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El libro negro de Mark Twain | Página12

Fuente original: El libro negro de Mark Twain | Página12

Mark Twain tenía un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la muñeca. Un día los dejaron solos en la bañadera y uno se ahogó. El chapoteo en el agua había desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cuál de los dos había muerto. “Desde entonces no sé si yo soy yo o mi hermano”, remataba siempre la anécdota aquel hombre que adoraba tanto las historias apócrifas sobre su persona, que llegó a declarar alguna vez: “Mark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas”.

Hasta sus fechas de nacimiento y muerte parecen alimentar lo mítico: vino al mundo con el cometa Halley en 1835 y partió con él cuando volvió a pasar por la Tierra en 1910. A los doce años, luego de la muerte de su padre, dejó la escuela y entró a trabajar como aprendiz en una imprenta, luego fue grumete en aquellos barcos de rueda que recorrían el Mississippi. Evitó la Guerra Civil porque no quería pelear del lado de los esclavistas, partió a Nevada tentado por su hermano, en plena fiebre del oro. Ponerse a escribir fue el Plan B cuando fracasó el Plan A.

El periodismo le dio dinero y alta exposición. En 1870 se casó, tuvo tres hijas y un varón que murió de difteria a los dos años. Con esas tres hijas y su esposa se mudó a un castillo en Connecticut, que pagó con las ganancias de su libro La edad dorada, donde retrataba la codicia de los millonarios norteamericanos. A partir de entonces comenzó su propia edad dorada: publicó Aventuras de Tom Sawyer, Príncipe y mendigo y Aventuras de Huck Finn (lo que llevó a William Faulkner a declarar, cincuenta años después: “Toda la literatura norteamericana viene de los bolsillos del chaleco blanco de Mark Twain”) y también dio rienda suelta a su falta de criterio comercial: además de dilapidar su fortuna financiando inventos que invariablemente fracasaban, llevó a la quiebra su propia editorial, algo que parecía imposible luego de los dos exitazos con que la había iniciado (su Tom Sawyer y las Memorias del general Grant).

A los cincuenta y seis años debió salir de nuevo a los caminos, a dar conferencias y escribir para los diarios que le pagaran más. Aceptó una gira por Europa que le permitiría pagar sus deudas. Partió con su esposa, sus hijas y una novela que estaba escribiendo. Ninguno de sus libros hasta entonces le había llevado más de seis meses; éste le llevaría trece dolorosos años.

La idea de Twain era contar la visita de un joven Satán a la Tierra. Dos veces debió abandonar la historia. La primera cuando su hija favorita, Susy, murió de meningitis en Connecticut (había viajado a ver en qué condiciones estaba la casa familiar; la encontraron muerta en esa misma casa, sola, junto a una carta ilegible de 47 páginas). La segunda cuando su esposa Livy murió en el palacio que alquilaban en Florencia (la propietaria del palacio, la condesa Massiglia, prohibió que la enferma yaciera en el dormitorio principal, por temor a futuros contagios).

Enloquecido de pena, furioso contra la religión en general y contra la Ciencia Cristiana en particular (su hija Susy se había puesto en manos de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Christian Science), Twain reformuló la novela que estaba escribiendo: ahora no hablaba del Diablo sino sobre Lo Oscuro, aquello que yace en el fondo de todos nosotros, lo que vemos y lo que no vemos de nosotros mismos. Usando sus recuerdos juveniles como aprendiz de impresor y aquella estadía en Europa, ambientó su novela en un castillo de Austria, en los primeros tiempos de la imprenta, cuando la Inquisición aún castigaba con la hoguera todo lo que pareciese brujería. En ese castillo hay un taller de imprenta clandestino, adonde se presenta en las primeras páginas un misterioso aprendiz llamado simplemente 44. Así se titulaba el libro: 44.

Antes de partir a Europa, Twain se había fascinado con los hermanos siameses Chang y Eng del circo Barnum & Bayley. En sus diarios imaginaba a uno borracho mientras el otro bebía, a uno pensando mientras el otro hablaba. Años más tarde anotó en sus diarios: “Hay dos personas en nuestro interior: el que está despierto y el que aparece cuando dormimos, que se separa de nosotros y puede vagar por donde quiera, haciendo lo que no nos atrevemos a hacer despiertos. Los actos y las palabras de una persona son sólo una ínfima parte de su vida. Su vida verdadera se da en su cabeza y ni siquiera esa persona la conoce. Todos los días, durante todo el día, el molino de su mente muele y tritura esa masa que bulle sin descanso mientras duerme”.

De eso trataba su libro, debajo de toda la parafernalia de época. De eso y de su odio contra la religión. Twain usó 44 como catarsis y como respiro de aquella dolorosa catarsis: escondió, debajo de su proverbial encanto y maestría verbal, ese fuego negro que bullía en su interior contra la superstición, la codicia, la esclavitud, la prepotencia del poderoso y la propia ignorancia. Leerlo es ponerse en sus zapatos: uno puede deslizarse gozoso por su superficie como si patinara sobre hielo y al mismo tiempo ver con escalofríos los monstruos que yacen debajo de esa capa de hielo, en lo profundo de nuestro corazón.

No fueron fáciles los últimos días de Twain: la menor de sus hijas murió de epilepsia y la única hija sobreviviente, Clara, abrazó la Ciencia Cristiana y se casó por esa iglesia. El libro quedó inédito a su muerte. Siete años más tarde, aquella hija convenció al albacea de Twain para publicar una versión del libro, que no alcanzó a cumplir su cometido (generar dinero): pasó sin pena ni gloria en Estados Unidos, aunque tuvo cierto éxito en traducción (en nuestra infancia se lo conocía como El forastero misterioso). Hubo que esperar medio siglo, hasta que esa hija pasó a mejor vida, para que se supiera que aquella versión no era el libro de Twain: había sido cercenada y manipulada por el albacea (Albert Bigelow Paine), con la anuencia de Clara y la ayuda de un editor religioso llamado Frederick Duneka. Entre los tres suprimieron el 25 por ciento del texto (las “profanidades” según ellos), inventaron un personaje que era astrólogo y le adjudicaron torpemente todas las acciones que en el libro realizaba un maligno cura de la Inquisición y todas las sospechas sobre lo diabólico que estremecen a los cándidos personajes del libro.

Lamentablemente, cuando 44 por fin se publicó, hace poco, fue en una editorial universitaria muy seria de California: nadie ajeno al mundo académico se enteró, razón por la cual hasta el día de hoy son más los lectores que conocen El forastero misterioso que los que saben de la existencia de 44. El último gran libro de Mark Twain, el lado más oscuro del hombre que nos dio las primeras alegrías literarias, lleva un siglo escondido debajo de una copia vil, que apesta a santurronería y a humo de Inquisición. Es un acto de justicia, además de una celebración, que hoy se dé por fin a conocer en nuestro idioma.

* 44, de Mark Twain, acaba de ser publicado por Tusquets, en su colección Rara Avis.

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Frase de Voltaire.

Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo.

El sostenimiento estatal a la Iglesia Católica | Op… | Página12

En los últimos días, se ha instalado en la agenda pública la discusión en torno a uno de los tantos aportes económicos que realiza el Estado a la Iglesia católica. Puntualmente, el de las asignaciones que reciben los arzobispos y obispos. Esa erogación responde al Decreto-Ley Nº 21.950, sancionada en 1979, que prescribe el otorgamiento de una asignación mensual a los arzobispos y obispos con jurisdicción sobre arquidiócesis, diócesis, prelaturas, eparquías y exarcados del Culto Católico Apostólico Romano. Se ha argumentado que esa normativa, junto con otras que contemplan contribuciones con fondos públicos a la formación del clero y a curas párrocos o vicarios ecónomos de parroquias situadas en zonas de frontera, “interpretan” el espíritu del artículo segundo de la Constitución Nacional, que hace referencia al sostenimiento del culto católico por parte del gobierno federal.

La controversia no es nueva. Dos décadas atrás, al interior de la propia Conferencia Episcopal Argentina, el entonces arzobispo de Resistencia, Carmelo Giaquinta impulsó un proyecto –el Plan Compartir–, orientado a generar una mayor concientización de la feligresía católica en el sostenimiento de su culto en paralelo a la renuncia de los aportes económicos estatales. Más allá de las loables intenciones, la iniciativa no llegó lejos.

Es pertinente aclarar que los 130 millones de pesos que actualmente el gobierno dice entregar a la Iglesia católica en concepto de asignaciones para su jerarquía es apenas una pequeña porción, si los comparamos con los subsidios recibidos por sus establecimientos educativos, sus organizaciones caritativas y productivas. O incluso, si los cotejamos con los ingresos propios de la institución católica. Focalizar el debate en el “salario” de los obispos puede resultar mediáticamente fructífero en términos de audiencias, pero desde el punto de vista analítico, es a todas luces superficial e insuficiente.

En ese sentido, debemos advertir que no sólo cuestiones monetarias marcan una situación jurídica privilegiada de la Iglesia católica. Elementos simbólicos que se enmarcan en un trato preferencial por parte del Estado también refuerzan ese estado de situación. La institución católica detenta una personería jurídica de carácter público, al igual que el Estado Nacional, las Provincias y los Municipios. Las iconografías católicas que decoran organismos oficiales y la convocatoria para la realización del Tedeum no están prescriptas en la legislación, pero su permanencia y continuidad denota con claridad el indiscutido y naturalizado papel protagónico que detenta la Iglesia católica en el escenario público argentino.

Ahora bien, salvo algunas excepciones, las propuestas “igualitarias” que emanan de referentes religiosos de otros cultos apuntan a obtener las mismas prerrogativas del catolicismo, proyectando un formato estatal de carácter pluri-confesional. En otras palabras, la “equidad” religiosa no vendría de la mano de un Estado más autónomo, garante de la libertad de conciencia que supone también el derecho a sustentar una convicción de indiferencia hacia lo religioso; sino de un poder civil ya no entrelazado con una sino con varias religiones en simultáneo.

En las antípodas, debemos situar a modelos como el italiano o el alemán, en el que cada ciudadano/a indica si desea destinar parte de sus contribuciones a algún culto en particular o a ninguno. No son las estructuras institucionalizadas de los poderes religiosos las que definen los aportes estatales, sino la ciudadanía es quien ejerce el derecho a decidir la direccionalidad de una parte de sus impuestos.

Sin duda, otro paradigma imbuido del reconocimiento de derechos ciudadanos. Como podrá advertirse, la discusión de fondo entonces no se centra en qué recibe un obispo del Estado, sino en el tipo de vínculo que se establece entre el Estado, las instituciones religiosas y la sociedad. No pareciera ser éste el eje subyacente al debate instalado en nuestro país. Ni por quienes pretenden dirigir la agenda pública, ni por quienes buscan la equidad de cultos “colonizando” al Estado.

De todos modos, independientemente de las motivaciones de aquellos que han colocado el financiamiento estatal del culto en la mesa de discusión, vale la pena no dejar pasar la oportunidad para impulsar transformaciones que armonicen la legislación respectiva con los principios de la libertad de conciencia y el respecto por la diversidad, normas fundamentales para una convivencia democrática.

Q Investigador del Conicet. Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales/UBA.

A través de El sostenimiento estatal a la Iglesia Católica | Op… | Página12

Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá – Humor – Taringa!

Las últimas palabras de la gente se quedan con nosotros durante mucho tiempo, pero los recuerdos se borran y la piedra no. A menos que te incineren y acabes en una urna, tus restos suelen acabar en una tumba, y eso significa una cosa: tienes una última oportunidad de entretener a aquellos que se acerquen y estos son 40 ejemplos muy claros.
1. Gay veterano de Vietnam: cuando estaba en el ejército me dieron una medalla por matar a 2 hombres, y me despidieron por amar a otro
Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá
2. Si puedes leer esto, estás parado sobre mis tetas
cuyo
3. Te dije que estaba enfermo
tumbas
4. Criamos a 4 bellas hijas con un solo cuarto de baño, y aún así había amor
personas
5. Esperaba una pirámide
Ingeniosas
6. Ahora sé algo que tú no
humor
7. Aquí yace un ateo. Tan bien vestido y sin tener a donde ir
pervivira
8. Al fin encontramos sitio para aparcar en Georgetown
Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá
9. M U E R T O
cuyo
10. “Eso es todo, amigos” – Mel Blanc, el hombre de las 1000 voces
tumbas
11. Ouija en la tumba
personas
12. Lárgate, estoy dormido
Ingeniosas
13. La mierda ocurre
humor
14. Vine aquí sin ser consultado y me marcho sin mi consentimiento
pervivira
15. Destinada a ser una mujer con demasiados gatos
Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá
16. Maldita sea, está oscuro aquí abajo
cuyo
17. Ella siempre decía que los pies la estaban matando, pero nadie la creyó
tumbas
18. Al tío Walter le encantaba gastar, y al final no tenía dinero, pero con muchos whiskys y muchas esposas realmente disfrutó su vida
personas
19. CULO: piensa en mi y sonríe
Ingeniosas
20. Jesús llamó y Kim respondió
humor
21. Veo a personas tontas
pervivira
 22. Es un asco ser yo
Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá
23. Un solo sentido, no entrar
cuyo
24. Oh bueno, lo que sea
tumbas
25. Nunca mató a un hombre que no necesitara matar
personas
26. No digas tantas malditas tonterías
Ingeniosas
27. Gracias por acercarte, pero a menos que seas un verdadero demócrata que cree y apoya los principios de los sindicatos, por favor, sé breve
humor
28. Soy un escritor, pero nadie es perfecto
pervivira
29. Bien, esto es un asco
Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá
30. Sabía que esto iba a pasar
cuyo
31. Aquí yace George Johnson, ahorcado por error en 1882. El tenía razón, nosotros estábamos equivocados, pero lo ahorcamos y ahora se ha ido
tumbas
32. Nunca quedé satisfecho… Volveré
personas
33. Aquí yazgo, pero no llores, porque un día también tú morirás
Ingeniosas
34. El doctor le atenderá pronto
humor
35. La vida es un asco y luego te mueres
pervivira
36. Aquí yace el p*to mejor fabricante de alcohol ilegal que haya vivido nunca
Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá
37. Psíquica / Los diamantes son el mejor amigo de una chica / Lectura de mano 5$
cuyo
38. Se supone que iba a vivir hasta los 102 años y me dispararía un marido celoso
tumbas
39. Mi hermano era bueno cabreando a la gente
personas
40. Qué mal… lo pasamos bien
Ingeniosas

A través de Ingeniosas tumbas de personas cuyo humor pervivirá – Humor – Taringa!

Quitar los frenos del coche es una opción personal | C&EN en español | Divúlgame

Puede que los científicos digan que los frenos salvan vidas, pero prácticamente en todos los accidentes de coche se pisa el freno por un ataque de pánico — ¿sabías que antiguamente los coches no tenían frenos?

Es cierto: hubo un tiempo en que lo habitual era utilizar el freno motor. Y en aquellos tiempos, he oído que había muchas menos víctimas de accidentes de coche (y ninguno implicaba el uso de frenos, porque ¡no existían!). Pagamos a los mecánicos para que revisen nuestros frenos; y lo que hacen es enfermarlos (los frenos pueden deformar los rotores) y luego nos cobran por repararlos. Todo el mundo sabe que los mecánicos son, en general, unos estafadores — ¿por qué no iban a serlo si siempre se salen con la suya?

El gobierno quiere obligarnos a tener frenos, pero llevar frenos o no llevarlos es una decisión personal. Infórmate bien y toma tus propias decisiones, por ti y por tu familia.

Así que hablé con mi mecánico de quitarme los frenos del coche y me sorprendió desagradablemente lo mal que me trató. Me acusó de ser un ignorante, y eso que averigüé cuál era el momento de torsión rotacional que los frenos pueden llegar a ejercer en los rotores. ¡¡¡Ni siquiera sabía el momento de torsión máximo que un rotor puede soportar antes de deformarse!!! Me dijo que “los rotores han sido diseñados para recibir presión, eso no es un problema” ignorándome completamente.
Y entonces tuvo la CARA de decirme que mi elección personal tenía consecuencias, que afectarían a la gente de mi alrededor. Ya he terminado con él, estoy buscando un nuevo mecánico. El problema es que tantos mecánicos han sido comprados y reciben dinero de la industria automovilística que TODOS ellos insisten en que mi coche debe tener frenos. La mayoría ni siquiera le echaría un vistazo a mi coche por otras razones, alegando que un coche sin frenos podría causar daños a su establecimiento y a otros coches. Qué montón de gilipolleces, simplemente no les gustan aquellos que creen en técnicas de frenado alternativas.

Es evidente que el gobierno está implicado, porque dice que DEBO llevar frenos. Que no es sólo una cuestión mía, y que podría herir a otras personas. ¿Qué ha pasado con la elección personal? ¿Qué ha pasado con la libertad?

Fragmento de I’m an Anti-Braker [Encouraging an Informed Polity]
Artículo original publicado por Cory Doctorow en boingboing

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El futuro no es eso que cuentan en las charlas TED

Una nueva casta de gurús tecnológicos predica la inmortalidad, la felicidad eterna y la liberación del trabajo. Su “buena nueva” viene disfrazada de ciencia y financiada por grandes fortunas que pagan para que les cuenten lo que quieren oír. Pero las cosas quizá no sean como las cuentan los sacerdotes de la disrupción.

“Dentro de 20 años no habrá muerte, ni enfermedades, habrá tecnología para todos y desaparecerán los límites del conocimiento: nadie volverá a decir ‘yo no sé’”. Si usted cierra los ojos y escucha las palabras de José Luis Cordeiro podría llegar a pensar que está en misa, a punto de llegar al relato de la resurrección. Pero no está escuchando las promesas de un sacerdote o un predicador, sino del gurú tecnológico de moda, que va de evento en evento como miembro fundador de la Singularity University y hace todo tipo de promesas en nombre de la ciencia, algunas disparatadas. “Yo personalmente no pienso morir. Es más, pienso que en 30 años voy a ser más joven que hoy, gracias a los avances de la ciencia y la tecnología”, aseguraba en su famosa entrevista con Iñaki Gabilondo en el programa “Cuando yo no esté”. “Vamos a crear una civilización post-humana que va a ser casi igual a Dios”.

“Disruptivo” se ha convertido en el equivalente a “cuántico” en el mundo de las pseudociencias

 El caso de Cordeiro no es único. Pertenece a una clase de intelectual que está especialmente en boga en los últimos tiempos y que han convertido esta suerte de “futurología optimista” en una forma de vida. Su especialidad es dar charlas para motivar a las élites y diseminar “ideas que merecen ser difundidas” y que pretenden cambiar el mundo al amparo de grandes empresas tecnológicas. Algunos analistas, como Daniel Drezner, los han identificado ya como los nuevos “líderes de pensamiento” que han sustituido a los viejos intelectuales. Pero, a diferencia de estos, que ponían en cuestión el estado de las cosas, los nuevos “pensadores” se dedican a agasajar a los poderosos, justificar su posición y vendernos la existencia de un paraíso tecnológico donde todos seremos felices.

La receta para triunfar como un vendedor de ideas es sencilla. “Busca alguna tendencia global curiosa – cuanto más oscura mejor”, propone el crítico Evgeny Morozov. “Traza una línea recta que lo conecte al mundo de las aplicaciones, los coches eléctricos y las empresas de capital riesgo de la bahía de San Francisco. Menciona robots, a Japón y la ciberguerra. Utiliza diapositivas brillantes que contengan mapas y visualizaciones incomprensibles pero impresionantes. Mézclalo todo bien y sírvelo en múltiples plataformas”. Con todo esto ya tiene los elementos para montar una charla TED inspiradora, llena de ideas que provocan el alborozo en los asistentes y cuya veracidad nadie se cuestiona. Porque no importa tanto que los hechos que se relatan sean reales como que correspondan a aquello que estamos deseando oír y al futuro que nos apetece soñar.

La idea de la disrupción ha dado lugar a la gran fábrica de vendemotos del siglo XXI

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir invitado a un gran evento de marketing online en el que se reunían profesionales de la venta de nuevos conceptos. En este ámbito han proliferado especialmente los vendedores de la “innovación” y otros ‘palabros’ rimbombantes con poderes para cambiar la realidad con solo pronunciarlos. Cuando trataba de salir de allí, rodeado todavía de coaches, content curators y digital evangelists, me topé con el final de la charla que un director de marketing de una gran multinacional ofrecía en uno de los auditorios. “Para que las nuevas ideas entren tienen que salir las viejas”, advertía ante decenas de espectadores encandilados. “El mayor inhibidor al cambio y la innovación son las ideas ortodoxas y preconcebidas que nadie se ha atrevido a cuestionar”.

Entonces, con una diapositiva en pantalla de las instalaciones de Cabo Cañaveral, desde las cuales se lanzaban los transbordadores de la NASA, el orador nos contó que los ingenieros estaban especialmente frustrados porque necesitaban hacer cohetes más grandes, para trasladar más combustible, pero habían estado limitados por el ancho de las vías del tren. Y estas no podían ser más anchas porque los primeros ferrocarriles en EE.UU. fueron construidos un siglo antes por ingenieros ingleses, quienes en su momento habían seguido el trazado de las antiguas calzadas romanas, que tenían aquel ancho porque los romanos viajaban en un carro tirado por dos caballos. Al final, resumía, el ancho del culo de los caballos había limitado la carrera espacial. “Como los romanos viajaban en un carro tirado por dos caballos los ingenieros de la NASA no tienen más capacidad de mandar cohetes al espacio”, concluyó. “Un ejemplo de como una ortodoxia que nadie se ha atrevido a cambiar durante más de 2.000 años impide la innovación en un sitio tan innovador como es la NASA”. Y fue arropado por un caluroso aplauso.

El problema de la explicación sobre la historia de los cohetes es que es falsa. A poco que uno sepa algo de ingeniería e historia espacial – o que haga una pequeña búsqueda – sabrá que los túneles y las vías nunca fueron una condición limitante para el tamaño de los propulsores, sino más bien los factores relacionados con la masa y el empuje necesario para salir de la atmósfera. Ni la historia sobre el ancho de vías es lineal, pues hubo variaciones dentro de EE.UU. que influyeron en el desarrollo de la guerra civil y las ha habido entre países. Pero la historia relatada aquella mañana por el gurú del marketing nos encanta y nos impacta porque es sencilla y encaja con lo que nos gusta escuchar sobre la innovación y las ideas nuevas. Un mecanismo parecido al que utilizaba el joven talento Jonah Lehrer en sus libros divulgativos, en los que trenzaba anécdotas y hechos históricos para explicar cómo hemos ido cambiando el mundo. Hasta que se demostró que inventaba datos y anécdotas, como la serie de citas que atribuyó a Bob Dylan y que éste nunca había pronunciado.

Este tipo de divulgación es solo autoayuda recubierta por el caramelo de la ciencia

Este mercado de las ideas motivadoras y vacías tiene un público masivo. Algunos autores se han especializado en este tipo de divulgación que no es otra cosa que autoayuda recubierta por el caramelo de la ciencia. Prestigiosos autores como Malcolm Gladwell o Parag Khanna generan su discurso a partir de la selección tramposa de datos (la falacia de supresión de pruebas o cherry picking) y crean un espejismo de comprensión de la realidad con un juego de manos cargado de voluntarismo. Un juego de manos muy rentable y bastante engañoso, pues genera en la sociedad la sensación de que tenemos un porvenir maravilloso a la vuelta de la esquina y olvida que la historia del progreso no siempre avanza en línea recta y se puede perfectamente ir hacia atrás o darse un buen “trumpazo”.

Cordeiro y todos aquellos que hablan de “disrupción” pertenecen a una categoría especial de nuevos líderes del pensamiento, procedentes de la escuela fundada a partir de Ray Kurzweil y su predicción sobre la singularidad tecnológica, el día en que la Inteligencia Artificial supere a los humanos, que fechó para 2045. Sus seguidores también son aficionados a pensar en las posibilidades tecnológicas de los humanos del futuro, lo que se ha dado en llamar “transhumanismo”. A menudo, como hace el propio Cordeiro, ofrecen fechas concretas para este cambio disruptivo, siempre lo suficientemente lejanas como para no tener que dar muchas explicaciones si no se cumplen. “En 2029 usted no va a saber si yo soy una máquina o no”, le dice Cordeiro a Gabilondo, que levanta la ceja. “Y en 2045 las computadoras tendrán la inteligencia acumulada de toda la humanidad. Será la singularidad tecnológica”.

Las predicciones siempre son suficientemente lejanas para no tener que dar explicaciones si no se cumplen

Con independencia de si los robots dominarán el mundo en unos años o no (ahí tienen a Asimo, el robot más avanzado del mundo, al que le dura la batería 40 minutos), lo que parece innegable es que la idea de la disrupción se ha convertido en la gran fábrica de vendemotos del siglo XXI. Y al vendemotos se le distingue fácilmente por el tipo de afirmaciones que hace y porque sus palabras suenan más como las de un oráculo que como las de un científico.

Por razones de trabajo tengo la oportunidad de hablar a menudo con científicos que son pioneros en su campo y trabajan expandiendo los límites del conocimiento en tareas que tendrán un gran impacto en el futuro. Cuando uno habla con expertos como Manuel Collado o María Blasco en materia de longevidad, por ejemplo, lo que encuentra son declaraciones llenas de prudencia y muy pocas predicciones grandilocuentes. Algunos de ellos son tan prudentes que cuesta sacarles un titular. Cuando entrevisto a un gurú de las ideas, como Aubrey de Grey, lo que sucede es justo lo contrario. A las primeras de cambio le explica a uno que “los primeros humanos que han vivido mil años ya han nacido” o que “vamos a curar la muerte” como si fuera un resfriado. Lo mismo pasa con otros personajes como Kevin Warwick o Neil Harbisson, se han construido una vida de ciborgs y van por ahí convertidos en una especie de “mujer barbuda 3.0” que explica cómo serán los humanos del futuro. El problema es que algunos, como Warwick, llevan veinte años diciendo que en 10 años seremos todos como él, y aquí seguimos, sin que nos salgan ni las antenas ni las cuentas.

Algunos se han construido una vida de ciborgs y van por ahí como una especie de “mujer barbuda 3.0”

Personalmente no tengo nada contra las ideas de Kurzweil y el transhumanismo. De hecho las considero atractivas como motor de debate y agitación, y la existencia de estas figuras inspiradoras y pioneras quizá sea imprescindible para el avance. Me gusta la ciencia ficción, la ciencia especulativa y el ejercicio de soñar despiertos con el futuro. Ahora bien, no soporto a aquellos que en defensa de la ciencia terminan defendiendo una suerte de pensamiento mágico y una fe ciega en el progreso indistinguible de la fe religiosa. Cuando Cordeiro dice que “en 20 años vamos a tener las primeras colonias humanas en Marte”, yo miro a mi alrededor y veo cómo están los presupuestos de la NASA y las posibilidades reales de exploración con humanos en los próximos años. Cuando le escucho decir que vamos hacia un mundo sin trabajo, miro a mi alrededor y veo un mundo en el que los robots no hacen falta porque ya tenemos semiesclavos. Cuando dice que la basura no va a a existir y que viviremos en un mundo hermosamente avanzado, veo las montañas de plástico en las islas del Pacífico y la escalada del tráfico global de productos innecesariamente embalados. Y me da la risa.

El resquicio que permite ganarse la vida vendiendo el futuro es el mismo que permite vender aire embotellado o parcelas en la luna. Por supuesto, los vendedores del sueño tecnológico tienen todo el derecho a proclamar su mensaje y vender su nada embotellada, pero creo que deberíamos denunciar que están intentando hacer pasar por ciencia lo que es pura charlatanería. Como consecuencia de esta obsesión, en el entorno tecnológico la etiqueta “disruptivo” se ha convertido en el equivalente al término “cuántico” en el mundo de las pseudociencias. Suena real, sofisticado y revolucionario, pero es una mentira empaquetada y con un lacito. Y las mentiras son mentiras, aunque las pague Elon Musk, el teatro esté lleno de inversores de Silicon Valley y en el escenario haya un tipo con unas Google Glass tirándose el pisto.

A través de El futuro no es eso que cuentan en las charlas TED

La vacunación no es opinable: es una obligación y una responsabilidad social – Buena Vibra

https://buenavibra.es/movida-sana/salud/la-vacunacion-no-es-opinable-es-una-obligacion-y-una-responsabilidad-social/

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