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Pedófilo no es el que ama tirarse pedos.

Fuente:

http://leondelbajoebro.wordpress.com/2010/11/16/193/

Pedófilo no es el que ama tirarse pedos.

Por Leones del Bajo Ebro

4. Y el señor le dijo a Moisés: “Esta es la tierra que te prometí pero tú no estarás. Mentalízate.”

5. Y Moisés murió.

Deuteronomio

El qué no está conmigo, está en contra mía, y el que no recoge conmigo, desparrama.

Mateo 12.30

Hace poco, leía un gracioso y esclarecedor ensayo en tono cómico, que no por ello menos trágico de lo mucho que Dios puede llegar a tocarle las narices a uno. En Lamentaciones de un Prepucio, Shalom Auslander, exjudío de una comunidad ultraortodoxa del norte de Nueva York, nos relata sus peripecias de juventud en un ambiente hostil a lo que podríamos llamar en tono generalista, de situación normal para un adolescente que empieza a sugerir preguntas, a experimentar el amor con uno mismo, a ser consciente de que hay otro tipo de ser humano llamado “chicas”, aunque digan los rabinos que es inferior al tipo al que él pertenece, a abrirse a un nuevo abanico gastronómico, o al ímpetu juvenil de…de darle al interruptor de la luz en sábado. Formado en la cultura del miedo, la violencia, la penitencia y el temor, este niño entiende a la corta edad de doce años que Dios es su principal enemigo, por no decir el único. El joven Auslander lo tiene muy claro. “Hitler quizás matara a los judíos pero ese Hombre ahogó el mundo entero”. La lista de obligaciones para el buen judío es casi tan amplia como la lista de castigos para el que no las cumpla. Pero si nuestro protagonista, pecador incombustible, es listo para evitarlos, Él aún lo es más para pillarlo. Pero si no lo llega a enganchar, sabe que Dios puede ensañarse perfectamente con cualquier miembro de su familia, aunque estén éstos limpios de pecado alguno. Como si de la misma Cosa Nostra se tratara. Este temor le perseguirá toda su vida hasta experimentarlo en gran manera cuando ya con mujer e hijo, alejado del fanatismo y con el carnet de exjudío, nuestro héroe reniegue de la obligación más elevada, esta es, la de rajarle la churra al niño.  Eso le hará sufrir una situación de histeria y depresión permanente ante cualquier posible castigo que le harán pensar no sin razón hasta en el suicidio.

Esto es lo que ocurre cuando determinadas instituciones (por llamarlas de alguna forma) se dedican a difundir y aplicar modelos de conducta matusalémicos basados en la superstición y el oscurantismo, pregonados des de hace más de 30 siglos. Lo mismo sucede con el cristianismo. De hecho, el panorama me lleva a la conclusión de que pese a trifulcas familiares y demás, Yahvé y Dios (el de la Santísima Trinidad) no se llevan tan mal como quiere hacerse pensar. Sin lugar a dudas, es el primo mayor, cum laudeen hecatombes apocalípticas y destrucciones masivas, el que ha enseñado al menor las jugarretas de acojone y jodienda de nuestras terrenales posaderas. Los hechos esgrimen la evidencia.

Dios es un ser todopoderoso que escapa a nuestra comprensión, por lo que nuestra forma de llegar a Él es la fe, es decir, la creencia desinteresada, aquella que no pide demostración racional ni material. Lo de la Resurrección te lo crees y punto, y como preguntes mucho no te va a servir ni poner la otra mejilla. Por tanto, los mortales no somos poseedores de nuestro devenir ya que estamos sujetos a la gracia del Dearriba, a sus caprichos y antojos. Entiendo por ello, que no somos libres (ni nuestras instituciones, las del César, democráticas, por mucho que nosotros persigamos este fin). Pero además, como la cosa de la fe tampoco es que esté muy desarrollada y definida, a la par que es muy probable que Dios lleve tumbado a la bartola des del séptimo día, éste subcontrata a un grupo muy selecto de humanos para hacer cumplir su designio. Es aquí cuando aparecen los curas, y con ellos las ese ele Éramos pocos y parió la burra.

Las muy variadas iglesias cristianas, que para más inri guardan un legado de guantazos las unas con las otras, son las encargadas de codificar e imponer el mensaje del Altísimo. A diferencia de lo que comúnmente se dice, el mensaje de Dios, de puño y letra de sus “tocados” los evangelistas legales, no supone compromiso alguno con la paz, convivencia, concordia, bondad, respeto, tolerancia o de cualquiera de los adjetivos con que ahora vestiríamos nuestra sacrosanta democracia. No hay más que leer las Sagradas Escrituras, las antiguas y las nuevas, las oficiales y las apócrifas, para ver entre mucha actitud basurera, hasta que niveles de frenetismo odia Dios a la mujer. Pero eso, en definitiva no son más que escrituras, mitos y leyendas, muchas de ellas, vergonzantemente copiadas de otras escrituras sagradas pertenecientes a otras culturas anteriores (La leyenda del Diluvio Universal, o la misma leyenda de Jesús de Nazaret, sospechosamente calcada a la de otros dioses como el egipcio Horus, el persa Mithra, el indio Krishna, o la griega Attis).

Lo que sí supone una evidencia a lo largo de la historia es el papel represor de estas iglesias, especialmente la católica. Esta ha liderado cruzadas, ha promovido guerras, ha asesinado en masa, ha representado el poder en toda su dimensión. Le ha comido la moral al pueblo llano, lo ha reprimido y de él se ha enriquecido a base de bien. Con la Revolución francesa y la creación de los estados liberales, dejará de ser el poder in situ, para convertirse en un ente adicto al nuevo poder civil. Representará un apéndice de los mecanismos de represión del Estado moderno, imponiendo un discurso rebosante de elementos reaccionarios e involutivos, a las antípodas de la razón, del progreso social y de la consecución de las libertades. En el siglo XX, la Iglesia Católica patrocinará casi todas las dictaduras existentes incluyendo el nazismo alemán, el fascismo italiano, las dictaduras latinoamericanas y como no, el nacionalcatolicismo español.

Hablar ahora de todos estos asuntos está de máxima actualidad con motivo de la visita a España del Papa Ratzinger. El marrano, como es conocido en algunos círculos de azañistas radicales el ojeroso y macilento alemán, tiene un currículo que ni Pio XII, el Papa Borgia i Fray Torquemada juntos. De todos es sabido que Ratzinger fue miembro de las juventudes hitlerianas, la organización paramilitar junior de las SS, de la que parece ser, la filiación era obligatoria para los seminaristas. Supongo que también fue obligatoria para los que iban a formar la resistencia antifascista. En todo caso, y deserción pocos días antes de acabar la guerra aparte, el 90 % de los alemanes congenió con el nazismo, no? (el resto fueron los denostados líderes de la República Democrática de Alemania). Entonces, no hay macula alguna, tabula rasa y aquí no ha pasado nada.

El segundo de los encargos divinos a realizar por Ratzinger fue el de continuar la tradicional cobertura que la Iglesia Católica dio a las dictaduras latinoamericanas. Y destacar en este aspecto la represión y persecución sufrida por los católicos de la Teología de la Liberación, movimiento teológico y social que aunaba la moral cristiana con el marxismo. Respondía así a la realidad de opresión y violencia que vivían los pueblos de América Latina, primando la creencia como un modo de liberación y no de alienación, siendo consciente de la lucha de clases y poniéndose a su vez de la parte del pobre. Siendo el alemán, el jefe de la Congregación de la Doctrina de la Fe, un intento de eufemismo de la inmortal Santa Inquisición, la Teología de la liberación fue borrada del mapa, así como sus creadores y máximos exponentes.

Estamos hablando del capo de una organización con muchísimo ánimo de lucro y estado propio antidemocrático, establecido por Benito Mussolini allá por 1929, que todavía no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que ataca cotidianamente a la mujer, que practica la homofobia, que rechaza cualquier avance científico, que atenta contra la salud de millones de seres humanos cuando denuncia cualquier forma de anticonceptivo, que segrega, discrimina y viola a los alumnos que asisten a sus escuelas, que no ha pedido ni pretende pedir perdón cuando ha sido partícipe de crímenes contra la humanidad. Pese a todo, la Iglesia Católica goza en nuestra España aconfesional de unos enormes privilegios, tanto en el plano de lo simbólico como en el plano financiero, fiscal jurídico o de la enseñanza. Un gobierno PSOE que pese a sus proclamas de laicidad, teatrillo y palabrería sigue manteniendo todos estos privilegios surgidos del Concordato preconstitucional de 1953 a la par que congela la Ley de Libertad Religiosa. Las autoridades de Santiago y Barcelona reciben al Papa con honores de estado a cuenta de las arcas públicas. Y prometen a cambio un suculento beneficio económico, muestra inconmensurable de vileza y caradurez, por vender nuestra dignidad ética por cuatro chabos, por lo dudoso del cálculo a ingresar y por lo de tratarnos como idiotas al hacernos creer que los hosteleros y demás vividores del turismo y la pandereta vayan a repartir el cash. Además, la buena sociedad catalana transige con este pequeño traspiés moral de la Iglesia, eso sí, a cambio de que nos evangelice en catalán. ¿Dónde quedaron aquellos buenos tiempos de misa en latín y de espaldas a los afectos?

Pero sobre todo, el tercer y más sublime de los encargos del Altísimo a nuestro siniestro personaje es sin lugar a dudas el del encubrimiento de miles de delitos de pedofilia, pederastia y violación de menores, que abarcan gran cantidad de países, incluido España. Estamos hablando de una cuestión terrena, del César, pero que obviamente tiene que acabar salpicando a Dios. Estamos hablando, y a la luz de los nuevos casos que día a día van surgiendo y que nos permitirá juzgarlo des de la perspectiva histórica más que des de la noticia de actualidad, de una de las organizaciones criminales más grandes de la historia. Por favor, encausemos penalmente a Benedicto XVI para que no pueda viajar a la Jornada Mundial de la Juventud Católica que se celebrará en Madrid en agosto de 2011. Porque pedófilo no es el que ama tirarse pedos, es el que ama tirarse niñas y niños.

Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, por que el reino de Dios es de quienes son como ellos.”

Mateo 19:14

Hace 166 años se profetizó la segunda venida de Jesús y no ocurrió.

Fuente:

http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2010/10/hace-166-anos-se-profetizo-la-segunda.html

viernes 22 de octubre de 2010

Hace 166 años: Se profetizó la segunda venida de Jesús y no ocurrió

El 22 de octubre de 1844 es recordado por los adventistas, y muchos escépticos como “el gran chasco”. Para esta fecha muchos cristianos de los Estados Unidos esperaban el segundo regreso de Jesús que como ha ocurrido desde que los primeros cristianos calificaban de inminente, sigue si ocurrir.

Comparto este ensayo de Ricardo Antonio García Cuadra, titulado “Las profecías del Fin del mundo”

En los últimos años se ha venido popularizando en los medios de difusión el próximo fin del mundo el 21 de diciembre del 2012. Esta tendencia proveniente de las Iglesias protestantes de Estados Unidos agarra su impulso con los sucesos trágicos del 11 de septiembre del 2001 [1]. La histeria colectiva del fin de este mundo no solo ha infectado a los tradicionales grupos religiosos sino que también a un sector catastrofista de la comunidad científica. Hemos visto documentales donde nos advierten que Yellowstone en Estados Unidos es un volcán inmenso que ya está en su ciclo natural de explosión, o la probabilidad próxima de un meteorito como el que destruyó los dinosaurios hace 65 millones de años. Antes de analizar las implicaciones de esta histeria para el futuro de la especie humana, es importante ver los precedentes de este tipo de fenómenos recurrentes en la historia de la humanidad.

Según los evangelios, Jesús anuncio su segunda venida y según San Pablo no pasaría de su generación, es por ello que el cristianismo primitivo fue un movimiento apocalíptico por excelencia, el pueblo judío era el elegido en el bando correcto en Megido, escenario real en la geografía del medio oriente, donde Jesucristo lucharía la última batalla contra el anticristo. Al ver que el Mesías no regresaba a su segunda cita con la humanidad, manifestaron que Dios mandó el espíritu santo en su lugar en forma de paloma, lo cual inspiró a la Iglesia católica. No obstante el mensaje apocalíptico siguió recurrente en la historia; uno de los casos más famosos, fue cuando el pánico invadió a Europa el 20 de febrero de 1524, unos astrólogos al ver la conjunción de Mercurio, Venus, Martes, Júpiter y Saturno, predijeron un diluvio universal como el bíblico. Más de 20,000 personas desesperadas haciendo arcas, vendiendo sus pertenencias y acaparando comida. El Conde Von Iggleheim construyó un arca espectacular para recibir con garbo el fin del mundo. Pero cuando el calendario se tragó a la fecha de la predicción, el día llegó y no pasó nada, el terror de las masas se transformó en ira, los que habían vendido todo se sintieron estafados. Las turbas destruyeron propiedades y negocios, al Conde antes mencionado lo lincharon y cientos de personas murieron por la estampida de la turba.

Pero el mejor “laboratorio social” de versiones apocalípticas de la religión es los Estados Unidos. Harold Bloom, crítico literario, llama al fenómeno religioso estadounidense la “Religión Americana”, una simbiosis de espiritualidad, apocalipsis y nacionalismo. El “Big Bang” de la corriente apocalíptica en Estados Unidos fue el caso de William Miller, quién declaró que el juicio final sería el 3 de abril de 1843. Meses después que Miller hiciera esta declaración, en el año 1833, hubo una lluvia de meteoritos que iluminó el cielo nocturno, hecho que reforzó la profecía de Miller en las masas. Pero al llegar el día y no cumplirse la profecía, el movimiento millerista se dividió en varios macro grupos. Cada uno de estos grupos tiene hoy gran influencia en los Estados Unidos. De estos milleristas desilusionados, se formó “La Iglesia Adventista del séptimo día”, la cual cuenta con más de 14 millones de adeptos. Pero uno de los seguidores de Miller, Charles Taze Russel, pudo retrasar la fecha del Juicio Final hasta el año 1874. Pero cuando la fecha llegó otra vez para “testear” la predicción, el astuto Charles convenció a sus seguidores que sería una nueva fecha en 1914. Estos son lo que hoy se llaman los testigos de Jehová, que cuentan con más de 6 millones de fieles en Estados Unidos.

Por su alta recurrencia histórica, no es posible en este sucinto articulo hablar de todas las profecías del Fin del mundo. La actual histeria del año 2012 presenta lo que llamaríamos una “pareidolia intelectual” [2]. La pareidolia es un fenómeno psicológico que se caracteriza por el uso de la imaginación humana para ver formas y señales en la naturaleza; como por ejemplo, ver formas en nubes que se hacen en el cielo. Esta misma imaginación se activa al ser estimulado el prejuicio de los creyentes con lenguaje simbólico. La pareidolia mental de los creyentes impulsa a sus prejuicios cognitivos a coleccionar coincidencias estadísticas naturales de los fenómenos sociales, para promocionar de esa manera sus creencias apocalípticas. Vemos como invaden la red con cadenas de presentaciones donde exponen datos estadísticos inconexos como seudopruebas de sus advertencias evangélicas. También observamos como los cuartetos de Nostradamus han sido interpretados de muchas formas según la época y la moda; la más reciente es la predicción del ataque a las torres gemelas, pero veremos si encaja mejor en otra futura acción. Esta histeria colectiva algunos canales internacionales de TV lo han nombrado el efecto Nostradamus.

Lo más preocupante de esta patología social es que estimula el fundamentalismo religioso, que por siglos ha vivido y hasta siente gozo espiritual con solo pensar en el fin de los tiempos. Los fundamentalistas religiosos en Estados Unidos tienen un poder económico respetable y han comenzado de previo su propio Armagedón. Una iglesia evangélica en Florida hace unos días llamó a celebrar el aniversario de los ataques del 11-S quemando el “Corán”, libro sagrado de los musulmanes. Dicha iglesia pareciese que quiere ver cumplirse la profecía del 2012. Esta actitud de profecía autocumplida de las iglesias fundamentalistas norteamericanas es lo que las ha llevado hasta a apoyar al sionismo judío, pues la reconstrucción de su templo en Jerusalén es una condición de cumplimiento de la profecía que tanto desean.

Ya no son los astrólogos del renacimiento, ni los Miller del siglo XIX, son diferentes pero con el mismo mensaje y más tecnología. Ya no se está jugando con fuego sino con el poder del átomo y las armas bacteriológicas. Esta situación es lo que Sam Harris llama una “emergencia intelectual” en el mundo de hoy, pues saber que el 33% de los ciudadanos de una nación poderosa como los Estados Unidos están esperando con ansias la venida de Jesús junto con su Armagedón en el término de sus vidas; esta creencia contiene en sí el riesgo de autocumplirse en manos de los líderes fundamentalista ricos y con poder político. Es de urgencia llamar a un “armisticio interreligioso” donde el compromiso sería la tolerancia de respetar con tino “sagrado” las creencias del otro; lo cual sí sería un “milagro”, pues la religiones del Dios revelado no admiten competencia y piden en exclusiva la verdad absoluta, mientras tildan a las otras religiones de falsas.

[1] Corregido por nosotros, el original decía “septiembre de 2002” (N. de la R.)
[2] Cabe señalar que la pareidolia es un caso particular de un error cognitivo más genérico llamado apofenia y que sería más apropiado para la explicación indicada. (N. de la R.)

Invitamos a nuestros seguidores a leer:

¿Y usted qué opina?

Galeano en Jujuy: “el sistema nos obliga a creer que el mundo es una pista de carrera”.

Fuente:

http://www.ellibertario.com/2010/10/21/galeano-en-jujuy-%E2%80%9Cel-sistema-nos-obliga-a-creer-que-el-mundo-es-una-pista-de-carrera%E2%80%9D/

21 de Octubre, 2010

Galeano en Jujuy: “el sistema
nos obliga a creer que el mundo
es una pista de carrera”

Eduardo Galeano junto a Flora Guzmán.Eduardo Galeano junto a Flora Guzmán.

Al exponer ayer en la apertura de las III Jornadas del Norte Argentino de Estudios Literarios y Lingüísticos, el historiador y periodista no sólo se ocupó de personas y hechos relacionados con la Independencia de los países americanos. También habló de “perdedores” y ganadores en la historia oficial.

“El sistema nos obliga a creer que el mundo es una pista de carrera y por lo tanto consagra valores exitistas, mejores son lo que ganan, pero lo que importa no es ganar, lo que importa –yo creo- es la dignidad humana y la independencia es una  condición para la dignidad, por eso es importante enfocar el tema de la independencia desde el punto de vista de la porfiada dignidad humana, cuya energía, por suerte, sigue viva en estas tierras”, dijo Eduardo Galeano, tras hacer un recorrido de gran belleza literaria por las vidas de hombres como el venezolano Simón Rodríguez, maestro del Libertador Bolívar; José Artigas, Mariano Moreno, Juan José Castelli y Domingo Faustino Sarmiento, entre otros.

Hablando del legado de Simón Rodríguez, un patriota del siglo XIX que recién se reivindica en Venezuela por estos días, opinó que “es la mejor herencia que hemos recibido, la herencia de la dignidad para ayudar a abrir caminos hacia la verdadera independencia que es todavía una tarea por hacer”.

El escritor ingresa al Teatro Mitre.El escritor ingresa al Teatro Mitre.

“Puede ser que en general los que tienen razón son los que pierden, pero eso no les quita la razón que tienen, como en el caso de don Simón Rodríguez, que por lo que dijo y estudió de algún modo nos ayuda a emprender o a continuar caminando el mejor de los caminos, que es el camino que nos conduce a la capacidad de pensar con nuestra propia cabeza, de sentir con nuestro propio corazón y de caminar con nuestras propias piernas”, agregó.

“El hecho de que los que han intentado o han tenido mala suerte o han terminado derrotados, compungidos, humillados, olvidados, no les quita ni un poquitito de ganas, de buenas razones a la necesidad de luchar por todo eso, porque al fin y a cabo la Historia es una señora que no siempre dice lo que parece decir y muchas veces cuando dice adiós, dice hasta luego, nos vemos, hasta lueguito, nos vemos, nos estamos viendo”, expresó.

En otro momento de su conferencia, el escritor lamentó el “feroz exterminio de las lenguas que están muriendo a un ritmo escalofriante, de algo así como tres por mes”. Subrayó que ellas “son parte de la diversidad humana y al fin a cabo lo mejor que el mundo tiene es la cantidad de mundos que el mundo contiene. Las lenguas son la expresión de esa diversidad y están siendo asesinadas por un sistema mundial de poder que también está exterminando a plantas y gentes”, advirtió.

Galeano dejó su profunda admiración por el guaraní, lengua de “misterioso poder, lengua de indios, lengua de conquistados que los conquistadores hicieron suya” y que sobrevivió incluso a la destrucción del Paraguay en la Guerra de la Triple “Infamia”, como también a “desprecios y prohibiciones”.

“Es la lengua que los paraguayos usan a la hora del amor y de los chistes, que son las horas fundamentales de la vida,  aman en guaraní y en guaraní ríen”, se admiró ante la ovación del auditorio.

¡Feliz cumpleaños, Universo!

(Dado que hablamos de La Creación, supongo que el artículo se refiere a la creación del Universo y no sólo del mundo, por eso corregí el título)

Fuente:

http://amazings.es/2010/10/23/feliz-cumpleanos-mundo/

¡Feliz cumpleaños mundo!

En el principio Dios creó el cielo y la tierra (Gén. 1.1). Este principio de los tiempos, de acuerdo con nuestra cronología, ocurrió al principio de la noche anterior al día 23 de octubre del año 710 del Calendario Juliano.

En 1650, el Arzobispo irlandés James Ussher publicó sus Annales Veteris Testamenti, a prima mundi origine deducti, una obra en la que establecía una cronología de los acontecimientos pasados, basándose a partes iguales en su estudio del Antiguo Testamento, en diversas consideraciones teológicas y, sobre todo, una imaginación desbordante. Como hemos visto, la cronología de Ussher fijaba el principio de la creación bíblica en el año 710 del calendario de Scaliger, es decir, el año 4004 a.C., y más concretamente al comienzo de la noche del 22 al 23 de octubre.

Una noche un tanto rara, por cierto, teniendo en cuenta que, como señala a continuación el propio Ussher, siguiendo fielmente al Génesis,

En el primer día (Gén. 1:1-5) del mundo, el domingo 23 de octubre (…) Dios creó la luz justo a la mitad del primer día. Dios la separó de la oscuridad y llamó a una “día” y a la otra “noche”.

“Día” y “noche” que no están marcados por la salida y la puesta del Sol, desde luego, porque, como sigue diciendo Ussher,

En el cuarto día (miércoles 26 de octubre) el Sol, la Luna y el resto de las estrellas fueron creados.

Pero, en fin, esto son minucias si tenemos en cuenta la magnitud de la hazaña de Ussher. Su cronología permitíó datar acontecimientos, ejem, “históricos” como la terrible agresión de Caín a Abel (en 3874 a.C.), el Diluvio Universal (que comenzó el domingo, cabe suponer que poco soleado, 7 de diciembre de 2349 a.C.), el follón lingüístico de la Torre de Babel (2247 a.C.), la apertura de las aguas del Mar Rojo por Moisés (en 1491 a.C)…

La precisión de Ussher, su erudición y, como pueden suponer, su desparpajo, permitieron que su cronología se convirtiera en un gran éxito de ventas. Mientras se publicaba en Londres la edición en inglés, el texto latino original se extendió por el resto del mundo y siguió sirviendo de referencia durante varios siglos. En España, por ejemplo, la “Guía Oficial” de principios del siglo XX (un lujoso libro editado por la Gaceta de Madrid que contenía, tiempos felices aquellos, la dirección completa de todos y cada uno de los ministros, diputados y senadores, y miembros de la nobleza y el alto clero de nuestro país) ofrecía en su primera página esta curiosa tabla:

Esto se publicaba en 1905, una época en la que los científicos aún no sabían con precisión la edad de la Tierra, pero desde hacía décadas la estimaban entre algunos cientos y varios miles de millones de años.Y una época en la que el descubrimiento de la radiactividad y sus implicaciones en la evolución geológica acabarían llevándonos a la cifra que actualmente se acepta de forma unánime, de entre 4530 y 4580 millones de años.

O, bueno, se acepta de forma casi unánime. Como pueden suponerse, los literalistas bíblicos siguen aferrándose a la idea de la creación del mundo en seis días de veinticuatro horas y a que el Universo tiene menos de diez mil años de antigüedad. De modo que siguen reverenciando la obra de Ussher, gracias a lo cual podemos disfrutar aún de lujosas ediciones con ilustraciones a todo color o, de forma más modesta pero también más práctica, versiones online que permiten disfrutar con toda comodidad de tan ilustre antología del disparate.

Porque en realidad es eso, una completa antología del disparate. Lo que no quita para que los cálculos de Ussher nos puedan servir de exclusa para celebrar el cumpleaños del mundo, digo yo. Así que ya saben: hagan una tarta, no se molesten en ponerle las velitas (serían 6014 ya), y móntense una fiestecita. Al fin y al cabo, si seguimos celebrando por todo lo alto la conmemoración de acontecimientos legendarios o milagros inverosímiles, y hasta engalanamos nuestras calles y casas con árboles decorados, guirnaldas y luces de colores con motivo del aniversario ficticio de quien quizá no sea más que un personaje legendario, ¿por qué no íbamos a hacer lo mismo con algo tan real, y tan maltratado por los fundamentalistas religiosos, como es el Universo?

Carta de Richard Dawkins a su hija.

Fuente:

http://huellasdeuncaminante.wordpress.com/2010/08/02/carta-de-richard-dawkins-a-su-hija/

Carta de Richard Dawkins a su hija

2 Agosto 2010

Cómo explicarle a un niño, a tu hijo o hija que es mucho mejor hacer caso a los hechos que a creencias infundadas sobre el futuro y el pasado? La sociedad, mayoritariamente religiosa viene imponiendo desde hace mucho tiempo sus ideas sobre la vida, nuestro pasado y nuestro futuro. Para un ateo no será fácil sugerir a sus hijos la idea de que tienen la capacidad y el derecho de informarse, analizar y dudar todo lo que nos presentan como “verdadero”.

Richard Dawkins, científico keniano-británico expuso esta carta  a su hija de 10 años y creo que puede servir como modelo a los padres ateos para que señalen un camino de apertura intelectual a sus hijos y no se dejen seducir por las promesas sin fundamento de la religión.

Nuestra sociedad abusa de su poder e impone doctrinas a los niños, cuando ellos crezcan a su vez impondrán falsas ideas a sus hijos. Empezar a salir de ese círculo vicioso debería ser una alternatva  para empezar a construir una sociedad más crítica y abierta al pensamiento objetivo.

Dejo aqui la carta de Dawkins a su hija:

Querida Juliet:
Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces, “evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.
La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.
El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.
Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.
La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrellan siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.
Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.

Ratificaron la condena de 15 años para Julio Grassi.

Fuente:

http://www.elargentino.com/nota-106534-Ratificaron-la-condena-de-15-anos-de-prision-para-Grassi.html

Por abuso de menores.

Ratificaron la condena de 15 años para Julio Grassi

14-09-2010 /  La Sala II de la Cámara de Casación Penal Bonaerense ratificó hoy la condena a 15 años de prisión por abuso sexual al sacerdote. El cura argumentó que “los jueces fueron presionados”, aunque no precisó por quién.

Julio Grassi.

La Sala II de la Cámara de Casación Penal Bonaerense ratificó hoy la condena a 15 años de prisión por abuso sexual al padre Julio Cesar Grassi.

En su defensa, el cura argumentó que “evidentemente los jueces fueron presionados”, aunque no precisó por quién, en declaraciones televisivas.

Además, agregó: “Los jueces acaban de confirmar el absurdo del Tribunal 1. Estoy indignado, estoy decepcionado de los jueces. No sé cómo van a fundamentar este fallo. Es una vergüenza”. “Yo ya fui privado de la libertad y lo estoy de alguna manera. Es convivir con lo peor por lo que puede ser condenado un padre”, sostuvo.

El máximo tribunal penal bonaerense rechazó todos los recursos que habían sido interpuestos contra aquella sentencia, destacó el Centro de Información Judicial.

El 10 de junio de 2009, Grassi había sido condenado por voto unánime de los jueces del Tribunal Oral Nº 1 de Morón por dos hechos de abuso sexual y corrupción de menores agravados. En tanto, había sido absuelto por los otros 15 hechos que se le imputaban.

El juicio había comenzado el 20 de agosto de 2008 y se extendió por nueve meses, en donde declararon 130 testigos.