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Lula da Silva a Correa: “La élite de América Latina no quiere democracia”- Videos de RT

Fuente original: Lula da Silva a Correa: “La élite de América Latina no quiere democracia”- Videos de RT

En esta nueva edición de ‘Conversando con Correa’, el expresidente de Ecuador dialoga con Lula da Silva, expresidente progresista de Brasil y líder del Partido de los Trabajadores. La conversación entre ambos profundiza en las dificultades históricas y políticas que han afectado a América Latina –en especial en su relación con EE.UU.– y en su necesidad de seguir luchando para mantener la dignidad social frente a cualquier intento de sometimiento.

Este encuentro entre Luiz Inácio Lula da Silva y Rafael Correa es también el encuentro entre dos expresidentes latinoamericanos progresistas, lo cual propicia, ciertamente, una lectura compartida del presente político basada en la experiencia directa de los problemas políticos de la región.

Correa recibe a Lula con una pregunta introductoria tan amplia como indispensable. Después del fulgurante progreso de Brasil durante los gobiernos progresistas del Partido de los Trabajadores (PT), de su éxito indiscutible en la reducción de los niveles de hambre y de pobreza, y de la considerable estabilidad democrática alcanzada en ese periodo, sobreviene la injusta “defenestración” sufrida por los dirigentes del PT: la persecución política de Lula y el ‘impeachment’ de Dilma Rousseff “basado en calumnias”, tal como señala el propio Correa. En añadidura, los dirigentes actuales aparecen salpicados por casos de corrupción al más alto nivel. “¿Qué ocurre con nuestro querido Brasil?”, pregunta Correa.

“Brasil lo tenía todo, para estar consolidando su democracia –explica Lula–. Todo empezó muy bien, hasta que empezaron las manifestaciones del 2013”. En opinión del expresidente brasileño, su país “estaba en una posición privilegiada, formaba parte de los BRICS, se había convertido en un protagonista internacional, y creo que los estadounidenses no estaban acostumbrados a ver cierta independencia por parte de América Latina”.

“En todo caso, los logros fueron extraordinarios”, apunta Rafael Correa, que considera “desconcertante” el rumbo posterior de los acontecimientos, y lamenta que “el resto de América Latina y el resto del mundo mirase hacia otro lado” ante las injusticias cometidas en Brasil contra el Partido de los Trabajadores.

Los intereses de las élites… dentro y fuera de Brasil

Por su parte, Lula ofrece una versión de los hechos clara y sencilla: “La élite brasileña nunca ha aceptado el hecho de que yo haya optado a favor de América del Sur”. El líder del PT asume que “Brasil era un país que estaba de espaldas a América del Sur; no miraba hacia África sino miraba directamente hacia EE.UU. y la Unión Europea”. “Yo decidí cambiar eso”, asevera.

“Estoy convencido –continúa Lula– de que hay un vínculo entre los intereses de la élite brasileña y los de la élite extranjera, sobre todo la de EE.UU”. El expresidente brasileño asegura que “muchas veces no conseguimos comprobar cosas en el mismo período que ocurren, pero hoy ya tenemos pruebas de que el Ministerio Público de Brasil está recibiendo instrucciones del Ministerio Público de EE.UU“. “Hay una combinación de intereses de la élite de países como EE.UU. y los de la élite brasileña”, añade Lula.

En cualquier caso, el político brasileño se muestra convencido de que “a EE.UU. no le interesa una América Latina independiente, no le interesa una América Latina con soberanía, y mucho menos interesa que un país con el tamaño de Brasil tenga influencia en las decisiones de América Latina”.

Estas reflexiones son congruentes con la visión geopolítica de Lula da Silva, que en un momento de la entrevista llega a afirmar que “la élite brasileña no está acostumbrada a la democracia; más que eso, creo que la élite de América Latina no quiere democracia”.

Autocrítica y ganas de luchar

Lula admite que “nosotros también hemos cometido errores, que nos dejamos llevar por la euforia, por las cosas que fuimos capaces de hacer, y por eso no se tuvo tanto cuidado en la organización del país”. En ese sentido, lamenta haber perdido una oportunidad de “consolidar el bloque del Sur”, y reconoce directamente que “no se consolidó”.

Correa, por su parte, llama la atención sobre la existencia de un “libreto” de acción política que “se aplica en varias partes de latinoamérica” y conlleva “la persecución de los políticos progresistas” y en no pocas ocasiones su “linchamiento mediático”, mientras los políticos conservadores parecen gozar de una suerte de impunidad.

Lula, sin embargo, no está dispuesto a rendirse: “me quedaré aquí y lucharé. Lucharé porque cuento con el apoyo de una parte de la sociedad organizada y muy fuerte, con la participación de estudiantes”, asegura, y añade que quiere convertir a Brasil en “un país que trabaje para el crecimiento conjunto de las naciones, un país que vaya con la cabeza erguida defendiendo los pueblos oprimidos del mundo”.

A su favor juega, sin duda, su buena disposición: “A mis 73 años tengo la energía de alguien de 30 años y las ganas de pelear de alguien de 20”, asegura Lula.

Durante este encuentro, entre Rafael Correa y Lula da Silva profundizan también en otras cuestiones de actualidad y de gran interés, que podrán ver en el video del programa que les ofrecemos aquí en su totalidad.

 

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¿Existe una nueva derecha en América Latina? — CELAG

@barbaraestereo
@Ava_GD

El avance de los gobiernos neoliberales desde la segunda década del siglo XXI, ya sea por la vía de procesos electorales o por la activación de golpes en contra de la institucionalidad -como sucedió en Brasil y Paraguay-, ha hecho resurgir en el imaginario colectivo y, en particular, en el entorno de los analistas y especialistas de la política, la idea del retorno de la derecha política al poder, desde una perspectiva de “fin de ciclo” de los gobiernos progresistas latinoamericanos.

Y es que los líderes latinoamericanos, que sustituyeron gobiernos de corte progresista por vías democráticas o a punta de golpes de Estado, manifestaron en una y otra ocasión estar en las antípodas de discursos innovadores y políticas progresistas. Así, recordando el decálogo de los años ´90, Temer ha establecido en Brasil una actividad orientada a la articulación de un discurso favorable y acorde con las políticas de ajuste fiscal, reformas laborales y previsionales que contraen derechos, represión de la protesta social y privatizaciones. En Ecuador, desde que Lenín Moreno llegó al poder de la mano de Alianza PAÍS y Rafael Correa, ha hecho lo posible por desmarcarse del ejercicio progresista de su antecesor, articulando y desarrollando estrategias de acercamiento a la vieja política, por medio de –entre otras acciones– un Referéndum Constitucional con el que buscó reestructurar el sistema político basándose en el acercamiento a los poderes económicos y políticos tradicionales, así como a sus medios de comunicación. Por su parte, Horacio Cartes, el presidente empresario del Partido Colorado en Paraguay, está en la recta final de un Gobierno de amplios ajustes en todos los sectores sociales, que han impactado en el aumento de la pobreza y la desigualdad.

Argentina, un híbrido entre lo nuevo y lo viejo

Mauricio Macri en Argentina logró instalar la percepción de que existe un nuevo tipo de político innovador, que articula en sus luchas políticas las concepciones de una sociedad cosmopolita con jóvenes interconectados en la “Aldea Global”, cuya pirámide de necesidades “New Age”, los hace ser parte de un target muy diverso. Esta perspectiva de “la nueva política” de Cambiemos, ha servido también para que los consultores de la nueva derecha enarbolen sus banderas y se posicionen (convirtiéndose en best sellers y en estrellas de la asesoría política) en todos los rincones de América Latina. Pero ¿cuál es el impacto su impacto en América Latina? más allá de Macri, con todas las dudas que puede suscitar llamar a su discurso “de renovación”.

El caso de Argentina fue utilizado de arquetipo por José Natanson para definir el nuevo estilo de la denominada “nueva derecha”. Natanson encuentra diferencias sustanciales del macrismo con otros gobiernos neoliberales “clásicos” cuya máxima expresión fueron los presidentes latinoamericanos de la década del ´90. Fundamentalmente en cierta construcción hegemónica, gracias a la acertada elección de formas y targets que el Pro y Cambiemos le endosaron a la política[1].

Analizaremos punto por punto cada una de las características de la novedad, o más bien de un nuevo híbrido, en el que  lo nuevo que no termina de nacer y lo viejo que no termina de morir.

1. La profesionalización de la campaña política

Con las campañas políticas ha pasado lo mismo que con los negocios, han encontrado en las nuevas tecnologías informáticas terreno fértil para vender desde productos hasta ideas. En este sentido, Cambiemos ha logrado medir los tiempos, los modos y las formas. Si antes el problema era la falta de información hoy la desinformación es producto de la sobrecomunicación. Ya no son sólo los medios de comunicación, aunque la visualidad se imponga y confluya en los grandes medios de comunicación, “cada muro es un mundo”.

De la misma forma en que las empresas compran información para saber el comportamiento de sus usuarios y crear mejores estrategias de venta, la política ha desarrollado un mercado de propaganda política, desde la masificación de líderes políticos en redes sociales, hasta ejércitos de perfiles anónimos denominados “trolls” que logran imponer tendencias en redes. Este tipo de estrategia agresiva de venta se encuentra en las antípodas de toda la cultura política previa.

La innovación y las campañas en redes sociales llegaron para quedarse, todos los partidos políticos competitivos -aunque rezagadamente- se han adaptado y cuentan hoy con perfiles y circulación en redes –especialmente los comentarios polémicos en twitter- y presencias en programas de T.V. En este punto la derecha ha sabido capitalizar las nuevas tecnologías y establecer una ventaja, interpretando la modernidad en clave simmeliana[2], con el predominio de la forma por sobre el contenido.

2. Política económica

En cuanto a la política económica, presenta diferencias y similitudes con la década de los ´90. En primer lugar, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la Presidencia se mantuvieron el carácter estatal de los servicios públicos, aunque con sucesivos aumentos de tarifas y la baja en las jubilaciones mediante la polémica reforma previsional. Pese a ello, hasta ahora su política no ha sido la de privatizar, es decir no ha presentado una política antiestatista -aunque sí de recorte al gasto público- pero es posible que ante la inviabilidad de seguir tomando deuda sea una opción[3].

Los despidos masivos, son asunto complejo ya que no fueron de una vez sino en sucesivas oleadas. Solo durante el mes de enero de 2018 el Centro de Economía Política Argentina (CEPA)[4] ha registrado un total de 6.639 despidos y suspensiones en todo el país. Cifra que representa casi el doble que la registrada por el mismo organismo en enero de 2017 (3.692 casos) y también en diciembre 2017, donde se contabilizaron 3.346 despidos. En el desglose de los casos mencionados, casi el 60 % de los despidos corresponde al sector público y se concentran en los organismos descentralizados de la administración. Mientras tanto, el viraje hacia la supremacía del sector financiero arroja por la borda a los trabajadores del sector privado.

3. Local Vs. Público

Sin lugar a dudas la verdadera novedad de Cambiemos se desarrolló en su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, donde logró imponer un imaginario de administración eficiente y moderada, modernizando la política de transporte, la oferta cultural y el mejoramiento de espacios verdes y plazas[5]. En este sentido, tampoco presenta una innovación dado que el concepto de Alcaldización de la política[6] da cuenta de cómo en el caso chileno el régimen militar logró reformular la política, sacándola de sus escenarios históricos y trasladándola a los espacios micro –comunas–, donde transcurría la vida cotidiana de las personas, hecho que constituía una nueva institucionalidad y formaba parte del proceso de resocialización del pueblo chileno emprendido en 1973.

4. Escenificación de la política

Natanson señala un aspecto clave, el discurso de la cultura del trabajo enarbolado por lo que denomina “herederos meritocráticos”. En cuanto a su Gabinete de ministros, destaca la presencia de outsiders nuevos en la política como el actual Jefe de Gabinete, Marcos Peña, politólogo (Universidad Torcuato Di Tella). Sin embargo la coexistencia con miembros de la política tradicional como Patricia Bullrich, quien ejerció como secretaria de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios en los años 1999 y 2000, fungiendo también como ministra de Seguridad Social en los años 2000 y 2001, en vísperas del estallido social. En el mismo sentido Horacio Rodríguez Larreta, el Jefe de Gobierno porteño, no sólo pertenece a la aristocracia argentina sino que se ha desempeñado largamente en el ámbito público[7]. La novedad es la incorporación de CEOS ejecutivos del sector privado, quienes se sumaron –incompatibilidad de intereses mediante- al sector público, tales como Guillermo Dietrich o Guillermo Aranguren[8]. Sin embargo, este hecho no ha tenido mayores repercusiones en la opinión pública en parte porque la política puede consumirse como una representación de la realidad y no la realidad en sí misma. El mejor ejemplo en este sentido lo constituye la escenificación del timbreo, ficción diseñada para parecer espontánea e informal, pero al ser una ficción bien lograda consigue el mismo efecto –apelar a sentimientos, sensación de escucha y, una vez más, cotidianeidad- homologando al ciudadano con el vecino y bajando la carga política.

 5. Hegemonía cultural

Sin duda su gran logro es la apelación a una idiosincrasia New Age, una identidad global e individualista con preocupaciones ecológicas y ávidas de cuidado de uno mismo. Estos ciudadanos que adscriben a hábitos saludables   ven con buenos ojos la revalorización de lo cotidiano y lo “normal” ante lo que consideraban como una exaltación de la política por parte del kirchnerismo. “La gente quiere estar tranquila” –léase que aspiran a disminuir la centralidad de la política en su cotidianeidad-. En este sentido, suscribe a una “renovación modernizante” frente al sacrificio totalizante que le proponía como modelo de vida el Gobierno anterior.

Por último, además de la estrecha relación en términos económicos, en lo concerniente a la esfera cultural y de construcción de sentido, Cambiemos ha tenido gestos de condescendencia para con la última dictadura militar[9] [10]. Desde declaraciones oficiales negacionistas hasta el beneficio de la prisión domiciliaria a ex represores[11], sin olvidar el retorno a una política de mayor represión. En este aspecto, poca es la diferencia con políticos como Pedro Pablo Kuczynski (PPK) –quien otorgó la prisión domiciliaria nada menos que al ex dictador Alberto Fujimori-, a la reivindicación de Alfredo Stroessner por parte del candidato del Partido Colorado Mario Abdo Benítez –hijo del ex secretario privado del dictador-, de los festejos con el busto de Pinochet ante la victoria de Sebastián Piñera[12] o los elogios a la dictadura brasileña que profesara Jair Bolsonaro, candidato presidencial que se ubica en segundo lugar de preferencias, por debajo de Lula da Silva.

A modo de conclusión

En su mayoría, los nuevos gobiernos de la derecha regional no desarrollaron un cambio radical en sus discursos y tampoco en los articulados legislativos. En todo caso, hicieron un ejercicio de réplica de procesos de ajuste provenientes de finales del siglo XX. La oleada del discurso progresista impactó en menor medida en los países que mantuvieron regímenes políticos continuistas como México, donde el PRI de Enrique Peña Nieto se mantuvo firme en su enfoque de políticas neoliberales, al igual que Santos en Colombia, cuyo salto a la paz se convirtió en una nueva oportunidad para amplificar el proceso de apertura económica del país. Finalmente PPK, quien comenzó su mandato buscando apelar al apoyo de una derecha más liberal que conservadora en Perú, se encontró con un entramado mucho más conservador que el imaginado. Para subsistir no pudo recrear imaginarios globalizados como en el caso argentino, sino que desempató la grieta más honda que polariza al país -la misma que lo convirtió en presidente- inclinándose por el poder real mediante el indulto a Fujimori[13].

Ni los regímenes continuistas ni los rupturistas asumieron un cambio del eje discursivo ni tampoco una nueva forma de “hacer política”. Sin embargo, el halo del cambio sí está presente en algunas campañas, pero con poca permeabilidad en el electorado más conservador, que parece movilizarse masivamente ante posiciones “duras” en torno a la familia, el aborto, la denominada “ideología de género” y, que generalmente, están articulados en torno a actividades eclesiásticas. Un caso ejemplar es el de Costa Rica[14], en donde el líder político Fabricio Alvarado, candidato presidencial del partido de corte religioso–conservador, Restauración Nacional, ganó la primera vuelta de las recientes elecciones del país centroamericano.

Ahora bien, es cierto que en Argentina Cambiemos logró imponer una lectura de época por sobre la épica de la gestión anterior, más la época no es homogénea y su estrategia triunfal no es necesariamente extrapolable a la política latinoamericana en su conjunto. En parte porque el pentecostalismo ha logrado un gran arraigo en el imaginario social de grandes sectores y ha fortalecido la visión de una sociedad con valores conservadores: familia, trabajo e iniciativa privada[15] [16].

No se trata de que hoy –a diferencia de los contextos de dictaduras de los años ´70/´80– las derechas sean más democráticas por convicción, sino tal como sostiene Guillermo O´Donnell, las burguesías nacionales atraviesan períodos contingentes en los que pueden coincidir con la democracia. Actualmente, en los casos en que las derechas han tenido un largo rol opositor (Argentina, Ecuador, Bolivia, Brasil y Venezuela) han  logrado articular un discurso consensualista que intenta presentarse como “post-ideológico”, apelando a “los problemas de la gente”. En cambio, en otros casos donde la derecha  ha gobernado sin interregnos progresistas, las derechas no han tenido la necesidad de reactualizar -en términos generales- ni sus discursos ni sus políticas, por el contrario han consolidado su posición.

[1] Sobre el carácter “democrático” Martín Granovsky ha problematizado el concepto en su artículo ¿Derecha democrática? desde una perspectiva de democracia plena y no meramente electoralista. Sobre este punto más en: http://www.celag.org/hablamos-cuando-hablamos-democracia/

[2] Simmel, Georg; con prólogo de Carlos Astrada.  El conflicto de la cultura moderna, 1a ed. – Córdoba : Universidad Nacional de Córdoba; Encuentro Grupo Editor, 2011. En: https://rdu.unc.edu.ar/bitstream/handle/11086/1164/El%20conflicto%20de%20la%20cultura_Simmel.pdf?sequence=3&isAllowed=y

[3] http://www.celag.org/elecciones-argentina-rol-la-economia-la-politica-la-victoria-pro/

[4] https://gallery.mailchimp.com/e9c6f62a4dc825f6a9dab4e88/files/66b0b87b-9928-4763-b5bc-f0bb928362cc/Informe_laboral_enero_2018_CEPA.pdf

[5] http://www.celag.org/blancas-prolijas-y-seguras-ciudades-derechas/

[6] Valdivia, V. y Fritz, K. La alcaldización de la política: los municipios en la dictadura pinochetista. Santiago de Chile: LOM Ediciones, (2012).

[7] Horacio Rodríguez Larreta fue nombrado gerente general de la ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social) en 1995 y subsecretario de Políticas Sociales en la Secretaría de Desarrollo Social en 1998. En noviembre del año 1999, fue designado interventor del Programa de Atención Médica Integral, dependiente del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados. Durante su gestión, el 29 de julio de 2000 se suicidó el reconocido cardiocirujano René Favaloro, entre otras razones, debido a la millonaria deuda que el PAMI mantenía con su fundación. Asimismo, el ministro de Trabajo Jorge Triaca es hijo del dirigente gremial y político Jorge Alberto Triaca, quien había encabezado el mismo Ministerio entre 1989 y 1992.

[8] Más información en: http://www.celag.org/cartel-ministerial/

[9] http://www.celag.org/cronica-de-una-venganza-anunciada-por-barbara-ester/

[10] http://www.celag.org/del-nunca-mas-al-2×1-los-ddhh-en-argentina/

[11] http://memoria.telam.com.ar/noticia/organismos–la-libertad-de-etchecolatz-es-un-limite_n8335

[12] https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2017/12/17/festejan-triunfo-de-pinera-con-busto-de-augusto-pinochet.html

[13] http://www.celag.org/peru-la-noche-los-indultos/

[14] http://www.celag.org/alvarado-proximo-presidente-costa-rica/

[15] http://www.celag.org/iglesias-evangelicas-poder-conservador-latinoamerica/

[16] http://www.celag.org/la-re-espiritualizacion-la-politica/

Fuente: http://www.celag.org/existe-una-nueva-derecha-america-latina/amp/?__twitter_impression=true

Populismo latinoamericano, ¿espejo o antídoto del trumpismo? | Página12

Está de moda entre los liberales más fanáticos de los Estados Unidos comparar al “trumpismo” con el peronismo argentino, esgrimiendo la analogía como una advertencia sobre el potencial apocalipsis que –temen– está a punto de envolvernos. Recientemente, Larry Summers, miembro del establishment demócrata durante décadas, planteó a través de Twitter: “Me preocupa la argentinización del gobierno de Estados Unidos”. Summers escribió el tuit después de que Trump acusara a los demócratas de traición y de que los medios informaran sobre los deseos infantiles del presidente para un desfile militar. Usó una caracterización estándar del peronismo como un movimiento autoritario, una descripción habitual que seguramente hizo asentir a muchos estadounidenses.

No son sólo los demócratas quienes tratan al peronismo como paradigma de un autoritarismo peligroso. En abril de 2009, Rush Limbaugh intervino ante el inminente rescate gubernamental de General Motors y Chrysler diciendo: “El presidente de los Estados Unidos, Barack Perón, anunciará la adquisición de Chrysler al estilo argentino”. Incluso los académicos más reflexivos han argumentado recientemente que “Perón muestra cómo Trump podría arruinar nuestra democracia sin derrumbarla”.

Sin embargo, al igual que muchos otros clichés históricos, éste es incompleto, si no absolutamente erróneo. Ignora que el núcleo del peronismo fue una visión que es el exacto opuesto del trumpismo. El peronismo lideró un proceso de expansión de la igualdad económica, la organización colectiva y la emancipación política. El trumpismo, por el contrario, se basa en las tendencias hacia la desigualdad, el individualismo y la falta de compromiso político que impregnan la vida norteamericana desde hace décadas.

De hecho, la comparación revela más sobre quienes la repiten que sobre Trump mismo. Aunque conforman el partido más liberal, los demócratas priorizan el resguardo de las instituciones liberales por sobre el avance hacia objetivos políticos, como una mayor igualdad económica. De hecho, equiparan a muchos intentos por alcanzar esos objetivos –como el peronismo– con un autoritarismo peligroso.

El peronismo y los movimientos similares de América Latina indudablemente reformularon a la sociedad y la política, desde las ideas hasta las instituciones. Pero esos proyectos, englobados bajo la categoría de “populismos” representan una amenaza menor para la democracia que la tendencia demócrata a deificar las instituciones políticas y resguardarlas a toda costa, incluso sacrificando principios subyacentes como equidad, justicia e igualdad.

En la década de posguerra, Juan Perón presidió un proceso de masiva redistribución de la riqueza en beneficio de las clases trabajadoras emergentes. En alianza con un movimiento sindical movilizado, su gobierno incrementó la intervención estatal en la economía y proveyó bienes y servicios a los trabajadores, incluyendo la atención gratuita de la salud pública y la educación para todos, así como una amplia gama de servicios sociales administrados por los sindicatos. El peronismo estableció fuertes regulaciones al capital privado y aseguró derechos y las protecciones laborales a los trabajadores sindicalizados.

A fines de la década de 1940, más del 80 por ciento de los trabajadores definían sus ingresos y condiciones de trabajo bajo un sistema de negociación colectiva, y la participación de la mano de obra en el ingreso nacional crecía por encima del 50 por ciento, un hito en la historia argentina. En un momento en que la guerra castigaba la economía mundial, la ingesta calórica diaria de los trabajadores de Argentina era de unas 3 mil calorías, superada solo en los Estados Unidos.

Durante el gobierno de Perón, la Argentina también experimentó un proceso de expansión masiva de los derechos políticos. Las mujeres votaron a nivel nacional por primera vez en 1952, y los activistas sindicales llegaron a ser embajadores, miembros del Congreso y funcionarios del gabinete.

Las transformaciones sociales de Argentina se parecieron en cierto modo a las que tuvieron lugar en los Estados Unidos durante el New Deal. Perón ciertamente pensaba eso: además del famoso llamado a elegir entre Braden o Perón el discurso que cerró su campaña presidencial en 1946 citaba párrafos enteros del segundo discurso inaugural del presidente Franklin Roosevelt. Y así, irónicamente, también lo veían políticos y empresarios estadounidenses, que constantemente invocaban el espectro del peronismo como un argumento a favor de desmantelar el New Deal, y como un oscuro ejemplo de la intervención gubernamental en la economía y la participación sindical en la política.

La idea que impulsó esos cambios en Argentina es la de derechos sociales. El peronismo y otros movimientos populistas en la América Latina de posguerra entendieron que los derechos políticos y el bienestar de los grupos económicamente desfavorecidos habían sido sistemáticamente frustrados por las élites económicas. Por eso, tenían derecho a protecciones y beneficios específicos como una “clase” –por encima y más allá de los derechos individuales como ciudadanos–, para que sus miembros pudieran ejercer el mismo nivel de influencia en la sociedad que otros detentaban individualmente. Dado que ningún trabajador individual podía ejercer tener tanto poder como un gran empresario, los sindicatos permitirían a los trabajadores alcanzar colectivamente el mismo tipo de acceso y de influencia que otros conseguían en virtud de su poder económico.

Es cierto, el peronismo empujó los límites de las instituciones democráticas, apeló a la coerción y la violencia contra sus opositores, y creó un ambiente político tóxico, sofocado con imágenes de Perón y su esposa Eva como redentores de la clase obrera argentina. Al mismo tiempo que el movimiento obrero vivió un periodo de expansión de derechos inédito, Perón indudablemente utilizó al gobierno para controlar a los sindicatos y ejercer una influencia indebida sobre los medios de comunicación. Pero el peronismo pagó un precio alto por estas acciones, asfixiando la dinámica democrática que había ayudado a crear y contribuyendo a su propia ruina.  La violencia de los años 40 y 50 bajo Perón fue mínima en comparación con los feroces ataques contra los trabajadores organizados que la precedieron. Y empalidece frente a los posteriores intentos represivos de borrar todo rastro del peronismo, incluyendo el terrorismo de Estado de la dictadura que ejerció el poder entre 1976 y 1983, terrorismo librado en nombre de “erradicar la agresión marxista y populista”.

¿Qué tiene esto que ver con Trump? Poco, si algo. Durante su primer año en el poder, el trumpismo ha sido consistente en sus esfuerzos por flexibilizar las regulaciones laborales, debilitar a los sindicatos y ensalzar los beneficios de ampliar la libertad de acción del capital. Por encima de todo, lo que hace al trumpismo tan diferente del peronismo es la correlación entre su surgimiento y la disminución del poder sindical y la creciente desigualdad en los Estados Unidos, el exacto reverso de lo que llevó a Perón al poder.

Un ataque prolongado y feroz de parte de empresarios y elites ha dejado al poder sindical de los Estados Unidos en declive desde los años 50. La afiliación y la capacidad de negociación han alcanzado mínimos históricos: el 11,5 por ciento de los trabajadores asalariados están sindicalizados y el 13 por ciento están cubiertos por convenios colectivos.

La falta de representación de los trabajadores, y no su poder creciente, impulsó el éxito de Trump. Su triunfo se basó en la crucial victoria republicana de 2011 en Wisconsin, que redujo los derechos de negociación colectiva para la mayoría de los empleados públicos. Esos avances continuaron debilitando la relación enfermiza entre los demócratas y los sindicatos en los estados del cordón industrial (Rust Belt), donde las políticas económicas de la administración de Obama –como advirtieron Joseph Stiglitz y otros– tuvieron como resultado una recuperación lenta y desigual.

El trumpismo y los matices racistas de su agenda prosperan en ese clima de desigualdad económica y de sordera política a las demandas de igualdad. Junto con los recortes de impuestos para los ricos, la administración de Trump ha avasallado a derechos de trabajadores y sindicatos de manera constante, incluyendo el agresivo desmantelamiento de las agencias reguladoras en el área de relaciones laborales, la reforma de la legislación y de los precedentes favorables a los derechos de trabajadores, y un enfoque general que beneficia a empresarios y emprendedores y desalienta la organización sindical.

La comparación de Summers entre el trumpismo y el peronismo es profundamente problemática: ignora de qué manera fundamental son dos polos opuestos, y acepta una definición de la democracia y la libertad que prioriza a las instituciones por encima de todo. Esta orientación –con su punto ciego para las demandas populares– es justamente la que ofreció una brecha para el ingreso de las recetas autoritarias de Trump y su ataque al mismo electorado impulsado por el peronismo en Argentina: la clase trabajadora y los pobres. En lugar de temer al populismo latinoamericano, quizás –como ha sugerido la politóloga Thea Riofrancos– los demócratas deberían mirarlo como un instrumento posible para construir un país más equitativo y justo. Sólo abrazando –antes que desechando– los reclamos colectivos de dignidad, y cuestionando el orden vigente, podrá el país enfrentar al trumpismo y a las causas de su ascenso al poder.

* La primera versión de este artículo se publicó en The Washington Post.

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El eterno debate entre solidaridad y caridad | Opinión | Página12

El eterno debate entre solidaridad y caridad
Por Andrea Conde *

El 1º de este mes fue furor en las redes el video del papá entrevistado por C5N acerca del tarifazo. El hombre contó que no puede viajar más en bondi porque ya no le alcanza para los alfajores que les lleva a sus tres hijxs todos los días. Esto llegó al Twitter del dueño de Guaymallén que dijo que él le iba a regalar todos los alfajores que quiera. Lxs usuarixs en las redes se emocionaron hasta las lágrimas y salieron a buscar al papá para que le lleguen esos alfajores. El asunto del tarifazo quedó en segundo plano. Que Papá Alfajor trabaja para una empresa del Gobierno de la Ciudad por 300 pesos al día, también. Todo el mundo salió a decir que había que comprarle toda la fábrica de alfajores Guaymallén al dueño, para agradecerle por tan enorme corazón.

A mí toda esta secuencia me deja pensando.

¿Está mal que el dueño de Guaymallén haga una donación a alguien que la necesita? No.

¿Actitudes como las del dueño de Guaymallén suelen ser excepciones y por eso de hecho suelen ser noticia? Sí.

¿El dueño de Guaymallén podría proveer gratuitamente a todos los papás alfajor del país para que sus hijxs tengan una golosina diaria? No.

Solidaridad y caridad no son la misma cosa. Cuando se habla de estos conceptos se suele citar el refrán “hay que enseñarles a pescar y no darles el pescado”. Enseñar a pescar es solidario porque lxs autonomiza. Darles el pescado es caridad porque no resuelve el problema de fondo. ¿Por qué entonces se festeja tanto la actitud de un comerciante que le resuelve el alfajor a una persona y sus 3 hijxs en un acto de caridad? ¿Qué pasaba con Papá Alfajor y sus tres hijxs si al dueño de Guaymallén no le llegaba el mensaje o si justo la cronista decidía entrevistar a otra persona? ¿Qué pasa con el resto de lxs dueñxs de fábricas de alfajores, no tienen tele? ¿Y lxs dueñxs de las fábricas de leche? ¿Qué pasa con todos los demás “papás alfajor” que no salieron ayer en C5N?

El refrán del pescado suele ser muy citado por lxs detractores del gobierno anterior en relación a los planes sociales. ¿Está bien que mucha gente deba vivir de ellos? No. ¿Son necesarios para atender una necesidad alimentaria urgente de una gran parte de la población? Sí. La diferencia entre el dueño de Guaymallén y el Estado es que los planes sociales se aplican de manera sistemática a través de normas que van más allá de la voluntad individual de las personas, alcanzando a grandes cantidades de población. Y es justo ahí cuando la caridad deja de llamarse caridad (un acto individual y voluntario) y se convierte en garantía de derechos de las mayorías. El dueño de Guaymallén no puede garantizar derechos. Él dona porque quiere. Cuando quiere. A quien quiere. Y si quiere. Entonces, ¿por qué muchas veces criticamos al Estado por hacer lo mismo que el dueño de Guaymallén pero con mucha más gente? Esto es, por lo menos, muy extraño.

Solidaridad y caridad no son la misma cosa y eso el peronismo lo expresó muy bien. El aguinaldo como derecho universal para lxs trabajadorxs es un ejemplo de eso. Hoy, ante un gobierno que es directamente responsable de que Papá Alfajor gane 300 pesos por día (porque es su empleador), que sistemáticamente perjudica a las grandes mayorías con la suba de las tarifas, y que busca imponer un tope del 15 por ciento a las paritarias cuando la inflación que él mismo genera es mucho más alta, estaría bien no perder el foco.

¿No será que no nos conviene seguir dejando que nos quiten derechos (poder viajar en bondi) a cambio de migajas (literalmente, migas comprimidas en forma de alfajores)?

¿Cómo se le enseña a pescar a Papá Alfajor? ¿Será decirle que él mismo puede ser un emprendedor porque puede alquilar todo lo que no usa y que si no gana más es porque no quiere, como hizo el recién electo legislador del PRO Andy Freire? ¿O será decirle que está mal que el Estado le pague 300 pesos por día y que tiene que luchar por mejorar su salario junto con todo el resto de los “papás alfajor” del país que no tuvieron la suerte de salir ayer en la tele, para no tener que depender de las ganas del dueño de Guaymallén?

Solidaridad y caridad no son la misma cosa. Estaría bien que en estos tiempos neoliberales que corren, no lo olvidemos.

* Legisladora porteña (Unidad Ciudadana). Militante en Nuevo Encuentro.

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El Sueño Americano roto: Trabajadores de Silicon Valley duermen en autos al no poder pagar alquiler – RT

El creciente número de personas sin hogar, a pesar de trabajar duramente, ha llevado a muchos gobiernos locales a declarar estados de emergencia, generalmente reservados para desastres naturales.

El Sueño Americano roto: Trabajadores de Silicon Valley duermen en autos al no poder pagar alquiler

Silicon Valley, ubicado en la costa de California (EE.UU.), es mundialmente conocido como el hogar de las corporaciones más ricas del mundo. No obstante, pocos saben que esta ‘meca’ tecnológica alberga también un creciente número de personas que incansablemente persiguen el ‘Sueño Americano’ pero no tienen una vivienda dónde resguardarse.

No se trata de los llamados ‘homeless’, gentes que, por diversos motivos, abandonaron la economía y ahora viven en las calles, sino de hombres y mujeres que tienen empleos, a veces dos o tres al mismo tiempo, pero no son capaces de pagar el más modesto alquiler de una vivienda. Estas personas han llegado a definir una subcultura completamente nueva de estadounidenses, que no se conocía desde hace varias décadas: son los ‘trabajadores sin hogar’.

Valle de los desesperados

Impulsado por docenas de compañías de alto nivel en el ‘ranking’ Forbes 100 –como Apple, Alphabet (Google), Hewlett Packard, Oracle y muchas más–, Silicon Valley representa un tercio de todas las inversiones de capital de riesgo en EE.UU. Entonces, ¿cómo explicar el fenómeno inquietante de los empleados, maestros, trabajadores de mantenimiento, plomeros y muchos otros del sector de servicios que viven en automóviles y casas rodantes aparcadas en estacionamientos porque su salario no es suficiente para pagar el costo de un alquiler básico?

De acuerdo con el material de ABC News dedicado al tema, la renta media en el área metropolitana de San José es de 3.500 dólares al mes, pero el salario promedio es de 12 dólarespor hora en servicios de comida y de 19 dólares por hora en asistencia médica, una cantidad que ni siquiera cubriría los costos de la vivienda.

El informe detalla la desgarradora historia de Ellen Tara James-Penney, de 54 años, profesora de la Universidad Estatal de San José, quien gana 28.000 dólares al año por impartir cuatro cursos de inglés y acumula 143.000 dólares en deuda estudiantil después de obtener dos títulos. La mujer también redacta y corrige documentos y prepara lecciones en su gigantesco Volvo. Por la noche, inclina hacia atrás el asiento del conductor y se prepara para dormir con uno de sus dos perros, Hank, a su lado. Su marido, Jim, que es demasiado alto para el automóvil, duerme afuera en una choza junto con el otro perro, Buddy. Y no es un caso único.

Mountain View, por ejemplo, poblado que habitan unas 80.000 personas, tiene diseminados por sus calles más de 300 vehículos que sirven de estrecho alojamiento para individuos y aun familias enteras. Según el sitio web oficial de la ciudad, la falta de vivienda casi se duplicó en dos años, al pasar de 139 en 2013 a 276 en 2015. Estas cifras aumentaron aún más en todo el condado en 2017.

¿Culpar a los pobres?

A menudo, los residentes locales suelen culpar a estas personas sin hogar por el empeoramiento de las condiciones en la zona. Se preguntan muchos de ellos: ¿Por qué simplemente no se mudan a un lugar donde los hábitos de gasto de los ultra ricos no hayan desencadenado una fuerte inflación? Y aunque parece haber algo de sentido común en ese razonamiento, el problema no es tan simple, ya que se extiende más allá de las fronteras de Silicon Valley.

La falta de vivienda es ahora  notoria en todo el país, aunque especialmente en California. En un estudio recientemente publicado por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EE.UU., cuatro de las 10 ciudades con mayor índice de personas sin hogar se encontraban en California (Los Ángeles, San Diego, San Francisco y San José). La ciudad de Nueva York ocupó el primer puesto.

Enterrado bajo noticias alentadoras acerca de un mercado accionario en ascenso y sueldos ejecutivos que roban el aliento, el drama de las personas sin hogar sigue creciendo en números, al punto de que ha llevado a muchos gobiernos locales a declarar estados de emergencia, una medida generalmente reservada para desastres naturales. Arriba y abajo en la costa californiana, en particular, los funcionarios están luchando por soluciones.

“Tengo en mi ciudad un desempleo de 0 % y tengo miles de personas sin hogar, que en realidad están trabajando y que simplemente no pueden pagar una vivienda. No hay ningún sitio para que esta gente se mude. Cada vez que abrimos un nuevo lugar, se llena”, explica el concejal Mike O’Brien, de la ciudad de Seattle, a ‘The Washington Post’.

“Esta no es una crisis de desempleo, que esté llevando a la pobreza por aquí”, dijo Tom Myers, el director ejecutivo de Community Services Agency, una organización sin fines de lucro con sede en Mountain View. “La gente está trabajando”, aseveró.

Lo que no tienen es dónde vivir.

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Desgarradora pobreza y miles de vagabundos en el corazón de Los Ángeles – RT

Los indigentes deben sobrevivir en medio de pilas de basura y solo cuentan con 9 baños por cada 2.000 personas.

VIDEO: Desgarradora pobreza y miles de vagabundos en el corazón de Los Ángeles

commons.wikimedia.org / Jorobeq / CC BY 2.5

Calles repletas de precarios refugios improvisados donde viven miles de personas sin hogar, rodeados de montañas de basura y miseria. No se trata de un país africano devastado por la pobreza ni de una favela. Tampoco de una villa de emergencia. Es el barrio conocido como Skid Row, en el corazón de Los Ángeles, la capital financiera de California, el estado con el mayor PBI de EE.UU.

Un video grabado por una cámara frontal de un automóvil que recorrió ese barrio marginal californiano muestra la triste realidad de las 20.000 personas que viven en sus calles.

Las imágenes fueron publicadas este 26 de diciembre, apenas un día después de la Navidad, pero en Skid Row no se percibe ni el menor rastro de ambiente festivo.

Su paisaje urbano consiste en un monótono escenario de tiendas y lonas tendidas a lo largo de la vía pública, donde viven familias enteras con sus niños e incluso discapacitados en sillas de ruedas, en medio de la suciedad, bolsas, papeles y desperdicios.

El video, de poco menos de tres minutos de duración, fue inicialmente compartido a través de Instagram y, posteriormente, subido a LiveLeak. “Tras conducir por el barrio, es evidente que muchos de sus habitantes padecen problemas mentales y de salud“, reza la descripción del portal.

A pesar del trabajo de las ONG, las precarias condiciones de este barrio obligan a sus habitantes a vivir en catastróficas condiciones de higiene. En este sentido, un informe presentado este junio y titulado ‘Sin lugar adonde ir’ (‘No Place to Go’), sostiene que hay apenas 9 baños públicos por cada 2.000 personas sin hogar en Skid Row. Solo unos pocos logran acceder a los refugios y raciones de comida ofrecidos por las misiones de caridad.

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Una japonesa muere por exceso de trabajo después de hacer 159 horas extra en un mes – RT

La cadena televisiva NHK reconoció que el fallecimiento de una empleada en 2013 por culpa de un exceso de actividad laboral refleja “un problema en su conjunto” del sistema laboral nipón.

Japón se ha visto obligado nuevamente a reflexionar sobre su cultura de trabajo después de que los órganos de inspección laboral dictaminaron que la muerte en 2013 de una empleada de la cadena televisiva del país, NHK, fue causada por exceso de trabajo, informa ‘Japan Times’.

Miwa Sado, de 31 años, que trabajó en la sede del canal ​​en Tokio, hizo 159 horas extra y se tomó solo dos días de descanso en el mes previo a su muerte por insuficiencia cardíaca en julio de 2013. Una oficina de normas laborales en Tokio atribuyó su muerte al ‘karoshi’ (“muerte por exceso de trabajo”, en japonés), pero su caso solo fue hecho público por su exempleador esta semana.

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