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Huevos.

Fuente:

http://ubikblog.wordpress.com/2011/02/07/huevos/

7 de febrero de 2011.

Huevos

Ayer ocurrió algo muy bonito. Mi amigo Juan Gómez-Jurado, escritor de fama internacional, autor de las novelas Espía de Dios, Contrato con DiosEl Emblema del Traidor, puso a disposición de los lectores su primera novela en su cuenta de Twitter.

Gómez-Jurado, que en los últimos meses se ha expresado en favor del cambio al libro electrónico, y con una postura reacia a la Ley Sinde y a la demonización de las descargas, publicó en ALT1040 un artículo controvertido titulado La Piratería no existe.

Poco después, como reacción, recibió una carta del ínclito Alejandro Sanz (ultradefensor de los derechos de autor y que está convencido de que la piratería y el hambre en África están relacionados), donde le instaba a tener huevos de poner su novela gratis.

Su propuesta ha sido ésta:

La respuesta ha sido enorme. En cuestión de horas, a pesar de la crisis, la incertidumbre, se han donado más de 4000 euros a Save The Children (que nos consten, sin contar anónimos), y no me quiero ni imaginar el número de descargas de Espía de Dios. Emocionante, maravilloso.

Descargar ‘Espía de Dios’ | aquí

Donar a Save The Children.

Al-Jazeera publica bajo licencia Creative Commons su cobertura de la revuelta popular en Egipto.

Fuente:

http://barrapunto.com/article.pl?sid=11/01/31/065236

Al-Jazeera publica bajo licencia Creative Commons su cobertura de la revuelta popular en Egipto.

31 de enero de 2011.

Pese a que el Gobierno egipcio les ha retirado la licencia de emisión y suspendido las acreditaciones de todos sus periodistas, la cadena qatarí Al-Jazeera sigueemitiendo información sobre la revolución en Egipto. Los que no tengáis Flash podéis ver en directo la emisión de Al-Jazeera en inglés con rtmdump y mplayer. La revista Salon contaba el otro día (y en Hacker News lo comentaban) que en Estados Unidos es casi imposible ver la cadena porque, con dos excepciones, los distribuidores de cable se niegan a ofrecerla a sus usuarios. Las cadenas de noticias 24 horas y los informativos podrían aprovecharse de su cobertura, y si no lo hacen es porque no quieren: Wired informa que Al-Jazeera está ofreciendo su material sobre Egipto bajo una licencia Creative Commons, libre de pagos y permisos, con el sólo requisito de citar la fuente.

La cobertura internacional de Al-Jazeera es espectacularmente buena, lo que no es de extrañar considerando que los periodistas son sobre todo refugiados de los servicios internacionales de la BBC. Además, Al-Jazeera tiene como norma no mandar enviados especiales: los corresponsales son siempre gente que conoce el lugar del que informa, y como mínimo habla el idioma local. Algo que debería ser lo de menos; leer noticias de un corresponsal extranjero que sólo se comunica mediante intérpretes es como ver películas dobladas: mejor que nada, pero no óptimo. En el caso de Egipto, la calidad periodística y el conocimiento del terreno se unen para hacer la mejor cobertura de la revolución que están viviendo en el país en estos días.

Los digitalizadores de libros en la red explican sus razones.

Fuentes:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-20565-2011-01-23.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/20565-5611-2011-01-23.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/20565-5612-2011-01-23.html

DOMINGO, 23 DE ENERO DE 2011.

CULTURA: LOS DIGITALIZADORES DE LIBROS EN LA RED EXPLICAN SUS RAZONES.

“Hay esperanza de gozar un acceso franco a la cultura”

El diálogo establecido con varios personajes dedicados a la digitalización de textos aquí y en el mundo revela que, más que una búsqueda de hacer dinero con productos piratas, hay una intención de mantener la circulación de conocimientos.

Por Facundo García.

Para empezar, una hipótesis de trabajo: en un reino de- sigual –tal vez pequeño, tal vez colorido– hay gente que no puede acceder a los libros. Los aldeanos siembran, rezan, se enamoran. Leer, en cambio, es para ellos una rareza. Y lo peor es que esos volúmenes vedados no sólo sirven para entretenerse, sino para vivir mejor. El monarca de aquel feudo, sin embargo, persigue a quienes intentan acabar con la escasez. ¿Cómo modificar esa injusticia? Hay activistas que tienen su propia visión sobre la mejor manera de resolver el problema. Refugiados en las frondosidades de la web, aprovechan para digitalizar y distribuir obras literarias y académicas a granel, sin que les importe demasiado la opinión de las autoridades. Y su perspectiva no es la única, pero sí una de las más interesantes.

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A juzgar por lo que cuentan los entrevistados, lo primero que deberían proponerse estos aldeanos imaginarios es poner en circulación los pocos libros que haya. Es, después de todo, lo que hacen muchas personas de carne y hueso en este lado de la realidad. Como E. G., que se refugia en las iniciales para que nadie sepa su verdadero nombre. La timidez se le va cuando expresa su alegría por los diez años de Librosgratis, un grupo de correo electrónico del que fue fundador y por el que sigue yendo y viniendo material digitalizado. “Nosotros distribuimos, no digitalizamos. Pero la verdad es que no sé cómo la Cámara del Libro y sus amigos nos han dejado vivir tanto”, se sorprende. “Cuando arrancamos, los lugares para dejar archivos y descargarlos eran pocos. Hoy tenés una gama de herramientas para compartir (4shared, Rapidshare, Megaupload, etcétera). Eso hace todo más fácil”, detalla el hombre, que también tiene contactos con el Partido Pirata Argentino.

Distribuir, entonces, ¿pero qué? Si bien hay ejemplos de excelencia, como Bibliofyl –un sitio que reparte los apuntes que se usan en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA–, lo cierto es que lo que sucede fuera de la red tiende a repetirse adentro. Por eso hay quienes imploran por la puesta en disponibilidad de los bestsellers más lamentables. “Se digitaliza más lo que se vende masivamente, como pasa con la música. Hubo usuarios que venían y nos decían ‘¡digitalicen El Código Da Vinci!, ¡tengo el derecho de leer a Dan Brown!’. Hasta que decidimos no aceptar pedidos en la lista; y que si era un libro de ficción, se esperaría un año para que circulara. Con eso logramos que se fueran los que te pedían hoy un libro que había salido ayer”, repasa E. G.

–¿Distribuyen todo tipo de textos?

–Tratamos de evitar la mierda que anda dando vueltas, como El holocausto no existió, Cúrese el cáncer bebiendo té o zonceras por el estilo. Algún criterio editorial hay que tener…

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Ahora conviene retornar al reino imaginario que se puso a germinar al inicio de esta nota. El experimento marcha bien: los aldeanos ya están repartiéndose a escondidas los escasos libros que han podido reunir. El paso siguiente sería hacer copias. Lo que los pone ante decisiones fundamentales: ¿Quién decidirá el criterio con que se harán esas copias? ¿Quién las guardará y ordenará?

Si por ahí anduviera un gigante llamado Google, ya se sabe lo que ocurriría. Porque Google es –casi con seguridad– el mayor digitalizador de letras que pueda concebirse. Tanto, que ha hecho explícita su intención de escanear los más de ciento veintinueve millones de títulos de los que –según sus propias estimaciones– dispone la humanidad. No es una promesa vacía. Desde 2004, Google Books ha llevado al plano digital a más de quince millones de libros ubicados en más de cien países y escritos en más de cuatrocientos lenguajes. Y a pesar de que los curiosos pueden revisar sólo parcialmente las obras que no están en dominio público, la iniciativa ha despertado el terror de los que defienden las leyes de propiedad intelectual vigentes. La frutilla del postre es que la megacompañía abrió una tienda online con la que pretende transformar su esfuerzo en dividendos. No es una proyección inverosímil, si se tiene en cuenta que en los Estados Unidos las ventas de dispositivos electrónicos de lectura –Kindle, Nook, Sony Reader, iPad– se cuadruplicaron en los últimos doce meses.

La incógnita, llegado este punto, tiene que ver con los efectos de que una corporación estadounidense maneje semejante cantidad de información. Si, por el contrario, se le encarga la responsabilidad a una institución, ¿cuál debería ser? A lo mejor varias. O ninguna. Como sea, fuera de los centros de poder hay células que se dedican al escaneo y la corrección de textos digitales desde la mística de lo independiente. Es un camino.

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Es simple. Cuando se escanea un libro se produce un archivo de imagen; la imagen que se “extrajo” de las páginas. Sobre esos datos se aplica un programa que reconoce los caracteres y los traslada a un documento editable en un procesador de textos. Ese paso, que parece menor, es clave: si la obra no está guardada así, los ciegos no pueden utilizar el software que sintetiza voces y les “lee”. A continuación viene la etapa de las correcciones. Hay que cotejar el original con la copia y verificar que no se hayan perdido detalles importantes. Ese nivel de puntillismo, no obstante, se está volviendo cada vez menos frecuente.

Algunos entrevistados afirman que un escaneador ducho puede capturar quinientas páginas en una hora. Un tal Filobiblion –que además de ser fan del monje benedictino Ricart de Bury (1287-1345) ha sabido irse convirtiendo en especialista en este tema– detalla que “la demora está en función de la pericia del escaneador y del corrector involucrados, que no siempre coinciden en un solo individuo, porque en los grupos se divide el trabajo entre los que corrigen y los que escanean”. El informante cree que la tarea completa puede tomar de una semana a un par de meses, dependiendo de la complejidad del texto (notas a pie, ilustraciones, otros idiomas).

Por último, hay que repartir. Labor que adquiere especial valor en Argentina, un país que de acuerdo con datos difundidos por la Secretaría de Cultura de la Nación concentra el 31 por ciento de sus librerías, el 63,2 por ciento de sus editoriales y el 84,2 por ciento de sus ejemplares impresos en la Capital, donde habita sólo el 7,7 por ciento de la población. Filobiblion relaciona las estadísticas con vivencias concretas. “Tiempo atrás me dediqué a conseguir Fondo negro. Los Lugones, Leopoldo, Polo y Piri, de Eduardo Muslip, para una chica de Rosario que investigaba sobre el tema de los desaparecidos a raíz de tener un hermano en esa condición. Se lo escaneé y se lo mandé. La copia no está en la red: sólo la tenemos ella y yo”, ilustra. ¿Más? “Hace poco solicité La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez, de José Antonio Marina; inhallable en Buenos Aires. A la semana un digitalizador anónimo me lo envió a mi correo, diciéndome que ‘lo había conmovido mi pedido’. Ahí tenés muestras de solidaridad entre lectores.”

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Jimena Méndez estudia antropología. Vive en el extranjero pero participa en Bibliotheka.org, donde los argentinos son patota. “Las bibliotecas en todas partes ‘prestan’ obras. Nuestra biblioteca digital hace lo mismo. El hecho de que no ‘devolvés’ ese material es una derivación del tipo de tecnología que se usa, pero la naturaleza del proyecto es la misma. No hay negocio detrás”, resume a través de la distancia.

¿Se identifican estos escaneadores y distribuidores con los primeros imprenteros? La mayoría no. “Si me lo preguntás en el sentido de que estamos haciendo un trabajo pionero del que aún no sabemos sus verdaderas consecuencias, puede ser”, sopesa Jimena. Y ajusta: “La circulación en la red es más compleja que con las imprentas. Es incontrolable e imparable. Vos subiste un libro de Sartre y al mes está en miles de discos rígidos alrededor del planeta”. El dinamismo es tal que sus frutos no están claros. “El gran problema es que, si se logra pensar en la ‘libertad digital’ para los bienes culturales, esa discusión podría permear otras esferas y, sobre todo, cuestionar el mercado y sus reglas. Y no creo que estemos preparados para esa discusión todavía”, provoca la muchacha.

Pulsar esa tecla es interesante. Desde una lectura trasnochada de El Capital, cabría vaticinar que el capitalismo cognitivo será marco para el desarrollo de algo así como una “lucha de clases informacional”. Quedó más que claro durante la campaña por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Hay quien hace dinero con el retaceo de datos socialmente importantes y hay quien lucha –con diversos intereses– por socializar una determinada cantidad de esos datos. Frente a un contexto así, la repartija gratuita de libros destaca como un acto de profundo carácter político.

Desde Europa, un español célebre en el ambiente –alias Mr. Williams– recapitula su ingreso en estas lides. “Como lector con medios económicos limitados –rememora– comencé a conseguir todo lo que iba apareciendo en la red. Un día pensé en montar una ‘biblioteca’ tomando como modelo las bibliotecas físicas.” Así nació La Biblioteca Oculta de Mr. Williams, que luego mutó a la bitácora Mr. Williams in Blog. “Como ya lo hacía para mí, poco me costaba compartirlo. Pronto me llegó el agradecimiento de muchísimos cibernautas que no disponían de ningún tipo de biblioteca. Ahí comenzó el compromiso”, revela.

–¿Qué lo impulsa a seguir?

–Sigo por los que no pueden comprarse un libro porque les cuesta el equivalente al salario de un día o más. Por aquellos que padecen la censura de estados que prohíben a determinados autores y hacen lo imposible por imprimir esas obras y leerlas en comunidad. Por aquellos que, aun teniendo capacidad de compra, no tienen esa chance al vivir lejos. Y, por supuesto, por aquellos que no tienen ni tendrán una biblioteca física para tomar prestado un libro. Yo –que se supone que vivo en el Primer Mundo– hasta los catorce años no tuve una biblioteca en mi pueblo. Por lo tanto me impulsa la esperanza de que podamos gozar de un acceso más franco a la cultura. Porque nos van a seguir engañando, pero les va a costar el doble.

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Ultimo regreso al laboratorio ficcional, donde el rey está perdiendo los estribos. A esta altura, la nación de criaturitas que no pueden leer vive días tenebrosos. Se ha declarado que los que copien libros o los distribuyan sin permiso deben ser sancionados. Así, se ha expulsado fuera de la legalidad a una enorme masa de hombres y mujeres. “A los que persistan se los tratará como ladrones”, brama el soberano. Y el mundito imaginario se marchita lentamente.

¿Una exageración? Aquí las cosas no son tan distintas. Aunque copiar no es lo mismo que robar, los abogados que defienden a los actuales sistemas de propiedad intelectual insisten en la analogía. Por encima del malentendido, las cuestiones fundamentales quedan fuera del debate. Dejando de lado el innegable derecho de los autores a percibir una remuneración, ¿deberían tener precio los libros digitales? Los consultados insisten en que las quejas de las editoriales no son comparables a las de las discográficas, porque un CD se puede copiar manteniendo la calidad, en tanto que el archivo digitalizado de un libro ofrece una experiencia de lectura muy distinta a la de su edición impresa. “No sé cuánto demanda fabricar una copia de un libro físico. Pero sí sé lo que me cuesta a mí copiar uno digital: un mega, un segundo. La versión electrónica no lleva aparejados gastos de distribución o impresión; y sin embargo nos la venden al mismo precio que si los tuviera. Si un libro nuevo en digital costase 5 euros, estoy seguro de que nadie se tomaría el trabajo ni de escanearlo”, cierra Mr. Williams.

Explorar el mar de posibilidades.

Todo indica que si se produjera un cambio radical en el universo libresco, los escritores argentinos no perderían demasiado. Basta repasar la encuesta que hizo la revista El interpretador a más de cincuenta representantes de las letras locales (www.elinterpretador.net/34EncuestaAEscritoresArgentinosContemporaneos.html) para demostrarlo. Los testimonios ponen blanco sobre negro una verdad que los peces gordos del ramo no están dispuestos a modificar. Esto es, que prácticamente ninguno vive de lo que se le paga por su literatura. Más allá de los bordes, hay quien explora otros mares. Bubok.com, entre otras firmas, brinda servicios para autoeditarse con relativa facilidad. Y algunas figuras de renombre están abriendo sus propias brechas. Hernán Casciari, por citar un caso, acaba de poner en marcha la revista Orsai. Ya hay más de diez mil ejemplares en la calle, con distribución continental y con redactores que cobran por sus colaboraciones sin que eso se oponga a la posibilidad de bajar el contenido ingresando a Orsai.es. ¿El secreto? Su aspecto en papel es muy diferente al digital, y por ende los dos productos se retroalimentan.

Actualidad, antigüedad.

La “piratería” de libros no es un fenómeno nuevo. Bacon, Kepler, Galileo, Descartes y Newton alcanzaron sus logros sin que ninguna idea de “propiedad intelectual” los empujara; y sus ideas se difundieron con toda la velocidad de la que fueron capaces los imprenteros clandestinos de las principales ciudades europeas. Vale asimismo recordar que la segunda parte de la primera novela de la historia –Don Quijote– menciona una continuación apócrifa que se había publicado sin la anuencia de Miguel de Cervantes; y eso un siglo y medio antes de que Gutenberg llegara para acelerarlo todo.

Hoy es difícil prever lo que vendrá. En Piracy: The Intellectual Property Wars from Gutenberg to Gates (University of Chicago Press, 2009), la académica Adrian Johns subraya que la palabra “piratería” proviene de un antiguo vocablo indoeuropeo que significa “intento” o –quizá por extensión– “experimento”. En un sentido, la gigantesca compulsa sobre el modo en que sobrevivirán los textos del futuro es eso, un experimento masivo del que nadie se atreve aún a sacar conclusiones.

Richard Stallman: “Chrome OS significa perder el control de los datos”.

Fuente:

http://bitelia.com/2010/12/palabra-de-richard-stallman-chrome-os-significa-perder-el-control-de-los-datos

Palabra de Richard Stallman: “Chrome OS significa perder el control de los datos”

Por Miguel Jorge el 14 de Diciembre de 2010.

Stallman Palabra de Richard Stallman: Chrome OS significa perder el control de los datos

El fundador de GNU y la Free Software Foundation,Richard Stallman, ha hablado para el diario The Guardian, y como casi siempre, sus palabras traerán ríos de tinta escritos. Stallman, firme defensor delsoftware libre que promulga a través de su fundación, advirtió sobre los problemas que le ve al último lanzamiento de Googgle, Chrome OS, un sistema operativo basado en la nube. El gurú de GNU había advertido hace unos años sobre la utilización en exceso del cloud computing, alegando que la nube es “peor que la estupidez, ya que es una pérdida del control de los datos”. Pues bien, tras el anuncio estos días del lanzamiento de Chrome OS, Stallman se desmarca con las siguientes declaraciones incendiarias:

Me preocupa la liberación en Google de su sistema operativo Chrome OS, ya que se basa en una conexión de datos con enlace a la nube desde unos servidores en lugares desconocidos donde almacenar documentos y otras informaciones. Existe un gran riesgo en perder los derechos legales. En Estados Unidos podemos perderlos si alguien almacena sus datos en una empresa de allí.

Stallman prosiguió con sus declaraciones contra este tipo de sistemas operativos basados en el cloud computing:

El término cloud computing para un vendedor carece de significado sustantivo, es una actitud. Mucha gente va a seguir avanzando hacia la computación por descuido. El gobierno de Estados Unidos puede tratar de animar a la gente para que ponga sus datos a la vista del propio gobierno, de esta manera podrán tener todos los movimientos sin necesidad de un registro o una orden. Sin embargo, todos los que mantenemos a salvo nuestros documentos, bajo nuestro control, no tendremos opción al extravío.

En esencia, Chrome OS es el sistema operativo GNU/Linux. Sin embargo se entrega sin las aplicaciones habituales y aparejado a impedir y desalentar la instalación de aplicaciones. Diría que el problema está en la naturaleza del trabajo para lo que está construido Chrome OS, es decir, animamos a la gente a mantener sus datos en otras partes en lugar de en su propio equipo.

Por último, tuvo palabras sobre los últimos ataques informáticos apoyando a WikiLeaks, advirtiendo sobre la descarga delsoftware LOIC:

Es mejor no descargarlo, ya que el código de la herramienta no es visible para el usuario. La ejecución de LOIC tiene un problema, si los usuarios no pueden compilar, los usuarios no deben confiar en ella.

Desde luego, estas declaraciones aparecen en un momento donde todos pensábamos que la computación en nube era un paso claro hacia el avance en la red. ¿Qué os parecen a vosotros las declaraciones?

El creador de la Web critica duramente las leyes contra la piratería en Internet.

Fuente:

http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/creador/Web/critica/duramente/leyes/pirateria/Internet/elpeputec/20101122elpeputec_8/Tes

El creador de la Web critica duramente las leyes contra la piratería en Internet.

Tim Berners Lee acusa a Francia, Reino Unido y Estados Unidos de cortar la libertad de los ciudadanos.

JAVIER MARTÍN – Barcelona – 22/11/2010.

El creador de la World Wide Web, Tim Berners-Lee, premio Príncipe de Asturias entre otros innumerables galardones, en un largo artículo publicado en la revista Scientific American critica duramente las legislaciones de Francia, Reino Unido y Estados Unidos aprobadas para luchar contra la piratería en Internet.

En el artículo titulado Larga Vida a la Web: una llamada por la neutralidad y la continuación de los estándares abiertos, Berners-Lee no se muerde la lengua y llega a comparar la violación de derechos humanos en China y otros países dictatoriales con el recorte de derechos en la Red que están sufriendo ciudadanos de democracias como Francia, Reino Unido y Estados Unidos. “Los gobiernos totalitarios no son los únicos que violan los derechos en la Red de sus ciudadanos”, recuerda el científico. “En Francia una ley creada en 2009, la llamada Hadopi, permite al Gobierno desconectar de Internet a un hogar durante un año si algún miembro de la casa es acusado por una empresa de haber cogido música o vídeo”.

Berners-Lee recuerda también que la Digital Economy Act del Reino Unido, aprobada en abril, le autoriza al gobierno ordenar a una ISP a que desvele el nombre de un abonado a Internet si aparece en una lista de sospechosos por haber infringido las leyes contra la propiedad intelectual. “En septiembre, el senado de Estados Unidos”, recuerda el inventor de la Web, “se aprobó la Combating Online Infringement and Counterfeits Act, que autoriza al gobierno a crear una lista negra de webs, con sede social en Estados Unidos o no, por haber sido acusadas de infringir los derechos de copyright. En todos esos casos, no se protege a la ciudadanos antes de que sean desconectados o sus páginas bloqueadas”.

Y acaba: “Dadas las diferentes maneras en que la Web es hoy crucial en nuestra vidas y en nuestro trabajo, la desconexión es una forma de privación de nuestra libertad. Volviendo a la Carta Magna, quizás deberíamos ahora afirmar: “Ninguna persona ni organización debe ser privada de conectarse a otros sin un proceso legal y sin la presunción de inocencia”.

El acceso al conocimiento, cada vez más libre y más vigilado.

Fuente:

http://anotherworldip.wordpress.com/2010/11/21/codigo/

El libro Argentina Copyleft contextualiza la crisis del modelo de derecho de autor ycuestiona los lobbys de los magnates de la industria. El acceso al conocimiento, cada vez más libre y más vigilado.

Por HORACIO BILBAO

COPIPOPULISMO. La imagen de Javier García Alfaro, carta de presentación de Argentina Copyleft en Frankfurt.

COPIPOPULISMO. La imagen de Javier García Alfaro, carta de presentación de Argentina Copyleft en Frankfurt.

Un debate álgido y necesario el que propone el libro Argentina Copyleft. Recientemente presentado en Buenos Aires, y también en la Feria del libro de Frankfurt, Alemania, repasa la crisis del modelo de derecho de autor cuestionado por el impacto social de una revolución tecnológica sin precedentes y sin freno. El choque entre las leyes y la realidad, las alternativas de propiedad autoral, la construcción colaborativa del conocimiento, los mezquinos manotazos de ahogado de los popes de la industria. Entre una Internet cada vez más vigilada y tecnologías que lo permiten todo, crece un abismo cultural y legal. De eso se trata libro, de  como unas herramientas tecnológicas formidables que se vuelven cada vez más populares ofrecen una libertad de acceso a la cultura que las leyes niegan, construyendo muros en geografías que desconocen y que, a veces, también subestiman.

“Las leyes del siglo XIX regulan la cultura del siglo XXI”, avisa Beatriz Busaniche, editora del libro. Su frase es la pura evidencia del anacronismo entre lo que ocurre en el mundo digital y las barreras impuestas a través de leyes que casi siempre nacen como letra muerta. “Las regulaciones de copyright están pensadas para otro contexto social y tecnológico”, grafica la editora de Argentina Copyleft. Nos está diciendo que todo cambió.

Ella, y los demás autores que participan del libro, cuestionan sin vueltas el modelo de propiedad intelectual vigente, su extensión, su alcance y su incongruencia con derechos básicos como la libertad de expresión, el derecho a la privacidad, y el derecho al libre acceso a la cultura. Sus artículos, verdaderos ensayos, repasan choques resonantes entres estas dos caras de un mismo mundo. Está el caso de Horacio Potel, el profesor de filosofía procesado, embargado y finalmente sobreseído por publicar textos de Nietzsche, Derrida y Heidegger en sitios que el mismo creó. Y también hay especial referencia al cierre y reapertura de Bibliofyl, que encierra las amenazas a la misión de las bibliotecas en nuestro país. Pero dice mucho más el libro acerca de este debate necesario sobre al acceso a la información amparado por el salto tecnológico.

Hay un ensayo imperdible de Federico Heinz sobre la actualidad de los libros electrónicos que en Frankfurt se tradujo al alemán y se publicó íntegro en la edición impresa de Die Zeit, uno de los diarios más influyentes de Alemania.

“El cambio de modelo de comercialización de libros por permisos de lectura, amenaza casi todo lo que conocemos de la práctica de leer”, avisa Busaniche. Ciertamente, las categorías de producción, circulación, distribución y consumo se volvieron, para muchos negocios digitales, sencillamente obsoletas. ¿Cuánto cuesta producir un e-book? Casi lo mismo para una copia que para 50 millones. ¿Cuál es su valor de uso, cuál el de cambio? “Nos van a terminar cerrando la posibilidad de revender los libros, prestarlos, releerlos, entre otras muchas cosas que pueden cambiar cuando cambiemos el papel por el Kindle o el iPad”, agrega Busaniche. Sucede a nivel global y local.

La Argentina, y esto también puede leerse en detalle en el libro, ocupa según el informe 2010 de Consumers Internacional el sexto lugar en el ranking de las legislaciones de derecho de autor más restrictivas. “Una ley (11.723) de 1933, emparchada sucesivas veces, no puede dar cuenta de cómo hacemos, producimos y distribuimos cultura en el siglo XXI”, sigue Busaniche. Con jerga ultratecnológica, los cultores del copyleft bromean y dicen que hay muchos que quieren volver a la época del fonógrafo. Pero no hay marcha atrás. ¿O sí?

La reciente ley Nº 26.570, último parche para la Ley 11.723,  incorpora el artículo 5 bis al Régimen de la Propiedad Intelectual. Publicada en el boletín oficial el 10 de diciembre de 2010 sin que se generara un debate necesario a su alrededor, se conoció en el ambiente como la Mercedes Sosa act. Usó uno de los discos de la Negra, que había muerto unos días antes, para empujar esta nueva ley. La voz de la zafra, publicado en 1961 iba a ser parte del Dominio Público,  pero la ley extendió por 20 años los derechos de artistas- intérpretes y productores de fonogramas. Y actúa de manera retroactiva, por lo que obras que ya eran de dominio público vuelven a quedar en manos de los privados.

“El arte, la cultura, los libros, se han convertido en un combustible de lujo para el capitalismo”, dijo Sebastián Vázquez, periodista de FM La Tribu, en una de las presentaciones de Argentina Copyleft. Para este colectivo, que se presenta como un proyecto político, el de la propiedad intelectual es un campo dominado por abogados y magnates de la cultura. En sintonía, Evelin Heidel, una de las promotoras de Bibliofyl y correctora de los textos del libro, llamo a intervenir en este campo, “porque es una obligación moral”. Y así lo vienen haciendo.

Un hecho mínimo aunque auspicioso, es el proyecto de ley redactado por la Asociación de Bibliotecarios de Argentina – ABGRA que los diputados Carlos Heller y Ariel Basteiro acaban de ingresar en el Congreso. “Con la ley que tenemos, prácticamente todo lo que hacen las bibliotecas públicas y populares es ilegal”, explica Busaniche. Hoy, la Argentina es uno de los 21 países en el mundo que no tiene excepciones al copyright a favor de las bibliotecas.  Esas excepciones son las que pretende lograr este proyecto de ley. Un nuevo parche que va en el sentido contrario a los anteriores.

“Ahora, cuando las mismas leyes se usan para vigilar Internet, para cargar de impuestos (canon digital) a los dispositivos digitales, monitorear lo que la gente lee, controlar el préstamo de libros, y restringir el acceso a la cultura, está claro que la ley no está sirviendo su objetivo de fomentar el bien común y sólo está pensada para  grupos empresarios y pequeños grupos corporativos concentrados que viven del negocio del entretenimiento”, dice Busaniche. Y deja claro el choque de intereses que se manifiesta en un mundo digital en el que se busca poner límites y fronteras de manera desesperada a las posibilidades inéditas de acceso a la cultura que acarrea la tecnología, Internet mediante.

Frente a esas barreras legales, cuyo éxito es incomprobable, nacieron estos nuevos grupos que están por el software libre, que piden un manejo diferente de la propiedad intelectual, que pregonan la construcción colaborativa del conocimiento. Nada tiene que ver con el lucro. Y muchos de ellos recuerdan a los copistas de la Edad Media, sin los cuales la cultura letrada hubiera quedado encerrada en los claustros monacales.  Pero a medida que crecen las posibilidades de acceso, también lo hacen los dispositivos de control. Allí hay un debate necesario, crucial para el acceso al conocimiento  En el medio están la leyes, los derechos y un negocio que tambalea hace rato y que no encuentra su rumbo. Una sugerencia: lean Argentina Copyleft. Y después piensen y dígannos qué hacer.

ARGENTINA COPYLEFT, FICHA

Título: Argentina Copyleft. La crisis del modelo de derecho de autor y las prácticas para democratizar la cultura.

Autores varios.

Edición, Beatriz Busaniche.

Prólogo de Michael Alvarez Kalverkamp.

Primera edición, septiembre de 2010. Villa Allende, Córdoba, Fundación Vía Libre.

Artículos e ilustraciones bajo licencia Crative Commons by-sa Argentina 2.5.

Original en Ñ:

http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/argentina_copyleft-propiedad_intelectual_0_374962711.html