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Entrevista a Vicenç Navarro sobre “Las revoluciones democráticas en el mundo árabe”.

Fuente:

http://www.vnavarro.org/?p=5368

22 de febrero de 2011.

Entrevista al profesor Vicenç Navarro sobre “Las revoluciones democráticas en el mundo árabe” por la Asociación Progresista de Estudiantes de Catalunya.

¿Cómo interpreta usted lo que está ocurriendo en el mundo árabe?
–    En primer lugar hay que diferenciar lo que ocurre en cada país, pues tienen historias diferentes  y un analista debe ser consciente de ello. Egipto, por ejemplo, tiene una historia muy distinta a Marruecos. Habiendo dicho esto es importante también detectar y darse cuenta de que hay hechos comunes, que responden a características comunes.

¿Y cuáles son?
–    Una de ellas es que son países dictatoriales que sostienen unas estructuras enormemente explotadoras en las que las élites controlan el poder económico y político de aquellos países mediante medidas enormemente represivas. La historia de estos países ha sido el intento  por parte de  las clases populares, y muy en especial, de sus clases trabajadoras y campesinado, de romper con aquellas estructuras de represión. En muchos de estos países existieron partidos de izquierda fuertes, tales como partidos socialistas y comunistas que fueron enormemente reprimidos.

¿En qué países, por ejemplo?
–    Egipto, Irán, Irak y Afganistán, entre otros.

Pero la visión que se tiene es que los movimientos más importantes en tales países son los movimientos musulmanes radicales como la Hermandad Musulmana.
–    Esto no siempre fue así. En realidad, tales movimientos radicales islámicos fueron estimulados y apoyados por aquellos gobiernos como la forma de parar, neutralizar e incluso eliminar a los movimientos de izquierda. Las élites dominantes, con el apoyo de los gobiernos occidentales y, muy en especial, del de EEUU, junto con el gobierno de Arabia Saudí (que es el Vaticano de las fuerzas más reaccionarias del mundo islámico), financiaron los movimientos radicales fundamentalistas para eliminar a los movimientos de izquierda. Hay que recordar que Bin Laden  estuvo en su día financiado por el gobierno federal de EEUU y por Arabia Saudí.

¿Y cómo es que ahora estos movimientos están en contra de sus benefactores?
–    Porque se escaparon del control de sus benefactores. La propia lógica y dinámica de su  radicalismo les llevó a situaciones de enfrentamiento con sus financiadores. En realidad, la propia presión de las bases de los movimientos islámicos les llevó a entrar en conflicto con los gobiernos que les sostuvieron. Y los gobiernos occidentales, que les habían utilizado en su lucha contra las izquierdas, vieron que no podían controlarlos y, como vulgarmente se dice, les  salió  “el tiro por la culata”.

Pero ¿no ha supuesto tal movimiento radical una amenaza para las élites gobernantes de los países árabes y musulmanes?
–    No necesariamente. En realidad, a tales élites les ha ido bien poder utilizar el miedo y temor al radicalismo islámico  para conseguir una ayuda muy sustancial de los gobiernos occidentales. Pero el mayor enemigo para tales élites son las izquierdas y para ello utilizan a los radicales islamistas para conseguir tal fin.

Esto explica que la junta militar egipcia haya entablado conexiones inmediatamente con la Hermandad Musulmana y a la vez prohibido huelgas y reuniones sindicales en Egipto.
–    Exacto. Esto es lo que está ocurriendo.

Y explicaría también porqué la presentación de lo que está ocurriendo en estos países por parte de los medios de mayor difusión nunca citan las movilizaciones obreras.
–    Exacto. Parece como si estos millones que se movilizan en Egipto  fuesen todos estudiantes universitarios, todos ellos internautas.  Las movilizaciones obreras que han sido claves en las rebeliones en cada uno de estos países están siendo silenciadas.
Los medios de mayor difusión trasladan a la población  la visión de las clases dominantes de los países en los que tales medios existen. Lo que en terminología anglosajona se define como “los establishments políticos y mediáticos”, que promueven siempre una visión de clase. Y esto se aplica tanto para Al Jazeera como para el New York Times (incluyendo naturalmente los mayores medios de difusión en España).

Usted hace referencia a este hecho en su artículo en  Público de esta semana.
–    Sí. Y  también en mi artículo sobre Túnez que se publicó en Sistema Digital. En este país, las izquierdas y el movimiento sindical clandestino (que infiltró los sindicatos oficiales) también jugaron un papel clave en la caída del dictador.

¿En su crítica de los medios usted incluye a Al Jazeera?
-Al Jazeera está  basada  en Qatar, que es un sistema feudal. Su línea editorial es, en general representativa de los grupos profesionales de persuasión liberal árabe que tienen una relación compleja con la dictadura que les sostiene. Es valiosa su existencia porque provee otro punto de vista distinto al de las élites de poder del mundo occidental.

¿Qué medios aconseja usted?
–    En España no hay muchos aunque recomiendo  Público, que es el único diario en papel de sensibilidad progresista y de izquierdas que existen en España. En EEUU, el diario Counterpunch,   el diario de las izquierdas, es muy completo. Y la cadena de televisión Democracy Now. Pero, las fuentes más importantes del Medio Oriente son los análisis producidos por centros de estudios laborales y económicos existentes en aquellos propios países que trabajan en condiciones dificilísimas y naturalmente la propia resistencia democrática que tiene sus propios sistemas de información clandestina, pero eficaz.

¿Qué cree que ocurrirá en el mundo árabe?
–    Vemos ahora una enorme movilización para marginar a las auténticas fuerzas de liberación, tal como ocurrió en Irán, Irak y Afganistán. La democracia que las fuerzas dominantes en aquellos países desean, en alianza con las élites gobernantes de EEUU y de la UE, será una democracia muy incompleta, supeditada y claramente orientada a debilitar a la clase trabajadora. Por otra parte la presión democrática continuará y el futuro depende de las alianzas de tales clases trabajadoras con sectores del campesinado y con las clases medias profesionales. Un deseo común que fundamenta estas alianzas es el deseo de desarrollar la democracia. Esta demanda de democracia se aplica a todas las partes del mundo.

Una de las tesis que usted ha enfatizado todos estos años es que la demanda auténticamente revolucionaria en el siglo XXI es la demanda democrática. Le cito de uno de sus trabajos “El objetivo de las fuerzas progresistas en el siglo XXI  no es la nacionalización de los medios de producción sino el establecimiento de la democracia en nuestros países.”
–    Exacto. Fíjense en España o en EEUU. En estos países así como en la mayoría de países llamados democráticos, la democracia  es muy limitada. En EEUU es incluso cuestionable que exista democracia. Y la población es  consciente de ello. Nada menos que el 74% de la población estadounidense dice que no se siente representada por el Congreso de EEUU, y ello como resultado del maridaje entre el mundo financiero y de las grandes empresas con el mundo político al cual financia. Y en España, vemos la enorme distancia entre el establishment político por un lado (que aprueba, casi unánimemente, en las Cortes españolas el retraso obligatorio de la edad de jubilación de 65 a 67 años) y la gran mayoría de la ciudadanía (el 82%) que está en contra. En España, la gran influencia de la banca y de las grandes empresas controla las decisiones políticas y la ciudadanía lo sabe. Según las encuestas del CIS la mayoría de la población dice que la banca tiene más poder que el gobierno. De ahí que las exigencias democráticas hoy son auténticamente revolucionarias, porque a través de ellas se cuestiona el enorme poder financiero y empresarial  que domina nuestras vidas.

Ver entrevista en PDF.

En Islandia no tenemos corresponsales.

Fuente:

http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/02/27/en-islandia-no-tenemos-corresponsales/

En Islandia no tenemos corresponsales.

Publicado por Isaac Rosa el 27 de febrero de 2011.

“Si rechazan el pago de la deuda, probablemente tendremos que rebajar la calificación de Islandia a Ba1 o menos.” -Comunicado de la agencia Moody’s-

Las revoluciones son siempre muy fotogénicas, y ahora incluso se retransmiten en directo. Ahí tenemos el caso de Egipto, cuya lucha contra Mubarak hemos visto en tiempo real, con decenas de corresponsales sobre el terreno; y lo mismo pasaría en Libia si Gadafi permitiera la entrada de periodistas.

Pero las revoluciones quedan bien en la tele si son violentas. Si no hay manifestaciones tumultuosas, barricadas ardiendo, pedradas y gente con la cabeza abierta, no hay mucho que ver. Debe de ser por eso que no tenemos corresponsales en Islandia, y hasta ahora ningún telediario ha conectado en directo con las calles de Reikiavik, ni en los periódicos hay infografías diarias sobre este pequeño país del norte de Europa.

Decir “revolución pacífica” suena a oxímoron, y muchos dirán que no es posible, que es otra cosa. Pero los islandeses están protagonizando lo más parecido a una revolución que hemos visto en esta parte del mundo en mucho tiempo, y por aquí apenas nos hemos enterado. Seguramente porque las mediáticas revueltas árabes no tienen riesgo de contagio en Europa, mientras que la movilización islandesa puede darnos ideas peligrosas.

Después de que la economía de Islandia, la niña bonita del neoliberalismo, se hundiese en 2008, con bancos quebrados y una deuda inasumible, los poco más de 300.000 habitantes de esta isla nórdica salieron a la calle y la liaron. Y no han parado hasta hoy.

Entre otras cosas han conseguido que el gobierno dimita, nacionalizar la banca, perseguir penalmente a los banqueros responsables, rechazar en referéndum el pago de la deuda bancaria, y ahora participan en la elaboración de una nueva constitución más democrática y social. Por si fuera poco, han aprobado una iniciativa para convertir el país en un refugio internacional para la libertad de prensa, donde el próximo Julian Assange pueda trabajar sin que lo encarcelen ni le cierren la web.

Sí, es verdad que España e Islandia no tienen mucho en común. Es un país pequeño, aislado, con peculiaridades económicas. Pero después de tanto decirnos que no somos Grecia ni Irlanda, a uno le entran ganas de ser Islandia un ratito.

El maquillaje de la hipocresía.

Fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/162215-51939-2011-02-12.html

El maquillaje de la hipocresía.

Por Eduardo Febbro.

De pie. Con los ojos bien abiertos para no perder ni un segundo del fulgurante movimiento de la historia que los países árabes del sur del Mediterráneo le ofrecieron al mundo ante las atónitas reacciones y regateos de las potencias mundiales. El movimiento democrático egipcio puso fin a treinta años de una dictadura policial, corrupta y represiva cuya permanencia arreglaba los intereses estratégicos y los negocios de las democracias del norte. Al mismo tiempo que destronaron al presidente de Túnez primero y al de Egipto después, las revueltas democráticas que se iniciaron el 17 de diciembre pasado en la localidad tunecina de Sidi Bouzid corrieron el maquillaje de la hipocresía, la falsedad, las invocaciones vacías de acción, la impostura y la duplicidad con las cuales las democracias occidentales actuaron frente a los países del mundo árabe musulmán. Por todos los medios y en todos los soportes posibles nos vienen diciendo que esos pueblos eran un nido de fundamentalistas dispuestos a todo con tal de destruir los valores occidentales, que esas sociedades vivían enceguecidas por la religión, la ignorancia, hundidas en un abismo secular del cual nunca podrían extraerse. Pero transformaron la realidad: sin bombas, ni secuestros, sin extremismos ni extorsiones, a fuerza de abnegación y resistencia y sin otra violencia que la que los mismos regímenes asfixiados por la multitud desencadenaron para aplastar la rebelión. La primera gran revolución del siglo XXI estalló en una zona del mundo a la que los portavoces del bien y de los grandes principios democráticos condenaron a un destino sin salida. Construcción mentirosa, degradante. La revolución del sur del Mediterráneo se tejió con el sacrificio del fuego, Internet, redes sociales, humillaciones, hartazgo, valentía, juventud, rabia, deseo de libertad, de equidad, de dignidad. En Egipto se impuso al final la República de la Plaza Tahrir contra el conglomerado represivo de un régimen con el cual los campeones mundiales de la democracia, los derechos humanos, la protección social, las convenciones internacionales y la difusión de la moral, Estados Unidos y la poderosa Unión Europea, tuvieron relaciones privilegiadas, hicieron negocios millonarios, asesoraron y mantuvieron en pie a fuerza de darle millones de dólares en cooperación militar y espacios de legitimidad internacionales.

El proceso revolucionario del sur del Mediterráneo es un acta de defunción de todas las estrategias empleadas hasta ahora por las potencias para modelar a su manera los destinos de la región. La invasión de Irak en 2003 con el argumento de extirpar al tirano Saddam Hussein e implantar la democracia no hizo más que desencadenar violencia y exacerbar las identidades locales y religiosas, empobrecer al país y dejar a Irak en plena confrontación confesional. La misma lección puede sacarse de la invasión israelí del Líbano en 2006 con el pretexto de aplastar al Hezbollah y favorecer la emergencia de una democracia nueva. Un fracaso rotundo y sangriento. El cóctel de invasiones salvadoras, promoción de políticas neoliberales, privatizaciones, reducción del rol del Estado, especulación financiera y sostén de regímenes innombrables y asesinos de sus propios pueblos condujo al drama que estalló a mediados de diciembre cuando el joven vendedor ambulante de frutas, Mohamed Bouazizi, se inmoló en la localidad tunecina de Sidi Bouzid. Allí se encendió la mecha. Cómo no recordar en estas líneas a la ya eterna y conmovedora imagen del checo Jan Palach. Desesperado ante la ocupación de Checoslovaquia –hoy República Checa– por las tropas rojas del Pacto de Varsovia, Jan Palach se inmoló el 19 de enero de 1969 en la Plaza Venceslas de Praga. Fuego contra el horror de la falta de libertad. El sacrificio de Palach no puso fin al totalitarismo rojo. Hicieron falta veinte años hasta que el Muro de Berlín cayera en 1989. Mohamed Bouazizi desató una revolución inmediata. Su cuerpo ardió y con él se quemó uno de los montajes políticos más humillantes de la historia de la humanidad, semejante a las dictaduras de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Paraguay o Bolivia. Antes de Bouazizi murieron otros. La conquista del olvido que es el lenguaje no puede excluir: Khaled Said, por ejemplo, el joven bloguero egipcio asesinado por la policía secreta en Alejandría el pasado 28 de junio. Los egipcios le rindieron el más espectacular de los homenajes: la convocatoria al Día de la Ira que el pasado 25 de enero inició las revueltas contra el régimen de Mubarak fue realizada a través de la página “Todos somos Khaled Said” abierta en Facebook.

Los árabes se enfrentaron solos con la historia, se plantaron delante de los monstruos políticos y de la brutalidad de los sistemas que administran para decirles hasta aquí llegamos con el espanto. La generación digital más activa no estaba finalmente en San Francisco, Nueva York o Berlín, sino en Túnez y en El Cairo. Internet no hizo más que comunicar más rápido décadas de humillación, represión y empobrecimiento. El oxígeno universal que exhala desde el sur del Mediterráneo nos autoriza el más profundo, delirante, exquisito y emocionante de los sueños: otro mundo es posible, otra sociedad es posible. Aquellos que habían sido relegados a los territorios invisibles de la historia emergieron con una luz, tal vez tan poderosa y esencial como la que, en el Siglo de las Luces, transformó para siempre el destino del ser humano.

efebbro@pagina12.com.ar

“¡Acaben ya de dar lecciones!”, dice Günter Grass a Occidente sobre Egipto.

Fuente:

http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/02/06/%E2%80%9C%C2%A1acaben-ya-de-dar-lecciones%E2%80%9D-dice-gunter-grass-a-occidente-sobre-egipto/

“¡Acaben ya de dar lecciones!”, dice Günter Grass a Occidente sobre Egipto.

Publicado el 6 febrero, 2011 por iroelsanchez

Günter GrassGünter Grass.

Occidente no debe inmiscuirse en el proceso de transformación de Egipto ni de otros Estados árabes, exigió hoy el premio Nobel de Literatura alemán Günter Grass.

“¡Acaben ya de dar lecciones!”, exclamó en medio de aplausos el escritor alemán durante un mitín del Partido Socialdemócrata de cara a las elecciones regionales del domingo próximo en la ciudad-Estado de Hamburgo.

“Tenemos suficientes cosas pendientes. Antes de empezar a dar lecciones a otros debemos salvar o recuperar nuestra democracia, que está afectada por la corrupción, los grupos de presión, por las más distintas causas”, se quejó el literato, de 83 años.

Grass acusó a Occidente de arrogarse la exclusividad del término “democracia” y dijo que es tarea de la sociedad egipcia desarrollar una democracia propia, en la que también debe tener lugar la fe islámica. (Con información de DPA).

Entrevista con Noam Chomsky: “Estados Unidos sigue su libreto habitual”.

Fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-161830-2011-02-06.html

ENTREVISTA CON NOAM CHOMSKY, PROFESOR Y AUTOR DE “HEGEMONIA O SUPERVIVENCIA”.

“EE.UU. sigue su libreto habitual.”

El destacado lingüista analiza la situación en Egipto y asegura que con Mubarak, Washington va a repetir la rutina: lo apoya hasta que la situación es insostenible. Entonces da un giro de 180 grados y dice que siempre estuvo con la gente.

Por Amy Goodman *

En las últimas semanas, los levantamientos populares en el mundo árabe lograron la salida del dictador tunecino Zine El Abidine Ben Alí, la inminente caída del régimen de Hosni Mubarak, un nuevo gobierno en Jordania y el compromiso del dictador yemení de dejar el poder cuando termine su mandato. El profesor Noam Chomsky analizó qué significa esto para el futuro de Medio Oriente y la política exterior de Estados Unidos para la región.

–¿Cuál es su análisis de lo que está sucediendo y cómo puede repercutir en Medio Oriente?

–En primer lugar, lo que está pasando es espectacular. El coraje, la determinación y el compromiso de los manifestantes son destacables. Y, pase lo que pase, éstos son momentos que no se van a olvidar y que seguramente van a tener consecuencias a posteriori: abrumaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir y se están quedando allí a pesar de los grupos mafiosos de Mubarak. El gobierno organizó esas bandas para tratar de expulsar a los manifestantes o para generar una situación en la que el ejército pueda decir que tuvo que intervenir para restaurar el orden y después, quizás, instalar algún gobierno militar. Es muy difícil predecir lo que va a pasar.

Los Estados Unidos están siguiendo su libreto habitual. Ha habido muchas veces en las que un dictador “cercano” perdió el control o estuvo en peligro de hacerlo. Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible –especialmente, si el ejército se cambia de bando–, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre. Presumo que eso es lo que está pasando ahora. Están viendo si Mubarak se puede quedar. Si no aguanta, pondrán en práctica el libreto.

–¿Qué opina de la apelación de Obama a que se inicie ya la transición en Egipto?

–Cuidadosamente, Obama no dijo nada. Mubarak también estaría de acuerdo con que debe haber una transición ordenada. Un nuevo gabinete, algunos arreglos menores en el orden constitucional no es nada. Está haciendo lo que los líderes norteamericanos generalmente hacen.

Los Estados Unidos tienen un poder abrumador allí. Egipto es el segundo país que más ayuda militar y económica recibe de Washington. Israel está en primer lugar. El mismo Obama se mostró muy a favor de Mubarak. En el famoso discurso en El Cairo, el presidente estadounidense dijo: “Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo”.

Mubarak es uno de los dictadores más brutales del mundo. No sé cómo después de esto alguien pudo haberse tomado en serio los comentarios de Obama sobre los derechos humanos. Pero el apoyo ha sido muy grande. Los aviones que están sobrevolando la plaza Tahrir son por supuesto estadounidenses. EE.UU. es el principal sostén del régimen egipcio. No es como en Túnez, donde el principal apoyo era Francia. Los Estados Unidos son los principales culpables en Egipto y también Israel, que junto con Arabia Saudita fueron los que prestaron apoyo al régimen cairota. De hecho, los israelíes estaban furiosos porque Obama no sostuvo más firmemente a su amigo Mubarak.

–¿Qué significan todas estas revueltas en el mundo árabe?

–Este es el levantamiento regional más sorprendente que puedo recordar. A veces, lo comparan con Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos. Los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, una falta de democracia y también de desarrollo. Egipto y otros países de la región recién pasaron por el período neoliberal, que trajo crecimiento en los papeles junto con las consecuencias habituales: una alta concentración de la riqueza y de los privilegios, un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población. Y eso no se cambia fácilmente.

–¿Cree que hay alguna relación directa entre estos levantamientos y las filtraciones de Wikileaks?

–En realidad, la cuestión es que Wikileaks no nos dijo nada nuevo. Nos dio la confirmación para nuestras razonables conjeturas.

–¿Qué pasará con Jordania?

–En Jordania, recién cambiaron al primer ministro. Fue reemplazado por un ex general que parece ser moderadamente popular, o al menos no es tan odiado por la población. Pero esencialmente no cambió nada.

* De Democracy Now. Especial para Página/12.

Revolución en Egipto, ¿y en “El País”?

Fuente:

http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/02/03/revolucion-en-egipto-%C2%BFy-en-el-pais/

Revolución en Egipto, ¿y en “El País”?

Publicado el 3 febrero, 2011 por iroelsanchez

Slavoj Zizek

Fotografía de Slavoj Zizek.

La actual ola revolucionaria en el mundo árabe ha dado la oportunidad para que haga una de sus escasas apariciones en los grandes medios el filósofo esloveno Slavoj Zizek. El irreverente pensador que reivindica a Vldimir Ilich Lenin para enfrentar los problemas del mundo actual ha escrito un texto bajo el título “¿Por qué temer al espíritu revolucionario árabe?“, publicado originalmente en The Guardian y traducido al español en el sitio Rebelión.

Zizek  desenmascara lo que el llama “la hipocresía de los demócratas occidentales”  que “antes apoyaban públicamente la democracia, pero ahora, cuando el pueblo se alza contra los tiranos para defender, no la religión, sino una libertad y una justicia laicas, se muestran ¨profundamente preocupados…¨”.

Es un revolucionario análisis que se apoya nada menos que en una frase de Mao (  “bajo los cielos hay caos: qué magnífica situación”) para desmontar las mentiras que las élites de Europa, Estados Unidos e Israel han vertido sistemáticamente sobre el mundo árabe.

No menos revolucionario es que la actual situación y la incapacidad para encontrar análisis mínimamente coherentes sobre ella entre sus colaboradores habituales haya llevado a un periódico como El País a reproducir este 3 de febrero de 2010 -futura fecha histórica-,  la opinión de un admirador de Lenin, cambiando el título nada menos que por una paráfrasis de la cita de Mao. Gracias a Egipto El País nos brinda un ejemplo paradigmático de cuán lejos puede llegar la hipocresía occidental de la que nos habla el filósofo sloveno.

¿Derrocan a los gobernantes buenos?

Fuente:

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article22049

¿Derrocan a los gobernantes buenos?

Enrique Urbieta Gómez.

04-02-2011.

Si el imperialismo trasnacional es dueño de las corporaciones de la (des) información, las que establecen claramente cuáles son los gobiernos malos y cuáles son los buenos, las que determinan donde se hallan los oscuros rincones del planeta, y cuales actos de terrorismo deben ser considerados como tales, y cuáles no, si el dominio sobre los medios deja muy poco margen para las equivocaciones, ¿por qué los pueblos insisten en derrocar a los gobernantes “buenos”, a los presidentes pro-norteamericanos de Túnez y de Egipto, por ejemplo, que tantos servicios han prestado a la causa imperial? Años de infructuosas cruzadas bélicas o informativas contra estados rebeldes del Medio Oriente, como Iraq o Irán, respectivamente, no fructifican. Años de furia mediática contra la Revolución cubana, de pagos directos o en premios espurios a mercenarios, sin resultados. Y de repente, estallan los gobernantes predilectos del imperialismo. ¡Qué incoherencia! La indignación y el desconcierto de diarios como El País —que pactó como siempre con el gobierno norteamericano en la selección y manipulación de los materiales proporcionados por WikiLeaks—, de la prensa trasnacional, es enorme, tan grande que sobrepasa, incontenida, todos los límites formales de la ética y se lanza en un inútil e injerencista llamado a la sublevación en Cuba, que auspicia Facebook. Con asombro —y pena ajena—, leo en El Mundo.es un titular desesperado: “¿Imitarán los cubanos a Egipto?” y epígrafes alucinantes: “Un nuevo grupo en Facebook impulsa a los cubanos levantarse contra Castro”, y también “Los promotores del grupo piden fecha y hora al pueblo para salir a la calle”. El artículo lo firma Laura Rivera y no lo hace, desde luego, desde La Habana, sino desde Miami. Acostumbradas desde los tiempos de William Randolph Hearst a fabricar las noticias, las corporaciones de prensa se desentienden de la verdad. No comprenden que una cosa es el puñado de mercenarios —blogueros, periodistas “independientes”, etc.—, que la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba controla y abastece, y otra, el pueblo cubano; que una cosa es el deseo de la contrarrevolución en Miami y otra, la decisión de los cubanos —críticos con su Revolución, pero identificados con ella—, en La Habana. Indigna el desparpajo y la ausencia de ética del imperialismo, pero ¿qué podría esperarse? Los pueblos derriban a los gobiernos pro-imperialistas, pero a la Revolución cubana, la sostiene el suyo. No olviden que en abril se cumplen 50 años de la victoria de Girón.