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El rico no paga | El discurso capitalista, la figura emblemática que lo encarna y los lazos sociales | Página12

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“La grasa militante”, “no se puede gastar lo que no se tiene”, “las tarifas no son caras, por eso van a seguir aumentando”, son frases que hemos escuchado o escuchamos en algunos casos hasta el cansancio los últimos tiempos, donde como es previsible nunca son dichas en primera persona. La grasa que sobra es siempre la de otro, siempre es el otro quien gasta lo que no tiene, nunca quien dice la frase, eludiendo que el problema es en realidad cómo se decide gastar lo que se tiene, o bien, que las tarifas no son caras es obvio que es así, pero solo para quien no tiene ningún impedimento económico. Quienes emiten estas frases no están expuestos a ninguna privación que vayan a producir las consecuencias de las políticas que implica sostener dichas afirmaciones.

Más allá del enojo que provoca escuchar su reiteración cual verdades reveladas, también ponen de manifiesto y encarnan un modo particular de lazo con el otro, que tiene dos variables, por un lado la consolidación del discurso capitalista y por otro el personaje del rico como quien encarna desembozadamente dicho discurso. En estas líneas intento articular ambas variables.

Lo que en psicoanálisis llamamos discurso es lo que permite tanto establecer un lazo social, como volver inteligibles los diferentes modos de relación que se producen entre los sujetos, es decir darle una lógica discursiva a la forma en que los hombres se relacionan.

Desde esta perspectiva, el discurso no necesita ni refiere a las palabras, sino que su función es regular la relación entre diferentes actores de lo social, por ejemplo entre el amo y el esclavo en la antigüedad, entre el capitalista y el proletariado en la modernidad, entre el médico y el paciente, el analista y el analizante, o bien entre el saber y el estudiante, con su variante respecto de la búsqueda de saber que es inherente al discurso de la histeria.

En la actualidad y desde hace ya al menos dos siglos, podemos afirmar que prevalece el discurso capitalista. ¿Qué significa o bien cuál es el alcance de plantear el predominio de este discurso?

El discurso capitalista es una variante del discurso del amo antiguo que se produce a partir de factores históricos y culturales. En relación al primero, a los factores históricos, fundamentalmente el triunfo del protestantismo y del liberalismo económico, donde la riqueza pasa a ser una forma de bendición y de pre-destinación respecto de la salvación divina. Esto implica que están por un lado los “elegidos”, que son los que se enriquecen, deciden y ordenan y por otro los “no elegidos”, a los que les resta trabajar como proletarios.

Entre los factores culturales nos encontramos con una modificación respecto del estatuto del saber, que pasa a funcionar como una mercancía más de la que se apropia el capitalista. Dicha modificación no es ajena a la época donde prevalece la técnica, cuyo fundamento no refiere a nada técnico sino que remite a un modo de intentar apropiarse de lo real que consiste en pensarlo como un recurso del cual extraer el máximo beneficio. Lo real puede referir acá tanto a la naturaleza como a los sujetos, basta para ello situar que cuando se habla de “recursos humanos” o bien de “capital humano”, se pone en juego esa lógica que reduce al sujeto a un recurso al que sustraerle el mayor beneficio. Es por esto que el saber pasa a ser entonces una propiedad, un recurso más, y un instrumento que tiene valor de uso y de cambio.

En el seminario “El reverso del psicoanálisis”, Lacan va a señalar que el proletariado ha sido efectivamente desposeído, pero no solo, agrego yo, de los medios de producción, sino fundamentalmente de la posesión de un saber, lo que lo transforma en un objeto consumible como los otros. Quien posee ahora ese saber es el amo moderno, o bien el capitalista.

La conjugación de estos factores, el protestantismo por un lado (si bien luego se extiende mucho más allá y no queda reducido a la ética protestante) y el lugar del saber por otro, provocan esa modificación que señalaba del discurso del amo transformándolo en el discurso capitalista.

¿Qué caracteriza a dicho discurso? Se distingue por su rechazo y expulsión de lo simbólico. Se trata del rechazo de lo que produce diferencia, por eso a cada necesidad se le ofrece un objeto. Pero como lo que sostiene esta necesidad es una demanda de otro orden, siempre resulta insuficiente.

Como consecuencia se producen objetos “siempre nuevos y necesarios”, mercancías, que intentan fallidamente el encuentro con una satisfacción absoluta, y ante el fracaso inevitable relanzan la carrera infinita de uno a otro. Claro que lo que también oculta esta carrera y esta oferta interminable es la extracción de la ganancia o bien de la plusvalía.

Otro rasgo fundamental de este discurso es que al intentar excluir lo simbólico atenta también contra el lazo social, ya que dicho lazo no es con el otro sino con los objetos. Si el discurso, como señalaba al principio, es lo que hace inteligible y a la vez produce un lazo entre diferentes actores de lo social, el discurso capitalista ya no lo genera entre los sujetos, sino que es de un sujeto, que tiende a estar cada vez más aislado, con un objeto, ya que aun si se trata de un semejante, desde esta lógica, el otro es un “recurso humano” a utilizar o desechar.

Entonces: rechazo de lo simbólico, producción de objetos, de plusvalía, y lazo con objetos o bien con sujetos reducidos a ser “recursos”, lo cual ataca el lazo social, serían los rasgos distintivos de este discurso que impera.

Dicho predominio hace subir a escena a un nuevo personaje: el rico, que detenta dicha condición en tanto poseedor de riqueza, y que es quien no solo se apropia de lo que otros producen, sino que se dedica a sumar plusvalía, suma riqueza a la riqueza, por supuesto siempre la suya. Por eso no puede medir cuánto tiene, es incalculable, definición posible del rico como aquel que perdió la cuenta de sus posesiones.

Y este personaje tiene también un rasgo fundamental no ajeno a esto último, y es que no paga. El rico no paga ya que solo se apropia de lo que producen otros sin arriesgar nada, a diferencia del amo antiguo que estaba dispuesto y de hecho arriesgaba todo.

No paga en un doble sentido, en principio en un sentido económico, ya que desde esta perspectiva en tanto no hay medida de lo que se tiene, difícil es medir cuanto sale, o bien medir un costo.

Pero fundamentalmente tampoco tiene un costo subjetivo, ya que el poseedor de la riqueza, el rico, en tanto “elegido”, se sostiene desde la posesión de los bienes, y es desde allí que todo es comprable e intercambiable, los objetos y los sujetos. Y es esa pretensión de intercambio lo que elimina la dimensión del costo, es decir la dimensión de pérdida inherente al lazo con el otro. No se pone en juego un costo subjetivo.

Por eso los puntos de contacto entre el rico y el cínico, ya que ambos se sitúan desde una posición de tener, de no estar en falta, pretendiendo encarnar al Otro que sabe y tiene la verdad.

También esto hace, y con razón, que se le atribuya insensibilidad, y no me refiero a que no tenga ningún sentimiento, no se angustie o incluso que pueda tener fallidos, sino que tal atribución es efecto de que el lazo del rico nunca es con un semejante, sino con un objeto, y si ese objeto es un gasto que no debe hacerse solo hay que eliminarlo. Es claro que el costo corre a cuenta de ese objeto eliminado, nunca a cuenta de quien lo elimina, más allá de que ese que es desechado tenga una historia, anhelos, deseos y futuro. De allí entonces la atribución de esos rasgos de insensibilidad.

El personaje del rico es la encarnación en su máxima expresión del discurso capitalista, ya que en tanto no paga, el costo siempre es a cuenta del otro y se diferencia del amo antiguo en tanto el rico es solo un hombre de negocios que no arriesga nada. Lleva también a su máxima expresión dicho discurso en tanto muestra descarnadamente la objetalización de todo lo que lo rodea, por eso sus contactos con los “no ricos” siempre tienen algo de artificial y forzado.

Quedan de lado tanto en este discurso como en este personaje las cosas del amor, ya que el amor tanto desde la posición del amante como la del amado pone en juego una falta, una carencia que siempre va a tener un carácter enigmático que no refiere a ningún objeto concreto. Si el amor es “dar lo que no se tiene…”, esta es una noción que no está presente en el rico.

Las frases que mencionaba al principio muestran entonces el carácter de una época donde predomina el lazo que produce el discurso capitalista, y donde el rico es su expresión más acabada.

Si bien desde esta lectura el rico no paga, esto no lo des-responsabiliza de sus actos, ni ante la ley ni ante quienes creyeron en ellos. Pero su responsabilidad no implica asentimiento subjetivo en tanto no pone en juego, no podría hacerlo, efecto de su posición subjetiva, ninguna pregunta acerca de su hacer como consecuencia de esa similitud con la posición cínica. Pregunta por la responsabilidad en el hacer de la que tampoco están exentos quienes creyeron.

Esto lleva a la contracara del rico, que suele ser quien se deja comprar por dicho personaje. Lacan se plantea en el seminario mencionado, ¿por qué hay quienes se dejan comprar por el rico? La respuesta es que eso crea la ilusión de que se va a participar de su riqueza, ilusión que cae estrepitosamente cuando quien se ofrece a ese lugar, se topa con que ha sido y es para el rico solo eso, un objeto consumible.

Es algo similar al chiste de la rana y el escorpión (podemos imaginar a quién representa cada uno de los animales), con la dolorosa diferencia de que en este caso el escorpión sabe nadar y por lo tanto quien se ahoga siempre es solo la rana.

* Psicoanalista.

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Señales: Relanzan la plataforma de contenidos audiovisuales que Lombardi cerró en 2016

Fuente original: Señales: Relanzan la plataforma de contenidos audiovisuales que Lombardi cerró en 2016

En la aplicación se podrán ver series y hasta el Mundial, como antes se puede utilizar desde computadoras y dispositivos móviles con Android y Apple. Los trabajadores de la TDA alertaron: CDA fue la primera plataforma de contenidos audiovisuales públicos on demand en la Argentina, antes de Netflix, Hernán Lombardi la cerró en 2016 como parte del desmantelamiento de Contenidos TDA

El Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos lanzó este jueves una nueva plataforma pública y gratuita de contenidos audiovisuales, llamada Cont.ar, que permite acceder vía streaming a programas, series, documentales, material de archivo y hasta a los partidos del mundial de Rusia.

El anuncio formal lo hizo el presidente, Mauricio Macri, desde su página de Facebook. “Los partidos del mundial, las mejores producciones argentinas y todos los contenidos públicos se van a poder ver en el celular”, escribió el primer mandatario.

“Los medios públicos son de todos y para todos los argentinos. Ahora, con esta fantástica plataforma no solo garantizamos el acceso gratuito al sistema público (radio y televisión), sino que abrimos las puertas a una variada oferta de contenidos audiovisuales y producciones privadas”, sostuvo Hernán Lombardi, ministro de Medios y Contenidos Públicos.

Y agregó: “los bienes culturales son una parte constitutiva de nuestra identidad como Nación, y ahora los argentinos los vamos a tener al alcance de la mano. Es un espacio para identificarse, para reconocerse, para emocionarse, para aprender y para disfrutar: ahí están todas nuestras historias, las que nos cuentan quiénes somos y cómo nos vemos. Además, y no menos importante, va a permitir que muchos jóvenes argentinos puedan producir y dar a conocer sus creaciones”.

Por su parte Gabriela Ricardes, secretaria de Contenidos Públicos, celebró el lanzamiento como “la enorme renovación de los medios públicos, para pasar del siglo XX al XXI y estar a la altura de los consumidores de contenidos, y poder llegar al ciudadano a través de esta nueva vía. Todos los eventos en vivo relevantes que sucedan en Tecnópolis y el CCK, las muestras, las inauguraciones, los recitales y hasta el Mundial de fútbol, se van a poder ver a través de Cont.ar”.

Con respecto a la competencia que comienza el próximo 14 de junio, estarán disponibles los 64 partidos y la mitad de ellos (todos los de la selección Argentina y las fases finales) se podrán ver en vivo.

A la aplicación se podrá acceder en todo momento y desde dispositivos como computadoras, laptops, tablets y teléfonos celulares que cuenten con una conexión a internet wifi, 3G o 4G.

Cont.ar es la plataforma que el gobierno desarrolló para poner al alcance de cualquiera, de forma gratuita, los contenidos audiovisuales de la Televisión Pública, los canales Encuentro, PakaPaka y DeporTV, además de acceder a las mejores producciones nacionales, series, espectáculos y documentales.

La plataforma digital, cuya aplicación ya está disponible para dispositivos en Google Play y AppleStore, también transmitirá los espectáculos que sucedan en el CCK y Tecnópolis, y se podrá acceder al archivo de contenidos de la Televisión Pública.

Para ingresar a Cont.ar se debe ir a la url www.cont.ar o por las aplicaciones móviles y para usarla no es necesario registrarse.

Según se informó, cada contenido fue codificado en cinco calidades diferentes y se adapta al ancho de banda del que disponga el usuario final: si la velocidad de conexión baja, se reduce la calidad del video pero la reproducción no se detiene. La plataforma puede emitir contenidos generados en 3D, 360, y VR (Realidad Virtual).

Frase de Paul Goodman.

La organización de la sociedad estadounidense es un sistema entrecruzado de semi-monopolios notoriamente venales y un electorado notoriamente ignorante, engañado por unos medios de comunicación notoriamente fraudulentos.

Enlace a la información de Paul Goodman en Wikipedia.

Allende, el precursor olvidado | Página12

Fuente original: Allende, el precursor olvidado | Página12

Es bien sabido que con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 América latina y el Caribe reanudaron su marcha hacia su Segunda y Definitiva Independencia. El ascenso de Hugo Chávez a la presidencia de lo que luego sería la República Bolivariana de Venezuela es usualmente considerado como el segundo hito en esta larga marcha. Esto es indudable, pero pasa por alto una importantísima etapa intermedia, breve pero de enorme importancia: la que aportara el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile, entre 1970 y 1973 y que es imprescindible rescatar del olvido en que ha sido sepultada por el inmenso aparato propagandístico de la derecha tanto dentro como fuera de Chile.

Allende llega al Palacio de la Moneda con un programa de gobierno que nada tiene que envidiar al que luego procurarían implementar –en un contexto internacional, económico y político mucho más favorable– los gobiernos bolivarianos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Hombre de inconmovible convicciones socialistas Allende no demoró un segundo en aplicar el programa de la UP, adoptando trascendentales medidas como la nacionalización de las riquezas básicas de Chile: la gran minería del cobre, hierro, salitre, carbón y otras, en poder de empresas extranjeras –entre ellas los gigantes de la industria cuprífera: la Anaconda Copper y la Kennecott– y de los monopolios nacionales. Con una inversión inicial de unos 30 millones de dólares al cabo de 42 años la Anaconda y la Kennecott remitieron al exterior utilidades superiores a los 4000 millones de dólares. No contento con esto Allende nacionalizó casi la totalidad del sistema financiero del país: la banca privada y los seguros, adquiriendo en condiciones ventajosas para su país la mayoría accionaria de sus principales componentes. Nacionalizó a la International Telegraph and Telephone (IT&T), que detentaba el monopolio de las comunicaciones y que antes de la elección de Allende había organizado y financiado, junto a la CIA, una campaña terrorista para frustrar la toma de posesión del presidente socialista. Recuperó la gran empresa siderúrgica, creada por el Estado y luego privatizada. Aceleró y profundizó la reforma agraria, que con su predecesor democristiano había avanzado con pasos lentos y vacilantes. Una casi olvidada ley de la fugaz República Socialista de Chile (4 de junio-13 de septiembre de 1932) facultaba al presidente a expropiar empresas paralizadas o abandonadas por sus dueños. Se constituyó un “área de propiedad social” en donde las principales empresas que condicionaban el desarrollo económico y social de Chile (como el comercio exterior, la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y química pesada, la celulosa y el papel) pasaron a estar controladas por el Estado. Todo esto hizo Allende en los pocos años de su gestión, aparte de crear una gran editorial popular, Quimantú, para acercar la cultura universal a chilenas y chilenos y de devolver la dignidad a un pueblo por décadas sometido al yugo de una feroz oligarquía neocolonial.

Y todo, absolutamente todo, lo hizo el gobierno de la UP sin salirse del marco constitucional y legal vigente, pese a lo cual la oposición: la vieja derecha oligárquica y sectores progresivamente mayoritarios de la democracia cristiana se arrastraron sin el menor recato por el fango de la ignominia, arrojando por la borda su (siempre escaso) respeto por las normas democráticas para fungir como agentes locales de las maniobras criminales de la reacción imperialista. Aquéllas habían sido desatadas por Washington la misma noche del 4 de septiembre de 1970, cuando aún se estaban contando los votos que darían el triunfo a la UP. Furioso, el bandido de Richard Nixon, ordenó sabotear a cualquier precio al inminente gobierno de Allende. El asesinato del general constitucionalista René Schneider, poco antes que el Congreso Pleno ratificara su triunfo, fue apenas el primer eslabón de una tétrica cadena que con la dictadura de Pinochet sembraría muerte y destrucción en Chile.

La permanente solidaridad de Allende con la Revolución Cubana y con todas las causas emancipatorias de la época, antes y después de asumir la presidencia, fue otro de los factores que encendió las iras de la Casa Blanca y su terminante decisión de acabar con él. En 1967, y en su calidad de Presidente del Senado de Chile Allende había acompañado en persona a Pombo, Urbano y Benigno, los tres sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, para garantizar su seguro retorno a Cuba. Por eso el desafío que planteaba el médico chileno: la construcción de un socialismo “con sabor a vino tinto y empanadas”, precursor del socialismo del siglo veintiuno, era viscerablemente inaceptable para Washington y merecedor de un ejemplar escarmiento. Especialmente cuando el imperio, agobiado por la inminencia de una derrota catastrófica en Vietnam, sentía la necesidad de asegurar la incondicional sumisión de su “patio trasero”. Pero Allende, un marxista sin fisuras, no cedió un ápice, ni en sus convicciones ni en las políticas que perseguía su gobierno. Y lo pagó con su vida, como lo dijera en su alocución final por radio Magallanes ese aciago 11 de septiembre de 1973. Y este 26 de junio, al cumplirse 110 años de su nacimiento, se impone un sentido homenaje a esa figura universal, querible e imprescindible de Nuestra América, el gran precursor del ciclo de izquierda que se iniciaría en diciembre de 1998 en Venezuela.

La potencia plebeya y los cultores del orden | Página12

Fuente original: La potencia plebeya y los cultores del orden | Página12

En una entrevista en La Nación, el actual Presidente dice que es necesario “recuperar una sensatez que no hemos tenido en 70 años”. Vuelve al tópico de la locura, pero no para asignárselo a su antecesora, sino para denostar la entera experiencia del peronismo. La experiencia de ampliación de derechos, sustentada en la movilización plebeya del 17 de octubre de 1945, es puesta en la picota. Se trata de borrar, para la alianza gobernante, lo que significó en términos de ruptura de las disciplinas sociales, resistencias colectivas, alteración de las jerarquías, temblor del orden social. Que coexistió con nuevas disciplinas, autoritarismos, controles. La idea de que el peronismo es el hecho maldito del país burgués nombra menos una existencia revulsiva imposible de controlar y encauzar —eso sería lo plebeyo que sí tomó en muchos momentos la identidad del peronismo—, sino una fuerza tensa, que incluye en su funcionamiento la tensión interna, menos criminal que otras experiencias políticas sin prescindir por eso de autoritarismos y violencias. Pero el peronismo, a los ojos de la alianza dominante, sigue siendo el pasado a liquidar, la tierra a arrasar, no para que florezcan nuevas flores, sino para evitar que soñemos ni siquiera con la primavera. Llaman sinceridad a la brutal tautología del orden conservador. Las cosas son como son y son como deben ser, en especial la ratificación del orden de las clases y la jerarquización social.

Lo que se debe borrar es la memoria de aquellos pasos que un 17 pusieron en la calle pública el subsuelo sublevado de la patria, con sus reivindicaciones, fiestas, olvidos, balbuceos. Y que instauró una sociedad menos estamental y jerárquica que la de otros países latinoamericanos. Aún se escucha decir sobre Brasil que le faltó el peronismo para sacudirse las tenacidades del orden esclavista. Eso es lo que la derecha argentina quiere abolir, incluso su memoria, para sustituirlo con los portadores del sello partidario, excusa para alzar banderas neoliberales y levantamanos en cada votación para desarmar las locuras de estos setenta años. En diciembre de 2017, las grandes movilizaciones contra la reforma previsional, pusieron un coto callejero a esos ensueños del gobierno, pero también a los coqueteos de algunos dirigentes. Quizás el peronismo hoy sea un gigante medio dormido tironeado y casi tupacamarizado. La calle lo tironea para ver si lo despierta y hace algo, el gobierno lo sacude para convencerlo que actúe como zombi para la política que lo destierra aunque deje indemnes a sus personeros. La amenaza de cárcel, las persecuciones, los servicios de inteligencia  no dejan de operar en ese sentido. Por eso, son las y los laburantes, las y los activistas, quienes pelean para evitarlo, a sabiendas que si no se despierta otras serán las identidades, los mitos y los cánticos que pueblen las movilizaciones y combates.

La vida del peronismo siempre provino de su capacidad de alojar otras peleas, dejarse releer por otros temas que no estaban en su cartilla. De hecho, una de sus últimas estaciones, las del kirchnerismo, fue capaz de refundar lazos con los movimientos de derechos humanos y de colocar, en el centro de las políticas públicas, las de memoria, verdad y justicia. Al hacerlo, renovó el pacto fundante de la democracia argentina, el que gritó Nunca más al terrorismo de Estado. El anterior gobierno peronista había indultado a los militares, para cerrar el pasado con un manto de impunidad.

El movimiento social más potente de la actualidad es el feminismo. Es la fuerza insurrecta que inventa su agenda, construye alianzas, transforma los modos de vida. Pone en escena un nuevo sujeto político o nuevas subjetividades díscolas, dice mujeres pero para deconstruir lo que se entiende bajo ese nombre, se agita en la disidencia, conmueve y funda. Es clave de rebeldías porque relee, traduce y enlaza múltiples problemas. Discute, a la vez, la sexualidad, el trabajo, la autonomía, la deuda, la política y la violencia institucional. El movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans, viene probando modos organizativos, instancias asambleísticas, luchas callejeras. En estos días, ese remolino tiene su centro en la demanda por la legalización del aborto. La tierra tiembla, por estos lares, por la extensión capilar de la demanda. La pelea tenaz que organizo la Campaña nacional por el derecho al aborto, se encarna en las miles de pibas que toman escuelas y calles y en el compromiso masificado que demanda la ley.

¿Qué significa que, en nombre de la identidad del movimiento más plebeyo y capaz de exigir derechos que tuvo el siglo XX argentino algunos pocos digan que la legalización del aborto es una suerte de caballo de Troya de los imperialismos o del FMI o de los poderes adversos a la emancipación latinoamericana? ¿Qué quieren decir con cultura del descarte, cuando algunos de los firmantes fueron activos hacedores de una cruenta reforma neoliberal, privatizaron riquezas nacionales y mocharon los derechos laborales? ¿Qué implica que, en nombre del peronismo, objeten la legalización que hoy exigimos? El argumento reproduce las críticas que la Iglesia católica hizo, en los noventa, al programa de salud reproductiva que llevó adelante Fujimori en Perú y que implicó la esterilización forzada de alrededor de 300 mil mujeres quechua hablantes que no fueron informadas ni consultadas sobre qué significaba la operación. Sus cuerpos fueron tomados como botín de conquista y la ligadura de trompas fue un paso más en la posesión colonial. Que se hizo en nombre de evitar la persistente pobreza y aumentar la libertad frente al orden reproductivo. No era así, porque ninguna intervención obligada puede pensarse como una afirmación de los derechos de las mujeres.

La legalización del aborto es lo contrario a ese tipo de programas. Hay que pensarla en vínculo con la ley de fertilización asistida: en ambos casos se trata abrir el campo legal para sortear el azar biológico. Abre la cuestión de las libertades y las autonomías. La clandestinización del aborto es lo que reproduce esas prácticas coloniales, que se inscriben una y otra vez sobre los cuerpos gestantes. Se nos piensa, una vez más, como incubadoras, productoras de cuerpos, criadas de la reproducción. El movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans está en la primera línea de la pelea contra la deuda, las reformas neoliberales, la expropiación capitalista. Demostró en las calles y organizaciones que es popular y emancipatorio. Argüir supuestos contenidos antiimperialistas no es más que encubrir la verdadera realización de una lógica imperial que toma nuestros cuerpos para privarlos y desposeerlos. Reclamar la pertenencia a una identidad política con la que se han identificado históricamente los sectores populares para condenar las luchas de esos sectores hoy, es un acto de profunda ceguera. Un modo más de entregarle a los cultores del orden un sello legitimador.

El gobierno de Internet | La ventana | medios y comunicación | Página12

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Juan Pablo Darioli demanda la creación de criterios democráticos y multilaterales de gobernanza de Internet para evitar la operación de poderes que rompen con el equilibrio de la circulación de la información.

Si bien uno intenta descreer o poner en cuestión las teorías conspirativas que abordan las relaciones de dominación desde una sola arista y de manera totalizadora, en este caso todas las piezas encajan. El escándalo que une a la red social Facebook con la firma británica Cambridge Analytica evidenció con un caso concreto como actúa el desarrollo y la articulación de los saberes relacionados al poder neoliberal, en este caso la neurociencia (para abordar los incentivos motivacionales que depara el uso de las redes sociales), la psicopolítica (para la elaboración de modos de sometimiento menos invasivos y menos detectables o smart según el filósofo Byung-Chul Han autor del libro “Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder”) y, por último, la comunicación.

Los resultados en los casos revelados son innegables: por un lado, más de 17 millones de británicos tomaron la decisión de abandonar la Unión Europea y por el otro casi 63 millones de norteamericanos llevaron a Donald Trump a la presidencia.

No hay mayor novedad en la utilización de estrategias de segmentación, análisis e intento de influenciar los comportamientos electorales ya que desde mediados del siglo pasado son corrientes las investigaciones en este sentido. Los más notorio es el nivel de fidelidad, refinamiento y alcance que les otorga a estos estudios el funcionamiento de las nuevas tecnologías, en general, y más particularmente las apps sociales, las cuales aportan una verdadera cartografía sobre los usos y consumos de cada persona en disputas político-electorales muy cerradas. La cuenta de Facebook la tenemos relacionada a un mail, el WhatsApp a un número de celular y las aplicaciones de Google nos piden acceso constante al GPS para saber todo el tiempo dónde estamos. Entrecruzar con altos grados de certeza esa información tiene un valor trascendental y puesta en manos de una empresa analista de datos a gran escala produce resultados intervencionistas poco deseables.

En el ámbito de la comunicación debemos pensar en la implicancia de estos hechos: cómo intervienen ciertos actores en el ecosistema comunicacional para lograr ventajas en el flujo informativo y evaluar la incidencia de estas prácticas en el funcionamiento de las tecnologías digitales, que apela inherentemente a la utilización de estos datos tanto en su programación como en su esquema de negocios. Vemos que el tema es más complejo que un error de seguridad de Facebook y no se soluciona con un simple pedido de disculpas de Mark Zuckerberg en el Congreso de los EE.UU.

El problema es de matriz y el dilema, ético.

Si bien es importante el problema de las fakenews y es indispensable una discusión sobre la dimensión social y cultural de los algoritmos, nos encontramos ante una necesidad mayor, que es la de reclamar la creación de criterios democráticos y multilaterales de gobernanza de internet para evitar la operación de poderes que rompen con el equilibrio de la circulación de la información.

Juan Pablo Darioli: Licenciado en Periodismo (UNR).

Una insólita prohibición | En la cancha de Sarmiento de Junín obligaron a retirar una bandera con el rostro de Evita | Página12

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La medida fue tomada en un partido del Nacional B por la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide), que consideró que era una actitud partidaria, obviando la historia de Sarmiento, cuyo estadio se llama Eva Perón.

La Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide), dirigida por Juan Manuel Lugones, el ex dirigente del GEN de Margarita Stolbizer, volvió a protagonizar el fin de semana una polémica en los estadios bonaerenses. Durante el partido de la primera semifinal del Nacional B por el ascenso a Primera División, entre Brown de Adrogué y Sarmiento de Junín, el organismo encargado de controlar la seguridad en las canchas de la provincia de Buenos Aires prohibió a los hinchas de Sarmiento ingresar con una bandera con el rostro de Evita en el estadio de Junín, y ordenó quitar otra similar que estaba atada al alambrado antes del inicio del encuentro por considerarla partidaria.

Obviando por completo la historia de Sarmiento, cuyo estadio se llama Eva Perón y fue afiliado a la AFA por su hermano, los enviados de Lugones quitaron las banderas a los simpatizantes, quienes no dudaron en repudiar el accionar autoritario en las redes sociales, mientras advertían que les trajo “recuerdos de los peores años”.

“Bajándole al hincha de Junín la bandera que tenía una imagen de Eva Perón, el Aprevide no sólo realiza una intrusión absolutamente indebida si no una demostración de ignorancia ya que el estadio de ese club se llama Eva Perón y fue afiliado a AFA por Juan Duarte, su hermano”, fueron algunas de las críticas de los hinchas indignados. “Hay que cambiarle también el nombre al estadio, Aprevide?”, lanzó otro hincha por la red social.

No es la primera vez que la Aprevide ordena a la Policía Bonaerense quitar banderas. El 17 de septiembre del año pasado, los efectivos intentaron retirar durante el partido de Banfield-Racing una bandera que pedía por la aparición con vida de Santiago Maldonado, aunque no pudieron ante la negativa de los hinchas.

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