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“Para lograr cambios, Snowden tuvo que eludir el sistema” | Página12

Fuente original: “Para lograr cambios Snowden tuvo que eludir el sis… | Página12

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Entrevista a Ben Wizner, abogado principal del arrepentido más famoso del mundo.
Antes de hacerse cargo de la defensa del ex espía que denunció los programas de vigilancia masiva de celulares y servidores de Internet que llevan adelante los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Wizner defendió a víctimas de tortura y secuestros de la CIA en el exterior así como a prisioneros de Guantánamo. Dice que Snowden está más conectado que nunca y que Trump no salió de un repollo.

PáginaI12 En Estados Unidos

Desde Nueva York

Desde su oficina repleta de papeles en un rascacielos que se alza en la punta inferior de la isla de Manhattan, Ben Wizner maneja o sugiere o controla la agenda del disidente exiliado más famoso de mundo. Joven, rápido e implacable, sofisticado y arrogante en lo intelectual, emergente de la izquierda liberal urbana que crece en la resistencia al huracán Donald, Wizner  actúa desde el 2013 como el abogado principal –y algo más–de Edward Snwoden, el ex espía que conmovió al mundo ese año al revelar los programas de vigilancia masiva de Estados Unidos. Graduado de Harvard, ex profesor de leyes de New York University, director del Proyecto de Libre Expresión, Privacidad y Tecnología de la ONG progresista más poderosa del país, la ACLU,  en esta entrevista Wizner, de 47 años, analiza el legado de Snowden, revela detalles íntimos sobre su exilio en Rusia y traza un crudo retrato de las amenazas a la democracia y a los derechos humanos en tiempos de Trump.

–Antes de Snowden usted trabajó con otros arrepentidos. ¿Podría explicarme cómo se especializó en el tema?

–No me considero un especialista en arrepentidos  no soy un experto en todos los vetustos remedios administrativos que existen el sistema legal de Estados Unidos para arrepentidos. Para mí,  la verdadera Ley del Arrepentido es la primera enmienda de la Constitución (de EE.UU., que garantiza la libertad de expresión). Lo que me llevó a este trabajo es que empecé a trabajar como abogado en la Unión por las Libertades Civiles  Estadounidenses (ACLU, en inglés)  cinco semanas antes del atentado del 11-9. Entonces sin saberlo empecé como defensor de derechos humanos en un momento de sobrerreacción al 11-9.  Representé a víctimas de tortura, a víctimas de secuestros en el exterior, a gente que apareció en listas negras de terroristas, a gente bajo vigilancia, a prisioneros de Guantánamo. Este es el trabajo principal que hice durante mi primera década en la ACLU. Durante el gobierno de Bush hijo estuve involucrado en el caso de una arrepentida, una traductora del FBI llamada Cibel Edmonds, que había sido despedida después de denunciar serias irregularidades en investigaciones. Ese caso me dio una lección sobre cómo responde la comunidad de inteligencia estadounidense en esa clase de situaciones. Aunque la información que Edmonds necesitaba para ganar su caso de despido injustificado era información pública, el FBI se defendió diciendo que su derecho a preservar secretos de estado significa que no podemos litigar el caso sin dañar la seguridad nacional. Y tres salas de la justicia federal aceptaron ese argumento y no permitieron que Edmonds presentara su caso. Ese mismo privilegio de secretos de estado se usó para negarles  la posibilidad de ser escuchados en los tribunales a prácticamente todas las víctimas del programa de tortura de la CIA. Ninguna corte dijo jamás que el programa era legal. Ninguna corte dijo que la tortura no ocurrió. Pero de hecho ninguna víctima fue compensada porque la CIA le decía a la corte federal “desafortunadamente no podemos llevar adelante este juicio sin revelar secretos de estado y por lo tanto dañar la seguridad nacional” y entonces los casos eran archivados. Todo esto me preparó para el caso Snowden.

–Pero los dos psicólogos que diseñaron el programa de tortura de la CIA sí llegaron a juicio, justamente por una demanda de la ACLU.

–No llegó a juicio, arreglamos antes de eso el año pasado. Pero fue la primera vez que una víctima de tortura pasó la primera barrera de una moción para archivar el caso en base al secreto de estado. Fue un caso contra dos psicólogos llamados Mitchell and Jassen,  quienes habían diseñado las llamadas “técnicas reforzadas de interrogatorios” (eufemismo de la CIA para disfrazar la tortura). Ese caso, el día antes del juicio, fue arreglado con un acuerdo confidencial. Esto fue positivo para los querellantes porque pudieron obtener algún tipo de compensación, pero también significa que seguimos sin tener una sola corte en Estados Unidos que falle acerca de la legalidad del programa de tortura.

–¿Entonces por qué arreglaron?

–La decisión de llegar a un acuerdo es de los clientes, no de los abogados.

–Recien usted comentaba que todo esto lo preparó para ser el abogado de Snowden.

–La razon por la cual estaba tan preparado para ayudar a Snowden es que uno de los cuestionamientos que recibe es: ¿por qué no usó el sistema para llevar adelante su queja? ¿ por qué no se quedó acá y enfrentó las consecuencias, en vez de escapar a otro país? Mi respuesta es que yo me pasé 10 años tratando de usar el sistema con víctimas de tortura, con víctimas de grandes violaciones a los derechos humanos y el sistema nos contestó que nos vayamos, que no hay remedio para ese tipo de casos. Por lo tanto no tengo mucha paciencia con el argumento de que si alguien denuncia un sistema de vigilancia masiva a su jefe algo grande va a pasar. La única manera en que Snowden iba a lograr cambios era llevar esta información al público. No a su supervisor o al supervisor de su supervisor. Cuando Snowden hizo su denuncia  el presidente Obama se defendió diciendo que las actividades que estaban siendo reveladas (pinchaduras masivas de celulares y servidores de internet) habían sido aprobadas por los tres poderes del estado. Básicamente decía la verdad, pero ése era el problema: En cuanto la opinión pública se enteró, los tres poderes cambiaron de opinión. El presidente dijo que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional, en inglés) había ido demasiado lejos e impuso restricciones, incluyendo a la vigilancia en el exterior. El Congreso impuso restricciones a la vigilancia de la NSA por primera vez desde la década del 70. Y las cortes federales, que siempre se habían rehusado a tomar casos de vigilancia masiva  por razones de seguridad nacional, empezaron a aceptarlos y a fallar que esos programas son ilegales porque violan la Constitución.  Nada de esto hubiera ocurrido si Snowden hubiera usado el sistema en vez de eludirlo.

–¿Como es trabajar con él? 

–Ha sido una de las experiencias más significativas de toda mi vida. La mayoría de nosotros no cambia el mundo por sí mismo. Como mucho ayudamos a que suceda. Pero de vez en cuando aparece alguien como él que toma este riesgo histórico que permite cambiar de manara radical el comportamiento de la población  mundial. Mi trabajo es ayudarlo a ser más efectivo. No ha sido una representación legal tradicional. Normalmente en un caso legal gran parte de mi trabajo es conseguir un resultado judicial favorable para mi cliente. Pero desde el primer día él me dijo: “ hagamos eso cuando tengamos tiempo.” Por eso nuestro foco principal como abogados suyos es  ayudarlo a obtener reformas, ayudarlo a cumplir su misión política, antes que defender sus intereses legales, aunque obviamente debemos hacer las dos cosas.

–¿Como es su situación acá y en Rusia?

–El no quiere que le tengan lástima. Te diría que está más conectado socialmente que cuando trabajaba para el gobierno, dado que había entrado a los servicios de inteligencia cuando tenía unos 20 años y trabajó mucho tiempo bajo anonimato en el exterior. Nunca estuvo insertado en un grupo familiar o de amigos en el que podía hablar libremente de lo que hacía y forjar vínculos afectivos, excepto por su novia y su familia inmediata. Ella se mudó con él en Rusia, lo cual él le agradece eternamente, pero además ahora está en contacto con abogados y aliados, periodistas y amigos. Desde adolescente sus interacciones fueron a través de internet y mantiene su acceso a la red. Por lo tanto está  más conectado al mundo en su exilio que cuando trabajaba para el gobierno. Su situación legal  es que  tiene residencia legal en Rusia, renovable cada tres años, así que por lo menos hasta abril del 2020 puede vivir en Rusia y no tenemos motivos para pensar que su permiso de residencia no le sería renovado si debe permanecer más tiempo en Rusia. Ya le han renovado el permiso una vez, pero él no tiene ningún control sobre eso. Ha habido muchos rumores de que por la relación cercana entre Trump y Putin la situación de Snowden podría peligrar. No tenemos manera de saber si eso es cierto o no.  El dice que va a seguir hablando libremente, que si su seguridad fuera su prioridad todavía estaría viviendo en Hawaii y nunca hubiera dejado su trabajo bien remunerado. Como es de público conocimiento (Snowden) continúa criticando no solo al gobierno estadounidense pero también al ruso, a pesar de advertencias de personas como yo que le decimos que no sabemos si es la mejor estrategia para su seguridad. Pero así es él.

–¿Como lo va a tratar la historia?

–Cada vez que alguien da un paso adelante como hizo él y no solo revela información secreta pero pone a los servicios de inteligencia estadounidenses bajo una luz completamente distinta a nivel global , se puede esperar la respuesta retórica que él recibió. No creo que fue ingenuo cuando se metió en esto, ni pensó que el mundo le iba a agradecer lo que hizo. Pero la historia suele ser muy bondadosa con los arrepentidos. Cuando Daniel Ellsberg publicó los Papeles del Pentágono lo acusaron de ser un espía ruso  y el gobierno de Nixon dijo que Ellsberg le había entregado una copia de los papeles a la embajada rusa. Ahora Ellsberg es un héroe nacional, prácticamente ha sido santificado.

–¿Como es vivir en tiempos de Trump? Como afectó las libertades civiles y los derechos humanos el actual gobierno?

–Creo que Trump es fundamentalmente autocrático y antidemocrático. Pero no es único ni novedoso. No es el primer presidente estadounidense en partir el pan con dictadores y autócratas de otros países. No es el primero en nombrar jueces federales y jueces supremos derechistas. No es el primero en facilitar la corrupción y transferir ingresos de la clase media a los ricos. Todo esto venía ocurriendo rutinariamente en la centroderecha estadounidense desde hace mucho tiempo. Creo que donde Trump es novedosamente peligroso es en que no está conectado a ninguna tradición política ni es él mismo un político. Y en un momento de peligro, por ejemplo en un ataque terrorista, no va a mostrar ningún respeto por las tradiciones y las instituciones democráticas. Además, su voluntad de promover xenofobia en contra de los inmigrantes de México y Centroamérica y los musulmanes en general es genuinamente peligrosa y de hecho gran parte del trabajo de la ACLU de los últimos años ha sido combatir es agenda xenófoba. Pero no creo que Trump fue instalado en EE.UU. por el líder ruso o que represente algo que es completamente opuesto a la historia y los valores de EE.UU., como si EE.UU. hubiera sido una democracia perfecta hasta que llegó Trump.

–¿Cómo siente que afectó la reputación de Estados Unidos en el mundo la incapacidad de cerrar la cárcel de Guantánamo y las declaraciones de Trump y de altos funcionario de su gobierno en favor de la tortura?

–Antes de hablar de Trump hablemos de Bush y de Obama. Porque el gobierno de Bush echó para atrás medio siglo el consenso global sobre tortura al implementar en esencia una conspiración para torturar en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia.

–¿Por qué habla de una conspiración?

–Porque fue una conspiración. Los líderes que lo autorizaron sabían que era ilegal, pero conspiraron para crear un canal legal para que abogados corruptos escribieran directivas diciendo que algo que siempre habíamos juzgado como ilegal ahora era legal. Fue una conspiración de tortura e impunidad.  Y el gobierno de Obama echó para atrás medio siglo el consenso sobre la penalización de la tortura cuando protegió del alcance de la ley a los arquitectos de la tortura. Obama dijo: “tenemos que mirar  para adelante, no para atrás.” Estoy seguro que a cualquier criminal encarcelado le gustaría haber escuchado eso en referencia al delito que cometió. Esa decisión de no permitir que las cortes juzguen la legalidad de los programas de tortura abrió el camino para que  venga Trump y diga “deberíamos tener el submarino (una forma de tortura) otra vez”.  Para ser claros no hay evidencias  de que el gobierno de Trump haya retomado la práctica de torturar. Hasta donde sabemos, se dejó de torturar en el 2006, cuando los militares y los servicios se dieron cuenta de que  es una práctica peligrosa y aunque ellos no fueran juzgados por llevarla adelante, torturar les traería otras consecuencias negativas.  También debo decir que nadie ha sido enviado a Guantánamo desde el gobierno de Bush.  Todavía tenemos decenas de personas detenidas ahí, pero nadie fue llevado ahí desde el 2006.  Pero en general creo que usted tiene razón. La retórica de Trump acerca de los derechos humanos le da amparo al régimen saudita,  al presidente  filipino, a Myanmar, y también a China y Rusia,  para que realicen grotescos abusos a los derechos humanos y que apunten sus dedos a Estados Unidos y digan: ¿Ellos son los que nos van a decir cómo comportarnos? Guantánamo sigue abierta y ni siquiera pudimos cicatrizar esa herida pustulenta. No es un problema  creado por Trump, es un problema que Trump empeoró.

–¿Que va a pasar en la elecciones del mes que viene? 

–No quiero hacer predicciones porque me equivoco muy seguido. Lo que veo es una ola de fuerzas antidemocráticas en todo Occidente y más allá. Veo que la democracia se encoge en Turquía, en Hungría, en Polonia, en Israel, en China, en Rusia, en el Reino Unido con el Brexit, en Estados Unidos, en Italia, en Arabia Saudita. Paradójicamente, al menos en Estados Unidos hay razones para ser optimistas con respecto a la reacción hacia Trump. Parte del manual del autócrata es atacar y achicar a los medios y a la sociedad civil. Y lo que vemos acá es que ONGs como la mía han crecido exponencialmente. La ACLU tenía 480 mil miembros el día de la elección. Ahora tenemos dos millones. Esto es, gente que aportan dinero mensualmente para apoyar nuestro trabajo. Los grandes medios como el New York Times y el Washington Post,  más allá de que uno coincida con  su enfoque periodístico, son importantes para la democracia y hoy dan ganancia y su base de lectores ha experimentado una tremenda expansión. Y a pesar de todos los ataques de Trump no creo que alguien pueda decir que los medios están más débiles hoy por culpa de Trump. Puede ser que los estadounidenses empiecen a entender que ejercer la democracia va más allá de votar cada cuatro años y que necesitamos invertir en instituciones que defiendan la democracia. Mucho dependerá de lo que pase en las elecciones de noviembre.

Causas de muertes en Argentina.

Un querido amigo escribió esto en Facebook y creo que es un texto que merece una divulgación más importante que esa simple y privativa red social.

Las muertes por causas externas en la Argentina suman el 6 por ciento del total. La inseguridad vial produce el doble de muertes que el conjunto de los homicidios, incluyendo en esto los intrafamiliares o ajenos a la “inseguridad”.

La mortalidad vial en proporción al parque automotor es una de las más altas del mundo. Las muertes en áreas metropolitanas de peatones atropellados superaron en algunos momentos guarismos de la India.

La mitad de los muertos en incidentes viales tienen entre 15 y 35 años, midiendo una década.

Pero lo crucial aquí es que los homicidios son menos del 15 por ciento del total de las muertes por agentes externos. Podríamos decir que todas son producto de alguna forma de inseguridad – negligencia, vulnerabilidad, imprevisión – pero no de la Insecuritas criminal que el punitivismo quiere vender.

Sugerimos llevar esta información copiada en el bolsillo para responderle a la gente que dice imbecilidades.

Compartirlo en feisbu no sirve para un carajo, pero si quiere, cópielo y llévese la foto.

#NONecesitaAutoría, es información de dominio público.

Ah, por las dudas, tengan en cuenta que las calles de Buenos Aires se han llenado de muchachas y muchachos contratados de modo precario por grandes sistemas de delivery sobre dos ruedas. Precario no solamente respecto de la relación laboral. Ni casco, ni luces, ni flúo, ni nada.

Los “delincuentes” que probablemente empiecen a “matar” a estas chicas y chicos tienen oficinas en Puerto Madero.

Buenas tardes.

Porcentajes de causas de muerte en Argentina en 2015.

(99+) A Internalização de Tratados Internacionais de Direitos Humanos na América do Sul.pdf | Ana Maria D Avila Lopes and Martonio Mont’Alverne Barreto Lima – Academia.edu

Internalización de tratados de derechos humanos en Latinoamérica.

Origen: (99+) A Internalização de Tratados Internacionais d.pdf | Ana Maria D Avila Lopes and Martonio Mont’Alverne Barreto Lima – Academia.edu

Arabia Saudita se prepara para decapitar a 14 participantes en protestas antigubernamentales – RT

[cita] Amnistía Internacional ha condenado la decisión del Tribunal Supremo de la monarquía árabe de decapitar a 14 hombres, incluido un estudiante de una universidad estadounidense.

Este lunes Amnistía Internacional informó sobre la decisión del Tribunal Supremo de Arabia Saudita de ejecutar a 14 manifestantes por participar en las protestas contra el Gobierno en años 2011 y 2012. Entre los hombres condenados hay un estudiante de una universidad de Michigan (EE.UU.), Mujtaba al-Suweyket.

Las protestas formaron parte de la Primavera Árabe y, de acuerdo con Amnistía Internacional, los hombres fueron acusados en julio de 2016 de “rebelión armada contra mandatario”, “incitación del caos”, “uso de cóctel Molotov” y “disparo al personal de seguridad”. [fin de cita]

Origen: Arabia Saudita se prepara para descapitar a 14 participantes en protestas antigubernamentales – RT

Entrevista con Misha Glenny: “Mucha gente adinerada se comporta de manera similar a los grandes grupos criminales organizados” – BBC Mundo

[cita] De los Balcanes a Brasil, el periodista británico y excorresponsal de guerra de la BBC Misha Glenny lleva más de 25 años observando de cerca las tentaculares redes del crimen organizado y cómo crecen alrededor del mundo. [fin de cita]

Origen: Entrevista con Misha Glenny: “Mucha gente adinerada se comporta de manera similar a los grandes grupos criminales organizados” – BBC Mundo

(4578) RT analiza casos de sentenciados a muerte por error en EE.UU. – YouTube

[cita] Pese a que Estados Unidos siempre resalta la importancia de la justicia y las libertades civiles, durante las últimas 4 décadas cerca de 160 personas han sido condenadas a pena de muerte por error en el país. RT repasa algunos casos de esta alarmante lista. [fin de cita]

Contra el Estado de negación.

Fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6702-2010-12-19.html

Domingo, 19 de diciembre de 2010.

Entrevistas: Taner Akçam, el especialista en el genocidio armenio, de visita en Buenos Aires.

Contra el Estado de negación.

Taner Akçam en la ESMA, uno de los lugares que visitó en su estadía en la Argentina y Uruguay, durante la que presentó su libro en la Universidad Nacional de Córdoba, de Buenos Aires y de la República, en Montevideo, con la colaboración de la Fundación Luisa Hairabedian.

Fue militante de izquierda en una Turquía donde su padre era sindicalista docente, en las calles se marchaba contra el Imperialismo y la guerra de Vietnam y la juventud se organizaba en pos de reformas revolucionarias. Hasta que cayó preso y el fiscal pidió 700 años. A los tres se escapó cavando un pozo y huyó a Alemania, donde su vida cambió para siempre: se volvió investigador y dio con una pista que unía los juicios de Nuremberg con los juicios de 1919-1922 realizados en Estambul, y se convirtió en el principal referente del silenciado genocidio armenio. Exiliado, recién en 1999 pudo volver a su país. De paso por Buenos Aires para presentar su último libro, Un acto vergonzoso. El genocidio armenio y la cuestión de la responsabilidad turca (Colihue), Radar habló con el sociólogo e historiador Taner Akçam sobre su vida, su investigación y el titánico trabajo de luchar contra un Estado turco que se empecina en negar uno de los mayores genocidios de la era moderna.

Por Martín Granovsky.

Nacido en Turquía en 1953, Taner Akçam estuvo preso por su actividad como dirigente universitario de izquierda. Logró fugarse, y cuando emprendió una nueva carrera académica descubrió el genocidio armenio cometido por los turcos desde 1915 con más de un millón de víctimas. Akçam no vive más en Turquía, aunque desde 1999 está autorizado a visitar su país natal.

–Hoy me defino como un outsider –dice Akçam al hablar de Un acto vergonzoso, su trabajo editado por Colihue con el auspicio de la Fundación Luisa Hairabedian–. Un maverick, en inglés. Pero eso no significa que las cosas no me importen. Al contrario. Vivo intensamente la vida y lo que ocurre con la política y las garantías individuales.

Con la carga de cada cosa.

–Con la carga, con los cambios, con las novedades, con lo malo, con lo bueno… Yo en los años ‘60 era un dirigente estudiantil. Por supuesto que en 1968 fui un admirador del Mayo Francés y de las protestas en los Estados Unidos. Sé poco de la Argentina, de Uruguay y de Chile, pero lo suficiente para conocer que aquí, en esta región del mundo, los estudiantes tenían sus propias realidades y también miraban hacia París o hacia Berkeley. Sus realidades eran las de América latina. Las nuestras, las propias de Turquía. Y muchos estudiantes del mundo estaban envueltos en aquel clima de rebeldía, que en algunos países se combinaba con la lucha contra regímenes militares. Era el caso de ustedes, ¿no?

Sí. En 1968 gobernaba el general Juan Carlos Onganía, que había asumido en 1966, y esa dictadura terminaría el 25 de mayo de 1973.

–Al mismo tiempo, le cuento que crecí en una familia muy politizada. Mi padre era dirigente sindical. Se desempeñaba como secretario general del sindicato docente. Eso fue muy importante en mi socialización. Pertenecía a una familia de izquierda, y yo mismo terminé siendo un dirigente de la izquierda en la universidad. Era un marxista con formación incluida. Pero además tenga en cuenta que la tradición de izquierda se combinaba con una ideología secularista, laica, que venía de Mustafá Kemal Ataturk. Comprender el Islam, por ejemplo, era un problema para gente como mi padre. Y le diría, en general, que era un problema comprender la religión. La religión era vista apenas como una forma de fidelización de las masas, y a eso se oponía, entre los progresistas, una visión occidentalista. Recuerdo cuando mi hermano mayor fue a prisión. Un impacto para mí.

¿Por qué fue preso y por qué le impactó?

–¿Qué podía hacer en esa época? Participar en manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Directo a la prisión. Una semana. Lo fui a visitar al cuartel de la policía donde estaba detenido. Yo tendría unos 14 o 15 años y fue un shock. Después, en uno de los golpes militares de esa época, que fue inestable en Turquía, mi padre también fue preso.

No por Vietnam.

–No, en su caso tenía un motivo propio: lo arrestaron por su actividad sindical. O sea que, ya ve: guerra de Vietnam, movimientos estudiantiles, rebeldía, un padre gremialista y docente… En 1973, Turquía vivió un período de mayor democracia y el movimiento estudiantil emergió otra vez. Algunos de los líderes tenían prestigio y habían sufrido mucho. Hubo casos de tortura y eso también fue otro impacto fuerte en mi vida. Así me convertí en líder del movimiento estudiantil de Ankara. Queríamos una educación más democrática con representación de los estudiantes.

En la Argentina, las dictaduras no respetaron la conquista, pero eso se logró con la Reforma Universitaria de 1918.

–Nosotros queríamos lo mismo. Era un plano doble, por supuesto. Buscábamos una educación más democrática y pensábamos que la democratización en general sería un primer escalón para llegar al socialismo. Fui director de Juventud Revolucionaria, una publicación que comenzamos a sacar. Y entonces empecé a transitar por experiencias nuevas, porque publicar ciertas cosas era peligroso en cualquier situación. Considere, por ejemplo, que, a comienzos de los años ‘70, Turquía copió una ley que había implantado Benito Mussolini en Italia. Prohibía hasta la sola mención de la existencia de la lucha de clases e incluso de la existencia de clases sociales.

Esas cosas raras no existían en Turquía.

–No. Querían convencer a la población de que se trataba de un país absolutamente homogéneo donde los ciudadanos eran perfectamente iguales. Y la propaganda comunista, o lo que fuese considerado propaganda comunista, como pensar diferente, se penaba con diez años de prisión. Todo era delito. Hablar de dominación era un crimen. Decir la palabra kurdo era un crimen.

¿Y cómo se nombraba un kurdo?

–Un turco de la zona montañosa. Más allá de ahí, castigo severo. Por supuesto, terminé arrestado. Fue en 1976. El fiscal sumó acusaciones y pidió 700 años de prisión.

Veo que no los cumplió.

–No. Me quitaron la libertad y me arruinaron la carrera que estudiaba en aquel momento. Yo quería un Master en Economía para seguir un posgrado en la London School of Economics. Era mi sueño. Por suerte el arresto fue tan arbitrario que el mío se convirtió en un caso famoso, a tal punto que Amnistía Internacional lo tomó como un emblema. Para ellos yo era prisionero de conciencia y así me empezaron a presentar ante el mundo en sus denuncias.

¿Amnistía Internacional logró liberarlo?

–No llegaron. A pesar de los 700 años que pidió el fiscal, me condenaron a ocho años, nueve meses y 20 días en la cárcel. Se lo digo así, con exactitud. Pero estuve tres años preso. Tal vez usted lo haya escuchado de presos políticos en la Argentina, pero quiero decirle que la cárcel fue mi segunda universidad. Era lo que pensaban entonces los dirigentes de izquierda. Si eras marxista, eras bueno. Si además te tocaba la cárcel, eras doblemente bueno. Estaba con otros estudiantes, con otros dirigentes políticos. Hablábamos mucho. Y un día, hablando, unos decidimos escaparnos.

¿Cómo se escaparon?

–Cavamos un pozo durante dos meses, con muchísimo cuidado de no hacer ruido ni dejar rastros de tierra, y al fin salimos del otro lado. Me habían conseguido un pasaporte falsificado. Logré cruzar Turquía, salir del país y llegar a Alemania. Me arrestaron. Tenía miedo de que me deportaran, porque sabía que la pena en una prisión turca sería aún mayor que antes, hasta que después de dos meses y medio en Munich me anunciaron que había llegado a verme un abogado. Otro prisionero me recomendó que en ese momento revelara mi verdadera identidad. Se la dije al abogado. Sonrió y me dijo: “Ya sé, Taner, pero quería comprobarlo. Tu papá está ahí afuera”. Claro, otra vez había contactado a Amnistía Internacional, que volvió a tomar mi caso. Todavía sigo en contacto con la gente de AI que conocí en esa época. No sabe qué agradecido estoy con ellos…

Usted es turco y es experto en genocidio armenio. En su relato me habló de los kurdos y la guerra de Vietnam, y hasta de la eliminación de las clases sociales por decreto, pero el exterminio de los armenios no apareció.

–Es que ni yo tenía idea real del tema en ese momento. En Turquía no habían quedado huellas. Ni Historia. Empecé a interesarme por el tema en 1988, en Hamburgo, en un instituto de investigación social. El director era hijo de un amigo de Heinrich Himmler, el jefe de las SS de Adolf Hitler. A ese amigo, Himmler le había dado la concesión del comercio de tabaco. Bueno, su hijo, el director del instituto, heredó el dinero de su padre y decidió que el mejor destino que podía darle era financiar investigaciones sobre lo que había ocurrido en Alemania. Empecé a estudiar la teoría de la tortura, que era uno de los temas del instituto. Mi objetivo, ya no en la Economía, volvía a ser convertirme en un investigador. Me interesé mucho en la Filosofía. Tomé cursos sobre Max Weber, sobre Hegel, sobre Kant, sobre Marx. Se me ocurrió que como tema de doctorado estudiaría la historia de la tortura en Turquía. A esa altura había dejado de ser un marxista. De cualquier manera, para mí Marx es tan respetable como Aristóteles. No habría pensamiento lógico sin ellos dos.

Disculpe, estuve en Alemania por primera vez en 1988. Creo que no fue un año cualquiera. Recuerdo que en muchas ciudades había memoriales o instalaciones por los 50 años de la Noche de Cristal, cuando los nazis atacaron a los judíos de Berlín.

–Efectivamente, ése fue un disparador muy importante de muchos estudios alemanes y se generó un clima de estímulo a proyectos como el mío. Al principio, como suele suceder, mi proyecto era enorme. Estudiaría el Imperio Otomano de fines del siglo XIX y los pogroms, con masacres de 8 o 10 mil personas. Haría una macroteoría de Auschwitz, de los gulags soviéticos, de la bomba atómica de Hiroshima. Mi objeto de estudio se acotó cuando puse la lupa sobre los juicios de Nuremberg contra los nazis. Descubrí que habían tomado elementos de los juicios de 1919-1922 realizados en Estambul para juzgar la matanza de los armenios. Ahí es cuando surge la noción de crimen contra la humanidad. Se realizaron 63 juicios con 16 sentencias a la pena de muerte, algunas de ellas en ausencia de los condenados. Hubo tres ahorcados. ¿Y por qué? Por haber participado en un asesinato masivo. A esa altura había conseguido documentos.

¿Actuaron tribunales civiles?

–No, militares. Con esos documentos extendí el propósito de mi investigación. Ya no abarcaría sólo el funcionamiento de los tribunales sino el genocidio.

¿Por qué, si la historia posterior buscaba la homogeneidad en la descripción de los hechos, se produjeron esos juicios?

–Porque entre 1919 y 1922 hubo una brecha en la continuidad que venía de antes y volvería ese último año. El propio Ataturk estuvo en un momento contra la matanza, que fue calificada de “acto vergonzoso”.

¿Cuál fue la razón por la que antes y después ese genocidio fue negado?

–Porque se trataba de alimentar la idea de una victoria nacional contra el poder imperialista. En 1923 se dejó la historia en cero. Y ahí comenzó todo. Una nación recién nacida que, como todo recién nacido, no tenía nada que recordar sino toda una vida por vivir. Claro, parecía una nación creada a partir de la nada.

¿Sigue siendo así?

–Desde 2002 hay un cambio en la elite turca. Un cierto conflicto de la nueva guardia con la vieja. No sabemos todavía qué profundidad alcanzará, pero de todos modos una fisura siempre es positiva en estos casos. Tenga en cuenta que la posición estatal se ve reforzada por la intervención militar turca en Chipre, en la década de 1970.

En aquel período de brecha que usted describió, también Turquía combatió contra los griegos y resultó victoriosa.

–Es que existe, por eso, una tradición de invencibilidad que fortalece las posiciones cerradas del Estado turco y les garantiza apoyo de clase media a los militares en distintos momentos de la historia. Hoy le puedo decir algo con toda certeza: ¿sabe cuál es la característica principal del genocidio armenio? Haberlo negado con tanta persistencia. Por eso la masacre de armenios incluyó la eliminación de grupos enteros de intelectuales. Eso logró que a los armenios les llevara 50 o 60 años volver a juntar fuerzas, energía y conocimiento para reconstruir su propio pasado. Primero hay que sobrevivir, después integrarse y comer, y recién en tercer lugar se puede reflexionar.

¿Puede explicar mejor el mecanismo estatal de negación?

–En Turquía es explícito. Está en la Constitución y es atribución del Consejo Nacional de Seguridad. Hay, además, un comité especial para luchar contra la idea del genocidio. Cuando digo Constitución, Consejo y comité, digo presupuesto y burocracia. Desde 1999 voy a Turquía todos los años a visitar a mi familia y a mantener contactos académicos. Y cada vez me convenzo más, sobre la base de nuevos documentos y de nuevas reflexiones, acerca de las peculiaridades de cada genocidio del siglo XX. En el genocidio armenio, lo más saliente fue la negación. En la Shoá cometida por el nazismo, la perfección del asesinato masivo. Y en Ruanda, la velocidad de la matanza.

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