraigados en torno a Venezuela pero aún no adoptó medidas drásticas contra el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro. En bloque, la UE mantuvo su respaldo a la Asamblea Nacional presidida por el autoproclamado presidente Juan Guaidó, sin llegar no obstante a reconocerlo como el nuevo jefe del Estado. El Viejo Continente lo promovió como el encargado de liderar el proceso de transición pero no lo legitima para ocupar el sillón presidencial. Los europeos mantienen la línea definida por la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini, quien optó por la convocatoria de elecciones como solución “idónea y natural”. Se trata de uno esos típicos y cínicos ejercicios de equilibrismo de opereta tan corriente en el seno de la UE. No es sí, pero tampoco no. No reconoce a Juan Guaidó como Jefe del Estado al tiempo que tampoco le resta legitimidad y ofrece un respaldo completo a la Asamblea. “El 23 de enero, el pueblo de Venezuela pidió masivamente democracia y la posibilidad de determinar libremente su propio destino. Estas voces no pueden ser ignoradas”, dice el comunicado de la UE donde luego exige “un proceso político inmediato que conduzca a elecciones libres y verosímiles”. Según la Unión Europea, los poderes de la Asamblea “deben ser restaurados y respetados”.

Europa parece tener una pasión democrática con América Latina, sobre todo cuando se trata de Cuba o Venezuela. Ya dieron sobradas pruebas  de que, para ellos, los valores retóricos que defienden dependen en mucho de los intereses que están en juego, por ello castigan a algunos y son condescendientes con otros. Las petrodictaduras como la de los países del Golfo Pérsico, regímenes capaces de asesinar y descuartizar a periodistas en su propio consulado como lo hizo Arabia Saudita en Turquía con el periodista Jamal Khashoggi, o autocracias criminales como la egipcia han sido tratadas con una benevolencia de santos proporcional a los contratos millonarios que Europa firma con esos países. Allí, los reclamos de democracia, soberanía del pueblo, libertad y Derechos Humanos no existen. Europa pisotea sus presuntos valores sobre la misma alfombra roja que pone bajo los pies de los dirigentes de esos países cuando visitan las capitales europeas llenos de petrodólares para comprar armas y tecnología. A nadie le importa que Arabia Saudita haya lanzado en Yemen una guerra que ha dejado decenas de miles de muertos y cientos de miles de desplazados, ni tampoco que el régimen egipcio del general Abdulfatah Said Husein Jalil al Sisi, surgido de la contra revolución conservadora que decapitó la revolución de la Plaza Tahrir, encarcele, torture y haga desparecer a cientos de personas. En cambio, en América Latina, la democracia es sagrada. Ese escenario impúdico se repite hoy con Caracas como antes se extendió con Cuba en los años en que existía la famosa “posición común” de la UE frente a La Habana promovida por otro patético peón de Washington, el ex presidente del gobierno español José María Aznar. Hoy, el problema radica en que nadie estaba preparado para el giro repentino de los acontecimientos. El gringo-intervencionismo los tomó en ayunas. Hace una semanas, había en Caracas una misión de la UE encargada de estructurar una solución negociada entre la Asamblea Nacional y la presidencia. Más aún, el lunes 21 de enero, Federica Mogherini llegó a evocar una agenda de trabajo que debía iniciarse en febrero con el Grupo de Contacto Internacional activado por la UE para encauzar el diálogo. La irrupción Juan Gauidó y la posterior intromisión de exaltado Trump derribó el edificio europeo.

Dentro de la Unión hay países como Grecia, España, Suecia o Portugal que se niegan a plegarse a soluciones de fuerza o reconocimientos unilaterales. Apuestan más bien por un proceso antes que por un golpe. Por ahora, hasta que se pongan de acuerdo, están ganando tiempo mientras la derecha europea muestras sus filosos dientes. Los conservadores agrupados en el PPE, Partido Popular Europeo, se apresta a presentar en el Parlamento Europeo una resolución donde exigirán a los gobiernos el reconocimiento de Guaidó. El alemán Manfred Weber, jefe del PPE, ya reconoció a Guaidó “como presidente interino de Venezuela”. Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo y el más acérrimo adversario de Nicolás Maduro en el Viejo Continente, aclaró que “Guaidó sí tiene legitimidad democrática”. Cabe recordar que el Parlamento Europeo ya aprobó un montón de resoluciones de condena contra Maduro así como sanciones económicas y un embargo de armas y de cualquier material que pueda ser usado en la represión. A Egipto le siguen vendiendo barcos de guerra, aviones, cañones y material represivo.

Europa busca todavía en qué lugar situarse dentro del escenario forzado que se plasmó en Venezuela. Estaba a favor de una solución “estándar”, es decir, con todas los mecanismos del dialogo institucional en marcha, pero Guaidó, Trump y las demás capitales latinoamericanas que respaldaron el golpe les empañaron la fórmula. La sinfonía de twitts emitidos individualmente por cada líder europeo, las declaraciones y las posturas han sido un poco más explícitas. En Francia, el presidente Emmanuel Macron siguió la línea europea pero, en un twitt, dijo: “Después de la elección ilegítima de Nicolás Maduro en mayo de 2018, Europa apoya la restauración de la democracia. Aclamo la valentía de centenas de miles de Venezolanos que caminan por su libertad”. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, aplaudió el “coraje” de Guaidó. Prueba de que Caracas ha sembrado un profuso malestar fue la reacción del jefe de la diplomacia española, Josep Borrell. Cuando le preguntaron sobre la postura de Macron, el canciller dijo: “Hay algunos que quieren tener un protagonismo…  ¡Pues que lo tenga!  ¿Qué quiere,  que digamos lo mismo ?”. La derecha europea prepara su arsenal de patrañas para librar una nueva cruzada. Hay pocas dudas de lo que ocurrirá en las próximas semanas. Se pondrán bajo el amparo de Trump y de los irresponsables latinoamericanos que, una vez más, ceden la soberanía de sus soluciones regionales a la versión más improvisada, salvaje y grosera de la política exterior norteamericana.

Truchada que resultó traspié | Varios líderes europeos inflaron el currículum o plagiaron la tesis | Página12

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Giuseppe Conte asumió como premier de Italia pese a los cuestionamientos que tuvo por haber maquillado su CV. Una práctica que empujó a la caída a la dirigente del PP español, Cristina Cifuentes, al igual que a otros políticos.

El abogado italiano Giuseppe Conte estrenó este fin de semana su cargo como Primer Ministro de Italia, pero no lo logró sino después de una semana de pura adrenalina política que comenzó con los cuestionamientos que surgieron al descubrirse que había inflado su currículum. Si bien las revelaciones en cuanto a sus calificaciones académicas finalmente no le costaron el cargo, otros líderes europeos no tuvieron la misma suerte. En lo que va de esta década se conocieron casos en los que una presidenta regional de Madrid, un ministro de defensa alemán y un presidente húngaro tuvieron que renunciar por acusaciones similares.

Un artículo publicado por el diario estadounidense The New York Times reveló que Conte no había asistido a ningún curso de la Universidad de Nueva York (NYU) como indicaba su CV. “Una persona con ese nombre no aparece en ninguno de nuestros registros, ni como estudiante ni como miembro de la facultad”, aseguró una vocera de NYU, Michelle Tsai. Esa declaración provocó una seguidilla de declaraciones de distintas entidades académicas que negaban la participación del hoy premier en sus ateneos. Ni la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) ni la Universidad de Malta tenían registros de Conte en sus archivos. El jurista también alegaba haber perfeccionado sus estudios en un instituto de Viena, la capital austríaca. Sin embargo, el diario local Der Standar, aseguró que aquel instituto es en realidad una escuela de idiomas que ofrece cursos de alemán.

Tan sólo un mes antes, el 25 de abril, la entonces presidenta del gobierno regional de Madrid, Cristina Cifuentes, había dimitido semanas después de ser acusada de haber obtenido un máster en la universidad pública Rey Juan Carlos gracias a la falsificación de las notas de dos asignaturas.

El medio digital español eldiario.es reveló el 21 de marzo pasado que dos notas en las actas de calificaciones del máster en Derecho Autonómico habían cambiado de “No presentado” a “Notable” dos años después de matricularse y sin haber mediado una nueva matrícula, por lo que no podría explicarse que haya aprobado lícitamente.

Días más tarde, la presidenta del tribunal que puntuó el Trabajo de Final de Máster (TFM) de Cifuentes con un 7,5, aseguró no reconocer el acta en que aparecían su nombre y firma. Una segunda profesora se sumó a las denuncias y desconoció, también, su firma en el acta.

No ayudó a la defensa de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid no haber mostrado su TFM ante quienes pedían su dimisión. Cifuentes alegó entonces no encontrar su trabajo a causa de las repetidas mudanzas de despachos a las que se había sometido a lo largo de los años.

Finalmente, y después de semanas de tire y afloje, el medio digital OkDiario difundió un video que databa del año 2011 donde se ve que un policía conduce a Cifuentes al cuarto de seguridad de un supermercado madrileño y fue obligada a devolver dos potes de cremas cosméticas de 20 euros cada uno que no había pagado. La publicación del video precipitó la -ya para ese momento inevitable- caída de Cifuentes.

Los ejemplos siguen. Las revelaciones de otro medio europeo, esta vez alemán, el Süddeutsche Zeitung, causaron la renuncia del ministro de defensa del gobierno de Angela Merkel, Karl-Theodor zu Guttenberg, en 2011. El periódico había publicado pruebas de que Guttenberg había plagiado grandes partes de su tesis doctoral en Derecho. Específicamente, el entonces ministro había copiado sin citar las fuentes el 20 por ciento de las 475 páginas de su tesis. Después de que más de 50.000 académicos firmasen una carta objetando su continuidad en el gobierno, Guttenberg finalmente renunció a su cargo, lo que significó una gran mancha en lo que era una carrera brillante. En ese momento Guttenberg contaba con el 70% del apoyo de la población y se perfilaba como el próximo líder alemán. La Universidad de Bayreuth le revocó, a su vez, el título de doctor, y aseguró que el político había violado muy seriamente los estándares de la institución.

Más aún, la sucesora de Guttenberg, Ursula von der Leyen, también fue acusada, en 2013, de robar ideas en su tesis de doctorado en Medicina. En su momento, el portal VroniPlag encontró que Ursula no había citado la fuente en 23 comentarios que había realizado en su tesis. “En total, se descubrió un plagio en un 43,5 % de las páginas analizadas por VroniPLag” indicó la revista alemana Der Spiegel. A pesar de estas acusaciones, su título no fue revocado y Leyen continúa ejerciendo el cargo de ministra de Defensa hasta el día de hoy.

Quizás el caso de más jerarquía en el que se hayan descubierto irregularidades en las calificaciones académicas fue el del ex presidente de Hungría, Pal Schmitt. El político y medallista olímpico en esgrima, fue acusado de plagiar gran parte de su tesis doctoral, por la que había obtenido, en 2012, la más alta calificación, suma cum laude.

En 2012, el portal húngaro hvf.hu difundió una investigación en la que sostuvieron que 180 páginas del total de 215 que conformaban la tesis de Schmitt eran una traducción desde el francés del trabajo del investigador búlgaro Nicolai Georgiev, a quien menciona en el apartado bibliográfico al final del trabajo. Sin embargo, lo copió tan exactamente que incluso incluyó los errores del búlgaro.

En una profundización de la investigación se supo que el ex mandatario había copiado otras 17 páginas del autor alemán Klaus Heineman. El sitio hvg.hu concluyó que el 94 por ciento de la tesis de Schmitt era plagio.

Finalmente, luego de dos meses de afirmar su inocencia, el presidente húngaro renunció. “Según la Constitución de Hungría, el presidente simboliza la unidad de la nación. Ahora que mi situación personal divide a mi amada nación en lugar de unirla, mi deber es poner fin a mi servicio y dimitir de mi cargo de presidente”, afirmó Schmitt al comunicar su renuncia.

Informe: Bianca Di Santi.

Islandia sí rescató a la banca

Artículo original: https://elfaro.is/2018/04/07/islandia-si-rescato-a-la-banca/

Un extenso y detallado escrito en el que se explica que la idea que se tiene sobre Islandia y su relación con la banca durante la crisis de 2008 es un mito muy bien construido por políticos, grupos económicos y medios.

Resulta interesante una lectura como esta desde un país como el mío, Argentina, que ha vivido (y aparentemente lo vivirá de nuevo) una tremenda crisis económica 7 años antes que la islandesa. Ese conjunto de paralelismos y diferencias, esos manejos de algunos políticos, grupos económicos y medios nos permite ver un posible hilo conductor entre la gran cantidad de crisis económicas en diversos países y tiempos.

Al leer sobre los métodos usados por determinados medios para imponer sus posiciones por sobre la veracidad, uno no puede dejar de pensar en el grupo periodístico Clarín de Argentina, O Globo de Brasil, Televisa de México o tantos otros.

La burbuja económica previa a la crisis nos resuena al “deme dos” de la ilusoria bonanza durante la última dictadura cívico-militar, o a la compra de artículos de lujo durante la primera presidencia de Carlos Menem.

La fanfarronería con la que el presidente islandés les daba clases de economía a otros países antes de la crisis, nos recuerda al enorme ego con el que los militares, Menem (y su ministro de economía, Domingo Cavallo) o el actual presidente Mauricio Macri, desplegaban y despliegan sus enseñanzas de cómo se debe llevar adelante la economía de un país.

Y como frutilla del postre, un Milton Friedman alabando las medidas neoliberales del gobierno islandés, como él mismo y otros de su calaña alababan las medidas económicas de ciertos gobiernos argentinos.

Es algo triste y asqueante el ver tanta similitudes (y repeticiones) en estas historias económicas.

Recomendable.

El Faro de Reykjavík

eric-lluent

Èric Lluent, periodista (Barcelona, 1986)

El texto que se publica a continuación formaba parte de un libro inédito que finalmente no ha visto la luz. Debido al interés que suscita esta cuestión y los mitos que se han generado en torno a ella, el autor desea compartir este trabajo de años de forma altruista.

“La solución de Islandia para salir de la crisis: ni un céntimo para los bancos”, “Islandia rechaza en referéndum pagar por los errores de sus bancos” o “Islandia camina hacia el 2% de paro tras dejar caer a sus bancos” son algunos de los titulares que desde 2008 se han difundido en los medios de comunicación españoles y que han determinado de forma decisiva la opinión de una audiencia muy diversa que busca algún referente al que aferrarse en tiempos social, política y económicamente convulsos. Uno de los aspectos más curiosos del mito islandés es que…

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“Me gusta”, “Acepto”, “RT”: Los riesgos detrás de cada click en una red social

Fuente original: “Me gusta”, “Acepto”, “RT”: Los riesgos detrás de cada click en una red social

Experto en big data explica cómo se puede manipular a partir de los datos: “Vas adecuando el mensaje y lo insertas en internet a gran escala. Así manipulas al votante. Tienes todo para hacerlo: gran cantidad de datos y la capacidad de procesarlos, y enviar los mensajes por una red como Facebook”.

“Doy mi cabeza porque tú no leíste el contrato que firmaste con Facebook”, dispara Claudio Gutiérrez, Académico del Departamento de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, y miembro de Web Semántica. La respuesta no lo sorprende.

-Por supuesto…que no.

-¿Y apretaste “acepto, acepto, acepto”?

-Sí.

Aquí radica, afirma, la base del escándalo por la manipulación política a favor de Donald Trump que habría ejecutado la consultora Cambridge Analytica, acusada de adquirir de forma indebida  la información de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos: “Esos contratos son súper débiles para los usuarios y ellos no lo saben”, agrega.

-Uno como usuario sólo hace eso: pone aceptar.
-Nadie se lee tres páginas de un contrato que además no entiende. Ellos no le van a entregar esa información a los delincuentes comunes para que te vayan a asaltar a tu casa, pero esto es igualmente terrible: se está jugando con los datos privados de la persona, perfiles sicológicos que tienen estrictas normativas ética y, lo más grave, se está jugando con la democracia.

-¿Cómo opera?
-Big Data es una gran cantidad de datos, es un volumen inmenso de datos, como las estrellas. Son eso: datos y hay que distinguirlo de información y conocimiento. La información son los datos procesados con alguna significación. Lo que tenemos acá son muchos datos que permiten obtener información y conocimiento.

-A gran escala.
-Sí, porque en rigor esto es muy antiguo, se viene haciendo desde siempre, lo que pasa es que ahora nos dimos cuenta, porque los datos dan poder. Ahora, ¿cómo opera Cambridge Analytica? Primero, se recopilan datos. Si tienes suficientes datos sobre una persona, sabes cómo manipularla. Pasa, por ejemplo, con los sicólogos que por lo mismo tienen una ética muy estricta al respecto. Si yo tengo información suficientemente sutil sobre ti, de alguna manera te tengo capturada. El tema es cómo logro obtener esa información.

-Se la entrego a una red social.
-Ese es el punto. Esta empresa tenía un contacto en Facebook y en Facebook están los datos de las personas que se entregan de forma gratuita: fotos, likes, viajes, amigos, movimientos. Lo que hizo esta gente fue tomar esos datos, los de tus amigos, los de tu vecindad social. Con eso hacen una fotografía precisa de tu perfil casi sicológico. Eso se hace hoy masivamente porque existe una red que tiene miles de millones de personas. Aleksandr Kogan, profesor de Cambridge, ayudó en esto a la Consultora porque tenía un contacto con la empresa que posee los datos. En el procesamiento de datos usas sicólogos, sociólogos, logras hacer perfiles. Las personas que hacen marketing usan mucho esto: vamos a venderle a los niños lo que los niños quieren. No es muy distinto de lo que se hace en política. Se buscan los datos adecuados y se realizan perfiles individuales y grupales. De alguna manera dibujas, mapeas, a la población: hay gente que le gusta el fútbol y es feminista. Luego viene una tercera etapa: el microtargeting.

-¿Cómo funciona el microtargeting?
-A diferencia de la publicidad tradicional, que pone un cartel que dice “tome Coca-Cola”, acá identifico qué bebida te gusta. Si te gusta la Coca-Cola, te mando ese mensaje, pero si tú estás a dieta te digo “toma esta agua mineral”. Si tu mejor amiga postea contra los transgénicos, le digo “toma este jugo 100% orgánico y natural”. Entonces a cada uno le doy lo que quiere. Eso se parece mucho al populismo.

-¿Y así lo haces respecto de las preferencias políticas?
-Apunto a grupos que no se conocen entre sí. Entonces si tú estás a favor de mar para Bolivia, te digo que yo podría estar a favor de mar para Bolivia. A otro, que es un ultra nacionalista, le doy a entender que no estoy a favor de dar mar para Bolivia. Los dos me creen, porque es un mensaje sutil donde no queda de manifiesto la contradicción. Así te digo lo que quieres escuchar. Por cierto tiene que ser sutil y se define el tono, cómo te hablo, cuántas veces.

-¿Adecuas el mensaje a la audiencia?
-Vas adecuando el mensaje y lo insertas en internet a gran escala. Así manipulas al votante. Tienes todo para hacerlo: gran cantidad de datos y la capacidad de procesarlos, y enviar los mensajes por una red como Facebook.

-La discusión legal es que las personas no le entregaron esos datos a Cambridge Analytica, sino a Facebook.
-La discusión legal es que Facebook no le puede entregar los datos a alguien para una campaña política. Por ejemplo, no se haría, o no debería hacerse, con los datos médicos. Tú vas a una clínica y entregas datos secretos. Con los datos que le entregas a Facebook , a Amazon, a Twitter, no sabes qué se hace.

-¿Crees que se aplicó en las campañas políticas en Chile a este nivel?
-No me cabe duda de que todos, con más o menos éxito, usan esta técnica. No tengo evidencia, pero no es difícil saber que te quieren manipular: tengo tu nombre, averiguo tu rut, y a través del Servel, que dejó los datos abiertos, sé dónde vives. Parto ahí. La seguridad de datos acá es ínfima y el que tiene muchos datos y poca ética, puede hacer casi lo que quiera.

¿Existe una nueva derecha en América Latina? — CELAG

@barbaraestereo
@Ava_GD

El avance de los gobiernos neoliberales desde la segunda década del siglo XXI, ya sea por la vía de procesos electorales o por la activación de golpes en contra de la institucionalidad -como sucedió en Brasil y Paraguay-, ha hecho resurgir en el imaginario colectivo y, en particular, en el entorno de los analistas y especialistas de la política, la idea del retorno de la derecha política al poder, desde una perspectiva de “fin de ciclo” de los gobiernos progresistas latinoamericanos.

Y es que los líderes latinoamericanos, que sustituyeron gobiernos de corte progresista por vías democráticas o a punta de golpes de Estado, manifestaron en una y otra ocasión estar en las antípodas de discursos innovadores y políticas progresistas. Así, recordando el decálogo de los años ´90, Temer ha establecido en Brasil una actividad orientada a la articulación de un discurso favorable y acorde con las políticas de ajuste fiscal, reformas laborales y previsionales que contraen derechos, represión de la protesta social y privatizaciones. En Ecuador, desde que Lenín Moreno llegó al poder de la mano de Alianza PAÍS y Rafael Correa, ha hecho lo posible por desmarcarse del ejercicio progresista de su antecesor, articulando y desarrollando estrategias de acercamiento a la vieja política, por medio de –entre otras acciones– un Referéndum Constitucional con el que buscó reestructurar el sistema político basándose en el acercamiento a los poderes económicos y políticos tradicionales, así como a sus medios de comunicación. Por su parte, Horacio Cartes, el presidente empresario del Partido Colorado en Paraguay, está en la recta final de un Gobierno de amplios ajustes en todos los sectores sociales, que han impactado en el aumento de la pobreza y la desigualdad.

Argentina, un híbrido entre lo nuevo y lo viejo

Mauricio Macri en Argentina logró instalar la percepción de que existe un nuevo tipo de político innovador, que articula en sus luchas políticas las concepciones de una sociedad cosmopolita con jóvenes interconectados en la “Aldea Global”, cuya pirámide de necesidades “New Age”, los hace ser parte de un target muy diverso. Esta perspectiva de “la nueva política” de Cambiemos, ha servido también para que los consultores de la nueva derecha enarbolen sus banderas y se posicionen (convirtiéndose en best sellers y en estrellas de la asesoría política) en todos los rincones de América Latina. Pero ¿cuál es el impacto su impacto en América Latina? más allá de Macri, con todas las dudas que puede suscitar llamar a su discurso “de renovación”.

El caso de Argentina fue utilizado de arquetipo por José Natanson para definir el nuevo estilo de la denominada “nueva derecha”. Natanson encuentra diferencias sustanciales del macrismo con otros gobiernos neoliberales “clásicos” cuya máxima expresión fueron los presidentes latinoamericanos de la década del ´90. Fundamentalmente en cierta construcción hegemónica, gracias a la acertada elección de formas y targets que el Pro y Cambiemos le endosaron a la política[1].

Analizaremos punto por punto cada una de las características de la novedad, o más bien de un nuevo híbrido, en el que  lo nuevo que no termina de nacer y lo viejo que no termina de morir.

1. La profesionalización de la campaña política

Con las campañas políticas ha pasado lo mismo que con los negocios, han encontrado en las nuevas tecnologías informáticas terreno fértil para vender desde productos hasta ideas. En este sentido, Cambiemos ha logrado medir los tiempos, los modos y las formas. Si antes el problema era la falta de información hoy la desinformación es producto de la sobrecomunicación. Ya no son sólo los medios de comunicación, aunque la visualidad se imponga y confluya en los grandes medios de comunicación, “cada muro es un mundo”.

De la misma forma en que las empresas compran información para saber el comportamiento de sus usuarios y crear mejores estrategias de venta, la política ha desarrollado un mercado de propaganda política, desde la masificación de líderes políticos en redes sociales, hasta ejércitos de perfiles anónimos denominados “trolls” que logran imponer tendencias en redes. Este tipo de estrategia agresiva de venta se encuentra en las antípodas de toda la cultura política previa.

La innovación y las campañas en redes sociales llegaron para quedarse, todos los partidos políticos competitivos -aunque rezagadamente- se han adaptado y cuentan hoy con perfiles y circulación en redes –especialmente los comentarios polémicos en twitter- y presencias en programas de T.V. En este punto la derecha ha sabido capitalizar las nuevas tecnologías y establecer una ventaja, interpretando la modernidad en clave simmeliana[2], con el predominio de la forma por sobre el contenido.

2. Política económica

En cuanto a la política económica, presenta diferencias y similitudes con la década de los ´90. En primer lugar, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la Presidencia se mantuvieron el carácter estatal de los servicios públicos, aunque con sucesivos aumentos de tarifas y la baja en las jubilaciones mediante la polémica reforma previsional. Pese a ello, hasta ahora su política no ha sido la de privatizar, es decir no ha presentado una política antiestatista -aunque sí de recorte al gasto público- pero es posible que ante la inviabilidad de seguir tomando deuda sea una opción[3].

Los despidos masivos, son asunto complejo ya que no fueron de una vez sino en sucesivas oleadas. Solo durante el mes de enero de 2018 el Centro de Economía Política Argentina (CEPA)[4] ha registrado un total de 6.639 despidos y suspensiones en todo el país. Cifra que representa casi el doble que la registrada por el mismo organismo en enero de 2017 (3.692 casos) y también en diciembre 2017, donde se contabilizaron 3.346 despidos. En el desglose de los casos mencionados, casi el 60 % de los despidos corresponde al sector público y se concentran en los organismos descentralizados de la administración. Mientras tanto, el viraje hacia la supremacía del sector financiero arroja por la borda a los trabajadores del sector privado.

3. Local Vs. Público

Sin lugar a dudas la verdadera novedad de Cambiemos se desarrolló en su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, donde logró imponer un imaginario de administración eficiente y moderada, modernizando la política de transporte, la oferta cultural y el mejoramiento de espacios verdes y plazas[5]. En este sentido, tampoco presenta una innovación dado que el concepto de Alcaldización de la política[6] da cuenta de cómo en el caso chileno el régimen militar logró reformular la política, sacándola de sus escenarios históricos y trasladándola a los espacios micro –comunas–, donde transcurría la vida cotidiana de las personas, hecho que constituía una nueva institucionalidad y formaba parte del proceso de resocialización del pueblo chileno emprendido en 1973.

4. Escenificación de la política

Natanson señala un aspecto clave, el discurso de la cultura del trabajo enarbolado por lo que denomina “herederos meritocráticos”. En cuanto a su Gabinete de ministros, destaca la presencia de outsiders nuevos en la política como el actual Jefe de Gabinete, Marcos Peña, politólogo (Universidad Torcuato Di Tella). Sin embargo la coexistencia con miembros de la política tradicional como Patricia Bullrich, quien ejerció como secretaria de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios en los años 1999 y 2000, fungiendo también como ministra de Seguridad Social en los años 2000 y 2001, en vísperas del estallido social. En el mismo sentido Horacio Rodríguez Larreta, el Jefe de Gobierno porteño, no sólo pertenece a la aristocracia argentina sino que se ha desempeñado largamente en el ámbito público[7]. La novedad es la incorporación de CEOS ejecutivos del sector privado, quienes se sumaron –incompatibilidad de intereses mediante- al sector público, tales como Guillermo Dietrich o Guillermo Aranguren[8]. Sin embargo, este hecho no ha tenido mayores repercusiones en la opinión pública en parte porque la política puede consumirse como una representación de la realidad y no la realidad en sí misma. El mejor ejemplo en este sentido lo constituye la escenificación del timbreo, ficción diseñada para parecer espontánea e informal, pero al ser una ficción bien lograda consigue el mismo efecto –apelar a sentimientos, sensación de escucha y, una vez más, cotidianeidad- homologando al ciudadano con el vecino y bajando la carga política.

 5. Hegemonía cultural

Sin duda su gran logro es la apelación a una idiosincrasia New Age, una identidad global e individualista con preocupaciones ecológicas y ávidas de cuidado de uno mismo. Estos ciudadanos que adscriben a hábitos saludables   ven con buenos ojos la revalorización de lo cotidiano y lo “normal” ante lo que consideraban como una exaltación de la política por parte del kirchnerismo. “La gente quiere estar tranquila” –léase que aspiran a disminuir la centralidad de la política en su cotidianeidad-. En este sentido, suscribe a una “renovación modernizante” frente al sacrificio totalizante que le proponía como modelo de vida el Gobierno anterior.

Por último, además de la estrecha relación en términos económicos, en lo concerniente a la esfera cultural y de construcción de sentido, Cambiemos ha tenido gestos de condescendencia para con la última dictadura militar[9] [10]. Desde declaraciones oficiales negacionistas hasta el beneficio de la prisión domiciliaria a ex represores[11], sin olvidar el retorno a una política de mayor represión. En este aspecto, poca es la diferencia con políticos como Pedro Pablo Kuczynski (PPK) –quien otorgó la prisión domiciliaria nada menos que al ex dictador Alberto Fujimori-, a la reivindicación de Alfredo Stroessner por parte del candidato del Partido Colorado Mario Abdo Benítez –hijo del ex secretario privado del dictador-, de los festejos con el busto de Pinochet ante la victoria de Sebastián Piñera[12] o los elogios a la dictadura brasileña que profesara Jair Bolsonaro, candidato presidencial que se ubica en segundo lugar de preferencias, por debajo de Lula da Silva.

A modo de conclusión

En su mayoría, los nuevos gobiernos de la derecha regional no desarrollaron un cambio radical en sus discursos y tampoco en los articulados legislativos. En todo caso, hicieron un ejercicio de réplica de procesos de ajuste provenientes de finales del siglo XX. La oleada del discurso progresista impactó en menor medida en los países que mantuvieron regímenes políticos continuistas como México, donde el PRI de Enrique Peña Nieto se mantuvo firme en su enfoque de políticas neoliberales, al igual que Santos en Colombia, cuyo salto a la paz se convirtió en una nueva oportunidad para amplificar el proceso de apertura económica del país. Finalmente PPK, quien comenzó su mandato buscando apelar al apoyo de una derecha más liberal que conservadora en Perú, se encontró con un entramado mucho más conservador que el imaginado. Para subsistir no pudo recrear imaginarios globalizados como en el caso argentino, sino que desempató la grieta más honda que polariza al país -la misma que lo convirtió en presidente- inclinándose por el poder real mediante el indulto a Fujimori[13].

Ni los regímenes continuistas ni los rupturistas asumieron un cambio del eje discursivo ni tampoco una nueva forma de “hacer política”. Sin embargo, el halo del cambio sí está presente en algunas campañas, pero con poca permeabilidad en el electorado más conservador, que parece movilizarse masivamente ante posiciones “duras” en torno a la familia, el aborto, la denominada “ideología de género” y, que generalmente, están articulados en torno a actividades eclesiásticas. Un caso ejemplar es el de Costa Rica[14], en donde el líder político Fabricio Alvarado, candidato presidencial del partido de corte religioso–conservador, Restauración Nacional, ganó la primera vuelta de las recientes elecciones del país centroamericano.

Ahora bien, es cierto que en Argentina Cambiemos logró imponer una lectura de época por sobre la épica de la gestión anterior, más la época no es homogénea y su estrategia triunfal no es necesariamente extrapolable a la política latinoamericana en su conjunto. En parte porque el pentecostalismo ha logrado un gran arraigo en el imaginario social de grandes sectores y ha fortalecido la visión de una sociedad con valores conservadores: familia, trabajo e iniciativa privada[15] [16].

No se trata de que hoy –a diferencia de los contextos de dictaduras de los años ´70/´80– las derechas sean más democráticas por convicción, sino tal como sostiene Guillermo O´Donnell, las burguesías nacionales atraviesan períodos contingentes en los que pueden coincidir con la democracia. Actualmente, en los casos en que las derechas han tenido un largo rol opositor (Argentina, Ecuador, Bolivia, Brasil y Venezuela) han  logrado articular un discurso consensualista que intenta presentarse como “post-ideológico”, apelando a “los problemas de la gente”. En cambio, en otros casos donde la derecha  ha gobernado sin interregnos progresistas, las derechas no han tenido la necesidad de reactualizar -en términos generales- ni sus discursos ni sus políticas, por el contrario han consolidado su posición.

[1] Sobre el carácter “democrático” Martín Granovsky ha problematizado el concepto en su artículo ¿Derecha democrática? desde una perspectiva de democracia plena y no meramente electoralista. Sobre este punto más en: http://www.celag.org/hablamos-cuando-hablamos-democracia/

[2] Simmel, Georg; con prólogo de Carlos Astrada.  El conflicto de la cultura moderna, 1a ed. – Córdoba : Universidad Nacional de Córdoba; Encuentro Grupo Editor, 2011. En: https://rdu.unc.edu.ar/bitstream/handle/11086/1164/El%20conflicto%20de%20la%20cultura_Simmel.pdf?sequence=3&isAllowed=y

[3] http://www.celag.org/elecciones-argentina-rol-la-economia-la-politica-la-victoria-pro/

[4] https://gallery.mailchimp.com/e9c6f62a4dc825f6a9dab4e88/files/66b0b87b-9928-4763-b5bc-f0bb928362cc/Informe_laboral_enero_2018_CEPA.pdf

[5] http://www.celag.org/blancas-prolijas-y-seguras-ciudades-derechas/

[6] Valdivia, V. y Fritz, K. La alcaldización de la política: los municipios en la dictadura pinochetista. Santiago de Chile: LOM Ediciones, (2012).

[7] Horacio Rodríguez Larreta fue nombrado gerente general de la ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) en 1995 y subsecretario de Políticas Sociales en la Secretaría de Desarrollo Social en 1998. En noviembre del año 1999, fue designado interventor del Programa de Atención Médica Integral, dependiente del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados. Durante su gestión, el 29 de julio de 2000 se suicidó el reconocido cardiocirujano René Favaloro, entre otras razones, debido a la millonaria deuda que el PAMI mantenía con su fundación. Asimismo, el ministro de Trabajo Jorge Triaca es hijo del dirigente gremial y político Jorge Alberto Triaca, quien había encabezado el mismo Ministerio entre 1989 y 1992.

[8] Más información en: http://www.celag.org/cartel-ministerial/

[9] http://www.celag.org/cronica-de-una-venganza-anunciada-por-barbara-ester/

[10] http://www.celag.org/del-nunca-mas-al-2×1-los-ddhh-en-argentina/

[11] http://memoria.telam.com.ar/noticia/organismos–la-libertad-de-etchecolatz-es-un-limite_n8335

[12] https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2017/12/17/festejan-triunfo-de-pinera-con-busto-de-augusto-pinochet.html

[13] http://www.celag.org/peru-la-noche-los-indultos/

[14] http://www.celag.org/alvarado-proximo-presidente-costa-rica/

[15] http://www.celag.org/iglesias-evangelicas-poder-conservador-latinoamerica/

[16] http://www.celag.org/la-re-espiritualizacion-la-politica/

Fuente: http://www.celag.org/existe-una-nueva-derecha-america-latina/amp/?__twitter_impression=true

Populismo latinoamericano, ¿espejo o antídoto del trumpismo? | Página12

Está de moda entre los liberales más fanáticos de los Estados Unidos comparar al “trumpismo” con el peronismo argentino, esgrimiendo la analogía como una advertencia sobre el potencial apocalipsis que –temen– está a punto de envolvernos. Recientemente, Larry Summers, miembro del establishment demócrata durante décadas, planteó a través de Twitter: “Me preocupa la argentinización del gobierno de Estados Unidos”. Summers escribió el tuit después de que Trump acusara a los demócratas de traición y de que los medios informaran sobre los deseos infantiles del presidente para un desfile militar. Usó una caracterización estándar del peronismo como un movimiento autoritario, una descripción habitual que seguramente hizo asentir a muchos estadounidenses.

No son sólo los demócratas quienes tratan al peronismo como paradigma de un autoritarismo peligroso. En abril de 2009, Rush Limbaugh intervino ante el inminente rescate gubernamental de General Motors y Chrysler diciendo: “El presidente de los Estados Unidos, Barack Perón, anunciará la adquisición de Chrysler al estilo argentino”. Incluso los académicos más reflexivos han argumentado recientemente que “Perón muestra cómo Trump podría arruinar nuestra democracia sin derrumbarla”.

Sin embargo, al igual que muchos otros clichés históricos, éste es incompleto, si no absolutamente erróneo. Ignora que el núcleo del peronismo fue una visión que es el exacto opuesto del trumpismo. El peronismo lideró un proceso de expansión de la igualdad económica, la organización colectiva y la emancipación política. El trumpismo, por el contrario, se basa en las tendencias hacia la desigualdad, el individualismo y la falta de compromiso político que impregnan la vida norteamericana desde hace décadas.

De hecho, la comparación revela más sobre quienes la repiten que sobre Trump mismo. Aunque conforman el partido más liberal, los demócratas priorizan el resguardo de las instituciones liberales por sobre el avance hacia objetivos políticos, como una mayor igualdad económica. De hecho, equiparan a muchos intentos por alcanzar esos objetivos –como el peronismo– con un autoritarismo peligroso.

El peronismo y los movimientos similares de América Latina indudablemente reformularon a la sociedad y la política, desde las ideas hasta las instituciones. Pero esos proyectos, englobados bajo la categoría de “populismos” representan una amenaza menor para la democracia que la tendencia demócrata a deificar las instituciones políticas y resguardarlas a toda costa, incluso sacrificando principios subyacentes como equidad, justicia e igualdad.

En la década de posguerra, Juan Perón presidió un proceso de masiva redistribución de la riqueza en beneficio de las clases trabajadoras emergentes. En alianza con un movimiento sindical movilizado, su gobierno incrementó la intervención estatal en la economía y proveyó bienes y servicios a los trabajadores, incluyendo la atención gratuita de la salud pública y la educación para todos, así como una amplia gama de servicios sociales administrados por los sindicatos. El peronismo estableció fuertes regulaciones al capital privado y aseguró derechos y las protecciones laborales a los trabajadores sindicalizados.

A fines de la década de 1940, más del 80 por ciento de los trabajadores definían sus ingresos y condiciones de trabajo bajo un sistema de negociación colectiva, y la participación de la mano de obra en el ingreso nacional crecía por encima del 50 por ciento, un hito en la historia argentina. En un momento en que la guerra castigaba la economía mundial, la ingesta calórica diaria de los trabajadores de Argentina era de unas 3 mil calorías, superada solo en los Estados Unidos.

Durante el gobierno de Perón, la Argentina también experimentó un proceso de expansión masiva de los derechos políticos. Las mujeres votaron a nivel nacional por primera vez en 1952, y los activistas sindicales llegaron a ser embajadores, miembros del Congreso y funcionarios del gabinete.

Las transformaciones sociales de Argentina se parecieron en cierto modo a las que tuvieron lugar en los Estados Unidos durante el New Deal. Perón ciertamente pensaba eso: además del famoso llamado a elegir entre Braden o Perón el discurso que cerró su campaña presidencial en 1946 citaba párrafos enteros del segundo discurso inaugural del presidente Franklin Roosevelt. Y así, irónicamente, también lo veían políticos y empresarios estadounidenses, que constantemente invocaban el espectro del peronismo como un argumento a favor de desmantelar el New Deal, y como un oscuro ejemplo de la intervención gubernamental en la economía y la participación sindical en la política.

La idea que impulsó esos cambios en Argentina es la de derechos sociales. El peronismo y otros movimientos populistas en la América Latina de posguerra entendieron que los derechos políticos y el bienestar de los grupos económicamente desfavorecidos habían sido sistemáticamente frustrados por las élites económicas. Por eso, tenían derecho a protecciones y beneficios específicos como una “clase” –por encima y más allá de los derechos individuales como ciudadanos–, para que sus miembros pudieran ejercer el mismo nivel de influencia en la sociedad que otros detentaban individualmente. Dado que ningún trabajador individual podía ejercer tener tanto poder como un gran empresario, los sindicatos permitirían a los trabajadores alcanzar colectivamente el mismo tipo de acceso y de influencia que otros conseguían en virtud de su poder económico.

Es cierto, el peronismo empujó los límites de las instituciones democráticas, apeló a la coerción y la violencia contra sus opositores, y creó un ambiente político tóxico, sofocado con imágenes de Perón y su esposa Eva como redentores de la clase obrera argentina. Al mismo tiempo que el movimiento obrero vivió un periodo de expansión de derechos inédito, Perón indudablemente utilizó al gobierno para controlar a los sindicatos y ejercer una influencia indebida sobre los medios de comunicación. Pero el peronismo pagó un precio alto por estas acciones, asfixiando la dinámica democrática que había ayudado a crear y contribuyendo a su propia ruina.  La violencia de los años 40 y 50 bajo Perón fue mínima en comparación con los feroces ataques contra los trabajadores organizados que la precedieron. Y empalidece frente a los posteriores intentos represivos de borrar todo rastro del peronismo, incluyendo el terrorismo de Estado de la dictadura que ejerció el poder entre 1976 y 1983, terrorismo librado en nombre de “erradicar la agresión marxista y populista”.

¿Qué tiene esto que ver con Trump? Poco, si algo. Durante su primer año en el poder, el trumpismo ha sido consistente en sus esfuerzos por flexibilizar las regulaciones laborales, debilitar a los sindicatos y ensalzar los beneficios de ampliar la libertad de acción del capital. Por encima de todo, lo que hace al trumpismo tan diferente del peronismo es la correlación entre su surgimiento y la disminución del poder sindical y la creciente desigualdad en los Estados Unidos, el exacto reverso de lo que llevó a Perón al poder.

Un ataque prolongado y feroz de parte de empresarios y elites ha dejado al poder sindical de los Estados Unidos en declive desde los años 50. La afiliación y la capacidad de negociación han alcanzado mínimos históricos: el 11,5 por ciento de los trabajadores asalariados están sindicalizados y el 13 por ciento están cubiertos por convenios colectivos.

La falta de representación de los trabajadores, y no su poder creciente, impulsó el éxito de Trump. Su triunfo se basó en la crucial victoria republicana de 2011 en Wisconsin, que redujo los derechos de negociación colectiva para la mayoría de los empleados públicos. Esos avances continuaron debilitando la relación enfermiza entre los demócratas y los sindicatos en los estados del cordón industrial (Rust Belt), donde las políticas económicas de la administración de Obama –como advirtieron Joseph Stiglitz y otros– tuvieron como resultado una recuperación lenta y desigual.

El trumpismo y los matices racistas de su agenda prosperan en ese clima de desigualdad económica y de sordera política a las demandas de igualdad. Junto con los recortes de impuestos para los ricos, la administración de Trump ha avasallado a derechos de trabajadores y sindicatos de manera constante, incluyendo el agresivo desmantelamiento de las agencias reguladoras en el área de relaciones laborales, la reforma de la legislación y de los precedentes favorables a los derechos de trabajadores, y un enfoque general que beneficia a empresarios y emprendedores y desalienta la organización sindical.

La comparación de Summers entre el trumpismo y el peronismo es profundamente problemática: ignora de qué manera fundamental son dos polos opuestos, y acepta una definición de la democracia y la libertad que prioriza a las instituciones por encima de todo. Esta orientación –con su punto ciego para las demandas populares– es justamente la que ofreció una brecha para el ingreso de las recetas autoritarias de Trump y su ataque al mismo electorado impulsado por el peronismo en Argentina: la clase trabajadora y los pobres. En lugar de temer al populismo latinoamericano, quizás –como ha sugerido la politóloga Thea Riofrancos– los demócratas deberían mirarlo como un instrumento posible para construir un país más equitativo y justo. Sólo abrazando –antes que desechando– los reclamos colectivos de dignidad, y cuestionando el orden vigente, podrá el país enfrentar al trumpismo y a las causas de su ascenso al poder.

* La primera versión de este artículo se publicó en The Washington Post.

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