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No, ni los móviles ni el wifi producen cáncer – Maldita.es — Periodismo para que no te la cuelen

Fuente original: https://maldita.es/malditaciencia/no-ni-los-moviles-ni-el-wifi-producen-cancer/

La idea de que las ondas de nuestros teléfonos móviles, el wifi o los cables de alta tensión tienen un efecto negativo en nuestra salud (principalmente, que producen cáncer) lleva décadas conviviendo con nosotros. Vuelve periódicamente como el turrón, la última vez en forma de un artículo de opinión en Público que aseguraba que igual que hicieron las tabacaleras antes, los fabricantes de teléfonos presionan ahora para ocultar los perjuicios que causas sus productos a los usuarios.

Miedo a un objeto cotidiano sumado a tufillo conspiranoico… y ya tenemos el bulo perfecto. Bulo, sí, porque no es verdad: no hay ni una sola evidencia científica que permita asegurar que las ondas de los móviles o el wifi causen cáncer.

Ondas que solo calientan (y poco)

Es que además la base física de esta tecnología es incompatible con esos supuestos efectos. Las ondas que utilizan los móviles (y también el wifi) son lo que se llama radiación electromagnética no ionizante y, al contrario que la ionizante, como los rayos X o los ultravioletas, no tienen efecto sobre la materia que la absorbe, más allá de calentarla. Así es como funcionan, de hecho, los microondas. En el caso del móvil la radiación es mucho más débil, así que más allá de calentarnos ligeramente las manos o la oreja, no se ha podido probar ningún otro efecto sobre las moléculas que componen nuestros tejidos.

Y eso que se ha buscado. Existen muchos estudios que han tratado de revelar si efectivamente existe a largo plazo una relación causal entre el uso del teléfono móvil y el cáncer, y los resultados siempre apuntan en la misma dirección. Teniendo en cuenta que el riesgo cero no existe (ni para el móvil, ni para conducir, ni para caminar por la calle, ni para beber agua, ni para nada), no existen evidencias de que tengamos motivos para alarmarnos por esto. Algunos estudios que han llegado a esa conclusión:

  • El estudio Interphone, realizado por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, perteneciente a la OMS. 50 científicos entrevistaron a 5.000 personas en 13 países sobre su uso del móvil y la incidencia de cuatro tipos de cáncer especialmente sensibles por su ubicación: dos cerebrales, uno de la glándula parótida y otro del nervio acústico. Los resultados desvelaron que no existía un aumento estadísticamente relevante de casos de cáncer relacionados con el uso del móvil.
  • En 2011 se publicaba en el British Medical Journal un estudio realizado por el Instituto de Epidemiología del Cáncer de Copenhague en el que se analizaba si existía un aumento del riesgo de cáncer con el uso del móvil durante periodos de tiempo prolongados. Para sacar conclusiones, analizaron los datos nacionales de incidencia de cáncer durante 30 años, separando a los daneses entre los que tenían móvil antes de 1995 y los que no (gracias a los datos de titulares de líneas móviles de las operadoras del país). Los resultados a largo plazo mostraron que no había un aumento significativo de los ratios de cáncer entre los usuarios de móviles en comparación con los no usuarios o los usuarios más recientes.
  • El Million Women Study es un estudio llevado a cabo en Reino Unido analizando a más de un millón de mujeres de 50 años o más para responder a cuestiones sobre su salud para las que no había respuestas. Una de ellas es el riesgo que padecen de sufrir cáncer a partir del uso continuado del móvil. De nuevo los resultados mostraron que no había una relación estadística entre ambos factores. Sí que se sugirió una mayor incidencia de neuroma acústico (tumor benigno poco común en el nervio acústico) entre las usuarias que habían utilizado un móvil durante más de 5 años, pero los investigadores tomaron esta conclusión con cautela porque el tumor es tan poco común que podía tratarse de una mera casualidad, y que las mujeres que más utilizan el móvil también se hagan revisiones más a menudo y por tanto se les diagnostique este tumor más a menudo.

Estos son solo tres ejemplos, pero hay más: el Imperial College de Londres lleva años investigando los efectos a largo plazo que tienen los móviles sobre la salud (no solo el cáncer, también enfermedades cardíacas y otras dolencias) en un gran estudio llamado COSMOS: la UE ha llevado a cabo un estudio internacional, llamado MOBI-KIDS, para analizar los efectos del uso prolongado de teléfonos móviles en niños y adolescentes; el National Cancer Institute estadounidense también ha llevado a cabo su estudio para analizar esta cuestión utilizando datos de entre 1987 y 2008 para analizar si la expansión de los móviles se corresponde con una mayor incidencia de cáncer.

Todos esos estudios han llegado a la misma conclusión: basándose en los datos estadísticos no se observa una relación entre el uso del móvil, su uso prematuro, su uso durante más o menos horas o su forma de uso y una mayor incidencia de casos de cáncer. Algunos estudios se apresuran a añadir que hacen falta más observaciones y que si efectivamente el uso del móvil aumenta el riesgo de padecer cáncer, ese aumento es tan pequeño que hay otros factores (respirar aire contaminado, una alimentación poco saludable, el consumo de alcohol o tabaco) mucho más perjudiciales que le pasan por encima.

Así que ya lo sabes. La próxima vez que oigas o leas a alguien insinuando que el móvil (o el wifi) nos enferma y los poderosos quieren ocultarlo, piensa que hay miles de científicos en todo el mundo preguntándose “A ver, ¿dónde está la relación entre móviles y cáncer? ¿Dónde está, que yo la vea?“.

Si quieres saber más sobre todo lo que tiene que ver con radiaciones y salud, échale un vistazo a Radiandando, el blog de Alberto Nájera. Nájera es físico, doctor en Neurociencia y profesor de Radiología y Medicina Física, y explica de forma clara y sencilla todo lo que tiene que ver con las antenas, el wifi, los móviles… y cómo afectan (o no) a nuestra salud.

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Más pruebas de que la Tierra está en su 6ª Extinción masiva – Live Science

Fuente original (en ingles): Here’s More Proof Earth Is in Its 6th Mass Extinction

Por Laura Geggel, escritora senior | 19 de junio de 2015

Diversos animales en todo el mundo están desapareciendo y muriendo a medida que la Tierra entra en su sexta extinción masiva, según informa un estudio reciente.

Durante el último siglo, las especies de vertebrados están muriendo hasta 114 veces más rápido de lo que tendrían sin la actividad humana, dijeron los investigadores, que utilizaron las estimaciones más conservadoras para evaluar las tasas de extinción. Eso significa que el número de especies que se extinguieron en los últimos 100 años habría tardado 11.400 años en extinguirse bajo las tasas de extinción natural, dijeron los investigadores.

Gran parte de la extinción se debe a las actividades humanas que conducen a la contaminación, la pérdida de hábitats, la introducción de especies invasoras y el aumento de las emisiones de carbono que impulsan el cambio climático y la acidificación de los océanos, dijeron los investigadores.

“Nuestras actividades están causando una pérdida masiva de especies que no tiene precedente en la historia de la humanidad y pocos precedentes en la historia de la vida en la Tierra”, dijo el investigador principal Gerardo Ceballos, profesor de ecología de la conservación en la Universidad Nacional Autónoma de México y un profesor visitante en la Universidad de Stanford.

Ceballos dijo que, desde que era un niño, luchó para entender por qué ciertos animales se extinguieron. En el nuevo estudio, él y sus colegas se centraron en las tasas de extinción de los vertebrados, que incluyen mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces.

Primero, necesitaban establecer cuántas especies se extinguirían naturalmente a lo largo del tiempo. Utilizaron datos de un estudio de 2011 en la revista Nature, que muestra que, por lo general, el mundo tiene dos extinciones por cada 10.000 especies de vertebrados cada 100 años. Ese estudio basó su estimación en registros fósiles e históricos.

Además, esa tasa de extinción de fondo, encontraron los investigadores, era más alta que la encontrada en otros estudios, que tienden a reportar la mitad de esa tasa, dijeron los investigadores.

Luego, Ceballos y sus colegas calcularon la tasa de extinción moderna. Utilizaron datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (International Union for Conservation of Nature, IUCN), una organización internacional que rastrea especies amenazadas y en peligro de extinción. La Lista Roja de la IUCN de 2014 les dio el número de especies de vertebrados extintos y posiblemente extintos desde 1500.

Estas listas les permitieron calcular dos tasas de extinción: una tasa muy conservadora basada únicamente en vertebrados extintos, y una tasa conservadora basada en vertebrados extinguidos y posiblemente extintos, dijeron los investigadores.

De acuerdo con la tasa de fondo natural, solo nueve especies de vertebrados deberían haberse extinguido desde 1900, hallaron los investigadores. Pero, utilizando la tasa conservadora y moderna, 468 vertebrados más se extinguieron durante ese período, incluidas 69 especies de mamíferos, 80 especies de aves, 24 especies de reptiles, 146 especies de anfibios y 158 especies de peces, dijeron.

Cada una de estas especies perdidas jugó un papel en su ecosistema, ya sea en la parte superior o inferior de la cadena alimentaria.

“Cada vez que perdemos una especie, estamos erosionando las posibilidades de que la Tierra nos brinde servicios ambientales”, dijo Ceballos a Live Science.

Los investigadores típicamente etiquetan un evento como una extinción masiva cuando más del 5 por ciento de las especies de la Tierra se extinguen en un corto período de tiempo, geológicamente hablando. Con base en el registro fósil, los investigadores conocen cinco extinciones en masa, la última de las cuales ocurrió hace 65 millones de años, cuando un asteroide eliminó a los dinosaurios no aviares.

“[El estudio] muestra sin ninguna duda significativa que ahora estamos entrando en el sexto gran evento de extinción masiva”, dijo en un comunicado el investigador del estudio Paul Ehrlich, profesor de estudios de población en biología en la Universidad de Stanford.

Adiós, pajarito

A este ritmo, se perderá una gran cantidad de biodiversidad en tan solo dos o tres vidas humanas, dijo Ceballos. Y puede tomar millones de años para que la vida se recupere y repoblar la Tierra, dijo.

Las especies constituyen distintas poblaciones que pueden extenderse por un continente. Pero algunas poblaciones de vertebrados tienen tan pocos individuos que no puedan desempeñar de manera eficiente su papel en el ecosistema, dijo Ceballos.

Por ejemplo, las poblaciones de elefantes son ahora escasas. “Lo mismo [pasa con] leones, guepardos, rinocerontes, jaguares, lo que sea”, dijo Ceballos.

“Básicamente, centrarse en una especie es bueno porque esas son las unidades de evolución y la función del ecosistema, pero las poblaciones están en peor forma que las especies”, agregó.

Sin embargo, aún hay tiempo para salvar la vida silvestre trabajando con conservacionistas y creando una política pública respetuosa con los animales, dijo.

“Evitar una verdadera sexta extinción masiva requerirá esfuerzos rápidos y muy intensificados para conservar las especies ya amenazadas y aliviar las presiones sobre sus poblaciones, especialmente la pérdida de hábitat, la sobreexplotación para obtener beneficios económicos y el cambio climático”, escribieron los investigadores en el estudio, publicado en línea hoy (19 de junio) en la revista Science Advances.

El estudio respalda otros hallazgos sobre la alta tasa de extinción de la Tierra, dijo Clinton Jenkins, profesor visitante en el Instituto de Investigación Ecológica en Brasil, que no participó en el estudio.

En 2014, Jenkins y sus colegas publicaron un estudio en la revista Science que llegó a las mismas conclusiones generales detalladas en el nuevo estudio, pero en el estudio del año pasado, también incluyeron plantas con flores y coníferas. Ese estudio descubrió que las tasas de extinción actuales son aproximadamente 1.000 veces más altas de lo que serían sin actividades humanas.

“Este último estudio es una prueba más de una extinción masiva inducida por humanos que ya está en marcha”, dijo Jenkins a Live Science. “Al igual que la situación con el cambio climático causado por los humanos, años de investigación han construido un enorme caso científico de que la humanidad está conduciendo a una extinción masiva. Lo que las muchas especies del mundo ahora necesitan son acciones para revertir el problema”.

Sigue a Laura Geggel en Twitter @LauraGeggel. Siga Live Science @livescience, Facebook y Google+. Artículo original sobre Live Science.

Alérgicos al WiFi y al móvil, sobre todo cuando sale en la prensa – Radiandando

Fuente original (Recomiendo el sitio fuente completo, como una excelente y completa recopilación de información sobre ondas electromagńeticas y salud): Alérgicos al WiFi y al móvil, sobre todo cuando sale en la prensa – Radiandando

Con cierta frecuencia, los medios de comunicación se hacen eco de personas que dicen ser hipersensibles a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF). Así, el pasado 9 de junio, Anxo Martínez de El Faro de Vigo, recogía el calvario que pacede una mujer al estar “en contacto” con las radiaciones de las redes inalámbricas y de los aparatos eléctricos. En el texto se indica que Mercedes, la afectada, tuvo que “huír” de su piso en Santiago a Vilagarcía porque “hasta 18 redes WiFi domésticas” le producían la sensación de que la estaban matando pues sentía “como si estuviese dentro de un microondas” (sic). Además, ha sufrido episodios agudos cuando “instalaron los contadores inteligentes de la luz” o cuando pasa por delante de la Comandancia de Marina pues siente como que la empujasen. En el artículo se dice que “sus síntomas son tan cambiantes” que los médicos no aciertan a enviarla al especialista adecuado. Los síntomas típicos de esta patología se recogen en la siguiente imagen:


Se trata de una sintomatología muy inespecífica. Cualquiera de nosotros habrá padecido dos o tres síntomas, sino más, en las últimas 24 horas. Lo primero que debemos indicar es que estos pacientes sufren esos síntomas, incluso episodios agudos muy llamativos como el que cuenta que le produjeron los contarores de la luz hinchándole la cara de forma alarmente. Y, ciertamente, estos pacientes los sienten y sufren mucho pues están enfermos. Siempre digo que cuando mi hijo se constipa o vomita por la noche en la cama, no le regaño, no le castigo. Se pone enfermo sin más, no se puede culpabilizar al paciente sino todo lo contrario, transmitirle comprensión y cariño. Lo que pasa es que la Ciencia ha demostrado que si hay algún factor ambiental que está provocando esos síntomas, no son los CEM-RF, lo que produce un virulento rechazo y ataques a quienes osen decirlo, pues parece que les estás insultando o cuestionando sus creencias. He aquí un ejemplo de cómo pensaban organizarse los afectados cuando impartí esta clase en el curso “La Ciencia toma la palabra” de la Universidad de Alicante en septiembre de 2017.

Entonces, si la Ciencia demuestra que los CEM-RF no son culpables de su patología, ¿qué está pasando a estos pacientes? Pues que sufren una enfermedad, claro que la sufren, además muy limitante y difícil de curar, pero no la producen ni las WiFis de los vecinos ni, mucho menos, los contarores de la luz, ni la radiación que pueda estar emitiendo la Comandancia de Marina a pie de calle. El caso de los contadores de la luz es el más curioso. Ya hace 5 años publiqué “los contadores del mal” en el que explicaba que la comunicación de los datos de estos contadores con las compañías eléctricas se realizaba mediante PLC (Power Line Communication) por el propio cable de la luz y sin que emitan radiofrecuencia alguna, como reclaman los propios afectados que debería ser toda comunicación telemática. Una contradicción. Una búsqueda rápida nos llevará a movimientos beligerantes contra estos contadores (incluso páginas asesoradas por insignes catedráticos como DSalud), obviando, como decía, que la comunicación se realiza por el cable como recoge cualquiera de las hojas ténicas de los aparatos que pude revisar por aquel entonces. Y a mi, puestos a preocuparse, lo que me preocupa es la información en tiempo real de qué estoy haciendo yo en mi casa que recibe la compañía, pero porque soy bastante pesado con la privacidad y la ley de protección de datos. En el caso de las WiFis, claro que es llamativo el número de WiFis a las que estamos expuestos, pero los estudios y revisiones en Europa indican que las fuentes menos intensas de radiación son estas WiFis, incluso cuando tenemos nuestro propio router en casa, mucho menos las de los vecinos, como tampoco es alarmante la exposición a teléfonos inalámbricos DECT. La exposición máxima la solemos recibir en los medios de transporte y en la calle y, fundamentalmente, de los teléfonos móviles en el primer caso y de las antenas en el segundo, siendo los valores medios, como he dicho ya en numerosas ocasiones, muy muy bajos. Termino con la posible radiación que emite la Comandancia de Marina de Vilagarcía. Reviso las imágenes de Google Street View y no observo antena alguna en las inmediaciones, pues probablemente esté en otro lugar. Pero de estar allí, al tratarse de transporte marítimo, apuntarán hacia el mar y no hacia tierra.

Es imposible estar aislado de los campos electromagnéticos. Están por todas partes. Y Vilagarcía no es una excepción. En este enlace pueden verse las numerosas antenas de telefonía que hay en el núcleo urbano y alrededores y tengo que recordar, aquí, una entrada anterior al blog en la que explicaba por qué cuantas más antenas y más cerca, mejor. Pero no sólo estamos expuestos a CEM-RF artificiales, también naturales, incluso provenientes del espacio. Y los sistemas de protección, de los que también he hablado con anterioridad, no son una solución. Y lo más importante es que no tenemos receptores para detectar esos campos electromagnéticos, no se ha descrito que nadie pueda detectarnos en condiciones de laboratorio y mucho menos a las intensidades habituales de funcionamiento en telecomunicaciones. Sería similar a que alguien me dijera que es capaz de escuchar por encima de 20 kHz, esto es, ultrasonidos. No es posible.

La evidencia científica es concluyente. En la siguiente imagen, tomada de esta revisión de 2010, se compara la capacidad de detectar CEM-RF en condiciones de laboratorio. En los 4 estudios superiores se trataba de personas que decían padecer hipersensibilidad electromagnética (HSE), mientras que los 5 estudios inferiores se realizaron con voluntarios sin dicha patología. Puede observarse en el gráfico, puesto que la línea vertical indica un 50% de probabilidades de acertar (0,5 si eres estadístico), que los afectados no sólo no son capaces de detectar los CEM-RF sino que, adeás, no tuvieron ni suerte, pues la probabilidad de acertar fue aproximadamente la misma entre afectados y no afectados e igual a la del puro azar.

Mi alumno del Máster de Biomedicina Experimental, Angel Zalve, el año pasado, realizó una revisión sistemática de publicaciones entre 2011 y 2017 sobre este asunto. Seleccionó 49 estudios  (publicados en revistas de impacto e indexadas en JCR) que analizaban diferentes patologías y fuentes de radiación. De ellos, seleccionó aquellos en los que se evaluaban síntomas subjetivos, patologías psicológicas y 8 estudios a doble ciego. Llegando a las siguientes conclusiones:

  • Aquellas personas con una patología psicológica y/o psiquiátrica reportan más riesgos y miedos a CEM, que condicionarán la posibilidad de experimentar malestar y sintomatología, pero debido a esta preocupación “hipocondríaca”.
  • Aquellos síntomas que las personas sensibles expresan, ocurren en aquellas con más predisposición e independientemente de la exposición a CEM, sin que se haya demostrado una posible asociación de causalidad.
  • En los estudios a doble ciego los resultados indican que una persona que pudiera padecer esta patología, a la hora de sentir o percibir los CEM, no presenta diferencias con quien no la padece, por lo que pensar en una asociación entre CEM-RF y sintomatología es inadecuada.

En la siguiente figura se recogen los resultados de otra revisión sistemática de 2012 realizada por Baliatsas en la que se revisaron trabajos de entre 2000 y 2011 incluyendo finalmente 22 estudios que evaluaron síntomas y su posible relación con la exposición a CEM-RF. La conclusión fue que no existe evidencia de una asociación directa entre exposición y síntomas inespecíficos.

Es por todo esto, que no se reconozca esta enfermedad como tal, pues nada tiene que ver con los CEM-RF y sí con un trastorno psicosomático. Lo cual no es malo. Como decía anteriormente, no castigo ni regaño a mi hijo cuando se pone enfermo, ni se pone enfermo por ser tonto ni nada parecido. No sé si me explico. Como enfermedad que no tiene nada que ver con los CEM-RF, nada conseguiremos alejándonos de las fuentes de radiación, lo cual tampoco es posible. Debemos entender a los pacientes y saber que puede ser tan grave que puede acabar en suicidio. Por tanto, claro que estamos ante una patología seria y grave y los profesionales de la salud deberían saber a qué especialista derivar a estos pacientes para poder ofrecerles un tratamiento adecuado. No entiendo por qué se sienten atacados. No estamos diciendo que no estén enfermos, o que sea una tontería de enfermedad, todo lo contrario, es seria y limitante. Estamos alertándoles de que su patología no se debe a lo que ellos creen que se debe o a lo que algunas empresas, pseudofundaciones y pseudoprofesionales les dicen que se debe. Y es aquí a donde quería llegar. Numerosas empresas, como indica el propio artículo de Anxo Martínez, se están enriqueciendo a costa de esta dolencia, vendiendo inútiles sistemas de protección. Los pacientes sufren los síntomas y son capaces de gastarse miles de euros en cortinas, calzoncillos y pijamas, colchones, pegatinas e, incluso, pastillas que no les harán nada más que vaciarles el bolsillo. Incluso hay por ahí algún médico catalán que, por el mismo precio, te diagnosticará una hipersensiblidad química múltiple, te dirá que no tomes leche o que no te vacunes y te recomendará un buen abogado para que reclames una pensión vitalicia.

Llegados a este punto, creo que es el momento de explicar qué dice la Ciencia sobre el efecto de este tipo de publicaciones alarmistas y sin supervisión científica. Y es que la Ciencia ha demostrado que, como si fuera una alergia al polen, la hipersensibilidad electromagnética, en vez de dispararse en primavera, se suele disparar cuando los medios de comunicación, sin acudir a expertos y dando por válida la versión de una única persona, publican esta clase de textos. En 2012, Witthoefl y Rubin, analizaron el impacto que tenían este tipo de noticias sobre el número de consultas a los médicos sobre esta patología los días posteriores a su publicación. Concluyeron que son las personas con mayores niveles previos de ansiedad, mayor tendencia a la somatización y más preocupación sobre la relación exposición-consecuencias, las que, tras recibir por los medios de comunicación este tipo información errónea, alarmista y/o incompleta, asociaban mayores efectos y aquejaban mayor clínica a la exposición. En los dos últimos cursos académicos, he dirigido dos trabajos fin de grado, a Nerea García y a Judit Masiá. En el primero se evaluó cómo la participación en un proyecto de investigación realizando medidas de exposición y el acceso a los resultados y a información científica fiable, reducía la percepción de riesgo y la preocupacíón. En el otro caso, se estudió cómo la educación para la salud mediante una charla de divulgación impartida a personas que decían estar preocupadas por este asunto, también redujo considerablemente la preocupación y la percepción del riesgo.

Termino con la conclusión que Witthoefl y Rubin añadían al final de su trabajo: “es necesiario una mayor relación entre periodistas y científicos para contrarrestar estos efectos negativos”. Así que por aquí estoy para lo que haga falta.

¿Falta información? (ondas electromagnéticas y salud) – Radiandando

Fuente original (Recomiendo el sitio fuente completo, como una excelente y completa recopilación de información sobre ondas electromagńeticas y salud): ¿Falta información? – Radiandando

Una de las principales demandas sobre la posible relación entre los campos electromagnéticos y la salud es la falta de información. Aquel que está preocupado por este asunto, suele acudir a Internet en busca de esta información. Si bien Internet ofrece innumerables posibilidades, en nuestras asignaturas del Grado en Medicina, solemos decir que “la información que se encuentra en Internet es, por norma general, falsa”. A partir de este punto enseñamos a nuestros alumnos a buscar información válida, información científica. No es objetivo de esta sección proporcionar estos conocimientos y lo que ofrecemos a continuación son enlaces, resúmenes, leyes, informes de organismos oficiales y de reconocido prestigio que esperamos sirvan para entender el estado actual del tema y tranquilizar a la población preocupada. ¿Dónde están las antenas? http://antenasgsm.com/ ¿Qué mide el Ministerio? https://geoportal.minetur.gob.es/VCTEL/vcne.do 7 estudios (revisiones sistemáticas y metaanálisis) en 5 aspectos fundamentales: medida de la exposición, efectos de las antenas, efectos de los terminales, cáncer y efecto nocebo:

  • Meta análisis sobre los posibles efectos de las antenas de telefonía móvil sobre el bienestar de adultos. (Mobile phone base stations and well-being — A meta-analysis. Autores: Armin Klaps, Ivo Ponocny, Robert Winker, Michael Kundi, Felicitas Auersperg y Alfred Barth publicado en Science of the Total Environment en 2016). Meta análisis, una de las técnicas más potentes para contrastar estudios, que evalúa 17 estudios sobre posibles efectos de las antenas de telefonía sobre el bienestar en adultos. La conclusión es muy clara y contundente: en condiciones de doble ciego no se reproducen efectos, en cambio en los estudios en los que el doble ciego no está garantizado, sí se producen efectos, sugiriendo que se trata de efecto “nocebo”.
  • Revisión sistemática de los efectos sobre la salud de la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia procedentes de estaciones base de telefonía (Systematic review on the health effects of exposure to radiofrequency electromagnetic fields from mobile phone base stations. Autores: M. Röösli, P. Frei, E. Mohlera & K. Huga publicado en 2010 en Bull World Health Organ). Última revisión de 119 estudios epidemiológicos publicados en los últimos 4 años. Las principales conclusiones son que no hay una relación entre síntomas inespecíficos (dolores de cabeza, problemas de sueño, etc), hipersensibilidad, funciones cognitivas, respuestas fisiológicas (pulso cardíaco, conductancia de la piel, flujo sanguíneo), cáncer y la exposición a radiación electromagnética de radiofrecuencia procedente de estaciones base de telefonía.
  • Revisión sistemática del uso de telefonía inalámbrica y cancer de cerebro y otros tumores de cabeza (Systematic Review of Wireless Phone Use and Brain Cancerand Other Head Tumors. Autores Repacholi et al. publicado en 2012 en Bioelectromagnetics). Revisión de estudios que estudian la posible asociación entre uso de teléfono móvil y cáncer. La principal conclusión es que no hay evidencia de una relación causal entre el uso de teléfonos móviles y cáncer de cerebro, tumores o daño en células cerebrales en las áreas del cerebro más expuestas a la radiación.
  • Revisión sistemática sobre síntomas y exposición a campos electromagnétivos (Non-specific physical symptoms and electromagnetic field exposure in the general population: Can we get more specific? A systematic review. Autores Baliatsas, C., Van Kamp, I., Bolte, J., Schipper, M., Yzermans, J., Lebret, E. publicado en 2012 en Environment International). Se revisaron trabajos entre 2000 y 2011 incluyendo finalmente 22 estudios que evaluaban síntomas y su posible relación con la exposición a CEM-RF. La conclusión es que no existe evidencia para una asociación directa entre exposición y síntomas inespecíficos. Otra revisión de 2013 de Rubin et al. en Bioelectromagnetics, concluye algo similar.
  • Revisión sistemática de los estudios de evaluación de la exposición personal a CEM-RF (Radiofrequency electromagnetic field exposure in everyday microenvironments in Europe: A systematic literature review. Autores: Sanjay Sagar, Stefan Dongus, Anna Schoeni, Katharina Roser, Marloes Eeftens, Benjamin Struchen, Milena Foerster, Noëmi Meier, Seid Adem and Martin Röösli publicado en Journal of Exposure Science and Environmental Epidemiology en 2017). En esta revisión se analizan 21 trabajos de evaluación de la exposición personal a CEM-RF publicados entre enero de 200 y abril de 2015. Los valores máximos se suelen observar en medios de transporte (debido a uplink-terminales) con valores de entre 0,5 y 1 V/m. La exposición en el exterior (generalmente debida a downlink-antenas) oscila entre 0,3 y 0,7 V/m. En el interior de las casas esta exposición baja a 0,1-0,4 fundamentalmente debida a teléfonos inalámbricos, con escaso aporte de las WiFis.
  • Amplio estudio sobre la exposición personal a CEM-RF en niños en Europa (Spatial and temporal variability of personal environmental exposure to radio frequency electromagnetic fields in children in Europe. Autores: Birks LE, Struchen B, Eeftens M, van Wel L, Huss A, Gajšek P, Kheifets L, Gallastegi M, Dalmau-Bueno A, Estarlich M7, Fernandez MF, Meder IK, Ferrero A, Jiménez-Zabala A, Torrent M, Vrijkotte TGM, Cardis E, Olsen J, Valič B, Vermeulen R, Vrijheid M, Röösli M, Guxens M publicado en Environment International). Los valores medios resultaron sumamente bajos tanto de día como de noche, valores también bajos en las escuelas y en las casas, algo superiores en el transporte y en la calle. Las principales fuentes de exposición fueron las antenas de telefonía. Tanto las WiFis como los teléfonos DECT contribuyeron débilmente.
  • Revisión sistemática sobre los posibles efectos de las WiFi sobre la Salud. (Wi-Fi and health: review of current status of research. Autores Foester, KR y Moulder, JE, publicado en Health Physics). Cabe destacar que el estudio se financió con fondos de la Wi-Fi Alliance y el Mobile Manufactures Forum, pero que ninguna de estas organizaciones participó en la investigación ni tuvieron conocimiento de los contenidos o conclusiones del estudio (se llama declaración de intereses, por lo que uno hace una lectura aún más crítica si cabe). Las conclusiones son claras y son que en condiciones normales no se han demostrado efectos sobre la salud. Los estudios sobre efectos biológicos son variados, con metodologías variadas y recomiendan estudios en condiciones in vivo. Alertan sobre los efectos de un mal uso de dispositivos móviles e inalámbricos por cuestiones de seguridad en la red o al conducir, sobre todo con niños, más que de los efectos potenciales causados por la radiación de los dispositivos.
  • Estudio epidemiológico sobre cáncer de cerebro y terminales móviles (Brain cancer incidence trends in relation to cellular telephone use in the United States. Autores Inskip, Hoover y Devesa publicado en Neuro-Oncology en 2010). Se estudió la epidemiología del cáncer de cerebro entre los años 1992 y 2006 (cuando se produjo el boom de la telefonía móvil). La gráfica comparada con el incremento de líneas móviles es recurrente. La incidencia en 2017 sigue entorno a los 6-8 casos por 100.000 habitantes en EEUU.

Documentación científica:

Legislación:

Y si lo que quieres es saber dónde están las antenas, sus operadores, niveles de exposición u otras cosas: 

El WiFi es una amenaza importante para la Salud humana, ¿o no? – Radiandando

Fuente original (Recomiendo el sitio fuente completo, como una excelente y completa recopilación de información sobre ondas electromagńeticas y salud): El WiFi es una amenaza importante para la Salud humana, ¿o no? – Radiandando

Este es el llamativo, y permíteme poco científico, título de un artículo publicado recientemente en Environmental Research por Martin L. Pall (disponible on-line desde marzo de 2018) y que en cuanto tenga un rato, merecerá un “comment to the editor” de la revista. Atendiendo al título parece claro que la WiFi de casa podrá matarnos en breve ¿o no? La revista es buena, es una Q1 (posición 44 de 216 en la categoría de Environmental Sciences del JCR) y el autor también tiene impacto con numerosas publicaciones. Entonces ¿moriremos todos por la WiFi? Bueno, analicemos el artículo, pues sobre niveles de exposición a WiFi ya hablé en esta otra entrada: “WiFi, WiFi, WiFi, ¿tienen WiFi?

En el artículo se hace una revisión pero tiene sorprendentes errores de bulto para que se lo hayan colado a una revista como Environmental Research. Para empezar, no se indican criterios de inclusión o exclusión, por lo que realmente no es una revisión sistemática con una metodología apropiada, aunque se pretende dar esa idea. Hace una revisión de 7 posibles efectos de la radiación de radiofrecuencia de 2,4 GHz (WiFi), a saber: daño sobre ADN, efectos sobre esperma y fertilidad, efectos neurológicos y neuropsiquiátricos, apoptosis o muerte celular, sobrecarga de los canales de cálcio, efectos endocrinos y estrés oxidativo. Al no tener criterios de inclusión y exclusión, Pall incluye aquellos artículos que son adecuados para su tesis, lo cual no es correcto porque, obviamente, está sesgado y hace un análisis parcial claramente interesado. Son evidentes, desde el título, cuáles son sus intereses. Dos pequeños ejemplos para ilustrar fácilmente que el diseño no es correcto: se incluyen artículos de 1971, por ejemplo, que se comparan con estudios de 2018 (casi todos del propio Pall y alguno que no está publicado todavía) lo cual no es adecuado si se tratara de una revisión seria de los últimos hallazgos y novedosa. Además, para justificar los 7 efectos estudiados se incluyen artículos duplicados, por lo que del total de los 42 artículos utilizados, en realidad son 23. Por último y lo más importante, se mezclan estudios con dos abordajes diferentes que deben tratarse con cuidado: estudios in vitro e in vivo, pero es que, además, se mezclan estudios en células, en animales y, muy pocos, en humanos.

Por ejemplo. En el caso de los efectos sobre esperma y fertilidad, tal y como se indica en el título, se deberían incluir exclusivamente efectos en humanos (o células humanas), pero de los 8 artículos citados en este apartado, sólo 1 fue en un humanos y se trata de una publicación en una revista Q4 de un estudio que se basa en cuestionarios anónimos, no es un estudio adecuado para concluir nada sobre su posible efecto en humanos pues no se controla ninguna otra variable (alimentación, contaminación atmosférica, antecendetes, patologías previas…), además la muestra se obtiene de una clínica de infertilidad y no hay grupo control. El resto son experimentos in vitro, o en animales en otros casos, en condiciones alejadas de la realidad.

Lo mismo, o peor, pasa en cuanto a los efectos de estrés oxidativo. Los 11 artículos citados son en ratas o in vitro, ninguno en humanos.

Seguimos con los efectos neurológicos. Se incluyen 5 estudios, 4 en ratas y 1 en humanos, en una revista Q4 y en la que se dispuso de una muestra de 30 personas, 15 hombres y 15 mujeres, en el que querían mostrar diferencias entre sexos ante la capacidad de atención en presencia de WiFi. No se controlan otras variables como el cansancio… y los experimentos se hicieron en una jaula de Faraday en vez de una cámara anecoica. la diferencia es que la primera puede actuar como resonador al reflejar la señal en las paredes y la segunda no. Tampoco se controló la señal de emisión de la WiFi y se dejó de forma aleatoria… en fin ¿sigo? Esta es la evidencia más potente que aporta Pall sobre efectos en humanos.

En cuanto apoptosis, se incluyen 4 estudios, 3 en ratas y 1 in vitro, con células humanas en el que encuentran diferencias si la exposición es a 10 cm de las células.

Sobre efectos sobre DNA sólo se incluyen 3 estudios, ninguna en humanos y todos ellos incluidos ya en secciones anteriores. Lo mismo ocurre con la sobrecarga de los canales de potasio, se incluyen 3 estudios ya citados anteriormente. Y, por último, en cuanto a los efectos endocrinos de los 3 artículos citados sólo 1 en nuevo con respecto a los incluidos en los apartados anteriores y es en conejos.

Se incluyen otros efectos en los que o bien se vuelven a citar artículos citados anteriormente, o bien son en animales, niguno, nuevamente, en humanos.

El artículo alerta, por tanto, de los peligros de las WiFi en HUMANOS, y en seguida será citado en todas las páginas de hipersensibles y movimientos antiantenas y antiwifi, cuando debería hablar de radiación de radiofrecuencia de 2,5 GHz. ¿Por qué digo esto? ¿Acaso no es lo mismo? Pues sí, pero no. Porque la intensidad a la que se hacen esos estudios y en las condiciones a las que se hacen, distan mucho de lo que podría ser una WiFi de tu casa o de un colegio. He ahí la trampa y la maldad e interés del título y de, por tanto, el artículo. Piensa en la luz de una bombilla de 60W de tu casa que no te dejará ciego si la miras unos segundos. Pero si hago experimentos con focos de 5000W y se los pongo a ratas 24 horas al día durante 1 mes causándoles, probablemente no sólo ceguera, sino la muerte. ¿Podría concluir que “la luz visible, como la que emiten las bombillas de tu casa, dejará ciega a la población del planeta”? No. Debo contar en qué condiciones se ha hecho el experimento y pensar si son trasladables esos resultados a humanos y en qué condiciones.

Así, Pall y otros autores similares como Hardell, Carpenter o Sage (todos relacionados a través del informe Bioinitiative o EMF-scientist, sí otra vez), hace estas pseudorevisiones que están regular por no decir que mal, pues hablan simplemente de “WiFi” o se atreven a decir “WiFi en humanos” en vez de “campos electromagnéticos a 2,5 GHz en condiciones de laboratorio y en animales” con lo que la confusión en obvia. No dejan claro que se trata de experimentos de laboratorio, con ratas o células a niveles de exposición elevadísimos. Al hablar de WiFi, como decía, parece que es la de casa pero los niveles de los experimentos incluidos están muy por encima de lo que tenemos en casa y que nuestras células, no están en un cultivo a 5 o 10 centímetros de la antena… porque tenemos la piel que reflejará, además, casi toda la señal…

Las conclusiones no son menos alarmistas: “In conclusion, there are seven repeatedly found Wi-Fi effects which have also been shown to be caused by other similar EMF exposures. Each of the seven should be considered, therefore, as established effects of Wi-Fi”.

¿Cuál es el objetivo del artículo? Pues realmente, lo que hace el autor es intentar rebatir el artículo de Foster and Moulder (2013) en el que realizaron, ahora sí una revisión sistemática seria y con una metodología clara y objetiva de inclusión y exclusión. Cabe destacar que el estudio se financió con fondos de la Wi-Fi Alliance y el Mobile Manufactures Forum, pero que ninguna de estas organizaciones participó en la investigación ni tuvieron conocimiento de los contenidos o conclusiones del estudio (se llama declaración de intereses, por lo que uno hace una lectura aún más crítica si cabe. . Las conclusiones son claras y son que en condiciones normales no se han demostrado efectos sobre la salud. Los estudios sobre efectos biológicos son variados, con metodologías variadas y recomiendan estudios en condiciones in vivo. Alertan sobre los efectos de un mal uso de dispositivos móviles e inalámbricos por cuestiones de seguridad en la red o al conducir, sobre todo con niños, más que de los efectos potenciales causados por la radiación de los dispositivos.

Por tanto, el título del trabajo de Pall induce a error y no es, para nada, adecuado. Tan sólo 2 estudios de los 23 estudios incluidos fueron en humanos y son de muy baja calidad, ¿es adecuado, por tanto, decir en el título que la WiFi es una amenaza importante para la salud humana? No, rotundamente no, pero ¿cuánto tardaremos en encontrar este artículo en webs de hipersensibles y pseudoexpertos? 3, 2, 1…

Transfieren un recuerdo de un individuo a otro — Noticias de la Ciencia y la Tecnología (Amazings® / NCYT®)

El título es confuso y se puede entender leyendo el artículo: Se refiere a individuos… caracoles.

Fuente original: Transfieren un recuerdo de un individuo a otro — Noticias de la Ciencia y la Tecnología (Amazings® / NCYT®)

A su vez, el articulo hace referencia a otro que se puede leer (en inglés) en: http://www.eneuro.org/content/early/2018/05/14/ENEURO.0038-18.2018

Viernes, 18 mayo 2018

Unos biólogos han transferido el recuerdo de un caracol marino a otro, mediante una técnica que incluye inyectar ARN de uno al otro. Esta investigación podría llevar a nuevas formas de aliviar traumas que se sustentan en recuerdos muy dolorosos, y a recuperar recuerdos perdidos, en seres humanos.

El ARN, o ácido ribonucleico, es ampliamente conocido como mensajero celular para producción de proteínas y transporta las instrucciones del ADN a otras partes de la célula. Ahora se sabe que tiene otras funciones importantes, además de la codificación de proteínas, incluyendo la regulación de una serie de procesos celulares implicados en el desarrollo y en diversas enfermedades.

El equipo de David Glanzman, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, administró leves descargas eléctricas a las colas de caracoles marinos Aplysia. Los caracoles recibieron cinco descargas en la cola, una cada 20 minutos, y después cinco más 24 horas después. Las descargas avivaron el reflejo de retirada defensiva del caracol, una reacción que le ayuda a protegerse de un daño potencial. Cuando los investigadores tocaron posteriormente a los caracoles, encontraron que aquellos que habían recibido las descargas mostraban una contracción defensiva que duró una media de 50 segundos, demostrando ello que recordaban las malas experiencias. Aquellos que no habían recibido las descargas se contrajeron solo durante aproximadamente un segundo.

Los científicos extrajeron ARN de los sistemas nerviosos de los caracoles marinos que recibieron las descargas en las colas el día después de la segunda serie de descargas, y también de caracoles marinos que no las recibieron. Después, el ARN del primer grupo fue inyectado en siete caracoles marinos que no habían recibido las descargas, y el ARN del segundo grupo fue inyectado en otro grupo de siete caracoles que tampoco habían recibido las descargas.

Los científicos constataron que los siete que recibieron el ARN de caracoles que habían sufrido descargas se comportaban como si ellos mismos las hubieran recibido en la cola: mostraron una contracción defensiva que duró un promedio de unos 40 segundos. Se podría decir, por tanto, que en cada uno de estos casos el recuerdo fue transferido de un individuo a otro. Como se esperaba, el otro grupo de caracoles no mostró esa contracción prolongada.

Impresora 3D capaz de producir tejidos biológicos complejos — Noticias de la Ciencia y la Tecnología (Amazings® / NCYT®)

Fuente original: Impresora 3D capaz de producir tejidos biológicos complejos — Noticias de la Ciencia y la Tecnología (Amazings® / NCYT®)

Se ha ideado una técnica de impresión 3D que se vale de una impresora 3D especialmente adaptada para construir bioestructuras terapéuticas a partir de múltiples materiales. El avance podría ser un paso fundamental hacia la impresión bajo demanda de tejidos complejos artificiales para su uso en trasplantes y otras operaciones quirúrgicas.

La técnica desarrollada por el equipo de Ali Khademhosseini, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, emplea un proceso basado en luz llamado estereolitografía, y aprovecha una impresora 3D adaptada diseñada por Khademhosseini que posee dos componentes esenciales. El primero es un chip microfluídico hecho a medida (una plataforma plana y pequeña con un tamaño similar al de un chip de ordenador) con múltiples accesos, cada uno de los cuales “imprime” un material distinto. El otro componente es un microespejo digital, una celosía de más de un millón de espejos diminutos, cada uno de los cuales se mueve de forma independiente de los demás.

Los investigadores utilizaron diferentes tipos de hidrogeles, materiales que, después de pasar a través de la impresora, forman estructuras a modo de andamios para que los tejidos crezcan en su interior. Los microespejos dirigen luz hacia la superficie de impresión, y las áreas iluminadas indican la silueta del objeto en 3D que está siendo impreso. La luz también provoca que se formen enlaces moleculares en los materiales, lo que causa que los geles se conviertan en un material sólido. A medida que se imprime el objeto 3D, la celosía de espejos varía el patrón de luz para indicar la forma de cada nueva capa.

El proceso es el primero en utilizar múltiples materiales para bioimpresión estereolitográfica automatizada, un avance notable sobre la bioimpresión estereolitográfica convencional, que solo utiliza un tipo de material. Si bien el dispositivo de demostración utilizó solo cuatro tipos de biotinta, Khademhosseini y sus colaboradores creen que el proceso podría acomodar tantas tintas como se necesiten.

La bioimpresora 3D diseñada por Khademhosseini. (Foto: Amir Miri)

La bioimpresora 3D diseñada por Khademhosseini. (Foto: Amir Miri)

Los investigadores usaron en primer lugar el proceso para producir formas simples, como pirámides. Después, realizaron estructuras 3D complejas que emulaban partes de tejido muscular y de tejidos conectivos. Ensayaron las estructuras impresas implantándolas en ratas. Las estructuras no provocaron rechazo.

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