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Luz, cámara, intimidación | Los trabajadores de la … | Página12

“El diálogo que declama Hernán Lombardi es muy democrático: ninguna interlocución, patrulleros y un carro de asalto de la Policía Federal en la puerta del canal para disciplinar a los peligrosos periodistas”, denunciaron los trabajadores de Canal 7. Todavía no hay programación anunciada para el 2018. Los trabajadores advirtieron que mientras promueven la racionalización, le garantizaron un sueldo de “más de 190 mil pesos mensuales” a la mujer del ministro de Modernización, Andrés Ibarra.
La Policía de la Ciudad apareció custodiando canal 7 y los trabajadores denunciaron la presencia de agentes de civil en el interior.
La Policía de la Ciudad apareció custodiando canal 7 y los trabajadores denunciaron la presencia de agentes de civil en el interior. 

La puerta de la TV Pública amaneció hoy con dos móviles policiales apostados sobre la Avenida Figueroa Alcorta. En el estacionamiento al aire libre del canal, sobre la otra puerta de ingreso, una camioneta de las fuerzas de seguridad se hacía ver debajo de la sombra de algunos árboles. El objetivo era unívoco: hacer que todos los trabajadores de la TV Pública que llegaban al canal vieran la presencia policial. En medio del estado de asamblea permanente en el que se encuentran los trabajadores de la TV Pública, tras el comunicado del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos (SFMyC) en el que se adelanta una política de ajuste en la emisora estatal, las autoridades decidieron responder al pedido de reunión reforzando de manera intimidatoria la presencia policial. “Incluso, pudimos constatar la presencia de policía de civil dentro del canal”, denunció a Página/12 Agustín Lecchi, delegado Sipreba de la TV Pública. Los trabajadores de la TV Pública denuncian un lock out patronal. Página/12 intentó comunicarse con alguna de las autoridades del SFMyC pero no obtuvo respuesta.

Lejos de propiciar el diálogo tantas veces declarado, las autoridades del SFMyC, encabezadas por Hernán Lombardi, sumaron tensión al clima de incertidumbre que desde hace algunas semanas se vive en los medios públicos. El objetivo expresado públicamente de reducir el personal de planta de la TV Pública y negociar el Convenio Colectivo de Trabajo desató temor entre los trabajadores. “Propusimos la modificación del convenio colectivo de trabajo, firmado hace 45 años y completamente obsoleto frente a los cambios tecnológicos, lo que genera altísimos costos de producción”, afirmó el SFMyC en el comunicado del viernes último. No contentos con la difusión de ese anhelo, los móviles de la Policía de la Ciudad y de la Federal en las inmediaciones del edificio de la TV Pública producen una escalada de tensión a priori innecesaria.

“Estuvimos hoy en distintos momentos del día con móviles policiales en la puerta, un carro de asalto y policías de civil dentro del canal. Estamos en asamblea permanente pero no somos delincuentes, somo trabajadores que estamos llevando a cabo una medida gremial. Tenemos motivos para hacerlo porque venimos con una situación de extorsión de parte de las autoridades, pero nunca en ninguna asamblea de la historia hubo algún motivo para tener que sacar la discusión afuera del canal y mucho menos para traer a las fuerzas de seguridad. Lo entendemos como una amenaza, un amedrentamiento y una provocación”, subrayó Lecchi.

El amedrentamiento de parte de las autoridades para con cualquier actividad gremial que se produzca en los medios públicos no parece ser un hecho aislado, sino más bien una política para imponer el ajuste. La semana pasada, el vicedirector de Radio Nacional, irrumpió en medio de una asamblea que analizaba las medidas a tomar ante los 16 despedidos en la emisora estatal, filmando a los trabajadores presentes con su propio teléfono móvil. En el día de hoy, también móviles policiales se hicieron presentes en la sede del Canal de la Ciudad, donde sus trabajadores están de paro y ocuparon los estudios ante los cinco despidos comunicados la semana pasada y la amenaza de que otros treinta se efectivicen en las próximas semanas. Estas cesantías se producen luego de los 180 despidos que se produjeron en el área de contenidos de la TDA (CIARA), y a los 33 de Pakapaka, Encuentro y DeporTV, a quienes se deben sumar los 89 retiros voluntarios en esos mismos canales.

La reducción de personal no es el único problema que enfrentan los medios públicos. El ajuste ya se percibe en las pantallas. En Encuentro, Pakapaka y DeporTV la repetición de programas y los “enlatados” extranjeros son moneda corriente desde hace meses. En la TV Pública, la merma en la producción empieza a sentirse de cara a una programación 2018 de la que nada se sabe. La tercerización de la producción ya comenzó: mientras históricamente los festivales de verano eran realizados por personal propio del canal, este año la transmisión del “Festival de la doma y folclore de Jesús María” lo está transmitiendo personal externo al canal, mediante un móvil de Adart Producciones (fundada en 1987 por Alejandro Gruz y Daniel Burak). Mientras tanto, el móvil de la TV Pública descansa en la puerta del canal. Otro caso que demuestra la disminución en la producción propia es que el noticiero matutino del canal, que hasta hace unos meses tenía una duración diaria de tres horas (de 7 a 10), se redujo una hora a mitad de año (de 8 a 10) y actualmente sólo se emite de una hora (8 a 9). De hecho, con excepción de los noticieros, el único programa en vivo y de producción propia (junto a Kapow) que emite la TV Pública en la actualidad es Cocineros argentinos.

En este contexto, los trabajadores de la TV Pública difundieron un comunicado titulado “El Ministerio Policial de Medios y Contenidos Públicos quiere liquidar la TV Pública” en el que denuncian un “lock out patronal” peligroso. “Con un cinismo pocas veces visto, y mientras proclama entre sonrisas diálogo, pluralismo y amplitud de voces, el SFMyC -detallan los trabajadores- lanza sin previo aviso una guerra contra los periodistas y los trabajadores del único canal de gestión pública del país. Esto se lleva adelante de la mano de despidos en Radio Nacional, TDA, señales Pakapaka, Encuentro, DeporTV y el Canal de la Ciudad. La estrategia a cargo de Hernán Lombardi busca presentar a los trabajadores y sus salarios como el problema, al mismo tiempo que vacía sin pudor al canal de sus contenidos, a tal punto que, tras la renuncia del Director Ejecutivo de la Televisión Pública, Horacio Levin, en diciembre de 2017, no hay aún ninguna programación conocida, prevista o en marcha para 2018. Una curiosa forma de gestionar los contenidos de los medios públicos cuando deja a la TV Pública a la deriva, reduce horarios de trabajo que empobrecerán inevitablemente los noticieros, y anuncia la paralización total de Canal 7 durante los fines de semana, con la excusa del ´ahorro´.”

En el comunicado, los trabajadores de la TV Pública denuncian que no parece ser la “austeridad” el objetivo buscado por el SFMyC, teniendo en cuenta el sueldo que cobran algunos funcionarios dentro de RTA. “El ahorro y la racionalización que tanto desvelan al Ministerio de Modernización conducido por Andrés Ibarra -señala- cuando se trata de salarios de los trabajadores, pero que no cuenta cuando se trata de colocar a su mujer, Carla Piccolomino, en el área de Relaciones Institucionales de Canal 7, con un sueldo superior a los 190 mil pesos mensuales”. El texto, además, desmiente que la planta de personal en el área de noticias se haya incrementado en un 70 por ciento durante el kirchnerismo, tal como afirmó el SFMyC. “El diálogo que declama Lombardi -cierran los trabajadores- es muy democrático: ninguna interlocución, patrulleros y un carro de asalto de la Policía Federal en la puerta del canal para disciplinar a los peligrosos periodistas, a quienes se empuja a un conflicto que no buscamos ni pretendemos.”

A través de Luz, cámara, intimidación | Los trabajadores de la … | Página12

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Libya, Syria, Ukraine – one script, three stories – NationofChange

Libia, Siria, Ucrania: un guion, tres historias.

La táctica fundamental en Libia, Siria y Ucrania fue la misma: irritar a la población y luego dar un golpe de estado en medio del caos, mientras afirmaban liberar al pueblo.

La geopolítica se vuelve mucho más fácil si podemos discernir patrones repetitivos. Por ejemplo, el hilo común a través de las crisis en Ucrania, Libia y Siria es un libro de jugadas, inteligente pero despiadado de cambio de régimen. Esta estratagema de derrocar a los gobiernos mientras se mostraban como nobles tal vez debería llamarse la “geopolítica de las lágrimas de cocodrilo”.

Hubo momentos en la historia en que un país poderoso simplemente invadía a los más débiles. Ahora las élites recurren a elaborar guiones al estilo de Hollywood rebosantes de héroes inspiradores, historias tristes y esfuerzos altruistas.

La táctica fundamental en Libia, Siria y Ucrania fue la misma: irritar a la población y luego dar un golpe de estado en medio del caos, mientras afirmaba liberar al pueblo.

El golpe se lleva a cabo en muchas etapas.

  • Etapa 1: Protestas planificadas.
    Etapa 2: matan a los manifestantes, lo que lleva a indignación y resoluciones / sanciones de los EE. UU.
    Etapa 3: motín armado e intentos de forzar al gobierno a salir.
    Etapa 4: si la Etapa 3 falla, patrocine una guerra civil hecha y derecha para derrocar al gobierno.

A través de (original en inglés): Libya, Syria, Ukraine – one script, three stories – NationofChange

Del periódico El País considerado como una de las bellas artes – Edición General

Cada día, el periódico más leído en español se supera a sí mismo. Una cohorte de héroes ha navegado en lo más profundo del subconsciente para hacer de El País una obra de arte.

 Confieso que yo era uno de tantos que cada mañana, día sí y día también, tras leer alguna de las columnas de El País, iniciaba una cansina repetición de diatribas acerca de su periodismo de cloaca. Esto formaba parte de mi improductivo ritual mañanero hasta el inolvidable día 20 de noviembre, en que leí el artículo titulado: “Podemos, caballo de Troya para las posiciones del Kremlin”. Ahí se recogía el informe publicado por Atlantic Council, un think tank al servicio de la OTAN, patrocinado entre otros por la FOX, los Emiratos Árabes, Crescent Petroleum, el fondo buitre inmobiliario Blackstone, la Abu Dhabi National Oil Company, la propia OTAN, y una larga lista de empresas de energía atómica, seguros o aeronáuticas, todas ellas de probado carácter altruista.

El informe defendía una estrafalaria teoría acerca de la influencia de Rusia en Syriza, el Movimiento 5 Estrellas italiano, diversos grupúsculos de extrema derecha y Podemos. Con respecto a este último, se reconocía que este partido no presta apenas atención a la política internacional y que sus dirigentes jamás emiten opiniones positivas acerca de Rusia o Putin, con los que, por otra parte, mal pueden estar de acuerdo –se afirmaba–, dado el posicionamiento de Podemos “contra las oligarquías y a favor de los derechos sociales”. Incluso se concedía que “algunos dirigentes” (en una nota al pie ese “algunos” era Pablo Iglesias) habían criticado en ocasiones la política rusa. Sin embargo, estos hechos no contradecían su afirmación de que Podemos es en realidad un caballo de Troya al servicio de la inteligencia rusa para desestabilizar occidente. ¿Con qué razones? Una entrevista que Pablo Bustinduy realizó en el digital Jot Down en la que venía a decir que la Unión Europea y Rusia eran igualmente culpables de las situación de crisis en Ucrania, que las sanciones no eran la solución y que debían dejarse abiertos los puentes al diálogo. Y aquí terminaba el material probatorio del informe.

Por supuesto, a la hora de redactar la noticia El País silenció las afirmaciones más mesuradas en las que se reconocían los hechos que distanciaban a Podemos de Rusia para centrarse simplemente en la teoría del caballo de Troya, convirtiendo lo que ya era una sucesión de pintorescas afirmaciones en un puro delirio.

Y cuando al terminar su lectura yo ya estaba barruntando la acostumbrada letanía sobre esa “mierda de periodismo”, tuve una súbita iluminación que llegó a mí como una epifanía. Sí, sin duda era el de El País una “mierda de periodismo”. Pero no cabía darle a esta afirmación un tono despectivo sino artístico: era una mierda en el mismo sentido en que en 1961 el artista conceptual Piero Manzoni había enlatado sus excrementos para crear la obra “Mierda de artista”. El País había dejado el periodismo para hacer arte de vanguardia.

Todo entonces se mostró bañado de límpida luz. Las puertas de la percepción se despejaron y vi El País tal cual era, infinito. Ante los ojos de esta revelación, cada página cobró otro sentido. Comprendí que ya no podían juzgarse sus textos con los prosaicos mandamientos del código deontológico periodístico: verdad, equidad, responsabilidad, independencia, imparcialidad. Todo esto eran pamplinas terrenas. El País habitaba otra dimensión.

Así, pronto entendí que el artículo de Podemos y el Kremlin no respondía a criterios periodísticos, sino que estaba redactado siguiendo el “Método Paranoico-Crítico” de Dalí, es decir, el “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”. Esto explicaba no solo la trama de injerencia rusa con la que El País emponzoña estos días el conflicto catalán sino un sinfín de informaciones, singularmente las referidas a la financiación de Podemos con Venezuela o Irán. Supe entonces que todas estas informaciones aparentemente disparatadas formaban un todo, un lienzo en el que las fobias y obsesiones subconscientes de los directores y periodistas de El País se desaguaban en una composición artística caótica y delirante; o, en palabras de André Breton: “una dicción irracional, que alterna sin motivo apreciable lo declamatorio y lo salmódico”.

Se esclarecía también por qué en los últimos años El País había sido tan amplísimamente sobrepasado en lo que respecta a su periodismo de investigación, no solo por su mayor competidor en el mismo espectro ideológico, El Mundo, sino también por la mayoría de los periódicos digitales que cuentan con muchos menos medios. Suponíamos ingenuamente que esa labor de no indagación era una muestra más de su complicidad pasiva con el establishment pero la verdad es más compleja. A El País no le interesa “la realidad” tal como nosotros la entendemos, sino “lo real” en su sentido más lacaniano: a El País le interesa lo inefable, lo que está más allá de toda significación. Imaginé entonces su consejo de redacción tal como Breton relata una velada de hipnotismo en la casa de Mme. De la Hire: “Una decena de personas, hombres y mujeres se durmieron al mismo tiempo. Como iban y venían, vaticinaban y gesticulaban a cual más, el espectáculo no difería mucho del que podrían ofrecer los convulsionarios de San Medardo”.

¿Cómo llegan a estos estados alterados de conciencia? ¿Mediante técnicas orientales de concentración o con el uso de sustancias alucinógenas? En “Las enseñanzas de D. Juan” el indio yaqui explica a Castaneda un método para indagar en lugares lejanos. Coge dos lagartijas y a una le cose los ojos y a la otra la boca. Envía a la muda a investigar –las lagartijas son mucho de pararse a charlotear, por eso hay que coserles la boca– y cuando regresa, le cuenta lo que ha visto a su compañera ciega para que esta se lo transmita al chamán en el lenguaje de las lagartijas, quien lo comprende gracias a los efectos de una pasta alucinógena que previamente se ha untado en la sien. ¿Es este el método de investigación de El País? En sus textos, desde luego, se aprecia la huella del saber lagartijo, tan a ras del suelo.

A la luz de mi descubrimiento muchas cuestiones quedaron por fin resueltas. Por ejemplo, el curioso hecho de que los periodistas de El País no acudan como tertulianos en los programas de debate televisivos. La explicación oficial no parecía satisfactoria. Esta afirmaba que se trataba de una orden dada por ese Ubú Rey que es Cebrián en represalia por la divulgación televisiva de sus intereses en Panamá. Sin embargo, ahora sospechamos que quizá los televidentes españoles no estén preparados para tal espectáculo de realidad extrasensorial. Podemos imaginar a los comentaristas de El País llegando a los estudios en su autobús psicodélico, tal como unos nuevos Merry Pranksters, para mostrar al mundo la buena nueva alucinógena.

En 1947 Antonin Artaud acudió a la Radio Nacional Francesa para grabar su “Para acabar de una vez con el juicio de Dios”, un monólogo indescriptible, plagado de horribles aullidos, gritos, onomatopeyas y expresiones visionarias y escatológicas. El escándalo desatado entonces impidió que se emitiese hasta treinta años después. ¿Estaríamos hoy preparados para asistir a los extravagantes delirios de los comentaristas de El País, quizá acompañados de sus lagartijas, en los programas de debate de Atresmedia? Probablemente no.

Considerados como arte de vanguardia incluso los artículos más desquiciados adquieren sentido. Por ejemplo el titulado “El supremacismo catalán hasta en los apellidos” en el que Teodoro León se entretiene buscando Garcías y Gonzáleces en la lista de JuntsxCat parece menos demente y tosco si uno lo imagina escrito en estado de trance, en un proceso de escritura automática fluyendo directamente desde el subconsciente, sin el influjo castrante de convencionalismos estéticos y literarios. Así es otra cosa.

Del mismo modo, los ataques permanentes de Juan Cruz o Antonio Elorza contra Podemos y Pablo Iglesias recuerdan a los poemas de Leopoldo María Panero, regresando una y otra vez a los mismos temas en su obsesivo compulsivo monólogo interior. Leídas así sus crónicas, no podemos más que sentir empatía hacia esas evidencias clínicas de tormento interno, deseándoles pronto alivio y que algún día se hagan verdad las palabras de Blake : “si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio”.

Hasta los textos más perversamente reflexivos se ven de otro modo cuando comprendemos su dimensión artística. Rubén Amón, quien desarrolló casi toda su carrera profesional en El Mundo y ahora es el articulista estrella de El País, es propenso a las argumentaciones maliciosas. Pienso: “¿Amon? ¿No es este un apellido muy sospechoso?” Entonces caigo en la cuenta: Amon es en realidad un alias que encubre la verdadera influencia literaria de esos artículos: El Conde de Lautréamont. ¡Pero si era algo obvio! Descompongo el nombre y me sale “L’ autre Amont” ¡El otro Amón! ¿Anticipaba ya el gran Isidore Ducasse en el S. XIX a su futuro Mini-Yo? Abro entonces Los Cantos de Maldoror y en el primer párrafo de su Primer Canto encuentro estas palabras que tan bien describen los textos de Rubén Amón: “Quiera el cielo que el lector, animoso y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno; pues, a no ser que aplique a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual equivalente por lo menos a su desconfianza, las emanaciones mortíferas de este libro impregnarán su alma”.

Todo se ve ahora diáfano: Rubén Amón, que en El Mundo era un mediocre opinalotodo que regañaba a Karlos Arguiñano por “dar mítines populistas” en su programa de cocina, se transmutó en El País en un ARTISTA TOTAL, un nuevo Maldoror del periodismo.

Y así podríamos seguir con los deformes monólogos de Javier Marías, tan de Ricardo III en el invierno de su descontento, o con esas hiperbólicas encuestas de Metroscopia que tienen la virtud de hacer parecer más serias las de la competencia y que elevan una y otra vez a Ciudadanos a imaginarias cotas de popularidad electoral. ¿No pueden considerarse como poemas-objeto? ¿No pueden entenderse como visiones, profecías de realidades futuras, quizá en otras dimensiones espacio-tiempo?

Sea como sea, estamos ante un nuevo paradigma y El País navega hacia mares ignotos. En terminología de “Stranger Things”, El País explora el “del revés” del periodismo con un estilo mitad performance, mitad videncia. Y esto es algo que sin duda tendrá su reflejo en las facultades de Ciencias de la Información en donde, visto lo visto, se empezarán a considerar completamente inútiles las capacidades literarias para premiar, por ejemplo, los conocimientos en la Psicomagia de Jodorowsky.

Pero, sobre todo, lo que radicalmente cambia es nuestra crítica simplista a sus páginas. Ahora sabemos que adentrarse en su lectura con talante abierto es cruzar un umbral tenebroso donde la locura, el delirio, la incoherencia, la irracionalidad sistemática y una aparente falta de sentido modelan un discurso único en su anormalidad inabarcable. Quizá por ello, en lugar de injustamente vilipendiar a sus redactores, deberíamos agradecerles su valor por adentrarse en tales abismos.

La historia está llena de ejemplos dolorosos de aquellos que trataron de explorar “el otro lado” y de sus sufrimientos y fracasos. Los padecimientos son enormes, decía Rimbaud. Y casi siempre es un viaje peligroso del que nunca se vuelve. Antonin Artaud creía estar en posesión del báculo de San Patricio y consideraba su deber devolvérselo a los irlandeses. Puesto que todo conocimiento tiene sus mártires no descartemos que sea Ignacio Torreblanca, despreciador de todos los nacionalismos salvo el suyo, quien mañana salga a las calles vociferante, creyendo empuñar la espada flamígera de Santiago Matamoros para abrir con las Siete Llaves el sepulcro del Cid y devolverle a su España sus símbolos más apreciados.

Decía Thomas de Quincey en “El asesinato considerado como una de las bellas artes”: “Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.”. En El País, la mentira cotidiana ha conseguido el prodigio de abrir un portal mágico que sugiere la existencia de una realidad paralela. Honor y gloria a los héroes llamados a explorarla.

A través de Del periódico El País considerado como una de las bellas artes – Edición General

La información, cada vez más espectacular | Página12

Las noticias televisivas son cada vez más cortas y recurren a menos fuentes.
El último monitoreo realizado por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual relevó que los canales nacionales construyen noticias cada vez más breves, con menos fuentes y con más uso de contenidos de redes sociales. La “policialización” de la agenda.
Apenas algo más de la mitad de los noticieros presentó fuentes.
Apenas algo más de la mitad de los noticieros presentó fuentes. 

Las noticias de la televisión son cada vez un poco más breves (en promedio, de 1 minuto 56 segundos), recurren a menos voces y están cada vez un poco más dedicadas a buscar el impacto o conmover, más allá de la información que brinden o los datos que permitan comprenderlas. La afirmación surge de los datos del “Monitoreo de programas noticiosos de canales de aire de la Ciudad de Buenos Aires” realizado por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual tras relevar 558 horas de noticias emitidas televisivamente. El estudio, que registra también algunos cambios respecto de lo que las producciones noticiosas televisivas habían emitido un año antes, trabajó sobre monitoreos realizados sobre el material televisado en la primera semana de febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre de 2016. Los resultados fueron presentados ayer con el seminario “Construcción de agenda, representaciones información en los noticieros de la televisión abierta”, realizado en la Universidad Di Tella.

El estudio relevó las noticias emitidas por los noticieros de los canales de televisión abierta, de gestión privada y pública, de la Ciudad de Buenos Aires, y consideró información cuantitativa y cualitativa. “En cada mes de 2016 monitoreado se relevaron los primeros días hábiles continuos de la primera semana completa del mes” y el relevamiento incluyó “todos los programas noticiosos emitidos en las cuatro franjas horarias (mañana, mediodía, noche y medianoche)” por América, Canal 9, Canal 13, Telefe y la Televisión Pública.

De las 17.197 noticias analizadas, el 82 por ciento tuvo una o ninguna fuente, es decir que la información que proveyeron no fue atribuida a ninguna voz o autoridad en particular. El porcentaje, sin embargo, varía de acuerdo con los temas que abordaron las distintas producciones. El 35 por ciento de las 4024 noticias policiales, por ejemplo, “no tiene fuente”, algo que se combina con el hecho de que esas piezas “fueron las que exhibieron una mayor cantidad de vulneraciones de derechos de las audiencias y/o de las personas involucradas”.  En tanto, de las 4542 noticias políticas “el 65,7 por ciento presentó al menos una fuente, mientras que el 34,3 por ciento restante no presentó ninguna”. De los canales relevados, “Canal 13 es el que menos sustenta sus noticias políticas con fuentes: el 41,3 por ciento de sus noticias con tópico político no presenta ninguna fuente citada o invocada”, pero el panorama no resulta tan diferente en las otras emisoras. En términos generales, de las fuentes presentadas, “la más mencionada es ‘Poder Ejecutivo’”, seguida por el Poder legislativo, “vecino/ familiar/ testigo” y “medios de comunicación privados nacionales e internacionales”, mientras que “otros actores políticos quedan relegados frente al recurso a estos medios privados, que también están insertos en la arena pública”.

Apenas algo más de la mitad de las noticias (entre el 50 y el 54 por ciento del total) tuvo fuentes, “es decir que entre el 46 y el 50 por ciento de las noticias no tuvo ni una fuente”, un dato que es inversamente proporcional a la cantidad de noticias (“la cantidad de noticias decrece a medida que se suman fuentes”). El estudio detalla que “sólo el 17, 9 por ciento de las noticias que tienen fuentes presentan dos o más”.

En la televisión argentina, las noticias son cada vez con más frecuencia construidas en términos de enfrentamiento y fragmentación (en lugar de, por caso, presentarlas en tanto tramitación de dinámicas sociales), y con una mirada que privilegia el dramatismo antes que la información en contexto. A ello se suma que, mientras que merma la consulta a fuentes, crece el empleo de contenidos generados por usuarios de redes sociales, quizá porque, como señala el estudio, “hoy, para la televisión abierta la noticia es la imagen y no el hecho”.  En ese sentido, el relevamiento registró el crecimiento sostenido del uso de videos registrados por cámaras de seguridad “presentadas como fuente de información policial y única fuente”. Al mismo tiempo, “se reforzó la territorialización de la delincuencia en barrios periféricos o villas, asociando la criminalidad (en este caso particular, especialmente el narcotráfico) a la pobreza”. Al mismo tiempo, el estudio plantea una “policialización de la agenda informativa, que se registra tanto por el lugar relevante que ocupan las noticias policiales como por el cruce de lo policial con temas como política, género, niñez y adolescencia”.

Por otro lado, el hecho de que parte de la producción periodística ceda terreno a los contenidos generados por usuarios de redes sociales impacta, también, en términos de pluralidad sobre los temas de agenda. El echar mano de recursos generados por fuera del contexto periodístico facilitó el año pasado, por ejemplo, el crecimiento de noticias sobre casos de violencia institucional ejercida por fuerzas de seguridad, “sobre todo aquellas cuyas imágenes se viralizaron en las redes sociales”. Por ello, señala el Monitoreo, las redes sociales “cada vez adquieren mayor incidencia en las dinámicas de producción de la información”. En paralelo, las redes sirven también como recurso para fidelizar o atraer públicos con la promesa de la participación, algo que no siempre redunda, necesariamente, en beneficio de la información. “El noticiero se hace eco de las denuncias que se viralizaron a través de Twitter y Facebook,  entre otras. Se interpela a las audiencias con consignas fomentando su participación a través de las redes. El antiguo espectador se convierte gradualmente en productor de contenido, desdibujando el concepto de fuente de información”, señala el estudio.

En 2016 aumentó la cobertura de la protesta social, con respecto a lo registrado en 2015, “en particular el reclamo de gremios docentes por aumento salarial”, una serie de noticias en las que primó, por otra parte, un fuerte contenido editorial, con conductores y periodistas retando en vivo a dirigentes gremiales, por ejemplo.  Las coberturas vinculadas a géneros quedaron reducidas, fundamentalmente, a noticias sobre violencia machista, con poca presencia de cuestiones de la  diversidad sexual. “Al reportar sobre femicidios, abundaron los detalles escabrosos que apelaron a la construcción dramática sin enmarcarla en la problemática social de la violencia de género”.

Por otra parte, chicas y chicos fueron noticia pero en tanto estuvieran “involucrados en un suceso policial, ya sea como víctimas o victimarios”. Cuando niñas y niñas fueron victimarios, hubo una “fuerte editorialización de la noticia vinculada al debate social sobre la necesidad o no de bajar la edad de imputabilidad”. En el otro extremo etario, los adultos mayores fueron protagonistas de noticias básicamente en “su rol jubilatorio”, y asociados a “la pasividad y la victimización en hechos policiales”.  Las noticias locales construyeron una visión “sesgada y poco deseable sobre la vejez”, algo “muy lejos de lo que se reclama en ámbitos locales e internacionales”.

Finalmente, la escasa presencia de noticias sobre educación dan cuenta, señala el relevamiento, de que “no es un tema de relevancia”. Cuando el campo educativo estuvo tematizado, la cobertura “se limitó, en su mayoría, a reclamos gremiales o a la participación en pruebas internacionales, cuyo resultado puso el foco sobre las implicancias políticas del hecho”.

svallejos@pagina12.com.ar

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Las distinciones que la prensa invisibilizó | Página12

Jeremy Corbyn y Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz.
Los medios de comunicación ingleses no informaron que el líder de la oposición de ese país ganó el premio de la paz por su “trabajo político sostenido y para el desarme y la paz”. La Oficina internacional de la Paz también reconoció al académico norteamericano Noam Chomsky y a un grupo de activistas anti bases nucleares.
Imagen: EFE

A pesar de que el líder laborista Jeremy Corbyn y el filósofo lingüista norteamericano Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz, junto con activistas de bases antimilitares japoneses, su reconocimiento no tuvo trascendencia mediática. Los tres fueron galardonados por su sostenida y poderosa labor política en pro del desarme y la paz, pero los grandes medios de comunicación ingleses no se hicieron eco de la noticia que hacía referencia al líder de la oposición.

La Oficina Internacional de la Paz entrega el Premio Sean MacBride a individuos, organizaciones o movimientos por su trabajo en las áreas de paz, desarme y derechos humanos. Este año, seleccionaron a Corbyn, al renombrado académico Chomsky y al All Okinawa Council Against Henoko New Base.  Éste último fue reconocido por su compromiso de cerrar la Base Aérea Marina Futemna y su oposición a la construcción de otra base militar en Henoko, mientras que Chomsky recibió el premio por sus esfuerzos de décadas apoyando la paz, su postura antiimperialista y sus críticas a la política exterior militarista de Estados Unidos.

En particular, el premio al líder laborista fue entregado el viernes pasado, en Ginebra ante el silencio de los medios de comunicación hegemónicos de su país. Los activistas de bases antimilitares, por su parte, ya lo recibieron a finales de noviembre, en Barcelona, y el año que viene se le entregará el premio a Chomsky, en Estados Unidos.

“Como líder del Partido Laborista y Líder de la Oposición sigue llevando sus principios personales a su vida política -afirmando abiertamente que no podía presionar el botón nuclear y argumentando fuertemente a favor de una reorientación de las prioridades- para recortar el gasto militar y destinarlo a salud, bienestar y educación”, dijo la Oficina Internacional de Paz. “Se ha mantenido fiel a los principios que ha defendido durante tanto tiempo para garantizar una verdadera seguridad y bienestar para todos, para sus electores, para los ciudadanos del Reino Unido y para la gente del mundo”, agregaron.

Pero en los últimos días los internautas advirtieron lo que había sucedido y que ninguno de los medios tradicionales había mencionado. “Qué hubiese pasado si era Theresa May?”, fueron algunos de los comentarios de los usuarios de twitter, que se refirieron a la primera ministra inglesa.

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Arabia Saudita permitirá la apertura de salas de cine por primera vez en tres décadas – RT

Las autoridades de Arabia Saudita han anunciado este lunes que el conservador reino permitirá la apertura de salas de cine públicas por primera vez en más de 35 años, informa Reuters. Se espera que los ciudadanos sauditas podrán empezar a ver películas en el cine en primavera del año que viene.

“La Comisión General de Medios Audiovisuales, el regulador de la industria, ha comenzado el proceso de otorgar licencia de cines en el reino”, afirmó este lunes Awwad bin Saleh Alawwad, ministro de Cultura e Información del país. “Esperamos que los primeros cines se abran en marzo del 2018″, añadió.

Según publica AP, la medida forma parte de las iniciativas del joven príncipe heredero, Mohamed ben Salmán, para reformar el sector social del reino. De acuerdo con la agencia, Salmán ya ha defendido varios cambios en este ámbito, como permitir a las mujeres a conducir e introducir más formas de entretenimiento para los jóvenes, como el cine y los conciertos de música.

Diversificar la economía

Afectado por la caída de los precios mundiales del petróleo que comenzó en 2014, el gobierno de Arabia Saudita intenta diversificar su economía centrándose más en la tecnología y el entretenimiento, según apunta Vox.

La eliminación de la prohibición de los cines está diseñada, de acuerdo con el medio, para ayudar a estimular nuevas actividades económicas: los ciudadanos gastarán dinero en los cines (y en servicios como restaurantes y cafeterías), y se crearán puestos de trabajo.

  • Las autoridades de Riad se adhieren a la vertiente más ultraconservadora del islam y abogan por la estricta segregación de hombres y mujeres.

  • Numerosas ONG y defensores de derechos humanos llevan años denunciando las limitaciones legales y sociales a las mujeres y las constantes violaciones de sus derechos en ese país.

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El poder de Google y Facebook. | Página12

Inteligencia colectiva y la “economía de la atención”
El poder de Google y Facebook.
Estas dos empresas globales que no existían hace dos décadas se cuentan hoy entre las más ricas y poderosas del mundo. La industria de los datos generaría una facturación cercana a los 250 mil millones de dólares en 2018.
Por Esteban Magnani

Es ya célebre la referencia de Karl Marx a la acumulación originaria, el período histórico que habría permitido reunir el capital inicial que, según algunas interpretaciones, echaría a rodar el capitalismo en su forma normal. El filósofo desarrolló particularmente cómo se cercaron campos antes comunales por parte de algunos pocos terratenientes, pero también menciona otras formas como el esclavismo o lo que hoy llamaríamos “extractivismo” de las colonias. Numerosos autores señalan que estos fenómenos en los que unos pocos se apropian de un recurso que antes era de todos lejos de ser una rareza, son más bien parte de los mecanismos habituales del sistema. Al aplicar esta mirada sobre la economía, los ejemplos son numerosos: apropiación de saberes medicinales ancestrales ahora patentados, sobreexplotación de los suelos que genera riquezas en el corto plazo y desertificación en el mediano, privatización de las mejores playas por cadenas hoteleras que disminuyen el interés por posadas cercanas.

Hay quienes ven una mecanismo más sutil y ligeramente diferente en el ámbito digital. Vínculos que antes funcionaban en el mundo analógico como la amistad o las preferencias musicales, al pasar al reino digital se transforman en datos, los cuáles, a su vez, se vuelven “monetizables”. Lo hacen de distintas maneras: por ejemplo, al conocer los vínculos e intereses de las personas, las redes sociales pueden vender publicidad dirigida. En lo que habitualmente se llama la “economía de la atención”, resulta fundamental la producción de contenidos que realizamos para mantener el interés de otros en las redes sociales, lo cuál, a su vez, les permite venderla a quienes pagan por colocar publicidad.

También se podría decir que todos trabajamos para Google al hacer búsquedas ya que de esta manera se acumula lo que algunos definen como “inteligencia colectiva” que permite ordenar el (casi) infinito material disponible en la red y jerarquizarlo de acuerdo a su relevancia. En un texto llamado El algoritmo PageRank de Google, el filósofo Matteo Pasquinelli, explica cómo esta fórmula matemática (de más de dos mil millones de líneas de código) es capaz de registrar las búsquedas que se hacen, segmentarlas, registrarlas y de esa manera aprovechar la inteligencia colectiva para una tarea titánica. El trabajo automatizado que hacían los buscadores anteriores resultaba tosco sin la colaboración (inconsciente en general) de los seres humanos. Según Pasquinelli, “Google es un aparato parasitario de captura de valor producido por la inteligencia social general” que luego se transforma en dinero por medio de la publicidad.

Son tan brutalmente eficientes estos nuevos mecanismos que empresas como Facebook y Google que no existían hace dos décadas se cuentan entre las más ricas y poderosas del mundo. Al registrar valores como la amistad o nuestros intereses, estas empresas transforman datos en dinero. Según pensadores como David Harvey, esta economía del conocimiento solo es posible gracias a la inversión en educación realizada por el Estado de Bienestar, el mismo que se recorta sistemáticamente en el mundo neoliberal.

En este contexto, ¿no deberían estas empresas invertir en mantener esa inteligencia colectiva que los nutre?
Impuesto al dato

En sus declaraciones de ingresos, Facebook calcula que un usuario de América del Norte reditúa unos 70 dólares anuales a la empresa, unas cinco veces lo que vale uno del tercer mundo, aunque ambas cifras vienen creciendo gracias al control cada vez mayor que, junto con Google, tienen sobre la publicidad online (si bien la torta publicitaria en el mundo crece, estas empresas están comiéndose una parte que antes llegaba a los medios locales). En un reciente artículo del New York Times “Es hora de gravar a las empresas por usar nuestros datos personales” de Saadia Madsbjerg, directora de la Rockefeller Foundation, se calculaba que la industria de los datos generaría facturaciones cercanas a los 250.000 millones de dólares en 2018; un impuesto de 0,8 por ciento generaría cerca de 2000 millones de dólares anuales. Según el artículo, paradójicamente, ese dinero podría usarse para mejorar la privacidad de los datos.

No se trata de un caso aislado. El creciente poder de los grandes jugadores de internet no solo en el mercado, sino también como herramientas políticas (no siempre controlables), levanta cada vez más voces para ejercer algún tipo de control. Google controla cinco de las más importantes plataformas de la web: búsqueda, video, mapas, navegador y sistema operativo de celulares. Hace algunos años, empresas como AT&T o Microsoft eran obligadas a dividirse o permitir mayor competencia; justamente estas intervenciones permitieron surgir a Google y Facebook. Por lo pronto, estas empresas invierten cada vez más en lobby y hay quienes ya las consideran incontrolables para el poder político.

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