Archivo de la categoría: Periodismo

Brillaba con sus crónicas, pero era todo falso | Página12

Fuente original: Brillaba con sus crónicas, pero era todo falso | Es… | Página12

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este medio independiente argentino.

Si tiene intención de hacerse socio de Página 12, colaborando económicamente con el medio, desde la siguiente página, se pueden leer las opciones: https://www.pagina12.com.ar/apps/membresias/ (No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con Página 12, salvo de ser ávido lector desde hace décadas).

Escándalo por el caso del periodista alemán Claas Relotius, de la revista Der Spiegel.
Brillaba con sus crónicas, pero era todo falso.

El periodismo alemán se vio sacudido por una noticia que impactó en el mundo: el periodista de una de las revistas germanas más prestigiosas, Der Spiegel, había construido su prestigio en base a notas y entrevistas que eran inventadas. Claas Relotius, de 33 años, fue el protagonista de una historia en la que quedó en ridículo una de las publicaciones de mayor circulación en Alemania. El fraude se descubrió por la tenacidad de un periodista que se desempeña como colaborador de la revista.

Juan Moreno, un periodista español criado en Alemania, que trabaja como free-lance en la publicación, fue quien desmontó las mentiras de su colega, una de las estrellas de Der Spiegel y del periodismo alemán. Nadie en la revista se había percatado que decenas de notas con la firma de Relotius eran ficción pura.

El caso que conmocionó a Alemania comenzó en noviembre cuando Moreno viajó a México para un reportaje que se iba a titular “La frontera de Jaeger”. Su tema: el movimiento migrante desde México hasta Estados Unidos en plena polémica por el muro de Donald Trump. Los editores de Der Spiegel le avisaron que Relotius, la firma más cotizada de la revista, viajaba para escribir con él. Quedaron en que Moreno acompañaría a un migrante hacia la frontera, mientras que del otro lado, Relotius cubriría a los milicianos civiles amados para evitar el ingreso de extranjeros.

Ambos trabajaron como se había pactado. La nota iba a publicarse con la firma de ambos. Moreno leyó el trabajo final antes de su publicación y no le convencieron algunos datos aportados por Relotius. Entonces, llamó a un área de Der Spiegel, dedicada a la comprobación de datos y documentación. Ese departamento, que ocupa a 60 personas, deslindó su reclamo.

Más tarde, Moreno recibió otro borrador. Allí, se narraba que un miliciano le disparaba a algo que movía, y se justificaba en que era un migrante. Ese episodio no figuraba en el primer borrador y alimentó las suspicacias de Moreno, quien tuvo la semiplena prueba de que el reportaje del que era co-autor contenía mentiras. En la prensa norteamericana encontró un artículo con datos similares a los aportados por Relotius. De hecho, el miliciano Jaeger descrito por Relotius aparecía nombrado.

Otra incoherencia quedó al descubierto cuando Moreno reconoció en una foto del New York Times comprada por Der Spiegel a Tim Foley, a un miliciano al que ubicaba de un documental. Se trataba de una figura conocida: Relotius alegó haberlo entrevistado sin ponerle el nombre y aseguró que el militar no dejó fotografiarlo, razón por la que se compraron las fotos.

En ese punto, las quejas de Moreno continuaban puertas adentro de Der Spiegel. El propio Relotius se quejó ante él por sus sospechas. Moreno le hizo preguntas y lo dejó hablar. Llegó a la conclusión de que estaba ante un fabulador. La revista se negaba a creerlo: Relotius había sido reconocido cuatro veces en los premios anuales del periodismo alemán y la CNN lo consideró el periodista del año.

Hasta ese momento, el prestigio rodeaba al periodista. Conseguía testimonios exclusivos, y sus textos estaban bien escritos. Combinaba eso con una personalidad afable y buen trato con sus compañeros. Por eso, Moreno llevaba las de perder. Hoy dice que le dieron a entender que podía perder su puesto de colaborador si continuaba con sus indagaciones.

El español jugó a fondo y viajó a Estados Unidos para chequear los datos del reportaje sobre la frontera. Buscó a los supuestos entrevistados, incluido Foley. Ante una foto de Relotius, éste dijo que nunca lo había visto en su vida. Halló a otro supuesto entrevistado, Chris Maloof. A ambos los grabó en video.

Moreno no se quedó en ese solo antecedente. Encontró una nota de Relotius sobre el caso de Colin Kaepernick, el jugador de fútbol americano que se alzó contra el racismo. En el texto figuraba el testimonio de los padres del jugador. En realidad, los pares de Kaepernick se negaron a hablar con la prensa en todo momento.

A comienzos de diciembre, los acontecimientos se precipitaron. La jefa de prensa de un grupo de vigilantes de la frontera norteamericana con México envió un correo electrónico desde Arizona a Der Spiegel quejándose porque Relotius hablaba de ellos sin haber estado allí. En ese punto, los jefes de la revista decidieron acceder al servidor de Der Spiegel, una idea de Moreno. Así comprobaron que Relotius había manipulado el correo y que nunca había estado en Arizona. Para entonces, una editora ya había descubierto otra mentira, esta vez en Facebook.

Fue el final de Relotius, quien confesó su historial de notas falsas por “miedo al fracaso”. Aseguró haber sentido “presión” y que no quería “fallar” al tener “más éxito”. El 22 de diciembre, la revista publicó un número con los pormenores del caso. Un número especial con la portada en rojo y las palabras “Cuenta lo que es” en letras blancas. Se trata del lema de Rudolf Augstein, el fundador de Der Spiegel. 23 páginas fueron destinadas al caso Relotius y se lamentó que no se hubiera descubierto antes. También hubo mea culpa por las fallas en chequear las notas falsas que se publicaron. El texto recordó que Relotius había pedido que sus notas no se tradujeran al inglés y que en una ocasión pidió que no se publicara en la web una foto de la edición impresa.

Se calcula que Relotius escribió 60 notas para Der Spiegel, todas estarán bajo análisis de un comité de periodistas veteranos que analizarán cómo fue posible la estafa. “Como editores de Der Spiegel, tenemos que reconocer que hemos fallado de forma considerable. Relotius logró saltarse y anular todos los mecanismos de garantía de la calidad de la empresa”, admitió Steffen Klussmann, director de la revista. Desde que estalló el caso, las notas de Relotius siguen on line, pero con la advertencia de que puede ser material apócrifo.

Relotius devolvió los premios que obtuvo los últimos años y CNN le revocó un galardón entregado en 2014. Hay otro punto oscuro: pedía dinero a los lectores de sus notas para una ONG. El periodista caído en desgracia admitió esto, pero asegura que el dinero fue para causas humanitarias. Sin embargo, las investigaciones apuntan a que no fue así.

El caso Relotius terminó enturbiando las relaciones entre Estados Unidos y Alemania. El embajador norteamericano, Richard Grenell, tildó a Der Spiegel de “antiamericana” por la cobertura del periodista en su país. “En 7300 palabras, Relotius solo acertó en el tamaño de la población. El resto era ficción”, dijo el diplomático sobre la nota de Relotius en Fergus Falls, un pueblo de Minnesota supuestamente proclive a Trump. Entre otras cosas cita a un hombre que alega no haber visto nunca el mar, y que en su página de Facebook aparece en una foto en una playa. Der Spiegel debió pedir perdón por esa nota.

Relotius guarda silencio tras el final estrepitoso de su carrera, mientras las miradas se posan sobre Moreno, el hombre que lo descubrió. “Engañó a todos y me hubiese engañado a mí también si le hubiese conocido”, aseguró a El País de España. “Creo que en el fondo pensaba que hay ciertas normas que todos cumplimos”, cerró Moreno.

Las sangrientas mentiras de Elliott Abrams – Common Dreams

Fuente original en inglés: Elliott Abrams’ Bloody Lies

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este centro de noticias independiente sin fines de lucro creado en 1997, mantenida por aportes económicos de sus lectores y de decenas de miles de pequeñas donaciones, sin publicidad, suscripción corporativa o fondos gubernamentales, buscando mantener una independencia editorial.

Si tiene intención de apoyar económicamente con Common Dreams, puede hacer una donación en: https://www.commondreams.org/donate?cta-location=footer (No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con Common Dreams, salvo la de leer cada tanto algún artículo).

Publicado el miércoles 06 de marzo de 2019 por

La duplicidad del enviado venezolano de Trump.

Elliott Abrams, el enviado especial del presidente Trump a Venezuela, se hizo famoso por primera vez en 1982 después de ser nombrado secretario de Estado adjunto para los derechos humanos en la administración Reagan. Como hombre de referencia para las guerras de la administración Reagan en América Central, Abrams fue un agresivo defensor de las fuerzas pro estadounidenses que cometieron atrocidades contra los derechos humanos y crítico feroz de quienes informaron con precisión sobre sus crímenes de guerra.

Con Abrams listo para declarar esta semana ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sus primeros días como legislador estadounidense pueden servir de guía para lo que podemos esperar de la política de “cambio de régimen” de la administración Trump en Venezuela.

En un intercambio que se hizo público a nivel nacional en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes el mes pasado, el Representante Ilhan Omar se enfrentó a Abrams sobre su condena por mentir al Congreso y las falsas declaraciones que hizo sobre la infame masacre de El Mozote.

Pero el intercambio solo insinuó el alcance del estilo mendaz de Abrams. Mientras que en la administración Reagan, Abrams tejió tales mentiras particulares en un tapiz de propaganda que prefiguraba el Trumpismo en su desprecio por los hechos, el destello de los críticos, la evasión de evidencias y la tolerancia de la brutalidad.

Tres mentiras representativas

Cuando Abrams comenzó su carrera en la comunidad de formulación de políticas de seguridad nacional de EE. UU., a principios de la década de 1980, Centroamérica se vio convulsionada por rebeliones populares. Las dictaduras en El Salvador y Guatemala habían suprimido y explotado a la mayoría pobre durante décadas. A fines de la década de 1970, estos gobiernos feudales, dirigidos por oficiales militares y élites terratenientes, enfrentaron su desafío más serio.

En El Salvador, un clérigo antes conservador, el arzobispo Oscar Romero dio voz a una rebelión popular que contó con el apoyo del público y algunas facciones en el ejército.

En Guatemala, la represión que comenzó con el golpe de la CIA en 1954 estaba llevando a la mayoría de los opositores del gobierno a simpatizar o unirse a un creciente movimiento guerrillero en el campo.

El presidente Reagan, dedicado a “cambiar el rumbo” contra el comunismo en todo el mundo, vio a cualquiera que no se comprometió con la lealtad a la política de los Estados Unidos como un “comunista”, “terrorista” o “embaucador comunista”. Como tales, estas fuerzas fueron blanco de una violenta represión.

En El Salvador, la administración Reagan respaldó una facción de ultraderecha del ejército encabezada por el oficial de inteligencia Roberto d’Aubuisson, quien fue entrenado en la Academia de Policía Internacional dirigida por la CIA en Washington. D’Aubuisson ideó el asesinato de Monseñor Romero en marzo de 1980 y organizó los escuadrones de la muerte que liquidaron a los civiles en favor del cambio pacífico.

En Guatemala, la ultraderecha celebró las elecciones de Reagan e intensificó su campaña de secuestro de opositores en la capital y masacrando campesinos en el campo.

En los informes anuales del Departamento de Estado sobre derechos humanos de los que era responsable, Abrams justificó esta sangrienta política con astucia creativa.

Críticas a la manipulación

“La asignación de responsabilidad por delitos específicos cometidos por ciertos elementos derechistas o por los miembros de las fuerzas de seguridad asociadas con ellos ha sido difícil”, afirmó el informe de derechos humanos de 1983 sobre El Salvador.

Esta fue una alusión eufemística a una serie de asesinatos de alto perfil, incluido el asesinato de Monseñor Romero.

“Cualquiera que piense que vas a encontrar un cable que diga que Roberto d’Aubuisson asesinó al arzobispo es un tonto”, dijo Abrams en ese momento.

De hecho, hubo al menos dos cables del Departamento de Estado de la Embajada de los Estados Unidos en San Salvador que indicaron exactamente eso. Uno fue enviado a Washington en noviembre de 1980 y el segundo en diciembre de 1981. El hombre armado [se refiere a la fuente] trabajó como guardaespaldas para d’Aubuisson.

(Años más tarde, cuando ya no se podía negar el papel de d’Aubuisson, Abrams exigiría la extradición del pistolero a los Estados Unidos).

La disposición de Abrams de impugnar a los críticos como “tontos” por citar pruebas a las que él mismo tuvo acceso personificaron su estilo descarado.

Falsa equivalencia

“Los extremistas de derecha e izquierda son culpables de muertes de civiles por motivos políticos, como lo son algunos miembros de las Fuerzas Armadas”, dijo el informe del Departamento de Estado de 1983 sobre El Salvador.

Esta formulación simplista sugería que había paridad de violencia política entre la izquierda y la derecha y que las fuerzas armadas no eran parte de la derecha.

La afirmación fue una tontería perniciosa. En 1993, la Comisión de la Verdad de la ONU descubrió que el 85 por ciento de las muertes de civiles no combatientes eran atribuibles a las fuerzas gubernamentales. Sólo el 5 por ciento podría atribuirse a la izquierda.

En otras palabras, las fuerzas de seguridad armadas y entrenadas por los Estados Unidos tenían 17 veces más probabilidades de ser responsables de asesinatos políticos que las fuerzas antinorteamericanas.

Abrams encubrió esta realidad con el más aburrido de los clichés de Washington: “extremistas de derecha e izquierda”.

Realidades horribles” como progreso

En febrero de 1984, el embajador de Estados Unidos en Guatemala, Frederic Chapin, envió un cable confidencial a Washington informando sobre lo que él llamó “las horribles realidades de los derechos humanos” en el país. Dos recientes secuestros a plena luz del día mostraron que “las fuerzas de seguridad del gobierno atacarán en cuando haya un objetivo de importancia”.

Abrams encontró un revestimiento de plata en la carnicería. El informe de 1983 del Departamento de Estado sobre Guatemala declaró: “Los graves problemas de derechos humanos continuaron… pero hubo mejoras en algunas áreas importantes”.

Abrams luego firmó un informe secreto al Congreso citando la supuesta mejora de los derechos humanos como justificación para una reanudación de la asistencia de seguridad de los Estados Unidos al gobierno guatemalteco.

El gobierno, afirmó Abrams, “ha tomado una serie de pasos positivos para restablecer un proceso constitucional y electoral, y abordar la práctica de las detenciones extrajudiciales”.

De hecho, un estudio del Departamento de Estado de 1986 sobre los desaparecidos de Guatemala encontró que “la práctica de los secuestros se institucionalizó… la mayoría de los desaparecidos han sido secuestrados por las fuerzas de seguridad… Por lo que sabemos, ningún miembro de las fuerzas armadas, políticas, fuerzas de seguridad o grupos paramilitares ha sido procesado, condenado y sentenciado por participar en secuestros relacionados con la política”.

El estudio indicó que “según los últimos tres gobiernos militares, la tasa de secuestros informados ha aumentado [énfasis añadido], según nuestras estadísticas”.

En 1984, cuando Abrams hizo que la política de los Estados Unidos con respecto a la afirmación de que el gobierno estaba tomando “pasos positivos” que dieron como resultado “áreas importantes [de mejora]”, más de tres personas fueron secuestradas, torturadas y asesinadas en Guatemala todos los días.

Este es el hombre al que el apóstata de Trump Max Boot describió como “un destacado defensor de los derechos humanos y la democracia”.

Lo que significa

Abrams le dijo al Representante Omar que la política de Estados Unidos en El Salvador era un “logro sobresaliente” porque dio lugar a elecciones libres. Lo que no dijo fue que el reinado del terror en El Salvador y Guatemala en la década de 1980 generó una corriente de refugiados a los Estados Unidos que nunca ha cesado.

Gracias a la política de Reagan, El Salvador y Guatemala son ahora estados esencialmente fracasados, ejemplos de países “agujeros de m*” cuyas agonías o aspiraciones insatisfechas de democracia no tienen ningún interés para el presidente o su equipo de formulación de políticas.

Este es el registro a tener en cuenta cuando Abrams testifica sobre la “transición democrática” en Venezuela. Si el futuro de Venezuela es algo así como la “transición democrática” en Centroamérica, el proceso se habilitará mediante la mentira y se empapará de sangre.

Este artículo fue producido por Deep State, un proyecto del Independent Media Institute.

Este trabajo está bajo una licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0.

Jefferson Morley es escritor senior, editor y corresponsal en jefe de Deep State, un proyecto del Instituto de Medios Independientes. Ha sido reportero y editor en Washington DC, desde 1980. Pasó 15 años como editor y reportero en el Washington Post. Fue escritor de personal en Arms Control Today y editor de Salon en Washington. Es el editor y cofundador de JFK Facts, un blog sobre el asesinato de JFK. Su último libro es The Ghost: The Secret Life of CIA Spymaster, James Jesus Angleton (El fantasma: La vida secreta del maestro de espías de la CIA, James Jesus Angleton).

La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo | Página12

Fuente original: La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo | Al… | Página12

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este medio independiente argentino.

Si tiene intención de hacerse socio de Página 12, colaborando económicamente con el medio, desde la siguiente página, se pueden leer las opciones: https://www.pagina12.com.ar/apps/membresias/ (No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con Página 12, salvo de ser ávido lector desde hace décadas).

Alejandro Grimson presentó su nuevo libro Qué es el peronismo en Caras y Caretas
La atrevida pregunta sobre qué es el peronismo
Para responder ¿qué es el peronismo?, Grimson ensaya un recorrido de Perón a los Kirchner, pasando por López Rega. Barrancos, Wainfeld y Sztajnszrajber debatieron con el autor.

¿Qué es el peronismo? La pregunta es, de por sí, “un atrevimiento”. Planteada como título de un libro, “un tremendo atrevimiento”, “un título temerario”, evaluó en la presentación Dora Barrancos. Lo cierto es que hay algo que hace que esa materia en la que se mete el flamante libro de Alejandro Grimson sea tan disruptiva como para lograr provocar en forma de pregunta. El antropólogo recorre en su nuevo trabajo De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmover la política argentina. El libro, editado por Siglo XXI, fue presentado en la sala Caras y Caretas con la presencia de la socióloga Barrancos, el periodista Mario Wainfeld y el filósofo Darío Sztajnszrajber. Y con numerosas personalidades de la política y la cultura entre los asistentes que llenaron la sala, entre otras y otros, Juliana Di Tullio, Mercedes Marcó del Pont, Itaí Hagman, Eduardo Jozami y Daniel Filmus.

“Alejandro nos invita a debatir qué es el peronismo a partir de un libro impecable. Y de un abordaje desde la antropología, en el que cuenta la historia, pero a la vez nos plantea una serie de dilemas cotidianos”, comenzó halagando Sztajnszrajber. “El libro nos exige salirnos del lugar más lineal, para pensar al fenómeno con dimensiones. Desde luego, no hay una respuesta única para el título. Hay tantas versiones, continuidades y discontinuidades, que a lo que asistimos es más bien a una lucha de intereses por ver cuál de todos esos peronismos se queda con el buen nombre. Pero el nombre está vacío: es ese campo de batalla”, analizó. Y, entre otras, rescató la idea de la definición por oposición: “El único que sabe qué es el peronismo, es el que lo combate. Y al plantear sus bordes, lo delimita”, subrayó.

Entre los momentos clave de los más de setenta años de historia de este ¿movimiento? ¿sentimiento? –el libro se meterá con esto también–, Grimson arranca, claro, con el 17 de octubre, y allí hace una descripción desmitificadora, en base a registros y documentos históricos, de la composición de esa multitud de trabajadores que cambió el rumbo de la historia. Sigue con “los orígenes del peronismo en una sociedad racista y clasista”, para entrar en 1956 con el “apogeo y crisis de los antiperonismos”, y aquí un interesante análisis –Barrancos lo destacó en la presentación– de la “rabia impotente” con que comenzó a cebarse la burguesía, sobre todo contra Evita, a partir del concepto de estructura de sentimiento de Raymond Williams. Montoneros, Ezeiza, Rucci, Menem, hasta llegar al kirchnerismo, del 54 por ciento a la derrota de 2015, son otras “paradas” de este recorrido. Que, en la misma formulación del punteo, vienen a reafirmar cuán compleja se vuelve la pregunta que da nombre al libro, y por tanto cuán valorable el intento de abarcar algunas de sus aristas.

También López Rega, “el hecho maldito del país peronista”, y al mismo tiempo “la fiesta antiperonista”, “el ejemplo que ‘demostraba’ hasta dónde podía llegar el peronismo”, se advierte en el texto. Y en este punto, el libro reconstruye aspectos muy poco conocidos de la vida del ideólogo de la Triple A, un cabo primero de la Policía Federal que soñaba con ser un cantante famoso, que escribió un libro de setecientas páginas titulado Astrología esotérica, y que llegó a gobernar desde las sombras el país. Sobre todo llama la atención, como señalaron Barrancos y Wainfeld, una historia de novela sobre una “Casa Rosacruz” en la ciudad correntina de Paso de los Libres, “la casa de Doña Victoria”, donde López Rega formó su esoterismo, adonde iba a tener retiros espirituales, y por donde también pasaron varios funcionarios destacados de la época.

“Ese capítulo es una gema. Así como Murmis y Portantiero descubrieron ‘los orígenes del peronismo’, Grimson descubrió ‘los orígenes de López Rega”, bromeó Wainfeld. Y destacó, entre otras, las descripciones contrafactuales que arriesga el libro (qué hubiera pasado si…), o el modo en que pone en contexto el fenómeno: “Cómo es posible que un mismo movimiento haya implantado el más amplio Estado de bienestar de América latina, y uno de los mayores del mundo, con Perón, y al mismo tiempo el conservadurismo más extremo, con Menem, es una de las preguntas comunes. Pero rara vez surge la de cómo un mismo partido puede albergar a Yrigoyen, Balbín, Illia, Alfonsín, De la Rúa y Gerardo Morales. Ese tipo de preguntas estimula todo el tiempo el libro”, destacó. Más tarde Grimson aseguró que ya le mandó el libro al decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo, al becario y a la pelirroja progre, habituales protagonistas de las notas de Wainfeld en este diario.

Barrancos también destacó el modo en que el libro analiza “la idea de que el peronismo es una anomalía, una disforia política, porque se correría hacia territorios casi patológicos”, y observa el mundo para mostrar cuántas “anomalías” hay por todas partes. O mejor dicho, cuán imposible es buscar una “norma” lineal para pensar cualquier proceso social. Otro imposible, el de entender a la sociedad y la política sin tener en cuenta las emociones (en este caso, al peronismo y al antiperonismo), también fue resaltado en la intervención de la socióloga. “La verdad es que el peronismo jamás será atrapado en una frase”, dice Grimson en su libro. Pero advierte también: “Renunciar a entenderlo sería renunciar a comprender la Argentina”.

¿Quién fue responsable del incendio de la ayuda humanitaria para Venezuela? – New York Times

CÚCUTA, Colombia – Era una narrativa que cuajaba bien con las críticas por autoritarismo contra el gobierno venezolano: las fuerzas de seguridad, bajo órdenes del presidente Nicolás Maduro, prendieron fuego a un convoy de ayuda humanitaria mientras millones de personas en su país padecen enfermedades y hambruna.

El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, escribió que el “tirano en Caracas bailó” mientras sus secuaces “quemaban comida y medicinas”. El Departamento de Estado estadounidense publicó un video en el que se afirmaba que Maduro ordenó la quema de los camiones. La oposición venezolana se refirió a las imágenes de la ayuda en llamas, reproducidas por medios y televisoras en toda América Latina, como evidencia de la crueldad de Maduro.

Pero hay un problema: parece que fue la misma oposición —y no los hombres de Maduro— quien accidentalmente prendió fuego al camión.

Grabaciones no publicadas y obtenidas por The New York Times, así como filmaciones que sí se difundieron —incluidas tomas compartidas por el gobierno colombiano, que ha culpado a Maduro del incendio—, permitieron hacer una reconstrucción de lo sucedido. Esta sugiere que un cóctel molotov lanzado por un manifestante en contra del gobierno es el causante más probable del incendio.

En algún momento, una bomba casera hecha con una botella fue lanzada a las fuerzas de seguridad que bloqueaban un puente que conecta a Colombia y Venezuela para impedir que los camiones con la ayuda pudieran cruzar.

Pero el trapo usado para que estallara la mezcla del coctel se separó de la botella y, ya encendido, voló hacia el camión.

Unos segundos después la grabación muestra a ese camión en llamas.

El mismo manifestante es visible en otro video, unos veinte minutos antes de lo sucedido, impactando otro camión con un coctel Molotov, sin que ese vehículo se quemara.

El gobierno venezolano fue ampliamente condenado después del incendio de la ayuda en febrero.

Más de tres millones de personas han huido de Venezuela por la crisis humanitaria causada por los malos manejos económicos de Maduro y su gobierno. Los opositores políticos que siguen en el país han sido reprimidos por las fuerzas de seguridad; varios fueron arrestados, torturados o forzados a exiliarse. Muchos manifestantes han sido asesinados durante las protestas y muchos más han resultado heridos.

Varios de los críticos de Maduro lo acusan de haber ordenado la quema de los medicamentos en el enfrentamiento fronterizo a pesar de que muchos venezolanos han muerto en los hospitales por la escasez de equipo y medicinas.

Sin embargo, la afirmación de que los camiones llevaban medicinas tampoco parece tener fundamento, según videos y entrevistas.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), principal proveedor de la ayuda que estaba en el puente para ser cruzada desde Cúcuta, no tenía medicamentos listados entre los objetos que anunció como donación. Un funcionario de alto nivel que estaba en el puente ese día de febrero le dijo a The New York Times que el envío quemado contenía suministros como guantes y tapabocas, pero no medicamentos. Videos revisados por el Times muestran que algunas cajas tienen kits de cuidado e higiene, que, según lo que los estadounidenses identificaron en sus listas, tenían suministros como jabón y pasta dental.

Aun así, persiste la acusación de que Maduro quemó medicinas.

“Maduro ha mentido sobre la crisis humanitaria en Venezuela; contrata a criminales para quemar comida y medicamentos destinados para el pueblo venezolano”, escribió John Bolton, asesor de seguridad nacional de Donald Trump, en un tuit publicado el 2 de marzo.

Después de ser contactados por el Times acerca de estas afirmaciones, funcionarios estadounidenses emitieron un comunicado más cauto sobre cómo habría iniciado el incendio.

“Relatos de testigos presenciales indican que el fuego empezó cuando las fuerzas de Maduro bloquearon con violencia la entrada de la asistencia humanitaria”, dice el comunicado. No especifica si esas fuerzas de Maduro iniciaron las llamas.

Funcionarios estadounidenses también hicieron notar que, sin importar las circunstancias, consideran responsable a Maduro porque bloqueó el paso de la ayuda humanitaria, castigando a los venezolanos necesitados.

“Maduro es responsable, por crear las condiciones de violencia”, indicó Garrett Marquis, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. “Sus matones negaron la entrada de toneladas de alimentos y medicinas mientras miles de voluntarios valientes buscaban resguardar y entregar la ayuda a familias venezolanas”.

El intento de ingresar la ayuda generó una confrontación que no se había visto en la frontera entre Colombia y Venezuela en años.

El 23 de febrero, la oposición venezolana planeaba atravesar un bloqueo militar impuesto por Maduro con la expectativa de que las fuerzas de seguridad del gobierno rompieran con él en vez de ser señaladas por no dejar pasar una ayuda tan necesitada. Los opositores argumentaron que entonces habría una cascada de deserciones militares que dejaría sin apoyo al gobierno.

En vez de eso, las fuerzas de seguridad de Maduro y pandillas vinculadas al gobierno atacaron a los manifestantes, que llegaron armados con piedras y bombas molotov. Uno de los camiones resultó quemado en el enfrentamiento, y eso encendió una amarga confrontación sobre quién había sido responsable.

El gobierno de Maduro también ha hecho afirmaciones sin fundamentos, como la permanente insistencia de que no hay escasez de alimentos en Venezuela.

Además, ha reclamado que el envío de la ayuda en realidad tenía suministros caducos o armas estadounidenses.

Pero una de las afirmaciones que sí sería confirmada por evidencia es la de que fueron los manifestantes quienes empezaron el incendio.

“Trataron de montar el falso positivo de que supuestamente el pueblo” había quemado los vehículos de carga “que traían comida podrida”, dijo Maduro el 27 de febrero. Pero “fueron ellos mismos, los delincuentes que [Iván Duque] pagó”, aseguró ante una multitud, en referencia al presidente colombiano.

El día del incendio el gobierno de Colombia estuvo entre quienes promovieron la teoría de que Maduro era responsable de ordenar el incendio. La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez publicó una fotografía de lo que llamó “uno de los camiones incinerados por los colectivos por orden de Maduro”.

Después de la destrucción del vehículo el gobierno colombiano envió capturas de la videovigilancia en el puente fronterizo a funcionarios estadounidenses y periodistas colombianos, de acuerdo con oficiales y reporteros que los recibieron.

El video fue editado para que mostrara a círculos de gente alrededor de las fuerzas de seguridad venezolanas que lanzaban gas lacrimógeno, que estallan al hacer impacto, hacia el convoy. Otras imágenes muestran al camión estallar en llamas con la implicación de que los funcionarios venezolanos fueron responsables.

Pero a esas tomas distribuidas por el gobierno colombiano les falta un periodo de trece minutos antes de que iniciara el incendio. Los oficiales de la oficina de Duque no publicaron el video completo después de varias solicitudes del Times.

Los manifestantes que lanzaron cocteles molotov desde el puente insistieron en que las fuerzas de Maduro y no sus bombas caseras iniciaron el fuego.

Junior José Quevedo, de 23 años, dijo que había llegado a las siete de la mañana de ese sábado y que intentó convencer a los policías de que dejaran pasar la ayuda. “Pero después llegó otro grupo armado, que eran colectivos”, en referencia a las pandillas aliadas al gobierno.

Adalberto Rondón, otro manifestante que lanzó bombas en el puente ese día, dijo que fue la Guardia Nacional Bolivariana la que empezó el incendio.

Su relato fue retomado ese día por funcionarios estadounidenses.

“Cada uno de los camiones incendiados por Maduro llevaba veinte toneladas de comida y medicinas”, escribió en Twitter el senador republicano por Florida Marco Rubio, al repetir una afirmación de una televisora colombiana que estaba en el puente. “Esto es un crimen y si la ley internacional significa algo entonces él debe pagar un alto precio por esto”.

Cuando el Times buscó a su oficina para conseguir declaraciones, un vocero de Rubio no hizo mención de responsabilidades por el incendio del camión e indicó en un comunicado que “Maduro tiene la responsabilidad plena por la destrucción de la ayuda humanitaria”.

Juan Guaidó, el líder de la oposición, mantiene que la ayuda tenía medicinas y que también fue quemada por Maduro.

Un portavoz de Guaidó, tras ser contactado por el Times el 7 de marzo sobre la información posiblemente contradictoria respecto del contenido del camión, dijo que “no tenía información precisa” y refirió las preguntas a la parlamentaria Gaby Arellano, encargada de la distribución de ayuda.

Arellano no pudo ser contactada esta semana, pero cuando fue entrevistada por el Times en el puente poco después del incendio del camión, el 23 de febrero, dijo que no llevaba medicamentos.

“Había tapabocas, jeringas, guantes, eso que usan en los quirófanos”, declaró entonces.

Arellano también dijo que las fuerzas de seguridad de Maduro habían quemado el envío y que sus fuerzas lanzaron latas de gas lacrimógeno que estallaron contra el vehículo.

“La bomba lacrimógena, sabes que hay una bomba cuando cae, echa candela”, indicó la parlamentaria. “Como eran cajas [en el camión] a lo que le cayó la primera, se prendió completo”.

Cuando el Times le preguntó si pensaba que había sido a propósito, comentó: “No tiene otra lógica, ¿no? Está el mundo, los medios estaban ahí en vivo. Hay videos para ver de todo”.

Las ayudas humanitarias de China, Rusia, Cuba, UNICEF, OPS y la ONU | Opinion | teleSUR

Fuente original: Las ayudas humanitarias de China, Rusia, Cuba, UNICEF, OPS y la ONU | Opinion | teleSUR

Publicado 4 marzo 2019

La cooperación con organismos humanitarios por parte de las autoridades de Venezuela no es nueva, viene de larga data.

China, Cuba y la Organización Panaméricana de Salud (OPS) enviaron 933 toneladas de ayuda humanitaria a Venezuela.

Fue solicitada por el Gobierno. Los contenedores llegaron el 14 de febrero al puerto de La Guaira, Venezuela. Los países solidarios coordinaron con los organismos de la ONU y con el Estado venezolano en tiempo y forma la llegada y posterior distribución en el país.

Rusia envió 300 toneladas de ayuda humanitaria que entraron el 20 de febrero por el aeropuerto Maiquetia. El 21 de febrero, Rusia envió otra partida de 7,5 toneladas de medicamentos para la población venezolana.

En conversación con la delegación del Grupo Internacional de Contacto (GIC) de diálogo en Caracas el 21 de febrero, la vicepresidenta Delcy Rodriguez entregó una lista con medicamentos y dispositivos médicos solicitando su entrega y facilidades de financiación. Se entregarán a través de la ONU.

Las llegadas de las ayudas humanitarias fueron anunciadas públicamente por el Gobierno venezolano, aunque reportadas solo por un reducido número de medios de prensa, es decir, fueron silenciadas. No obstante, los organizadores de los hechos violentos en las fronteras colombo-venezolanas tuvieron pleno conocimiento de las mismas.

Dada la cantidad en toneladas y su calidad en cuanto a las ayudas humanitarias ya presentes en el país el 22 de febrero, era obvio que podían cubrir las necesidades de la población vulnerable por un tiempo. En este fin de semana no existía, bajo ningún concepto, una situación en Venezuela que requiriera una irrupción forzosa al territorio, desconociendo sus fronteras.

Los pedidos de material humanitario en tan enormes dimensiones muestran la preocupación de los gobernantes y sus esfuerzos para mitigar la crisis en lo inmediato, siendo respondido a su vez por enormes esfuerzos de otros pueblos solidarios. Los hechos deben ser reconocidos, las fuerzas democráticas deberían tomar nota de los mismos y no caer en la trampa de las manipulaciones mediáticas.

La cooperación con organismos humanitarios por parte de las autoridades de Venezuela no es nueva, viene de larga data. Ya en noviembre de 2018 las Naciones Unidas, en cooperación con el Fondo de Emergencias (Common Emergency Response Fund, CERF) destinaron unos 9,2 millones de dólares en programas humanitarios en Venezuela. El objetivo era mejorar la salud y la atención nutricional de las mujeres embarazadas, las madres lactantes después de embarazos de alto riesgo y los niños menores de cinco años.

En enero de 2019, el CERF suministró medicamentos a las autoridades venezolanas para unos 3.000 pacientes, además de tres millones de pastillas para la terapia antirretroviral. En el curso de la cooperación, se logró también una tasa de vacunación de más del 95 % contra el sarampión y la difteria. Venezuela mantiene una estrecha cooperación con la Organización Mundial de la Salud desde hace varios años.

Lo mismo sucede con la cooperación con UNICEF. El 7 de octubre 2018, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) firmó un plan de acción por el orden de 32 millones de dólares con el Gobierno de Venezuela. Con ello se busca la reducción de la mortalidad materno-infantil y la mejora de las condiciones para la protección y el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.

El 27 de noviembre Venezuela firmaba un acuerdo con UNICEF de un suministro de mas de 130 toneladas de insumos (alimentos y medicamentos) a Venezuela, a través de un programa desarrollado en conjunto con el Gobierno venezolano, en aras de optimizar los programas sociales que ya se desarrollan en el país.

Los esfuerzos han beneficiado a unas 350.000 personas, entre ellas mujeres y niños, quienes han recibido asistencia médica y nutricional.

Asimismo, en cooperación con el Ministerio de Sanidad se enviaron al país unas 30 toneladas de medicinas y productos sanitarios con la intención de frenar la propagación de enfermedades y mejorar la salud en las comunidades de menos recursos.

Según UNICEF, esos productos se usarán para tratar a unas 25.000 embarazadas, a unos 10.000 recién nacidos y a unos 2.300 niños portadores del VIH.

El mismo viernes pasado, cuando la ayuda humanitaria de EE.UU. iba a “entrar por mar, tierra y aire” a Venezuela, el canciller venezolano Jorge Arreaza informó de una nueva conversación con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, acordando la cooperación en el ámbito de la ayuda humanitaria.

Confirmaron el apoyo técnico por parte de la ONU para facilitar la compra de alimentos, medicamentos y equipos hospitalarios. El Gobierno de Venezuela pretende financiar las ayudas. Por el bloqueo económico las posibilidades de compra e importación de medicamentos e insumos médicos son extremadamente restringidas.

Las 10 funciones de USAID, la mega agencia “humanitaria” de la CIA – Punto y seguido

Fuente original: Las 10 funciones de USAID, la mega agencia “humanitaria” de la CIA – Punto y seguido

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema. En este caso, recomiendo el trabajo que viene realizando el períódico español Público, y  a través de él, sus blogs, intentando mantenerse independiente en un ambiente de grandes grupos económicos.

Los camiones de caridad de la USAID destinados a Venezuela siguen estacionados en la frontera con Colombia, mientras Donald Trump, el hombre que personifica la solidaridad, amenaza al país suramericano con un ataque militar: quiere que miles de venezolanos que morirán por el impacto de bombas y balas lo hagan con el estómago lleno de galletas que no pudo vender en el mercado de los países desarrollados, quizás por utilizar semillas modificadas, o porque estaban a punto de caducarse.

La Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) fue creada en 1961 con la intención de ampliar el “Plan Marshal” a los países estratégicos del mundo, canalizando sus políticas para 1) impedir que las fuerzas comunistas, -que se fortalecieron al derrotar al fascismo en la Segunda Guerra Mundial-, tomasen el poder, y 2) abrir nuevos mercados a las empresas de EEUU. El vínculo entre la USAID y la Oficina de Seguridad Pública, entonces dirigida por el agente de la CIA Byron Engle, ha ido renovándose año tras año: en 2015 Barack Obama nombró a la directora del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca Gayle Smith como la directora de la agencia.

Según WikiLeaks, entre 2004 y 2006, la USAID realizó diversas acciones en Venezuela y una donación de 15 millones de dólares a decenas de organizaciones civiles, con el fin de llevar adelante la estrategia del ex embajador de Washington Venezuela William Brownfield, basada en provocar fractura en el chavismo y organizar a los sectores descontentos con las reformas del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Las funciones de USAID

  1. Elegir el país adecuado para el proyecto elaborado por la Secretaria de Estado, y obviamente, no siempre es el más necesitado. Luego la agencia debe decidir en qué sector se va a implicar, aunque sus preferidos son el de energía, educación, salud, seguridad y agricultura. En éste suele sustituir la producción de cultivos alimentarios por los comerciales. Después, coloca a sus efectivos en los puestos claves para subvertir las economías locales. Las veces que contrata a valiosas personas solidarias nativas, es para reducir a quienes deberían militar en los partidos políticos para un cambio fundamental en meros gestores de caridad. En Irak colonizado, USAID inyecta la economía neoliberal, impone masivas privatizaciones, incluida una parte de la industria petrolífera, y obliga a la teocracia títere instalada comparar granos transgénicos de Monsanto. En Perú, la agencia donó 35 millones de dólares en los años 1990 a la campaña de Alberto Fujimori, cuyas medidas económicas hundieron al país en la miseria. La solución del protegido de USAID no fue reducir la pobreza sino a los pobres: Fujimori esterilizó de forma forzosa a 300.000 mujeres indígenas.
  2. Debilitar e incluso eliminar las instituciones del país receptor, creando redes y entidades paralelas, promoviendo la desnacionalización de los sectores fundamentales en favor de la gestión de los “emprendedores”. Obviamente, el interés de la burguesía de EEUU no está en la autosuficiencia de otros países, sino todo lo contrario.
  3. Facilitar a la CIA “plantar sus hombres en las policías de los países estratégicos de todo el mundo, afirma el ex corresponsal de New York Times AJ Langguth. De hecho, el presupuesto de USAID en parte es el financiamiento oculta de las agencias de inteligencia de EEUU.
  4. Fortalecer el dominio de EEUU sobre las finanzas mundiales. En India, país retén de China para Washington, USAID en coordinación con el gobierno ultraderechista de Narendra Modi implantó la “digitalización de la economía”, obligando a decenas de millones de personas de las clases más desfavorecidas del país abandonar el pago en efectivo en favor del digital, dándoles solo un mes -noviembre del 2016- para entregar sus billetes grandes al banco, cuando la mayoría ni tenían ni cuenta bancaria. y ¿Qué consiguió USAID?

a) Servir a los intereses de las Tecnologías de la Información (TI), a los proveedores de servicios de pago y a las compañías de tarjetas de crédito MasterCard, Visa y a la Fundación Gates que prometió a cambio donar un generoso cheque a la ONU

b) Empobrecer a los indios, acabando con los ahorros de muchos pequeños comerciantes y productores, que no consiguieron ingresar su dinero.

c) Hacerse con los datos de los usuarios.

d) Al reducir el uso de efectivo a nivel mundial, permite a EEUU fortalece el dólar mediante el predominio de sus empresas sobre las finanzas internacionales.

e) Vigilar el negocio global: Washington así puede sancionar, por ejemplo, a las compañías que trabajan con Irán, como la china Huawei.

5. Capacitar las fuerzas de represión de un estado, preparándolas para desmantelar la resistencia de la población. El hombre de USAID en Uruguay Dan Mitrione daba cursos en los años setenta sobre el “complejo arte del interrogatorio” y de cómo habría que torturar a los detenidos, utilizando “en directo” a hombres y mujeres sin techos como cobayas humanos. USAID, junto con Green Berets (Boinas verdes) y CIA, está implicada en la tortura, matanza y la desaparición de miles de hombres y mujeres progresistas guatemaltecos, al entrenar para esta misión a cerca de 30.000 policías y grupos paramilitares. En Brasil la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI), una contratista de USAID dedicada a desestabilizar los gobiernos no aliados, operó del mismo modo. Una de sus víctimas fue Dilma Rousseff, detenida y torturada por ser una estudiante marxista.

6. Crear miles de puestos de trabajo para las ONG estadounidenses y dotándolas de enormes fondos públicos y privados al servicio de los intereses de donantes como Rockefeller, Soros, Gates, Ford y Omidyar, mientras abre los mercados a las corporaciones de EEUU. La propia USAID afirma devolver a su país cerca del 80% del dinero invertido en esta organización. Una vez que Bus y sus aliados convirtieron a Irak en escombro a golpe de mentiras en 2003, uno de los contratistas de USAID, “Creative Creative Associates International Inc. (CAII)” se adjudicó un contrato por el valor de 157 millones de dólares destinados a comprar pizarras y tiza para los colegios previamente destruidos por los misiles estadounidenses. Otro, International Relief and Development (IRD), recibió 2.4 mil millones de dólares con los mismos fines, y Halliburton y Bechtel otros tantos. En Afganistán, el principal receptor de las ayudas de EEUU, y donde aterrizaron cientos de onges occidentales “expertas en género” para “salvar a las mujeres”, USAID destinó 216 millones de dólares en 2018 para empoderar a 75.000 mujeres: según el Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán sólo empelaron a unas 50 y el dinero de los contribuyentes se esfumó. Pasó algo parecido a otros 89.7 millones de dólares. Arnold Fields, su director fue forzado a dimitir por el Congreso. La “Democratización de Afganistán” dirigida por Bush-Cheney y 300.000 soldados de la OTAN y decenas de miles de la subcontrata “Yihadista” del Pentágono, además de acabar con la vida de cerca de un millón de afganos y provocar la huida de millones de familias de sus hogares, ha significado borrar la memoria histórica de esta nación desde los libros de texto: pocos recuerdan que la República Democrático de Afganistán (1978-1992), dirigida por los comunistas, eliminó la usura, el cultivo del opio, legalizó los sindicatos, estableció una ley de salario mínimo, el convenio colectivo, la igualdad entre el hombre y la mujer, que permitió que por primera vez el 40% de los médicos fueron mujeres así como el 60% del profesorado de la Universidad de Kabul. Se declaró gratuita y universal la educación, al igual que la sanidad, duplicando además las camas en los hospitales. Según la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), el número de civiles muertos o heridos en los ataques de la OTAN en 2017 aumentó un 50% respecto al 2016, y que dos tercios del total eran mujeres, niños y niñas. Hoy en las escuelas de USAID no enseñan los valores de la colectividad, sino el individualismo más perverso de “sálvese quien pueda”.

7. Socavar la resistencia al imperialismo y a las dictaduras aliadas, en los países en tensión, paliando el hambre de forma puntual y en momentos concretos con una limosna, impidiendo que la población se organice exigiendo la justicia social. En Egipto, tanto en el periodo del régimen de Mubarak como hoy bajo el despotismo del general al Sisi, Washington obliga a El Cairo comprarle armas cuando miles de personas viven en los cementerios, y luego le envía a USAID para repartir pan en los barrios que se levantaron durante la secuestrada “Primavera” del 2011, socavando la resistencia. Ha hecho lo mismo en Haití: en los barrios donde los trabajadores habían organizado “ollas públicas” para demandar justicia, reparte míseras bolsas de comida, forjando lealtades: “todos besarían las manos que les da de comer”, ha pensado.

8. Provocar protestas populares contra los gobiernos que repudia bajo la bandera de “Promoción de la democracia”. USAID ha sido expulsada de Rusia, de los países del ALBA (Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua y Venezuela) y de Burkina Faso. Aquí, el presidente de Thomas Sankara, El Che Guevara de Burkina Faso, fue derrocado por un golpe de estado patrocinado por Francia y asesinado en 1987 en castigo por sus grandes medidas dirigidas a la autosuficiencia de la nación. Libia, uno de los países más desarrollados de África, hoy es el mejor ejemplo de esta clase de “liberación”.

9. Crear sus propios medios de comunicación aparentemente despolitizados (Deportivos, musicales, etc.) enviando mensajes subliminales a beneficio de la economía de mercado, del consumismo, la insolidaridad, etc. USAID, a través de la OTI, introdujo en Cuba en 2010 un sistema de mensajería similar a Twitter llamado ZunZuneo. Mientras recopilaba los datos personales de cientos de miles de usuarios a través de sus móviles, pretendía organizar disidencias en la red y también en las calles. Creative Associates International Inc. (CAII), otra de los contratistas de USAID, patrocinó a algunos raperos para atrapar a los jóvenes.

10. Recibir más subvención por mayor destrucción a causa de la guerra: en marzo del 2017, EEUU bombardeó “por error” un edificio en Mosul matando a 105 iraquíes civiles: dos días antes USAID había presentado su solicitud de nuevos presupuesto para la reconstrucción de Irak: ¿Mercaderes de “guerra-construcción”? ¿Bomberos pirómanos? ¡Todo parecido a la escena de la película “Niño” en la que Charlot propone a su hijo romper los cristales del vecindario para lucrarse instalando vidrios nuevos es pura coincidencia!

Si la guerra y la pobreza no fueran tan rentables estarían prohibidas por la ley.

Argentina, las entrañas del lawfare y la fabricación de “arrepentidos” | Opinion | teleSUR

Fuente original: Argentina, las entrañas del lawfare y la fabricación de “arrepentidos” | Opinion | teleSUR

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el  gran esfuerzo y trabajo periodístico de este medio creado para ofrecer otra visión de la mostrada por los grandes grupos multimedios y las agencias de noticias internacionales dominantes.

Publicado 26 febrero 2019

La causa desnuda los mecanismos del lawfare en América Latina, y los nexos entre operadores judiciales, agentes de inteligencia y periodistas de los medios hegemónicos

Un armado con fines de persecución política se convirtió en un grupo de extorsionadores desbocados, que dejó sus huellas en mensajes de WhatsApp, videos y documentos. Una causa fulminante desnuda la asociación ilícita entre operadores judiciales, agentes de inteligencia y periodistas de medios hegemónicos.

La causa de las fotocopias de los cuadernos en Argentina, un dispositivo mediático-judicial que desde hace más de un año acusaba a ex funcionarios kirchneristas y empresarios, se dio vuelta de forma inesperada. Diseñado para el acoso político de opositores, el equipo devino en un grupo de tareas que incursionó en el crimen común: la extorsión de sus víctimas para cobrarles grandes cantidades de dinero.

Así, el lawfare se salió de cauce y la desmesura de su alcance generó una represalia inesperada. Una de las víctimas acumuló pruebas contra el operador de la extorsión, presentó la denuncia judicial y abandonó el país. Las cámaras ocultas, audios y capturas de Whatsapp son demoledoras. Un allanamiento a la casa del acusado halló más evidencias: decenas de carpetas con datos de inteligencia de potenciales víctimas de coacción, a los que se les exigiría dinero o declaraciones en la causa como arrepentidos.

La causa desnuda los mecanismos del lawfare en América Latina, y los nexos entre operadores judiciales, agentes de inteligencia y periodistas de los medios hegemónicos. Ilustra, además, como un armado con fines de persecución política se puede convertir en un grupo de delincuentes comunes.

Arrepentidos y acusaciones sin pruebas: clave del lawfare

La figura del arrepentido es el corazón del lawfare. El ex presidente Lula, centro de la vida política de Brasil, está preso por las “confesiones” de un arrepentido, nunca comprobadas con otras evidencias. Es también el caso del ex vicepresidente de Ecuador Jorge Glass. Otras causas judiciales están sustentadas en simples acusaciones unilaterales, retroalimentadas por las usinas noticiosas, y con la venia del poder político, como los cargos contra el ex presidente de Ecuador Rafael Correa, o las múltiples causas que la gobernación de Jujuy (Argentina) armó contra la luchadora social Milagro Sala.

En este contexto, en 2018 en Argentina explotó una megacausa judicial especialmente diseñada para su impacto mediático: los cuadernos del chofer Centeno. El relato sostenía que el chofer de un funcionario kirchnerista de segunda línea durante una década había anotado en 10 cuadernos los recorridos que hacía su jefe recogiendo sobornos de grandes empresas y entregando lo recaudado en distintos circuitos del poder político.

La causa fue débil desde el principio: el chofer Centeno tiene antecedentes penales, fue denunciado por su propia esposa como extorsionador, y su credibilidad sería escasa para cualquier tribunal imparcial. Además, los cuadernos ya no existen: Centeno dijo haberlos quemado. De ellos solo quedaron unas fotocopias no peritables, que llegaron a manos de dos periodistas del diario La Nación, que impulsaron la denuncia.

Era fácil conjeturar que se trataba de fotocopias de cuadernos apócrifos. Sin embargo, se procedió de inmediato a ordenar decenas de detenciones y comparecencias, tanto de funcionarios aludidos como de grandes empresarios. Con un gran show mediático, los acusados eran citados y quedaban instantáneamente detenidos. O eran liberados en pocas horas, si “colaboraban” y “confesaban”.

“El criterio que manejan el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli en el expediente es que el que confiesa, se arrepiente y aporta algún dato que consideren relevante, sale en libertad. El que no habla, queda preso”, resumían Irina Hauser y Raúl Kollman en Página 12.

Todo el procedimiento era contrario a derecho. Judicialmente, el show no conducía a ninguna parte. Se generó un festival de arrepentidos y acusaciones cruzadas que no lograba establecer prueba material alguna sobre movimientos de fondos, pagos de coimas y otros ilícitos. La causa es un típico verosímil informativo: combina aspectos reales (la corrupción endémica y el pago de coimas de grandes empresas para obtener obras públicas) con pura literatura apócrifa y un proceso judicial orquestado para las cámaras.

Sin embargo, el aparato mediático intoxicó a los ciudadanos con la historia, y el caso conservaba cierta credibilidad. Para las audiencias desprevenidas el fiscal Stornelli aparecía como un adalid anticorrupción.

Marcelo D`Alessio, colaborador del fiscal Stornelli, detenido por extorsión

Todo se complicó cuando una de las presas escogidas, el empresario Pedro Echebest, le tendió cuidadosamente una trampa a Marcelo D`Alessio, públicamente presentado como director de la DEA y especialista en la lucha antinarcóticos. D`Alessio, invitado habitual a programas de TV y columnista del diario Clarin, persiguió durante semanas a Echebest con el argumento de que éste había sido incriminado en la causa de los cuadernos. En nombre del fiscal Stornelli, el falso abogado D`Alessio le pidió a Echebest una alta suma de dinero para dejarlo fuera de la causa.

Echebest fingió aceptar, entregó una parte del dinero y pidió tiempo. Durante semanas guardó evidencias del chantaje -audios, capturas de WhatsApp y filmaciones de los encuentros-, preparó cuidadosamente una denuncia bien documentada y salió del país para preservar su integridad.

Horacio Verbitsky, un periodista de larga trayectoria, fue el encargado de difundir el caso con pelos y señales en su blog “El Cohete a la Luna”: “Un director regional de la DEA y sobrino del Escribano de Macri pidió 500.000 dólares a un empresario para no detenerlo y dijo que era una práctica habitual del fiscal Stornelli, con quien colabora. En exclusiva, la filmación del primer pago, las fotos con Stornelli, las filmaciones en la fiscalía, los audios y mensajes grabados”, arranca el largo informe.

La denuncia de Echebest incluía el video donde se veía a D`Alessio recibiendo un primer pago de casi 15 mil dólares, en billetes cuya numeración se resguardó ante escribano público.

Video de la entrega: https://youtu.be/jqPquzwCApg

Los cuadernos de la extorsión: entre el lawfare y el latrocinio

Todo se precipitó. El allanamiento de la justicia al domicilio de D`Alessio halló abundante documentación probatoria de un trabajo de equipo entre operadores judiciales y agentes de inteligencia para estudiar a fondo las potenciales víctimas. Más de 20 expedientes concentraban datos familiares, estado patrimonial, debilidades y secretos personales que permitían vulnerar psicológicamente a los personajes “target”. La reconstrucción del modus operandi del grupo permite inferir que en algunos casos se pedía dinero para evitar la incriminación en la causa. En otros, se exigía la participación como “arrepentidos” o declarando en contra de enemigos políticos.

Una de las últimas operaciones en las que D`Alessio se jacta ante su jefe Stornelli se refiere a la conversión en arrepentido de Gonzalo Brusa Duvat, que trabajo en Pdvsa Argentina. Lo amenazaron con una causa judicial en el fuero penal económico, pero le dijeron que harían desaparecer ese expediente si aceptaba declarar como arrepentido ante Stornelli. Así lo hizo, y la inquisición mediática se encargó de amplificar el caso, salpicando de paso al presidente de Venezuela Nicolás Maduro.

En otros casos, los fines eran meramente recaudatorios, como el denunciado por Víctor Palomino Zitta el 23 de febrero, quien asegura que D`Alessio le pidió medio millón de dólares para mejorar su situación en una causa de contrabando. D’Alessio presionó para que entreguen medio millón de dólares que “serían repartidos entre la fiscal del caso, el juez Aguinsky, el estudio jurídico y Santoro (periodista del diario Clarín)”. Pero al mismo tiempo D’Alessio le exigió a Palomina Zitta que se convirtiera en arrepentido y declarara una serie de nombres. Así lo hizo, acusando a “gente que no conocía”, según reza la declaración ante el juzgado de Ramos Padilla. “Me sentía coaccionado ante el temor de quedar detenido y la presencia del periodista de tanto renombre”.

El concubinato de servicios de inteligencia, agentes judiciales y periodistas

D`Alessio fue detenido el 15 de febrero, y el 25 del mismo mes el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, lo procesó como integrante de una asociación ilícita “dedicada a realizar operaciones de inteligencia y acciones psicológicas sobre varias personas que luego eran extorsionadas o coaccionadas, se las hacía entrar en pánico para que finalmente declararan de un determinado modo, se transformaran en arrepentidos o entregaran dinero”.

El magistrado demuestra en las 220 páginas de su resolución el vínculo estrecho entre el fiscal Carlos Stornelli y D’Alessio a través de numerosos mensajes y audios, una reunión de cuatro horas en Pinamar y escritos de puño y letra en cuadernos secuestrados en los allanamientos. Para Ramos Padilla, algunas de las operaciones de D`Alessio estaban en conocimiento de Stornelli, que se desvinculó de su colaborador pero cuya credibilidad se ve seriamente cuestionada.

El caso también salpica a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich -quien según D`Alessio le pagaba un sueldo de 200 mil pesos mensuales- y a otros numerosos personajes mencionados por el detenido. Entre ellos, dos ex comisarios detenidos ayer.

El punto clave de todo el procesamiento del juez Ramos Padilla es que considera que existe “una comunión entre servicios de inteligencia y justicia que atentan contra el sistema democrático”. El grupo de tareas en torno a la dupla Stornelli-Bonadío utiliza extorsiones, coacciones, carpetazos, causas falsas  abogados truchos para exigirle plata a ciudadanos, pero más que eso para armar y dirigir causas judiciales.

Aparece como aberrante la promiscuidad entre servicios de inteligencia y el aparato judicial, con D`Alessia como gestor de por medio. También la cohabitación de periodistas emblemáticos del sistema: Daniel Santoro del Grupo Clarín y Eduardo Feinmam de la TV aparecen como contactos habituales de operaciones coordinadas vía WhatsApp.

Ahora, la administración colonial de Mauricio Macri intenta alejar el juez Ramos Padilla de la causa, y hacerla caer en alguna dependencia judicial adicta. Stornelli es un colaborador de larga data del presidente, un verdadero soldado de la mesa chica del poder. Lo defenderán hasta las últimas consecuencias.

Fake news: El puente de Venezuela Aid Live | Otra mentira de los medios internacionales sobre Venezuela | Página12

Fuente original: Fake news: El puente de Venezuela Aid Live | Otra m… | Página12

Otra mentira de los medios internacionales sobre Venezuela
Fake news: El puente de Venezuela Aid Live
El puente Las Tienditas está cerrado porque Colombia nunca construyó las instalaciones aduaneras.

El puente Las Tienditas está cerrado porque Colombia nunca construyó las instalaciones aduaneras. Imagen: AFP

La imagen es impactante. Tan impactante que ocupó la portada de la mayoría de los grandes diarios internacionales. Muestra un inmenso puente de tres vías con dos conteiners y un acoplado cruzados que, obviamente, impiden el paso. El puente está desierto y los títulos que acompañan a la fotografía intentan explicar porqué: “El bloqueo fue dispuesto este 6 de febrero por el gobierno de Nicolás Maduro para impedir la llegada de ayuda humanitaria a su país”. Así lo reprodujo Clarín y, palabra más o menos, así lo repitieron en todo el mundo después de que se conociera que en uno de los extremos del puente, llamado Las Tienditas, se levantaría el escenario del promocionado festival Venezuela Aid Live.

El único problema es que el 6 de febrero de 2019 no se bloqueó ningún puente. El puente está bloqueado desde el día en que terminó su construcción, a principios de 2016. En otras palabras, el puente nunca fue inaugurado y hace tres años que muestra la misma impactante imagen de la inmensidad desierta.

Los grandes medios internacionales amplificaron las mentiras sobre el puente Las Tienditas.

Los grandes medios internacionales amplificaron las mentiras sobre el puente Las Tienditas.

La historia de Las Tienditas puede resumirse en pocas líneas. Frente a una frontera colapsada por la intensidad del tránsito, acordaron su construcción los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Hugo Chávez, en alguno de los escasos momentos en que las relaciones entre los dos países no eran tan malas. Empezaron las obras en 2014 y veinte meses después estaban terminadas. O casi. Colombia nunca construyó las correspondientes instalaciones aduaneras porque ya estaba claro que el puente no se usaría. Las relaciones entre los dos países ya no eran tan buenas. Los colombianos aseguran que por decisión de Caracas. Los venezolanos aseguran que por decisión de Bogotá. Lo mismo ocurre con el financiamiento. Los colombianos sostienen que se pagó a medias. Los venezolanos sostienen que todo el dinero lo pusieron ellos. Lo que está fuera de discusión es que Colombia levantó una impresionante reja en la mitad del puente que impide desde hace mucho el paso. Si uno mira con cuidado las fotos que ahora se hicieron famosas, puede ver las rejas adelante de los conteiners.

La diferencia entre lo publicado y la realidad no es inocente. Presentar al Gobierno venezolano levantando muros en su frontera, para evitar que llegue “ayuda humanitaria” para sus ciudadanos, no contribuye a mejorar la imagen internacional de Nicolás Maduro, justo cuando es en el terreno internacional donde se juega la principal batalla por su continuidad en el cargo.

Algún desprevenido podría argumentar que en estos días, y sobre todo en los días de Donald Trump, los muros entre países no son mal vistos. Pero las noticias no están destinadas a Donald Trump. Están destinadas a convencer a los ciudadanos de todo el mundo, en especial a los estadunidenses y latinoamericanos, de que la ofensiva contra el gobierno venezolano no es por el petróleo o el coltán o el oro, ni para escarmentar a cualquiera que desafíe los mandatos de Washington, sino por “la ayuda humanitaria”.

La imagen del puente ya quedó instalada en la historia. El  Venezuela Aid Live se transmitió en cadena mundial. El promocionado objetivo del festival, financiado por el magnate británico Richard Branson y su socio colombiano Bruno Ocampo, es “conseguir ayuda humanitaria para repartir entre los necesitados venezolanos”.

Branson no oculta que la idea surgió a pedido de Juan Guaidó, el autoproclamado presidente por decisión de la Casa Blanca, ni que casualmente el día siguiente al recital es el anunciado por Guaidó, bajo el estricto cronograma fijado por Trump, como el destinado a que entre en Venezuela la “ayuda humanitaria” enviada por Washington. Si es posible por las buenas y si no queda más remedio por las malas. Como el Gobierno venezolano ya anunció que no está autorizado el ingreso “por las buenas” todo indica que si la entrada se concreta será “por las malas”.

Resulta muy difícil imaginar un desemboque pacífico y humanitario para un festival convocado por “la paz” y “la ayuda sin banderías políticas”. Aunque así lo repitieron, sin ponerse colorados, cada uno de los músicos presentes.

Las investigaciones de Saúl Landau sobre los vínculos de EUA y el régimen de Pinochet | The Nation

Fuente original: De la revista The Nation: Las investigaciones de Saúl Landau sobre los vínculos de EUA y el régimen de Pinochet | The Nation

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este medio independiente estadounidense.

Si tiene intención de hacer una donación para apoyar a The Nation, colaborando económicamente con el medio, desde la siguiente página, se pueden leer las opciones: https://www.thenation.com/support-the-nation-homepage/ (No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con The Nation, salvo la de leer cada tanto algún artículo).

Fue para The Nation un honor publicar su trabajo en un momento tan tempranos y definitivo en su carrera, cuando él trató de descubrir quién fue el responsable de la muerte brutal y prematura de su querido y consecuente amigo.

Dos eventos tristes relacionados entre sí marcaron la semana pasada: el miércoles, 11 de septiembre se cumplieron 40 años del golpe de Estado respaldado por EUA que derrocó al presidente socialista de Chile, Salvador Allende; el lunes, el gran periodista y director de documentales Saul Landau — un amigo colaborador de toda la vida The Nation — murió a los 77 años.

Los primeros artículos de Landau para The Nation se basaron en una investigación de varios años sobre el asesinato del Ministro de Exteriores de Allende, Orlando Letelier, en un atentado de coche bomba en Washington, DC, a finales de septiembre de 1976. En artículos en The Nation y en su aclamado libro de 1980, Assassination on Embassy Row, escrito con su colaborador habitual, John Dinges — que nuestro crítico Jorge Nef llamó “un provocativo estudio [que] se lee como una hipnotizante novela de espías” — Landau demostró rigurosamente que la complicidad de las agencias de inteligencia de EUA con los crímenes del régimen de Pinochet no terminó con el trágico golpe de 1973.

Apenas un mes antes de ser asesinado, Letelier — entonces miembro del Instituto de Estudios Políticos (IPS por sus siglas en inglés), que ahora celebra su quincuagésimo aniversario – publicó un artículo muy clarividente en The NationEconomic ‘Freedom’s’ Awful Toll: The Chicago Boys in Chile“, que documenta extensamente los esfuerzos de los economistas conservadores estadounidenses en convencer al régimen de Pinochet “que están preparados para complementar la brutalidad, que poseía el ejército, con la capacidad intelectual que carecían”. En un editorial la semana después del atentado – que también mató la asistente de Letelier en el IPS Ronni Moffitt, ciudadana estadounidense de 24 años de edad; e hirió a su marido, Michael, quien estaba en el asiento trasero — The Nation escribió: “Letelier hizo la conexión política esencial en ese artículo — que el tipo de organización económica que EUA fomentaba en Chile exigía absolutamente un ‘sistema de terror’ para tener éxito. Y ahora ese sistema de terror ha alcanzado y dado fin mediante el asesinato a un opositor de la dictadura que tanto trabajó EUA para instalar”.

Landau y Ralph Stavins, ambos colegas de Letelier en el IPS, se lanzaron de inmediato a una investigación para determinar tanto el responsable directo como el cómplice. En un artículo de The Nation de marzo de 1977 con el dramático título This Is How It Was Done Landau y Stavins presentaron la evidencia que vincula la policía secreta chilena DINA con el crimen:

Nuestra evidencia indica que un agente de la DINA de alto nivel aterrizó en Miami el 13 de septiembre de 1976, y se reunió con un grupo de exiliados cubanos que ya habían sido alertados de que un “contrato” estaba por venir. El agente de la DINA trabajó en los detalles del asesinato de Letelier con cuatro jóvenes terroristas, conocidos por su audacia y sangre fría. Después de haber obtenido un explosivo plástico y un dispositivo de detonación, se fueron a Washington. Allí se encontraron con los agentes de la DINA, haciéndose pasar por funcionarios chilenos, estacionadaos en la Embajada de Chile. Los agentes con sede en Washington informaron a los exiliados sobre los hábitos de Letelier, la descripción del coche, horarios de salida, ruta diaria al trabajo, lugar de estacionamiento, y el calendario de trabajo probable en el Instituto de Estudios Políticos durante la siguiente semana.

Landau y Stavins luego proporcionan un vívido relato minuto a minuto del asesinato en base a su investigación de seis meses

Cuando Letelier llegó Sheridan Circle, una mano en el coche gris [de los asesinos] presionó un botón. Michael Moffitt escuchó el sonido como “agua en un cable caliente” y luego vio a un “destello blanco”. Disparado del auto por la explosión, Moffitt intentó liberar a Letelier quien estaba inconsciente en los escombros sobre él. Sus piernas se habían separado de su cuerpo y habían sido arrojadas a unos 15 metros de distancia. Ronni Moffitt se alejó de la Chevrolet ardiente, parecía estar bien, pero en realidad había sufrido una arteria cortada y pronto murió desangrada. Michael gritó al mundo: ‘Los fascistas chilenos han hecho esto’.

Landau y Stavins entonces comenzaron a desenredar las conexiones entre los asesinos y los principales miembros del gobierno de EUA y las élites de los medios, los que Landau desarrolló aún más en las investigaciones posteriores The Nation:

La mayoría de los funcionarios del FBI y del Departamento de Justicia que investigan los asesinatos han hecho un esfuerzo concertado para lleva a los culpables ante un tribunal de justicia. Al mismo tiempo, otros agentes dentro del gobierno han filtrado materiales del maletín de Letelier, incautados por la policía como evidencia potencial en el momento de la explosión. El material filtrado apareció por primera vez en los escritorios de varios funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo, donde Letelier había servido durante muchos años. Después, el material maletín fue dado a columnistas Jack Anderson y luego a Evans y Novak. Las columnas que estos hombres escribieron intentaron desacreditar a Letelier y desviar la atención de los verdaderos asesinos el General Pinochet, la Junta chilena, la DINA y sus sicarios del exilio cubano.

Los nombres de la mayoría de los asesinos, sus motivos y su modus operandi son conocidos en el Departamento de Justicia. Lo que queda son las preguntas más fundamentales: ¿se permitirá a las autoridades estadounidenses reunir pruebas suficientes para llevar a los asesinos a juicio? ¿Van a nombrar al general Pinochet y otros miembros de junta de gobierno que ordenaron los asesinatos? Y, ¿se revelará en su totalidad el papel de las agencias de la inteligencia y la defensa de EUA, que habíam entrenado previamente los líderes de la junta, los agentes de la DINA y los exiliados?

Unos años más tarde, el propio Landau ayudó a revelar más de ese papel, en su colaboración con John Dinges. En “The Chilean Connection” (28 de noviembre, 1981), que revela nueva información sobre cómo la CIA pudo haber proporcionado información crucial e incluso la asistencia a los asesinos de Letelier y Moffitt:

A principios del verano de 1976, el coronel Manuel Contreras, jefe de la DINA, la policía secreta de Chile, lanzó una operación para asesinar al líder exiliado chileno Orlando Letelier. Ahora se ha sabido que a los pocos días de la creación de esa consipiración Contreras realizó una visita secreta a Washington, DC, donde se reunió con funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia y también negoció la compra de armas ilegales y equipos de espionaje electrónico con una empresa dirigida por el los antiguos funcionarios de la CIA Edwin Wilson y Frank Terpil.

Wilson y Terpil se habían dado a conocer después de que un gran jurado federal los acusara de exportar bienes y servicios terroristas al Coronel Muammar ‘el-Qaddafi de Libia, cuyo régimen clasifica alto en la lista de los enemigos de la Administración Reagan. En 1978, la Oficina Federal de Investigaciones había establecido que agentes de la DINA mataron Letelier en territorio de EUA. Esa evidencia, combinada con los materiales recién revelados muestran que antiguos funcionarios de la CIA han cooperado con otras operaciones encubiertas de la DINA en los EUA, parece poner en peligro los esfuerzos de la Administración para rehabilitar la dictadura militar de Chile como un aliado anticomunista.

En otro artículo sobre el tema el año siguiente, “The CIA’s Link to Chile’s Plot,”, Landau y Dinges revelaron que Contrera también se había reunido dos veces con el funcionario de segundo rango más alto de la CIA, subdirector Vernon Walters. Una de dichas reuniones se produjo justo un mes antes del asesinato..

El nombre de Walters ha surgido varias veces en relación con Contreras y los agentes de la DINA que planearon el asesinato, de acuerdo con la evidencia recopilada por el FBI que muestra que Walters viajó a Asunción, Paraguay, en junio de 1976, por motivos de trabajo de la agencias. Un mes después, dos agentes de la DINA asignados para matar a Letelier llegaron a Paraguay para obtener pasaportes falsos, usando el nombre de Walters y alegando que Walters y la CIA sabían sobre la misión de la DINA a Washington. Walters ha negado que tuviera nada que ver con los agentes de la DINA o la pasaportes falsos …

La pregunta más grande sin responder dejó inquietudes sobre la relación de la CIA y la DINA y [el asesino de Letelier Michael] Townley en el momento del asesinato. ¿Por qué pudieron agentes de la DINA entrar y salir libremente de EUA? ¿Estuvieron funcionarios de la CIA implicados en eludir el embargo de armas del Congreso contra Chile, y por lo tanto obligados a guardar silencio sobre la actividad de la DINA en Washington en el momento del asesinato de Letelier por temor a revelar otro escándalo de acción encubierta de la CIA?

En 1987, Landau y Dinges llevaron a cabo una entrevista con Armando Fernández Larios, un ex oficial de la DINA, que huyó a EUA para poder revelar la verdad de la participación directa de Pinochet en el asesinato de Letelier. Los autores hablaron con Fernández Larios en una habitación de un motel de Virginia bajo esticta seguridad del servicio de US Marshal.

Fernández ha nombrado a seis generales y coroneles que han jugado un papel directo en el asesinato o en ordenar suencubrimiento. Y ha señalado al Presidente. Dice que el subjefe de la DINA Espinoza, uno de los pocos del círculo íntimo en condiciones de conocer, le dijo que Pinochet había dado la orden de matar a Letelier. Según Espinoza, Fernández dijo que el jefe de la DINA, Contreras admitió a otro general que había puesto plan del asesinato de Letelier en marcha porque había recibido órdenes es en ese sentido. Cuando se le preguntó por quién, Contreras respondió: “Pregúntele al jefe”, que tanto Espinoza como Fernández interpretaron como una referencia al general Pinochet, el único superior de Contreras..

En tantos temas, desde Chile a Irak, la globalización a la lluvia radiactiva Landau “hizo un llamado a todos a que pensáramo, sentó un ejemplo para imitar en sus luchas por la justicia y dejó para siempre su huella”, como escribió en su conmovedor homenaje en The Nation Andrés S. Pertierra. Fue para The Nation un honor publicar su trabajo en un momento tan tempranos y definitivo en su carrera, cuando él trató de descubrir quién fue el responsable de la muerte brutal y prematura de su querido y consecuente amigo.

Irán / Contras fue el prototipo de la aventura imperial posterior a Vietnam | The Nation

Fuente original en inglés: Iran/Contra Was the Prototype for Post-Vietnam Imperial Adventure | The Nation

Como siempre, recomiendo visitar el sitio del artículo original, para obtener mayor información del tema y, en este caso, para conocer el enorme trabajo periodístico de este medio independiente estadounidense.

Si tiene intención de hacer una donación para apoyar a The Nation, colaborando económicamente con el medio, desde la siguiente página, se pueden leer las opciones: https://www.thenation.com/support-the-nation-homepage/ (No tengo ninguna relación comercial, laboral o personal con The Nation, salvo la de leer cada tanto algún artículo).

En el 30 aniversario, podemos ver que fue un proyecto ideológico, con la Nueva Derecha reafirmando la virtud del militarismo y los mercados.
Por Greg Grandin.
25 de octubre de 2016

La atención se fija en otra parte, pero vale la pena tomarse un momento al hacer clic en 538, para considerar que nos estamos acercando rápidamente al 30 aniversario del escándalo Irán / Contras. El 5 de octubre de 1986, un joven soldado sandinista llamado José Fernando Canales Alemán disparó un misil tierra-aire SAM-7 y derribó un avión de suministro C123K de la CIA. De su tripulación, solo Eugene Hasenfus sobrevivió, lanzándose en paracaídas en la jungla. “¿Y ahora, Rambo?”, Le preguntó un sandinista después de que fue capturado un día después. Hasenfus había volado previamente misiones de la CIA en Laos y Vietnam, en el infame programa Air America de la CIA. En Nicaragua, confesó que formaba parte de una red clandestina que estaba suministrando armas ilegalmente a los Contras apoyados por Ronald Reagan, que volaba desde Ilopango, El Salvador, y arrojaba armas en lugares dispuestos escondidos.

Unas pocas semanas después, el 3 de noviembre de 1986, un periódico semanal libanés, Al Shiraa, fue el primero en informar la otra cara de la historia: los funcionarios clave del gobierno de Reagan, incluido Robert McFarlane, entonces asesor de seguridad nacional de Reagan, y el veterano de Vietnam y carismático católico Oliver North, un empleado del NSC, había visitado el Irán revolucionario y realizó una venta de armas con representantes del ayatolá Ruhollah Jomeini. Los informes de seguimiento presentaron inicialmente la operación como una oferta de la Casa Blanca para abrir un canal de retorno con Teherán para negociar la liberación de los rehenes estadounidenses retenidos en el Líbano. Pero luego se reveló que las ganancias de las ventas de armas fuera de los libros a Irán, que incluían la participación de Israel, se utilizaron para comprar las armas que Hasenfus y otros estaban pasando a los Contras. El Congreso, en 1982 y 1984, había prohibido a los Estados Unidos proporcionar ayuda militar a los Contras, por lo que se trataba de una solución alternativa.

La operación dio por resultado, dijo una fuente del gobierno a Time, “el salir corriendo del ala oeste” de la Casa Blanca de un grupo de empleados ideológicamente comprometidos, casi todos cristianos como North, ultramontanos de derecha, que se llamaban a sí mismos “los Cowboys”. “Era un negocio de alto riesgo y bolsillo”, dijo la fuente. Pronto quedó claro que las acciones de los Cowboys ya no podían mantenerse en secreto, por lo que Oliver North y su jefe, John Poindexter (que había reemplazado a McFarlane como asesor de seguridad nacional), pasó un fin de semana en las entrañas de la Casa Blanca destruyendo documentos y eliminando correos electrónicos en masa. Cuando la trituradora de North se sobrecargó del volumen, su secretaria, Fawn Hall, llevó de contrabando documentos en sus botas a otra máquina.

En el transcurso de los próximos años, una comisión presidencial encabezada por John Tower, el abogado independiente Lawrence Walsh y varios comités de la Cámara de Representantes y el Senado, incluido uno encabezado por el entonces senador John Kerry, revelaron varios aspectos de la conspiración. Heroicos periodistas de investigación de primera línea, entre ellos Robert Parry, Peter Kornbluh, Alfonso Chardy y, más tarde, Gary Webb, descubrieron aún más detalles.


Era mucho más que una venta ilegal de armas y la transferencia de fondos para eludir al Congreso y armar a los insurgentes anticomunistas.


La cantidad de información y el denso nexo de las relaciones políticas y económicas descubiertas fue asombrosa, revelando la conspiración, aunque la palabra “conspiración” no hace justicia a lo que se conoció como Irán / Contra, por ser mucho más que armas ilegales. Venta y transferencia de fondos para eludir al Congreso y armar a los insurgentes anticomunistas. Hoy, todos los ángulos y jugadores involucrados son confusos: La Penca, la cocaína, William Casey y los Caballeros de Malta, Ross Perot, la Liga Mundial Anticomunista, Mena, la Oficina de Diplomacia Pública, el Sultán de Brunei, Colombia, Manuel Noriega, Dick Cheney, Robert Kagan, Manucher Gbanifarifar, Otto Reich, Michael Ledeen … es tan difícil mantener el orden como la trama de una novela de Dan Brown.

Los principales medios de comunicación y el Congreso controlado por los demócratas se esforzaron por comprender las revelaciones al estilo Watergate: es decir, intentaron, mediante informes y audiencias públicas, enmarcar las actividades de la administración Reagan como transgresiones de unas pocas manzanas podridas, como una violación del procedimiento llevado a cabo por un NSC pícaro. A principios de la década de 1970, Watergate fue mucho más que el robo de la sede de la campaña del Partido Demócrata por parte de los “plomeros” de la administración de Nixon: el contexto más amplio de ese crimen estaba relacionado con la guerra de agresión imperial de Estados Unidos en el sudeste asiático, particularmente el bombardeo secreto de Camboya de Nixon y Kissinger. Pero cuando Nixon renunció en 1974, el robo se había reducido a la política doméstica y la psicología personal, a la paranoia de Nixon. El insípido y repetido cliché usado para describir a Watergate, “no es el crimen, sino el encubrimiento”, es en sí mismo parte del encubrimiento, que se desvía de los supuestos intervencionistas y militaristas que motivaron el crimen en primer lugar.

Se hicieron esfuerzos para hacer lo mismo con Irán / Contras, para poner a Reagan o al colorido North (quien intentó en el congreso tomar su espada para salvar a Reagan) y recomendar, como corrección, una mayor supervisión del NSC. Pero a diferencia de Watergate, hubo demasiadas partes móviles en la conspiración Irán / Contra, demasiados hilos en la trama, demasiados relatos como para que pareciera un texto sobre la arrogancia de Shakespeare, sobre un gran hombre que estaba siendo abatido por llegar demasiado alto. Al final del día, 11 funcionarios de nivel medio fueron condenados, en su mayoría por delitos como la destrucción de pruebas, pero todos fueron indultados, la mayoría por George H. W. Bush en la víspera de Navidad de 1992, justo después de haber perdido la Casa Blanca contra Bill Clinton. Sin embargo, antes de ese perdón, el público ya había perdido el hilo. Los demócratas, en su mayoría, con muchas horas de audiencias transmitidas por PBS, nunca cuestionaron los objetivos subyacentes por los que Irán / Contra fue diseñado para llevar a cabo, ni una sola vez criticaron los supuestos de la política bipartidista de Washington en el Medio Oriente o su guerra brutal e inhumana contra los sandinistas. Mi parte favorita del teatro Irán / Contras se encuentra en este video clip de 1987, disponible en YouTube, del senador por Maine George Mitchell, un demócrata, dando lectura a North, quien prácticamente había confesado. Durante casi ocho minutos, Mitchell se dilata sobre las virtudes procesales de los Estados Unidos, su “estado de derecho”, su sistema constitucional, su “apertura”, que permite a todos los inmigrantes tener una “oportunidad igual” y el derecho a criticar al gobierno. North había testificado anteriormente que había estado haciendo el trabajo de Dios, lo que le valió el reproche de Mitchell: “Dios no toma partido en la política estadounidense, y en Estados Unidos el desacuerdo con las políticas del gobierno no es evidencia de falta de patriotismo”.

Pero Mitchell ya había perdido el argumento: había comenzado su sermón admitiendo la legitimidad de intervenir en Nicaragua y “contener” a los sandinistas. “No hay desacuerdo sobre eso”, dijo el senador. OK, entonces, North podría haber respondido, ¿por qué estamos aquí? Pero él no dijo nada. Él no hizo ningún sonido. Se sentó allí escuchando en absoluto silencio. Mitchell, por otro lado, seguía hablando. Y hablando. Y hablando, afectado por una verborrea nacida del agotamiento político del New Deal. Pero habiendo aceptado la premisa del anticomunismo de North, realmente no tenía nada que decir aparte de las objeciones sobre los medios. Un North teutónico, con el mentón en alto y un cofre lleno de medallas en su uniforme almidonado, sabía que él, y la coalición de la Nueva Derecha que él representa, había ganado el debate político sin decir una palabra.

Un año después de la conferencia de Mitchell, durante la campaña para suceder a Ronald Reagan, Michael Dukakis, candidato demócrata a la presidencia, trató de sacar algo de Irán / Contras. No pudo. Después de plantear el tema en uno de sus debates con George H.W. Bush, Bush respondió como si estuviera sacudiendo una mosca: “Asumiré toda la culpa” por Irán / Contras, dijo Bush: “si me conceden la mitad del crédito por todas las cosas buenas que han sucedido en la paz mundial desde entonces”. Ronald Reagan y yo nos hicimos cargo de la administración de Carter”. Dukakis no volvió a plantear el problema.


Muchos de los actores clave involucrados en Irán / Contra tomaron posiciones influyentes en la administración de George W. Bush.


En Empire’s Workshop, que salió hace una década, traté de alejarme del agujero del conejo y ver a Irán / Contras no como un crimen o conspiración sino como un momento histórico consecuente que ayudó a unir a los diversos grupos políticos que conformaban la Nueva Derecha Reaganiana, incluidos los neoconservadores de primera generación, los teoconservadores, los anticomunistas de la ley y el orden, los traficantes económicos y los veteranos descontentos de Vietnam, mercenarios y operadores encubiertos. La motivación inmediata para ese libro fue tratar de averiguar por qué tantos de los jugadores clave involucrados, ya sea en la ejecución o en la justificación de Irán / Contras, habían vuelto a ganar influencia.

Jeane Kirkpatrick, embajadora de Reagan en la ONU, dijo que América Central era “el lugar más importante del mundo para Estados Unidos”. En el mundo había muchas cosas en el mundo en la década de 1980, por lo que los comentaristas tenían dificultades para dar una opinión sobreello. Pero la importancia de América Central (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua) descansaba en su poca importancia: no había una carrera de armamentos ni recursos críticos, y la región estaba directamente en la esfera de influencia de Washington. En otras palabras, a diferencia de Líbano y Siria, donde Reagan se negó a comprometerse, Centroamérica podría ser entregada a los conservadores del movimiento sin temor a una gran explosión.

¿Qué era entonces Irán / Contras? Muchas cosas.

Primero, era una vasta red de recaudación de fondos encubierta, que iba mucho más allá de Irán y más allá del objetivo de armar a los Contras. La financiación provino de cuatro fuentes principales: terceros países aliados, como Arabia Saudita; las bases conservadoras que, a través de varios activistas de derecha coordinados por North, contribuyeron a la causa antisandinista; hombres de negocios adinerados de EE. UU., muchos de ellos vinculados a la industria extractiva, como Ross Perot; y los carteles de la droga de América Latina (gran parte del dinero se transfirió a través de la Panamá de Manuel Noriega; la infraestructura de transporte de los carteles se utilizó para llevar armas a los Contras y, a su vez, las drogas a los Estados Unidos, como escribió North en su diario personal: “El DC-6 hondureño, que se está utilizando para las ejecuciones fuera de Nueva Orleans, probablemente se está usando para pasar drogas en los Estados Unidos).

En segundo lugar, esta red densa y transnacional de recaudación de fondos, que incluía la Mayoría Moral de Jerry Falwell y el Consejo de Libertad de Pat Robertson, era más que logística. Ayudó a unir grupos diversos, a menudo marginales, en una campaña unificada. Fue, por ejemplo, la primera vez que los neoconservadores y la derecha religiosa trabajaron juntos en un proyecto extenso. Mucho antes de que esos dos grupos se unieran después del 11 de septiembre para luchar contra el Islam radical, la red logística que sustentaba a Irán / Contras les permitió calentarse contra otra “religión política”: la Teología de la Liberación, el socialismo cristiano de América Latina, que luchó contra las juntas militares respaldadas por Estados Unidos, buscando lograr la justicia social a través de una redistribución de la riqueza. Para evitar la oposición pública y del Congreso, la Casa Blanca subcontrató el componente de “corazones y mentes” de sus guerras centroamericanas a los evangélicos. Esto le dio a la derecha religiosa su primer sabor real de poder dentro del Partido Republicano y la acercó a otros grupos dentro de la revolución de Reagan. El Foro Águila de Phyllis Schlafly envió “Kits de amistad de los luchadores de la libertad” [“Freedom Fighter Friendship Kits”] a los Contras, con pasta de dientes, repelente de insectos y Biblias. Gospel Crusades Inc., Friends of the Americas, Operation Blessing, World Vision, Wycliffe Bible Translators y World Medical Relief también enviaron cientos de toneladas de ayuda humanitaria a los rebeldes anti-sandinistas y campos de refugiados hondureños, donde establecieron escuelas, clínicas de salud y misiones religiosas. Operaciones similares se llevaron a cabo en El Salvador y Guatemala, donde Pat Robertson usó su Red de Radiodifusión Cristiana [Christian Broadcasting Network] para recaudar fondos para Efraín Ríos Montt, el cristiano evangélico que presidió el genocidio de Guatemala en 1982, que mató a más de 100.000 indios mayas.

En tercer lugar, el dinero recaudado por la vasta operación de recaudación de fondos de Irán / Contras se usó no solo para librar una guerra en Nicaragua, sino también para pelear operaciones psicológicas aquí, en territorio estadounidense, para neutralizar la oposición política en el Congreso y desviar la opinión pública crítica. La Oficina de Diplomacia Pública, encabezada primero por Otto Reich y luego por Robert Kagan, se enfocó en los periodistas y la opinión pública, mientras que la Casa Blanca trabajó estrechamente con organizaciones conservadoras “independientes” de base para derrotar a los opositores del Congreso y vigilar y hostigar a los activistas anti-intervencionistas en organizaciones como el Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador. Los detalles son demasiado amplios para relacionarlos aquí, pero un borrador del capítulo en el informe Irán / Contras del Senado llamó a estas actividades “lo que podría hacer una operación encubierta de la CIA en un país extranjero“; ellos “intentaron manipular los medios de comunicación, el Congreso y la opinión pública para apoyar las políticas de la administración Reagan”.

Finalmente, Irán / Contras era en su corazón un proyecto ideológico. No fue suficiente para los militaristas y los neoconservadores descubrir formas de librar una guerra ilegal en secreto. La supervisión del Congreso fue solo una parte del problema, y ​​se superó fácilmente. Lo que tuvo que ser derrotado fue el antimilitarismo y el cinismo generalizado y difuso en relación con el uso del poder estadounidense que había superado al público estadounidense desde la década de 1960, con la pérdida de la guerra en Vietnam y el escándalo de Watergate.

Para este fin, la guerra ilegal contra los sandinistas brindó una oportunidad: Reagan defendió el apoyo a los Contras en términos altamente idealistas, describiendo las contrainsurgencias como los “equivalentes morales” de los padres fundadores, como portadores de la antorcha de Tom Paine y Abraham Lincoln. Esta es la primera vez que el Partido Republicano moderno utiliza un lenguaje tan grandioso para describir una intervención extranjera; antes de esto, de Wilson a JFK, una retórica elevada y similar había sido propiedad de los demócratas. De manera similar, los intelectuales de la derecha religiosa, junto con los protestantes conservadores de la línea principal, utilizaron la guerra contra la Teología de la Liberación, identificada por uno como “el problema más crítico que el cristianismo ha enfrentado en toda su historia de 2.000 años” para ofrecer una defensa ética proactiva de los mercados y el militarismo, para insistir en que la riqueza y el poder eran un signo de la gracia de Dios. Y los neoconservadores tuvieron la oportunidad de probar argumentos, que finalmente ganarían después del 11 de septiembre, sobre el poder del poder ejecutivo para librar una guerra irresponsable. La oficina del representante de Wyoming Dick Cheney escribió el informe en disenso a la condenada investigación del Congreso, que hizo “el caso de la primacía presidencial sobre las relaciones exteriores“. Preguntado años más tarde, en 2005, cuando su guerra en Irak estaba colapsando en una catástrofe, sobre sus opiniones sobre la guerra y de la presidencia, el vicepresidente Cheney respondió: “Si desea una referencia a un texto solitario, consulte los puntos de vista de las minorías que se presentaron ante el comité Irán / Contras”.

Así que Irán / Contras fue, en su suma, una vasta solución logística e ideológica, una forma de evitar las restricciones específicas a raíz de Vietnam y Watergate que el Congreso puso al poder ejecutivo para emprender la guerra y realizar actividades secretas y neutralizar un sentimiento contra la guerra y anti-intervencionista más difuso que había convencido al público estadounidense. El apoyo a los Contras permitió que las diversas tensiones seculares y religiosas de la Nueva Derecha reafirmaran una vez más la justicia moral del militarismo y los mercados. No debe, entonces, considerarse como una conspiración, sino como LA conspiración, una conspiración de conspiraciones: un crimen de estado que hace que todos los demás delitos de estado sean posibles, menos de Código Da Vinci de Dan Brown (una conspiración de una pequeña camarilla) y más de The Cold Six Thous de James Ellroy (la totalidad de la ideología estadounidense).

Watergate, en nuestro imaginario político, vuelve una y otra vez como el escándalo “bueno”, una metáfora recursiva que puede aplicarse según sea necesario para dar sentido a los inevitables abusos de poder que afligen a todos los sistemas políticos. Como se mencionó anteriormente, Watergate, involucrado en la política de la guerra imperial secreta en el sudeste asiático, fue mucho más que el corazón oscuro de un presidente caído. Pero su poder metafórico es que puede reducirse a esta ecuación obvia: el poder absoluto corrompe absolutamente. Sin embargo, incluso mientras se contenía la moral política de Watergate, el arte inspirado en el crimen era libre e inquisitivo. La paranoia y las maquinaciones de Nixon inspiraron, directa o indirectamente, algunas de las mejores películas de conspiración del nuevo cine, entre ellas, The Conversation, The Parallax View, Three Days of the Condor y Marathon Man, entre otras películas.

¿Pero Irán / Contras? Nada, en realidad. No Cost Out, de Kevin Costner, se presentaba en teatros durante el testimonio de North, pero era edulcorada, refractaria y contenida. Después de esto, era tan probable que la conspiración fuera atribuida a los extraterrestres como a la política del imperio y el capital. Nos hizo a todos nosotros, especialmente a los periodistas de investigación como Gary Webb, que no soltamos la historia, un poco como Gene Hackman, quien al final de The Conversation baja su saxofón y comienza a levantar las tablas del suelo y despegar el yeso hasta los listones para encontrar los insectos, que, ya sea que estén allí o no, nunca pueden rastrearse hasta su origen. Iran / Contra destruyó el género de la película de conspiración, como si Hollywood de alguna manera interiorizara el hecho de que la naturaleza de las relaciones sociales revelada en los muchos miles de páginas de informes oficiales no podía ser representada, ni siquiera invocada, y dejó de intentarlo. Su legado es The X-Files, un espectáculo que se derrumbó en su propio barroco, una cualidad muy común hoy en día.

Para conmemorar el 30 aniversario del derribo de Hasenfus, mostré a mi estudiante de licenciatura en relaciones entre Estados Unidos y América Latina algunas escenas de la gran película de Alex Cox, Walker, protagonizada por Ed Harris y Marlee Matlin, con pequeñas partes del fallecido Joe Strummer y el líder sandinista, Tomás Borge, quien también falleció. La producción en expansión, liderada por el director británico Cox y su guionista Rudy Wurlitzer, llegó a Nicaragua solo unos meses después de que Irán / Contra se rompiera, con la guerra en pleno apogeo. La película es nominalmente sobre el filibustero William Walker, interpretado por Harris, quien en la década de 1850 invadió Nicaragua, se declaró presidente y restauró la esclavitud, que Nicaragua había abolido décadas antes. Pero en realidad se trata de la guerra de los Contras, y de cómo la intervención militar crónica en nombre de Cristo y la libertad individual ha destruido la idea del tiempo como un fenómeno lineal. La guerra imperial y las operaciones encubiertas crean, especialmente en América Latina, un presente eterno, un momento incomprensible ahora, en el que las justificaciones son siempre las mismas. Emprender la guerra bajo la bandera del progreso durante más de un siglo tiene la desafortunada consecuencia de destruir la noción de progreso.

También proyecté fragmentos de Dispatches from Nicaragua, un documental sobre la “realización” de la película. Mi corazón siempre revolotea un poco cuando veo a Ed Harris y Marlee Matlin lanzando una pelota de béisbol de un lado a otro, con Matlin vestida con una camiseta roja y negra de Sandinista, y Joe Strummer imitando las técnicas que usan los diferentes actores para mantener la cámara sobre ellos en escenas donde no tienen diálogo. O cuando los miembros del equipo de filmación asisten a una manifestación frente a la embajada de los Estados Unidos para protestar por el asesinato contra de Ben Linder, un ingeniero de Portland que estaba ayudando a una comunidad rural en el norte de Nicaragua a construir una pequeña represa hidroeléctrica. Y está el director Alex Cox, demacrado, parado en una playa vestido sólo con un short de gimnasia, justificadamente, en contra de la agresión estadounidense. Tanto Walker como Dispatches capturan un momento más inocente y moralmente seguro para ser antiimperialistas (especialmente considerando las corrupciones de la versión actual de los sandinistas), un punto que creo que no se perdió en los estudiantes.

El antiimperialismo solo puede ser un proyecto tan coherente y racional como el imperialismo que pretende impugnar, y desde el 11 de septiembre, es decir, desde el triunfo de la coalición que se unió por primera vez durante Irán / Contras y la locura de nuestra respuesta en Irak, Siria, Libia, Afganistán y otros lugares, no ha habido nada racional ni coherente en la política exterior y el militarismo de los Estados Unidos.

Greg Grandin, es miembro de la junta editorial de The Nation y profesor de historia de la Universidad de Nueva York, es el autor de La sangre de Guatemala, La última masacre colonial [The Blood of Guatemala, The Last Colonial Massacre] y, en breve, El fin del mito: de la frontera al muro fronterizo en la mente de América [The End of the Myth: From the Frontier to the Border Wall in the Mind of America].

A %d blogueros les gusta esto: