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Periodistas que necesitan cursos de informática básica: Otra revelación de WikiLeaks.

Fuente:

http://alt1040.com/2010/12/periodistas-que-necesitan-cursos-de-informatica-basica-otra-revelacion-de-wikileaks

Periodistas que necesitan cursos de informática básica: otra revelación de WikiLeaks (Actualizado)

Por Alan Lazalde el 13 de Diciembre de 2010.

old typewriter Periodistas que necesitan cursos de informática básica: otra revelación de WikiLeaks (Actualizado)

A una semana de que WikiLeaks hiciera explotar una bomba mediática en el centro de la diplomacia estadounidense, hemos sido testigos de una inmensa reacción en cadena: declaraciones políticas, arrestos, chismes de alta diplomacia, acusaciones cruzadas, profundas posturas a favor y en contra de las filtraciones, DDoS, etcétera. Internet como medio y poder irrumpió en la política mundial como en pocas ocasiones. Me atrevo a decir que nuestra generación presenció el acto hacktivista más importante de la historia y, con mucha probabilidad, no el último.

Pero hubo un asunto entre tantos que atrapó mi atención: el tratamiento que el periodismo tradicional le dio a Internet, sus redes, habitantes y tecnicismos. Desde mi punto de vista, el periodista promedio se vio obligado a profundizar o intentar entender eso que antes banalizaba durante la sección de tecnología y las notas curiosas del día. Asimismo pienso que de existir un Diccionario Esencial del Periodista, nuevos términos le exigen su pronta incorporación: hackers, Internet, web, servidores UNIX, ¡UNIX!, sitios espejo, DDoS, wikis, torrents, etcétera.

En lo que sigue les ofrezco un puñado de frases que encontré navegando por el lugar antes conocido de forma romántica como La Superautopista de la Información: escandalosa representación de los hackers como iniciadores de nuevas guerras mundiales, falsedad en la información, manejo anticuado o torpe de la jerga informática y más.

Televisa Guadalajara: Se entregó dueño Wikileaks

Conductora principal:

WikiLeaks, la empresa de Internet que […]

Reportero:

[Julian Assange] es el dueño del portal WikiLeaks

Fueron congruentes, aunque equivocados: WikiLeaks es una organización sin fines de lucro. Y como tal, Julian Assange no es su dueño, sino su portavoz y editor en jefe. La mayoría de los medios calificaron a Assange como el “fundador”, lo cual es cierto —y más fácil de entender—.

Televisa: Las filtraciones de WikiLeaks

La filtración conocida como WikiLeaks.

La Dra. Rossana Fuentes Berain, es una reconocida politóloga mexicana. Esto no evitó que entendiera WikiLeaks como algún tipo de filtración, como pueden comprobar a los 00:15 del vídeo.

Televisión Azteca: Hackers atacan portales de instituciones bancarias

Parece que el mundo vive su primera guerra mundial cibernética

Exagerado y siniestro. Los ataques de Anonymous son comunes y corrientes desde años atrás. Aquí cabe recordar la burla que Wired hizo de un reporte de Fox en el que llamó a Anonymous un grupo de

hackers con esteroides, amenazando la web como si fuese un videojuego de la vida real. Saqueando sitios web, invadiendo cuentas de MySpace e irrumpiendo en la vida de gente inocente.

AP (traducido por El Universal): Anuncian nacimiento de ‘nuevo WikiLeaks’

WikiLeaks dejará de ser pronto el único cibersitio […] Un antiguo compañero de trabajo del fundador de WikiLeaks Julian Assange planea lanzar una página rival el lunes, llamada Openleaks

OpenLeaks y WikiLeaks no son rivales. No son compañías luchando feroces por un mercado. OpenLeaks solo ejemplifica un fenómeno cotidiano en Internet: la copia, el remix, la derivación —fork—, o posiblemente la evolución del original.

¿Cibersitio?

HOYTamaulipas: Wikileaks y Televisa

Al pobre güerito chismoso de nacionalidad australiana, ya le montaron un numerito en el que se le acusa de acoso sexual en contra de dos ciudadanas suecas, lo cual no es de dudarse, ya que las muchachas de por allá resultan sumamente apetecibles.

Inefable.

El Universal: Las lecciones de WikiLeaks

La semana pasada WikiLeaks, la herramienta que permite filtrar documentos de manera anónima a través de internet, fue noticia al revelar 400 mil filtraciones sobre la guerra en Irak.

WikiLeaks no es una herramienta que permite filtrar…, sino una organización y MediaWiki la herramienta de administración de contenidos (CMS) que le sirve para presentar y distribuir, a través de wikis, los documentos previamente filtrados.

Comentarios finales

Conozco abogados molestos por el impreciso uso de la terminología legal entre los periodistas. Ahora les comprendo mejor. Sin embargo lo mismo sucede desde otros puntos de vista: lingüistas que enfadados por el mal uso del castellano entre losbloggers —este artículo les serviría de ejemplo—, científicos fastidiados por la insustancial comunicación de la ciencia en casi cualquier medio, y así por el estilo. Evidentemente, nadie puede ser especialista en todo.

Tampoco se trata de que todos los periodistas requieran actualizarse, por supuesto; los hay cuidadosos y versados en el tema. Pero me queda claro que algunos otros necesitan asistir a un par de cursos de informática básica, historia de Internet y opcionalmente conseguirse una versión impresa del Jargon File —está bien, aquí estoy exagerando—. Un nuevo orden está frente a ellos y más les vale prepararse conforme a los tiempos. Nuevas generaciones de lectores lo reclamamos.

Actualización: Y sólo para documentar un poco más el tema, les comparto lo que Reuters escribió un par de semanas atrás (penúltimo párrafo):

Muchos programadores han creado y promovido el lenguaje de programación de computadoras conocido como “código de fuente abierta” para ser compartido en sitios públicos sin costo, pero tiene turbios problemas de licenciamiento.

Ustedes lo comentarán mejor que yo.

Manual para hablar como tonto.

Fuente:

http://lucascarrasco.blogspot.com/2010/11/pablo-sirven-en-twitter.html

Marcela Iñiquez me manda este simpático manual:

MANUAL PARA HABLAR COMO TONTO

1) Utilice abundantemente -Kada vez Ke pueda- la letra K.
Úsela sobre todo en epítetos, como “Kretina”, Konchuda, Kagona, Kuliada, etc.
Pero no olvide que la K se puede usar para formar las palabra: “Kalafate”, “Kartera”, “La Kaja”, “MiniKúper”, “Kúnkel”, sKanKa, Ku Kux Klan, Kilo y dos Pancitos, Kilombo, MonKtoneros.
Si escribe cualquiera de esas palabras, es obligatorio usar la K.
Si no las escribe, igual es recomendable usar la K, al menos una vez cada cinco palabras. 

2) No deje de comparar este gobierno con todo aquello que los medios de comunicación le digan que es malo y terrible.
No dude en comparar este gobierno con el de Chávez o Fidel Kastro.
Hágalo abundantemente: si usted critica al gobierno sin mencionar a Chávez o al Chavismo, usted es un cooptado por el aparato clientelar Kirchnerista, que merece, como mínimo, la cárcel.

3) Sin hesitar, recuerde el origen pone bombas de los Kirchner, mencionando que son montoneros y, ya que estamos, del ERP.
Recuerde que Kirchner mató a Aramburu de un tiro en la espalda, aunque la historia “monKonera” cuente otra cosa.
Pero luego, a colación de esto, mencione que son Kapitalistas furiosos que se enriquecieron prestándole plata a tasas usurarias (puede ser Kusurarias) a los familiares de desaparecidos y a los mismos desaparecidos que estaban, en realidad, en Europa.

4) Cuando lea un diario en Internet o un blog o en cualquier foro, no lea en realidad la nota: directamente comente, sin importar lo que diga el periodista – que puede estar pagado por los K- o si la nota es de Fórmula 1 o sobre la velocidad de las chitas.

5) No olvide mencionar las palabras: plata, robo, autoritarismo, Korrupción, robo, Kaka, robo, corrupción, Dadadada, Kirchner puto, Konchuda, puto, Montoneros.

6) La palabra revanchista no puede faltar, aun cuando usted no tenga ni la más puta idea de que significa.

7) Todo aquel que es kirchnerista es PAGADO

8) Todo aquel que vota a Kirchner o a la Kretina, lo hace por una caja de vino o un ChoripánK.

9) Los Kirchner quieren destruir al campo, a la libertad de prensa, a la iglesia, al ejército, al congreso, la policía, a los ricos, a los pobres, a los radicales, al peronismo, a Brasil, a Uruguay, al FMI, a los bonistas, a los jubilados, a Mafalda, a Maradona, a Avila, a Macaya Márquez, a Menchi Sabat, a Varsky, a usted, a Mirtha Legrand, a
Victor Hugo Morales y a Morales Solá.
Los Kirchner solo quieren destruir y hacer daño y son malos y Korruptos Kaka.

10) Todo aquel que critique a los Kirchner lo hace desde profundas convicciones patrióticas, republicanas; casi siempre desde el heroísmo y el coraje.

11) Mirtha Legrand es fuertemente censurada todo el tiempo, porque es una gran entrevistadora, una persona muy inteligente y una persona bien como las que odian los KK.

12) La gente tiene miedo de hablar por teléfono.

13) En este país no hay libertad de prensa. 

14) Los Kirchner son Stalinistas, como Ceacescu y Elena.

15) Los Kirchner son Nazis, como Hítler y Eva Braun.

16) Los Kirchner son judíos.

17) Los Kirchner son como Luis XVI y Maria Antonieta.

18) Los Kirchner son todo lo malo junto.

19) Los K son iguales a Ménem.

20) Los K son Videla y Santucho juntos.

21) Los Kirchner son fascistas como todos los peronistas pero en realidad los Kirchner no son peronistas.

22) Bajo ninguna circunstancia reconozca un aspecto positivo de la política gubernamental.

Nunca discuta sobre política, solo difame y grite, lance diatribas y vomite la primer pelotudez que le venga a la cabeza.
Si la cosa se le pone complicada en alguna discusión, diga exactamente esto: “Eso es lo que yo pienso y tengo derecho a pensar como quiero ¿AHORA ME VAN A PROHIBIR PENSAR?”

23) Si, a pesar de todo, decide discutir de política, recuerde: Los Kirchner son malos porque intervienen en la economía pero son malos porque no terminan con la pobreza pero a la vez porque son garantistas y no revientan a tiros todos los negros del Konurbano y a la vez no se ocupan de la salud ni de la desocupación ni de que uno pueda viajar a Europa como cualquier ciudadano del mundo.
Esto último, es Kastrismo encubierto.

24) Que no se note que usted es gorila: VOTE A PINO SOLANAS y siempre use algún chamuyo relacionado con la minería o los trenes.

La violencia de género en los medios en Argentina.

Fuente:

http://www.periodismosocial.org.ar/notacompleta.cfm?id=4204

LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LOS MEDIOS

  • En los primeros seis meses del año fueron asesinadas 126 mujeres. El 25 se recuerda el Día Internacional la no Violencia contra la Mujer
  • Periodismo Social consultó a periodistas de distintos lugares del país para analizar cómo es la cobertura del tema y reflexionar si es posible ayudar a prevenirla desde los medios.
  • “Aparecen atenuantes para el golpeador, abusador o asesino…El periodismo se torna insensible en muchos casos”, aseguran
  • Qué dice la flamante ley de Protección Integral a las Mujeres sobre la violencia mediática
  • Herramientas para periodistas: manual periodístico para el abordaje de la violencia contra las mujeres; pautas para entrevistar a mujeres en situación de violencia; decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres.

La violencia de género es una violación a los derechos humanos,  que en el primer semestre del año les costó la vida a 126 mujeres en nuestro país, según la pesquisa que realiza la Casa del Encuentro a partir de las noticias publicadas en los medios de comunicación. Ante  la ausencia de estadísticas oficiales, esta es la única estadística confiable con la que se cuenta en nuestro país. La misma organización contabilizó y analizó 231 femicidios en 2009.
Por eso, su adecuado tratamiento periodístico, la visibilidad que alcance el tema y la ausencia de prejuicios a la hora de informar son parte de la responsabilidad social de los medios de comunicación ante un problema que sigue creciendo.

Este jueves 25 se recuerda en todo el mundo el Día de la No Violencia contra la Mujer, una buena oportunidad para reflexionar sobre el abordaje del tema en los medios de comunicación. Por ello, Periodismo Socialconsultó a periodistas que no se especializan en género, de medios nacionales, y de Entre Ríos, Mar del Plata,  La Rioja, Mendoza, San Luis, Chaco y Salta para que respondan, entre otras cosas, si el periodismo puede colaborar en prevenir la violencia contra las mujeres o si pueden terminar justificando las agresiones cuando las coberturas no son inclusivas. Además, ¿cuáles son las complicaciones que encuentran los periodistas al realizar notas sobre la temática? ¿Importa a los profesionales de la comunicación capacitarse para mejorar sus notas?

Los atenuantes para la violencia

En 2005, Periodismo Social realizó un primer informe con herramientas para la cobertura periodística de la violencia contra las mujeres, destinado a responsables de medios y periodistas. En los últimos cinco años, gracias a acciones de incidencia y capacitación de organizaciones sociales, organismos internacionales,  y de Periodistas de Argentina en Red por una comunicación no sexista (Red PAR), las noticias sobre la temática se muestran más inclusivas, pero el cambio es lento y todavía no se logra desterrar de las redacciones el “crimen pasional”, término insignia para ocultar un delito que nada tiene de pasional, porque las agresiones y  asesinatos de mujeres son una violación de derechos, y deben ser incluidas dentro de la agenda de inseguridad que tanto espacio mediático ocupa.

“El periodismo colabora muy poco para evitar la violencia contra las mujeres. Es difícil desterrar de la profesión muchos preconceptos que a veces colaboran en convalidar la violencia. Aparecen atenuantes para el golpeador, abusador o asesino…El periodismo se torna insensible en muchos casos”, analiza Luis Gregorio, profesor de Comunicación de la Universidad Nacional de Cuyo.

Mar del Plata es un lugar de referencia cuando se analiza la mirada periodística de la violencia de género, ya que en esa ciudad, el campeón de boxeo Carlos Monzón, asesinó a su compañera Alicia Muñiz. Fue en 1988, y marca un hito, ya que aparecen por primera vez en los medios nuevas fuentes: especialistas y organizaciones que venían trabajando sobre la temática tienen su espacio en la escena mediática.
Daniel Della Torre y Oscar Lardizábal, del diario La Capital de esa ciudad, recuerdan ese episodio “como el momento en que el tema se instala en los medio. También en Mar del Plata fueron asesinadas varias mujeres en los ’90, en un caso que la prensa denominó ‘el loco de la ruta’. Asesinatos que nunca fueron esclarecidos “pese a que la ONU lo consideró la segunda epidemia de homicidios de mujeres del mundo”, dicen los periodistas.  Reconocen que “se debe mejorar la cobertura en la sección Policiales. Debemos tomar conciencia del uso incorrecto de términos que nos vienen de la jerga policial, como crimen pasional”.
El Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada y las comisarías de la Mujer, son fuentes que destacan a la hora de elaborar sus notas.
En tanto Susana Scandalli, también periodista de La Capital, suma su experiencia docente. “Trabajo la violencia de género con mis alumnos en ETER (Escuela de radio). Estoy muy satisfecha y orgullosa por el compromiso de mis alumnos con la temática”, dice.

La capacitación desde los espacios de formación periodística, es uno de los caminos a considerar para instalar en la currícula la perspectiva de género, indispensable para lograr abordajes periodísticos inclusivos de la violencia. La Red PAR lo ha hecho en la escuela TEA por dos años, en la Universidad de La Plata, y hay docentes comprometidos que buscan transversalizar en los programas de estudio la visión de género.

La capacitación, la responsabilidad social del medio

Las y los periodistas que ofrecen su testimonio en esta nota, coinciden en la necesidad de capacitarse. La mayoría lo ha hecho por decisión propia en instancias dictadas por organismos y ongs. No hay una decisión de responsables de medios de incorporar pautas internas, como ocurre por ejemplo, en varios medios de España que entienden que realizar un adecuado tratamiento mediático de la violencia de género, es parte de la responsabilidad social del diario.

Cuando se publican notas sobre violencia contra las mujeres “hay mucho de voluntad por parte del periodista”, confiesa Néstor Llido de Diario Popular. Quien ha realizado algunas capacitaciones, y entiende de la importancia de sumar a una noticia de violencia “estadísticas, historias de vida y listado de dependencias y teléfonos que puedan brindar asistencia”. El profesional cree que “muchas veces se recurre al morbo y se investiga a la víctima. A eso se suma la utilización de términos peyorativos. Personalmente, intento romper algunas pautas establecidas, pero no siempre lo logro”. Destaca el trabajo de algunos organismos públicos y ongs que aportan estadísticas “que tanto ayudan para imponer el tema en los medios, sumado a la multiplicidad de fuentes que fortalece el sumario a presentar ante el editor, que exige datos nuevos para publicar la noticia”.

Verónica Gómez de radio ‘De la Plaza’, de Paraná, Entre Ríos, nota que, a partir del compromiso asumido por el plantel que realiza el programa ‘A quien corresponda’, para abordar la temática “las ONGs y profesionales que trabajan en esto, nos envíen información de las acciones que llevan adelante. Con cada una de las notas se busca sensibilizar a nuestros oyentes, y difundir los casos de violencia que sufren las mujeres en Entre Ríos. No obstante  en la agenda mediática, la violencia contra las mujeres no gana mucho espacio; no son muchos los medios que incorporan estos temas como prioritarios. Como siempre aparecen primero en las páginas de policiales”.

Desde ChacoDarío Díaz considera que los medios de su provincia “contribuyen muy poco en la prevención de la violencia”, y recuerda que en 2003, en la localidad de El Espinillo, tres jóvenes violaron a una adolescente aborigen en una plaza. “En el juicio –plagado de irregularidades y prejuicios- se absolvió a los imputados. No hubo un seguimiento de los medios locales”, aunque el caso, conocido como LNP para resguardar la identidad de la jóven,  fue denunciado ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, que obligó al Estado nacional y provincial, a una reparación para la víctima y su familia. “Muy pocos medios sumaron reflexiones ante este hecho aberrante”, aporta Díaz.
En concordancia con otros colegas, verifica que la sección Policiales es la elegida para ubicar las notas sobre violencia de género “siempre vinculadas a cuestiones pasionales, sin cifras o datos que permitan deducir al lector que hay una constante en estos casos: la violencia del hombre hacia la mujer”. Y suma un dato que se repite: “Yo hago notas hablando de femicidios, pero el mismo medio sigue hablando de crimen pasional”.

Coincide Verónica Gómez, que considera que los medios  “son nichos en los que se siguen escondiendo los violentos, ganando titulares que los favorecen. Los periodistas, por falta de capacitación en temas de género, siguen justificándolos. La palabra femenicidio ha ganado un buen lugar en nuestros medios desplazando así de los titulares a los crímenes pasionales, pero si analizamos los textos periodísticos continúa existiendo mucha tensión entre ese titular y lo que cuentan más abajo. No aparecen en las crónicas ningún recorrido que dé cuenta del sufrimiento que padeció esa mujer violentada, no buscan antecedentes, no se publican las denuncias, no se buscan otras voces. En radio a veces es mucho más complicado por la urgencia y el poco tiempo que hay desde que conocemos los hechos y el momento para difundirlo”.

La naturalización de la violencia en los medios

“En los diarios del interior del país, el machismo y la victimización de los victimarios, es figura corriente en el tratamiento informativo” asegura Alejandra Cebrelli, docente de Comunicación de la Universidad Nacional de Salta, que está convencida de que los medios “colaboran para naturalizar, tanto la violencia contra las mujeres, como las representaciones estigmatizantes, sobre todo en Policiales”.
La profesional aporta un dato interesante: ha indagado entre los vendedores de diarios de su ciudad, quienes le confirmaron que, cuando se publican noticias sobre femicidios, los diarios se agotan a las 10 de la mañana. “Que el tratamiento sexista de la violencia de género se haya convertido en un valor de noticiabilidad nunca confesado, pero siempre considerado en los diarios locales y en algunos nacionales, es realmente lamentable y deja entrever el machismo y la falta de ética de editores y jefes de redacción”, reflexiona Cebrelli.

Desde la misma provincia, Jimena Granados de El Tribuno, acuerda con su sus colegan en que en el periodismo “aún hay casos en que se justifica la violencia contra las mujeres. Se leen títulos como “La mató porque lo engañaba”, como si el engaño explicara y justificara el asesinato. Se exponen cuestiones de la vida privada de las víctimas, que a veces parece que pretendieran mostrar “su parte de la culpa. En algunos casos se informan detalles que revictimizan, y no aportan al tratamiento responsable del tema (cómo la violó, en qué circunstancias, etc.)”.

Y plantea otra dificultad: “cuando se quiere comparar la situación actual con la de unos seis o siete años atrás, se hace complejo medir el crecimiento en la cantidad de casos de violencia y los cambios en sus características, por la ausencia de datos pasados. En el interior, otro inconveniente es que el universo de especialistas para consultar es acotado si se quiere hablar de la realidad local”.

En tanto Cebrelli insiste en la capacitación, pero habla de la necesidad de “hacerle llegar a los editores y directores de medios algún tipo de sanción simbólica (escraches, denuncias, notas de repudio, etc.) para que esta práctica desaparezca de las redacciones”.

Precisamente, la flamante ley de Protección Integral a las Mujeres, habla en el artículo 6, inciso f de violencia mediática, definida como “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.
En su reglamentación dictada en julio de este año, la Ley 26.485 faculta al Consejo Nacional de las Mujeres, a que disponga “coordinadamente con las áreas del ámbito nacional y de las jurisdicciones locales que correspondan, las acciones necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la difusión de mensajes o imágenes que:

  1. Inciten a la violencia, el odio o la discriminación contra las mujeres.
  2. Tiendan a perpetuar patrones sexistas de dominación masculina o alienten la exhibición de hechos aberrantes como la intimidación, el acoso y la violación.
  3. Estimulen o fomenten la explotación sexual de las mujeres.
  4. Contengan prácticas injuriosas, difamatorias, discriminatorias o humillantes a través de expresiones, juegos, competencias o avisos publicitarios.

A los efectos de la presente reglamentación se entiende por medios masivos de comunicación todos aquellos medios de difusión, gráficos y audiovisuales, de acceso y alcance público”.

La legislación existe. Es amplia, y debe incorporarse en las prácticas cotidianas. “Es prioritario que desde el periodismo colaboremos en prevenir y denunciar la violencia” afirma Cynthia García, columnista del programa radial ‘La Mañana’ que conduce Victor Hugo Morales en Continental y colaboradora del semanario ‘Miradas al Sur’, quien trata la temática en su medio “gracias a un esfuerzo mancomunado, porque no es fácil salir de la casuística policial y abordar directamente las desigualdades de género y la violencia contra las mujeres”.
García percibe que “hay una mayor responsabilidad en algunos medios y periodistas, para no caer en justificaciones hacia la violencia, que a esta altura de la democracia, son inadmisibles”, pero reconoce que “todavía falta mucha conciencia y conocimiento”. Un problema a enfrentar es que la violencia se considera “un tema de mujeres, un tema menor”. Sin embargo, la violencia hacia las mujeres, es un tema de mujeres, pero también, y sobre todo, de varones.
La periodista considera que es importante enfocar la temática desde una perspectiva regional, y empezar “a nombrar en femenino, darle entidad a todo un territorio que aún no parece tener nombre. Este mundo sigue siendo poderosamente masculino aunque sea ‘el siglo de las mujeres’; hay que enfrentar ese peso hasta que la balanza, algún día, se iguale”.

Lo términos, lo que se dice, cómo se dice, la carga cultural de las palabras son ejes a analizar cuando hablamos de violencia en periodismo. Como también las imágenes y la música que se utilizan para presentar las noticias. La periodista Mariel Fitz Patrick comparte sus dudas cuando tuvo que publicar la foto de una mujer golpeada “con lesiones visibles…pero definitivamente creo que, si bien puede ser de alto impacto, ayuda a que esta problemática sea más ‘real’, y no sólo una estadística que no deja de asombrarnos”. Porque las estadísticas son personas. Por eso, si bien los datos cuantitativos son importantes –sobre todo en periodismo- también lo son la lectura cualitativa. “Hay que humanizar –señala-, para que los casos no se conozcan cuando las mujeres ya fueron asesinadas”.
Para Fitz Patrick es necesario “sensibilizar a editores y jefes”, y suma otra duda: los reportajes a mujeres en situación de violencia o sobrevivientes “porque es difícil el abordaje, respetar su intimidad, el miedo a que el agresor se enoje aún más si el caso se hace público, y no revictimizarla al tener que contar su historia”. En este sentido, el periodista de  Nueva Rioja, Julio Morales habla de que “las mujeres y su entorno son reacios a tomar contacto con el periodismo”.

Morales también ve como carencia que, en organismos oficiales, y sobre todo en la policía “es necesaria más capacitación y manejar otros valores para enfrentar el problema”.

Mariano Armagnague, director del diario Nueva Rioja reconoce que  en su provincia “convivimos con conceptos sociales muy machistas y arcaicos, que en buena medida sirven para justificar conductas violentas. Aquí son muy pocos los casos que salen a la luz”. Pone como ejemplo “un pequeño escándalo que tuvimos,  por la situación de un concejal cuya esposa lo acusó por haberla tratado violentamente. Este hecho, aunque polémico porque ambos serían aparentemente violentos, contribuyó a instalar el tema y exponer voces en contra”.

En San Luis “no hay información, no hay apoyo para las mujeres. Es urgente crear alguna organización”, suma el periodista Fabián Ferrarelli de El Punteño.

Para Mariel Fitz Patrick hay que incentivar la capacitación “para que el tema no lo cubran sólo periodistas que hacen género o son feministas”.

Más información para periodistas:

Noticias que salvan vidas- Manual periodístico para el abordaje de la violencia contra las mujeres- Amnistía- Argentina
http://www.manualgeneroperiodistas.amnesty.org.ar/

Pautas para entrevistar a mujeres en situación de violencia
http://www.manualgeneroperiodistas.amnesty.org.ar/libro-d-1.html

Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres- Red PAR
http://www.redpar.com.ar/Internet_Services/images/Decalogo%202010.pdf

Notas relacionadas en PS:

Las violencias mediáticas
“Hay que dejar de poner el acento en la víctima”
El mapa argentino de la violencia contra las mujeres

Agradecimientos:
Foro de Periodismo Argentino
Red de Diarios en Periodismo Social
A las y los periodistas que colaboraron con su testimonio.

Su trabajo es matar.

Fuente:

http://www.elpais.com/articulo/portada/trabajo/matar/elpepusoceps/20101121elpepspor_6/Tes

REPORTAJE

Su trabajo es matar

Detrás de la aplicación de la pena capital hay funcionarios de prisiones encargados de ejecutar la ley. Su trabajo consiste en liquidar a personas condenadas a morir. Los verdugos de la prisión de McAlester (Oklahoma) cuentan su terrible rutina laboral.

YOLANDA MONGE 21/11/2010

Detrás de la aplicación de la pena capital hay funcionarios de prisiones encargados de ejecutar la ley. Su trabajo consiste en liquidar a personas condenadas a morir. Los verdugos de la prisión de McAlester (Oklahoma) cuentan su terrible rutina laboral.

Además de cruel e inhumana, la pena de muerte es cara. Cada ejecución le cuesta al Estado de Carolina del Norte más de dos millones de dólares. En Tejas, la cifra es muy similar y supone tres veces el coste de tener a alguien encerrado en una cárcel de máxima seguridad durante 40 años. En Florida, mantener en pie el mortal sistema asciende a 51 millones al año, lo que supone que cada una de las 44 ejecuciones que ha tenido ese Estado desde 1976 ha costado 24 millones cada una.

El Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, siglas en inglés) es responsable de un estudio que en principio podría sonar cínico. Su título: Reconsiderando la pena de muerte en tiempos de crisis. “La pena de muerte es una actividad tremendamente cara y derrochadora que no tiene beneficios concretos”, se lee. En contra de lo que se podría pensar -y que es uno de los argumentos de los partidarios-, “todos los estudios concluyen que la máxima pena es mucho más costosa en términos de dinero que un sistema que imponga cadenas perpetuas” para los crímenes de sangre, asegura Richard Dieter, director del DPIC. Si los homicidios legalesperpetrados por el Estado no pasan a la historia por motivos morales, puede que el canal para hacerlo sea tocando el precario bolsillo de los contribuyentes.

Treinta y cinco Estados de la Unión tienen la pena de muerte en sus ordenamientos jurídicos. Desde que en 1976, el Tribunal Supremo volviese a reinstaurarla tras un parón de cuatro años que cuestionó su constitucionalidad -apelando a la octava enmienda de la carta Magna que prohíbe tratos crueles o inhumanos, 1.233 personas han perdido la vida a manos de tan bárbaro sistema solo 12 han sido mujeres, la última, Teresa Lewis, a finales de septiembre en Virginia.  El Estado a la cabeza en ejecuciones, con muchísima diferencia sobre el siguiente, es Tejas. Desde 1976, Tejas ha acabado legalmente con la vida de 464 seres humanos. Virginia con 108; Oklahoma con 93… A día de hoy, en el corredor de la muerte hay 3.261 personas (61 son mujeres). El Estado que mayor número de presos tiene encerrados esperando la muerte es California (607). Desde el año 2002 no se ejecuta en EE UU a personas con discapacidades o enfermedades mentales. En 2005, el Supremo acabó con la máxima pena para los menores de edad.

Los contrarios a la pena de muerte han visto en los últimos años cómo su causa ganaba adeptos. Según las últimas encuestas, un 65% de la población es partidaria de ella (era el 80% en 1994). Esos mismos sondeos dicen que cuando se da la opción a los entrevistados de elegir entre pena de muerte o cadena perpetua, un 48% prefiere esta última opción sobre la primera.

En la actualidad, son varios los Estados que tienen la aplicación de sus ejecuciones parada. En este caso, el escollo para acabar con la vida de alguien es logístico. La escasez de uno de los tres fármacos que se inyecta en las venas del condenado para acabar con su vida está poniendo en cuestión la viabilidad de tan anacrónico sistema.

El Supremo de California tiene bloqueadas las ejecuciones debido a la escasez del anestésico que duerme al reo antes de que se le induzca a un coma rápido y se le produzca una parada cardiorrespiratoria que acabe con su vida. En Kentucky sucede lo mismo. En Arizona vivían la misma situación kafkiana hasta que, según han informado los medios de comunicación de ese Estado, la penitenciaría importase el pentotal sódico desde el Reino Unido. Jeremy Landrigan moría por inyección letal el 27 de octubre.

Hospira, el único laboratorio que produce en EEUU el Pentotal -nombre comercial asegura que no podrá proveer de nuevas dosis hasta principios de 2011 por problemas de producción que no especifica. Lo que se esconde detrás de la decisión de la compañía es el rechazo a que un sedante con fines médicos se vende a las prisiones para operaciones quirúrgicas sea usado para causar la muerte a alguien.

“Al día siguiente, nadie habla de ello”

Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. Formé parte del strap down team, el equipo encargado de atar al condenado a la mesa de ejecución antes de la inyección letal. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno -somos cuatro o cinco- ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: ‘¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!’. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo ‘Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?’, y tú contestas: ‘Me han elegido, ahora tienes que tumbarte’. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: ‘Gracias, Dirk, me has salvado la vida’. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté”.

“Un hombre pidió cereales para niños como última comida”

“Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo ‘¡gracias!’, con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa”.

“Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica”

“Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro”.

“Dios no me lo reprochará”

“Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: ‘En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros’. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará”.

“En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal”

“Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: ‘Layne, la vida va a ser mejor allí arriba’. O bien se alteran y te dicen: ‘¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche’. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: ‘He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto’. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie”.

“Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones”

“Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: ‘No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley’. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: ‘Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan’. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad”.

La SIP: Denuncias y omisiones del poder mediático.

Fuente:

http://alainet.org/active/42242

ALAI, América Latina en Movimiento

2010-11-13

La SIP: denuncias y omisiones del poder mediático.

Andrés Mora Ramírez

Una vez más, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) denuncia los “ataques” de los gobiernos progresistas latinoamericanos, pero deliberadamente guarda silencio sobre el autoritarismo del mercado y el control oligopólico que ejercen sus empresas asociadas en toda la región.
Parecía una broma de pésimo gusto. Pero no lo fue. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebró en días pasados su asamblea anual con la presencia de tres invitados distinguidos: los presidentes de México, Felipe Calderón; de Colombia, Juan Manuel Santos; y de Honduras, Porfirio Lobo. Gobernantes de tres de los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo en América Latina, pero también, donde los vínculos entre el poder político-económico y el poder mediático son más fuertes y tenebrosamente articulados.
Reunidos en la ciudad mexicana de Mérida, cuyo nombre fue empleado por la administración Bush II para bautizar el proyecto estratégico estadounidense de “guerra contra el narcotráfico” y control geopolítico de Mesoamérica, los miembros de la SIP protagonizaron un nuevo episodio de la guerra mediática contra los gobiernos progresistas en América Latina: en las conclusiones de su cónclave, los grandes propietarios y directores de los medios hegemónicos, declararon que en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay, “los gobiernos están recurriendo a medidas anti-democráticas para reprimir a los medios de comunicación independientes y colocar el flujo de informaciones y noticias en las manos de entidades controladas por el estado”.
Para los dueños de la palabra, esos censores de lo posible y lo imposible en nuestros países, la situación de la prensa en el continente es más o menos así: “a lo largo y ancho de las Américas existen esfuerzos renovados para imponer disposiciones legales destinadas a ‘regular’ el funcionamiento de los medios de comunicación. Aunque se expresan a menudo en términos altisonantes, son intentos evidentes para controlar y limitar el libre flujo de información”.
El doble rasero de la SIP y su cinismo son inigualables: acusa el supuesto “autoritarismo” de los gobiernos progresistas latinoamericanos, pero nada dice del control oligopólico que ejercen sus empresas asociadas en cada uno de estos países. Y por supuesto, tampoco denuncia el autoritarismo del mercado en virtud del cual han consolidado sus posiciones dominantes.
Los datos del más reciente estudio realizado por los investigadores argentinos Martín Becerra y Guillermo Mastrini, sobre el tema de concentración de la propiedad de los medios infocomunicacionales en América Latina, son inobjetables: el índice general de concentración, y por ende, su tendencia al monopolio u oligopolio, pasó del 0,77 en el año 2000, al 0,82 en 2004. En términos más específicos, esto significa que los cuatro principales operadores (empresas privadas) en cada sector de las industrias culturales y de la información, controlan entre el 77% y el 82% del mercado latinoamericano.
En palabras de los investigadores, esto supone que “el resto de propuestas culturales, informativas y de entretenimientos de la región se restringió a un promedio del 18% del mercado, siendo de este modo casi impracticable la verdadera competencia, en el sentido de contraste de versiones sobre la realidad, de comparación de opiniones y mensajes diferentes, en el ámbito de los medios, la cultura y la información[1].
Es decir, el espacio comunicacional latinoamericano –impreso, electrónico o audiovisual- se caracteriza por ser profundamente excluyente de todas aquellas manifestaciones del pensamiento y el ejercicio de los derechos más elementales -individuales y colectivos-, que no se subordinen al orden social hegemónico, y para ello, despliega poderosos mecanismos de anulación de la diversidad cultural, así como de ocultamiento de la pluralidad ideológica.
De estas problemáticas dimensiones de la realidad social, que deberían estar en el centro de cualquier discusión sobre la construcción de la democracia en la región, nada dijo la SIP.
De ahí que las conclusiones de su asamblea solo puedan explicarse en el marco de las disputas simbólicas y materiales que sostiene el poder mediático regional –el nuevo partido de la oposición-, contra los procesos políticos nacional-populares y las iniciativas de ley que, al procurar la democratización de las comunicaciones, están permitiendo además la emergencia de discursos alternativos y una mayor visibilidad de actores sociales y poblaciones tradicionalmente marginadas.
Mucha razón tiene Eduardo Galeano cuando afirma que aquí, en estas tierras de América Latina, se sigue llamando “comunicación” al monólogo del poder. Y al afán de los poderosos de seguir mandando a su antojo, invocando la ley del más fuerte del capitalismo salvaje, se lo sigue disfrazando con la máscara de una pretendida defensa del derecho a la libertad de expresión.
Nuestro mundo y nuestro tiempo, ¡qué duda cabe!, son el mundo y el tiempo del revés. Más todavía cuando se mira desde la restringida óptica de la SIP.
– Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
NOTA
[1] Becerra, Martín y Mastrini, Guillermo (2009). Los dueños de la palabra. Acceso, estructura y concentración de los medios en la América latina del siglo XXI. Buenos Aires: Prometeo Libros. Pág. 213.

Vida y conservación de las lenguas.

Fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-157003-2010-11-17.html

Entrevista a Ana Carolina Hetch, antropóloga social por la Universidad de Buenos Aires, doctora e investigadora del CONICET.

Vida y conservación de las lenguas

¿Se deben conservar las lenguas locales? ¿Y por qué? Para averiguarlo, el jinete hipotético conversó con una especialista en el asunto, que estudia justamente ese problema.

Por Leonardo Moledo.

–¿En qué trabaja?

–En temas de antropología lingüística y educación intercultural bilingüe. Dentro de la antropología lingüística, trabajo con las lenguas indígenas en la Argentina. Es un tema un poco desconocido en general: la gente no sabe que hay muchas lenguas indígenas habladas que permanecen muy vigentes hoy en día…

–También hay muchas que se perdieron, ¿no?

–Sí, claro. Además es un tema que está medio de moda a nivel mundial: el de las lenguas amenazadas. Yo trabajo con la lengua toba, que es una lengua de la familia waicurú de la zona del Gran Chaco; una comunidad que migró y está acá en la provincia de Buenos Aires.

–¿Y hablan o entienden?

–Yo trabajé allí con los niños de esa comunidad toba migrante donde justamente lo que pasa es que entienden la lengua, pero no la hablan.

–Como pasó con el yiddish…

–Claro. Ese proceso es bastante generalizado con las lenguas indígenas.

–Bueno, el yiddish no es una lengua indígena…

–No, pero la que yo estudio sí. La lengua se debilita sobre todo con el proceso de migración a las grandes ciudades y el choque con las lenguas hegemónicas. Tampoco tenemos que quedarnos con el discurso de la pérdida, que supone que esas lenguas ya están en el ocaso y hay que dejar que mueran.

–¿Y por qué es importante conservarlas?

–Es una pregunta muy habitual ésa. Para mí hay razones lingüísticas, identitarias y culturales.

–¿Cómo es el tema identitario?

–Es la relación que tiene la lengua con la identidad de un pueblo, que da cuenta de su historia. Acá hay obviamente una cuestión ideológica implicada: son lenguas oprimidas; si se dejaron de hablar no fue por volición, sino por opresión de lenguas más poderosas. Hay un interés político también en defender lenguas que fueron acalladas.

–El problema es que, creo yo, la lengua siempre evoluciona de una manera, digamos, “imperial” y política. Lo que yo me pregunto es si hay alguna otra forma de que evolucione, si hay alguna otra forma de que haya lenguajes hegemónicos que no sea ésa. Por ejemplo: ¿usted habría defendido la postura de mantener el latín en el siglo VIII, intentando evitar las deformaciones que luego darían el francés?

–Ojo, que los que investigamos no tenemos que decirle a la gente lo que tiene que hacer. Nosotros no le prescribimos a un pueblo que conserve su lengua. Lo que nos interesa es, justamente, ver los casos en que el pueblo está interesado en conservar su lengua y, sin embargo, va perdiendo espacio por un sistema que se les va imponiendo, sobre todo en el caso de los chicos, con la escuela. A pesar de que existe una ley según la cual los chicos de comunidades indígenas tienen derecho a una educación intercultural bilingüe, eso no siempre se cumple y terminan teniendo una educación idéntica a la que tiene su hijo o el mío. Por más que hay una demanda de las comunidades, no se incluye esa enseñanza en las escuelas.

–Pero mi pregunta es: ¿qué sentido tiene que los vascos hablen en vasco? ¿No sería mejor que hablaran todos en español?

–Le llevo su razonamiento a sus últimas consecuencias: ¿no sería más fácil que todo el mundo hablara en inglés? Bueno, es posible que sí. Más fácil sería, pero a mí me provocaría mucha resistencia adoptarlo.

–Pero eso es porque usted forma parte de una lengua muy fuerte. Si pudiera entenderse, con su lengua madre, con muy poquitas personas… Lo que yo quisiera entender es qué diferencia hay entre esta conservación de la lengua y la conservación de otras matrices culturales que chocan con nuestra concepción moderna. Pienso, por ejemplo, en el caso del chico guaraní que tenía un soplo en el corazón y la tribu no quería que se lo operara, sino que lo curara un chamán. Ahí hubo que obligar a que interviniera la medicina moderna para que se salvara. A lo que voy es a que, creo, no siempre conservar costumbres es algo bueno.

–Entiendo.

–Y además hay otra cuestión, que es que los indígenas son también ciudadanos argentinos. A lo que voy es a lo siguiente: no digo que perder una lengua sea algo bueno, pero sí que es un proceso irreversible. Uno puede lamentarse, pero tarde o temprano es algo que va a ocurrir.

–Entiendo el razonamiento. Lo que pasa es que está dejando de lado toda la historia social que está cristalizada en la lengua. Y además está la cuestión de que los hablantes siguen reivindicando su lengua.

–Ahí estamos de acuerdo. Si una población reclama hablar su lengua ancestral, hay que respetarla. Pero eso no detiene el deterioro de la lengua.

–Lo que se vio con la mayoría de las lenguas indígenas es que las políticas escolares bilingües fueron muy importantes no tanto por lo que se hace en la escuela (aprender a escribir en wichí, por ejemplo), sino por el solo hecho de que su lengua esté valorada socialmente y de que es posible expresar pensamientos en su propia lengua, e incluso inventar palabras para designar cosas que no existían antes. Por ejemplo: ¿cómo llamar a la computadora?

–Eso es algo que pasó en todas las lenguas…

–Sí, por supuesto. Y es algo que hay que remarcar: las lenguas están vivas, las lenguas cambian. No estamos esperando que las lenguas se mantengan como se hablaban hace 500 años. Obviamente, ahora toman préstamos del español, tienen nuevas palabras.

–Yo lo que veo como proceso cultural general en el mundo es, por un lado, un proceso de globalización obvio y, por el otro, resistencias a la globalización. Yo creo que las resistencias no van a poder hacer nada. En todo caso, surgirán otras comunidades. Pero no creo que las resistencias puedan detener la globalización. Yo creo que sobrevivirán las lenguas importantes y las otras se irán perdiendo de generación en generación, como el yiddish.

–El asunto es que las lenguas, como le digo, dan cuenta de toda una trayectoria cultural de los pueblos…

–Pero entonces hablemos en latín…

–En este caso, además, son lenguas que son preexistentes a la conformación del Estado argentino. También hay que entender que no siempre las lenguas que se dice que están en peligro, están efectivamente tan en peligro. Quiero decir: muchas de estas lenguas tienen una gran vitalidad, a pesar de los indicadores.

–¿Comunidades de cuánta gente son? ¿Cuántos tobas hay en la Argentina?

–Unos 70 mil. La comunidad toba con la que trabajé es un barrio con 32 casas, y cada barrio tiene una o más familias.

–Pero, ¿usted no piensa que es inexorable que esas lenguas se pierdan?

–No, no necesariamente. Porque en tanto se den cuenta de lo que significa hablar esa lengua y a lo que los remonta… Tenga en cuenta que no estamos pensando que la Argentina se va a convertir en una sociedad multilingüe, donde los carteles estén en toba, en wichí y en español. Eso desde ya que no. Pero sí tenemos que ser conscientes de que hay aspectos de la lengua que se mantienen, por ejemplo, para determinados géneros orales. Pienso, por ejemplo, que muchos descendientes de hablantes de yiddish conocen frases hechas que utilizan y eso forma parte del patrimonio cultural y del significado social de la lengua del pueblo. Lo que es central, creo yo, es no separar la lengua de los hablantes. Muchas veces pasa que se cosifica la lengua independientemente de los sujetos sociales.

–Hay casos curiosos, como el del resucitamiento del hebreo.

–Bueno, ahí hubo toda una política de Estado destinada a eso. Es cierto que no hay que separar las lenguas de los sujetos, pero también es cierto que los procesos esenciales de revitalización y mantenimiento de las lenguas se dan a nivel de política estatal, sobre todo de la escuela.

–Yo insisto, no le veo la ventaja a que las provincias de España hablen cada una su lengua. Por un lado, se pide la igualdad; por el otro, se fomenta la diferencia.

–Esa es la gran tensión entre la desigualdad y la diferencia. Pretender igualar a todos sin respetar las diversidades no creo que sea algo positivo, así como quedarse en particularismos. Esa tensión es fundamental: es el motor que mueve a la antropología.

–Pero los inmigrantes fueron perdiendo sus lenguas y adquiriendo el español.

–Creo que ahí la diferencia clave es que son lenguas que no estaban en peligro, que seguían siendo las lenguas principales de Estados fuertes. Hay una frase que dice que la lengua es un dialecto con ejército y bandera. No es que una lengua sea mejor o más expresiva que otra: es una diferencia de poder.

Informe: Nicolás Olszevicki.

www.leonardomoledo.blogspot.com

La SIP hizo su asamblea en Mérida y siguió atacando a gobiernos progresistas.

Fuente:

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article20066

La SIP hizo su asamblea en Mérida y siguió atacando a gobiernos progresistas

Emilio Marín | 14-11-2010

La SIP escogió a Mérida, estado de Yucatán, para su 66ª Asamblea Anual, que comenzó oficialmente el 8 de noviembre. La burocracia de la entidad y el resto de los socios se citan dos veces al año, y suelen elegir bellos lugares. En hermosas ciudades como Mérida cocinan feos planes políticos, con cuestionamientos y mentiras contra gobiernos progresistas de la región.

La entidad tiene una afinidad absoluta con el Departamento de Estado: si Hillary Clinton critica al presidente venezolano, inmediatamente la SIP presentará cuentas sobre los ataques que supuestamente Hugo Chávez ha lanzado contra “la prensa libre”.

Como el grupo tiene su sede en Miami, de recalcitrantes anticastristas, es obvio que el bloqueo continuado por Barack Obama contra Cuba cuenta con miles de páginas diarias encomiando ese castigo. Dicen que allí se encarcela, tortura y persigue a “periodistas libres”, en verdad pagados por la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA).

Uno de esos, Raúl Rivero, que ahora vive en España, fue designado directivo por la SIP.

En cierto modo la Web de la SIP confirma esa línea proestadounidense, pues cuenta que hubo intentos de crearla en 1926 y luego de un paréntesis se retomaron las reuniones en México en 1942, y posteriormente en Caracas, Bogotá y Quito. En esa época fundacional hubo una cita en La Habana durante la dictadura de Fulgencio Batista, antecedente que fue borrado de su Web. Se dice allí: “al inicio fue una organización latinoamericana. En 1946 varios editores y directores fundaron un grupo en Estados Unidos”. Está claro. Los yanquis pasaron a dominar completamente la SIP, como se verifica con dos datos.

Uno es el de las campañas que encara, totalmente sesgadas en política para atacar a los gobiernos populares de América Latina y el Caribe. Su temprana obsesión fue denigrar a Cuba; ahora tienen un poco más de trabajo porque hay varios presidentes que defienden sus recursos naturales, adoptan medidas de contenido social y se insubordinan a las órdenes del imperio.

El otro dato surge de la nómina de autoridades de la SIP. Su Presidente Honorario Vitalicio es Scout C. Schurz, del Herald-Times de Bloomington, Indiana; su presidente es Alejandro Aguirre, del Diario Las Americas, Miami, Florida; su 2do. Vicepresidente es Milton Coleman, The Washington Post, de Washington DC; y la tesorera es Elizabeht Ballantine, The Durango Herald, de Durango, Colorado. Las excepciones de nacionalidad -no de ideología-, son el 1er. Vicepresidente, Gonzalo Marroquín, de Prensa Libre, Guatemala; y la Secretaría de Jaime Mantilla, de Diario Hoy, de Quito, Ecuador. Este último es férreo opositor al presidente Rafael Correa y alentó la sublevación del 30 de setiembre que casi termina matándolo.

Una joyita esas Autoridades. Lo mismo su Comité Ejecutivo, donde figura Bartolomé Mitre por La Nación, alias “Gaceta Ganadera”. Otro asociado es La Nueva Provincia de Bahía Blanca, alias “Gaceta Marinera”, que despidió con elogios al genocida Emilio Massera.

Atacan lo nacional y popular

En la 66ª Asamblea se enfilaron como siempre los cañones contra los presidentes que, aún con sus limitaciones, tratan de defender los intereses nacionales de los países que les toca gobernar.

Al ecuatoriano Correa lo retaron por la utilización de cadenas nacionales de radio y TV que empleó el 30 de setiembre pasado. ¿Acaso el presidente es un parlanchín o dictador que quiere abusar de los medios? En absoluto, en una emergencia, provocada por el intento de golpe de Estado, la víctima de ese putsch que casi le cuesta la vida, cometió un delito. Según la SIP: “ordenó a los medios suspender sus transmisiones y reproducir sólo la señal oficial en el marco de la rebelión policial”. De esta manera, indirecta, la entidad mostraba su simpatía por los golpistas de Quito.

La SIP dijo estar muy preocupada por la situación de Bolivia, y cuestionó la reciente ley contra el racismo y la discriminación impulsada por Evo Morales. ¿Acaso el lobby proestadounidense tiene miedo que el gobierno de La Paz sancione a diarios que proclaman en tapa su racismo? Otra vez defiende a los sectores oligárquicos y xenófobos de la “Media Luna”, como antes apoyó al gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada, profugado a EE UU.

Como Washington tiene una inquina total contra Chávez, la SIP procura morderle los talones al bolivariano. En la cita de Buenos Aires, en noviembre del año pasado, había acusado a Chávez de haber realizado 107 ataques a la prensa durante 2009. Era el peor de todos los “autoritarios”.

Ahora lo volvió a sentar en el banquillo y le reclamó “tomar medidas inmediatas para restaurar el pleno derecho del pueblo venezolano a informarse y transmitir información en todo su pluralismo”.

La verdad es otra. Esos medios privados fueron parte del intento de golpe en 2002 en Caracas, que sigue bajo nuevas formas hasta hoy. En las pantallas de TV de Miami hubo programas que alentaron matar a Chávez, sin que la SIP se diera por enterada. Les molesta Telesur y la empujan fuera de la grilla televisiva en la región, un objetivo compartido aquí por el Clarín-Cablevisión.

Y no podía faltar una batería de críticas contra Cuba, a la que se reprochó que ha liberado a 16 “periodistas independientes” desde julio pasado pero “aún permanecen en prisión ocho comunicadores”. ¿Independientes de qué? La entidad hizo mutis por el foro ante la denuncia del canciller cubano en la ONU, el 26 de octubre pasado, cuando afirmó: “un alto funcionario de la USAID confirmó ayer al periodista Tracey Eaton que, en el último período, han hecho llegar 15,6 millones de dólares a ´individuos en el terreno en Cuba´. Así llaman a sus mercenarios”.

Tiran contra Cristina

Bartolo Mitre adujo no poder asistir a Mérida por cuestiones de salud y envió una Carta que puede leerse en “La Nación” (8/11). Allí cuestiona todas las iniciativas del gobierno nacional en materia de Papel Prensa, la ley de medios y la publicidad oficial, así como las supuestas campañas del kirchnerismo contra “la libertad de prensa”. Bartolo escribió que eso constituye “una nube tóxica” contra “el periodismo libre”.

La entidad ya venía tomando posiciones públicas en la exacta dirección que pidió Mitre y su socio Héctor Magnetto en esos tres temas. En la 65ª Asamblea hecha en Buenos Aires, en noviembre de 2009, cargaron las tintas contra la flamante ley de medios. Luego, el 26 de octubre de 2010, la SIP deploró el proyecto oficial referido a Papel Prensa, las denuncias contra la dupla monopólica y el intento de declarar el papel de diarios un asunto de interés público.

La Asamblea de Mérida tomó tres resoluciones respecto de la Argentina: sobre la publicidad oficial y la ley de medios; sobre Papel Prensa, y sobre los supuestos ataques a medios y periodistas. Como si Buenos Aires fuera el narcotizado Golfo de México o la golpista capital de Honduras, los empresarios de la SIP denunciaron que en el semestre “siguieron recrudeciendo en la Argentina las agresiones a periodistas y editores de medios de comunicación por parte de funcionarios, referentes y militantes afines al poder político”.

La actitud canallesca de Aguirre y demás directivos se visualiza en el terreno político con meridana claridad, porque al mismo tiempo que repartían estas acusaciones sin fundamento, daban la bienvenida a la 66ª Asamblea a tres presidentes a los que sí deberían haber reprochado muertes y desapariciones.

A Mérida llegaron como invitados especiales Juan Manuel Santos, de Colombia; Porfirio Lobo, de Honduras, y el mexicano Felipe Calderón. Se los mimó y se les dio trato preferencial, pese a que la estadística de la SIP revela que en el último semestre hubo 16 crímenes de periodistas, de los que 7 eran mexicanos, 5 hondureños, 2 brasileños y 2 colombianos (Rodolfo Maya Aricape y Clodomiro Castillo).

Ninguno de esos asesinados era periodista de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia ni Argentina. Pero la Sociedad con asiento en Miami, que dice defender al periodismo, ¡atacó a Castro, Chávez, Correa, Evo y Cristina Fernández! Y lo hizo en la misma reunión donde agasajó a tres presidentes que tendrían que rendir cuentas de crímenes de comunicadores: Santos, Lobo y Calderón. Eso por no hablar de la gran cantidad de periodistas asesinados por los invasores norteamericanos en Irak; de esos muertos tampoco se ocuparán los empresarios amigos de George Bush y Obama.